Feria de Abril: El drama de la plaza vacía

Pepe Moral, durante su faena del lunes en la Maestranza de Sevilla. / CRISTINA QUICLER (AFP) (AFP)

Por Antonio Lorca.

A las seis y media de la tarde, la muy bella plaza de la Maestranza de Sevilla ofrecía una imagen desoladora. Estaba vacía. Entiéndase el término: este coso majestuoso solo está deslumbrante lleno hasta la bandera en días de corrida o solitario en una mañana de visita turística. Pero la tarde del lunes del ‘pescaíto’, horas antes de que se enciendan las luces del real de la feria, media plaza en esta ciudad es una noticia muy preocupante, y la conclusión es que estaba vacía, desarreglá, despeinada…

¿Cuántos años hace que no se veía esta foto en un día como hoy? Posiblemente, nunca. ¿Qué ha pasado para que esto ocurra en una fecha tan señalada, con un cartel de interés para los aficionados?

La primera respuesta es que quedan pocos aficionados, y algunos de los que ayer acudieron a la plaza se mostraban desolados por el pésimo juego de los toros, y aventuraban más tardes de cemento.

La segunda respuesta es que el público solo quiere ver a las figuras, y con ello y flamear los pañuelos pase lo que pase en el ruedo justifica su diversión.

La tercera: la Real Maestranza de Caballería, propietaria de la plaza, y la empresa Pagés, gestora de la misma, tienen un serio problema. Si no se soluciona el conflicto con los toreros ausentes, el futuro pinta muy oscuro.

Y cuarto: en este plan, la fiesta de los toros -la tauromaquia, según reza en la ley que la regula como patrimonio cultural- corre el peligro inminente de desaparecer tal y como hoy se conoce.

La foto fija de los tendidos vacíos de la Maestranza debiera ser, al menos, motivo de reflexión. Es mucho lo que está en juego, y no está claro que se esté a tiempo de encontrar una salida airosa.

Como hace años que alguien debiera haberse planteado el asunto del toro bravo, la manipulación genética que sufre por exigencias de las figuras, y que ha desembocado en un animal enfermizo e inválido para la lidia moderna, que más parece una consulta de enfermería que un enfrentamiento entre un héroe y un animal salvaje.

La corrida de Torrestrella supuso un nuevo fracaso en lo que va de feria. Toros guapos y armónicos, sin fuerza ni casta; tan nobles que pasaban por tontos; mansos, sin raza, sin nada… Y así es imposible no ya el toreo, sino mantener la fidelidad de los que pagan en taquilla.

No hubo toros, no hubo lidia… Solo detalles sueltos que no justifican un festejo en feria de tanto postín como esta.

Solo Pepe Moral, con la moral y la necesidad por las nubes, se encontró con un bobo tercero y le hizo una faena inteligente, medida y dibujada con esmero. Faltó la emoción del toro encastado, pero Moral toreó con suavidad, conocimiento y empaque, a la altura y velocidad justas, exprimiendo el poco jugo de su oponente. Así, trazó derechazos inmensos y unos hermosos ayudados finales, antes de cobrar una estocada trasera que difuminó una posible oreja. Toreó muy bien al sobrero y soso sexto, y todo quedó en buenas intenciones.

Detalles, solo detalles de Ferrera con el capote ante el primero, un buen par de banderillas en el otro y algún muletazo estimable. Y muy desdibujado Fandiño, perdido y desvaído entre tanta sosería.

Pero desdibujada y tristona de verdad, y eso es lo más grave, estaba la muy bella plaza de la Maestranza.

Torrestrella/Ferrera, Fandiño, Moral

Toros de Torrestrella, -el sexto como sobrero-, correctos de presentación, mansos, descastados, flojos y nobles.

Antonio Ferrera: bajonazo infame (silencio); estocada (silencio).

Iván Fandiño: estocada (silencio); un pinchazo y un descabello (silencio).

Pepe Moral: estocada trasera y dos descabellos (vuelta al ruedo); estocada (silencio).

Plaza de la Maestranza. 20 de abril. Sexta corrida de feria. Media entrada.

El paseíllo de Joselito en los juzgados por su Mercedes.

El Mercedes de Joselito mal estacionado
El Mercedes de Joselito mal estacionado – Foto vp

La historia que trae hoy este Buscón contiene todos los ingredientes típicos de España: los tribunales, los toros y los coches mal aparcados. Y no, no hablamos de Esperanza Aguirre, sino del extorero José Miguel Arroyo, más conocido como ‘Joselito’, y la historia de su mercedes mal aparcado en la plaza de toros de Las Ventas, por el cual terminó haciendo un paseíllo la pasada semana por los juzgados de Plaza Castilla. 

