Archivo de la categoría: TOROS Y TOREROS

RECAPITULANDO: La Noche Triste de José Tomás – Falla el 31-E en La México.

La Noche cae sobre José Tomás en la larga. FOTO: Emilio Mendez.

Quitemos de este relato la palabra “petardo”, que no exista. Ofrecemos no utilizarla. Lo acaecido en La México no necesita de Tesoro de Moctezuma o complejo de conquistador, ni Paso de Alvarado o de invicto Emperador para entender que hay tardes malas y también puede haberlas peores. Lo único claro ayer es que, publicidad y morbo al lado, la verdadera estatura taurina de José Tomás aflora, para mal, justo cuando se necesitaba que la leyenda empatara con la realidad. A río revuelto, ganancia de Adame, de nuevo montado en el carro de la facilidad técnica, de la bulla popular y alejado de la más mínima trascendencia taurómaca. Desfile y bronca ganadera lamentable y vergonzosa, de nuevo, en detrimento de la categoría de la Plaza.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hay algo en que no se puede fallar en la Plaza México, llena o vacía, en verano o invierno, con taurinismo o villamelonaje en los tendidos, con dinero o sin dinero, es en estar templado, es decir, jamás dejarse enganchar por más difícil que los astados sean.

Los de ayer, un desfile de pintas, debilidad, reacciones mansas y, principalmente, de emoción ausente, también piden no enganchar ni estar de prisa. Esto es precisamente lo que la dupla ayer, respectivamente, no consigue.

Solo que esto no explica el grado mayúsculo de la decepción.

Debería hacerlo.

Porque es increíble que los auto denominados “Mejor torero del Mundo” y “Torero de México”, con todos perdones primeramente de Alberto Balderas, según se trata, hayan fallado con los trastos en lo que tendría que definir en toda medida ambos motes: temple y despaciosidad.

Solo así se explicaría que la decepción, pese a la fauna local y extranjera que compone la masa que llena sin apretaduras La México, no obedece a temas –lo apuntábamos antes- tan banales como la falta de orejas o la ausencia de brindis general del primer espada. La decepción es ver como un astado tan feo, tan débil y manso como el primero es capaz, con la lengua de fuera, de poner en aprietos serios a un torero como José Tomás, un mendigo de toro es capaz de hacer visitar el piso en dos ocasiones a la realeza del toreo.

Y esto ocurre porque José Tomás manda poco y templa aun menos.

Todo por caer en la trampa de este astiagudo y astifino, de hocico alargado, cárdeno, que, asaltilladamente, entre lo manso y lo débil, se cuela al inicio, se comienza a quedar abajo y cabecea, exigiendo de un torero empecinado a quedarse estático, ir y venir, lo que a José Tomás siempre más trabajo ha costado, andar con el toro. Por ello, sumando esta necedad de forzar la pugna en lo corto a verse enganchado, el madrileño termina a merced.

Apenas los naturales, ante un toro que había derrumbado dos veces, alcanzan a ser largos, el toque es muy brusco, no se encela el toro y ni siquiera en el frenón de la embestida por derecho alcanza el pase a ser limpio. Conste que hasta el enganchón se le corea en una Plaza que históricamente, aun en sus peores momentos, no se traga la aspereza de pases como los que pega. Tan tosco que en el parón ha querido tocar desesperadamente al astado para salir enganchado en lo que ayer desahogaba su sutileza de muñeca.

Increíbles las volteretas.

Una por el afán de meterse entre los pitones de un toro que requiere espacio en plenos medios. La otra no obedece sino a verse la muleta alcanzada.

Y el diestro caído.

La estocada, entera trasera y algo tendida, solo es premiada por nueva graciosidad de Jesús Morales, el nefasto Juez de Plaza.

Protestada y fuerte, cual debe de ser, por la Afición que alcanza de milagro un boleto.

La mala noticia es que José Tomás solo mata un toro de Los Encinos para nueva caída en propia trampa. Jugar con dos barajas siempre es malo, tener las peores manos de ambas es el riesgo y la consecuencia.

De ahí que el río revuelto se lo lleva Joselito Adame, con un toro, el segundo que saca casta pese a rajarse que pone emoción a los lances del hidrocálido y con el que en el quite combinado, pese a desarmarle, consigue remontar y encender el ánimo en la villatina y posterior larga. Luego la faena, completamente salvo una tanda deslucida, derechista, tiene emoción pero demasiada rapidez, Adame muestra buen toreo por momentos pero también velocidad ante el reservón pero emocionante astado.

Así como un pésimo manejo de la espada.

Nuevo chalecazo, hace guardia. Tal como la semana pasada.

Mal comienzo de la esperada cita.

Sin embargo, la cosa ha podido enmendarse con el berrendo en cárdeno tercero, precioso y veleto astado, demasiado retacado quizá y al que el diestro no alcanza a sujetar con lucimiento en el capote, apenas dos lances y al rematar, en síntoma de poco temple, se cuela y le pone en problemas.

Este azucarado astado –en referencia a Tequisquiapan– empuja de inicio pero se duerme luego en el peto. Alejandro Prado da una brega exacta y larga que solo la inutilidad de Sergio González, por segunda semana consecutiva, que no acierta con los garapullos hace que pase por cuarta vez, aquí el berrendo se descompone y de ahí la urgencia de José Tomás de cambiar el tercio con dos pares.

Pero está en La México, aunque por la asistencia no lo parezca.

Él sabe que poco puede durar el toro, está en lo correcto. Pero también es preciso decir que a un toro débil como este, con la bravura tan corta y la casta inexistente, con sospecha de mansedumbre, puede ser aliviado por la llave que olvida José Tomás o acaso el óxido del casi retiro le hace dejar fuera de la espuerta: el temple.

Que aparece en su mejor y único momento de la corrida, tras inicio alternado a los medios, dos tandas con la derecha muy lentas y plácidas levantan esperanza e inyectan moral al torero, no obstante el toro muestra la tentación de salirse del engaño y, además, otra vez al final, engancha. Luego, cuando descuelga, José Tomás consigue estar algo más despacio, dos naturales cantados y largos, pero el enganchón siempre presente desluce.

Por eso la cosa no enciende, no rompe.

Ni tampoco hay entrega.

Es entonces cuando el colmo de la necedad aparece. Triple intento de cambio de mano por la espalda para ligar al natural frustran todo intento de cohesión y ligazón, con la faena del torero cortada de tajo por la mansedumbre del toro. A campo abierto, José Tomás permite que el berrendo, sin subírsele a las barbas, haga la graciosa huida y deja la apasionada entrega para después…

En suspenso.

Años tarda en volver a la derecha, sobre molinete y dos tandas ligadas, una donde se regodea, el momento más redondo de su actuación, donde se impone, no obstante lo cabeceante del berrendo que tiene una embestida larga y pastueña, que le deja estar y recrearse incluso en dos derechazos lucidos. Pero es todo, porque José Tomás se amontona en tablas, incluso cerca está de otro percance a la salida de otro pase enganchado.

Pinchazos y descabellos.

Aviso y división.

Así pues, el toro más hermoso de la corrida, un bordado de reunión de los pitones y rectitud del lomo, es de Los Encinos y toca a Adame. Con este el hidrocálido tarda años en centrarse, desde salida, con el capote, está sobre piernas y apenas sentir al toro echa para atrás y pide a los picadores salir. Un toro de una clase buena, no puede ser toreado con tan por fuera, tan esa así que se descompone cuando Joselito queda mal colocado. Por ello echa el cuerpo para afuera, cosa que divide a la afición y echa mano de las cercanías, donde le enganchan y donde, aun así, el toro mete la cara.

Se aburre de tanto pasar. Y de tanto ser pinchado.

Entonces la bronca se desata cuando salta el quinto.

