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El Diluvio que No Viene – Frentazo Total ante Decepcionante Encierro.

Frentazo Total ante Decepcionante Encierro.

Tomando en cuenta la suspensión de la semana pasada, el panorama ahuyenta a la Afición que prefiere guardarse esperando el diluvio que… no llega. El encierro, impresentables las cabezas de algunos, decepciona no solo por fuera sino por dentro. Y la terna que no conmueve ni despliega lo esperado marcan la tarde más gris de toda la Temporada.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Silleto ha sido el novillo que abre festejo, va el octavo, ayer en La México.

Y, pese a su altura, en trapío dice poco y el “trapío” interior que muestra aun menos. Es decir –no se espanten bibliófilos taurinos poco familiarizados con el término- si tiene poca importancia por fuera aun menos la tiene por dentro.

Que es lo que aun más tendría que importar.

Porque la medianía imperante siempre ha justificado al “toro chico” –esto incluye políticos, taurinos interesados, porristas interesadísimos y otras tantas alimañas de la fauna taurina- como el único que tiene ciertas posibilidades mayores de embestir con tal de tapar un poco la tropelía de dejarle pasar en el reconocimiento.

Ayer ni eso, chicos por fuera, aun más chicos por dentro.

Así tenemos que el primero, pese a que Antonio Lomelín, procura dar el paso al frente en los lances y en el quite por gaoneras, le termina atropellando en la muleta al no superar la sosa cara alta del novillo. No confundir el tumbo de este coletero al examinado Guillermo Cobos, es claro el genio que saca y el derribo es más por quererse quitar el palo.

Aunado a las vueltas contrarias y poca casta, queda Antonio ausente, sin inspirar o implantar emoción en pleno viento que deja las cosas en desesperante calma. Perdido, con la espada, Lomelín queda volteado e inédito, sin mostrar mínimo adelanto.

A cambio tenemos que Gabriel Sánchez “El Gaby”, poco taurino el mote, mostrar su ya conocida soltura y facilidad con la muleta y por ello quizá, el débil y muy estrecho segundo de la tarde luce un poco mejor de lo que ha sido, desde el farol de rodillas de inicio y sus verónicas, donde gusta de dar el paso atrás y caminar en reversa al rematar con rebolera.

Tras el quite por chicuelinas es claro que el novillo carece de fuerza y tiene nobleza, solo la mala colocación o la falta de temple podrían derrumbarle o impedir toreársele con despaciosidad. El torero de inicio ayuda a que el novillo camine, en los medios con la derecha anima levemente a la afición, incluso hay un molinete, y consigue tandas coreadas en buena medida porque retrata bien, tiene soltura y cierto temple.

Pero no es suficiente.

“El Gaby” poco abona por el lado izquierdo porque da la impresión que su colocación no es la que el novillo pide, justo ahí viene la colada que le derriba y le lastima. Aun así el novillo no saca negrura en sus intenciones hacia el novillero: pastueño, solo contempla.

Le pincha Gabriel al borde del tercer aviso.

En los toros, la brevedad se agradece.

Así lo entiende Juan Pablo Llaguno. El manso y feo tercero no ha tenido un pase dentro, ni siquiera en tablas, ni tapándole, ni poniendo el torero todo de su parte. Así hay que tratar al manso que es insulso, no merece la mínima consideración.

Espadazo y a otra cosa.

Eso esperamos de Antonio Lomelín pero ocurre menos que a medias. Otra vez.

Tras su inexplicable ausencia hace un año encontramos un torero con menos que decir, increíblemente. Ni siquiera el farol arrodillado enciende. No obstante, cuida del novillo al lancear a pies juntos y cuidar la lidia. El quite chicuelinero –parece que no hay más quites en el catálogo novilleril- muestra de nuevo debilidad y el doble saludo en el tercio de las infanterías antecede cite de perfil al novillo en tablas.

Brindis sentido a Alejandro Amaya.

Y cuando esperamos ese péndulo con toda la reminiscencia lomelinista, la cosa queda solo en cambiado por la espalda. Tras los primeros derechazos donde el novillo se emplea, el resto es frenón y debilidad, quizá el tercio hubiera ayudado pero lo cierto es que el novillo de Marrón carece del menor fondo posible.

La desesperación cunde, Lomelín, sin la marca de la casa, mata fatal, metisaca incluido y lo peor, ese momento en que se despoja de la casaquilla para ser objeto de la mofa del tendido asoleado que demanda, ya de pasada, las zapatillas. Decepción del torero lagunero que no ha sido ni la sombra del torero del año de su presentación.

Penosamente lo decimos.

Es entonces cuando el quinto sale recto y, aunque no remata abajo sino quiere echar la cara arriba del burladero, le nombran “Águila o Sol” y a cara o cruz debe salir Gabriel Sánchez que comienza correcto y con pulcritud. Empuja el novillo a Guillermo Cobos que aguanta el encuentro, no obstante pica contrario.

Tras echar la cara arriba en banderillas el astado crece y tiene que ver en ello los doblones de inicio de Gabriel. Luego guarecido del viento, en el tercio bajo La Porra, Sánchez traza largo el derechazo, a pesar de que en algunos la cara arriba del novillo aparece. Hay naturalidad pero poca quietud con la mano izquierda.

Esfuerza y lucha igualmente, pero con el novillo siempre a más, pasando y pasando, con “El Gaby” termina por pasar nada. Traza alguna tanda con largueza, deja la muleta puesta con la derecha y remata por alto pero es poco para levantar la tarde gris en que ni llueve ni diluvia.

Ni cae el agua, ni eleva la emoción.

Ni Águila, ni Sol.

Nuevo aviso para “El Gaby” al que ni las palmas de su apoderado tras la barrera pueden sacar del marasmo al entrar a matar.

Tampoco corre con suerte Llaguno, deja crudo al sexto, inicia por alto y el geniudo novillo, horrible de presencia, se lo cobra. No merece Juan Pablo acartelarse con un encierro así. Al final, lo paga toda la concurrencia.

Aviso grave.

Hoy la Afición, quizá por la edad o por los cuidados que requiere la salud, no da el paso adelante y piensa antes en lo que puede mojarse que en lo que podría emocionarse en la tarde novilleril.

Antes era lo contrario.

Pero ocurre que la Afición anda muy pendiente de muchas cosas más que de lo que ocurre en el ruedo.

Y quizá, como siempre, en el toro está la respuesta para el diluvio que esperamos.

