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La Inacabada Perfección – Polémico Indulto en Faena Grande de Mendoza.

Sale a hombros el debutante Antonio Mendoza. Foto: Humbert.

El borrón de la tarde, justo cuando más se necesitaba el gesto taurino y el rigor de la excelencia en el cerrojazo, se lo anota la Autoridad que preside el más que importante festejo. El cartelazo no falla, A pesar de la desigual presencia y poco juego en general del encierro de Xajay, los novilleros de menor a mayor, dan la cara y brindan emociones que revientan en el sexto. A punto de gloria y grandeza, el debutante Antonio Mendoza, deja una gran faena sin remate… para incógnita de la historia misma.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Son veintisiete, simbólicos, años sin que algún novillero corte un rabo en La México.

El tópico se anda haciendo leyenda, malamente. Ayer en la apertura novilleril poco falta en realidad para romper tal “maleficio” No es así, pues Antonio Mendoza duda, el corazón de mazapán engaña a la Afición y la autoridad falta en ejercer su potestad.

Que un festejo como este, a toma y daca con el viento, a la contra el tranco roto y la sosería expresa de los novillos más cierta llovizna, no puede dejar a tan buena entrada con esa confusión que siempre acarrea el indulto: el happy ending usual.

Donde todo es caramelo y algodones de azúcar.

El indulto en los toros, como se entiende hoy, es el camino fácil, lo que muchos decían debían acabar las películas de Emilio “Indio” Fernández, la puerta con remate feliz que daba el de Coahuila al público, ese instante en que todo puede arreglarse y con ello evadir enfrentar el rigor de la realidad final.

Porque cuando llega el final real –Dolores del Río mirar irse a su hijo abogado en “Las Abandonadas” o Miguel Inclán perder a Marga López en “Salón México”- el público se desencanta, siente pena. Y eso es muy humano. Pero ayer, resulta que la autoridad ni siquiera permite al público enfrentarse al humano desencanto… o a recibir la divina e inesperada gloria.

Como también en ciertas películas del “Indio” ocurre.

La llegada de la gloria espera cinco turnos. Que Xajay manda una novillada ligera en varios aspectos: presencia, casta y emoción.

Esa emoción, compañera inseparable de Diego Emilio, ayer le abandona un turno y medio en tarde tan señalada. Tarda en entrar en el festejo, aun con la suerte de que el espontáneo que salta al salir el novillo, no hace daño. Delante del brocho que abre Temporada, “Antequerano” está algo serio, sin proyectarse, aun a pleno sol. Diego se nota incómodo ante el paso vacilante y el viento terrible al recibo.

Solo la media resulta completa.

Y de ahí a la rigidez.

Salvo Mauro Prado, la cuadrilla de Diego Emilio no abona en positivo. El novillo se queda corto por el izquierdo y va a menos pues el novillero en su cite no cubre lo suficiente con la de cobrar. Se amarra. La estocada defectuosa coloca al esperado hidrocálido en sellado silencio y contrariedad viendo al xajay diluirse en medianía.

Así, cuando Juan Pablo Llaguno, galardonado de inicio, se abre de capa la Afición sonríe pues el parón tiene oportunidad y ordena al muy feo cárdeno claro segundo.

El toro trae las primeras gotas y el cambia el color del celaje al de su grisácea capa.

Tras el brinco mansurrón delante de Efrén Acosta hijo, el cárdeno se encuentra con la chicuelina, algo inclinada hacía adelante pero bien lograda y rematada. A diferencia de la cuadrilla del primer espada, Juan Pablo Llaguno consigue que sus infanterías coloquen el terreno, sean breves y diligentes para empezar doblándose con el novillo muy en brincos todavía.

Ahí Juan Pablo escala, uno por uno, los peldaños de la cuesta de la mansedumbre del novillo. Y lo hace con emoción, aplicando la medicina correcta, primero con la derecha en dos tandas, aliviando y midiendo la cantidad a pesar de la cara alta de “Coleador” para después cerca de tablas abrochar con tremendo trincherazo, uno de los muletazos grandes de la faena.

Que crece insospechadamente.

La primera tanda al natural templa hasta la sombra del toro. El joven Llaguno brinda aire, calma y pausa tras mágico desdén. El trincherazo que abre la siguiente es de asombro y de amplitud sus derechazos mayor con el novillo hacia fuera y que acaba en toril tras hermoso cambio de mano por detrás, al paso, que consume el de pecho.

Ahí no para, sino ataca el terreno con dosantinas, cambios de mano, uno sensacional por delante para inaugurar más naturales. Verticalidad y buen gusto. La suerte contraria trae la entera delantera, la petición consigo la acertada singular concesión.

Y mejor aún la acertada negación del premio doble.

Que en la Fiesta, al premiar, mas vale que falte y no que sobre. Por ello cuando da Juan Pablo la vuelta, hasta el sol sale de nuevo y claveles cierran su triunfal paso.

Inexplicable ovación al toro.

Con el tercero Antonio Mendoza da tantos pases que aburre al novillo y a la Afición.

Quizá a él mismo.

Conste que la afición le espera, tal como a Diego Emilio que con el chico cárdeno cuarto se queda con las ganas de torearle de capa gracias al viento. El hidrocálido con presión en los hombros, a plenas ráfagas, tras ayudados por alto, toma la muleta con la izquierda en los medios y el novillo lo toma a mal. Diego dilata en tomar la mano armada y citar por el pitón derecho, cuando lo hace el viento retoma su camino.

Entonces, al fin, Diego Emilio entra a la corrida. Le gana la partida al viento, frente a la Porra bajando mucho la mano derecha, casi al piso. Como cita perfecto el novillo repite y se templa, la Plaza cruje, la lentitud embelesa y suyos son los mejores muletazos de la tarde.

Porque a pesar de su rigidez inicial, con este cuarto Diego descubre el pitón derecho, tras adelantar en un momento de la suerte, retoma ya en los medios a compás lento, a muletazo profundo en la cintura fundido y tirado el toro a la cadera, suya es la verticalidad y el estruendo del tendido.

Pena que, dado que es un producto en creación, Diego no haya vuelto a la izquierda. Ya sabemos que lo que se hace por un pitón sirve siempre para el otro. De no pinchar la oreja estaba en la espuerta.

Afortunadamente, los pases derechazos han sido tan buenos que no importan los dos avisos, la tardanza en descabellar para que le sacaran al tercio. Con mucha fuerza.

Si Diego Emilio responde en el cuarto. Mendoza despierta al siguiente con un quite.

Es verdad, no le correspondía. Cierto, parece que el cornicorto novillo requiere un segundo puyazo. Llaguno no lo ve así y a las saltilleras, soberbiamente rematadas con rebolera por detrás, responde con tafalleras y encienden los ánimos.

Lástima que a Juan Pablo este novillo le cobra vía desarme y voltereta los derechazos. Muy disminuido tras la terrible voltereta mata a como puede para saludar y ser devuelto en el intento de vuelta al ruedo.

Y queda el sexto, bautizado, cosa rara, como “Bandolero” nombre tristemente célebre.

Hasta ayer.

Pues desde salida Antonio Mendoza, prosigue lo conseguido con el quinto en su quite, manejo bueno del lance natural con el capote. Las verónicas de inicio le muestran el camino al burel llegando a los medios al rematar. Luego el lance al paso y por las afueras que preparan uno de los mejores momentos, deja en suerte ante el caballo con genuflexa tijerilla.

Si bien el xajay recarga no es prolongada la exigencia. Mendoza, lanza su montera y de pie ilumina suerte por faroles que cintilan y encandilan el olé al rematar con el reverso del capote soltando una punta. “Bandolero” crece pues dispara su arrancada siempre largo y fijo en banderillas.

Entonces, atinadamente, el novillero con nombre de Virrey novohispano, tan moreliano, hace de las tablas el sitio exacto para, muy en corto, tras brindis e insistencia en el cite, consumar de dentro a afuera el pase cambiado por la espalda, replica dos veces y comienza, tras esa emocionante obertura la obra plena.

El negro astado, muy Xajay en su tipo y emoción, en su negro pelo y ligeramente tocado pitón izquierdo, siente el cobijo de las tablas y es pronto al cite pero a la mitad de los remates se quiere quedar para pensarlo un poco. Pero Mendoza, sabedor de esto, en momento supremo, abrocha los primeros derechazos con un pase de pecho clave en el devenir de la faena, un remate con doble toque en el cite y desahogo total.

El temple encela. Siempre.

Y más cuando, estira su brazo Antonio y su planta enreda la nueva tanda, de tanta fuerza y emoción, intensidad y expresión que eleva el compás del derechazo a más en calidad aun en menor cantidad protegido del viento, cuatro y el de pecho rotundísimos. La despaciosidad se asoma porque el que se impone es Mendoza que eleva al toro al bajarle la mano y evitarle la tentación de la cara alta, tan latente.

Aun le pega la vitolina muy cerrado en tablas y la mano izquierda se rompe en dos tandas al natural sensacionales, de mayúscula realización, lo mismo que el circular perfecto. Y en tales redondeces, previo a las manoletinas llega la petición de indulto a un toro siempre cobijado en tablas, nada destacado en el caballo.