La historia comenzó la pasada feria de San Isidro, cuando el extorero asistió a una corrida y decidió aparcar su coche en una plaza reservada para minusválidos, por lo que fue retirado de inmediato por la grúa. Sin embargo, una llamada misteriosa al Ayuntamiento de Madrid hizo que tan rápido como la grúa se llevó el coche, el vehículo fuera devuelto a la plaza, algo insólito en la historia de la grúa madrileña. Pero el coche no volvió al lugar inicial, sino a otro.

Y comenzó el lío. Primero se rumoreó que el vehículo era el del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, quien asistía a la corrida y coincidió en el callejón con el torero, pero en ningún caso, coincidieron en el aparcamiento, tal y como relató el pasado 15 de abril el exmatador de toros ante el juez. Los rumores apuntaron entonces que había sido el presidente de la asociación de policías APMU, Carlos Baón, quien hizo la fotografía del coche mal estacionado y quien hizo correr el bulo de que era el vehículo del presidente. Ante esta situación la Comunidad de Madrid decidió denunciarle por injurias y calumnias. La querella decía que el agente había hecho la fotografía del coche de Joselito en la base de grúas y atribuía el coche a González.

Sin embargo, Baón tenía cuartada: ese día no se encontraba en la capital dado que estaba de vacaciones en la playa. Y con todo este lío, se vieron las caras la semana pasada en los juzgados de Plaza Castilla. El extorero reconoció ante el magistrado conocer al presidente de Madrid, haber coincidido con él en el callejón pero no en el parking y aseguró que González nunca se había montado en su coche. También relató que cuando fue a recoger su vehículo, este no estaba en el sitio inicial y un policía le contó lo ocurrido con la grúa. El extorero reconoció haberlo estacionado mal, por lo que ha tenido que pagar la multa correspondiente.

En el juicio, también salió a la luz que el conductor de la grúa municipal que retiró el coche, no fue quien lo devolvió, sino que lo hizo un compañero. “Le habían metido prisa”, explicaron y añadieron que “es la primera vez que ve una cosa parecida en la historia de la grúa de Madrid”. Sin embargo, el juicio ya ha tenido lugar y se sigue sin saber quién mandó retirar el vehículo y devolverlo a la plaza cual toro indultado.

Fuente: http://vozpopuli.com/buscon/60898-el-paseillo-de-joselito-en-los-juzgados-por-su-mercedes-aparcado-en-una-plaza-de-minusvalidos

Andrés Roca Rey: “Estoy adolorido, pero no me cambio por nadie del mundo, estoy muy felíz ”.

El torero peruano Andrés Roca Rey recibió el alta hospitalaria y se recuperará en su casa luego de recibir tres cornadas en la plaza de Las Ventas en España.

A su salida de la clínica  San Francisco de Asís el novillero dijo: “Estoy adolorido, pero no me cambio por nadie del mundo, estoy muy felíz ”.

El novillero peruano Andrés Roca Rey, que esta tarde ha abierto la Puerta Grande de Las Ventas, ha tenido que regresar al interior de la plaza, tras su triunfal salida a hombros, para ser operado en la enfermería de tres cornadas de “pronóstico reservado“.

El parte médico recoge que el joven espada limeño sufre “una cornada de 5 centímetros en cara posterior, tercio medio del muslo derecho, que afecta aponeurosis de músculos isquiotibiales; otra de 3 centímetros en tercio superior, cara externa de pierna izquierda, que afecta piel y tejido celular subcutáneo; y una tercera que produce desgarro en escroto y pene”.

También ha sido atendido Roca Rey de “contusiones y erosiones múltiples”.

Tras la intervención, llevada a cabo por el equipo médico que dirige Máximo García Padrós, el novillero ha sido trasladado en ambulancia al hospital San Francisco de Asís de la capital de España.

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FERIA de SAN MARCOS: Localistas orejas para Fermín Espinosa y meritoria faena de Fabián Barba

Armillita IV. Foto Briones.

Por: Sergio Martín del Campo. R.

¡Corre y se va!… y se fue ya la primera función del Serial Taurino de la Feria Nacional de San Marcos. El edificio sede, “Gigante de Expo-Plaza”, recibió en sus amplias gradas una entrada que rayó en algo más de la media entrada.