Solo que éste aun no llega.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Septiembre 7 de 2014. Octavo festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de plaza en tarde cielo nublado durante todo el festejo y viento muy molesto durante toda la tarde. Amenaza lluvia que nunca llega.

6 Novillos, 6 de Marrón (Verde oscuro, Marrón y Naranja) Mal presentada por chica y muy pobre de cabeza, salvo el quinto nombrado “Águila o Sol”, número 50, negro entrepelado bragado con 435 kilogramos homenajeado con el Arrastre Lento.

Antonio Lomelín (Burdeos y Oro) Silencio y Pitos. Gabriel Sánchez “El Gaby” (Verde Manzana y Oro) Silencio tras dos Avisos y División tras Aviso. Juan Pablo Llaguno (Grana y oro) Silencio y Palmas.

Saludan tras banderillear al primero, Edmundo Navarro, y al cuarto, Jorge Luna y Fernando García Araujo. Fue examinado el aspirante a Picador de Toros, Guillermo Cobos.

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La Espada del Tariácuri – Pincha Mendoza su Reaparición Capitalina.

Derechazo de Antonio Mendoza al novillo de Real de Valladolid.

Justo cuando consigue asegundar con la muleta y rescatar la tarde del indeclinable pique, Antonio Mendoza deja la espada en Pátzcuaro, lamentablemente. Sobre todo para la terrible tarde de Real de Valladolid, birria por momentos. Así, entre horribles hechuras, debilidad y flojedad, quedan rebasados y vapuleados respectivamente, Mirafuentes de Anda y José Ignacio Escobedo, fulminado con los tres avisos del quinto de la tarde.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Solo queda Antonio Mendoza con dos ovaciones en su vuelta a La México.

Y esto es porque la espada se pierde o se queda entre El Huetamo, La Piedad o alguno de esas poblaciones que hay que recorrer para llegar desde Morelia hasta la Ciudad de México. Llega Mendoza, pasa la quinta y, aun perdida la espada, mantiene el interés.

En todo tiene que ver, para mal, la presencia de Real de Valladolid, fea y esmirriada.

Por decir lo menos, porque el encierro de los Ramírez, ya sabíamos, podía ser montado, cornitrasero, como varios han sido, cariavacados, con cara alargada, pero no tan mal presentados como los dos primeros. Y sumemos la flojedad, la incapacidad para sostenerse en pie más la gradual y preocupante falta de casta. La novillada tiene condenada la tarde a un cuesta arriba forzado.

Pero para eso está el toreo, para salvarnos del cadalso o de un mal sueño, para alumbrar lo oscuro para hacer llover en el desierto.

Así que entre todo lo anterior, la concepción de la tarde encuentra a un torero con sello, Mirafuentes de Anda, perder frescura a fin de ganar cierto oficio y soltura. Pero a Orlando le engancha el primero con el capote. El novillo, tan pajarero de salida, se enciende con la muleta y produce que el sello del de Peralvillo reluzca, ovacionadas las primeras tandas con la derecha.

Pero a partir de cambiar perfil, Mirafuentes estorba la embestida, no encuentra distancia al no ganar un paso entre pases, quedando todo en oportunidad perdida con la voltereta tras inoportuno desplante y, peor aun, un pinchazo a estoque doblado.

Luego la flojedad del segundo hace ver a Luis Ignacio vacilante ante el paso descordinado del novillo. Poco resuelve y, peor aun, mata mal.

Ambos espadas, primero y segundo, hunden a la tarde en sus siguientes turnos: Mirafuentes de Anda al no encontrar el sitio donde provocar la embestida, ni cruzarse un poco apenas en el primer cite de cada tanda, cuando lo consigue no prosigue y la gente incluso se mete con él.

Y el zacatecano, en su último novillo previo a la alternativa, pega el petardo al dejarlo vivo, en buena medida por no someter ni observar que el berrendo quinto requiere de dos puyazos y dejar la muleta retrasada tras no poder doblarse con efectividad alguna.

Así las cosas, penosamente, el novillero queda impotente al escuchar el tercero, caos total al intentar descabellar perpendicular a las tablas citando de fuera (el novillo) a dentro (el novillero) así, además de que no puede ser es imposible.

Con Luis Ignacio en horas bajas y Mirafuentes en agua desordenada, solo queda esperar que Antonio Mendoza no devuelva lo que de él se espera.

Por el contrario.

La conquista de Mendoza empieza con el cárdeno, el más serio del encierro por ofensivo de cabeza, severo en su masculina expresión de cara, tercero. Ese novillo de nombre “Artista” trae un mensaje oculto para el novillero, una clara prueba, porque el arte ha de rebasar obstáculos, como al que él mismo se somete al intentar –válgame Tauro- la larga cambiada en los medios de hinojos.

Un artista no está para eso. O para el farol de rodillas.

Sí, sobre todo, para bordar el toreo a la verónica, citar firmemente, desplegar con temple y mandar con plenitud en el lance natural, eso sí, feamente desmonterado. Prosigue, tras puyazo contrario, con chicuelinas y entre Lupillo padre e hijo que saludan en banderillas, dejar a la gente caliente y a la tremenda espera.

Mendoza lo sabe y se va a los medios en brindis general, todo en el novillero tiene el sentimiento digno de Doña Amalia Mendoza que cantaba porque lo siente. Así, Antonio Mendoza brinda, sin exagerar y se da al toreo por alto, cadencia en el ayudado, ritmo en el de la firma y empaque en el cambio de mano hacia abajo.

Y le gritan: “¡Venga Tariácuri!”

Descompone la cabeza de “Artista” y el arte de fraguar y pulir, limar y limpiar, consigue que Mendoza oponga muñecazo ante el tornillazo con la derecha y haga que el astado acuda completo a la muleta en los medios. Mano baja con la izquierda, corre el brazo, y el martinete auténtico, giro completo tras natural y estalla la voz en el de pecho.

El detalle de quitar la montera de la arena distrae a Mendoza y derivan sus derechazos siguientes en desarme al rematar. Esto es posible haya afectado el acabado de la faena. Pero esfuerza, ajusta altura del derechazo, todo en los medios, y el cambio de mano cierra el toreo fundamental. Aun queda el desafío por alto al toro, manoletinas el de la firma y el la vuelta contraria evidencia al toro.

Tal como el pinchazo al torero y peor aun la estocada caída. La ovación es rotunda.

Pasado el decadente intermedio ya señalado, toca la banda “El Zopilote Mojado” justo después de que el quinto se va vivo y se salva de ser apuntillado, milagrosamente.