En el colmo de la decepción de la gente, irrisoriamente se devuelve un toro mejor presentado que otros tantos. Morales, el intento de Juez, hace lo que no otras tardes y devuelve al protestado, que por cierto era bien construido. Salta un Xajay feo y cornalón. José Tomás apenas le da un quite por chicuelinas, las buenas noches y se deshace de él, entre las protestas de un público que simplemente no lo ve.

Que ni si quiera una gran bronca pega.

Y el camino a la barrera parece la ruta a la antigua Tlacopac, con la noche a cuestas y el burladero a modo de callado ahuehuete. Entre una batalla alocada en los tendidos y las rechiflas a la decepción tomasista y la triste consecuencia de dejar en el banquillo los mejores años de la juventud torera de un diestro que dudamos, a diferencia de Cortés y de otras figuras, regrese a Mixcoac.

A sacarse la espina.

Adame, el hidrocálido, con un festín de “Pelea de Gallos” inclusive, se encuentra otro toro repetidor, el sexto, su segundo de Los Encinos que tiene la mala suerte de caer en sus bullangueros trastos o en el manido truco, cada ocho días es igual, de la cascada zapopina.

Acaba haciéndole pasar pese a la falta de fuerza.

Los desplantes, la bagatela de las zapatillas y la estocada arriba hacen el trabajo y Morales, en otro bandazo, da las orejas, que nadie pide. Y una salida a hombros artificiosa. Al menos la cuota orejeril se cumple.

La expectación no.

Decía Bernal Díaz del Castillo, todos sabemos donde, que al escapar hacia Tacuba el Bachiller Alonso Pérez se dirigió a Cortés diciendo: “Señor capitán, no esté vuestra merced tan triste, que en las guerras estas cosas suelen acaecer.” Entonces el Hércules de Extremadura tan solo hizo notar que la tristeza iba por lo que costaría ganar, más bien enseñorear, la Gran Tenochtitlán.

Porque en tales hombres no cabía la mínima posibilidad de renunciar.

Estas cosas pasan en los toros pero ayer José Tomás renuncia sin querer al señorío y a lo que en sí es lo único en que quizá sí que ha pegado el petardo y sobre lo que sí valdría la pena estar triste.

Lo único que una figura del toreo no se puede permitir, jamás…

La medianía.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 31 de 2016. Décima Sexta de Derecho de Apartado. Lleno en tarde espléndida sin viento, salvo repentinamente durante el último tercio la lidia del tercero. Mucho ambiente. Se dilata la salida del primero por diversos homenajes al cuerpo médico como al aficionado Gonzalo Martínez. Fatal la Autoridad, otra vez por medio de Jesús Morales al aprobar y luego devolver al quinto y aprobar igualmente a su sobrero, así como al premiar al primer espada tras el primer turno y soltar dos inexplicables orejas tras la lidia del sexto.

7 Toros, 3 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) lidiados en segundo, tercero y quinto lugar. El quinto fue devuelto de inmediato por supuesta falta de trapío. Desiguales de presentación y vario pintos. Con emoción el segundo pese a solo verle por el pitón derecho y salir con la cara alta, noble y descastado además de débil el precioso aunque basto berrendo segundo; 1 de Xajay (Verde y Rojo) quinto bis, basto y cornalón de mal juego; y 3 de Los Encinos (Divisa Azul, Verde y Rosa) Muy feo de cara alargada, astiagudo y astifino el débil y mansurrón primero, de gran clase por pitón derecho el sexto y pese a durar menos, con lidia a más el sexto de la tarde.

José Tomás (Rosa y Oro) Oreja con fuertes Protestas, Saludos con División tras Aviso y Bronca tras aviso. Joselito Adame (Negro y Oro) Silencio tras Aviso, Leves Palmas y Dos orejas.

El segundo espada salió a hombros.

Los de plata siguen sin estar a la altura, salvo Alejandro Prado y Manuel Martín de la cuadrilla del primer espada. Saludan Héctor Rojas y Christian Sánchez en el sexto.

RECAPITULANDO: La Ley y la Espada – Doble Frentazo de la Autoridad de La México.

Derechazo inicial de “El Juli” al berrendo de Montecristo.

En pleno Enero, la Autoridad hace a la Afición y al segundo espada subir las contradictoria cuesta de la poca seriedad en la protesta al trapío del quinto y del rigor, bien aplicado, a la espléndida faena de “El Juli” al segundo. En menos de una hora, la Autoridad de Plaza muestra la posible salvación y la fehaciente prueba de lo que impide a la Fiesta en México desarrollarse y encontrarse donde debiera. En tal contradicción, al torero menos facultado de la terna le sale el toro del disparejo encierro, para variar, “Zotoluco” pierde pasos y pierde el triunfo en una tarde para el olvido, pese a la oreja cortada, de Joselito Adame, con el favor siempre del público que no de la Afición.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hacemos cuentas, en cada una de sus apariciones, Julián López “El Juli” ha toreado en alta cantidad. Nos referimos a que de cinco toros que ha enfrentado en los primeros cuatro se ha hartado de torearles a como él le place.

Hoy domingo en La México en el quinto no ha podido ser porque además de chico, además de deslucido, ha tenido nada dentro. Y lo machetea, mata mal como es su costumbre, y pasa a otra cosa. Desesperado, desencantado quizá con la Plaza misma, “El Juli” puede ser señalado como la causa de la causa, es decir del origen –o uno de varios- de que en La México se lidie las birrias que se lidien.

Es posible que lo anterior sea cierto.

Pero, señalado lo anterior, irrefutable es que la faena al segundo, “Malagueño” nombrado, con clara y coloreada sobre negro reminiscencia hacia “Trojano” de esta misma ganadería, trae consigo la razón de por qué Julián es lo que es en la Fiesta. Si tan solo en La México mantuviera su estado taurino lejos de sospechas y escándalos, “El Juli” sería en definitiva el torero que restauraría por fin el orden.

Como esto no es así, parece que al torero solo le interesa hacer acto de presencia, torear bien cuando se pueda y ya, tenemos que este berrendo de Montecristo es tan desigual en juego como en presencia es la corrida. Alto y fuerte, bien hecho, contrasta su hermosa pinta, su enmorrillado pelo con lo pequeño del rabo y la alegría inicial de su salida con los cabezazos que tira justo cuando “Juli” baja las manos toreramente con el capote, el recibo es coreado porque, además de no desesperarse cuando el manso escapa y dobla contrario, de dentro a afuera el cite, se templa y remata con lucida y muy recargada media.

De Cartel.

Quizá en varios años veamos ese instante en paredes de Plazas y kioscos.

Lo que prosigue entonces es ver como un toro tan bonito puede desfondarse quizá su redondez implique que los kilos son demasiados pero ahí entonces, donde su casta y su raza deberían rescatarlos, falla por completo, desde el puyazo y la vacilante lidia que ofrece en banderillas con el ya triste y chocante prólogo del villamelonaje que exige indignadamente “poner banderillas”

Menos mal “El Juli” está lejos de eso. Y cerca de los medios.

Donde el inicio alto, a modo de tanteo, parece centrar al astado en el trapo.

Y los derechazos, de toque perfecto, a la misma intensidad del envite, hacen meter la cara a “Malagueño” que contesta suave y enclasado, largo en la embestida en el derechazo que se enrosca a la muleta firme pero hacia abajo, en plena verticalidad, columna cuya cintura lleva toreado todo el muletazo, templado en el centro de la suerte a un ritmo que siempre embelesará a la Monumental, el siempre medio tiempo del cielo del Valle de México.

