“En degenerando”: virus de espadas (virus aciarium)

                                                                                El Julipie.

Por Pedro J. Cáceres – El Imparcial.

Venía de atrás, pero en Bilbao, feria de referencia, fue alarmante el fallo a espadas de los toreros. Y a partir de Bilbao, el virus ha sido pandemia: Cuenca, Almería, S.S. Reyes, etc.

No es que a lo largo de la temporada, desde marzo, incluso en las anteriores, se hayan matado los toros de forma ortodoxa, sí al menos con eficacia y cierto decoro. Sálvese el que pueda. Cierto que hay toreros en que las orejas no son lo fundamental (caso Morante) pero las lecturas de éxito o no que se hace de una feria, un ciclo, se basan en los números, por lo que Bilbao, por ser de suma importancia, ha tenido, hemos tenido, que recurrir a la letra pequeña para explicar el notable obtenido en conjunto.

Incluso el caso de Perera (Lehendakari in pectore), que de por sí ha tenido repercusión universal, las 4 orejas, al menos, que se dejó en el esportón, y –posiblemente- 2 Puertas Grandes (y en Bilbao), hubieran dado la dimensión total y justa de su doble actuación.

Enrique Ponce podría “salirse” en un currículo ya de por sí amplio en esta su 25 temporada. Y, El Juli… y Talavante.

De la misma forma que, al contrario, Manzanares ha tenido en su “fiel espada triunfadora” el tapabocas orejero de su discutida tauromaquia y la polémica sobre su momento y compromiso.

Con motivo de no sé qué asunto que agonizaba Belmonte (Juan Belmonte) al ser preguntado por cómo y por qué se había llegado a esa situación límite, sentenció : “degenerando”.

Y, posiblemente, de esta forma – “degenerando” – se ha llegado a una situación de abuso consentido por los públicos que ha constituido costumbre y de la costumbre al vicio.  Una cosa es tumbar al toro (al “allá te va”) y otra matarlo. Y cada vez se hace un uso más común, lamentable, de agotar la agonía del animal hasta doblar manos sin ejecutar un nuevo intento o tomar el verduguillo.

Los toreros, por algo, se nominan “matadores de toros”. Y, no fue un capricho, ni lo es, el apelativo de “suerte suprema” para el acto final de matar al toro. Entre otras cosas porque la dignidad del toro, destinado al sacrificio, está en la ortodoxia para la ejecución de la estocada y no un tiro de gracia.

Una cosa es matar al toro y otra casi asesinarlo (arma que muchas veces invocan los antis). Y lo peor es que andamos en una dinámica de “en degenerando”.

Un virus de espadas y aceros que no tiene más tratamiento que la severidad en el juicio final del público, por muy bien que haya estado el artista con capote y muleta, y castigar y no premiar, lo mismo que al contrario cuando la suerte se hace en rigor y , por supuesto, con guapeza.

Eso en cuanto al público, que poco más se le puede pedir, ya, que dejarse los euros en taquilla. Pero es, sobre todo, una asignatura pendiente de la crítica, cuyo “en degenerando” no es virus, es pandemia.

Via: http://www.elimparcial.es/noticia.asp?ref=141603

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Agosto, mes del toreo en la mirada de Horacio Reiba.

 

Apogeo del verano, agosto es el mes en que más corridas y novilladas aloja la piel de toro, en cada región y por los cuatro puntos cardinales. Suprimida la Semana Grande de San Sebastián –la favorita de Rodolfo Gaona– por un gobierno demagógico y obediente al ébora de la taurofobia, persiste sin embargo Bilbao como el puerto de mayor altura, y lo mismo en Andalucía que en Galicia o La Mancha, en agosto el sol brilla sobre los alamares con mayor intensidad que nunca, aun en un año tan flojo para el toreo como este 2014. Si a eso se agrega la presencia fugaz pero redentora de José Tomás y el momento estelar que vive Miguel Ángel Perera, ha habido, pese al inevitable triunfalismo que trae la abundancia, suficientes motivos de solaz y taurino disfrute.