Así, con un pasodoble típico de la novillería abatida, la esperanza de la tarde queda en el michoacano que se enfrenta a un espantoso novillo, “Chocolate” nombrado. Todo lo feo, lejano a toda finura es nada al protestar y evidenciar su poca fuerza. Mendoza cambia perfil y brinda adentros para acabar en los medios.

Puyazo trasero de aspirante examinado en novillada.

Quite por navarras y tafalleras con gran recorte alienta esperanza más cuando el toro crece en banderillas. Y Antonio, por alto pese a derrumbe del toro, traza derechazos largos, se cambia de mano, rompe su muñeca, tiende a pleno lienzo naturales largos y templados. Con tiempo y espacio borda el derechazo y rodea con la vitolina, consigue cambiarse de mano pese el cabeceo y arrebata en el de pecho.

El toro mengua y la inventiva llega, el molinillo con la zurda, congruente y al paso cierra sutil con la derecha y… pinchazo. Monarca purépecha sin espada. Aun a pesar del buen descabello.

Pero por algo es novillero, como Juan Mendoza, sobrino de Amalia. Solamente que en los toros vale más rematar, acabar, cantaba Doña Amalia, “de una vez” Aunque diga José Alfredo, bordaba La Tariácuri, querer “matarme poco a poco”

No en los toros.

Que en la Fiesta taurina más vale usar la espada “de una vez” y “de un solo golpe”.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Agosto 17 de 2014. Quinto festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de plaza en tarde cielo soleado hasta la mitad del festejo nublado y del quinto hacia delante. Algo de gotas de lluvia al final de la novillada.

6 Novillos, 6 de Real de Valladolid (Divisa Rojo, Azul y Plata) Mal presentada por desigual, cariavacada y fea de hechuras, salvo tercero y quinto. Un muestrario de debilidad y descoordinación el segundo, flojo el sexto. De buen son en la muleta el muy chico primero, calamocheante y con movilidad el cárdeno y serio tercero. El cuarto dura poco en el tercio, mientras el berrendo quinto de mal estilo y corto en la embestida regresa vivo al corral al sonar los tres avisos. Flojo y débil, aunque noble el horroroso sexto.

El quinto aplaudido inexplicablemente en su regreso al toril.

Mirafuentes de Anda (Azul Rey y Oro) División al saludar en el tercio y Silencio. Luis Ignacio Escobedo (Rosa Mexicano y Oro) Ovación y Pitos tras Tres Avisos. Antonio Mendoza (Turquesa y Oro) Fuerte Ovación y Saludos.

Saludan tras banderillear al segundo de la tarde los banderilleros Ángel Martínez padre e hijo, lo mismo que Ángel Martínez hijo conjuntamente con Jorge Luna.

Se examinó al aspirante a caballo Álvaro Carrillo al picar la novillada en su totalidad. No se dio el resultado final y no se aclaró por parte de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros si el examen solo debe darse ante corrida de toros o novillada.

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4ta Novillada: Medianía de las Maravillas – Breves emociones en confuso Festejo.

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El debutante Pérez Pauloba corre la mano a “Tesonero” al natural.

El primer cuarto de la Temporada Chica se escapa dejándose escapar dos novillos con francas posibilidades y el quinteto novilleril de a pie se diluye entre sus propias dudas. No obstante, solo dos de cinco novilleros se salvan de la quema en una tarde donde los Forcados responden justo cuando poco a poco se han vuelto un atractivo para la sufrida asistencia dominical.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Suena el cambio de tercio en el novillo que abre Plaza, un flaco y feo novillo mal llamado “Zapatero”, si un astado se bautiza con nombre tristemente célebre ha de sacar la casta para reivindicar tal cosa.

Ocurre en la primera de la Temporada, con aquel “Bandolero”, ayer no.

En buena medida porque este “Zapatero” no impone, resulta bonachón y permite lucir de algún modo al amador potosino Sebastián Torre, comprometido a pesar de su verdor con un toreo moderno a caballo. No le alcanza puesto que la emoción, inseparable, la colocan los Forcados Mexicanos con buena pega.

Torre mata mal y se cuela, situación consignada por la asistencia, en la vuelta al ruedo de los Forcados. Solo que en buena medida hacen la pega porque el Rejoneador no deja al novillo sin lidiar, como ocurre hace quince días.

No olvidemos. Al toro se le va otorgando la muerte desde que sale de toriles.

A partir de entonces, la lucha en el ruedo se torna igualmente en disputa con el clima. Toda la novillada el viento juega un factor adicional. Pero en la primera novillada, Diego Emilio muestra que se ha de torear hasta contra el viento. Y Jaime Ruiz prosigue en tal ejemplo.

El irrenunciable sabor de Jaime le acompaña al parar al novillo, muy serio de cara, el más de la corrida, “Mala Copa” con el capote. A punto está, de trago amargo en banderillas. Pero con la muleta, a pleno viento, Ruiz encuentra la forma de que correrle la mano con ese brazo derecho lamentablemente “amarrado” y que si no fuera por ello mandaría más. No es obstáculo, sin embargo, tal imposibilidad para lograr correr la mano ante un novillo que corto se queda.

A un torero como el tlaxcalteca con ese temple, no deberían ponerle a jugarse todo a un novillo y en una de seis. Pero él se lo juega, cita con compromiso, no obstante el enganchón al dejar la muleta abajo en el derechazo pues el de Maravillas pasa pero sin sacar el fondo, se defiende e impone que Ruiz, por fuera de la segunda raya se quede quieto. Incluso, rota ve su muleta y necesaria es la pausa.

Aquí Jaime Ruiz vuelve, pisando fuerte y corriendo la mano con la zurda, desviando claramente la tendencia del novillo a invadir su terreno, al muñequear en el centro de la suerte, todo al pasito, todo en aguante y quizá lo único que falta es la media altura en algún punto del muletazo para evitar que el astado, tan medido, de todo puntee. Aun hay espacio para las manoletinas y el espadazo entero pero trasero y caído.

Saluda pese al aviso. Le devuelven, pese a la petición, el intento de vuelta.

La medianía hace su aparición.

Porque el joven huamanteclo José María Macías le echa la culpa al toro, al viento, a todo el mundo de su poca realización ante el manso y descastado tercero. Adelanta la suerte en el recibo se atropella al llevar al caballo y, tras tumbo a Ricardo Morales en la contraquerencia, Jorge Morales, toda torería y poder a caballo, para maravillosamente al manso, le florea el morrillo y le hace ceder en su irredenta marcha.