Del final “feliz”.

Una de las obsesiones de “El Indio” Fernández era su “fortaleza” de la “Dulce Olivia” en Coyoacán. El terror de perder su casa le lleva incluso en 1952 a escribir para cine la injusticia de perderla, en pos de complacer las apariencias de un capricho femenino por parte de la autoridad.

“El Rapto”, se llama tal obra.

La faena de Antonio Mendoza recibe la injusticia de no poder ser consumada.

A pesar de hacer mejor al astado. Aun encelándole y dejando en evidencia al final de la faena el juego del astado con esas manoletinas, éste fue indultado, sin importar que su faena, por completa en toda su intervención, habría alcanzado la gloria total…

O la habría perdido, en el cadalso del pinchazo.

Los falsos felices finales del cine de “El Indio” Fernández, de no haber creído y defendido firmemente sus convicciones, le habrían convertido en un artista más, incapaz de expresar su sentimiento, de elegir y decidir el camino, riesgoso o no de la personal creación, la que asume los riesgos del arte.

Pero que nunca deja las cosas a medias.

Ayer, el Usía prefiere la inacabada perfección, más bien corrección del indulto, privándonos de vivir los riesgos de la gloria.

Espero haya sido, como en el cine de antes, un breve anuncio intermedio.

Hay películas que no se ven dos veces.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Julio 20 de 2014. Primera de la Temporada. Un cuarto de plaza en tarde de sol quemante y lluvia intermitente durante la lidia del segundo y molesto viento durante todo el festejo.

6 Novillos, 6 de Xajay (Divisa Rojo y Verde) Desigual en presencia, cuarto y quinto demasiado chicos muy feo el segundo, mansos en general salvo el sexto, precioso negro nombrado “Bandolero” indultado benévolamente por la autoridad. El quinto saca genio.

Diego Emilio (Verde Esperanza y Oro) División y Saludos tras dos avisos. Juan Pablo Llaguno (Grana y Oro) Oreja tras petición y Saludos con vuelta protestada. Antonio Mendoza nuevo en esta plaza (Turquesa y Oro) Silencio y Vuelta tras indulto. Salió a hombros.

Al finalizar el paseíllo se guarda un minuto de aplausos en memoria del Matador de Toros Raúl Espíndola fallecido esta semana.

El segundo espada fue galardonado por la Porra Libre, A.C., con el trofeo “Joselillo” como triunfador de la Temporada anterior.

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Serenata Sin Noche – La Orquesta de los Mansos “Ameniza” Aniversario.

Media Verónica de “El Payo” La esperanza solo duró un suspiro.

Nuevo bailazo ganadero decepcionante en presencia, debacle de juego. La ilusión de la buena entrada queda en nada, la desesperante impotencia de ver como la Fiesta cae a cada paso más abajo si cabe. Solo hay un momento de esperanza, durante la lidia del misterioso sobrero cuando “El Payo” que se ahoga entre desarmes y pinchazos. A punto de triunfo, la ya acostumbrada incapacidad final de Hermoso deja todo inconcluso mientras que solo el pantano de la mansedumbre detiene, momentáneamente, el paso triunfal de Joselito Adame.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Sabe toda la Afición que Juan S. Garrido escribió el gran tema de Aguascalientes.

Que incluso se ha hecho taurino.

La Ciudad de México, como tal, quizá por su connotación federal, tiene “pocas” festividades puramente locales. Ustedes, que soportan estas crónicas mal hilvanadas, saben que no coincidimos con el regionalismo en la Fiesta taurina en México pues en general segmenta y fragmenta –a veces, segrega- lo que, siendo arte, no tendría que ser, condición para el juicio o uniformidad en el uso, sino puramente distinción y acento.

El Cinco de Febrero, fecha federal, representa una Fiesta taurina de la Capital de México.

Lujo y grandeza.

La Fiesta que ayer no llega. Porque el juego de los toros de Fernando de la Mora, entre tantos accidentes de su capa, entre tanto pelaje blanco, tanto berrendo… acaba en perrendo cuete con aguardiente, dirían los antiguos capitalinos, del peor. Encierro en algunos turnos impresentable, pobre de cara, escaso de cuajo y, principalmente, lastimero en su juego.

Mansedumbre para todos los efectos.

Así, tenemos que el par de Pablo de Sarasate en el toreo a caballo es otro navarro, igualmente Pablo, tiene que ser, Hermoso de Mendoza. Aquel de Pamplona, este de Estella. El lote del estellés no permite, suprime discursos y niega un mano a mano entre el primer violín de Europa y la primera jaca del Mundo. Será a la vuelta.

Resulta que el primer berrendo con solo sentir, ya no los rejones, la presencia, ésta sí, de “Churrumay” atemoriza y… huye, desde luego.

Inteligentísimo, a velocidad luz desentraña embestidas y a temple pleno, en cadencia, encela. Sobre “Disparate” Hermoso tira de la doble pista tocando de pitón a pitón, del toril hacia Cuadrillas. De dentro afuera, a la tira, primera banderilla y de nuevo corta, no solo tapa, la posible salida del toro, encontrando el terreno exacto.

De ahí todo el toro viene a menos. Peor en los medios.

Hermoso tiene todo el toreo en el ser y las jacas. Tras nuevo paso de costado a dos pistas con pirueta de remate, “Viriato” en los medios obliga al berrendo y consumar banderilla. Cita de frente hacia atrás, recorta y aguanta el parón y nuevo arete en lo alto.

Sacar a “Pirata” ante el tan pobre de cara, de juego, de magnificencia, de poder astado, es demasiado. El tordo de raza azteca, devora auténticamente al pobre berrendo en cárdeno en las cortas y el teléfono.

Los pinchazos lo mismo que en su siguiente toro son nimiedad ante la suntuosidad.

Si Alameda decía bien que la clave del toreo está en armonizar lo antagónico, es demasiado poco imaginar que el lote más manso que ha tocado en suerte al navarro en La México pueda hacer buena la igualdad en esta ecuación de contrastes. Por ello, cuando el cuarto ni se entera que el caballo está en la arena y huye tras el primer rejón, la gente comienza la impaciencia, que rompe la parcial “serenidad” de la mitad de corrida.

No es para menos. Cómo guardar los papeles con algo así.

La faena de Hermoso despliega sensacional la comprensión, elección y dominio de terrenos, el cambio en movimiento y los acertijos resueltos sobre la marcha, elimina la tentación de saltar tablas, encela por dentro. Pena que el manso no conozca de ocasiones. Aun las piruetas extienden con “Habanero” la estrecha la condición del astado.

Y “Pirata”, de nuevo, sin oponente a la vista, cierra a dos manos y condona las incomprensibles fallas de su jinete con el rejón de muerte contemplando la siempre mansa muerte del toro. Menos mal, contrario a otras veces, nadie ocurre en aplaudir la resistencia del manso en la hora postrera.

Hermoso sin toros, aun así torea. Le basta un caballo como a Sarasate el Stradivarius.

Cintilan los luceros, diría Juan S. Garrido, y los faroles primeros de la noche de la Capital Mexicana alineados para la entronización de Joselito Adame, tan esperada.

Gracias a la corrida, claro, esto tampoco ocurre.

Traje de compromiso de Joselito, el oro vestido en la rojiza seda, casi terracota. Y todas sus virtudes se vierten en el afán de triunfar. Pero pese a las largas cambiadas o los lances sobrios rodilla en tierra, aun y sin extender puyazo o la espaciosa chicuelina donde se escurre el toro y el alivio de inicio por alto, rascar y frenar es el sino del berrendo.

La corrida no se viste para la ocasión. Ni siquiera lucen divisa, el más elementar avivador. No lo olvidemos.

Que no habría cambiado nada con la tan poca raza en la muleta, la cara arriba, la búsqueda por fugarse de la suerte del astado. Hasta llegar al toril. Adame se lo quita de encima tras doblarse. Gran estocada y gran descabello. Lidia dos mas, uno de regalo, pero la historia es la misma.

Aun con las largas de rodillas en los medios en ambos toros. Horrible es el quinto, el del lugar de horror. Cariavacado, zancudo, saca peligro en la muleta. Flojea y cabecea, Joselito le desdeña con su trazo macizo y perdiendo pasos, bien rematados los derechazos sobre el viento, los cabezazos y la protesta.

Sin suerte el torero, con cierto genio, sin mínimo pozo de bravura el toro.

Y al desastre menor, la mansedumbre, sobreviene la ceguera, ruina mayor.

Porque “El Payo”, que no puede hacer nada con el tercero, brindado sin mucho sentido a Joselito, descastado y roto en casi todo aspecto, se encuentra con que Gilberto Ruiz Torres le compra el cuento de que el sexto no ve.

Y esto es posible.

Solo que recuerdo a Enrique Ponce, ayer hace 12 años hacer ver a un “ciego” de Julio Delgado con el mismo Ruiz Torres, entonces asesor. El hartazgo es tal que el Juez saca de la bolsa una sustitución del astado titular y salta a la arena un astado que a pesar de lo chico, la gente soporta.