Eso está, aun en sus peores momentos, programado en esta Plaza, reaccionar siempre al toreo bien hecho, por ello la primera tanda ha sido prodigiosa. Pena que el toro se ahogara. “Juli”, entonces, cuando el toro se encela, apenas abre el compás y pese a rebrincar el berrendo, el torero se vuelve a imponer incluso con un sutilísimo cambio de mano y el de pecho maravilloso.

Tan natural como el cambio de mano que abrocha la siguiente tanda.

Pena grande que esta serie de muletazos, abierta con trincherazo, muestre las tablas como irresistible tentación al astado cuya tendencia a salir y a huir desluce algo el cambio de mano relatado y entierran la posibilidad de ver a Julián en los medios verticalmente.

No por ello, muere el toreo al natural, en dos tiempos ejecutado gracias a la aflicción del toro que pide tregua. Como para “Juli” y para los romanos, si se quiere la paz hay que preparar la guerra, el único reposo que hay es la muleta arriba en el primer muletazo, sobre el tercio frente a matadores para luego ligar dos, previo nuevo escape del cárdeno.

El escape del toro muestra la victoria de la mansedumbre en las ganaderías mexicanas.

Para mal.

Porque se dibuja lo grande y el esbozo acaba en tablas en la redondez de la precisión julista que supera con dosantinas y cambios de mano, un derechazo vertical la nueva fuga del manso, le desdeña, pega la capetillina y, tras nuevos redondos con la diestra, un cambio de mano proverbial al amparo de las tablas de sensación. “El Juli” encierra la mansedumbre entre tableros y muleta, entonces el irredento queda exprimido por las dosantinas y los cambios de mano por la espalda y en el mismo sitio.

Todo lo que el berrendo opone es todo lo que “El Juli” torea.

Incluso en el último instante cuando frena y le extrae, en aguas profundas, los últimos fósiles de su bravura perdida. Pues este portento, entregado en las suertes con las telas, no es capaz de volcarse con la espada. Para acabar pronto, puede más el tranquillo de salirse, de entrar por fuera, de no exponer que cualquier otro argumento.

Al menos, no propicia el escándalo del respetable.

Al menos, “El Juli” consiente está del bajonazo.

Pero el público no.

Y quién mejor en una plaza de toros, donde pueden convivir todos los mayores elementos de contradicción posible, donde la pasión y el sentimiento pueden encontrarse con la razón y la técnica de la tauromaquia, donde la democracia choca con la autocracia del rigor y los humos del derroche, que la Autoridad para, con recto juicio taurino, tomar la mejor decisión de la Temporada: denegar la mayoritaria petición.

Aun se enoje quien se enoje. Péseles o púnceles.

Sea quien sea. El bajonazo casi perpendicular emborrona todo, de ahí el berrinche corriente, el reproche vulgar de la censura a la presidencia y quizá, no nos extrañaría, la represalia del capital taurino bajo la complacencia de la superioridad jerárquica delegacional que esperemos no ocurra.

Así las cosas, la vuelta al ruedo de “El Juli”, pese a todo, ha traído un aire torero que ni veinte mil orejas protestada, una vuelta al ruedo que pocos habremos de olvidar.

Tal como “Zotoluco” no podrá olvidar este lote de Montecristo.

El primero que lo evidencia como machetero de lujo, capitán de una incapaz cuadrilla, empezando por Sergio González que incrementa la escandalosa mansedumbre del primero, un serio toro que trae a todo el mundo parado de pestañas, mucho nervio del toro mucho miedo de las cuadrillas, chambonas y aprovechadas. El matador se lo quita de encima como puede, sin brillo, con sus acostumbrados amontonamientos.

Piadosos saludos en el tercio.

Pero el premiado, en sanmateína referencia, se llama “Guantero” un premio a la hechura.

Y a la clase.

Bravo y con largura a la embestida, desde salida, “Zotoluco” se limita a pegar carreras, con unos pies que no paran, muestra de ello los lances sin acople en el recibo y las chicuelinas del quite. Donde da más pasos que lances. Entonces “Guantero” gracias al chicuelinazo de Eulalio, empieza a quedarse abajo en una reacción muy asaltillada. Ante estos toros no queda más que mandarles muchísimo y muy largo en todo momento.

“Guantero”, que es picado contrario y trasero, crecen en banderillas y pide a gritos la muleta cuadrada al frente si se puede, llevarle largo y someterle.

La nobleza, la cadencia y la fijeza de la embestida, contrastan con las dudas, la inexplicable indecisión y pausas en los envites y los rapidísimos giros, molinillo a la trágala, los brevísimos derechazos que no hacen más que evidenciar que otra vez “Zotoluco” opone muy poco ante un toro que desde el cite toma el engaño abajo sin distracción que incomoda a la salida porque la mano del torero se queda sin viajar.

Sin mandar.

Y “Guantero” sin ser, plenamente, toreado.

Mala suerte del precioso cárdeno que en plena muerte se aguanta, le echa a perder el número al torero que pese a descabellar observa sorprendido que la petición es levísima, diluida en la división de los que la coba no les va.

Lo increíble es que la Autoridad no homenajea al toro… ¿Qué tanto espera? Ovación para “Guantero” bravo y noble, al que todos vieron.

Menos la Autoridad y el Torero.

Y si alguien ve a Joselito díganle que Adame lo está buscando, justo una semana antes del crucial 31 de Enero. Que si la versión espesa, corta, sin imaginación y enganchada del torero que como espectro desvanece ante el igualmente insulso tercero, aparecerá el próximo domingo, de favor, se abstenga de venir.

Mata fatal: chalecazo.

Que si la versión bullanguera, repetitiva, panfletera y cascabelera del sexto va a aparecer, cortará orejas, quizá, sumará puntos, pero no abonará en la historia.

De ahí que nos cuestionemos por qué y de donde la gente se pone como se pone con el quinto pero apenas reparen en ver que el sexto es igual o peor presentado que el vilipendiado anterior. Eso no cuenta aquí. Ni los zapatillazos, ni los enganchones, ni el localismo que incluye “Pelea de Gallos” y todo el fierro viejo que vende un torero joven pero ya demasiado corrido, hoy apurado y desarmado, dando más indicios que torear bien para él es lo accesorio.

Lo fundamental es la gente… el tendido y no el entendido.

Sí, la gente, esa que sabe tanto de toros que se asombra cuando la montera cae machos para abajo, o se impacta cuando avienta las zapatillas previo a matar arriba recibiendo o que protesta, casi enfurecida, el apenas asomo del descabello. Y el torero, que sabe tanto de esa gente, le da por su lado previo a echarse el escuálido astado. La gente hace la cargada y exige el pañuelo que afloja la Autoridad.

Cosa que hay que sentenciar.

Porque sí, la Fiesta es rigor contrastado al derroche, es espada que mata y que, en su caso, aplica el rigor cuando es necesario.

Que es siempre.

Al premiar o al reseñar y autorizar una corrida.

De toros, no se nos olvide, lo más importante.

Que está en Ley… y que por algo siempre carga un libro la ciega Justicia.

Como también carga una espada.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 24 de 2016. Décima Quinta de Derecho de Apartado. Dos Tercios de Plaza en tarde fresca. Mal la Autoridad al no ordenar el Arrastre Lento al cuarto. Público corriente y vulgar, muy poco taurino. 

6 Toros, 6 de Montecristo (Divisa Obispo, Verde y Oro) Mal presentada por desigual. Muy contrastada la primera parte, mejor presentados los dos primeros, mansos, peligroso el primero y noble el segundo, destragado y estrecho el tercero, respecto del resto del encierro: mal presentado fundamentalmente el quinto, muy protestado, sin la presencia debida para la Plaza. Espléndido, aunque chico, el cuarto, bravo, de embestida franca y larga en el último tercio. El sexto, manso descastado, igualmente chico tampoco debió ser lidiado.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza no homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, completamente merecido y aprueba malamente al quinto. En cambio, acierta al negar trofeos al segundo espada tras la lida del segundo.