Para dar desarrollo a la corrida de apertura dos ganaderías completaron un encierro muy bien presentado, cuajado, con edad adulta notada a la “simple” apreciación de la vista: Los Encinos y Bernaldo de Quiros. Aquella, de las aceptables dentro del círculo de las dehesas comerciales, es decir, de las que imponen las comodinas figuras, y ésta, bien conocida por la sólida mansedumbre de lo que cría en sus potreros. Vaya favor le hizo el juez al titular de la divisa al ordenar el arrastre lento para los restos del sexto, un toro noble y que admitió el toreo pero que quedaba muy lejos de semejante halago y que en la primordial suerte de varas se escupió al sentir sobre su cuerpo los filos de la almendra del varilarguero.

Tres cosas diáfanas básicamente dejó para conclusiones esta corrida: El jinete de Navarra ya no entusiasma fácilmente al cotarro, Barba mantiene dos distintos y terribles perfiles como profesional de la tauromaquia, y esta feria estará canteada por la actitud localista y triunfalista sobre todo del público. La partitura más conocida del genial chileno Juan S. Garrido provoca que ese público, sediento de alegría y mitote, vea en el ruedo las acciones con mayores dimensiones de los que realmente tienen.

Al cuajado primero de la tarde le sobró nobleza, buen estilo y escaso poder; viéndose en el escenario con él, hombre muy de a caballo, notada y popular cualidad, Pablo Hermoso de Mendoza (silencio tras tibia petición y división) hizo el ejercicio de la tauromaquia ecuestre de modo clásico aunque seco, parco y serio, llenando huecos con ventajistas adornos, como aquel “teléfono”, ya el burel bien anclado en la arena y al que mató, luego de poco entusiasmar, de un rejonazo caído y trasero tal es ya su arraigado mal hábito. Nada fuera de lo regular. Ni sus sobrados recursos, ni su astucia jineteril ni su bien hacer pudieron plenamente sobreponerse a la desconexión que se ha entrometido entre él y la clientela. Ya más aún, tampoco el sólido oficio que como torero de a caballo posee, herramienta con la que le extrajo excelente partido al manso toro segundo de su lote, que primero se escupió de las suertes y posteriormente unió sus pezuñas al suelo y al que le clavó hierros de castigo, banderillas largas y cortas en buen sitio y al que practicó una tauromaquia a la gineta muy variada pero lamentablemente acabada trabajosamente a la hora buena de matar ya que mal pintó, para abrir el calvario, un rejonazo trasero, seis pinchazos, un bajonazo criminal y un descabello, esto ya apeado de sus hermosas cabalgaduras.

Fabián Barba (al tercio y vuelta tras petición) fue un torero que en esta ocasión remitió para el libro de la feria presente dos caras, primero portándose como casi siempre, reseco, sin calor y de tenue color y que combinado esto con un toro soso y débil, desembocó el acto en una tediosa y aburrida faena la cual alargó haciendo lucir el absurdo y la que por lo menos acabó de notada estocada. Bien armado y rematado fue su segundo, un toro al que le costaba demasiado el ir tras la sarga y al hacerlo calamocheaba claramente; y a más, paulatinamente fue dando peligro al de seda y bordados quien voluntarioso y ajetreado tuvo que librar con habilidad la dura situación de cuando se retornaba sobre las posteriores tirando luego la cuchillada y al que parecía no le hurtaría el hacer interesante y bravo que le forjó en forma denodada pero al que borroneó un cuadro al matar con una estocada delantera y caída.

Clase en las embestidas tuvo el segundo de la lidia ordinaria; mostrando fijeza, luego iba tras la muleta llevando la cornamenta bien abajo, sobre todo notándose esto por el pitón derecho, no obstante nada extraordinario aconteció gracias a que poco duró el bicorne y a que Fermín Espinosa (al tercio y dos orejas) no le halló la distancia y el son justos que aquel demandaba, concluyendo, esto sí, de formidable espadazo. Toreó templada y largamente al sexto toro, ya que tenía conveniencias para eso, pero implicaba mayor empleo de su parte, empero abusó de la punta del engaño y en actitud evidentemente precautoria. Faena estética por momentos, llena de superficialidad sin embargo, con abusivos trazos del toreo en raya recta, sin enredarse como merecía la clase y la nobleza del astado el cual después de mucho embestir y dar lo bueno que traía en la sangre empezó a salir con la testa arriba y soseando. Apoyado por las notas de “Pelea de Gallos”, el joven, miembro de acendrada dinastía de toreros, hizo las tandas finales para después matar de una estocada desprendida aunque eficaz.

