Archivo diario: 18 enero, 2012

Mi Duda Es… – Sinfonía de dudas y preguntas sobre lo de La Mérida. FOTOS.

El Pana en el Paseo de La Merida (Foto: Erick Díaz Rosado)

La Mérida en tarde de expectación… Y en eso quedó. No hubo más, no sucedió nada de lo que se esperaba. ¿La razón? Un encierro cuyo desencaste y falta de movilidad rayó en lo ridículo.

Por: Marco M. BastarracheaDe SOL Y SOMBRA. Mérida.

Los seis de Bernaldo de Quirós han sido los segundos más serios hasta lo que va de la Temporada. Y eso por decir algo, que no quiere decir que hayan sido muy serios, sino que eran menos ridículos que los de tardes anteriores.

Pero fueron malos, malos de la “M” a la “s” y de regreso.

En entrevista con “El Pana”, cuya actuación abordaremos más adelante, el torero declaró que “Ningún torero se viste de luces pensando en fracasar…” y “El ganadero –Javier Bernaldo- debería de reconsiderar lo que está haciendo en su ganadería, porque algo está haciendo mal.” Y todo esto que señala el tlaxcalteca es cierto.

¿Por qué criar toros así? ¿No sería lo lógico hacer lo contrario? ¿En que mundo paralelo vive Javier Bernaldo en el que el descastamiento y la defensividad se confunden con la bravura y la acometividad? No lo sé, pero pues yo soy sólo un idiota con una pluma, así que si alguien sabe, por favor ilumínenme… a mí y a las tres mil quinientas almas que se dieron cita en La Mérida en lo que ha sido la mejor entrada de la Temporada para el toreo de a pie.

La afición yucateca volvió al conjuro de tres nombres que se miraban apetecibles y prometedores. Un cartel cien por ciento mexicano que probó ser redituable y que demuestra una vez más que la baraja de toreros mexicanos esta dotada de nueva vida y que los españoles no son la panacea de la fiesta en México. Regresó mezclada, heterogénea y con tintes de novedad la afición en los tendidos y le tuvo fe a los esfuerzos de la empresa por empatizar pero que al final salió desencantada. Mucho.

La Mérida volvió por momentos a ser La Mérida. Habían rostros conocidos, la crema y nata, o al menos parte de ella, de la sociedad yucateca se dio cita en los tendidos de sombra para disfrutar de la que prometía ser una gran tarde. Pero como ya hemos dicho, el domingo sólo podía desembocar en dos escenarios extremos: el éxito rotundo o el fracaso estrepitoso. Sabemos hoy que lo que sucedió fue lo segundo. Por supuesto el usual villamelón fuereño que pide música en plena faena y grita consignas toda la tarde se hizo, muy a pesar de la mayoría, presente.

Ello, aunado al ocasional vendedor que no perdía tiempo para promocionar a toda voz su mercancía, aún a sabiendas de que en el ruedo un hombre se jugaba la vida.

Debo decir que fue menos que en tardes anteriores, pero la meta es que se erradique. Sin embargo aflora la problemática real: Jorge Ponce es quien obtiene ganancias con los vendedores de su plaza y por ende la empresa se tiene que “chupar” las conductas de estos, aunado a una autoridad que se desentiende de lo que sucede en los tendidos.

Entonces ¿Estamos donde comenzamos? ¿Acaso al dueño de la plaza no le apetece ver una buena tarde de toros con la solemnidad que todo ello conlleva?

Creo que Doña Lía Venancia estaría muy triste de ver y saber que lo que creíamos era un problema suscitado por la empresa, lo es por nada más y nada menos que los dueños de la plaza. En fin, apelo de manera personal a Don Jorge Alberto Ponce Palomeque para que establezca un código de conducta para con sus vendedores en beneficio de la Plaza Mérida, a fin de cuentas su Plaza.

De las actuaciones, sólo memorable es lo ocurrido en el quinto de la tarde y de ello sólo la gran estocada que ejecutó Juan Pablo Sánchez para pasaportar al burel del otro lado de la cerca. De Juan Pablo rescatamos esa gran estocada que valió una oreja y que nos hace pensar que los tres pinchazos del primer toro pueden ser olvidados cuando se entra a matar por todo lo alto.