Perera. Venia el extremeño de arrasar a pura decisión y acendrado torerismo en San isidro y Pamplona –por citar dos pináculos de la temporada donde el toro campea por sus respetos—y se le esperaba en Bilbao. Dicho y hecho. Perera también se erigiría en rey del Bocho. Con “Hechicero” de Garcigrande –lo más parecido al toro ideal en versión española—todo fue a más: toro, torero y faenón. Hasta se pidió el indulto, bien denegado. Faena para cortar dos orejas de mucho peso, que la espada dejó sin más premio que la vuelta al ruedo para ambos, “Hechicero” y enseguida Miguel Ángel. Clamorosas ambas.

Si ese jueves 21 Perera acabó por cortarle una oreja del 6º, y al día siguiente se buscó el juez una considerable bronca por negarle otro apéndice ganado a pulso, tras poderle y terminar toreando a placer a un jandilla duro como el pedernal, la solitaria oreja paseada por Miguel Ángel no da idea de la dimensión alcanzada por éste como triunfador indiscutible del ciclo bilbaíno, puesto que bien pudieron ser seis. Y por estilo anduvo el de la Puebla del Prior en cuanta feria agosteña asomó el añadido y desplegó su capote: Vitoria, León, Badajoz, Teruel, Gijón, Almería supieron de su afán y poderío. Esa decisión por afianzarse como el torero del año, y el único del G-5 que ha hablado en el ruedo, ante el toro y para la afición, no en los medios, al micrófono y para el cortilleo.

José Tomás. No puede llamarse tímida, muy al contrario, la reaparición en Málaga del misterioso torero de Galapagar. Pero precisamente por ser el que más mueve la taquilla y más encontradas pasiones y sensaciones suscita, resulta insuficiente y de alguna manera insatisfactoria. En materia de toreo puro, nada que oponer. Su extraño mano a mano con Hermoso de Mendoza se saldó con tres orejas y solemne paseo en hombros tras haber cuajado dos faenones, el del 6º de Victoriano del Río –un castaño rebarbo ojo de perdiz que pesó 697 kilos—, henchido de naturalidad y de naturales, seguramente el más lento y deletreado del año, en cualquier plaza y por cualquier torero. Razón de más para que nos sepa a poco la esporádica, homeopática presencia de artista y mito tan singular.

El G-5. Evidentemente, Perera se despegó del resto, pero eso no quita que los otros cuatro hayan tenido sobradas ocasiones de manifestarse. Para El Juli, y a despecho de sus numerosas orejas y salidas en hombros, Bilbao supuso un frenazo, pues si el día 21 consiguió desorejar a su segundo –aunque la gran tarde de Perera lo opacara todo–, con los de La Quinta, el día 23, anduvo de trámite y hasta fue pitado su visible decaimiento. En el propio Bocho, Morante había resuelto, con una sola faena de arte cabal, la espuma de tres trasteos insustanciales de Manzanares, que se llevó el mejor lote de un mano a mano demasiado amistoso para al menos parecerlo. Año flojo de José María, pese a la considerable cosecha de triunfos menores, inevitables en pleno agosto. Como inevitables son los impagables chispazos del de la Puebla del Río, que salpicaron de arte aquí y allá –Málaga, Cuenca, Bilbao…– su campaña agosteña del 14, necesariamente desigual.

Talavante, que no fue a Bilbao, dio en cambio notables muestras de superación del mal momento que desde hace un tiempo venía pasando. Es cierto que, cuantitativamente, ni él ni sus “coequiperos” han dejado de triunfar –Gijón, Ciudad Real, Cuenca, Tomelloso o Arenas de San Pedro en su caso–, pero fue en Málaga, el miércoles 20, donde mostró al fin signos visibles de una anhelada recuperación, con los toros de Victoriano del Río y El Juli y Perera de compañeros de cartel. En una tarde feliz para los tres, el toreo más puro lo hizo el de Badajoz, gran noticia luego de año y medio de bruscos muñecazos, que irremediablemente lo apartaban del Talavante más hondo y auténtico. Hasta se atrevió de nuevo con la arrucina, como cuando alucinaba toros y públicos con la fuerza imaginativa y emocional de su toreo.

