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La dinastía que situó Bienvenida en el mapa

Manolito y Joselito Bienvenida en Nueva York

Por Estefania Zarallo.

¿Imagina una corrida de toros en Nueva York? Actualmente resultaría poco probable, pero sucedió, y contó con un nombre extremeño en su cartel: el de Bienvenida. En esta localidad del sur de la provincia de Badajoz surgió una de las dinastías más prolíficas de la historia de la tauromaquia y dos de sus miembros, Manolito y Joselito Bienvenida, se anunciaron en el mítico Coney Island Stadium el 30 de julio de 1927. Los más curiosos pueden incluso ver el cartel y una instantánea de ambos diestros paseando por las calles de la Gran Manzana en el Centro de Visitantes Dehesa y Toro ‘Dinastía Bienvenida’ que se inaugura hoy en el municipio.

Se salda así, en parte, una deuda pendiente del pueblo con su patrimonio, con su historia y con sus costumbres, con la dinastía más longeva y exitosa de la tauromaquia, que llegó a contar con diez toreros de cuatro generaciones distintas durante más de un siglo.

Es precisamente en torno a esa decena de matadores que gira todo el centro de visitantes. Cada uno de ellos tiene dedicado un espacio que se aprovecha para entroncar su historia con diversos aspectos relacionados con el toro, como la naturaleza, la evolución del traje de luces, la importancia de las Escuelas Taurinas, las artes e incluso la economía. Un enclave en el que acercarse a la fiesta y no simplemente un museo al uso en el que contemplar diversos objetos de valor.

Así, el recorrido se inicia con Manuel Mejías Luján, que nació en Bienvenida en 1844 y que fue un reconocido banderillero que estuvo a las órdenes de diestros punteros de la época como Bocanegra o Mazzantini, con quien llegó incluso a cruzar el Atlántico para torear en La Habana. En su localidad natal se casó con Teresa Rapela y tuvo cinco hijos. La segunda sala está dedicada al primero de ellos, José Mejías Rapela que se formó en las capeas de las comarcas cercanas, aunque sin duda, su segundo descendiente, Manuel Mejías Rapela es el más conocido por la afición, sobre todo por su apodo, El Papa Negro.

Con sus aptitudes para la lidia, pronto marchó a Sevilla y de ahí a las plazas más importantes del momento hasta que hizo las Américas durante más de siete años, después de haber tomado la alternativa en Zaragoza en 1905 con ‘Algabeño’ como padrino y ‘Lagartijo Chico’ como testigo.

De sus siete hijos, casi todos se dedicaron a la tauromaquia. El primero, Manuel Mejías Jiménez, no llegó a cumplir los 30 años, ya que murió de una enfermedad estomacal, pero comenzó a torear desde pequeño. De hecho, él fue uno de los protagonistas de la citada corrida de Nueva York. En el centro puede verse uno de sus trajes de luces y conocer la historia de la evolución de tan singular pieza, que fue donada a la iglesia de Bienvenida, donde ha permanecido durante años.

En el ecuador del recorrido por las diez salas se ubica la dedicada a Pepe Bienvenida, que despuntó como torero banderillero y murió en la plaza de Acho (Lima, Perú). Gracias a su figura, puede conocerse la íntima relación entre el fervor religioso y la tauromaquia. La estrecha línea que separa la vida y la muerte para un torero hace que este vínculo con la fe sea tan fuerte.

Con Rafael Bienvenida el visitante se acerca de lleno al concepto de ‘niño torero’ y conoce cómo ha cambiado la formación de los matadores, al adentrarse en sus primeros pasos como diestro en México y aprender la labor que se lleva a cabo en las Escuelas Taurinas. Rafael murió asesinado cuando tan solo contaba con 16 años de edad.

Ya en la segunda planta del edificio se encuentran los espacios destinados a Manolo Bienvenida (Manuel Mejías Jiménez), el hijo del Papa Negro que más despuntó en el panorama taurino. Competía al más alto nivel, con Marcial Lalanda, y proyectó internacionalmente la dinastía. Llegó a estoquear reses incluso en El Líbano, Japón o Mozambique. En parte, a él se debe que existan más de 40 Círculos Taurinos Amigos de la Dinastía Bienvenida repartidos por todo el mundo.

La visita concluye con las figuras de Antonio Bienvenida -que llegó a codearse con personajes destacados de la época como Orson Welles e incluso conoció a los astronautas que viajaron a la Luna-, Ángel Luis Bienvenida -que compitió con Manolete y terminó como aventurero en la selva colombiana-, Juan Bienvenida -espacio en el que se relaciona la tauromaquia con los aspectos económicos, ya que él fue apoderado y empresario- y Miguel Bienvenida, hijo de Ángel Luis y que preside el Círculo de Amigos de la Dinastía en Madrid de manera honorífica.

«Es una familia que durante más de 150 años ha refundido todos los valores de la tauromaquia y ha reencontrado los valores del siglo XIX con los del siglo XX y los ha proyectado en el siglo XXI». Son palabras de Francisco Javier Rodríguez Viñuela, historiador, cronista oficial de Bienvenida y uno de los impulsores de este proyecto, que ha estado siempre en el sentir del pueblo, pero que comenzó a materializarse cuando un grupo de aficionados -junto a Rodríguez, el periodista José Manuel Cortés y los arquitectos Carlos y Javier Robustillo– dio forma a un trabajo que empezaron a mover por distintas administraciones hasta que la Consejería de Fomento y Turismo de la Junta de Extremadura dio el sí definitivo y comenzaron los trabajos hace aproximadamente dos años.

Primero, los de rehabilitación del edificio, una antigua cámara agraria en estado de ruina, datada en la segunda mitad del siglo XIX. Tras las obras, comenzaron los trabajos para convertirlo en museo. «La familia ha participado con tesón, el coleccionista Juan Barco también se ha implicado donando algunos objetos e incluso yo he donado algunos grabados de mi colección particular», señala Javier Rodríguez, que ha realizado una ardua labor de documentación gracias a su formación como historiador.

Salvado por Pancho Villa

El extremeño ha recopilado incluso anécdotas como cuando Manuel Mejías Rapela se encontraba en México en plena revolución. «A los toreros se les reconocía por la coleta. En un tiroteo, se cuenta que el propio Pancho Villa le apartó de las balas al reconocerle por la coleta y le salvó la vida tirándole del brazo para apartarlo», subraya tras recordar que es conocida la labor diplomática que llevó a cabo la familia que nunca se desvinculó de Extremadura.

«Por cuestiones profesionales marcharon a ciudades como Sevilla o Madrid, o a países de América como Cuba, Brasil, Uruguay… Pero mantenían su relación con Bienvenida. Tras la Guerra Civil organizaron un festival para recaudar fondos para poder reconstruir el santuario de la patrona, la Virgen de los Milagros, e incluso a través de cartas hemos constatado que Manuel Mejías tenía guardados sacos con albero de La Maestranza y Las Ventas para enterrarse aquí. Quería retirarse en su pueblo y tener una casita pequeña con un huerto», narra el historiador que no olvida destacar el cartel que se muestra en el centro, de un festival organizado en 1963 a beneficio de los necesitados del pueblo.

