Archivo diario: 13 abril, 2012

Radar Taurino – El Tongo (Extra) Taurino. Sobre la Marcha de la Fiesta.

El Toreo es de todos, por eso genera ídolos como Silverio.

Televisión, políticos, partidismos protagónicos, tienen a la afición en pleno armado de rompecabezas mentales, sin saber a donde ir, a quien leer o a quien escuchar, es decir, lejos del toro, muy lejos, y más cerca cada día de la poco conveniente política taurina.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Sinceramente poco cosecha el que poco abona.

Y la realidad taurina hoy es que en lugar de ir a la Plaza y con ello detonar todos los derechos y obligaciones que como taurinos nos corresponden, la mayoría anda a la deriva, principalmente aquellos cuya fe taurina, con independencia de su edad, es aun demasiado joven.

Salimos de Texcoco con la crítica en un doble aspecto respecto del toro: su presencia, como siempre, y la sospecha respecto de sus pitones. Es, aclaro, solo una sospecha, pero que se está extendiendo al ojo poco “viciado” del joven taurino que grita “Sí a los Toros” pero que se encuentra con que en el aire del ambiente flota la sombra de la duda.

Por otra parte, debemos señalar que en distintos modos las corridas de Espíritu Santo y de Piedras Negras han mostrado que, contrario a la de Julián Hamdan, con excepción del lidiado en cuarto lugar, aun existe un toro que exige a los toreros virtudes más cercanas al valor y al poder, más cercanas a la emoción trágica que únicamente al goce estético.

Ese es, en juego, el toro que mayor beneficio estrictamente taurómaco acarreará consigo en caso de lidiarse más seguido en nuestras plazas.

Es claro que el actual modelo de Fiesta en México está agotado. Razones. Cuando los aficionados están menos pendiente de lo que ocurre en las arenas que de lo que ocurre en los despachos, es el resultado de que la emoción taurina, en su doble aspecto estético y trágico, se encuentra ausente. Así, el aburrimiento cunde y el ocio coloca a la fe taurina inmadura –con perdón- de cara al riesgo de no saber cómo hacer vigente y ejercer plenamente su derecho de ir a los toros.

Más razones. Cuando el toro se cae, por mucho que “se deje” o “se preste”, se cae la Fiesta.

Pasamos demasiado tiempo, gastamos demasiado espacio en hablar muy poco del toro. Por ello, al bajar su nivel en todo aspecto, bajando sus defensas y la calidad de su presencia, peor aun, al diluir su instinto de ataque, condenamos al espectáculo a vivir de rodillas.

Esto, “tan romántico” “tan idealista” para los “verdaderos profesionales” de la Fiesta, es, si acaso nos ponemos a reflexionar, no un camino para mejorar incluso económicamente el espectáculo, sino el único modo de tener una Fiesta fuerte. Si el toro lo es, el triunfo o fracaso de los toreros también lo será.

Otra vez, la relación de derroche y rigor aparece, siendo en el segundo de los conceptos donde los taurinos “se atoran” y ya no dan el siguiente paso.

Por algo el toreo, con su dureza y rigor que en cuanto a jerarquías en él impera, siempre es un eterno filtro. Ahí, justo donde la Fiesta impone su rigor natural, es donde en México se queda corta. Y esto aplica más allá del ruedo.

La corrida siempre ha sido un espectáculo popular porque pero en estricto sentido no es el pueblo el que la ha disfrutado, realmente de ella a lo largo de su historia.

Porque la corrida siempre ha sido cara y, salvo aquellos que empeñaban el sustento por esto de los toros, el pueblo, la parte gruesa, no ha disfrutado del todo, como suponemos, del acto de la corrida. Por eso ser aficionado a los toros no es cualquier cosa, requiere un esfuerzo en adición. También por ese mismo hecho, la corrida de toros, como algunos otros espectáculos, no es masivo. No es para todos, eso incluye a los políticos medidos de cultura.