Hay que decir que su tamaño y expresión hacen vaticinar lidia mejor. La mirada no miente, dice un aficionado de Iztacalco y es toro responde, en las verónicas de Octavio bien trazadas y en el puyazo de Salomón Azpeitia donde el berrendo en cárdeno y facado, soporta y empuja. La cuadrilla trata de templar pero el toro arrea.

“Payo” tiene en la mano el triunfo a pesar del viento, toro clave.

Sin ser el soñado parece tener lo mínimo para triunfar. Típico toro mexicano.

Pero en La México a los toreros como mínimo se les exige siempre el máximo, cualitativamente. Llega en las dos primeras tandas porque el queretano templa y deja la muleta puesta. La gente al fin respira y desfoga olé contenido. Pase de pecho lentísimo.

Y el toro escarba. Pone a prueba las notas más finas de “El Payo”. Si es capaz de darlas, el toro rompe, si es capaz de templar, el toro se entrega. Pero no. En vez de afinarse, se acelera. Por ello el desarme tras el invertido y la notable baja de la faena que incluye el pase del tiovivo, dando vueltas torno al toro. Cierto que hay viento, pero tampoco excusa.

La faena no despega.

Al preparar la estocada, es verdad, alguien toca al burel, a plaza dividida. Pero García tan concentrado en ello pierde el tiempo protestando y pincha en la suerte contraria a un toro que, a pesar de que dobla contrario al final, había que matar… el único de triunfo.

El regalo de Joselito tratar de extender una estela que, mientras el torero quiera, siempre tendrá, la expectación de los toreros importantes. Sin mayor problema.

El cárdeno obscuro tiene muy poco. Tras la zapopina, ilumina la noche el ascua de la larga afarolada, al paso, con que remata. Pero el toro apenas dura media tanda. No podrá haber “Pelea de Gallos” esta vez para Joselito ni vuelta con orejas a la arena.

No esta noche, más que de corridos, de serenata, casi de romántica celebración.

Por algo Juan S. Garrido, si en el cuarto de un gran Hotel del Bajío escribió un gran corrido, en la Ciudad de México le inspiró su noche, su Castillo, la luna que sus calles esmalta, como nos dice en su “Serenata en la Noche” el vals de la Ciudad de México, digno de su noble rostro.

Eso es el Cinco de Febrero, taurinamente, una Fiesta para la Ciudad y sus huéspedes.

Como en serenata, seis veces se toca al balcón y dos más en caso de que nadie salga.

Termina el Aniversario en retirada con la mayoría cabizbaja.

Eso sí. La única pieza que no ha fallado, la invitó el ganadero y sus amigos, pensábamos que sería la “Carta Jugada” también de Don Juan S. Garrido. Quedaba.

Ha sido una canción ranchera de esas medio azotadas, La Mansedumbre, se llama.

Con esa si sale la Afición.

Y no solo al balcón, sino de la Plaza.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Jueves, Febrero 5 de 2014. Nocturna. Corrida del LXVIII Aniversario de la Plaza. Décima Octava de Derecho de Apartado. Más de Dos tercios Plaza en noche fría con terrible viento en distintos pasajes de la lidia, principalmente a partir del tercero. Mucho ambiente y gente guapa en los tendidos. Reventa descarada.

8 Toros, 8 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) primero y cuarto para rejones, el séptimo lidiado como sobrero tras devolver oscuramente al titular sexto, presuntamente por ciego. El octavo sobrero de regalo. Salvo este último, cárdeno oscuro, todos berrendos, solo quinto berrendo en negro, el resto en cárdeno. Mal presentada por chica y pobre de cara y cabeza. Alto y basto, cabezón y mal hecho el quinto que sacó peligro. Mansos y descastados los dos de rejones, el cuarto solo caminó cobijado a las tablas. Los de lidia ordinaria sin raza alguna y con sosería expresa. El sobrero séptimo ha tenido nobleza y recorrido, cierta bravura que se apagó gradualmente.

Ninguno de los lidiados saltó al ruedo con la divisa en los lomos en contravención a la tradición taurina y a lo que aconseja el arte de lidiar.

El Rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (Casaca Burdeos y Plata) Ovación y División. A pie, Joselito Adame (Teja y Oro) Palmas, Silencio y Ovación en el de Regalo. Octavio García “El Payo” (Blanco y Plata) Silencio y Saludos en el Tercio.

Destaca a caballo Mauro Prado, así como el banderillero Héctor Rojas que saluda.

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En el Pozo María Luisa – Oreja para Federico Pizarro ante débil encierro.

Gaonera de Federico Pizarro a “Rielero” de Santa Bárbara.

Flojea el encierro y con él la tarde. La falta de fuerza relega a los toros de Santa Bárbara que en su reaparición da visos del tópico de la calidad, de “dejar hacer” y el penoso dejar estar. Aun así, con un lote con francas opciones de triunfo, Federico Pizarro deja en solitaria oreja una actuación dispareja con momentos de buen toreo, mientras Jerónimo queda a merced del toro y de su propio momento taurino y El Capea mantiene su status de invitado incomodísimo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Santa Bárbara, la martir nicodemia, patrona de mineros y fundidores bautiza el hierro lidiado ayer en La México, en el día de La Candelaria.

Tres lotes con carácter de desigual. Y variopinto.

Destaca en presencia el berrendo en cárdeno tercero, muy serio por delante, que contrasta con el acapachado cuarto y el estrechísimo, en todo aspecto, castaño que cierra plaza. Un muestrario, a modo de resumen, de flojedad. Hay momentos, son varios durante todo el festejo, en que los ganaderos habrían podido, literalmente, tirar la toalla y todo el mundo lo habría entendido.

Cuando se cae el toro… van varias veces que lo referimos en la Temporada.

A cambio, es justo decir que el primero de la tarde tiene opciones de triunfo.

A pesar de su inicio, descompuesto, muestra dispuesto a Federico Pizarro, tanto de rodillas en el recibo como por chicuelinas después. Hay ocasiones que la omisión del toreo a la verónica emociona, ayer la Plaza México lo acepta pero queda a la espera de emocionarse con un toreo de mayor sustancia, no obstante el empaque del torero.

Por ello, las gaoneras aunque aplaudidas no terminan de ser redondas, Federico no puede parar por entero. Y esto tiene que ver porque el toro protesta, tal como acude al puyazo, bueno por cierto, echándo la cara arriba. Cerca del tercio ante toriles, Pizarro remata por bajo y sale andando en el remate al lance natural con el capote por detrás.

Justo a partir de entonces, el astado comienza lentamente a cambiar.

El de Santa Bárbara se resiste en banderillas, tardea a los cites. Por ello, es clave pisar el terreno, cosa que cuesta un mundo a la cuadrilla. Todo el tercio se reserva. Pero  Pizarro es inteligente, hay oficio. Lfo saca del burladero de matadores, al paso y dando los adentros, para rematarlo con perfecto cambio de mano hacia abajo.

La elección del terreno es clave. De hacer un juicio incorrecto, el astado terminaría montándose sobre el proceder del toreo, esto da la impresión de ocurrir porque Federico no encuentra distancia pese a que el toro acude de largo, perdiendo un paso, el ajuste llega y gana el derechazo en largueza.

Pero no hay continuidad al enganchar la muleta en la tanda siguiente.

En la unidad está la virtud.

Nuevo y atinado cambio de terreno, justo donde fueron las gaoneras, perdiendo el paso y trazando largo, Pizarro se entiende y el pase es rotundo, dos tandas son así. Lo extraó es que por el lado izquierdo la firmeza no llega, incluso pierde el engaño y la faena igualmente pierde en intensidad.

Lo importante es que Pizarro remonta, con el toreo doblón, bien rematado e, increíblemente, tras pinchazo y buena estocada, llega la oreja. Quizá por mayoritaria petición… y flojo criterio.

Un milagro ocurre en la lidia del segundo. Dos puyazos.

Y dos quites.

Jerónimo recibe a la verónica sin las excelsitudes de antaño cuando bajaba las manos hoy solo ha sido el molde. Hay paso atrás y sobreafectación, sin embargo el toro se emplea. Y derriba a Fermín Salinas Ortega que con tremenda gallardía vuelve para señalar un gran puyazo. Con el toro servido el tercio se viste de quites.

Pena que los toreros duden tanto. Bueno es acudir a retirar al toro del caballo pero esto es anacronismo. Pena. Jerónimo luce en la chicuelina aun siendo ésta movida en sus pinreles. Capea responde con quite combinado, lo mejor de su actuación a pesar de su remate tan deslucido y a la trágala.

La faena del diestro vuelve a tener empaque, sello, buen trazo en momentos ante un toro, con clase pero que requiere aguante. Tales virtudes contrastan con la muleta, a brazo estirado, retrasada y el ahogo de Jerónimo a partir del segundo pase de cada serie. La personalidad, hay momentos en que salva al torero, pero la grisura de su sitio, algo que aun no encuentra no termina por emocionar.

Emoción y arte, combinación maravillosa.

Solo que Jerónimo no se encuentra con la muleta como sí con la espada, muestra de ello el intento de circurret. Nueva gran estocada e increíble que la petición no creciera, Jorge Ramos tiene entonces la excusa para no dar la oreja que si en el caso de Pizarro otorga pese al pinchazo, bien habría podido otorgar aquí. Con el criterio ya aflojado.

