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El Capea Jr. se encerrará con seis de Victorino en…¡Vitigudino!

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De SOL y SOMBRA.

El torero salmantino Pedro Gutiérrez “El Capea” Jr. se “encerrará” con seis toros del ganadero Victorino Martín en la plaza de toros de Vitigudino (Salamanca) el próximo 16 de agosto.

El torero quiere dar un golpe de efecto en su carrera taurina en España, ya que en los últimos años se ha centrado en América,  especialmente en los ruedos mexicanos.

Lo recaudado, una vez liquidados los gastos, irá a beneficio de Cruz Roja Española, por petición expresa del torero.

Precisamente, el padre de El Capea, Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea”, protagonizó una gesta similar en junio de 1998 aunque este si lo hizo en una plaza de primera y no en un pueblo desconocido para muchos aficionados.

La de su papá fue en la tradicional Corrida de La Prensa de Las Ventas en la que cortó tres orejas en la encerrona que también protagonizó con seis toros de Victorino Martín.

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Sánchez Bejarano, torero de culto.

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Por Jorge Laverón.

Agapito Sánchez Bejarano (Colmenar de Montemayor, Salamanca, 1944) es torero de culto. Un torero para el recuerdo. Una pasión. Magnífico con el capote, torero de muñecas “partías”. Profundo, hondo muletero. Y sensacional con la espada. Un gran artista en el más amplio sentido de la palabra.

Un torero que no llegó a figura –ni falta que le hizo– y que hay que rescatar del olvido. Su empaque y torería son motivos suficientes para llenar páginas de la historia, de una tauromaquia que él hizo grande.

De novillero deslumbró en Madrid. En Las Ventas se presentó el 19 de marzo de 1967 y cortó una oreja. Repite el 1 de mayo y corta una oreja de cada uno de sus novillos con la plaza casi llena. El jueves 4 de mayo con novillos de Murteira Grave corta una oreja del segundo y las dos del quinto. Un triunfo irrebatible. Seis orejas en tres tardes, lo que le lleva a tomar la alternativa en plena feria de San Isidro, el día 20 de mayo con El Viti de padrino y José Manuel Inchausti “Tinín” como testigo. Fue ovacionado en los dos toros de Francisco Galache.

Repitió el día 25, en una corrida que pasó a la historia. Rafael Ortega, el torero de la Isla, cortó dos orejas tras realizar una de las mejores faenas que se han visto en Madrid, y Curro Romero fue detenido al negarse a matar el quinto toro. Sánchez Bejarano cortó la oreja del tercero. Vuelve a Madrid el 6 de julio para matar la Corrida de la Prensa, con Tinín y Paquirri. Cortó una oreja.

A pesar del gran ambiente que rodea al torero salmantino “sólo” torea 20 corridas en esta su primera temporada. Recuerdo la gran tarde que dio en la feria de Málaga, el 6 de agosto, con toros de Pablo Romero.

Le acompañaron en el cartel Gregorio Sánchez y Miguelín, que cortó cuatro orejas y dos rabos. Agapito cortó una oreja del tercero y las dos del sexto. Aquella tarde brilló en La Malagueta el torero de singular empaque e impar elegancia, además de inspirado. Imborrable la primera faena al “pablorromero”.

De poco le valió. En 1968 Sánchez Bejarano toreó 16 corridas de toros, ninguna en Madrid. Su carácter indomable, su bohemia, su independencia y también su orgullo de torero le perjudicó.

Los mezquinos intereses del taurinismo casaban mal con la clase del torero.

En 1965 vuelve a Madrid donde toreó cuatro tardes. El 6 de abril dio una vuelta al ruedo. El día 20 del mismo mes mata toros de Victorino Martín. No torea en la feria de San Isidro. El 18 de septiembre torea de nuevo “victorinos” y corta una oreja al quinto, sobrero de María Cruz Gomendio. El 28 de septiembre toreó de nuevo, esta vez, toros imposibles de García Romero. Acabó la temporada con doce corridas toreadas.