Momento de la tarde. Más cuando Macías pega la aragonesa y, a como Dios le da entender, prosigue con la herniana embarullada. Pero el joven novillero cede ante la presión y la ola mansa, ordena nuevo desorden en varas y el manso se va con otro puyazo y un tercer encuentro.

Y nadie, replica en quites.

El resto es ir y venir, entre la cara alta del toro y la indecisión de Macías, que se ve enganchado que no supera el cabeceo y cuya contrariedad es expresa al quejarse del toro y de la gente. Quizá el novillo se habría quejado también de él. Habría que preguntárselo.

Algunos novillos tienen mala suerte. No los anteriores, claro.

Esto ocurre en el quinto turno. Dice y bien Alexandre Fiske-Harrison, grave es cuando el que está en la arena no puede justificar su lugar en la Plaza. Ni que decir cuando esto ocurre delante de un toro bravo.

Jorge Rizo en un año entero torea poco, cierto. Pero abona aun menos a intentar parar al novillo, sus brazos largos no consiguen torear atinadamente con el capote y recarga –casi delega- toda la lidia en Juan Ramón Saldaña que brega demasiado rápido previo a que el toro recargue fuerte. Breve y bueno en banderillas preludia un calvario para el joven Rizo y un martirio para la Afición. Demasiado pendiente de las risitas del público, del jolgorio, duda hasta en el brindis. Y por ello transmite inseguridad al tendido.

El novillo mete la cara y remata abajo, no obstante lo estrecho y alto. Se llama “Vinatero” en alusión garfeña e histórica en esta Plaza, el negro astado responde pero Rizo deficiente en los toques, en su colocación y sin la mínima esperanza en la ligazón se la pasa pidiendo calma. El novillo no espera, bueno por ambos lados, se va sin ser toreado sobre todo ese pitón izquierdo… y casi vivo a la corraleta.

Dos avisos escucharía igualmente el debutante queretano Pérez Pauloba. Solo que aquí la historia es medianamente diferente. Porque torear es tener un concepto. Y el queretano, Jorge de nombre, además de tenerlo, lo ejerce a como le da entender.

Cambia el sino de inmediato al darse cuenta que el cariavacado cárdeno trae la cara alta en cada remate y tira de la chicuelina y el precioso remate inicial, poco en varas que reseñar contrario a lo ocurrido en banderillas donde el queretano con facilidad sale de dos cuarteos y remata al violín para frenar un poco lo huidizo del novillo que trata en todo momento de escapar y no emplearse.

En la muleta el de Querétaro acierta de inicio.

Lo consigue por torear cerca, por jugárselo pese al cabeceo y calamocheo molesto del astado.

Pérez Pauloba cuaja buenos derechazos pero el fondo físico le abandona y le enganchan con la zurda. Tres veces acude a tomar agua. Se les olvida a los toreros, diría Antonio Corbacho, que Paco Camino mató siete, en Madrid… y no se enjuagó la boca. Gana aire el novillo y demasiada listeza. Aun así, el debutante corre la mano con la izquierda y aun le deja tandas al novillo aliviado siempre en el tercio ante el burladero de la Porra.

Pena que no mate a tiempo. Al borde del cadalso queda. Y solo la ovación deviene.

El final de la novillada con Emiliano Villafuerte “El Moso” hace las veces de adelantar al joven de 16 años con su propio concepto. ¿Que su esquina no advertiría que el berrendo y flojo sexto lo que requería era suavidad? Si los consejeros no lo ven menos el mozalbete michoacano que se la vive en brusquedad y toques por la espalda en evidencia de un concepto reducidísimo.

La maravilla en el toreo, nombre de una película, es deslumbrar a partir de ejercer un concepto de cara al público, a pesar del viento. A pesar del toro. Incluso a pesar de uno mismo.

Pero en esta época ocurre que la medianía es una neblina que oculta las cosas profundas. Y da la casualidad que los novilleros gustan solo de navegar a lo seguro.

Sin arrebatar o deslumbrar. Y eso es, de suyo, preocupante.

El domingo ya veremos.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Agosto 10 de 2014. Cuarto festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de plaza en tarde de cielo nublado, terrible y molesto viento durante toda la novillada. Algo de gotas de lluvia durante la lidia del primero de a pie.

6 Novillos, 6 de Maravillas (Divisa Rosa y Morado) el primero para rejones. Mal presentada por desigual, cariavacada y sin remate o armonía en hechura. Con bravura el cuarto, descastados segundo y tercero, el segundo con buen lado izquierdo pese a su sosería. El quinto, homenajeado indebidamente con el Arrastre Lento, resultó áspero sin rematar abajo sus embestidas pero tuvo emoción, débil el sexto.

Salvo el cuarto, varios de los lidiados inexplicablemente aplaudidos en el arrastre.

El Rejoneador amador Sebastián Torre y los Forcados Mexicanos, Vuelta al ruedo, protestada al rejoneador. Jaime Ruiz (Burdeos y oro) Saludos en .el tercio tras aviso, pitado al intentar la vuelta al ruedo. José María Macías (Blanco y Oro) División. Jorge Rizo (Grana y Oro) Pitos tras dos avisos. Pérez de Pauloba (Obispo y Oro) Saludos tras dos avisos. Emiliano Villafuerte “El Moso” (Marino y Oro) Leves palmas.

El Rejoneador y los espadas cuarto y quinto, nuevos en esta Plaza.

Destaca a caballo al picar perfecto en la querencia al segundo de lidia ordinaria, Jorge Morales.

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Brava y Cardenísima – Triunfa De Haro, el Referente Tlaxcalteca en Novillada.

“Referente” de De Haro embiste al farol de Karla de los Ángeles. Preludio de su bravo torrente.

Encadenado y progresivo el juego de los novillos brinda una tarde donde la emoción prevalece y donde el propio encierro impone la atención, la tensión y extensión de un concepto de bravura, infravalorado en los últimos años como el tlaxcalteca, a la espera de una mejor consideración del taurinismo. En tal condición, la terna opone muy poco, abrumada por la exigencia se queda en la raya, tal como la Autoridad, que tras el festejo queda en el más preclaro de los ridículos.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Se queda Antonio De Haro González tan solo por fuera de la barrera. Y hace bien.

Saluda a la Afición al finalizar la salida, como debe de ser, de los toreros que reglamentariamente parten el ruedo para finalizar el primer cuarto de la Temporada. El gesto del ganadero nos recuerda que cuando se saluda una ovación se puede hacer, gradualmente, desde un costado del burladero y, así, aumentar el grado en el terreno que la ovación reviste hasta llegar a los mismos medios de la Plaza.