Eulalio López “Zotoluco” (Negro y Oro) Saludos y División tras Aviso. Julián López “El Juli” (Azul Noche y Plata) Vuelta Aclamada con Bronca a la Autoridad y Pitos. Joselito Adame (Blanco y Plata) División y Oreja Protestada.

Fatal la cuadrilla del primer espada, plenamente sin capacidad ante el primero con diversos pasajes de desorden durante los dos primeros tercios pese a saludar inexplicablemente uno de sus banderilleros.

Reseña: “Seis Claves del Arte de Torear” de Francis Wolff – Sobre los Toros, el Arte… y José Tomás.

Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.
Libro: Seis Claves del Arte de Torear de Francis Wolff.

Hace poco más de un mes, fui a una muy conocida librería de la Ciudad de México que no visito mucho por cuestiones geográficas. Fue una agradable sorpresa descubrir que ahora ya cuentan con una sección de tauromaquia; tomando nota de lo que había en los estantes descubrí cierta variedad de títulos que antes parecían inconseguibles. Esta es una pequeña reseña del más reciente libro de Francis Wolff.

Por: Fabiola FloresDe SOL Y SOMBRA.

La gran maravilla de nuestra era digital es que podemos acceder a un sinnúmero de programas de radio, televisión o tertulias taurinas.

Porque lo que más le gusta al aficionado, además de ver toros, es hablar de toros (o en su defecto, escuchar hablar de toros). Muchas veces he escuchado lamentaciones por la escasez de “intelectuales” de peso que hoy en día se declaren aficionados y además reflejen esto en su particular campo de acción. Es decir, que hoy no basta con blandir tres nombres de pintores y un premio nobel por allí, lo ideal sería que ese premio nobel actualizara la narrativa taurina. Esas quejas dejan de lado la gran calidad que han alcanzado ciertos textos taurinos de reciente publicación, hablo de los últimos veinte o veinticinco años.

A ese reclamo responde la obra de Francis Wolff, quien sin atraer la misma cantidad de reflectores que los laureados es identificado por el grueso de la afición. Tal vez es más conocido que leído. Wolff es egresado y docente de una de las instituciones educativas más prestigiadas de Francia, la École Normale Supérieure y se dedica principalmente al estudio de la Filosofía clásica, también ha publicado títulos con respecto a su otra pasión, la música. Ya es una obra de referencia sus famosas 50 Razones para defender las corridas de toros y que puede leerse aquí.

Su más reciente libro se titula Seis claves del arte de torear, publicado por Ediciones Bellaterra.

El título es muy acertado si atendemos a dos acepciones de la RAE: “noticia o idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático” y “elemento básico, fundamental o decisivo de algo”. Aislar cada uno de estos elementos da pie a pequeños ensayos que no dejan de formar un todo; van consolidando, una y otra vez, su tesis fundamental: que la fiesta es un fenómeno donde es imposible separar lo estético de lo ético.

Hay que mencionar que el estilo claro evidencia las grandes dotes pedagógicas del autor, supongo que la traducción le hace justicia a su quehacer de profesor. Por eso, no estaría mal recomendar este texto al neófito, a cualquier interesado en indagar un poco en lo que significa la tauromaquia sin tener que adentrarse en los innumerables detalles que demanda la apreciación de este arte.

Primera clave, la época.

Leemos a Wolff como quien descubre algo ya sabido pero que aún no hemos estructurado. Todo mundo sabe que los toros no entran en las sensibilidades que han sido atrofiadas desde la modernidad -que no la postmodernidad, eso nos queda bien claro-. Que quien busca la desaparición de la tauromaquia sólo cae en el espejismo de una “aldea global”, donde no pueden existir las particularidades culturales. El mérito del escritor está en desmenuzar y analizar dicho momento histórico con razonamientos incuestionables.

Por encima de todo, Francis expone esta particularidad de la fiesta: es una manifestación cultural donde el hecho estético es indisoluble del estético; además, añade, es la única práctica viva de esta índole (al menos en occidente).

Pero es, en esta coyuntura “postmoderna”, donde cobra mayor vigencia porque nadie pone en duda la crisis de los objetivos de la “modernidad” pues para la mayoría de los habitantes de este planeta ha representado el fracaso del bienestar prometido. En ese contexto la fiesta de toros retoma su más auténtico sentido, experimenta un giro de 360 grados y vuelve al origen.

                       “Ser moderno era considerar todos los ritos como convenciones arbitrarias; pero lo contemporáneo y la tauromaquia vuelven a descubrir los valores de lo ritual al margen de lo religioso; reconocen que la ceremonia de la muerte puede contribuir a darle sentido a la vida mostrando que es una victoria de cada instante sobre la posibilidad misma de su negación”.

Experimentamos una supuesta “crisis de las ideologías”, existe un enorme hueco sin marcos teóricos que puede llenarse con cualquier cosa. ¿Es menos legítimo colmarlo con lo que representa la tauromaquia?

Segunda clave, la Plaza.

Francis Wolff ha preferido explicar esta clave publicando de manera íntegra el texto que escribió en el año 2010 cuando fue invitado a dar el famoso pregón taurino de Sevilla que marca el comienzo de cada Feria de Abril. Muchos de esos pregones son joyas literarias, el de Wolff no se queda atrás. En dicho texto expone cómo una tarde de toros permite experimentar el momento en que “la frontera entre presentación y representación se diluye” […] “El toreo alcanza la realidad mientras que las otras artes – y el arte total de la ópera también- se conforman con soñarla”.

En la plaza, lugar donde confluye la polis, es posible constatar la existencia de las más importantes doctrinas de la filosofía clásica. Los arquetipos ideales de Platón y su reflejo en el mudo; las oposiciones aristotélicas entre el Ser en potencia y fáctico o sea, entre la materia y la forma; el estoicismo, ser estoico “es afirmar con arrojo que la quietud es más fuerte que el movimiento y que la tranquilidad del alma puede imponerse a la violencia del cuerpo, tanto el del toro como el del hombre”.

Y por último, en una tarde de toros podemos experimentar la más refinada de las teorías del placer, el epicureísmo. Sí, todo eso allí, en el albero de la Maestranza de Sevilla.

Tercera clave, el toro.

Aquí el autor intenta dar luz sobre el conocido debate acerca de la esencia de la bravura. Retoma conceptos que el aficionado cree por bien sabidos: casta, genio, bravura y mansedumbre; sus límites son difusos, entre ellos pueden existir mezclas y superposiciones. Wolff nos dice que un toro bravo es la síntesis de contradicciones constantes; su método: el planteamiento de preguntas. ¿Qué es la bravura, algo inherente o artificial? ¿Se conserva, se crea, se transforma, se pierde?

El concepto de la bravura ideal ha determinado los gustos de la afición, y por lo tanto el devenir de los cambios en la tauromaquia. Como todo buen aficionado sabe, la tauromaquia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, no es un bloque monolítico estático. El autor nos invita a mirar con lupa esos conceptos tan llevados y traídos que a veces no resultan tan claros. ¿No es la embestida, en realidad, una especie de “defensa” que ataca para “huir”? ¿Hay bravura sin casta y/o viceversa?

¿Cuáles serían todos los matices intermedios? En dicho caso, hablamos del toro bravo como una especie en general, pero el comportamiento de ciertos individuos contradice el adjetivo.

Wolff nos recuerda que hablamos con calificativos absolutos sólo a partir de una faena en un día y hora específicos, juzgamos a un toro por el comportamiento que mostró en sólo unos cuantos minutos de su vida. ¿Y el contexto? ¿Puede jugar un papel determinante? ¿Qué es un animal doméstico? ¿El toro bravo es doméstico o salvaje?