Hermoso y Ponce. Andan celebrando sus bodas de plata con la tauromaquia, y qué mejor manera de hacerlo que con un mano a mano en Vista Alegre. Aunque esa tarde bilbaína del martes 19 algo faltó para que redondearan la efemérides, pese al par de apéndices cobrados por el rejoneador estellés. A Ponce, habilidoso con un Victorino demasiado vivaz, le salió un Juan Pedro que embestía en cámara lenta y al que pinchó tras una muy celebrada faena. Con mucho toreo al hilo del pitón y más pose que contenido, eso sí. En otras plazas, sin prodigarse demasiado, ambos dieron fe de su vigencia, un tanto desgastada a estas alturas.

 Mexicanos. Nada que reprochar a Joselito Adame, orejeado en Bilbao y más puesto y dispuesto que nunca en todos sus toros y en cuanta plaza pisó, española o francesa. Precisamente en la de Mimizan, del país galo, otorgó su primera alternativa y sumó su enésima salida en hombros, tras cortarle las orejas al 4º de Gallon. El doctorado lo recibió Brandon Campos, también paisano y también orejeado tras su primera faena como matador. Segundo espada era el francés Thomas Defau, que no pasó de voluntarioso.

Por cierto, el aguascalentense Adame marcó otro hito agosteño rigurosamente inédito al constituirse en el primer matador que actúa tres días consecutivos en tres países distintos: el 23 en Mimizan, Francia; el 24 en Robledo de Chavela, España (otras dos orejas y nueva salida en hombros); y el lunes 25 en San Luis Potosí, México, donde se le interrumpiría la racha triunfal, incluso recurriendo al torito de regalo. Esa noche, en la Fermín Rivera, El Zotoluco y Juan Pablo Sánchez cobraron un apéndice cada cual.  Joselito Adame, un torero con carnet aéreo de viajero frecuente.

Via: http://www.caracol.com.co/tendido7/agosto-mes-del-toreo-en-la-mirada-de-horacio-reiba/20140831/nota/2392090.aspx

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José Tomás, una temporada insólita.

José Tomás, una temporada insólita

Por Andrés Amorós – ABC.

 

Ningún aficionado discute que José Tomás es un gran torero. Ninguno podrá discutir, tampoco, que su temporada española, este año, es realmente insólita. En toda la historia de la Tauromaquia, no recuerdo un caso semejante: un diestro del que sus partidarios dicen que es la gran figura, al que todos los empresarios persiguen, pero que, sin saberse por qué, renuncia a actuar en todas las grandes Ferias y a cualquier competencia con sus posibles rivales…

Los datos están muy claros. Recuperado ya de las secuelas de su cornada del año anterior, José Tomás decidió reaparecer en la Plaza de Juriquilla (que no es, ciertamente, una de las más importantes de México). Después de mil rumores, su temporada española se ha reducido a tres festejos. Actuó en Granada, el jueves de Corpus, 19 de junio, junto al veterano Finito de Córdoba y el joven Rafael Cerro, con toros de Victoriano del Río y Domingo Hernández (¿por qué de dos ganaderías? ¿No dispone cualquiera de éstas, si son las que él prefiere, de seis toros a su gusto?).

El toro de su vuelta a España, de Domingo Hernández, fue devuelto por flojo y sustituído por un sobrero de Juan Pedro Domecq, muy parecido al titular, que se caía continuamente: le cortó una oreja. En el quinto, de Victoriano del Río, la esperada apoteosis se apagaba, porque el toro se rajó, cuando el diestro, al ir a coger la espada, le perdió la cara y sufrió un golpe tremendo. Pasó a la enfermería, aparentemente con una grave cornada, y Finito entró a matar dos veces; pero, ante el asombro general, volvió José Tomás y lo mató a la segunda. La emoción del momento provocó que se le concedieran dos orejas.

Tres días después, el 30 de junio, toreó en León: un toro de El Pilar, flojísimo, y otro de Domingo Hernández (otra vez, dos ganaderías). Mató a la segunda y cortó una oreja de poco peso. Titulé la crónica de ABC: «Con toros flojos, flojo triunfo». A estas alturas, la sensación de desencanto, hasta en sus mayores partidarios, era patente.