A la novillada le embisten con claridad tres novillos: primero, segundo y tercero. El feo cuarto, afectado de la pata izquierda, tiene un buen remate, mientras que los dos restantes tienen interés aun el manso quinto y el sexto, que saca sentido por el lado derecho.

Diremos las razones, daremos los motivos.

Nos dice, ni más ni menos, Don Luis de Góngora y Argote, Córdoba letrada en oro, respecto del toro: “… mentido robador de Europa//(media luna, las armas de tu frente)//y el sol, todos los rayos de su pelo//luciente honor del cielo//pacen estrellas en campos de zafiro.” Nos tomamos la licencia de hacer las veces –Dios nos perdone- de Dámaso Alonso en “Las Soledades”, para “descomponer” el hipérbaton del verso final sin agregar, decía Rafael Alberti, una sola palabra dejando que la media verónica de Don Luis, nunca mejor aplicado, deje su estela magnífica

Así tenemos, descrita por el poeta cordobés, la belleza del toro bravo en letra reflejada.

A la vista, los cinco cárdenos y el berrendo penúltimo, resultan experiencia hermosa. Cuando esto se junta con el juego de algunos de ellos y la emoción de todos, la cosa es redonda.

Sin embargo, la Afición ayer, tan distraída, tan dispuesta al jolgorio, muchas veces pierde de vista diversos detalles con tal de seguir en el dicharacheo y atender menos en el verso propio del festejo que “donde está el toro… está la corrida” Así desde el inicio, Miguel de Pablo, esperado por el buen aficionado, gana la partida con el capote al recibir lucidamente, verónicas y chicuelinas entrelazadas, incluso el novillo responde aunque de pronto frena su embestida al final del lance.

Para cuando el novillero español se dobla, con aparente eficacia, ya en los medios todos sus muletazos apuntan al alivio del siguiente, con su cintura apuntando a anticiparse a una cortedad de la embestida que sabrá Dios quién le habría aconsejado. Por tal razón, varias veces se ve sorprendido ya sea de largo, tal como se arranca el novillo al principio, como en lo corto, como en los momentos en que el novillo le pide salir adelante.

Poco mando.

El novillo, a pesar de que por momentos no termina de rematar la embestida abajo, da la impresión de poder siempre más y a la salida de cada pase invade el sitio que De Pablo no termina por imponer. Pesadez con la espada deja al torero frenado.

Tardaría Miguel años en reparar que el muy feo y mal presentado cuarto, tiene un problema en su pata izquierda que condiciona su andar. Las zapopinas entusiasman. Encuentra su momento más feliz al encontrar un mejor sitio para desplazar al novillo, del tercio hacia dentro cerca de toriles, logrando correr la mano saliendo al frente tras cada muletazo. Mata deficiente y queda corto con un lote de triunfo.

Lo incómodo el toro Tlaxcalteca es que durante toda su lidia conserva su posibilidad de atacar. Y herir. Es decir, a diferencia del toro mexicano convencional, ningún momento de su lidia da lugar a treguas: cada lance o cada muletazo, de equivocar en algún detalle (altura, colocación, toque, intensidad del cite, etc.) puede cobrarlo carísimo.

Esto abona en la tensión emocional y en la alerta constante del público.

Por ello el segundo es y resulta excepcional.

Bajo, hondo, muy fuerte y musculado, de pezuña dura y armónica hechura, este cárdeno careto es hasta ahora el novillo de la Temporada. Y no se confundan. Los novillos, de Xajay indultado (aun no comprendemos la razón) y de D’Guadiana homenajeado, han traído el incontenido deseo de ponerse delante de ambos, “Referente” ha traído consigo el ineludible respeto que implica saber que, ponerse delante, no implicará dejarse o prestarse, sino quizá consagrarse.

Como muchos desean.

Así tenemos que desde el farol de rodillas tiene la mala suerte de encontrarse con Karla de los Ángeles, demasiado acostumbrada a la vaquilla o al becerro y torear por ende rápido. Así, en la larga cambiada se salva de milagro. Justo cuando pega el lance el novillo, que vuelve pronto, tarda un segundo que permite a la tlaxcalteca librar el embate e incorporarse para lancear a como le da entender hasta cerrar con lucida tijerilla el recibo.

Carlos Ibarra pica bien y desencadena el primer ridículo de la Autoridad que ordena a Gilberto Aragón pasar dos veces, no obstante deja un palo en su intervención. El Juez, que incluso manotea y se pone en pie no repara que en dos cuarteos quedan dos palos. En medio del desconcierto, el tercio ¿breve? se consuma con el novillo pronto y presto a embestir incluso de largo.

Lo interesante es que la novillera, con la interrogante respecto a si podrá al novillo, se dobla magníficamente desde Matadores aun hacia fuera de la segunda raya para lograr quizá el momento muleteril de la tarde, con la muleta al piso y el novillo a más, la torera consigue la emoción de la multitud.

Y ordena en el astado.

Poder en el toreo no es únicamente quitar asperezas al toro que expresamente no quiere ser mandado, sino al toro bravo es que tiene la embestida larga, de muletazo en muletazo, se le ordena y se le abona en que mejore pase con pase, se le lidia toreándolo que diría el martinismo sobre la gran capacidad de su ídolo.

Esto es mucho pedir a la novillera.

Sin embargo, consigue la primera tanda tras susto inicial de no tapar la ventana por dentro y aparente colada del novillo, tomar la muleta del extremo no es buen consejo pues permite que el hueco se forme. A este novillo, que planea al final de la embestida, que tiene poder y clase no se le puede permitir el mínimo resquisio, requiere el trazo largo, puesta siempre y el sutil toque a tiempo.

La siguiente tanda marca el devenir de la faena. Mucho enganchón, algún chispazo, molinete a la trágala y la sensación de que el novillo se va sin torear, luego de que el lado izquierdo es de escándalo. Qué requiere el cárdeno, lo que tantos toreros del Siglo XX han logrado, temple y mando que decía Juan Silveti hijo, especialista en este encaste, el toro de Tlaxcala enseña a torear.

El resto de la faena, con el viento que hay que seriamente consignar, se mantiene en los medios, con el lado izquierdo aun más exhibido por esos pases por alto en el tercio. La gente, dulcificada, festeja el espadazo totalmente caído. Y viene la oreja. Y llega la terrible omisión del Palco.

El Arraste Lento, de menos, no llega.

Al novillo se le condena al anonimato oficial, más no el real tributado en la ovación de la gente a la que algo le revive en el interior taurino. Tanto convencionalismo en el toro les ha apagado la flama de la bravura tlaxcalteca, cárdena y expresa.