Esto es más complicado de lo que parece; la misma existencia del toro bravo es un hecho que, por lo menos, debería deslumbrarnos. Wolff lo resume en una comparación: “El toro bravo es como la rosa, el fruto natural de la cultura humana, cultura que sólo puede mandar en la naturaleza obedeciéndola”.

Cuarta clave, el torero.

Para pocos es noticia que Francis Wolff es parcial para con un torero actual. Este apartado es una apología al arquetipo del Torero, léase José Tomás. Afortunadamente en el mundo del toro podemos convivir todos, en acuerdo y desacuerdo. José Tomás es para Wolff la más depurada personificación de lo que representa un torero, un argumento bien fundamentado.

El problema surge cuando meditamos acerca de si es posible serlo sin ser completamente una “figura” del toreo. Porque entonces comenzaríamos por tratar de definir qué implica ser una figura del toreo y en eso no entra el autor (esto es de mi cosecha). A Wolff sólo le importa demostrar como toda la metafísica del mundo entra en juego cuando torea José Tomás.

Al parecer, este apartado resume algo que desarrolló de manera más amplia en su anterior libro. Insinúa que sin importar el camino creador que hubiera elegido nuestro artista en cuestión –pudo haber sido pintor o cantante- esta autenticidad sin artilugios le lleva a depurar su arte de cualquier accesorio, lo vuelve minimalista. Como si fuera un epítome del racionalismo arquitectónico de Le Corbusier o del neoplasticismo de Mondrian (mis comparaciones). José Tomás se despoja de todo lo que no es él, se vuelve el arquetipo ideal de lo que es un torero y de esa manera recuerda al concepto griego de lo que implicaba ser un filósofo-sabio.

No sólo busca la verdad… él es la verdad.

Lo mejor es que el lector podrá corroborar todo esto si tiene la suerte de poder entrar a la Plaza México el próximo 31 de enero. Ya le darán o no la razón a este filósofo francés.

Quinta clave, los mitos del arte de torear.

Cuando el aficionado quiere indagar en la historia del toreo se enfrenta ante el monstro de la veracidad. El problema es que, siendo un arte temporal, sólo nos quedan los testimonios a manera de crónicas, fotos – que por congelar el momento no dicen mucho de la dinámica de la lidia- y en el mejor de los casos, algunos videos antiguos. Dentro de esta memoria histórica es fácil que se anquilosen, como piedras, muchos de los llamados tópicos o mitos del toreo.

Para Wolff, todo depende del cristal con que se mire, se detiene a examinar de manera detallada los dos extremos opuestos: el del aficionado que menosprecia el presente dando por sentado las glorias pasadas y a su antípoda, aquellos que sobrevaloran demasiado el momento actual de la tauromaquia – los de la frase de que “hoy se torea mejor que nunca”.

En este apartado se analiza no sólo los cambios formales por sí mismos, sino lo que implican dentro de ese marco ético-estético. A pesar de que el buen aficionado se autodenomine “abierto” o accesible, la verdad es que nos cuesta mucho trabajo separarnos de nuestros marcos de referencia taurinos.

Para quienes caen en la trampa de las etiquetas y se autodefinen con un “ismo” -toristas, toreristas o seguidores de algún torero o ganadería en específico- este aparatado es un reto a su afición, un guiño para tratar de entender la evolución de este arte de otra manera. En la parte final se explica la razón de la de la suerte suprema con la tal lucidez que muestra cómo algo tan obvio, muchas veces, nos es vedado por una cortina de humo.

Sexta clave, los aficionados y sus partidos.

Simpática es la manera en que Francis Wolff trata de definir y categorizar al aficionado taurino como si de tendencias políticas se tratase. Esta descripción puede parecerle muy ajena al lector mexicano, no le parecerá nada coherente equiparar la extrema izquierda con el aficionado ultra torista (tipo Talibán) y a su opuesto en la más reacia derecha.

Esto es debido a que en Europa, y particularmente en Francia, los procesos sociales y políticos tienen características completamente diferentes a las de nuestra reciente y muy apaleada democracia. Resulta un ejercicio interesante tratar de identificarnos dentro de alguna de estas tendencias (muy convencionales y que no tienen nada que ver con alineamientos políticos reales).

¿A qué corriente taurina pertenecemos? ¿La ultraizquierda, la izquierda, el centro, la derecha o la ultraderecha? Wolff adjudica a cada corriente sus plazas, sus ganaderías, sus figuras, sus procederes. Claro que nada es completamente absoluto, pues pueden darse combinaciones diversas, lo que daría lugar a un aficionado ecléctico.

Es un texto rico, conciso y breve, muy recomendable para cualquier aficionado. Sería una excelente lectura para aquel que, sin ser adverso a la fiesta de los toros aún no tenga un sentido claro de su peso en el subconsciente colectivo. Vivimos interesantes tiempos para el toreo de acuerdo a lo que piensa Wolff, aún es válido para la sociedad el laboratorio metafísico que se planta sobre la arena cada tarde de toros.

A eso, añado yo, se le suma la suerte de coincidir con un gran aficionado francés que nos regala tanto material para la reflexión.

Twitter: @Cassiel_28.

Francis Wolff

Seis claves del arte de torear

Ediciones Bellaterra. Col. Muletazos. 2013. 177 p.p.

@Taurinisimos 78 – PREVIO 31 de Enero: La México, José Tomás y Joselito Adame, Mano a Mano.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 29 de Enero de 2016. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar, Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII y José González @JoseNinoG.

Invitados: Isidro del Pino y Arnaud Sibke.

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2015 – 2016. LXX Aniversario de la Monumental.

Análisis Previo Mano a Mano, Toros de Los Encinos y Fernando de la Mora para José Tomás y Joselito Adame en Mano a Mano.

Corrida de Montecristo para “Zotoluco”, “El Juli” y Joselito Adame.

Faenas de José Tomás en Aguascalientes y Plaza México.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 5 de Febrero de 2016 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

@Taurinisimos 77 – Faena @infoMorante de la Puebla en la Plaza México. Feria de León 2016.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 22 de Enero de 2016. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar, Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII y José González @JoseNinoG.

Actualidad Taurina. Análisis Feria de León, 2016. Dos primeras corridas, Triunfos de Juan Pablo Sánchez y Manuel Escribano corrida de Julián Handam; Diego Urdiales, Diego Silveti y Andrés Roca Rey con San Miguel de Mimiahuápam.

Plaza México, Temporada Grande 2015-2016. Corrida de Teófilo Gómez. Análisis de las faenas de “El Payo” y Morante de la Puebla con “Debutante”, lidiado en cuarto lugar: Dos Orejas.

Comentarios previo a la corrida de Montecristo; Zotoluco, El Juli y Joselito Adame.

Faena de “El Juli” a “Trojano” de Montecristo, indultado el 5 de Febrero de 2005.

Trivia José Tomás: Revista 6 Toros 6, Serie de Oro La Tauromaquia de José Tomás.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 29 de Enero de 2016 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

@Taurinisimos 76 – Resumen La México. Joselito Adame a ETMSA, Previo Feria de León, 2016.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 15 de Enero de 2016. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar, Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII y José González @JoseNinoG.

Actualidad Taurina. Plaza México, Temporada Grande 2015-2016: Resumen Diciembre 2015 – Enero 2016.

Faenas de Fermín Rivera, corrida de Villa Carmela; Fabián Barba y Manuel Escribano con San Marcos y La Punta; Ignacio Garibay con “Ilusión” de Arroyo Zarco.

Décima Tercera de Temporada Grande 2015-2016 en la Plaza México,: 6 Toros, 6 de Campo Real para Arturo Macías, Alejandro Talavante y Juan Pablo Sánchez.