La intención es que sea un centro abierto, en el que se puedan seguir sumando piezas y sobre todo que se convierta en el archivo de la memoria de la dinastía.

Tras la inauguración de hoy, a la que asistirán miembros de la familia y aficionados como el presidente del Club Taurino de Londres, el centro hará jornada de puertas abiertas hasta el próximo 6 de marzo. Por él podrán pasar visitantes para conocer la mítica dinastía Bienvenida, la que tomó el nombre del pueblo extremeño y lo llevó por bandera, con orgullo y honor, por todo el mundo.

Fuente: http://www.hoy.es/culturas/toros/201602/27/dinastia-situo-bienvenida-mapa-20160227004905-v.html

Soñó con ser torero y vivió la aventura de novillero, con luces y sombras

Soñó con ser torero y vivió la aventura de novillero, con luces y sombras -

Por Salvador Bellés.

Castellón vive, como cada año, las fiestas de la Magdalena, con muchos acontecimientos punteros en ellas. Uno viene a través de las corridas de toros. Son las que han instaurado la Feria de la Magdalena en todas partes y para siempre. Están en las entrañas de los sueños ancestrales de muchos castellonenses. Ya es sabido que han suscitado en nuestro mundo artístico poemas, romances, canciones, música… Un día de corrida cambia la fisonomía de las calles; hay quien dice que los toros devuelven la juventud a la ciudad, haciendo olvidar todo lo demás, aunque sean fiestas.

Un día de toros hace que de todas las comarcas de nuestra provincia vaya llegando un gentío que invade las calles, dándole un aire característico. Y eso en verdad tiene lugar en cualquier ciudad, grande o pequeña, en la que las corridas de toros son parte sustancial de las fiestas. Y aunque para algunos quede en su interior la imagen de mujeres con mantillas, con claveles en sus cabellos, a veces envueltas en vistosos mantones, a otros les hace soñar lo que ha ocurrido sobre la arena de la plaza. Son los aspirantes a toreros, envueltos en sueños y deseos. Es el caso de Pascual de la Cruz, el que fue aspirante a matador de novillos toros.

LAS ALTERNATIVAS // Durante la celebración de la Magdalena, han tenido lugar varias alternativas. La primera fue el 28 de febrero de 1932 y correspondió a Alfredo Corrochano. Se la concedieron Marcial Lalanda y Domingo Ortega. La segunda fue para Luis Castro ‘El Soldado’, mejicano, con Rafael ‘el Gallo’ como padrino. La tercera la recibió Antonio Chenel ‘Antoñete’, la tarde del 8 de marzo de 1953, de la mano de Julio Aparicio. Joaquín Bernardó fue el cuarto torero, en la corrida del 4 de marzo de 1956, con Antonio Bienvenida y Julio Aparicio en el cartel. Y la quinta es la de nuestro Antonio Rodríguez Caro, el 5 de marzo de 1961. Se la dio Chamaco, con la ganadería de Sánchez Cobaleda.

Y ahí me detengo. Estamos ya en nuestra época, la de Pascual de la Cruz y también la mía. En la calle de Enmedio, tenía su peluquería el llamado Paco Andreu, al lado de los carruajes de Toribio, muy taurino también. Mientras el padre me cortaba el pelo, allí se hablaba de las alternativas taurinas y Paquito Andreu, su hijo, tocaba el violín, interpretando piezas que él había compuesto. Tres pasodobles taurinos, dedicados a Rodríguez Caro, a Pepe Luis Ramírez y a Fernando Zabalza. Me invitaron a hacerlo y yo, mientras tanto, iba creando y recitando las letras de los tres pasodobles que, en la Magdalena siguiente, también tomaron la alternativa en la plaza de toros, con la Banda Municipal de intérprete musical.

LA VIDA // En Lucena del Cid, nació Pascual de la Cruz el día 17 de abril de 1934, hijo de Pascual de la Cruz Cabrera y María Planchadell Castillo, muy relacionados con Castellón a través de su colaboración laboral con Rafael Ribés. Al año siguiente nació Manuel, que falleció pronto.

La familia no tardó en trasladarse a Castellón y eligieron su vivienda en un piso de la avenida de los Hermanos Bou, el camí la mar. En la planta baja, instalaron su vaquería. Enfrente, la compañía permanente del conocido como “Ingenio”, esa mágica instalación eléctrica. Aquel entorno era el grupo Virgen de la Luz.

Por tanto, Pascual pasó su infancia entre vacas, en ese establecimiento donde hay ganado vacuno y se vende leche. Eran los años de la posguerra y alrededor de la vaquería no había casas, había masets, alquerías, aunque también convertidas en viviendas. Así que el oficio de Pascual fue el de ayudar a su padre a repartir con los recipientes apropiados, la leche por los alrededores, desde la Media naranja hasta el Grao. Se trataba, en realidad, de una lechería. Aún estaba muy lejos la llegada de Prica y Alcampo.

Con ese ambiente, rodeado todo el día de ganado vacuno, Pascual pensó que lo suyo era hacerse torero, matador de toros. Así que, muy pronto, en bicicleta, él y un compañero se trasladaron al Grao a torear en fiestas.

PRIMERA COGIDA // Su debut fue en la plazoleta pública frente a la iglesia. Ya se estaban celebrando las fiestas en honor de San Pedro, de 1951. Había mucha ilusión pero no acompañó la suerte. Al tercer muletazo, el becerro le dio un trompazo con su parte trasera y lo tiró contra la barrera. Resultado: rotura de clavícula.

Pero Pascual tenía ganas de convertirse en torero y no tardó en estar presente con su capote y su equipaje, sus ‘trastos’ de matar toros, en muchas de las fiestas taurinas de la provincia. Y me viene a la memoria, la imagen del Auto Pastoril de Gil Vicente, insertado en el tomo IV del legendario Cossío, que dice: ‘Tú, que andas siempre en bodas, corriendo toros y vacas…”, aludiendo a quien va en busca de encontrar su camino taurino. Y uno de sus principios tuvo lugar en agosto de 1953 en la plaza de toros de Gerona. Le acompañó un banderillero llamado Pablito Selís, hijo del popular ‘Bombero Torero’. Tuvieron un éxito destacado y Pascual cortó yo diría que su primera oreja. Siguió después en los festejos extraordinarios de Benassal, donde coincidió con varios de los compañeros de Castellón.

SEGUNDA COGIDA Y BODA // En la ya tradicional Feria de Benassal, con ‘bravas reses de casta’ como se anunciaba en los carteles de 1954, Pascual sufrió su segunda grave cogida, que le obligó a quedar ingresado durante dos semanas, siendo atendido por las monjas del pueblo y visitado cada día por muchos vecinos, ya que, antes y también después, Pascual de la Cruz cortó orejas en aquella feria y siempre fue acogido como un héroe. Hubo otras plazas y siempre muchas emociones. Y el 21 de agosto de 1955, hubo en Castellón la gran novillada con Ramírez, Zabalza y Rufino Milián y el propio Pascual de la Cruz. También sufrió una grave cogida, que le mantuvo convaleciente un mes entero en la enfermería de la plaza de toros y atendido por el cirujano Manuel Agut, aunque a quien más recuerda es al entonces conserje, Vicente Soliva y a sus hijos, Antonio y Celia.