La suerte de El Capea se corta ante el muy serio, cárdeno girón que tras inicio bueno, cambia en la muleta. Hacia lo manso el toro, en indeciso el torero.

Entonces el cuarto hunde poco a poco a la ganadería en un marasmo.

Menos mal, Federico Pizarro a oficio ganado hace andar roto por dentro al capacho. Es un lamento cada embestida, como no queriendo ir. Cada paso del toro tiene riesgo de caerse e importa del torero la capacidad de templar de tocar la cuerda correcta con la firmeza suficiente para no vacilar pero con la sutileza adecuada para no derrumbarle. Ello, lo entiende desde el inicio alternado lados, con dos firmazos de cartel.

Como el toro cae, el cite es suave y Federico liga, en lo corto y pisando el terreno, dejando el engaño puesto. Por fuera del tercio, vertical siempre emociona. Y como el toro acorta por el lado natural omite el toreo por ese perfil.

Su faena merece premio pero mata mal.

Sin embargo, su tarde, sin redondear, le hace ver dispuesto y como una apuesta renovada… veinte años después.

Cosa contraria de Jerónimo con su segundo, tan gris como el juego, espantoso del toro que sumado a la presencia tan justa del sexto, con tantas caidas, resulta difícil no considerar que Santa Bárbara queda atrapada en un pozo del cual ni la cierta movilidad del castaño rescata.

Cierto es que Capea hace un esfuerzo, mecánico y acartonado. Sin soltura o gracia, simplemente haciendo pasar el tremendo ahogo del toro que poco abona a la historia.

El peligro, la certeza de que el riesgo puede concretizar una amenaza es imperativo de la Plaza de Toros, salir como esos mineros asturianos del Pozo Maria Luisa, aunque heridos con la frente en alto cantaban a la martir patrona de su oficio.

La ganadería de Santa Bárbara, recuerdo su presentación en La México, implicaba hace tiempo una apuesta diferente dentro del ya conocido encaste.

Fuego anteriormente. Quizá estén a tiempo de que encienda otra vez.

Con la bendición de su santísimo nombre.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Febrero 2 de 2014. Décima Séptima de Derecho de Apartado. Media Plaza en tarde fría con terrible viento a partir del quinto.

6 Toros, 6 de Santa Bárbara (Divisa Azul, Rosa y Blanco) Desiguales de presencia, muy chico el sexto, pobre de cabeza el cuarto, muy serio el tercero. Interesante y noble, aunque tardo, el primero, el segundo dura poco y el resto se sumen en su debilidad y falta de casta.

Federico Pizarro (Azul Marino y Oro) Oreja y Vuelta. Jerónimo (Azul Noche y Oro) Vuelta tras Petición y Silencio. Pedro Gutierrez “El Capea” (Nazareno y Oro) Silencio y Silencio.

Destaca a caballo Fermín Salinas Ortega al picar al priemo, así como los banderilleros Christian Sánchez y Gustavo Campos que saludan a tercero y sexto, respectivamente.

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Sencilla y Sobrada Sentencia – Doble Arrastre Lento para Doble Joya.

Derechazo de Saldivar a “Enamorado” de La Joya.

Al borde del colapso, el cartel juvenil de Sánchez, Saldívar y Silveti vuelve a las andadas vividas en Provincia el año pasado pero esta vez contando con tres toros de plenas opciones para el triunfo de La Joya. En pleno agotamiento Diego Silveti encuentra de nuevo otro toro bravo, el segundo en esta Temporada, sin que llegue el triunfo o la esperanza. Con un lote de amplio talante Arturo Saldívar suma solitaria oreja mientras que Juan Pablo Sánchez acarrea preocupante letargo sumado a la pésima suerte de estrellarse con dos inválidos.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Sopla el viento y el frío llega en audible espiral que hace prever que la tarde en La México añade una circunstancia adicional con la cual lidiar. Se es torero, se es aficionado para eso y más.

Decía “Don Dificultades”, realmente no se fabrican toreros, se fabrican idolillos.

Así, el cartel juvenil de la convergente inicial del apellido de cada actuante queda en el solitario tercio de aforo, a fuerza la gente a la Plaza no entra. Aun contando con un encierro atractivo, el encaste español de La Joya. Lo extraño es que se “cuela” un toro con el hierro de El Junco, el tercero. Su altura y feo tipo, su expresa falta de fuerza y casta, hacen que el brindis general y la esperanza en Diego Silveti dure un suspiro.

Se cae la Fiesta cuando el cuarto, el 42, negro y alto, larguísimo y astiagudo, derrumba el temple de Juan Pablo Sánchez que no es suficiente para mantenerle en pie. Desespera el hidrocálido que, a sabiendas que el burel es débil y está descoordinado, comienza doblándose y luego al perder pasos tocar tan brusca y desasosegadamente que el burel se rinde… y lo apuntillan. Sánchez regalaría aun uno más débil.

Silencio y aburrición en dos turnos que parecen llevar la tarde a pique.

El inicio y el final de la corrida hace ver a esos turnos intermedios como un valle donde la ganadería ha podido levantarse. Anunciados casi todos como cinqueños, comienzan con un castaño, serio por delante, acaramelado, algo destragado, con el que Sánchez se entiende a la verónica, aun con ese paso atrás y la punta de la pierna de recibo levantada, el hidrocálido baja las manos y se gusta en el remate en los medios.

La inyección de “Nono” Cobos vislumbra que el temple del torero debe resanar esfuerzos, cuidar al burel que declina, conste que Alejandro Prado sostiene con alfileres el segundo tercio y que Campos se templa para saludar tras banderillas. Y Juan Pablo que inicia arriba trata de impedir que se esfume la fuerza de “Flor de Loto” que anuncia una ya evidente flojedad.

El temple es lo que a al toro bravo torna en noble, al manso en bravo y al débil le hace recuperar fuerza, lo que encela y, muchas veces, elimina el calamocheo o la forma de puntear el engaño, como pudo ser este caso. El diestro hidrocálido lo consigue por momentos, pero el remate de los muletazos, salvo la primera tanda, es irregular.

Lo mismo con la izquierda, a veces le alcanza la muleta al final y esto condiciona.

Pese al sabor y empaque de sus derechazos la obra queda en armazón, no en la rotundidad suficiente que demanda la Plaza México que no perdona el enganchón al final de cada pase al inicial temple. Más, cuando Sánchez pincha. Todo queda en saludos en el tercio.

Entonces, el oscuro castaño, aldinegro de capa y astisucio de cuerna, de intrigante misterio, trae consigo dureza, pelea y amenaza al deshacer el remate de la larga cambiada con la que Arturo Saldívar le saluda. No puede Saldívar lancear con gusto, apuradamente remata y Carlos Domínguez Márquez señala nueva inyección que pone en duda si, acaso, hace falta un segundo encuentro.

Que incluso en banderillas se siente que aprieta el astado.

Así, Saldívar tira del toreo por alto, consiente y el toro vuelve pronto al grado que le obliga a perder pasos justo cuando le enganchan y sopla el viento, muy fuerte quizá. Opta por el tercio. Ahí crece con la derecha en un momento en que se queda quieto. Luego por izquierda corre la mano y la gente responde pero no repite, se va a los adentros y casi termina entablerado con la mano derecha a lado de matadores.

Optando por el toma y daca, Saldívar emociona pero no cautiva. Vuelve al arrebato y olvida que su izquierda parece dictarle al toro el camino. Cambia naturales por dosantinas alguna enganchada, más valor que temple, menos serenidad y mucho afán. Así las cosas el pinchazo enfría la euforia.

Tras el derrumbe de los turnos intermedios, el encendido colorado ilumina la esperanza, incluso pese a su extraño tranco que hace temer en algún momento que la lo del cuarto se repetirá. Más cuando dobla contrario en varas y trata de huir, no obstante, mete la cara cuando le para la cuadrilla. Saldívar, consciente de esto consiente por chicuelinas y gira airoso para con serenidad rematar con hermosa y lucida rebolera.

Y el toro crece.

Justo cuando la concurrencia dicta el veredicto al encierro y la impaciencia crece, el colorado aprieta a Diego Martínez, incapaz de bregar largo y produce salida al tercio de Gabriel Luna que alborota más el ambiente. Siempre atento a la reacción de la multitud que le impulsa, Arturo pega en los medios pase cambiado para abrochar después con remate arriba del que “Enamorado” sale descolgado en aptitud a embestir.

Entonces, la distancia, la emoción del viaje del toro hace que Saldívar, dando y brindando sitio, el cite de largo, hermoso embarque y la tanda con la derecha sean de escándalo. Toda la aurora roja del burel gira entre el mar nocturno de la seda e iluminado por la plata del bordado, cerrado al fuego del cambio de mano y el pase de pecho rotundo y grana como su corbatín y faja.

Ahí queda el toreo con la derecha, a compás desgranado, lo mejor de la faena.

Pero tras nueva arrancada de tercio a tercio, con el viento que sopla, Arturo Saldívar tira luego de correr la mano con la derecha,  del efecto especial de la capetillina en el comienzo del declive artístico de la faena. Porque a pitón izquierdo, con el viento, en los medios, tremendo en su tranco y largo en su vuelta rebasan, hay que decirlo, la intención de mandar del hidrocálido que insiste hasta el hartazgo con la derecha que resiente el astado, la brusquedad y la intromisión en su terreno.