Fuente: http://www.noticierotaurino.com.mx

Las Ventas, novillada: Roca Rey quiere ser torero

Roca Rey quiere ser torero

Por Daniel Blázquez.

La afición venteña volvió a enfilar Alcalá abajo para presenciar el debut en Las Ventas del onubense David de Miranda y del peruano Roca Rey. Al fin y a la postre, vería algo que llevaba sin producirse casi un lustro. El joven torero de Lima consiguió lo que ningún novillero fuera capaz de alcanzar desde el año 2011: salir a hombros del coso capitalino. No seré yo quien proteste la puerta grande que conquistó este domingo Roca Rey en Madrid. 18 años, tres cornadas y dos orejas. Torero… Completó el cartel Tomás Angulo, que volvía a Madrid tras haber cortado una oreja el pasado año, y que en esta ocasión se apuntó una vuelta al ruedo por su cuenta.

Muy descompuesto fue Sombreto, el guapo castaño que hizo primero.  Sin brillo con la capa, anduvo valiente Tomás Angulo con un astado mansote y con una embestida muy descompuesta. Nada mejoró en la muleta. Fue todo corazón el extremeño, que cobró una espeluznante voltereta de la que salió aparentemente ileso. Siguió tras el golpe intentado hilvanar faena a un utrero que no regaló ni una embestida por abajo. Lo despachó de estocada certera y recibió la primera ovación de la tarde.  El cuarto fue el mejor animal del encierro salmantino, sin embargo, el de Llerena no pudo pasar de discreto con él. Atosigó al utrero en las distancias cortas con innumerables pases y muy poco toreo. Jaleado por sus partidarios, compuso una faena larga sin argumento alguno. Estocada efectiva. Salió a saludar entre protestas y no contento con eso, dio la vuelta al ruedo, completamente por su cuenta. Dicho gesto sentó muy mal a la afición venteña, y se fue entre pitos.

El segundo fue un novillo descastado y que sirvió para que se presentara en Madrid el joven torero de Trigueros, David de Miranda. Dispuesto y variado con el capote, rivalizó con el peruano Roca Rey, que dejaba en aquel novillo su carta de presentación en forma de gaoneras. Siempre buscando la colocación, no templó a un novillo que, sin mucha fuerza, no le beneficiaron los continuos tirones del andaluz. Mató de estocada baja y saludó entre una ligera división en los tendidos. El quinto derribó en varas y pareció perder ahí todo su ímpetu. Como el resto de sus hermanos, careció de casta. Buenas sensaciones dejó De Miranda, volviendo a imprimir pureza en sus lances y mostrando un más que interesante concepto. Su labor se vio silenciada. Apetece volver a verlo.

Salió por chiqueros el tercero y comenzó el aluvión de ganas que Roca Rey mostró en Madrid. Dispuesto y variado con la capa, no dudo en replicar a su compañero en el quite. Brindó al público e inició su faena con un cambiado por la espalda en el centro del ruedo. Buena tanda, quizá la mejor de la faena, la primera en la que hilvanó tres derechazos largos y muy templados.

A partir de ahí, fue todo ilusión. Embarullados fueron los naturales del peruano, que voló por los aires en una espectacular voltereta. No se miró el debutante y volvió a la cara de inmediato. Volvió a subir el tono de la faena en el epílogo. Se le fue baja la estocada, aún así cortó su primera oreja, protestada, como novillero en Madrid. Tenía media puerta grande abierta y, viendo su actitud en el tercero era muy difícil pensar que se le pudiera escapar. Fue devuelto el novillo titular, que parecía acalambrado.

Con el sobrero, de José María López, salió a jugarse literalmente la vida. Vibrante faena del peruano, más centrado que con el otro novillo que le cupo en suerte. Recibió dos impactantes volteretas, que sumadas a la del tercer novillo, completaban tres las veces que había sido volteado el de Lima. Todo corazón, levantó la faena y se fue recto tras la espada. Media en buen sitio. Novillo a tierra y Roca Rey rozando el sueño que todo torero quiere cumplir. Ahora sí, oreja de peso.