Y llegó la boda. En Santa María y el 21 de enero de 1961. Con Adelina García Ruiz, con la que tuvo tres hijas, María José, Sara y Mercedes. Hay dos nietos ahora, Héctor y Óscar. Y sin moverse del camí la mar, ha tenido una vida feliz. Todo acabó cuando, después de Armando Moreno y su esposa Nuria Espert, también de Armando Alegre, formó parte de la empresa del Teatro Principal. Ya con traje y corbata.

El Torco, el torero cocinero

El Torco, el torero cocinero

Por FERANDO VALBUENA.

Cocherito era de Bilbao. Torquito I, sin ser de Bilbao, sin alcanzar las cumbres taurómacas del Cochero, le sobrepasó en galanuras culinarias. Torquito era de Baracaldo, cuando ser de Baracaldo era ser de hierro y horno alto, de ría y tren hullero. Debutó vestido de luces en 1905. En 1908 toreó en la recién inaugurada plaza donostiarra de Martutene, la primera plaza cubierta que hubo en España. En 1912 inauguró la de Castro Urdiales, toreando con otro paisano, el legendario Zacarías “puño de hierro” Lecumberri. Tomó la alternativa de manos del “Papa Negro”, en Barcelona el año doce. Caso curioso, el toro de la alternativa se llamaba “Vizcaíno”. Toreó por última vez en Bilbao, alternando con Cagancho y Vicente Barrera. Era el año 1929.

Pero Serafín Vigiola del Torco, además de torero templado, era soberbio cocinero. La leyenda le atribuye la creación de uno de los platos más populares del recetario vasco, la zurrukutuna. Y si no fuera de su invención, al menos parece ser cierto que la preparaba con mano diestra. Viene a ser una sopa de ajo a la que se le añaden trozos de bacalao desmigado, previamente asado. Caldo sabrosísimo, recio en boca, de atrevida factura, antañón por sus hechuras, caliente y espeso como el beso de la muerte.Plato al que algunos añaden huevo, tocino, carne de choricero y demás fantasías, pero Torquito cocinaba como toreaba, sin florituras y por derecho.

Vigorizante en extremo, tónico altamente fortificante, así debía de ser el condumio del Torco. Quizá por eso pasó lo que pasó el 13 de febrero de 1913 en la capital mexicana. Se celebraba una corrida con toros del Duque de Veragua. Lo malo, lo increíble, es que los toros llevaban años pastado en México como sementales. “Machaquito” y Merced Gómez acabaron gravemente heridos. El tercer espada, Arcadio Ramírez, en la cárcel por negarse a matar los resabiados astados. El Torco, espectador en el tendido, pidió permiso y despachó, vestido de calle, a las dos últimas alimañas. El alboroto fue monumental entre los aficionados charros que le sacaron a hombros como si de un nuevo Hércules se tratara. ¡Y todo gracias al calor vivificante de la zurrukutuna baracaldesa!

Fuente: http://www.hoy.es/sociedad/201602/23/torco-torero-cocinero-20160223224244.html

Se fue el ultimo de los”tres mosqueteros”: Jesús Cordoba

Jesus Córdoba era el último de los “tres mosqueteros” de 1948, tríada conformada por el propio diestro, Manuel Capetillo y Rafael Rodríguez, además de otro acompañante, Paco Ortiz.

El matador de toros y juez de plaza en la Monumental de México, Jesús Córdoba, falleció hoy en el hospital 20 de noviembre de la capital mexicana.

Córdoba era el último de los “tres mosqueteros” de 1948, tríada conformada por el propio diestro, Manuel Capetillo y Rafael Rodríguez, además de otro acompañante, Paco Ortiz.

El maestro Córdoba, que el próximo 7 de marzo habría cumplido 89 años de edad, nació en Estados Unidos.

Fue una grata revelación en la temporada de 1948, considerada como la mejor de todos los tiempos y que fue organizada por el empresario taurino Alfonso Gaona.

En ese mismo año tomó la alternativa de manos del maestro Fermín Espinosa “Armillita”, el 25 de diciembre en Celaya con astados de Xajay.

La confirmó en la Plaza México, el siguiente 20 de enero de 1949, siendo el maestro “Armillita” el padrino.

La confirmación en la plaza de Las Ventas de Madrid se realizó el 21 mayo de 1952, siendo el padrino Pepe Martín Vázquez. Tuvo un sitio de primera línea.

Se despidió de la profesión el 9 de abril de 1967, en la plaza de Ciudad Guzmán, en el estado de Jalisco.

Ya en retiro, siguió dentro del espectáculo siendo juez por muchos años en el biombo de la Monumental Plaza México, al igual que en la plaza Monumental de Aguascalientes y en su famosa feria.

Twitter @Twittaurino

Anuncia El Zotoluco su retiro de los ruedos

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De SOL y SOMBRA.

Tras una larga trayectoria en los ruedos y dos avisos de despedidas previas que no se cumplieron -uno cuando cambio de apoderado en la época de José Manuel Espinosa y otro durante la temporada grande 2014-15 tras su encerrona- El Zotoluco ha anunciado que se va de los ruedos definitivamente en febrero del 2017.

Acompañado por sus apoderados Alejandro Silveti y Alonso Cuevas así como del periodista Heriberto Murrieta,  anunció una larga campaña de despedida de los ruedos – de un año-  luego de 30 años como matador. La intención del Zotoluco y su administración es la de torear pocos festejos, pero de mucha categoría por las principales plazas del país y de ser posible algunos cosos españoles.

Lo que es difícil saber es cual será el legado taurino que le dejará El Zotoluco a la fiesta en México, ya que siempre ha sido una figura polémica en cuanto a su status como tal.

Pero ahí quedarán para el recuerdo sus más de mil corridas y triunfos tanto en México como fuera de nuestro país.

Tras el anuncio las redes sociales han recibido con agrado la noticia, que para muchos estaba cantanda tras su paso por la presente temporada grande.

Twitter @Twittaurino

RECAPITULANDO: La Noche Triste de José Tomás – Falla el 31-E en La México.

La Noche cae sobre José Tomás en la larga. FOTO: Emilio Mendez.

Quitemos de este relato la palabra “petardo”, que no exista. Ofrecemos no utilizarla. Lo acaecido en La México no necesita de Tesoro de Moctezuma o complejo de conquistador, ni Paso de Alvarado o de invicto Emperador para entender que hay tardes malas y también puede haberlas peores. Lo único claro ayer es que, publicidad y morbo al lado, la verdadera estatura taurina de José Tomás aflora, para mal, justo cuando se necesitaba que la leyenda empatara con la realidad. A río revuelto, ganancia de Adame, de nuevo montado en el carro de la facilidad técnica, de la bulla popular y alejado de la más mínima trascendencia taurómaca. Desfile y bronca ganadera lamentable y vergonzosa, de nuevo, en detrimento de la categoría de la Plaza.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hay algo en que no se puede fallar en la Plaza México, llena o vacía, en verano o invierno, con taurinismo o villamelonaje en los tendidos, con dinero o sin dinero, es en estar templado, es decir, jamás dejarse enganchar por más difícil que los astados sean.