No volvió a torear hasta el 23 de agosto: casi dos meses de descanso. Es habitual que algún gran torero retrase algo el comienzo de sus actuaciones o adelante un poco su mutis pero un parón así, a mitad, después de solo dos festejos, resulta insólito, desconcierta a cualquiera. ¿Qué ha hecho José Tomás, en estos 54 días del centro de la temporada? Dedicarse a su vida familiar, según parece.

Por fin, la pasada semana toreó en Málaga, con el rejoneador Hermoso de Mendoza. Es un tipo de corrida que no puede llamarse «mano a mano», que se está repitiendo esta temporada, pese a las críticas generales, y que permite al diestro eludir el sorteo, llevar elegidos («debajo del brazo», decían los revisteros clásicos) sus toros; una vez más, de dos ganaderías, Parladé y Victoriano del Río. En este caso, el triunfo sí fue rotundo: «Corta tres orejas y sale a hombros tras torear con suma lentitud», tituló Fernando Carrasco.

No ha anunciado José Tomás ninguna otra actuación, en España (intentará que acuda al Pilar el nuevo empresario de la Plaza, su amigo Simón Casas). Por el momento, el resumen de su temporada española es claro: ha toreado tres tardes, matado siete toros y cortado el mismo número de orejas. No ha querido torear en ninguna de las principales Ferias: Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao… Por supuesto, no se le ha podido ver en ninguna que se transmita por televisión: así se mantiene el misterio. No se ha salido de las cuatro o cinco ganaderías predilectas de las figuras. No ha alternado con sus posibles rivales: Ponce, El Juli, Morante, Perera, Manzanares…

Estos son los hechos. ¿Cuáles son las causas? ¡Quién sabe! Defienden sus partidarios que el arte es cosa de calidad, no de número: ¡gran verdad! Pero que, para alcanzar un nivel artístico, haya que torear tan poco resulta muy sorprendente. ¿Se encuentra bien, físicamente? Parece que sí. ¿No tiene ganas de torear más? Si es así, ¿por qué? Para defenderle, escucho que tiene derecho, como cualquier artista, a elegir lo que quiere hacer. ¡Por supuesto! Pero los aficionados también tienen derecho a comparar con lo que hacen otros grandes toreros y opinar.

Está claro que José Tomás estudia y controla cada una de sus actuaciones: los toros, los compañeros, el dinero…. Su escaso número de festejos va unido al rechazo absoluto a ser televisado y a aparecer en los medios. Desde el punto de vista del marketing, la estrategia es redonda: cada corrida suya se convierte en algo especial (es lo que han intentado imitar El Juli y Morante, anunciando, a comienzo de temporada, un calendario cerrado). Por eso, los que han conseguido una entrada, se consideran afortunados, no pueden aceptar que su esfuerzo no haya valido la pena… La ecuación es clarísima: si José Tomás toreara más tardes, la expectación disminuiría. Si lo hiciera en otras Plazas, la exigencia sería mucho mayor: en los toros, en los carteles y en el público.

La estrategia comercial funciona perfectamente pero la valoración de los aficionados es más dudosa. Imaginemos que Cristiano Ronaldo o Messi solo aceptasen jugar contra rivales fáciles o fuera de las grandes competiciones: ¿serían considerados los mejores futbolistas del mundo?…

Mi opinión no puede ser otra que lo que a mí me enseñaron, desde chico: la gran figura es el que puede con todos los toros, el que torea en las grandes Ferias y se enfrenta a sus más fuertes rivales. Quizá la Tauromaquia moderna sea otra cosa..

Via: http://www.detorosenlibertad.com/?p=46204

Twitter @Twittaurino

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Bogotá: Libertad, Libertad. Toros sí, Petro no.

Libertad, Libertad. Toros sí, Petro no

De SOL y SOMBRA.

3 y 30 de la tarde en punto, himno de la República de Colombia, tiempo soleado, mucho público y una banda iniciando el compromiso con un pasodoble de esos con los que se hace el paseíllo y en la tarima el maestro César Rincón, al lado de los matadores Jorge Herrera, Víctor Vásquez, Jairo Antonio Castro, Gitanillo de América, Nelson Segura, César Camacho, Pepe Manrique, Héctor José, Juan Solanilla, Santiago Naranjo, las cuadrillas completas con Jaime Devia, El Piña, Hernando Franco “El Popis”, los ganaderos Darío Restrepo, Carlos Barbero, Julio Jiménez, Rafael Moscoso, Francisco Páez y el nuevo propietario de “El Encenillo” Sergio Castro. Todos los elementos escénicos de una corrida en la plaza más importante del país, la Santamaría de Bogotá, un pequeño detalle con respecto a la realidad, no estaban en el ruedo para jugarse la vida, estábamos frente a la calle donde se roban los sueños.