Análisis del nuevo apoderamiento de Joselito Adame con Espectáculos Taurinos de México y comentarios previos a la Feria de León, 2016.

La próxima emisión de #Taurinísimo (77) será hoy viernes 22 de Enero de 2016 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinisimo. @RadioTVMx

Claveles y Rosas – Perfumada Salida a Hombros de Morante de la Puebla.

Ayudado por Alto de Morante
La cadencia magnífica, la sutileza de la media altura en el ayudado de Morante de la Puebla. FOTO: Miriam Cardona.

El más fino de todos los claveles y la más hermosa de todas las rosas florecen en los ramos que pasea Morante de la Puebla tras desorejar al cuarto de un decepcionante por su debilidad y falta de casta, encierro de Teófilo Gómez. Solo dicho astado, “Debutante” para la historia, soporta apenas con un tramo más de embestida el toreo amplio, soberbio y personalísimo del sevillano que se quita de encima al descastado primero, simplemente, con todo el arte del mundo por delante. En tarde de querer, “Payo” se estrella con su espada y con el manso y roto quinto mientras Fermín Espinosa, en tarde de no poder, se estrella, penosamente, con su realidad.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Miriam Cardona.

Suena el Toque de Cuadrillas y, tras su aparición, La México ovaciona a la terna.

Fuerte, como es, el rugir de la Monumental México se palpa a los primeros acordes del ya centenario “Cielo Andaluz”. Solo que la pieza del aragonés Gascón esta tarde soleada e invernal demora unos segundos en desgranarse. Cosa que toma con acostumbrada calma la generalidad pero que en el tercio al lado izquierdo y por columna frente a Cuadrillas, todo el oro en los bordados, toda nazarena a seda en la casaca y en la talega, desespera a Morante de la Puebla.

Al menos un poco, incluso al grado de cruzar palabras con el alguacil pidiendo partir Plaza.

Pero de inmediato, como casi una reacción instintiva, Morante regresa al ritmo en el que sabe estar y andar en la Plaza México, en sus propias palabras, despacio, que al torero que no anda de tal modo La México no le hace caso.

De ahí que el primero de la tarde, ponga las cosas a la contra.

Serio, muy bonito, cárdeno claro y vuelto de pitones, con mirada muy seria, sale a estropear el lance, a salir suelto, a no dejarse. Me recuerda a aquel de Jorge María, en el San Lunes morantista de hace tres años que también hizo las veces de primero de su lote en La México, más áspero y geniudo aquel, descastado y débil éste.

A pesar de hacer todo lo posible de salida el capote se guarda.

El astado espera a Dones y Carretero en banderillas.

Morante lo nota, no brinda y se reserva, para después, desde tablas, entre el doble firmazo, intercale avanzando el trincherazo y el precioso cambio de mano abajo que parecen cerrar el preámbulo de la faena. Solo que antes de que el cárdeno piense, Morante ayuda su muleta y, desde el tercio, sobreviene la friolera, grácil y fragante, sutil y elegante, de cuatro ayudados, dos por bajo a pitón derecho y dos pinturas, a media altura, por el lado izquierdo.

La México ruge. Morante sonríe y se regodea.

Llega hasta plena boca de riego y ahí el desahogo encuentra el camino del de pecho con la zurda. Vuelve al tercio, un paso por fuera de las rayas, para iniciar con el toreo por bajo con la derecha, liga los muletazos que muestran al toro reservón y mirón. El procedimiento cambia y con la de cobrar, muleta por delante, a verdad desnuda, Morante le liga los naturales, hilado siempre y con el toque exacto pero con un toro que ya mira de más.

De ahí que las tandas que siguen, con la voz y el toque del cite tan firmes que el toro lo toma por completo, le obliga y, aunque el cárdeno lo resiente, Morante le tapa, se le impone y, a pleno compás, con toda la serenidad de su cintura y la majestad de su empaque viene el firmazo y el cambio de mano, andando, sensacional.

Esto descompone al toro, al que Morante extiende innecesariamente la faena y al que, consideramos, debió entrar a matar en la suerte contraria.

Pincha. La ovación en el tercio lo dice todo.

Y el gesto también: “En el otro…”

Menos mal es así pues la corrida de Teófilo Gómez está a cada paso cerca de llevar al cadalso a la Plaza México: desde lo descoordinado y cabeceante del segundo, lo roto de tranco del tercero, lo manso y soso del quinto, lo débil y desrazado del sexto, más el desasosiego de la gente que choca con “Armillita IV” y un toro cariavacado, el tercero, que no gusta. Ojalá hubieran estado así hace quince días y, sobre todo, en lo que viene.

Lo imperdonable e incuestionable es que Fermín Espinosa no completa una sola intervención sin echar atrás, ya sea lance o ya sea pase, en algún momento de las suertes su pierna de recibo va para atrás gravemente, mostrando que este joven paga las habladurías del tío, las prisas del padre por hacerle matador, los excesivos cuidados… y no más.

La gente paga, exige y, cuando le dan motivos, se cobra.

Duramente.

Cosa distinta es “El Payo” que hace casi todo bien con el segundo, cárdeno oscuro y protestón, siempre a la contra y por ello, García se la ha jugado desde la arrucina inicial, hasta los naturales donde obliga y manda pese al desarme al alargar la faena. Solo el mal uso de la espada le priva, ante su primero, de algo más y su aceleramiento en el quinto, empañan algo su esfuerzo.

Nuevo pinchazo.

Alguien le preguntó a San Juan de la Cruz, “¿Y todos estos versos son inspiración del señor?”, entonces, el místico contestó, “Algunos son del Señor, otros son cosa mía”. La cosa de Morante es encontrar de un toro como el cuarto, tan fino, aquello que no le haga perderse en el camino de la mansedumbre sino encontrar las virtudes mayores de su raza.

Perdida en varios instantes.

De inicio, por ejemplo, pasa sin enterarse, Morante le brega apenas con parte del engaño para que “Debutante” se confíe y cierre soberbio el capote en la media. La cualidad es y ha sido la medida exacta del levísimo puyazo –casi una inyección- y la armonía de las chicuelinas que, a pesar de que solo pasa sin enterarse, hacen que el astado se empape de tela y que, para el remate en la media, meta la cara abajo hasta perder las manos.

Eso ha sido en lo que Carretero prosigue a la brega para milagrosamente hacer que “Debutante” trace viajes muy largos empleándose, incluso lucir Gustavo Campos que deja caliente a la gente, deslumbrada por el doble par de aretes aunque olvida que el capote de José Antonio Carretero deja servido el toro para la ocasión.

El temple encela.

Brindado el toro, Morante deslumbra en los tres doblones rodilla entierra, arrodillándose conforme el toro entra en la muleta y hasta despedirle, es decir, toreando a cada momento previo, durante y posterior al muletazo. Abierto en los medios, acaricia la embestida en el pase de la firma y, justeza de nuevo, no remata la primera tanda, ahorra el de pecho que proseguía previo al ahogo del toro.

Que no se ahogue en dudas a la Afición.

La dificultad de este toro que se aviva en banderillas es extraer de él, lo que parece no tener, emoción. Y eso es el arte, no copiar lo visible, hacer ver lo que no se ve.

Porque esta no es una faena únicamente valiosa en lo estético, lo es en el drama de observar como las posibilidades, aparentemente limitadas del toro, crecen conforme el de la Puebla está en el sitio, incluso a la larga distancia, como en la tanda que precede la vitolina en el otro tercio donde amplio es el cite, aliviadora la altura que repone al toro en el remate muleta arriba, cambiándose de mano, previo a otro firmazo de alarido.

Luego la precisa decisión, de regresar al sitio donde inicia la faena.