Los de ayer, un desfile de pintas, debilidad, reacciones mansas y, principalmente, de emoción intermitente, también piden no enganchar ni estar de prisa. Esto es precisamente lo que la dupla ayer, respectivamente, no consigue.

Solo que esto no explica el grado mayúsculo de la decepción.

Debería hacerlo.

Porque es increíble que los auto denominados “Mejor torero del Mundo” y “Torero de México”, con todos perdones en segundo término para Alberto Balderas, hayan fallado con los trastos en lo que tendría que definir en toda medida ambos motes: temple y despaciosidad.

Solo así se explicaría que la decepción, pese a la fauna local y extranjera que compone la masa que llena sin apretaduras La México, no obedece a temas –lo apuntábamos antes- tan banales como la falta de orejas o la ausencia de brindis general del primer espada. La decepción es ver como un astado tan feo, tan débil y manso como el primero es capaz, con la lengua de fuera, de poner en aprietos serios a un torero como José Tomás, un mendigo de toro es capaz de hacer visitar el piso en dos ocasiones a la “realeza” del toreo.

Y esto ocurre porque José Tomás manda poco y templa aun menos.

Todo por caer en la trampa de este astiagudo y astifino, de hocico alargado, cárdeno, que, asaltilladamente, entre lo manso y lo débil, se cuela al inicio, se comienza a quedar abajo y cabecea, exigiendo de un torero empecinado a quedarse estático, ir y venir, lo que a José Tomás siempre más trabajo ha costado, andar con el toro. Por ello, sumando a esta necedad de forzar la pugna en lo corto el verse enganchado, el madrileño termina a merced.

Apenas los naturales, ante un toro que había derrumbado dos veces, alcanzan a ser largos, el toque es muy brusco, no se encela el toro y ni siquiera en el frenón de la embestida por derecho alcanza el pase a ser limpio. Conste que hasta el enganchón se le corea en una Plaza que históricamente, aun en sus peores momentos, no se traga la aspereza de pases como los que pega. Tan tosco que en el parón ha querido tocar desesperadamente al astado para salir enganchado en lo que ayer desahogaba la otrora sutileza de su muñeca.

Increíbles las volteretas.

Una por el afán de meterse entre los pitones de un toro que requiere espacio en plenos medios. La otra no obedece sino a verse la muleta alcanzada.

Y el diestro caído.

La estocada, entera trasera y algo tendida, solo es premiada por nueva graciosidad de Jesús Morales, el nefasto Juez de Plaza.

Protestada y fuerte, cual debe de ser, por la poca Afición que alcanza de milagro un boleto.

La mala noticia es que José Tomás solo mata un toro de Los Encinos para nueva caída en propia trampa. Jugar con dos barajas siempre es malo, tener las peores manos de ambas es el riesgo y la consecuencia.

De ahí que el río revuelto se lo lleve Joselito Adame, con un toro, el segundo que saca casta pese a rajarse al final que pone emoción a los lances del hidrocálido y con el que en el quite combinado, pese a desarmarle, consigue remontar y encender el ánimo en la villatina y posterior larga. Luego la faena, completamente, salvo una tanda deslucida, derechista, tiene emoción pero demasiada rapidez, Adame muestra buen toreo por momentos pero también velocidad ante el reservón pero emocionante astado.

Así como un pésimo manejo de la espada.

Nuevo chalecazo, hace guardia. Tal como la semana pasada.

Mal comienzo de la esperada cita.

Sin embargo, la cosa ha podido enmendarse con el berrendo en cárdeno tercero, precioso y veleto astado, demasiado retacado quizá y al que el José Tomás no alcanza a sujetar con lucimiento en el capote, apenas dos lances y al rematar, en síntoma de poco temple, se cuela y le pone en problemas.

Este azucarado astado –en referencia a Tequisquiapan– empuja de inicio pero se duerme luego en el peto. Alejandro Prado da una brega exacta y larga que solo la inutilidad de Sergio González, por segunda semana consecutiva, que no acierta con los garapullos hace que pase por cuarta vez, aquí el berrendo se descompone y de ahí la urgencia de José Tomás de cambiar el tercio con dos pares.

Pero está en La México, aunque por la asistencia no lo parezca.

Él mismo sabe que poco puede durar el toro y está en lo correcto. Pero también es preciso decir que a un toro débil como este, con la bravura tan corta y la casta inexistente, con sospecha de mansedumbre, puede ser aliviado por la llave que olvida José Tomás o acaso el óxido del casi retiro le hace dejar fuera de la espuerta: el temple.

Que aparece en su mejor y único momento de la corrida, tras inicio alternado a los medios, dos tandas con la derecha muy lentas y plácidas levantan esperanza e inyectan moral al torero, no obstante el toro muestra la tentación de salirse del engaño y, además, otra vez al final, engancha. Luego, cuando descuelga, José Tomás consigue estar algo más despacio, dos naturales cantados y largos pero que el enganchón siempre presente los desluce.

Por eso la cosa no enciende, no rompe.

Ni tampoco hay entrega.

Es entonces cuando el colmo de la necedad aparece. Tres intentos, tres de cambio de mano por la espalda para ligar al natural frustran todo intento de cohesión y ligazón, con la faena del torero cortada de tajo por la mansedumbre del toro que se va a las tablas. A campo abierto, José Tomás permite que el berrendo, sin subírsele a las barbas, haga la graciosa huida y deja la apasionada entrega…

En suspenso.

Años tarda en volver, en razón, a la derecha, sobre molinete y dos tandas ligadas, una donde se regodea, el momento más redondo de su actuación, donde se impone, no obstante lo cabeceante del berrendo que tiene una embestida larga y pastueña, que le deja estar y recrearse incluso en dos derechazos lucidos. Pero es todo, porque José Tomás se amontona en tablas, incluso cerca está de otro percance a la salida de otro pase enganchado.

Pinchazos y descabellos.

Aviso y división.

Así pues, el toro más hermoso de la corrida, un bordado de reunión de los pitones y rectitud del lomo, es de Los Encinos y toca a Adame. Con este el hidrocálido tarda años en centrarse, desde salida, con el capote, está sobre piernas y apenas sentir al toro echa para atrás y pide a los picadores salir. Un toro de una clase buena, no puede ser toreado con tan por fuera, tan esa así que se descompone cuando Joselito queda mal colocado.

Por ello echa el cuerpo para afuera, cosa que divide a la afición y echa mano de las cercanías, donde le enganchan y donde, aun así, el toro mete la cara.

Se aburre de tanto pasar. Y de tanto ser pinchado.

Entonces la bronca se desata cuando salta el quinto.