Se gritó ¡Libertad, Libertad, Libertad! Frente a los atropellos de un Alcalde que no ha entendido que su mandato no lo rigen sus caprichos y malquerencias.

Hubo un sentido reconocimiento y gran ovación a los nueve novilleros que adelantan la huelga de hambre en las puertas de la Santamaría. César Rincón dijo “éstos muchachos son unos valientes que  nos dan ejemplo a todos y nos estimulan a continuar con esta lucha y no renunciar nunca”.

Habló el periodista Iván Parra, quien dio paso a los novilleros, uno a uno los que están en la huelga para que recibieran una ovación y el sociólogo Alfredo Molano, quien manifestó que el Señor Petro es caprichoso, politiquero y populista.

La presencia de varios periodistas y escritores como Germán Castro Caicedo, Antonio Caballero, el empresarios Felipe Negret, el secretario técnico de la Corporación Taurina de Bogotá Harold Roderos y los más destacados miembros de las peñas taurinas de la capital, fueron un gran estímulo y aliento para los novilleros que resisten estoicamente.

Fue un mitin con altura, culto, alegre y respetuoso, sin piedra, sin gases lacrimógenos, sin la presencia del ESMAD de la policía, como son todas las cosas del colectivo taurino….y esto continua.

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VIDEO: Taurinísimo Décimo Primer Programa – Bilbao. Novilladas. Manolete.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 29 de Agosto de 2014. Con @MyRyCar, @CaballoNegroII y @JoseNinoG.

 

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“Pali, este toro me ha matado”, fueron las últimas palabras de Yiyo hace 29 años antes de morir.

De Sol y Sombra:

“Pali, éste me ha matado” fueron las últimas palabras del torero José Cubero, Yiyo, instantes después de recibir la mortal cornada que el toro Burlero le asestó en el corazón, un dia como hoy pero de hace 29 años.

Originalmente publicado en DE SOL Y SOMBRA:

De SOL y SOMBRA.

Pali, éste me ha matado” fueron las últimas palabras del torero José Cubero, Yiyo, instantes después de recibir la mortal cornada que el toro Burlero le asestó en el corazón, un dia como hoy pero de hace 29 años. El Pali, uno de los peones de Yiyo, que entraba junto al matador a la enfermería, pudo oir las agónicas palabras del joven diestro. Yiyo, de 21 años de edad, nacido en Burdeos (Francia), pero criado en el barrio madrileño de Canillejas, murió  cuando terminaba la faena del sexto toro de la tarde del último festejo taurino que se celebraba en Colmenar Viejo (Madrid).

Yiyo salía ya de la suerte de matar cuando el toro le empitonó por la espalda, atravesándole el corazón. Hace tan sólo 11 meses, Yiyo habia asistido como testigo de excepción a la muerte de Paquirri. En aquella ocasión, el…

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Ocho con Ocho – Centenario del Calesero Por Luis Ramón Carazo.

Al repasar la historia de los toreros, da la impresión de que su profesión forma parte de un mundo aislado, independiente, sin conexión con otros personajes históricos. Naturalmente, no es así, es evidente que el mundo de los toros refleja las circunstancias de cada momento, el mío con Alfonso Ramírez Calesero, no es de extrañar, conecta con el de mi padre José Luis Carazo Arenero, amigo entrañable de Calesa. Por lo tanto siempre estuvimos pendientes de él y del desarrollo de la carrera de sus hijos y su nieto, a los que vemos con afecto por la misma causa que ellos nos ven así.