¿“El Pana”? Pues hizo lo que las facultades físicas le permitieron porque los toros no le permitieron nada. Dos bajonazos y un toro a medio matar -ojo, no a medio morir- fue la rubrica de su actuación en Mérida. Eso si, se ha robado tres vueltas al ruedo que han sido coreadas por un gran sector del público más que por ser merecidas, por darle coba a la charlotada. Importante es resaltar que a las trece horas del domingo, “El Pana” se encontraba hospitalizado por una inflamación del hígado e incluso que sus toros ya habían sido sorteados entre los dos matadores restantes.

Sin embargo, de sepulturero a torero y del hospital a la plaza, “El Pana” llegó para cumplir –por decirlo de cierta forma- con su compromiso en La Mérida.

Y de Arturo Saldívar, pues nada que reclamar pero también nada que recordar. No sólo por los toros, pues estuvo a punto de ser cogido por su primero, sino porque pareciera que a su compromiso en Mérida no le dio mayor importancia, corto y escueto pero arrimado con el primero –firmando con sus espeluznantes manoletinas-, dejó un bajonazo épico, el peor de la temporada después de la tercera de “Zotoluco” en aquella infame corrida inaugural; y a su segundo lo pasaportó tras intentar 2 series por derecha que simplemente no sucedieron: el toro no las tenía.

La tarde no fue nada de lo que se auguraba, pero en el ruedo queda el esfuerzo y la entrega de un Juan Pablo que viene siempre a por todas, las ganas de un Saldívar que tal vez prefirió guardarse para los de Begoña o tal vez simplemente no quiso jugar con la muerte ante dos toros que estaban asidos al suelo; y algo de la saliva de “El Pana” cuando este beso la arena del ruedo.

Eso sí, a pesar de las ridiculeces, esfuerzo sí hubo, pero no hubo toros. Ver al “El Pana” es un espectáculo per se, ya sea fumando, hablando o caminando, ese hombre es torero por los cuatro costados. Podremos estar o no de acuerdo con su muy particular interpretación del toreo, podremos estar o no de acuerdo con su personal interpretación de la vida, pero en algo nadie puede disentir: “El Pana” es torero, nació torero y torero morirá.

Y ya que le hemos dado coba a los toreros diciendo que todo fue culpa de los toros, me viene a la mente la siguiente pregunta: ¿Y quien pidió esos toros?

¿La empresa? De acuerdo con las declaraciones de su representante Juan Carlos López, no, los que piden son los toreros, los apoderados vaya. Entonces fueron los toreros…pues “El Pana” dice que él no fue. ¿Sánchez y Saldívar?

Puede ser, sobre todo si tomamos en cuenta que, como mencionó en entrevista con este humilde “junta letras”, Juan Pablo Sánchez tiene a Bernaldo de Quirós entre sus ganaderías consentidas. ¿Y Saldívar? Pues de él no obtuvimos declaración pero traemos la pregunta en el bolsillo y se la haremos, si ocasión propicia el torero, en tres semanas cuando repita en La Mérida.

Entonces ¿De quién es la culpa? Sin duda la mayor parte es del ganadero Javier Bernaldo, eso que ni que. Pero ¿Quién pidió los toros? Y al son de esa pregunta todas las entrevistas y cordialidades concluyen con una rápida salida.

El 12 de febrero se correrán toros de Begoña y por lo que hemos escuchado, estos son “toros, toros”. Pero hasta no veo, no creer.

Respecto del Domingo, hubo cosas que mejoraron y hubo cosas que siguieron igual, los cuatro músicos famélicos “ahí andan” y la promesa de una banda completa, también “ahí anda”.

Si bien las cosas parece seguir yendo cuesta arriba para la empresa de Alberto Bailleres, cierto es que han tomado cartas en el asunto, o al menos en parte de él. Por otro lado, mientras toros como los de Bernaldo de Quirós, Fernando de la Mora y Teófilo Gómez sigan acaparando el grueso de las corridas en nuestro país, poco se podrá hablar de una faena a un “Toro Bravo”.

Como pueden ver queridos amigos –y uno que otro enemigo que nos lee- esta columna ha pasado de ser crónica a convertirse en una sinfonía de dudas, si alguien tiene la respuesta, aquí queremos saberla.

Twitter: @Bastarrachea.

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