En el colmo de la decepción de la gente, irrisoriamente se devuelve un toro mejor presentado que otros tantos. Morales, el intento de Juez, hace lo que no otras tardes y devuelve al protestado, que por cierto era bien construido. Salta un Xajay feo y corralón que poco vale. José Tomás apenas le da un quite por chicuelinas, las buenas noches y se deshace de él, entre las protestas de un público que simplemente no lo ve.

Que ni si quiera una gran bronca pega.

Y el camino a la barrera parece la ruta a la antigua Tlacopac, con la noche a cuestas y el burladero a modo de callado ahuehuete. Entre una batalla alocada en los tendidos y las rechiflas a la decepción tomasista y la triste consecuencia de dejar en el banquillo los mejores años de la juventud torera de un diestro que dudamos, a diferencia de Cortés y de otras figuras caídas, regrese a Mixcoac.

A sacarse la espina.

Adame, el hidrocálido, con un festín de “Pelea de Gallos” incluida, se encuentra otro toro repetidor, el sexto, su segundo de Los Encinos que tiene la mala suerte de caer en sus bullangueros trastos o en el manido truco, cada ocho días es igual, de la cascada zapopina, movida y efectista.

Acaba haciéndole pasar pese a la falta de fuerza.

Los desplantes, la bagatela de las zapatillas y la estocada arriba hacen el trabajo y Morales, en otro bandazo, da las orejas, que nadie pide. Y una salida a hombros artificiosa. Al menos la cuota orejeril se cumple.

La expectación no.

Decía Bernal Díaz del Castillo, todos sabemos donde, que al escapar hacia Tacuba el Bachiller Alonso Pérez se dirigió a Cortés diciendo: “Señor capitán, no esté vuestra merced tan triste, que en las guerras estas cosas suelen acaecer.” Entonces el Hércules de Extremadura tan solo hizo notar que la tristeza iba por lo que costaría ganar, más bien enseñorear, la Gran Tenochtitlán.

Porque en tales hombres no cabía la mínima posibilidad de renunciar.

Estas cosas pasan en los toros pero ayer José Tomás renuncia sin querer al señorío y a lo que en sí es lo único en que quizá sí que ha pegado el petardo y sobre lo que sí valdría la pena estar triste.

Lo único que una figura del toreo no se puede permitir, jamás…

La medianía.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 31 de 2016. Décima Sexta de Derecho de Apartado. Lleno en tarde espléndida sin viento, salvo repentinamente durante el último tercio la lidia del tercero. Mucho ambiente. Se dilata la salida del primero por diversos homenajes al cuerpo médico como al aficionado Gonzalo Martínez. Fatal la Autoridad, otra vez por medio de Jesús Morales al aprobar y luego devolver al quinto y aprobar igualmente a su sobrero, así como al premiar al primer espada tras el primer turno y soltar dos inexplicables orejas tras la lidia del sexto.

7 Toros, 3 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) lidiados en segundo, tercero y quinto lugar. El quinto fue devuelto de inmediato por supuesta falta de trapío. Desiguales de presentación y vario pintos. Con emoción el segundo pese a solo verle por el pitón derecho y salir con la cara alta, noble y descastado además de débil el precioso aunque basto berrendo segundo; 1 de Xajay (Verde y Rojo) quinto bis, basto y cornalón de mal juego; y 3 de Los Encinos (Divisa Azul, Verde y Rosa) Muy feo de cara alargada, astiagudo y astifino el débil y mansurrón primero, de gran clase por pitón derecho el sexto y pese a durar menos, con lidia a más el sexto de la tarde.

José Tomás (Rosa y Oro) Oreja con fuertes Protestas, Saludos con División tras Aviso y Bronca tras aviso. Joselito Adame (Negro y Oro) Silencio tras Aviso, Leves Palmas y Dos orejas.

El segundo espada salió a hombros.

Los de plata siguen sin estar a la altura, salvo Alejandro Prado y Manuel Martín de la cuadrilla del primer espada. Saludan Héctor Rojas y Christian Sánchez en el sexto.

RECAPITULANDO: La Ley y la Espada – Doble Frentazo de la Autoridad de La México.

Derechazo inicial de “El Juli” al berrendo de Montecristo.

En pleno Enero, la Autoridad hace a la Afición y al segundo espada subir las contradictoria cuesta de la poca seriedad en la protesta al trapío del quinto y del rigor, bien aplicado, a la espléndida faena de “El Juli” al segundo. En menos de una hora, la Autoridad de Plaza muestra la posible salvación y la fehaciente prueba de lo que impide a la Fiesta en México desarrollarse y encontrarse donde debiera. En tal contradicción, al torero menos facultado de la terna le sale el toro del disparejo encierro, para variar, “Zotoluco” pierde pasos y pierde el triunfo en una tarde para el olvido, pese a la oreja cortada, de Joselito Adame, con el favor siempre del público que no de la Afición.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hacemos cuentas, en cada una de sus apariciones, Julián López “El Juli” ha toreado en alta cantidad. Nos referimos a que de cinco toros que ha enfrentado en los primeros cuatro se ha hartado de torearles a como él le place.

Hoy domingo en La México en el quinto no ha podido ser porque además de chico, además de deslucido, ha tenido nada dentro. Y lo machetea, mata mal como es su costumbre, y pasa a otra cosa. Desesperado, desencantado quizá con la Plaza misma, “El Juli” puede ser señalado como la causa de la causa, es decir del origen –o uno de varios- de que en La México se lidie las birrias que se lidien.

Es posible que lo anterior sea cierto.

Pero, señalado lo anterior, irrefutable es que la faena al segundo, “Malagueño” nombrado, con clara y coloreada sobre negro reminiscencia hacia “Trojano” de esta misma ganadería, trae consigo la razón de por qué Julián es lo que es en la Fiesta. Si tan solo en La México mantuviera su estado taurino lejos de sospechas y escándalos, “El Juli” sería en definitiva el torero que restauraría por fin el orden.

Como esto no es así, parece que al torero solo le interesa hacer acto de presencia, torear bien cuando se pueda y ya, tenemos que este berrendo de Montecristo es tan desigual en juego como en presencia es la corrida. Alto y fuerte, bien hecho, contrasta su hermosa pinta, su enmorrillado pelo con lo pequeño del rabo y la alegría inicial de su salida con los cabezazos que tira justo cuando “Juli” baja las manos toreramente con el capote, el recibo es coreado porque, además de no desesperarse cuando el manso escapa y dobla contrario, de dentro a afuera el cite, se templa y remata con lucida y muy recargada media.

De Cartel.

Quizá en varios años veamos ese instante en paredes de Plazas y kioscos.

Lo que prosigue entonces es ver como un toro tan bonito puede desfondarse quizá su redondez implique que los kilos son demasiados pero ahí entonces, donde su casta y su raza deberían rescatarlos, falla por completo, desde el puyazo y la vacilante lidia que ofrece en banderillas con el ya triste y chocante prólogo del villamelonaje que exige indignadamente “poner banderillas”

Menos mal “El Juli” está lejos de eso. Y cerca de los medios.

Donde el inicio alto, a modo de tanteo, parece centrar al astado en el trapo.