Aun en la siguiente tanda donde aun con la derecha deja el trapo puesto y liga. Pero invade Saldívar el terreno en lo corto, sin poder ligar al natural. La gente se alborota, sí se suelta el pelo. Pero queda la duda de haber visto esta faena en los medios, con la izquierda y sin viento, que entre tantas “S” se les olvida la “Z”…

La de cobrar.

Que no llega, el toro que pierde tranco no temple entrelazado en derechazos y nueva capetillina previo a, otra vez, cambiar el pase fundamental por las dosantinas y la gente revienta. Las joselillinas, emocionantes, dejan al toro servido, pero elige la suerte contraria y el doble pinchazo. A toro descolgado, detalle genial, sin muleta liada, descabella y la oreja justa… sabe a poco.

Nótese el gesto de Arturo. Miradas que dicen todo.

Arrastre lento, muy despacio, alto en ovación y digno en recuerdo. Faena de oreja, toro de dos.

Y queda el jabonero, a lo Rómulo Gallegos, “Cantaclaro” lo han llamado, “¿Quién se atreve a replicar?” El llamado lo toma Diego Silveti y solo alcanza a recortar de modo genuflexo sin parar del todo al claro astado al que el puyazo prolongado, enciende.

En la brega Diego Bricio trata de mandar sobre el toro pero este aflora su casta. Christian Sánchez pasa en falso, le festejan, y aun tocado lados clava para que sea ovacionado, incluso pese a una salida accidentada de la suerte, las palmas se baten y dejan la cosa caliente previo a que Silveti tome el centro del ruedo y trace a la larga distancia el derechazo que alborota de inicio pero…

Conforme pasa la faena, el toro que se atempera por los muletazos iniciales y el torero que no alcanza a imponerse con su brazo tan atado, no llega la imposición de ritmo, la creación de formas, la plena armonía. Solo decir que al natural, una suerte en la que Silveti no ha progresado, el jabonero se queda con mucho que torear y sobre todo estrellado con su mala suerte.

Basta ver la muleta embarullada entre pase y pase, que no se cuadra. Y no más.

La “S” real del cierre ha sido la herrada en el costado derecho del jabonero, la simiente. Que no miente y que sentencia la realidad, donde no basta nombrarse. Ni tampoco un poco de mercadología.

Porque el arte más que un decir es un hacer.

Una sentencia los toros siempre ponen a prueba.

Y que muchas veces en la sentencia, condenan.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Enero 19 de 2014. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Un tercio de Plaza en tarde fría con viento muy molesto para la lidia en diversos compases, algunos fundamentales, de la lidia.

7 Toros, 6 de La Joya (Divisa Turquesa, Amarillo y Blanco) el tercero con el hierro de El Junco. Variopinta y dispareja de hechuras, varios con seriedad en sus cabezas. Inutilizado el cuarto tras descoordinarse por completo y echarse, bravo en el último tercio el colorado quinto, con casta y poder es su embestida, así como el jabonero sucio sexto, con nobleza y recorrido por ambos pitones. El tercero, áspero y fiero tuvo emoción desde salida. Débil aunque noble el primero, puntea en el último tercio. Terrible el tercero, sin casta ni fuerza, Inutilizado el cuarto en el último tercio. Y uno de Vistahermosa (Divisa Guinda, Oro y Blanco) lidiado como sobrero de regalo, chico y con cabeza, débil y sin mayor fondo bravo.

Los lidiados en quinto y sexto turnos fueron homenajeados con el Arrastre Lento. 

Juan Pablo Sánchez (Teja y Oro) Fuerte Ovación con Saludos, Silencio tras inutilizarse el cuarto y Silencio en el de Regalo. Arturo Saldívar (Azul Marino y Plata) Ovación con Saludos en el Tercio y Oreja protestada. Diego Silveti (Verde Manzana y Oro) Silencio y Silencio.

A la brega destacaron Gustavo Campos. Saludan Gabriel Luna y Christian Sánchez tras banderillear.

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La Rígida Exigencia – Repunta Mario Aguilar pese a Nueva Mansada.

Mario Aguilar en el pase contrario por bajo con la zurda.

Parece que el constante fiasco de Carranco se convierte lamentablemente en una tradición anual donde la que sufre y paga los platos rotos es la Afición. Espantoso lote del confirmante Leandro echa a perder todo intento tarde de ceremonia. Desigualdad de Jerónimo que corta oreja ante el único astado con posibilidades pero sufre ante la exigencia de su segundo. Mientras Mario Aguilar vuelve a mostrar lo infravalorado de su toreo, recio y artista.

Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA.

Seria, sin concesión o contemplación alguna, con absoluta seguridad de su poderío como artista, Amalia Hernández Navarro supo siempre que su éxito habría de requerir la constante que haría a sus creaciones en movimiento, a su interiorización en la tradición de la danza mexicana, nunca fallar.

Constancia y disciplina.

Dice la crítica extranjera, su gran cuadro de danza con todos los años del mundo permanece joven.

El encierro ayer, casi todo, por su presencia, el tipo de sus astas e incluso sus reacciones al salir al ruedo, trae a la mente el primer número de “Las Navidades en México” del Ballet Folklórico. Ahí, un conjunto de máscaras cornudas similares por sus cornipasas defensas, casi iguales por lo estrechas, a las de los toros Carranco, representan la maldad previo al alumbramiento y al arribo de San Miguel Arcángel.

Al que incluso hieren, teóricamente.

En los toros el peligro ha de ser práctico, expreso, real, material. Decía Curro Cúchares al actor Julián Romea aquella “tarde negra” del sevillano desde el callejón, “Esto no es como lo suyo, Don Julián, aquí se muere uno de verdad y no de mentirijillas… como el teatro.”

Hay un momento de sumo peligro cuando el cárdeno claro segundo estrella contra las tablas al confirmante Leandro. Ocurre al intentar picar al astado que distrae, se va del envite del caballo y topetea al vallisoletano que no puede quitarse, ni tampoco las cuadrillas -había cuatro capotes más el del tercer espada- consiguen cortar al toro cuya tendencia a tablas es expresa.

Menos mal el cornipaso pretende meter más el hocico que los pitones.

Jerónimo intenta lancear de salida pero el toro desluce la suerte, llegan parones a pies juntos y remate que no se consuma por enganchado. El diestro poblano, de la Sierra, eterna esperanza taurina mexicana, mantiene su empaque en ese remate a una mano y al paso con el capote, solo que su falta de ritmo es expresa.

El astado, flojo y con tendencia mansa acentuada con el hocico abierto y la mirada escurridiza, es corto de trapío, su presencia no despierta mayor admiración, sino la preocupación de que no se caiga.

Hoy los toreros cuidan al toro. Antes se cuidaban de él.

Entonces Jerónimo ha de devolver las fuerzas que faltan y eliminar protestas con temple, sutileza pero a la vez firmeza, como la danza cuando es buena, el toque justo a fin de no violentar al toro tras inicio alternado.

Con la derecha el cárdeno cae y obliga al torero encontrar toque exacto a la intensidad precisa.

No más, no menos.

Por un momento parece entenderse pero pasan dos derechazos y el toro o engancha o se frena. Por momentos, en los medios, le hace pasar con la derecha pero la muleta queda en la distancia suficiente para no mandar o ligar sin ahogarse el siguiente muletazo, ahí está la esperanza.

Hay buen trazo en algún momento sin ligazón u hondura que Jerónimo apunta y que brindaría su toreo más genuino. Pases limpios los primeros pases de cada tanda que se van con el toque brusco, pese a lo compuesto de su planta, su encajada barbilla y su cintura quebrada.

A cada toque el toro responde cabeceante y deslucido.

Tira del artificio, afarolado e invertido, algo movidos.

Breve intento con la zurda descubre el tranco aun más largo del toro pero Jerónimo queda en pedacería que compone el centro de la suerte sin enlazar o permitir la alianza plena por pitón izquierdo. Se va derecho, muy decidido y encuentra una gran estocada que empuja la situación, toro espectacularmente derrumbado, hacia la oreja.

En el cuarto se diluye el triunfo del primero ante un toro más serio y demandante de poder, del chicote, del latiguillo que habría bajado ínfulas al negro astado que hace verle en apuros y con preocupaciones que terminan con media que fulmina el turno.

El toque intacto de Mario Aguilar marca diferencia con el tercero, otro estrecho y alto toro, corto y negro en su capa y, como veremos, negro en su fondo. Aguilar trata de templarse a la verónica pero cuesta trabajo con tantas manos por delante del astado. Las navarras del quite tienen tino y ritmo, gira en los medios naturalmente y la Afición responde.

Alinea su tranco el torero, tan necesitado de acariciar la embestida.

Gira y en el tercio de banderillas, Alejandro Prado lo borda pareando, quizá la ejecución mejor lograda del segundo tercio en la tarde y Felipe Kingston, colmillo largo y templado, conduce a la brega sosteniendo la leve esperanza en el Carranco. Y en el propio Mario que a dos manos comienza y brindando aire, tira del toro por la derecha, se gusta y gusta, vuelve al centro de la suerte, todo templado y remata torero.