No dejar que el toro vaya a donde le plazca sino a donde dicte la derecha que de nuevo mece la cintura, embarca al frente, manda larguísimo y propicia, incluso sin tocar sino dejando la muleta muerta, la entrega del toro, cuya degollada forma le ayuda a descolgar, y de la propia Plaza, amante de los desdenes que aparecen como fulgurante destello invernal.

Alumbrando el camino de la izquierda.

Que vence al toro.

Que toca perfecto y, apenas reponiendo, gira en el embroque al tiempo que dicta Morante, lento y plácido, para desdeñar en el ayudado por bajo y luego en el nuevo desdén. La capacidad de redimir la inconfesable realidad de la mansedumbre que asoma al fondo, la posibilidad siempre presente de pulir aristas hacen que José Antonio alivie por alto en tres pases arriba.

Aun así “Debutante” se violenta.

Lo que propicia la nueva tanda derechista, breve y rotunda, con un interminable pase de pecho a la hombrera contraria. El cambio de terreno trae un desarme, la única mácula de la faena. Entonces Morante se desquita.

Tira del toro que ya sale cara arriba e incluso juguetea con la montera.

¡Esto homenajea Jorge Ramos!

No le permite salirse del engaño dejándolo siempre puesto con una impensable perfección, el enésimo firmazo -¿Cuál de todos sería el mejor?- y el cambio de mano a la zurda, simplemente perfecto, desatan la locura en el tendido. De pronto todo el tendido es morantista. Qué rápido cambian bandera, parecen tener los paganos la misma condición engañadora de este toro que, pese a la coba al Ganadero, acaba rajado, retrocediendo y en la querencia.

Por ello no hay adornos finales, porque “Debutante” lo estropea todo.

Entonces, con todo el tiempo del mundo prepara la muerte. Bien diría San Juan de la Cruz, “Toque delicado//Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga//Matando. Muerte en vida la has trocado.” Solo la espada, trasera y tendida, en la suerte natural, pone la duda que el toro se eche. Ni medio minuto pasa cuando yace el astado en la arena aleteando pañuelos en la grada.

Vergüenza de Jorge Ramos al premiar la falta de casta y bravura que de haber sido así…

Esa es la autoridad en La México, la peor de su historia.

Morante pasea en la vuelta un ramo de claveles, otro de rosas, como el famoso pasodoble.

Y mirando esos candores, entre reflejos del sol y la sombra, pasando el inmaculado tallo del clavel e incluso las espinas de la rosa, llega esta gran faena, flor y espejo del arte del toreo, calvario y rosario de nuestra afición taurina.

La que aquieta el viento, la que enciende fuego eterno con el más torero de los aromas, el de la gloria.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 17 de 2016. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fría con fuerte ráfagas de viento que no afectan a la lidia. Piso mojado. Mal la Autoridad al ordenar el Arrastre Lento al manso cuarto.

6 Toros, 6 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Cielo, Plomo y Blanco) Desiguales de presentación. Justo, cariavacado y sospechoso de pitones el tercero, protestado desde salida. Muy serio el primero aunque sin fondo en la muleta, descastado. Bien construidos el resto aunque débiles y sin raza en general. Precioso aunque chico el cuarto, número 147, “Debutante” nombrado, cárdeno obscuro, vuelto y astiblanco, degollado y lomitendido, pese a su mansedumbre hace los viajes largos y toma la muleta sincero aunque termina rajado y muy a menos.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, a todas luces, inmerecido. 

Morante de la Puebla (Nazareno y Oro) Saludos y Dos Orejas. Octavio García “El Payo” (Azul Rey y Oro) Ovación y Palmas. Fermín Espinosa “Armillita IV” (Obispo y Oro) Pitos y Pitos.

El primer espada salió a hombros.

Destacó con el cuarto a la brega y en banderillas de la cuadrilla del primer espada en especial a la brega del cuarto, el banderillero José Antonio Carretero así como Gustavo Campos en la brega del primero, este último saluda tras banderillear al cuarto. 

La Autoridad guarda el minuto de silencio inexplicablemente omitido la semana anterior dado el muy sensible fallecimiento de Don Alejandro Arena Torreslanda, ganadero de Villa Carmela acaecido la semana pasada.

Derechazo de Morante a Debutante
Roto, completamente fundido el derechazo de Morante de la Puebla a “Debutante” de Teófilo Gómez. FOTO: Miriam Cardona.

RECAPITULANDO: A Golpe de Temple – Hipnosis de Juan Pablo en nuevo petardo Moralista.

Derechazo Juan Pablo Campo Real
La profundidad y la rotundidad de Juan Pablo ante el cárdeno de Campo Real. FOTO: Miriam Cardona.

Incluso el intento (malo) de Juez que tenemos, a dos tercios, un callejón, tres pasillos, veintitrés filas y un Palco de distancia, queda hipnotizado por el despliegue de temple, perfecta colocación y toque sutilísimo que Juan Pablo Sánchez brinda ante el tercero. Tan hipnotizada queda la endeble “Autoridad” que ve suficientes pañuelos para regalar la segunda oreja en el sexto, seguramente ha sido por la petición que mal ha valorado pues, si a tal distancia Jesús Morales ha premiado la estocada con claridad, seguramente puede ya también ver el futuro. Esperamos que ese futuro incluya una Fiesta que no lo incluya a él. Falla la casta de Campo Real en tarde espantosa para Macías y de castigo para Talavante gracias a su incapaz y vacilante espada.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. Fotos: Miriam Cardona.

Surge del puño, como una paloma digna del truco de un magazo, el pañuelo del mal.

El de Jesús Morales.

Quien con  gracia particular guarda la tela alba en un puño y, justo cuando saluda y ya no puede aguantar sus ganas, según él, de valorar lo difícil que es ser torero, suelta su gracia con la oreja a Juan Pablo Sánchez ante el tiro de arrastre que pasea los restos del tercero, bien nombrado Don Beto, 550 su número, cárdeno oscuro, estrecho y veleto, de gruesas cepas y caribello testuz.

Este es el único de la corrida que funciona en la muleta.

Si el encierro es pitado ha de ser por su falta de casta, su desesperante debilidad y extrema mansedumbre. Y esto es correcto. Pero si este encierro es protestado por una supuesta falta de edad o trapío, es porque algo muy raro ocurre en La México, no digamos en las redes. La corrida falla en sustancia y esencia pero cumple, tampoco exageramos, con la apariencia.

Y para muestra el primero.

Astifino, completamente asaltillado e irrenunciablemente cárdeno… y manso.

Como también es débil tiene la mala suerte de estrellarse con Arturo Macías, tan repetitivo como su terno, tan pendiente de lo funcional que olvida lo orgánico y tan débil como su oponente. Un torero que a diez años de su primer gran triunfo en México, no evoluciona. Para el, lastimosamente, el toreo es ebullición, hervidero y vapor. Y La México la ha de ver como ollas de presión.

Solo así entendemos las largas cambiadas en los medios al primero, débil y rajado.

Ni un lance le pega.

O las manoletinas de rodillas al final de la faena.

Inicia bien pero le desarman, obliga en tablas y hace pasar pero remata muy mal. Fatal. Se le debió ir vivo el primero pero ya sabemos que Usía hace magia… Doble aviso que replica en el cuarto, otro astifino pero lastimado astado de la pata izquierda y al que la lidia de Macías se carga por completo. Diez años, varios apoderados que no le aportan nada, y de aquel torero ilusionante incluso apasionante, el recuerdo queda.

Entonces se desata la rebatinga en el tendido.

Cómo no han estado quienes protestan al cariavacado, degollado, astiagudo, vareado y flojo cárdeno claro que hace las veces de segundo, hace ocho días cuando el mínimo histórico de trapío apareció bien hubieran caído estas protestas.