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. Casi un tercio en tarde agradable. Se han lidiado cinco novillos de La Ventana Del Puerto y un sobrero (6º) de José María López. Destacó el 4º.
  • Tomás Angulo (azul marino y oro): ovación con saludos y vuelta al ruedo por su cuenta.
  • David de Miranda (azul rey y oro): ovación con saludos y silencio.
  • Roca Rey (azul celeste y oro): oreja con protestas y oreja tras aviso.
  • Extraordinaria la lidia de “Suso” al cuarto novillo de la tarde.

Parte médico de Andrés Roca Rey: Tres heridas por asta de toro. Una en cara posterior 1/3 medio muslo derecho de 5 cm que afecta aponeurosis de músculos isquiotibiales. Otra en 1/3 superior cara externa pierna izquierda de 3cm, que afecta a piel y tejido celular subcutáneo. Una tercera que produce desgarro en escroto y pene. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico reservado. Fdo. Dr. Máximo García Padrós.

Fuente: http://www.porelpitonderecho.com/inicio/roca-rey-quiere-ser-torero-1715

Feria de abril: Penosa y tristísima tarde de rejoneo

Diego Ventura
El rejoneador Diego Ventura, con su segundo toro, al que cortó dos orejas. / josé manuel vidal (EFE)

Un espectáculo penoso, muy triste e impropio del prestigio que un día tuvo la Maestranza.

Por Antonio Lorca.

A Diego Ventura le regalaron su décima Puerta del Príncipe por una faena irregular, muy alejada de otras tardes de gloria protagonizadas por este caballero en esta misma plaza. Andrés Romero también paseó el obsequio inmerecido de las dos orejas del sexto de la tarde. El público, bullanguero, triunfalista y pueblerino, y los toros, tristones, amuermados, con cara de pena… En fin, un espectáculo penoso, muy triste e impropio del prestigio que un día tuvo la Maestranza.

Esto se acaba. Como alguien —autoridad, toreros, rejoneadores, empresarios, ganaderos y taurinos sin graduación— no ponga remedio, el espectáculo taurino morirá más pronto que tarde por su propia inanición y sin ayuda de opositores. Festejos como este, celebrado en plena Feria de Abril, ponen de manifiesto que un cáncer con serias aspiraciones de ser mortal se mueve a sus anchas por los entresijos de la fiesta

El espectáculo de rejoneo interesa cada vez menos. Prueba de ello es que una de las grandes figuras del momento actual como es Ventura no fue capaz de llenar la plaza. Pero es más: el desarrollo en sí del festejo carece de ritmo e interés; el encuentro entre el caballero y el toro es desigual, porque se enfrentan caballos poderosos, bien domados y alegres con toros amorfos, descastados y tristes. No existe la lidia, sino un juego irrespetuoso con el toro, auténtico convidado de piedra, en un espectáculo reducido a los números circenses del caballero. Da igual clavar al estribo que a la grupa; no importa hacerlo en lo alto o en los costillares, pasar en falso o acertar a la primera, porque lo importante es galopar y galopar, y acertar con el rejón de muerte, aunque la suerte final se haya convertido en una caricatura.

Además, el rejoneo se está quedando obsoleto. Todo suena a visto, como esa antiguada coreografía que los caballeros realizan tras el paseíllo, unos pasos insulsos e incoloros que repiten tarde tras tarde, como esa forma de engañar al toro siempre con ventajas, como esa imprecisión a la hora de colocar rejones y banderillas.

Ventura es un rejoneador que está bien hasta en las tardes grises. Su cuadra es espectacular y eso se nota. Ayer no levantó pasiones ante su primero, en una actuación muy difusa, con pasadas en falso y muchos tropiezos de los caballos con el toro. Mejoró ante el quinto, en el que emocionó de verdad cuando a lomos de Sueño citó a media distancia, el animal cabalgó hacia atrás con el toro ya arrancado, al que quebró espectacularmente en el encuentro y quedó una banderilla en todo lo alto. Extraordinario, sin duda. Pero no hubo faena redonda, sino, otra vez, pasadas en falso, un tropiezo con el caballo Maño que pudo acabar en drama e imprecisión con las banderillas cortas. Le concedieron inmerecidamente las dos orejas y se lo llevaron a hombros por la Puerta del Príncipe. Seguro que él, mejor que nadie, sabe que es un premio devaluado.