A Madrid no vuelve hasta 1972. En 1970 toreó 8 corridas y 6 el año siguiente. Para colmo sufrió graves percances. En 1972 torea en Madrid el 7 de mayo y corta las dos orejas del cuarto toro perteneciente al Conde de Ruiseñada. Es una de las mejores faenas de la temporada en Madrid. No torea en San Isidro al estar cerrados los carteles, pero sí torea cuatro tardes más. El 9 de julio cortó una oreja de a un toro de Miguel Zaballos, el 16 mató toros de Cuadri. El 6 de agosto triunfa –una oreja– con toros de Moreno Yagüe.

Toreó en la por entonces muy prestigiosa plaza de San Sebastián, en la Semana Grande donostiarra y corta dos orejas a un pablorromero el día 10 de septiembre. Torea en Madrid y da una vuelta al ruedo. Ese año suma 14 corridas.

En 1973 torea 12 corridas, cinco de ellas en Madrid. El 22 de abril la primera, con reses murubeñas de Félix Cameno. En San  Isidro torea el 31 de mayo, toros de Miura. El 18 de julio hace una gran, grandiosa, faena a un toro del Marqués de Albaserrada. Cortó una oreja, que debieron ser dos. Esta faena la brindó al público desde los medios con una especial dedicatoria a la andanada del ocho.

Fue una faena de arte –sobre todo con la izquierda–, valiente, era un torazo el del marqués, y dominadora –casi toda fue en los medios. Junto a la del toro de Ruiseñada, la mejor de Agapito en Madrid. El 16 de septiembre toreó la corrida a beneficio de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros, conocida por la del Montepío. Alternó con Antoñete y Dámaso Gómez y toros de Murteira Grave. Dio la vuelta al ruedo en el sexto. El domingo siguiente, 23 de septiembre, cortó una oreja a un toro del Pizarral.

Hasta seis tardes toreó en las Ventas, en la ya “su plaza de Madrid”, en 1974.

Siete corridas toreó este año. Comenzó la temporada el 14 de abril. Toreó en la feria de San Isidro el 13 de mayo –toros de Bohórquez y Andrés Hernando– el torero segoviano, ya de retirada, y el valiente torero de Cuenca Curro Fuentes. Bejarano dio la vuelta al ruedo a la muerte del segundo. El 21 de julio cortó su última oreja en Las Ventas, a un toro encaste Vega-Villar de Justo Nieto. Faena en la que volvió a brillar su extraordinaria calidad, su empaque, su clase. Toreó de nuevo el 28 de julio, el 1 de septiembre y el 27 del mismo mes.

Comienza, a pesar de sus incontables detalles, una larga decadencia. Torea muy poco y Madrid –siempre Madrid – es su único refugio. En 1975 torea cuatro corridas, las cuatro en Las Ventas, y sin ningún éxito. Mató toros de Victorino Martín en la feria de San Isidro junto a Dámaso Gómez y Miguel Márquez.

En 1976 torea dos corridas, una en Madrid el 25 de abril. En 1977 no torea.

En 1978 torea seis corridas, cinco en Las Ventas. Reaparece el 7 de mayo ante toros de Campos Peña. Vuelve a torear el 18 de junio ante terroríficos toros de Luciano Cobaleda. El 16 de julio da una vuelta al ruedo, tras una faena de su corte, de su buen corte, elegante trasteo –sin ligazón por la condición del toro de Camaligera– culminado de excelente estocada.

El periodista José Luis Ramón –admirador confeso de Bejarano–  lo describe así: “En la suerte suprema era un auténtico artista. Recuerdo su seriedad en la preparación, cómo adelantaba la muleta y la pierna, cómo daba el pecho y, finalmente, cómo se reunía con el toro, con auténtica clase”.

Volvió el 20 de agosto y cerró la temporada el 15 de octubre. En estos últimos festejos se vio a Sánchez Bejarano con el ánimo decaído. 1979 fue su última temporada como matador de toros en activo. Toreó una sola corrida, por supuesto en Las Ventas, y por supuesto con una ganadería difícil, sin garantías, como era la de García Romero. El festejo tuvo lugar el 7 de octubre y el cartel lo completaron los modestísimos “Rayito de Venezuela” y Curro Méndez.

Sánchez Bejarano comenzó a torear de becerrista en 1962. En 1963 debutó con picadores en Navalcarnero (Madrid). En estos primeros años fue su mentor Pepe Mirabeleño, el padre del gran torero Juan Mora, y luego le apoderó Manolo Escudero, el torero madrileño, artífice del toreo a la verónica.