Pero no, hoy la protesta es protagónica primero.

Al cárdeno le rescata lo fino de sus cabos, lo agudo de sus astas, lo vuelto de los pitones, las arrugas de la cara y lo colgado de los cojones, para acabar pronto. Y claro, la magia esta sí auténtica de Alejandro Talavante. Que no cae en la trampa y lance, aunque algo apurado, con efectividad, tanto en el recibo con el quinte, donde cierra con tijerilla.

Trujillo, ante un toro que cabecea, pasa algo suelto sin meter la cara, que rebrinca, brinda una lección de calma, de mar sincero, al desplegar la playa de su capote, habrán sido tres lances que cambian todo el destino del astado, uno sobre pitón derecho que bien pudo ser una verónica. Juan José deja en troquel el molde sobre el que vacía Talavante la faena.

La pregunta entonces es, cómo someter sin lastimar.

Cómo mandar sin derrumbar.

La respuesta es abandonarse desde el primer doblón, desde el primer cambio de mano arrodillado –que no de rodillas- donde el toro se va largo, donde el olvida su suelta condición y donde responde al toque firme pero sutil, al mando sedoso pero a la vez de hierro del extremeño que firma el de pecho y echa la muleta a la izquierda.

Rebrincado, con la cabeza al garete, los naturales suceden rompiendo su cintura y todas sus articulaciones, lo mismo que todos los ángulos de la muleta, todos quedan al servicio de la muñeca y, claro, embarca tanto, templa infinitamente que los pases se hilan y se bordan trenzando la cabeza del toro que dobla contrario. Solo le interrumpe el viento.

Malcriado e indeseable.

He aquí cuando Talavante se otorga la licencia de ir a las tablas y donde su insistencia a enroscarse y traer la embestida toreada a la cadera se cargan al de Campo Real por completo, solo quedan, como si fueran poco, tras los derechazos donde su toque y aguante le hacen consumar cada suerte, las locuras de la arrucina prácticamente invertida, el desdén, la flor del invertido y el de pecho. Luego su arrebatada composición sin espada cambiándose de mano, al paso y por detrás hacia los adentros.

De cartel.

Luego hacia las afueras, al extremo de volver del mismo modo hacia dentro y desplantarse innecesariamente y pinchar.

Para variar. Y para su mala suerte.

El peor del encierro, el más cornalón pero el más insulso se lo lleva para quinto lugar. Manos atadas las de Alejandro. Que será hasta el otro año cuando esperemos, aun a pesar de su espada, no se le relegue.

Y si temple es la gran llave del toreo, la que es capaz de brindar las fuerzas al toro débil, de hacer bravo al manso y noble al que bravo, hay veces que este tiempo de la suerte adquiere grados superlativos, Juan Pablo Sánchez nació tocado con esta cualidad y en tal grado.

Una hipnosis total hacia el toro.

La ineludible red que, con solo el toro asomar a la misma, cae hipnotizado.

Por eso el tercero, recogido y asaltillado, dubitativo de inicio, tardo en algún momento, incluso como el resto de la corrida, sin emplearse en el capote o en el caballo, comienza a agarrar aire en banderillas y lo que inicialmente eran dudas acaban en certezas luego de los primeros muletazos alternados, genuflexos y hacia arriba, es convencimiento, quietud y lo que sostiene el edificio del toreo del hidrocálido, su perfecta colocación.

Los derechazos, ya por fuera del tercio, breves en la primera tanda, alivian y hacen al cárdeno convencerse, tomar el engaño aun y pese a su tendencia a quedarse abajo al final. Entonces Juan Pablo, en la siguiente, es capaz de ligar en un palmo, llevar largo y obligar con toda la sutileza de su temple, con todo lo amplio de su muleta, toda la armonía de su toreo al unísono del grito del tendido, se cae el toro al final de la nueva tanda.

Entonces, el natural alumbramiento, sobreviene.

El toreo con la izquierda se eleva.

Y más cerrado a las rayas Sánchez se rompe al natural, primero hacia arriba y luego con el doble toque sobre la marcha del muletazo y la verticalidad asomando toca en tres naturales la vena aorta de la Plaza México, una pulsación corazón a corazón en pleno pericardio de la Monumental que con el temple se alborota y goza el remate deletreado ante la nobleza del toro que saca, pese a la vuelta contraria, su fondo de casta.

Breve al fin.

Pero que alcanza a la nueva tanda que solo se afea por un giro martinista previo al de pecho que no le va a un toreo del imperio de Juan Pablo. Como tampoco descalzarse cada que torea, que si una mujer no aguantara los tacones. Así de grave, se toman la foto de tacones y a las primeras de cambio salen con pantuflas. Pero, forma de menos, malamente, el fondo del torero vuelve a aflorar en la tanda derechista en la que el toro cede y se rinde.

Aun quedan nuevos naturales de perfecto cite y aguante con el toro que ya clama la estocada, Juan Pablo liga ayudado y desdeñoso remate, previo a la dosantina a otros derechazos y a una estocada tendida y caída.

Aun así llega la oreja, no menos merecida, quizá excesiva, por no estar al mismo nivel de su toreo de muleta pero ya sabemos que el infame Jesús Morales liga orejas tarde con tarde, ahora con su truquito de mago de hacer aparecer el pañuelo. Luego en el sexto un astado con sospecha de estar lastimado y con el que Juan Pablo hace nuevo esfuerzo, le mata entero y por arriba en la suerte contraria y al volapié, muy efectivo.

Morales, lo piensa, sabe que hay que darla.

Pero afloja. Su especialidad.

Juan Pablo Sánchez sale a hombros, necesario es. Pero conste aquí que en otros tiempos, menos orejeriles y simplemente de mayor majestad, Juan Pablo no habría necesitado de las gracias de la supuesta “autoridad” para, aun sin salir en hombros, volver a torear, por ejemplo, el Aniversario.

Porque su hipnosis ante el toro de estas tierras es capaz incluso de adormecer a la aletargada Autoridad. Ojalá y que este templado procedimiento alcanzara para remover a Jesús Morales, el juez de la infamia.

Entre tanto, que Juan Pablo y su temple y su hipnosis perduren por muchos, muchísimos, años más.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 10 de 2016. Décima Tercera de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fresca con mucho viento en varios pasajes de la lidia, principalmente durante los dos primeros turnos. Mal la Autoridad al otorgar la oreja durante el sexto turno.

6 Toros, 6 de Campo Real (Divisa Azul Rey, Blanco y Naranja) Desiguales, primero, quinto y sexto bien presentados y con pitones, cariavacado pero injustamente protestado el segundo, con pitones, aunque estrecho y corto, el tercero, a la postre el mejor en la muleta gracias a la lida otorgada. Mansos en general, salvo el mencionado tercero que reacciona favorablemente en la muleta. El resto sin casta, con mucha flojedad pese a su calidad el segundo.

Arturo Macías (Azul Rey y Oro) Pitos tras Dos Avisos en ambos. Alejandro Talavante (Plomo y Plata) Palmas y Silencio. Juan Pablo Sánchez (Nazareno y Oro) Oreja y Oreja Protestada.

El tercer espada salió a hombros.

Destacó a la brega y en banderillas de la cuadrilla del tercer espada, Alejandro Prado, así como el banderillero Juan José Trujillo de la cuadrilla del segundo espada.

Fatal la supuesta Autoridad de Plaza que omite guardar el minuto de silencio homenaje en recuerdo del fallecimiento de Don Alejandro Arena Torreslanda, ganadero de Villa Carmela ocurrido esta misma mañana a consecuencia de una cornada en su Ganadería.

Cambio de Mano de Talavante
La profundidad y la rotundidad de Juan Pablo ante el cárdeno de Campo Real. FOTO: Miriam Cardona.