Así, tenemos que las Plazas públicas, de ahí que llamemos “plaza” al espacio cerrado pero abierto donde se expone la lidia del toro, que se abre para todos, son el foro abierto para decir al mundo no taurino que es y de qué se trata una de las caras más representativas de la cosa taurina. Esa acción es una cosa de derecho y como tal hay que ejercerlo en el lugar indicado, a la hora precisa, tal como hacen los toreros al encarar a la fiera bicornuda.

Por algo Botero expone no el Zócalo sino en Bellas Artes.

La decadencia de la Fiesta -en el Toreo, como arte, no podemos hablar de crisis- existen hechos inmutables que no pueden ser removidos y que aquí en México hemos trastocado. El principal, el toro bravo. Cuando el rigor taurino incomoda a los apoderados, cuando la angustia de los centavos aflige al empresario y el ahogo del costo inquieta al ganadero, el pato lo paga el toro, si nos fijamos, siempre es el toro el que tiende a bajar en todo aspecto.

El hecho de que la corrida, como he dicho, “no sea para todos” no implica que sea un espectáculo que discrimine o restrinja, al contrario. Aunque, por su naturaleza, respecto de su entendimiento y arraigo, sea complejo, en un país de más de cien millones de habitantes, existe público -“gente”- para todo.

Lo que hace grande al toreo es que debe tocar la capacidad de asombro de quien lo contempla en un doble sentido,: implica el respeto, primeramente, y ya después la admiración respecto de aquello que desencadena.

Pero siempre dene imponer respeto, ese que deriva de la seriedad del toro (“No cualquier animal reacciona como lo hace el toro”) y del valor del torero (“No cualquiera enfrenta al toro, solo los toreros”) Esto es lo que hemos perdido, el respeto general, principalmente porque es el toro el que no inspira respeto.

Hoy el toro no da miedo, en general, el que se está lidiando, da lástima.

Peor aun, cuando el aficionado taurino –que quizá comparte de esto mucho con el aficionado al béisbol- es el peor tratado de toda la palestra de espectáculos, no tiene oportunidad alguna de hacer efectivo su derecho a ser como quiere ser, simplemente taurino.

Observen ustedes el caso del pasado domingo, de bruces estrellan la ilusión taurina –quien quiera que haya sido- de televisar, como se prometió, una corrida a pleno sol y a pleno lleno en Texcoco.

Ni siquiera el canal de televisión que habría de cubrir el suceso, al menos oficial y expresamente, ha expuesto las razones del “tongo”, léase, la finta con la que dejó colgados a muchos aficionados, que quedaron sin acceder a su espectáculo favorito.

Y ya no retomaremos el tema de la televisión satelital. Esperemos haya un arreglo porque esto de la tele está tomando peores tintes, hay quien está metiendo la mano para que el toreo no llegue a las pantallas a partir de un interés contrario al gusto taurino.

Ahora, está la dimensión informativa, de la cual algo conocemos. Cuando un crítico se vuelve un promotor o publicista del espectáculo, como está ocurriendo, adquiere compromisos y no sabe como resolverlos, además de pagar el toro paga el pecado el aficionado. Que queda como el cuento del ranchero en la ópera, “Mucha música y poca ópera”

Nuestra “ópera” taurina está lentamente quedando fuera. Por eso la salida es el toro y acudir a la Plaza. No se puede ser taurino solo de red social, o de plantón. Preferible es ser aficionado de planta, a pesar de todo y contra todo.

Tengamos paciencia y, si viene un armisticio taurino, con el toro por delante, todos nuestros problemas tendrán solución.

Que, como dice un joven y buen torero mexicano: “Para eso hay ¿No? Para eso se es torero”.

En nuestro caso, para eso somos taurinos. No temblemos ante el primer arreón de olas mansas.

Twitter: @CaballoNegroII.

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