Ese homenaje de la autoridad, en clara compensación llegaría con el tercero al que el norteño Sergio Garza tampoco entiende porque nunca para, ni es capaz de trazar con largueza y sutileza. Un lío en banderillas, desaprovecha el buen comienzo del cárdeno y termina en desentono absoluto.

Los dos toros que no han tenido la condición brava son quinto y sexto. Pero atención, no sufran amantes de la tierra del pulque y el encino llorón. No mataban a nadie o estropeaban cualquier intento de toreo moderno.

Al contrario.

De haber sometido Karla de los Ángeles al quinto al que le obsequian tres puyazos en dos encuentros y nadie le hace, ni por asomo un quite, habría encontrado la ligazón cerca del tercio e incluso se habría encontrado una nueva oportunidad de tocar pelo.

Todo lo contrario: bajonazo es el epílogo. Menos mal no hay premio. No sorprendería.

Y el debutante neoleonés, tan a la trágala con el otro manso, el sexto, no atina a observar que el pitón izquierdo tiene quizá dos tandas que han podido ser mejores de lo que se sospecha. Pero claro, la mano izquierda cuesta más trabajo, sobre todo cuando el toreo, error, se trae preconcebido.

Tal como juzgaban en su áureo siglo a “Las Soledades” de Góngora.

La bravura de Tlaxcala, que tanto incomoda por difícil a la mayoría operaria, requiere conceptos sencillos y a la vez firmes, hay que ser buen torero para poderle, buen taurino para comprenderle, buen juez para homenajearle.

Alguien decía que Don Luis de Góngora y Argote, nos recordaba siempre, casi todos los días por la mañana, Don Vidal de la Cruz Domínguez, no era más que un “ángel de tinieblas” oscuro y nebuloso poeta al que se le entiende poco. Ni lírico o narrativo y que acaba tan abandonado como su obra.

Hubo de llegar el año ’27 para acabar por todas las cárdenas confusiones y otro gran “torero” como Dámaso Alonso terminaría por poderle a tan tremendo toro.

Alguien quizá se aventure a hacer de Dámaso Alonso hoy y de el paso adelante.

Quizá solo así, se alumbre el paso de las cardenísimas “soledades” tlaxcaltecas.

Con perdón por la comparación a la Generación del ’27.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Agosto 3 de 2014. Tercer festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de plaza en tarde cielo nublado y muy molesto viento durante toda la novillada.

6 Novillos, 6 de De Haro (Divisa Tabaco y Oro) Desigual en presencia, muy chico y feo el quinto, en lo general bien hechos. Cárdenos en su mayoría, salvo el berrendo sexto. De gran interés durante toda la tarde en su juego, siempre prestos a embestir. Destacan segundo y tercero, éste último homenajeado extrañamente con el Arrastre Lento cuando, de menos, tal homenaje corresponde al segundo, “Referente” nombrado, muy fuertemente ovacionado. Primero y cuarto, con emoción, han tenido solo momentos sin rematar. Manso con emoción el quinto. Malo el sexto.

El ganadero Antonio De Haro González saludo afuera de la barrera al terminar el festejo.

Miguel de Pablo (Negro y oro) Pitos y Silencio tras aviso. Karla de los Ángeles (Salmón y Oro) Oreja con leves protestas y Al tercio tras aviso. Sergio Garza (Azul Rey y Oro) Silencio y palmas tras aviso. 

El tercer espada nuevo en esta Plaza.

Fatal la autoridad al premiar excesivamente al segundo espada y aplicar la “compensación” en el homenaje al tercero en vez de hacerlo al segundo.

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La Inacabada Perfección – Polémico Indulto en Faena Grande de Mendoza.

Sale a hombros el debutante Antonio Mendoza. Foto: Humbert.

El borrón de la tarde, justo cuando más se necesitaba el gesto taurino y el rigor de la excelencia en el cerrojazo, se lo anota la Autoridad que preside el más que importante festejo. El cartelazo no falla, A pesar de la desigual presencia y poco juego en general del encierro de Xajay, los novilleros de menor a mayor, dan la cara y brindan emociones que revientan en el sexto. A punto de gloria y grandeza, el debutante Antonio Mendoza, deja una gran faena sin remate… para incógnita de la historia misma.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Son veintisiete, simbólicos, años sin que algún novillero corte un rabo en La México.

El tópico se anda haciendo leyenda, malamente. Ayer en la apertura novilleril poco falta en realidad para romper tal “maleficio” No es así, pues Antonio Mendoza duda, el corazón de mazapán engaña a la Afición y la autoridad falta en ejercer su potestad.

Que un festejo como este, a toma y daca con el viento, a la contra el tranco roto y la sosería expresa de los novillos más cierta llovizna, no puede dejar a tan buena entrada con esa confusión que siempre acarrea el indulto: el happy ending usual.

Donde todo es caramelo y algodones de azúcar.

El indulto en los toros, como se entiende hoy, es el camino fácil, lo que muchos decían debían acabar las películas de Emilio “Indio” Fernández, la puerta con remate feliz que daba el de Coahuila al público, ese instante en que todo puede arreglarse y con ello evadir enfrentar el rigor de la realidad final.

Porque cuando llega el final real –Dolores del Río mirar irse a su hijo abogado en “Las Abandonadas” o Miguel Inclán perder a Marga López en “Salón México”- el público se desencanta, siente pena. Y eso es muy humano. Pero ayer, resulta que la autoridad ni siquiera permite al público enfrentarse al humano desencanto… o a recibir la divina e inesperada gloria.

Como también en ciertas películas del “Indio” ocurre.

La llegada de la gloria espera cinco turnos. Que Xajay manda una novillada ligera en varios aspectos: presencia, casta y emoción.

Esa emoción, compañera inseparable de Diego Emilio, ayer le abandona un turno y medio en tarde tan señalada. Tarda en entrar en el festejo, aun con la suerte de que el espontáneo que salta al salir el novillo, no hace daño. Delante del brocho que abre Temporada, “Antequerano” está algo serio, sin proyectarse, aun a pleno sol. Diego se nota incómodo ante el paso vacilante y el viento terrible al recibo.

Solo la media resulta completa.

Y de ahí a la rigidez.

Salvo Mauro Prado, la cuadrilla de Diego Emilio no abona en positivo. El novillo se queda corto por el izquierdo y va a menos pues el novillero en su cite no cubre lo suficiente con la de cobrar. Se amarra. La estocada defectuosa coloca al esperado hidrocálido en sellado silencio y contrariedad viendo al xajay diluirse en medianía.