También, esa es la razón por la que me he dedicado a escudriñar artículos y películas para entender mejor quién fue en los toros Calesero. Criticados y admirados a la vez, hasta la irracionalidad, los toreros artistas son objeto de adulaciones e injustas críticas. Sus partidarios, nos negamos a aceptar reclamos airados contra su espíritu. Los enemigos de los artistas acuden a las estadísticas para por ejemplo acusar a Calesero de “solo haber recibido dos orejas en 28 actuaciones en la plaza México”.

Pero ahí está. Pasan los años, se suceden las generaciones de toreros, en el camino se han quedado muchos que tanto apuntaban y ellos siguen en la memoria colectiva. A lo largo de la historia se han llamado El Gallo, Gaona, Cagancho, Chicuelo, Pepe Luis Vázquez, Gitanillo de Triana, Curro Romero, Rafael de Paula y ¡cómo no! Alfonso Ramírez Calesero.

Cualquier reflexión sobre su significado no asume identificación absoluta con su concepción del toreo y del torero. Si, una actitud profunda frente a quién con criterio simplista es incapaz de entender por lo menos todo lo que hay detrás de lo que significan, para el arte del toreo. Es de llamar la atención que los toreros artistas, gozan por norma general de longevidad taurina, pese a la intermitencia de sus éxitos, laten como le pasó a Calesero, por una larga cordobesa en La México en los cincuenta del siglo pasado.

Relataba Don Alfonso que una de las mejores anécdotas le sucedió años después con el motivo de ese lance. Fue a una corrida acompañado de su esposa, y a la salida un hombre no dejaba de observarlo, comprendió que lo había reconocido, el señor iba acompañado, cuando pasó a su lado escuchó “¡Mira quién va ahí!”, “¿Quién? ”El que lleva comiendo cinco años de una larga cordobesa”

La longevidad de su carrera explica en primer lugar que su modo de hacer no estaba sujeto ni se circunscribía a moda alguna, ni a un tipo de toro específico, ni tampoco a lo que dijeran los medios de comunicación. Su permanencia en los ruedos, se debe a que no disminuyó su íntima ilusión, si no, no se explica que con el público en espera, él insistió en seguir vistiendo el traje de luces hasta que se lo permitieran sus grandes facultades físicas.

Y quiero opinar y frenar la fórmula en el que se asienta el ataque a los toreros como a Calesero. Dicen, quienes ven al toreo como un mero resultado estadístico y además son negados a entender que una persona que se viste de luces guarde hacia su profesión un sentimiento distinto al económico, que toreros como Calesero sólo están por una motivación económica, ignorando la gran pasión por lo que hacen. Su permanencia en los ruedos no obedece a otra causa, que su legítima voluntad de mostrar que su concepción del toreo era algo que surge de lo profundo de su alma.

El Calesero, sintió el arte de torear, como una manera de desahogar su expresión plástica y estética, sin dejar de atender por momentos en su carrera, el dominio del toro. Frente a la noción del poder – dominar al toro, entender sus reacciones, someter sus embestidas – prevaleció la armonía de buscar expresarse toreando, sus sentimientos, su personalidad y su particular e íntima interpretación de las normas del toreo. Le inquietaba me parece, evidenciar sus sentimientos.

Imaginativo, certero en las banderillas, clásico con la muleta y en ocasiones valiente al ejecutar la estocada, es una de las figuras del toreo mundial, que le mantuvieron en activo por casi cuarenta años, donde su nombre era un lujo en los carteles. Si frente al público y al toro, duró tantas temporadas, en algunas siendo el torero de mayor número de actuaciones en el país, en activo, fue por algo, por la búsqueda del ser humano en su existencia; la realización personal, esa de la que dio cuenta durante su vida.

Toreaba para disfrutar y alcanzamos a entender que en su quehacer no había un criterio comercial, sino una fiel personalidad. Algunos en el tiempo han perdido la memoria y arremetieron contra él, sin entender que muchos creemos que el toreo es arte y que esperamos algo, un lance, un muletazo, un gesto. Hoy a un poco más de cien años recién cumplidos de su natalicio, dónde quiera que te encuentres Calesero, de seguro en la Gloria, charlaras con tantos que se te adelantaron en el paseíllo de la vida como Arenero, sobre tus tardes en las que nos dejaste arte efímero para la historia. Gracias a Dios por convivir y disfrutar, algo de tu tiempo, en el nuestro.

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