Decía Amalia Hernández, la danza es “expresar profundamente, con todas las cualidades que uno tiene, tanto materiales, como intelectuales y anímicas algo, lo mejor posible, lo más perfecto”. Pleno en la expresión de su arte, en los medios, a luz menguante, enreda Aguilar molinete a compás abierto al grado de cambiarse de mano cadencioso y salir airoso trastocando el ánimo de la gente.

Que hasta le grita, “¡Artista!”

Transforma la embestida del astado incluso con la izquierda, perfectamente alternado y trazado el perfil natural. Crea la emoción y recrea el aire en el cite por alegrías, arriverado, como si del arte de Terpsícore se tratara, pena que el carranco, en plena aflicción porque la muleta manda, en plena huida rompa la lidia, el arte de Cúchares, y designe no seguir más.

Justo cuando el derechazo crecía de nuevo.

Cosas de manso.

Entonces Mario opta por castigar abajo para buscar el camino de la igualada. Hay un  ayudado por bajo con la zurda de asombro. Entera caída, sobre todo tendida, retrasa la entrega del astado hasta el doble descabello que difumina la posibilidad del triunfo que realmente obtiene, porque en la mente y en el corazón Aguilar aun late. Fortísima ovación en el tercio.

Se muestra torero con el espantoso sexto que no ha tenido, por incapaz de sostener ya no digamos la bravura, sino la fuerza, el esfuerzo de la lida. La gente pide regalar pero no hay condiciones. Será necesario verle, en la vuelta.

Que ha de ser pronta y resuelta.

Leandro confirma, su terno nos recuerda a otro de Valladolid, David Luguillano.

Pero otra vez, el toro de la ceremonia se queda corto pese a que en los lances le ayuda el torero, lo mismo que en las chicuelinas a compás abierto y el precioso remate a pies juntos pero a la hora de la verdad el toro no responde, se niega a embestir porque no tiene casta y sí mucho acortar la embestida.

Pese al desarme Leandro se muestra entendido al cruzarse y citar a media altura pero el astado va para atrás y, tras gran tanda con la derecha, termina su brevísimo fondo bravo. Luego, tras el arropón reseñado, el quinto le dura aun menos que el primero vuelve a estar valiente pero la decepción le lleva a regalar.

Peor aun.

El cornipaso sobrero tiene tan poco dentro que acaba refugiado en la tronera del burladero de la Porra, atrincherado y defendiéndose antes incluso de que Leandro tome la espada. Imposible torear así. A Carranco por alguna misteriosa razón, lleva años así, se le reventó el barzón y… sí, sigue lidiándose.

Recuerdo, hace tiempo ya, que el Ballet de Amalia recreaba un número donde a modo de corrida, se desafía a un bailarín con disfraz de cornúpeta mientras sonaba “El Zopilote Mojado” Claro, la danza refería un cuadro taurino, sin que se pusiera en duda, por tener la Fiesta Brava un origen español, la mexicanidad de la creación.

Hoy hay cosas, tanto en la danza como en el toreo que se tienen olvidadas.

Será porque, según Doña Amalia, “Es un problema de los que nacen aquí. Tienen mamá muy consentidora y quieren que yo también sea así… pero hay un límite en el arte. Porque el arte es disciplina, rígida, que cuesta mucho trabajo… pero yo tengo un chicotito espiritual.” Remataba la gran maestra mexicana.

Ese rigor, nos hemos llenado decirlo, el “chicotito que da en las patitas” de Amalia Hernández, el que no consiente y no hace mutis cuando algo no anda bien.

En la Fiesta anda algo olvidado pero ha devolver, es necesario.

Como esperamos vuelva al Ballet Folklórico de México, pronto, “El Zopilote Mojado”

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Enero 5 de 2014. Décima Segunda de Derecho de Apartado. Menos de un cuarto de Plaza en tarde fresca sin viento.

7 Toros, 7 de Carranco (Divisa Rojo, Blanco y Plata) El séptimo lidiado como sobrero de regalo. Desiguales en presencia y tipo. Justo el segundo. Serios cuarto y séptimo. Faltos de fuerza y descastada en lo general, manso el de regalo. El segundo ha tenido recorrido pese a sus constantes protestas con la cabeza. El tercero se apagó en cuanto fue exigido.

Jerónimo (Azul Rey y Oro) Oreja y Silencio. Leandro (Salmón y Oro con remates negros) que confirma su alternativa, Palmas tras aviso, Silencio y Silencio en el de Regalo. Mario Aguilar (Burdeos y Oro) Saludos con fuerte ovación en el tercio y Leves Palmas.

El segundo espada confirmó su alternativa con el negro “Revenido II” número 31 con 474 kilogramos.

A la brega destacaron Sergio González, Felipe Kingston y Alejandro Prado con primero, cuarto y sexto, respectivamente.

Saluda Christian Sánchez en el quinto turno. Pica bien a primero Gabriel Meléndez hijo

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A Bayoneta Calada – Nueva Salida a Hombros de Joselito Adame.

Derechazo de Joselito Adame a “Curioso” de Barralva.

Se impone la seriedad, se impone la emoción y el toreo bueno, al menos en un turno. Triunfa modélica e indiscutiblemente la causa torera de Joselito Adame. El encierro que no rompe totalmente remata con un toro bravo, homenaje incluido, que acarrea la mala suerte de no ser toreado e inmortalizado a cabalidad con estrellón de Diego Silveti. Pinchazo impide a Arturo Saldívar sumar una oreja en medio de lo que, por momentos, muestra la forma y patrón a seguir para la Fiesta en México.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Se va la tarde de la espera, la de la “Revolución”.

Diría Don Federico, “colgada a un hombro” como la larga torera de Joselito Adame que remata el quite al cuarto de lidia ordinaria. Ese toro 12, que gusta anteriormente, refleja el tan cantado encierro: fuertes por fuera, pero… faltos de remate por dentro.

Fieles a su encaste, del turno segundo al quinto, duran poco en el último tercio por distintas causas: falta de fuerza o casta, dos de ellas. Fachada tienen, no la que anuncian las fotos que ya en la Plaza venden menos de lo que ofrecen, incluso dos, más cerca del sexto que del quinto año de vida, brindan juego lamentable.

Pero justo es señalar dos excepciones que ponen la Plaza en efervescencia.

La primera abre lidia ordinaria.

Por sí mismo, es un hermoso espectáculo nombrado irónicamente “Curioso” Negro, enmorrillado, largo, alto, hondo, de reunidos pitones y que arranca a Joselito Adame el capote al intento del primer lance, atención, por pitón izquierdo. Ajusta el procedimiento. Lances a pies juntos trazan el radio que une en los medios lo que inicia en tablas. Remate torerísimo.

Luego la pelea en varas, dura y prolongada, con un solo pitón, antecede a campo abierto la airosa chicuelina en cuyo remate, tan cerca y a compás abierto, Joselito estremece a la multitud al cerrar con rebolera por pitón izquierdo donde el barralva mantiene la horizontal y gana en la extensión de su inicialmente reducido tranco.

Decisión formidable no banderillear.

Juan Ramón Saldaña aplica la media altura y la sutileza que incluso encelan al astado cuando Héctor Rojas, destacado de nuevo, sale de la suerte por pitón izquierdo de manera perpendicular y “Curioso”, con las tablas de frente, empuja sin que Diego Silveti corte el viaje, previamente.

Hay la tensión que brinda la emoción dramática en la Plaza cuando aprieta el astado a Sergio González intenta el par siguiente que queda en nones. Rojas cierra por ese pitón, con templado par que deja las cosas calientes con la nueva salida al tercio del banderillero hidrocálido y la gente encendida de expectación.

Brindis general. Adame inicia en las tablas a pies juntos, la embestida se eleva en la tarde que declina con el toreo por alto en un pequeño palmo. Tras distracción inicial, el toro se enciende con el engaño puesto y estándole cerca. Perfecto el de la firma que rubrica el tremendo inicio hacia las rayas, pase de pecho incluido.

Comienza una tremenda pelea. Con el astado que no se deja, en el tercio por fuera de la segunda raya, Joselito manda, pisa fuerte y lleva largo. Pronto pero templado, el de pecho con la izquierda tras cambio de mano resulta corto pero rotundo.

Puesto siempre el engaño, quieta la planta, sostiene la suerte girando sobre la pierna derecha en nuevos muletazos diestros con fuerza de expresión y unidad compositiva que trae consigo la acometida del burel y el sometimiento de su toreo. La México corea fuerte, secamente, con el corazón siempre en la mano. Vitolina al paso y el cambio de mano por la espalda traen el toreo con la zurda, breve aproximación.

Adame solo obtiene un muletazo completo previo ayudado por bajo enganchado y desdén poderoso. Entonces, de nuevo, afuera de la segunda raya, cambiando la intención del burel de entablerar, José logra dos nuevas tandas derechistas de emoción tremenda con justeza en el trazo siempre largo, siempre al frente y delante del toro que comienza a pensar demás, de lo cual toma nota el torero.