Y los derechazos, de toque perfecto, a la misma intensidad del envite, hacen meter la cara a “Malagueño” que contesta suave y enclasado, largo en la embestida en el derechazo que se enrosca a la muleta firme pero hacia abajo, en plena verticalidad, columna cuya cintura lleva toreado todo el muletazo, templado en el centro de la suerte a un ritmo que siempre embelesará a la Monumental, el siempre medio tiempo del cielo del Valle de México.

Eso está, aun en sus peores momentos, programado en esta Plaza, reaccionar siempre al toreo bien hecho, por ello la primera tanda ha sido prodigiosa. Pena que el toro se ahogara. “Juli”, entonces, cuando el toro se encela, apenas abre el compás y pese a rebrincar el berrendo, el torero se vuelve a imponer incluso con un sutilísimo cambio de mano y el de pecho maravilloso.

Tan natural como el cambio de mano que abrocha la siguiente tanda.

Pena grande que esta serie de muletazos, abierta con trincherazo, muestre las tablas como irresistible tentación al astado cuya tendencia a salir y a huir desluce algo el cambio de mano relatado y entierran la posibilidad de ver a Julián en los medios verticalmente.

No por ello, muere el toreo al natural, en dos tiempos ejecutado gracias a la aflicción del toro que pide tregua. Como para “Juli” y para los romanos, si se quiere la paz hay que preparar la guerra, el único reposo que hay es la muleta arriba en el primer muletazo, sobre el tercio frente a matadores para luego ligar dos, previo nuevo escape del cárdeno.

El escape del toro muestra la victoria de la mansedumbre en las ganaderías mexicanas.

Para mal.

Porque se dibuja lo grande y el esbozo acaba en tablas en la redondez de la precisión julista que supera con dosantinas y cambios de mano, un derechazo vertical la nueva fuga del manso, le desdeña, pega la capetillina y, tras nuevos redondos con la diestra, un cambio de mano proverbial al amparo de las tablas de sensación. “El Juli” encierra la mansedumbre entre tableros y muleta, entonces el irredento queda exprimido por las dosantinas y los cambios de mano por la espalda y en el mismo sitio.

Todo lo que el berrendo opone es todo lo que “El Juli” torea.

Incluso en el último instante cuando frena y le extrae, en aguas profundas, los últimos fósiles de su bravura perdida. Pues este portento, entregado en las suertes con las telas, no es capaz de volcarse con la espada. Para acabar pronto, puede más el tranquillo de salirse, de entrar por fuera, de no exponer que cualquier otro argumento.

Al menos, no propicia el escándalo del respetable.

Al menos, “El Juli” consiente está del bajonazo.

Pero el público no.

Y quién mejor en una plaza de toros, donde pueden convivir todos los mayores elementos de contradicción posible, donde la pasión y el sentimiento pueden encontrarse con la razón y la técnica de la tauromaquia, donde la democracia choca con la autocracia del rigor y los humos del derroche, que la Autoridad para, con recto juicio taurino, tomar la mejor decisión de la Temporada: denegar la mayoritaria petición.

Aun se enoje quien se enoje. Péseles o púnceles.

Sea quien sea. El bajonazo casi perpendicular emborrona todo, de ahí el berrinche corriente, el reproche vulgar de la censura a la presidencia y quizá, no nos extrañaría, la represalia del capital taurino bajo la complacencia de la superioridad jerárquica delegacional que esperemos no ocurra.

Así las cosas, la vuelta al ruedo de “El Juli”, pese a todo, ha traído un aire torero que ni veinte mil orejas protestada, una vuelta al ruedo que pocos habremos de olvidar.

Tal como “Zotoluco” no podrá olvidar este lote de Montecristo.

El primero que lo evidencia como machetero de lujo, capitán de una incapaz cuadrilla, empezando por Sergio González que incrementa la escandalosa mansedumbre del primero, un serio toro que trae a todo el mundo parado de pestañas, mucho nervio del toro mucho miedo de las cuadrillas, chambonas y aprovechadas. El matador se lo quita de encima como puede, sin brillo, con sus acostumbrados amontonamientos.

Piadosos saludos en el tercio.

Pero el premiado, en sanmateína referencia, se llama “Guantero” un premio a la hechura.

Y a la clase.

Bravo y con largura a la embestida, desde salida, “Zotoluco” se limita a pegar carreras, con unos pies que no paran, muestra de ello los lances sin acople en el recibo y las chicuelinas del quite. Donde da más pasos que lances. Entonces “Guantero” gracias al chicuelinazo de Eulalio, empieza a quedarse abajo en una reacción muy asaltillada. Ante estos toros no queda más que mandarles muchísimo y muy largo en todo momento.

“Guantero”, que es picado contrario y trasero, crecen en banderillas y pide a gritos la muleta cuadrada al frente si se puede, llevarle largo y someterle.

La nobleza, la cadencia y la fijeza de la embestida, contrastan con las dudas, la inexplicable indecisión y pausas en los envites y los rapidísimos giros, molinillo a la trágala, los brevísimos derechazos que no hacen más que evidenciar que otra vez “Zotoluco” opone muy poco ante un toro que desde el cite toma el engaño abajo sin distracción que incomoda a la salida porque la mano del torero se queda sin viajar.

Sin mandar.

Y “Guantero” sin ser, plenamente, toreado.

Mala suerte del precioso cárdeno que en plena muerte se aguanta, le echa a perder el número al torero que pese a descabellar observa sorprendido que la petición es levísima, diluida en la división de los que la coba no les va.

Lo increíble es que la Autoridad no homenajea al toro… ¿Qué tanto espera? Ovación para “Guantero” bravo y noble, al que todos vieron.

Menos la Autoridad y el Torero.

Y si alguien ve a Joselito díganle que Adame lo está buscando, justo una semana antes del crucial 31 de Enero. Que si la versión espesa, corta, sin imaginación y enganchada del torero que como espectro desvanece ante el igualmente insulso tercero, aparecerá el próximo domingo, de favor, se abstenga de venir.

Mata fatal: chalecazo.

Que si la versión bullanguera, repetitiva, panfletera y cascabelera del sexto va a aparecer, cortará orejas, quizá, sumará puntos, pero no abonará en la historia.

De ahí que nos cuestionemos por qué y de donde la gente se pone como se pone con el quinto pero apenas reparen en ver que el sexto es igual o peor presentado que el vilipendiado anterior. Eso no cuenta aquí. Ni los zapatillazos, ni los enganchones, ni el localismo que incluye “Pelea de Gallos” y todo el fierro viejo que vende un torero joven pero ya demasiado corrido, hoy apurado y desarmado, dando más indicios que torear bien para él es lo accesorio.

Lo fundamental es la gente… el tendido y no el entendido.

Sí, la gente, esa que sabe tanto de toros que se asombra cuando la montera cae machos para abajo, o se impacta cuando avienta las zapatillas previo a matar arriba recibiendo o que protesta, casi enfurecida, el apenas asomo del descabello. Y el torero, que sabe tanto de esa gente, le da por su lado previo a echarse el escuálido astado. La gente hace la cargada y exige el pañuelo que afloja la Autoridad.

Cosa que hay que sentenciar.