Andrés Romero sabe que la espectacularidad es una de las bases actuales del rejoneo, y procura imprimir dinamismo y jolgorio a sus actuaciones. No pudo brillar ante su primero, muy parado, pero salió en el sexto como si la pradera fuera suya y dispuesto a empatar con cabalgadas al mismísimo Séptimo de Caballería. Le sobra ilusión y le falta reposo y precisión. Es tremendista, se deja tropezar los caballos y jalea que es un primor. Divirtió al pueblerino público y le obsequiaron, sin mérito alguno, con las dos orejas. Pues muy bien.

Y el portugués Fernandes se esforzó ante su segundo porque, de entrada, se mostró cansino y aburrido. Templó bien ante el cuarto y quebró con soltura, se dejó llegar el toro muy cerca de las cabalgaduras y salió airoso de los encuentros. Vamos, que no estuvo mal.

Al final, dos triunfadores muy devaluados y en el ambiente una sensación de tristeza muy grande. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Maestranza!

BOHÓRQUEZ / FERNANDES, VENTURA, ROMEROToros despuntados para rejoneo de Fermín Bohórquez, discretos de presentación, mansurrones y descastados.

Rui Fernandes: pinchazo y bajonazo (palmas); rejón caído (oreja).

Diego Ventura: rejón trasero y caído (oreja); rejón en lo alto (dos orejas). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe.

Andrés Romero: rejón trasero y atravesado y dos descabellos (silencio); rejón trasero (dos orejas).

Plaza de la Maestranza, 19 de abril. Quinta corrida de feria. Tres cuartos de entrada.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/19/actualidad/1429474822_361539.html

“El Cordobés fue tan grande que al torear paralizaba el país entero”

Por F. J. Cantador.

HABLA con el temple sapiencial de quien ha toreado muchas y muchas tardes de radio con naturales palabras. Porque, Alfredo Asensi es historia de la radiodifusión cordobesa, de la radio de toda la vida, de esa en la que se escuchaban esas radionovelas “que hacían que el público necesitara sintonizar una determinada emisora, porque hacía partícipe al oyente”. Siempre fue cronista de su época, y lo sigue siendo, precisamente creando radionovelas históricas. Ya va por la quinta, la dedicada a la vida de Manuel Benítez El Cordobés. “Se ha cumplido el 50 aniversario de su presentación en la plaza de las Ventas, que fue uno de los acontecimientos más importantes en la tauromaquia del siglo XX, y el próximo 9 de mayo se cumplirá el medio siglo de la inauguración de la plaza de los Califas, por lo que pensé que era una fecha muy importante para esta novela. La escribí el verano pasado; en cuestión de dos meses la acabé”, explica

-Con El Cordobés son ya cuatro los Califas del toreo que ha novelado para la radio. Todos muy diferentes, ¿verdad?

-Muchísimo. En la época de Lagartijo y El Guerra, porque los podemos unir a ambos, más que torear se trabajaba, como se anunciaba literalmente en los carteles. Dudo que en esa época los toreros le dieran dos capotazos seguidos y dos muletazos al toro. Antes no había petos y una de las suertes era colear cuando el toro ponía en aprietos al picador. El torero que mejor coleara era el que triunfaba. En la época de Machaquito ya había faenas y había competencias; en este caso con Bombita, y ya aparecía el toreo de Belmonte. Entonces el toreo empezó a decantarse un poco hacia el perfil que hoy conocemos. Luego, Manolete fue el que rompió definitivamente toda esa tendencia anterior y el que creó la quietud, la ligazón…, aunque era bastante corto, con el capote tenía unos lances y hacía siempre los mismos, y con la muleta tenía la izquierda y la derecha y sus manoletinas, de ahí no salía. Manolete creó junto a Belmonte las bases del toreo actual. Y por último, el toreo de Manuel Benítez ha sido cómo es él, diferente, basado en el valor, en el tremendismo, pero ojo, toreando, toreando muy bien con la izquierda. Tenía además no sé si un defecto físico en la muñeca izquierda que le permitía doblar la mano más de la cuenta y eso le daba largura a sus naturales.

-Parece que aquello queda muy lejos en una España que suele olvidar pronto a sus mitos

-Valle Inclán le dijo una vez a Juan Belmonte que lo único que le faltaba para ser un mito era morir en el ruedo. El Cordobés sigue vivo, con nosotros y es un mito que rompió por completo la ortodoxia del toreo. Ya cuando era, con todos mis respetos, un vulgar novillero, puso derechos a quienes entonces conformaban el escalafón especial de la tauromaquia, a gente como Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín o Jaime Ostos. Cuando El Cordobés empezó a llenar las plazas algunos se reían y otros empezaron a temerle, porque los empresarios grandes de aquel tiempo, como Pedro Balañá o José Barceló, que eran los que copaban casi todas las plazas, lo empezaban a querer en sus festejos. Siendo aún novillero, ha sido el único torero que el día de la batalla de las flores en Valencia llenaba la plaza dejando apenas sin gente esa batalla. El público encontró en este muchacho y en aquella época, también muy difícil , un ídolo en una persona que fue dejando atrás una vida de pobreza y de miseria.