Demasiado cerca de tablas, se lo juega en las manoletinas, incluso en el exceso de la cuarta y el inverosímil envite de dentro a afuera justo cuando es prendido. Todo el rigor del astado castiga al torero que es enganchado en el pecho. Milagrosa salvación, providencial rendición de Joselito que regresa al ayudado por alto, una locura y la estocada magnífica en la suerte contraria y al volapié. A bayoneta calada.

Y a lo Pablo Neruda, de esperar cuando no espero pasa el corazón del frío al fuego.

Una oreja basta para la faena ante la falta de toreo con la zurda. Pero justo es decir que la estocada trae por sí misma una oreja. Para Jorge Ramos no es así y da las dos de salida sin homenajear correctamente, a nuestro juicio, al toro por esa tendencia a las tablas. Corrido en la vuelta… cuándo entenderá la Banda.

Y el encierro a pique.

El segundo es una alimaña que no desarrolla a más porque Arturo Saldívar, siempre inteligente y mandón, valiente y capaz, no se traga la finta de que el espantoso atanasio no ve. Es demasiado buen torero para saber y conocer este encaste al grado que hace al público recobrar fuerza emocional. Hace pasar al toro al natural, le encela por la derecha, todo en los medios, le desdeña por alto, luce tremendo… pero lo mata mal.

Es de vuelta al ruedo, pero a La México le falta, a veces, algo más de propiedad.

Con el quito, tras estrellón de su cuadrilla previo al inicio de faena, tras cambiar tanto el tranco al inicio en lo medios, éste se desploma al grado de doblar contrario a toriles, patada incluida. Nada que hacer. Lo mismo que Joselito al cuarto, que dura un segundo y ante el cual, tras bellas navarras, se dobla sensacional antes de pinchar.

El encierro rasca, sosea, dobla contrario, incluso el segundo apunta al hombre de los vasos rojos en el Callejón. Menos mal se queda en las tablas porque se temía lo peor… todo sea por seguir diciendo salud entre troneras y burladeros.

Y esa estela la tiene el tercero al que Diego Silveti a punto está de hacer romper desde la gaonera hasta perderle los pasos, pero el que también se quiebra la casta hasta la sombra de la ignominia.

Pero queda el castaño, “Farolero” nombrado y marcado con el número clave, el siete. Confirma lo que de él se espera. Hay una vieja leyenda que indica que, si es atanasio y es castaño, puede embestir. Pues al Mago de Campocerrado, a Don Atanasio Fernández Iglesias ese pelaje no le gustaba. A la vaca castaña siempre la exprimía.

Si pasaba, recuerdo a “Antoñete” decirlo, era de escándalo. El de ayer lo ha sido.

Pero a la verónica, Diego adelanta la suerte.

David Vázquez, cosa rara, tampoco está atinado en varas, el toro se escurre dos veces hacia la grupa y le pica retardadamente. El astado tiende al toril. Al menos, al tercio frente a la Puerta de los Sustos. Por eso, atinadamente, Silveti sin mayor prueba va a los medios para conseguir tanda derechista rotunda, larga y emocionante, rematada con el de pecho y a la salida, el desdén.

Viene una sorpresa, el toreo con la izquierda de Diego deslumbra por largo, por la muleta puesta y diáfana, justo ahí ese pitón muestra tremendas posibilidades en plenos medios, en el sitio donde el castaño crece. Pero la vuelta a la derecha, no obstante la tanda trae emoción, muestra el camino andado al toro, el del toril.

Y Silveti se encuentra, por tercer año seguido, con otro toro para encumbrar pero la mano no fluye. Al contrario, se ve desbordada al grado de aplicar la del tiovivo, vueltas y vueltas en torno al burel y no el toro en torno a él, a donde dicte su mano.

Recuerdo a su apoderado hace casi un año en una reunión de periodistas, “el momento actual de la ganadería en México no se encuentra a la altura de la nueva generación de toreros mexicanos” Mal ha sido, tras los trincherazos ya en los adentros frente al toril, comprobar que el pitón izquierdo se va inédito, amarrada la zurda que queda en evidencia tras las joselillinas por ese lado.

Pincha. Luego, tras desamarrarse la izquierda alcanza a relajarse al natural… increíble, tiempo perdido. Se le escurre la suerte a Diego en el sorteo que juega a la contra del toro, homenajeado con el merecido Arrastre Lento.

La Plaza México ha vivido en el tópico del “toreo que gusta” del toro que se deja o se presta o colabora… y varias otras tropelías.

Pero llevamos dos semanas seguidas, con dos toros de dos distintos, para algunos distantes, encastes que brindan emoción trágica.

Si esta es la Revolución, la coexistencia de varios encastes, en la cuerda siempre de la emoción y el toro serio, que bienvenida sea.

Que siempre perdure y que siempre prospere.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Diciembre 1 de 2013. Séptima de Derecho de Apartado. Más de dos tercios de Plaza en tarde fresca con cielo absolutamente claro de inicio y leve viento en el segundo de la tarde.

1 Novillo de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) para rejones. Mal presentado por estrecho y escurrido, se empleó ante las jacas, protestón ante las telas. Y 6 de Barralva (Divisa Celeste, Rosa y Canario) Desigual en presencia, cariavacado el segundo. Destaca el primero de la lidia ordinaria, “Curioso” nombrado, bravo y emocionante principalmente por el pitón derecho, difícil y con menos recorrido por el otro lado. Fortísimamente aplaudido en el Arrastre. Igualmente, el castaño sexto, “Farolero”. nombrado. No. 7, castaño, bocinero, ojo de perdiz, bravo y completo por ambos pitones en la muleta, no obstante intenta repuchar en varas, homenajeado justamente fue con el Arrastre Lento. Peligroso el segundo y el resto flojos y sin casta. Manso y gazapón el quinto.

La Rejoneadora Mónica Serrano, Bronca tras dos avisos. Joselito Adme (Botella y Oro) Dos Orejas y Palmas. Arturo Saldívar (Turquesa y Oro) Saludos y Silencio. Diego Silveti (Celeste y oro) Silencio y Divisón.

El tercer espada confirmó con el toro número 625, “Recuerdo” nombrado, alto y negro.

Destacaron a caballo Carlos Domínguez Márquez al picar al quinto A la brega muy notable Héctor Rojas, Juan Ramón Saldaña de la cuadrillas del primer y segundo espada. Saludaron en el tercio Christian Sánchez y Héctor Rojas. 

Apostilla: No se escapa la presencia, incómoda, de la Rejoneadora que abre festejo. Por respeto a la Afición, incluso a la propia actuante, señalamos que ha tenido una presentación desafortunada y poco preparada. Esperamos no repita.

Lance a la verónica de Diego Silveti al castaño “Farolero” de Barralva.

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Radar Taurino – La Tentación de la “Revolución”. Cartelazo en La México – Adiós a Pepe Nieto.

La terna en Barralva, ¿Historia en creación? El Lunes lo sabremos.

La actual Temporada Grande se juega la última carta para afianzar su trascendencia en la historia en este primer domingo de Diciembre. La jugada que puede levantar la flojedad casi general de estas primeras corridas tiene la esperanza en el encierro de Barralva que coloca al cartel a la puerta del frentazo o de la gloria. Anunciado como “Revolución Taurina Mexicana”, la cuestión será saber si tal Revolución solo queda en mera, siemple y tentativa… revuelta.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Se supo a principio de semana. Tira el guante Barralva y… no lo recoge La México.

Lo recoge la Afición y, péseles o púnceles, las redes sociales, “incomodísimos” foros electrónicos donde los hechos corren a impensable velocidad, donde el rigor es crudeza.

Buena parte del taurinismo las evita. Lo hacen a temor sabido y mala fe guardada pues como “no se puede hacer periodismo (sic) en ciento cuarenta caracteres”, reza uno de los mandamientos de la medianía oficiante. Hay que evitarles a toda costa. En las redes sociales se pierde de vista que el público se manifiesta tanto o más que en la Plaza pues en la red la cosa es personalizada, o sea, cualquier expresión es aun más cruda.

Peor todavía para aquellos que por temor –o ignorancia- le desprecian.

Resulta que lo que más promueve la corrida desde el lunes, más allá del esfuerzo palpable de las administraciones, son las fotos de los toros en el campo.

Publicadas en lo electrónico, hacen el festejo no solo una corrida sino un evento, mucho más grande de lo que sospechamos, es decir llega más allá de lo taurino. Lo que descarta la Empresa, a pesar del clamor de su clientela, abona en traer un mejor resultado, La ganadería da el paso adelante que habría sido mayor de haber tenido la vista del corral proporcionada por la propia Plaza.

Lo bueno es que a Afición, al menos por unos días, vuelve a ponderar lo más importante en toda corrida, los toros. Y aquí vale la pena detenernos.

Hace siete y medio años, Barralva lidió el mejor encierro de la década pasada en una tarde de abril, en la mal llamada, Feria Torista. La famosa corrida de “Don Palillo” trajo adicionalmente tres toros de tremendo compromiso y presencia. Seamos claros, es muy difícil que tal desencadenada y tremenda historia se repita.

Muy difícil.