Así, cuando Juan Pablo Llaguno, galardonado de inicio, se abre de capa la Afición sonríe pues el parón tiene oportunidad y ordena al muy feo cárdeno claro segundo.

El toro trae las primeras gotas y el cambia el color del celaje al de su grisácea capa.

Tras el brinco mansurrón delante de Efrén Acosta hijo, el cárdeno se encuentra con la chicuelina, algo inclinada hacía adelante pero bien lograda y rematada. A diferencia de la cuadrilla del primer espada, Juan Pablo Llaguno consigue que sus infanterías coloquen el terreno, sean breves y diligentes para empezar doblándose con el novillo muy en brincos todavía.

Ahí Juan Pablo escala, uno por uno, los peldaños de la cuesta de la mansedumbre del novillo. Y lo hace con emoción, aplicando la medicina correcta, primero con la derecha en dos tandas, aliviando y midiendo la cantidad a pesar de la cara alta de “Coleador” para después cerca de tablas abrochar con tremendo trincherazo, uno de los muletazos grandes de la faena.

Que crece insospechadamente.

La primera tanda al natural templa hasta la sombra del toro. El joven Llaguno brinda aire, calma y pausa tras mágico desdén. El trincherazo que abre la siguiente es de asombro y de amplitud sus derechazos mayor con el novillo hacia fuera y que acaba en toril tras hermoso cambio de mano por detrás, al paso, que consume el de pecho.

Ahí no para, sino ataca el terreno con dosantinas, cambios de mano, uno sensacional por delante para inaugurar más naturales. Verticalidad y buen gusto. La suerte contraria trae la entera delantera, la petición consigo la acertada singular concesión.

Y mejor aún la acertada negación del premio doble.

Que en la Fiesta, al premiar, mas vale que falte y no que sobre. Por ello cuando da Juan Pablo la vuelta, hasta el sol sale de nuevo y claveles cierran su triunfal paso.

Inexplicable ovación al toro.

Con el tercero Antonio Mendoza da tantos pases que aburre al novillo y a la Afición.

Quizá a él mismo.

Conste que la afición le espera, tal como a Diego Emilio que con el chico cárdeno cuarto se queda con las ganas de torearle de capa gracias al viento. El hidrocálido con presión en los hombros, a plenas ráfagas, tras ayudados por alto, toma la muleta con la izquierda en los medios y el novillo lo toma a mal. Diego dilata en tomar la mano armada y citar por el pitón derecho, cuando lo hace el viento retoma su camino.

Entonces, al fin, Diego Emilio entra a la corrida. Le gana la partida al viento, frente a la Porra bajando mucho la mano derecha, casi al piso. Como cita perfecto el novillo repite y se templa, la Plaza cruje, la lentitud embelesa y suyos son los mejores muletazos de la tarde.

Porque a pesar de su rigidez inicial, con este cuarto Diego descubre el pitón derecho, tras adelantar en un momento de la suerte, retoma ya en los medios a compás lento, a muletazo profundo en la cintura fundido y tirado el toro a la cadera, suya es la verticalidad y el estruendo del tendido.

Pena que, dado que es un producto en creación, Diego no haya vuelto a la izquierda. Ya sabemos que lo que se hace por un pitón sirve siempre para el otro. De no pinchar la oreja estaba en la espuerta.

Afortunadamente, los pases derechazos han sido tan buenos que no importan los dos avisos, la tardanza en descabellar para que le sacaran al tercio. Con mucha fuerza.

Si Diego Emilio responde en el cuarto. Mendoza despierta al siguiente con un quite.

Es verdad, no le correspondía. Cierto, parece que el cornicorto novillo requiere un segundo puyazo. Llaguno no lo ve así y a las saltilleras, soberbiamente rematadas con rebolera por detrás, responde con tafalleras y encienden los ánimos.

Lástima que a Juan Pablo este novillo le cobra vía desarme y voltereta los derechazos. Muy disminuido tras la terrible voltereta mata a como puede para saludar y ser devuelto en el intento de vuelta al ruedo.

Y queda el sexto, bautizado, cosa rara, como “Bandolero” nombre tristemente célebre.

Hasta ayer.

Pues desde salida Antonio Mendoza, prosigue lo conseguido con el quinto en su quite, manejo bueno del lance natural con el capote. Las verónicas de inicio le muestran el camino al burel llegando a los medios al rematar. Luego el lance al paso y por las afueras que preparan uno de los mejores momentos, deja en suerte ante el caballo con genuflexa tijerilla.

Si bien el xajay recarga no es prolongada la exigencia. Mendoza, lanza su montera y de pie ilumina suerte por faroles que cintilan y encandilan el olé al rematar con el reverso del capote soltando una punta. “Bandolero” crece pues dispara su arrancada siempre largo y fijo en banderillas.

Entonces, atinadamente, el novillero con nombre de Virrey novohispano, tan moreliano, hace de las tablas el sitio exacto para, muy en corto, tras brindis e insistencia en el cite, consumar de dentro a afuera el pase cambiado por la espalda, replica dos veces y comienza, tras esa emocionante obertura la obra plena.

El negro astado, muy Xajay en su tipo y emoción, en su negro pelo y ligeramente tocado pitón izquierdo, siente el cobijo de las tablas y es pronto al cite pero a la mitad de los remates se quiere quedar para pensarlo un poco. Pero Mendoza, sabedor de esto, en momento supremo, abrocha los primeros derechazos con un pase de pecho clave en el devenir de la faena, un remate con doble toque en el cite y desahogo total.

El temple encela. Siempre.

Y más cuando, estira su brazo Antonio y su planta enreda la nueva tanda, de tanta fuerza y emoción, intensidad y expresión que eleva el compás del derechazo a más en calidad aun en menor cantidad protegido del viento, cuatro y el de pecho rotundísimos. La despaciosidad se asoma porque el que se impone es Mendoza que eleva al toro al bajarle la mano y evitarle la tentación de la cara alta, tan latente.

Aun le pega la vitolina muy cerrado en tablas y la mano izquierda se rompe en dos tandas al natural sensacionales, de mayúscula realización, lo mismo que el circular perfecto. Y en tales redondeces, previo a las manoletinas llega la petición de indulto a un toro siempre cobijado en tablas, nada destacado en el caballo.

Del final “feliz”.