-Genio y figura

-Sí, genio y figura, porque tuvo personalidad y desparpajo desde un primer momento, como se destaca en la radionovela. Por ejemplo, siendo aún novillero llamó en Linares a la habitación de uno de esos grandes empresarios y desafiante le pidió 50.000 durillos, como él decía, para comprarse un Land Rover, o no toreaba en sus plazas. El empresario en principio se los negó, pero luego se los dio insistiéndole en que ya no lo contrataría más. Benítez le respondió con un bueno, a ver quien llama primero a quien. Al poco tiempo ya lo estaba llamando el empresario, llamada a la que él respondió subiéndose el caché hasta las 350.000 pesetas, algo que no ganaba ninguno de esos matadores del escalafón especial. El empresario acabó tragando porque sabía de su potencial.

-¿Podríamos llamarlo el primero de los toreros modernos?

-Creo que sí. Sí porque en aquel tiempo los únicos que podrían hacer un toreo tremendista, pero muy básico, podían ser Chamaco o El Litri, pero era un tremendismo de cartilla, de abc. Este hombre es que lo que hacía no lo hacía absolutamente nadie. El mismo salto de la rana, que parece que es una tontería, bueno pues tenía su sello y eso a la gente le apasionaba. La mano izquierda, el temple que tenía, únicamente lo ha tenido después el albaceteño Dámaso González. Ese temple con la mano izquierda era el torear bien toreado de un torero que ha sido castigadísimo, con algunas cornadas de extremaunción, como la que recibió en Granada al ponerle a petición popular las banderillas cortas a un novillo que no se prestaba a ello, a pesar de que El Pipo (su entonces apoderado, Rafael Sánchez Ortiz) intentó que lo hiciera otra persona. Luego, reapareció en Valencia y se llevó otro cornalón, más tarde, reapareció en Bilbao y se llevó otro más; pero cornalones que le duraban sólo 15 días. En aquel tiempo las curas eran distintas y sin embargo el tío con esos grandes cornalones seguía toreando.

-¿Qué supuso Manuel Benítez en aquel tiempo para Córdoba?

-Cuando toreaba no sólo se paralizaba Córdoba, sino el país entero. Ante la carencia de televisores, había gente que hacía negocio cuando él toreaba, que cobraba por dejar ver la televisión. Personalmente he presenciado, y lo recreo en la radionovela, cómo en un escaparate de Puente Genil en el que había un televisor en blanco y negro, si la corrida era a las cuatro, a las dos ya estaba la gente pegada en el escaparate; y no exagero cuando digo que hubo quien vendió su puesto a otra persona que lo quería ver desde un mejor lugar. Esto da a entender la gran expectativa que este hombre levantaba. Su fuerza era impresionante.

-¿Con qué pasaje de la vida de El Cordobés se queda?

-Sin duda, abundo mucho en sus comienzos, que fueron muy difíciles. No conoció a sus padres, la hermana tenía a los hermanos pequeños en Palma del Río en el año 1936 con una miseria absoluta sin trabajo y sin nada, por lo que con unos siete u ocho años ya tuvo que buscarse la vida en la rebusca de papas y maíz. Poco después supo lo que era un toro bravo porque rebuscando vio la sombra de uno, lo llamó, el toro salió corriendo y él pensó que el podía ser torero porque el toreo no debía ser tan difícil, se dijo. Yo he hecho un paralelismo entre él y Manolete, por aquello de que es el califa más cercano. Por aquel entonces Manolete iba camino de Linares y el cordobés conoció su primer toro. Es curioso, su vida cambió por una foto que le hicieron tras marcharse a Madrid en una capea en la que toreando a una vaca le soltaron otras tres. Esa foto se la mostró pidiendo trabajo a quien sería su apoderado, El Pipo, que era un lince. Le pidió la foto y él le dijo que no se la daba, lo que le hizo ver a El Pipo que el niño tenía personalidad. Refiriéndose a él, El Pipo decía que no quería figuritas sino un tío al que le da la vaca 40 porrazos y siempre tiene el mismo color de cara. A torear se aprende, insistía. El Cordobés fue El Cordobés hasta que se separó de El Pipo, si no, no hubiera sido El Cordobés; y llegó a ser el grandísimo Cordobés gracias a que se separó de El Pipo.