De Manolo Escudero hereda Bejarano la magia de su verónica y también su elegancia, su estética, su extraordinaria majestuosidad con la muleta. Bejarano, Agapito Sánchez, nacido en Colmenar de Montemayor, pueblo serrano, cercano a Béjar, el taurinísimo
Béjar, del que tomó su nombre, se hizo torero en tierras cacereñas.

En 1965, el 5 de septiembre, cortó un rabo en Valencia. En 1966 toreó 35 novilladas y deslumbró en Sevilla el 11 de septiembre, la tarde de su presentación, en la que cortó las dos orejas a un novillo. Luego, al año siguiente, 1967, vino lo de Madrid.

A lo largo de su carrera como matador toreó 35 corridas en Las Ventas y cortó diez orejas. En el recuerdo quedaron, como también aquella de Málaga, la bella, y aquella otra en el viejo coso de “El Chofre”, en San Sebastián, la “bella Easo”, y ambas fueron con toros, bellos toros de Pablo Romero.

Recuerdo también con especial emoción un festival en la madrileña plaza de Vista Alegre, barrio de Carabanchel. Cortó dos orejas tras magistral faena. El festejo celebrado el 25 de octubre de 1977 fue a beneficio del sindicato Comisiones Obreras. Tiempos difíciles, pero allí estaba el hombre acostumbrado a toros difíciles, y a tiempos difíciles, a dar la cara, como siempre, allí estaba el hombre, el hambre y el torero, ¡el gran torero!

Agapito Sánchez Bejarano ha sido uno de los toreros de mayor calidad estética de su época. Por eso, sólo por eso, tiene escrita una página con letras de oro en la historia del toreo. Sí. En la historia del toreo.

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El toreo de ‘Finito de Córdoba’ lloró a ‘Paco de Lucía’

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De SOL y SOMBRA.

Así lloró “Finito de Córdoba”, la pasada tarde del 28 de febrero de 2014, al irrepetible maestro de la guitarra Paco de Lucía,fallecido el día anterior, la que ya inició con un minuto de silencio, en su recuerdo. Su toreo de hinojos, de recibo al primer toro, tras aquel minuto de silencio, nos pareció impregnado de ese soniquete por Bulerías que nos legó la guitarra del de Algeciras. Continuó con el toreo a la verónica al compás de la magia que parecía llevar el aire por alegrías, de las manos del alma del guitarrista universal.

Su toreo de muleta fue profundo y “jondo”, majestuoso, como los trinos de la guitarra del gaditano en su Taranta “Fuente y caudal”, o los pellizcos de la seguiriya “Luzía” que el genio de la “sonanta” dedicó a su madre, (de origen portugués) la que lo trajo al mundo con esa virtud de transmitir con sus dedos el sentir flamenco de su corazón, ese corazón grande que dejó de latir privándonos de su presencia viva, pero no dela espiritualidad de su música, porque ésta ya es eterna.

Tres toros de Fuenteymbro, a cual mejor, lidió “Finito”, en esta XXI fiesta campera, organizada por ese incondicional CLUB que lleva su nombre, presidido por su incansable Presidente Manolo Cuevas Parejo, y celebrada como todos los años en ese marco incomparable de “Los Jardines Taurinos del Pilar”, a un tiro de piedra de La Carlota (Córdoba).

No faltó de nada

Como todos los años, allí no faltó de nada, desde los refrescos a los ricos caldos, y desde la exquisita cocina de aquel singular Hotel-Restaurante, tan taurino, incluido el rico potaje, a los sabrosos dulces de la tierra acompañados del reconfortante café calentito.

Esta noche, cuando la luna de los cerraos, la de los “enamoraos”, la de los toreros y poetas, se refleje en la arena del coqueto coso de “El Pilar”, recordando el sentido toreo del maestro “Finito de Córdoba”, añorará también la mágica melodía “Reflejo de Luna” por “Granainas” del genio flamenco que hoy llora el mundo entero, y sobre todo, su tierra Cádiz.