La presunción de la historia indica que una corrida tan brava, tan rotunda en su juego pero igualmente tan seria en su presencia, tiene menos opciones de repetir un triunfo en una Plaza como México. Ejemplo. La histórica corrida de San Martín en Cuatro Caminos, en 1994, tan fervientemente brava, tan exigente, tan agradecida todos los turnos, marcó un hito y la difícil hazaña de superarla en un escenario de tal categoría.

En esos términos, la tentación es igualmente grande.

Por ello hay que apostar por Barralva, como decía el gran Oscar Wilde, la mejor forma de evitar la tentación es caer en ella.

Quizá, solo es una esperanza, puede ocurrir con Barralva lo que ocurrió con Pastejé en 1946, que logró en La México parte de la apoteosis de Enero de 1943. Y coinciden en algo ambos hierros, la procedencia española, completa por parte de Barralva, incompleta de Pastejé. Vientres la diferencia.

De 1939 a 1997, de 1943 a 2006, el “nuevo” Campo Bravo Mexicano se juega hoy algo más que lo que hasta ahora ha sido un afortunado experimento, está en juego saber si en definitiva, la mera teoría genética, el sueño de varios ganaderos de más de quince años cristalizará su sonido en el orfeón más grande del mundo o podrá ejecutar su drama en el gran teatro de lo real y de lo inesperada, la Plaza México.

Me gustan 12, 18 y 7. Predicción o premonición. Cada segundo, diría Rómulo Gallegos, un azar magnífico tira los dados girando y golpeando el destino de cada diestro.

Sobra Mónica Serrano. Así de simple e igualmente así de claro.

La amadora –novillera a caballo- no tiene base para estar pero, dijimos en la crónica del lunes, a lo Miguel de Unamuno, ser es nombrarse. El nombre la tiene abriendo plaza.

Dos triunfadores de esta Temporada. Dos de los rabos más recientes en La México. Tres triunfadores de Madrid y tres de los nombres y hombres que conforman la revuelta taurina que puede acabar hoy en revolución, son el cartel de esta tarde. Anunciados como “Revolución” es posible que su presencia y combinación cuestione un régimen.

O sea solo un ardid publicitario.

Nuestra generación ha cuestionado y criticado, desde política, impuestos y, claro, toro. Pero parece que es la generación que viene, que ya está aquí, es la que cristaliza esa crítica, la que cambia el paradigma aceptado con resignación por la generación anterior y cuestionado por la nuestra, pero modificado por los nacidos de ‘88 para adelante.

La terna enfrenta un encaste que conocen, que dura, en comparación a lo imperante, un instante, pero puede que sea instante de gloria, de cambio.

Por eso, si Diego Silveti ha de dar el paso adelante, mostrar soltura y no acartonamiento de brazos, es hoy el día para mostrar suficiencia técnica no solo raza, no quedar a mereced sino hacer que su verticalidad y su clase, sean diferencia.

Diego, conoce a fondo el compromiso que tiene, conoce la escena, el brillo del reflector no lo marea, será elemento fundamental que mientras no esté toreando, esté en la corrida. Esos tres largos turnos, en su conversación con sí mismo, previo a su primer lance son fundamentales.

Y esa gaonera que intevenga en quites que traiga fuego. Y esa mano derecha… Ojalá.

Los aficionados hidrocálidos no tienen pretexto. La Plaza México les ofrece lo que su plaza les niega, una corrida seria. Y empalma hace con el torero que desde el momento que confirmó en la Monumental ha pisado en serio y ha superado sus propios obstáculos. Joselito Adame tiene el público en el puño y el toreo en las muñecas.

A sangre y fuego, a temple y donaire… a compás y sinfonía, a mando y poderío… Joselito, el hidrocálido ha llegado antes de sus primeros diez años de alternativa al sitio en que muchos en la historia han tardado años. Hoy, más que nunca, importa asegundar, mostrar que lo de noviembre, ante el toro noblón, no ha sido espejismo sino premonición ante el toro, teóricamente, de mayor poder.

Joselito Adame nos hace recordar que el arte, según Wagner, es la obra total, dominar todos los toros a partir de dominar todas las suertes, lo íntegro, lo integral y lo integrado, pero también puede torear bien, como a muchos gusta, como para volver loca a una plaza como La México.

Ha de venir, además, a borrar la estela de aquel castaño, tan parecido al número 7 de Barralva también y que tantas dudas dejó en 2012. Si Joselito mantiene –lo más complicada en toda actividad- su estado taurino, su categoría, quizá estemos a la puerta de un insospechado alumbramiento. Y no exageramos.

La cosa está no solo en decirlo… sino en hacerlo.

“Y la apuesta fue…”, diría el Tenorío Taurino del “The Kon Leche” de hace cien años. Decimos de Arturo Saldívar, el  torero que más despuesto está apostar y arrebatar es él, quien no va a dejar que su cartel, el máximo de los toreros mexicanos en La México hasta la llegada de Joselito Adame, decaiga ente nadie.

Prosigue el Tenorio: “Sin duda alguna//Y vinimos a apostar//Quien habría de torear//Mejor y con más fortuna//Durante esta Temporada, juntaos aquí//Os voy a probar.” Cada que Saldivar pisa la Monumental se sabe y se siente la disposición a ser. Ya triunfó, aliviando a un débil castaño de Barralva hoy quizá enfrente un encierro cuyo poder teórico le vendrá mejor.

Ninguno de los tres nos brinda duda de su alcance. Cualquiera puede traer el triunfo. Recuerdo los dos últimas tercias de mexicanos en La México que han trascendido a la historia por su éxito. Mariano Ramos, David Silveti y Jorge Gutiérrez en 1990, Eloy Cavazos, Jorge Gutiérrez y Zotoluco, en 2001.

Solo la primera llenó la Plaza. Toda. Se impuso a una corrida infernal, por mansa, de La Gloria. La segunda, solo llenó el numerado, con una gran corrida –aunque ustedes no lo crean- de Julio Delgado.

Hoy no hay boletaje abajo. Hoy hay una encierro serio.

Lo que marca el cartel es que una revolución de verdad, implicaría que el golpe de timón lo dieran estos mismos toreros, desde lo electrónico hasta lo real de cada corrida, en trapío y seriedad. De la promoción hasta la acción en el ruedo.

Ésta, no es una corrida más.

Al menos depende de los propios actores de la corrida que no lo sea.

Que la “Revolución” no solo quede en asonada, en escaramuza, en solo revuelta… Porque lo que a los publicistas taurinos se les olvida, lógicamente, es que cualquier revolución, desde la armada o hasta la musical, tiene un signo inequívoco para serlo.

La Revolución para serlo… siempre triunfa.

Y eso, como toda corrida, incluida esta, solo lo sabremos hasta el lunes.

Twitter: @CaballoNegroII.

Apéndice: Un Crespón en la Amistad – En la Muerte de José Nieto Reséndiz.

Se ha ido el bigote más famoso de Guanajuato, el sombrero clásico, la mano cálida y de trabajo sumado al inacabable ingenio y tremenda afición de José Nieto Reséndiz“Cheché” para los nietos, Pepe, para los taurinos.

Un referente de afición taurina. Cómo recuerdo esa mañana de San Juan del Río.

Le he conocido en el 2010, en “Nieves” de enero, se ha ido en el frío de noviembre. Acompañaba a Pablo Hermoso de Mendoza, para quien el año 2013 ha marcado otro año de triunfo pero un duro periodo donde ha despedido a varios de sus amigos mexicanos, grandes amigos en su vida.

Don José no es la excepción.

Largo, duro y complicado este último tramo para su familia, ha quedado patente la solidaridad de sus amigos, empezando por Don Fernando de la Mora en La México y estoy seguro se replicará en muchos más en los siguientes días.

Sabía de su legendario ingenio, conocí su taurinismo una tarde mía de callejón y suya de barrera de sombra cuando Perera bordó a “Quita Penas” de Campo Real. Conoció mi angustía una tarde que su amigo Pablo llenó La México y no llegaban mis “invitados” de aquella tarde.

Supe de lo extraordinario de su taurinísmo pues un brindis en Aguascalientes de Pablo lo dijo todo. O aquel viaje para Nimes.

Y además, tuve el gusto de dar en radio el resultado del Festival del Cortijo La Rueda, en 2010, aquella taurinísima sorpresa de sus hijos y amigos, entre ellos, el Matador Alejandro del Olivar, cuando se homenajeó al que fue, además, un tremendo aficionado práctico.

Ahí quedan las fotos atracándose de morrillo y que hoy son solo un botón de su afición.

Hoy se, además del legado que deja Don José. En tiempos duros para La Afición deja a sus nietos, chavales que engalanan barreras en las ferias y en la propia Plaza México.

Y eso, hoy, cuando los niños van y vienen sin ir a ningún lado, vale un potosí… o más.

Perfecto informante taurino, deja una familia que de San Miguel a Querétaro y Juriquilla, de Celaya a León y Aguascalientes es referente y ejemplo de lo que México construye a partir de la tradición taurina, mano abierta al frente, claridad y, por supuesto, amistad.

Estará viendo muchas corridas de ayer y hoy. Que ya son un lujo.

Le recordaremos Don José… Siempre.

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