-Es ya su quinta radionovela, un género radiofónico difícil de encajar en la oferta de hoy en día

-La radio hoy en día es algo totalmente distinto y diferente a la de los 60 o los 70. La radio ha perdido frescura al perder tiempo local y los profesionales se tienen que someten a un pequeño horario con su programación muy constreñida. Antes no había tertulias. La tertulia puede ser importante, pero se ha cargado a la radio romántica y creativa, a la radio en la que caben asuntos como éste. Habría que preguntarse qué es más importante para el oyente, cuatro señores hablando de política durante una o dos horas, o el desarrollo de trabajos como éste que al oyente le fomentan la imaginación y le provocan sensaciones que siempre la radio ha provocado.

-O sea, una radio que implique a las personas

-Eso es. hemos llegado a un punto en el que todas las emisoras a veces parecen la misma, pero con distinta ideología. Una obra de este tipo diferencia e implica a muchísimas personas. Estamos hablando de que necesita un quehacer periodístico impresionante. Para hacer un trabajo de este tipo, aparte de la base dada por los años, tienes que hacer una tarea de documentación y después desarrollarla y aplicarle los códigos de todo trabajo radiofónico: una medida en los textos, en los diálogos, que sea todo inteligible, unas músicas adecuadas a lo que se está diciendo, además de una radiación buena, perfecta. Contamos en esta radionovela de voces muy masculinas con María Esperanza Sánchez, que con una voz maravillosa mece el texto y le da una categoría impresionante. Lo mismo que el oyente no se implica en una tertulia, sí lo hace en proyectos como este. En la radionovela de Manolete fueron 325 cordobeses los que pasaron por la radio, los que vieron por primera vez un estudio, se emocionaron con el tema de la radio, se enamoraron de la radio, fomentaron la radio…En la de Lagartijo, igual. Esta tiene menos personajes, unos cien, pero la movida de gente que quiere participar, aunque sea con sólo dos frases, es impresionante. Todo eso se ha perdido en la radio actual.

-Con este panorama, ¿cómo surgió la idea de proponer la primera de sus radionovelas?

-La primera fue la de Manolete. Coincidiendo con el 50 aniversario de su muerte, se me encendió la lucecita y dije, voy a hacer una radionovela. Lo hablé con la SER, emisora en la que hacía el programa La Ventana y me dijeron que escribiera dos o tres guiones a ver si Madrid los bendecía, Madrid los bendijo y a partir de ahí se hicieron unos 60 capítulos implicando en la obra a 325 actores. En la confección de la de Manolete empleé aproximadamente un año y para documentarme me compré incluso la colección de las revista El Ruedo de la época. Tuve la enorme fortuna de que el narrador fuera el maestro Matías Prats padre. La de Lagartijo, que narró Primitivo Rojas, me costó menos, y la de Machaquito, que no tuvo narrador sino que los personajes se iban presentando ellos mismos, salió rápida. Y para la de Julio Romero de Torres, se lo pedí a Rafael López Cansino, una voz más que emblemática de la radio cordobesa. Fue su último trabajo y me lo bordó.

-¿Qué personajes destacaría de la radionovela de El Cordobés?

-Es difícil quedarse con sólo unos pocos. Destacaría, entre otros, los de El Pipo y El Cordobés, además de otro personaje que lo he escrito para un amigo al que le encanta la teatralización. Es un personaje creado a su imagen y semejanza porque a el le gusta interpretar un papel en el que tenga que emocionarse, que llorar…muy vehemente. Este personaje es inventado y se apoda Ojos Claros y lo interpreta el exconcejal Antonio Cañadillas. Hay otro personaje también inventado, Cara Rajá. Se trata de personajes típicos en la vida de un torero, porque un torero o tiene un abuelo que está loco por la lidia e inculca ese amor a su nieto o, como es el caso de esta radionovela, un amigo del padre -Ojos Claros- que lo va guiando por ese camino. No obstante, he de decir que prácticamente todo lo que ocurre en la obra ocurrió en realidad.

Via: http://www.eldiadecordoba.es/article/cordoba/2009719/cordobes/fue/tan/grande/torear/paralizaba/pais/entero.html

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