El temple por soleares

Quería Dios un torero
que rayara el infinito,
y señaló a Juan Serrano,
el que se apoda “Finito”.
Y lo hizo emperador
con el capote torero
y de muleta ¡el mejor!
que yo he visto en el albero.
No hay un pintor que pinte
su arte por naturales,
pero Paco le dio el temple
del compás por soleares.
Otro Califa torero,
otro ídolo en el ruedo,
gloria para la afición
que le grita en ovación:
¡Torero, torero, torero!.

Via: http://www.minuto90.com/index.php?page=86&ampliar=100049450

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Salvador Dalí y los toros.

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De SOL y SOMBRA.

Salvador Dalí fue un aficionado constante al mundo del toro.  Cuando el torero Chamaco convulsionó a la afición -y a España- con sus actuaciones en Barcelona, Dalí subía a la suite que Chamaco tenía en el Hotel Ritz «para comprobar» que lo que había visto horas antes en la Monumental de Barcelona «era real y no surrealista».

Hasta 178 tardes llegó a torear Chamaco en La Monumental y Las Arenas, muchas de ellas mano a mano con Joaquín Bernadó.

Salvador Dalì no solo pintaba toros y toreros, tambien era amigo de algunos de ellos, como Luis Miguel Dominguin.

Gustaba de ir a la plaza, sobre todo en Barcelona, y en Figueras, su ciudad natal, donde en 1961 se celebrò un festejo extraordinario en su honor. La foto de arriba se refiere a este acontecimiento.

Dalí se marchó sin poder realizar con Luis Miguel Dominguín su proyecto de corrida surrealista. La corrida de Dalí tenía que finalizar con un helicóptero sacando a un toro de la plaza y otro helicóptero a Dominguín.

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Los Solórzano.

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El cronista Maximiliano Clavo después de haber visto a Chucho Solórzano torear en 1931 en Madrid escribió “La República de Mejico limita al norte con Estados Unidos, al sureste con Guatemala y Honduras Británicas, y al este y oeste, respectivamente con los océanos Atlántico y Pacífico. Pero, en la geografía taurómaca, Mejico  torero limita desde ayer con Ronda, Sevilla y Madrid.”

Esa tarde salio en hombros, era un siete de junio, el público madrileño había quedado impactado por la faena al toro “Revistero” de Aleas. El crítico corinto y oro de la voz lo bautizo con el mote de: La estatua que torea.

De SOL y SOMBRA.

Jesús Solórzano Dávalos
(1908–1983)

Hombre de campo desde la infancia, nacido en Morelia Michoacan, Chucho Solorzano se familiarizó pronto con el ambiente taurino de la capital, tanto que no cejó hasta verse anunciado como sobresaliente del Algabeño, matador sevillano que esa tarde se presentaba como rejoneador en El Toreo. Para sorpresa de todo mundo –incluido sin duda él mismo– resulta que tenía el toreo en la cabeza, y no tardó en convertirse en novillero puntero, ganador de la Oreja de Plata de 1929, disputada entre otros por Carmelo Pérez, el legendario hermano de Silverio.

Esas credenciales le dieron acceso a una alternativa a todo lujo (Toreo, 15.12.29, cuando Félix Rodríguez le cedió a “Cubano” de Piedras Negras); pero, siguiendo los usos de la época, renunció a la misma para presentarse en España como novillero. Pronto se labró un cartel envidiable, con repetidos éxitos en Barcelona, Sevilla y Madrid –donde desorejó a un Miura poderoso y difícil– que lo condujeron al doctorado definitivo, tomado en la Maestranza de manos de Marcial Lalanda con “Niquelado”, de Pallarés (30.09.30).

La confirmación madrileña fue en la corrida de Beneficiencia del 06.04.31, preludio de su apoteosis con “Revistero”, de Aleas, al que desorejó por partida doble (04.06.30). Un rápido apogeo que no fue capaz de sostener en posteriores campañas españolas.

Pero en México se consagró como figura la tarde de su recordado faenón a “Granatillo”, de San Mateo (10.01.32). Y en años subsecuentes iría sumando a ese nombre inmortal los de “Cuatro Letras”, “Redactor”, “Leonés”, “Tortolito” –con el que bordó la quizá mejor tanda de verónicas de recibo que haya presenciado El Toreo–, “Brillante”, un punteño de imponente catadura, o los seis pavos de Zotoluca que triunfalmente estoqueó  por cornada de Garza, con quien alternaba mano a mano (15.12.40).