Porque sí, la Fiesta es rigor contrastado al derroche, es espada que mata y que, en su caso, aplica el rigor cuando es necesario.

Que es siempre.

Al premiar o al reseñar y autorizar una corrida.

De toros, no se nos olvide, lo más importante.

Que está en Ley… y que por algo siempre carga un libro la ciega Justicia.

Como también carga una espada.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 24 de 2016. Décima Quinta de Derecho de Apartado. Dos Tercios de Plaza en tarde fresca. Mal la Autoridad al no ordenar el Arrastre Lento al cuarto. Público corriente y vulgar, muy poco taurino. 

6 Toros, 6 de Montecristo (Divisa Obispo, Verde y Oro) Mal presentada por desigual. Muy contrastada la primera parte, mejor presentados los dos primeros, mansos, peligroso el primero y noble el segundo, destragado y estrecho el tercero, respecto del resto del encierro: mal presentado fundamentalmente el quinto, muy protestado, sin la presencia debida para la Plaza. Espléndido, aunque chico, el cuarto, bravo, de embestida franca y larga en el último tercio. El sexto, manso descastado, igualmente chico tampoco debió ser lidiado.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza no homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, completamente merecido y aprueba malamente al quinto. En cambio, acierta al negar trofeos al segundo espada tras la lida del segundo.

Eulalio López “Zotoluco” (Negro y Oro) Saludos y División tras Aviso. Julián López “El Juli” (Azul Noche y Plata) Vuelta Aclamada con Bronca a la Autoridad y Pitos. Joselito Adame (Blanco y Plata) División y Oreja Protestada.

Fatal la cuadrilla del primer espada, plenamente sin capacidad ante el primero con diversos pasajes de desorden durante los dos primeros tercios pese a saludar inexplicablemente uno de sus banderilleros.

Reseña: “Seis Claves del Arte de Torear” de Francis Wolff – Sobre los Toros, el Arte… y José Tomás.

Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.
Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.

Hace poco más de un mes, fui a una muy conocida librería de la Ciudad de México que no visito mucho por cuestiones geográficas. Fue una agradable sorpresa descubrir que ahora ya cuentan con una sección de tauromaquia; tomando nota de lo que había en los estantes descubrí cierta variedad de títulos que antes parecían inconseguibles. Esta es una pequeña reseña del más reciente libro de Francis Wolff.

Por: Fabiola FloresDe SOL Y SOMBRA.

La gran maravilla de nuestra era digital es que podemos acceder a un sinnúmero de programas de radio, televisión o tertulias taurinas.

Porque lo que más le gusta al aficionado, además de ver toros, es hablar de toros (o en su defecto, escuchar hablar de toros). Muchas veces he escuchado lamentaciones por la escasez de “intelectuales” de peso que hoy en día se declaren aficionados y además reflejen esto en su particular campo de acción. Es decir, que hoy no basta con blandir tres nombres de pintores y un premio nobel por allí, lo ideal sería que ese premio nobel actualizara la narrativa taurina. Esas quejas dejan de lado la gran calidad que han alcanzado ciertos textos taurinos de reciente publicación, hablo de los últimos veinte o veinticinco años.

A ese reclamo responde la obra de Francis Wolff, quien sin atraer la misma cantidad de reflectores que los laureados es identificado por el grueso de la afición. Tal vez es más conocido que leído. Wolff es egresado y docente de una de las instituciones educativas más prestigiadas de Francia, la École Normale Supérieure y se dedica principalmente al estudio de la Filosofía clásica, también ha publicado títulos con respecto a su otra pasión, la música. Ya es una obra de referencia sus famosas 50 Razones para defender las corridas de toros y que puede leerse aquí.

Su más reciente libro se titula Seis claves del arte de torear, publicado por Ediciones Bellaterra.

El título es muy acertado si atendemos a dos acepciones de la RAE: “noticia o idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático” y “elemento básico, fundamental o decisivo de algo”. Aislar cada uno de estos elementos da pie a pequeños ensayos que no dejan de formar un todo; van consolidando, una y otra vez, su tesis fundamental: que la fiesta es un fenómeno donde es imposible separar lo estético de lo ético.

Hay que mencionar que el estilo claro evidencia las grandes dotes pedagógicas del autor, supongo que la traducción le hace justicia a su quehacer de profesor. Por eso, no estaría mal recomendar este texto al neófito, a cualquier interesado en indagar un poco en lo que significa la tauromaquia sin tener que adentrarse en los innumerables detalles que demanda la apreciación de este arte.

Primera clave, la época.

Leemos a Wolff como quien descubre algo ya sabido pero que aún no hemos estructurado. Todo mundo sabe que los toros no entran en las sensibilidades que han sido atrofiadas desde la modernidad -que no la postmodernidad, eso nos queda bien claro-. Que quien busca la desaparición de la tauromaquia sólo cae en el espejismo de una “aldea global”, donde no pueden existir las particularidades culturales. El mérito del escritor está en desmenuzar y analizar dicho momento histórico con razonamientos incuestionables.

Por encima de todo, Francis expone esta particularidad de la fiesta: es una manifestación cultural donde el hecho estético es indisoluble del estético; además, añade, es la única práctica viva de esta índole (al menos en occidente).

Pero es, en esta coyuntura “postmoderna”, donde cobra mayor vigencia porque nadie pone en duda la crisis de los objetivos de la “modernidad” pues para la mayoría de los habitantes de este planeta ha representado el fracaso del bienestar prometido. En ese contexto la fiesta de toros retoma su más auténtico sentido, experimenta un giro de 360 grados y vuelve al origen.

                       “Ser moderno era considerar todos los ritos como convenciones arbitrarias; pero lo contemporáneo y la tauromaquia vuelven a descubrir los valores de lo ritual al margen de lo religioso; reconocen que la ceremonia de la muerte puede contribuir a darle sentido a la vida mostrando que es una victoria de cada instante sobre la posibilidad misma de su negación”.

Experimentamos una supuesta “crisis de las ideologías”, existe un enorme hueco sin marcos teóricos que puede llenarse con cualquier cosa. ¿Es menos legítimo colmarlo con lo que representa la tauromaquia?

Segunda clave, la Plaza.

Francis Wolff ha preferido explicar esta clave publicando de manera íntegra el texto que escribió en el año 2010 cuando fue invitado a dar el famoso pregón taurino de Sevilla que marca el comienzo de cada Feria de Abril. Muchos de esos pregones son joyas literarias, el de Wolff no se queda atrás. En dicho texto expone cómo una tarde de toros permite experimentar el momento en que “la frontera entre presentación y representación se diluye” […] “El toreo alcanza la realidad mientras que las otras artes – y el arte total de la ópera también- se conforman con soñarla”.

En la plaza, lugar donde confluye la polis, es posible constatar la existencia de las más importantes doctrinas de la filosofía clásica. Los arquetipos ideales de Platón y su reflejo en el mudo; las oposiciones aristotélicas entre el Ser en potencia y fáctico o sea, entre la materia y la forma; el estoicismo, ser estoico “es afirmar con arrojo que la quietud es más fuerte que el movimiento y que la tranquilidad del alma puede imponerse a la violencia del cuerpo, tanto el del toro como el del hombre”.