Ésa de 1940–41 fue su última gran temporada en la capital, aunque aún se dio tiempo para cuajar al nada fácil “Picoso”, de La Laguna, y sentar cátedra con un toreo quieto, cadencioso y profundo para triunfar al lado de Armilla y Manolete (16.01.46)

El llamado rey del temple no sólo derramaba arte y distinción al bordar la verónica estatuaria o la chicuelina de manos bajas, también fue un banderillero finísimo y alcanzó sobresaliente conocimiento y dominio sobre los duros astados de la época.

Dos graves cornadas frenaron su carrera. El 26 de febrero de 1933 el toro “Lancero” de Rancho Seco le pego una cornada en el triángulo de Scared; el caso era tan serio e insólito que solo pudo ser atendido en París. Y apenas convaleciente de esa cornada un toro de Guadalest en Valencia le partió el muslo el 31 de julio de ese mismo año.

Muy platicada en su época fueron aquella serie de lances que reprodujo la pantalla cuando Chucho protagonizó la película ¡Ora Ponciano! – que motivaron caso ejemplar en la cinematografía, que el público aplaudiera ruidosamente, obligando a retroceder en varias ocasiones la película para ver aquellas verónicas – sin duda Solórzano fue uno de los mejores ejecutores de la suerte natural con el capote.

Mermadas sus facultades y ya casado con una aristócrata millonaria – Carmen Pesado Hagembeck -, Jesús decidió retirarse de los ruedos el diez de abril de 1949 con el toro “Campasolo” de Matancillas. Armillita que se había retirado hace poco, bajo al ruedo para despojarle del añadido.

Eduardo Solórzano Dávalos
(1912–1995)

Sobre el mismo molde estético de Jesús, aunque de personalidad menos acusada, Eduardo Solórzano cuatro años menor que Chucho, pudo ser un torero sobresaliente de su tiempo si hubiese aplicado de matador la dedicación que tuvo de novillero, tanto en México como en la España inmediatamente anterior al boicot de 1936 en donde se manifestó cómo promesa.

Doctorado por Garza en Puebla (16.04.39, con “Poblano” de Heriberto Rodríguez), al sobrevenir la escisión que enturbiaría la siguiente Temporada Grande decidió jugar al lado de su padrino de alternativa y los ganaderos zacatecanos, distanciándose del grupo que encabezaban su hermano, Armillita y Balderas, con Silverio como as bajo la manga. Y aunque tuvo una de las confirmaciones más triunfales que se recuerdan en la capital, desorejando a los dos de su lote de Torrecillas, “Talismán” y “Sabroso” (30.12.39)

Eduardo finalmente nunca demostró una gran vocación por su carrera a pesar de tener grandes dotes. Sus apariciones posteriores fueron muy esporádicas, y pocos lo recordaban ya cuando anunció su despedida coincidiendo con la presentación de Manolete en México. Esa tarde (09.12.45) lidió cuatro toros ya que Manolete y Silverio ingresaron a la enfermería.

Finalmente se casó con la señora Mimia Fernández del Valle y se dedicó a sembrar naranjas en su finca del Huáscato.

Jesús Solórzano Pesado
(1942)

Hijo del fundador de la dinastía y heredero legítimo de su clase y despaciosidad torera paso a la historia como autor de memorables faenas, como las que cuajó en la México al novillo “Bellotero”, de Santo Domingo (oct. 64) y, entre 1969 y 74, a los cuatreños “Pirulí” y “Fedayín”, ambos de Torrecilla.

El trazo de su verónica revestía auténtico señorío, y con las banderillas ideó un par por dentro bautizado como moreliana, tras un giro en la cara pasando en falso. Muleta en mano era difícil que se confiara, mas cuando vio claro a un toro alcanzaba cumbres de finura y temple distintas, por su naturalidad y sello, a las de cualquier otro gran artista.

Tomó la alternativa en Barcelona de manos de Jaime Ostos (25.09.66, con “Rayito”, de Atanasio Fernández) y en México se la confirmó Capetillo con “Zapatero” de Santo Domingo (19.02.67). Como su padre y su tío Eduardo, alguna vez triunfó de novillero en Madrid.

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