Y por último, en una tarde de toros podemos experimentar la más refinada de las teorías del placer, el epicureísmo. Sí, todo eso allí, en el albero de la Maestranza de Sevilla.

Tercera clave, el toro.

Aquí el autor intenta dar luz sobre el conocido debate acerca de la esencia de la bravura. Retoma conceptos que el aficionado cree por bien sabidos: casta, genio, bravura y mansedumbre; sus límites son difusos, entre ellos pueden existir mezclas y superposiciones. Wolff nos dice que un toro bravo es la síntesis de contradicciones constantes; su método: el planteamiento de preguntas. ¿Qué es la bravura, algo inherente o artificial? ¿Se conserva, se crea, se transforma, se pierde?

El concepto de la bravura ideal ha determinado los gustos de la afición, y por lo tanto el devenir de los cambios en la tauromaquia. Como todo buen aficionado sabe, la tauromaquia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, no es un bloque monolítico estático. El autor nos invita a mirar con lupa esos conceptos tan llevados y traídos que a veces no resultan tan claros. ¿No es la embestida, en realidad, una especie de “defensa” que ataca para “huir”? ¿Hay bravura sin casta y/o viceversa?

¿Cuáles serían todos los matices intermedios? En dicho caso, hablamos del toro bravo como una especie en general, pero el comportamiento de ciertos individuos contradice el adjetivo.

Wolff nos recuerda que hablamos con calificativos absolutos sólo a partir de una faena en un día y hora específicos, juzgamos a un toro por el comportamiento que mostró en sólo unos cuantos minutos de su vida. ¿Y el contexto? ¿Puede jugar un papel determinante? ¿Qué es un animal doméstico? ¿El toro bravo es doméstico o salvaje?

Esto es más complicado de lo que parece; la misma existencia del toro bravo es un hecho que, por lo menos, debería deslumbrarnos. Wolff lo resume en una comparación: “El toro bravo es como la rosa, el fruto natural de la cultura humana, cultura que sólo puede mandar en la naturaleza obedeciéndola”.

Cuarta clave, el torero.

Para pocos es noticia que Francis Wolff es parcial para con un torero actual. Este apartado es una apología al arquetipo del Torero, léase José Tomás. Afortunadamente en el mundo del toro podemos convivir todos, en acuerdo y desacuerdo. José Tomás es para Wolff la más depurada personificación de lo que representa un torero, un argumento bien fundamentado.

El problema surge cuando meditamos acerca de si es posible serlo sin ser completamente una “figura” del toreo. Porque entonces comenzaríamos por tratar de definir qué implica ser una figura del toreo y en eso no entra el autor (esto es de mi cosecha). A Wolff sólo le importa demostrar como toda la metafísica del mundo entra en juego cuando torea José Tomás.

Al parecer, este apartado resume algo que desarrolló de manera más amplia en su anterior libro. Insinúa que sin importar el camino creador que hubiera elegido nuestro artista en cuestión –pudo haber sido pintor o cantante- esta autenticidad sin artilugios le lleva a depurar su arte de cualquier accesorio, lo vuelve minimalista. Como si fuera un epítome del racionalismo arquitectónico de Le Corbusier o del neoplasticismo de Mondrian (mis comparaciones). José Tomás se despoja de todo lo que no es él, se vuelve el arquetipo ideal de lo que es un torero y de esa manera recuerda al concepto griego de lo que implicaba ser un filósofo-sabio.

No sólo busca la verdad… él es la verdad.

Lo mejor es que el lector podrá corroborar todo esto si tiene la suerte de poder entrar a la Plaza México el próximo 31 de enero. Ya le darán o no la razón a este filósofo francés.

Quinta clave, los mitos del arte de torear.

Cuando el aficionado quiere indagar en la historia del toreo se enfrenta ante el monstro de la veracidad. El problema es que, siendo un arte temporal, sólo nos quedan los testimonios a manera de crónicas, fotos – que por congelar el momento no dicen mucho de la dinámica de la lidia- y en el mejor de los casos, algunos videos antiguos. Dentro de esta memoria histórica es fácil que se anquilosen, como piedras, muchos de los llamados tópicos o mitos del toreo.

Para Wolff, todo depende del cristal con que se mire, se detiene a examinar de manera detallada los dos extremos opuestos: el del aficionado que menosprecia el presente dando por sentado las glorias pasadas y a su antípoda, aquellos que sobrevaloran demasiado el momento actual de la tauromaquia – los de la frase de que “hoy se torea mejor que nunca”.

En este apartado se analiza no sólo los cambios formales por sí mismos, sino lo que implican dentro de ese marco ético-estético. A pesar de que el buen aficionado se autodenomine “abierto” o accesible, la verdad es que nos cuesta mucho trabajo separarnos de nuestros marcos de referencia taurinos.

Para quienes caen en la trampa de las etiquetas y se autodefinen con un “ismo” -toristas, toreristas o seguidores de algún torero o ganadería en específico- este aparatado es un reto a su afición, un guiño para tratar de entender la evolución de este arte de otra manera. En la parte final se explica la razón de la de la suerte suprema con la tal lucidez que muestra cómo algo tan obvio, muchas veces, nos es vedado por una cortina de humo.

Sexta clave, los aficionados y sus partidos.

Simpática es la manera en que Francis Wolff trata de definir y categorizar al aficionado taurino como si de tendencias políticas se tratase. Esta descripción puede parecerle muy ajena al lector mexicano, no le parecerá nada coherente equiparar la extrema izquierda con el aficionado ultra torista (tipo Talibán) y a su opuesto en la más reacia derecha.

Esto es debido a que en Europa, y particularmente en Francia, los procesos sociales y políticos tienen características completamente diferentes a las de nuestra reciente y muy apaleada democracia. Resulta un ejercicio interesante tratar de identificarnos dentro de alguna de estas tendencias (muy convencionales y que no tienen nada que ver con alineamientos políticos reales).

¿A qué corriente taurina pertenecemos? ¿La ultraizquierda, la izquierda, el centro, la derecha o la ultraderecha? Wolff adjudica a cada corriente sus plazas, sus ganaderías, sus figuras, sus procederes. Claro que nada es completamente absoluto, pues pueden darse combinaciones diversas, lo que daría lugar a un aficionado ecléctico.

Es un texto rico, conciso y breve, muy recomendable para cualquier aficionado. Sería una excelente lectura para aquel que, sin ser adverso a la fiesta de los toros aún no tenga un sentido claro de su peso en el subconsciente colectivo. Vivimos interesantes tiempos para el toreo de acuerdo a lo que piensa Wolff, aún es válido para la sociedad el laboratorio metafísico que se planta sobre la arena cada tarde de toros.

A eso, añado yo, se le suma la suerte de coincidir con un gran aficionado francés que nos regala tanto material para la reflexión.

Twitter: @Cassiel_28.

Francis Wolff

Seis claves del arte de torear

Ediciones Bellaterra. Col. Muletazos. 2013. 177 p.p.