Una de las obsesiones de “El Indio” Fernández era su “fortaleza” de la “Dulce Olivia” en Coyoacán. El terror de perder su casa le lleva incluso en 1952 a escribir para cine la injusticia de perderla, en pos de complacer las apariencias de un capricho femenino por parte de la autoridad.

“El Rapto”, se llama tal obra.

La faena de Antonio Mendoza recibe la injusticia de no poder ser consumada.

A pesar de hacer mejor al astado. Aun encelándole y dejando en evidencia al final de la faena el juego del astado con esas manoletinas, éste fue indultado, sin importar que su faena, por completa en toda su intervención, habría alcanzado la gloria total…

O la habría perdido, en el cadalso del pinchazo.

Los falsos felices finales del cine de “El Indio” Fernández, de no haber creído y defendido firmemente sus convicciones, le habrían convertido en un artista más, incapaz de expresar su sentimiento, de elegir y decidir el camino, riesgoso o no de la personal creación, la que asume los riesgos del arte.

Pero que nunca deja las cosas a medias.

Ayer, el Usía prefiere la inacabada perfección, más bien corrección del indulto, privándonos de vivir los riesgos de la gloria.

Espero haya sido, como en el cine de antes, un breve anuncio intermedio.

Hay películas que no se ven dos veces.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Julio 20 de 2014. Primera de la Temporada. Un cuarto de plaza en tarde de sol quemante y lluvia intermitente durante la lidia del segundo y molesto viento durante todo el festejo.

6 Novillos, 6 de Xajay (Divisa Rojo y Verde) Desigual en presencia, cuarto y quinto demasiado chicos muy feo el segundo, mansos en general salvo el sexto, precioso negro nombrado “Bandolero” indultado benévolamente por la autoridad. El quinto saca genio.

Diego Emilio (Verde Esperanza y Oro) División y Saludos tras dos avisos. Juan Pablo Llaguno (Grana y Oro) Oreja tras petición y Saludos con vuelta protestada. Antonio Mendoza nuevo en esta plaza (Turquesa y Oro) Silencio y Vuelta tras indulto. Salió a hombros.

Al finalizar el paseíllo se guarda un minuto de aplausos en memoria del Matador de Toros Raúl Espíndola fallecido esta semana.

El segundo espada fue galardonado por la Porra Libre, A.C., con el trofeo “Joselillo” como triunfador de la Temporada anterior.

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Serenata Sin Noche – La Orquesta de los Mansos “Ameniza” Aniversario.

Media Verónica de “El Payo” La esperanza solo duró un suspiro.

Nuevo bailazo ganadero decepcionante en presencia, debacle de juego. La ilusión de la buena entrada queda en nada, la desesperante impotencia de ver como la Fiesta cae a cada paso más abajo si cabe. Solo hay un momento de esperanza, durante la lidia del misterioso sobrero cuando “El Payo” que se ahoga entre desarmes y pinchazos. A punto de triunfo, la ya acostumbrada incapacidad final de Hermoso deja todo inconcluso mientras que solo el pantano de la mansedumbre detiene, momentáneamente, el paso triunfal de Joselito Adame.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Sabe toda la Afición que Juan S. Garrido escribió el gran tema de Aguascalientes.

Que incluso se ha hecho taurino.

La Ciudad de México, como tal, quizá por su connotación federal, tiene “pocas” festividades puramente locales. Ustedes, que soportan estas crónicas mal hilvanadas, saben que no coincidimos con el regionalismo en la Fiesta taurina en México pues en general segmenta y fragmenta –a veces, segrega- lo que, siendo arte, no tendría que ser, condición para el juicio o uniformidad en el uso, sino puramente distinción y acento.

El Cinco de Febrero, fecha federal, representa una Fiesta taurina de la Capital de México.

Lujo y grandeza.

La Fiesta que ayer no llega. Porque el juego de los toros de Fernando de la Mora, entre tantos accidentes de su capa, entre tanto pelaje blanco, tanto berrendo… acaba en perrendo cuete con aguardiente, dirían los antiguos capitalinos, del peor. Encierro en algunos turnos impresentable, pobre de cara, escaso de cuajo y, principalmente, lastimero en su juego.

Mansedumbre para todos los efectos.

Así, tenemos que el par de Pablo de Sarasate en el toreo a caballo es otro navarro, igualmente Pablo, tiene que ser, Hermoso de Mendoza. Aquel de Pamplona, este de Estella. El lote del estellés no permite, suprime discursos y niega un mano a mano entre el primer violín de Europa y la primera jaca del Mundo. Será a la vuelta.

Resulta que el primer berrendo con solo sentir, ya no los rejones, la presencia, ésta sí, de “Churrumay” atemoriza y… huye, desde luego.

Inteligentísimo, a velocidad luz desentraña embestidas y a temple pleno, en cadencia, encela. Sobre “Disparate” Hermoso tira de la doble pista tocando de pitón a pitón, del toril hacia Cuadrillas. De dentro afuera, a la tira, primera banderilla y de nuevo corta, no solo tapa, la posible salida del toro, encontrando el terreno exacto.

De ahí todo el toro viene a menos. Peor en los medios.

Hermoso tiene todo el toreo en el ser y las jacas. Tras nuevo paso de costado a dos pistas con pirueta de remate, “Viriato” en los medios obliga al berrendo y consumar banderilla. Cita de frente hacia atrás, recorta y aguanta el parón y nuevo arete en lo alto.

Sacar a “Pirata” ante el tan pobre de cara, de juego, de magnificencia, de poder astado, es demasiado. El tordo de raza azteca, devora auténticamente al pobre berrendo en cárdeno en las cortas y el teléfono.

Los pinchazos lo mismo que en su siguiente toro son nimiedad ante la suntuosidad.

Si Alameda decía bien que la clave del toreo está en armonizar lo antagónico, es demasiado poco imaginar que el lote más manso que ha tocado en suerte al navarro en La México pueda hacer buena la igualdad en esta ecuación de contrastes. Por ello, cuando el cuarto ni se entera que el caballo está en la arena y huye tras el primer rejón, la gente comienza la impaciencia, que rompe la parcial “serenidad” de la mitad de corrida.

No es para menos. Cómo guardar los papeles con algo así.

La faena de Hermoso despliega sensacional la comprensión, elección y dominio de terrenos, el cambio en movimiento y los acertijos resueltos sobre la marcha, elimina la tentación de saltar tablas, encela por dentro. Pena que el manso no conozca de ocasiones. Aun las piruetas extienden con “Habanero” la estrecha la condición del astado.

Y “Pirata”, de nuevo, sin oponente a la vista, cierra a dos manos y condona las incomprensibles fallas de su jinete con el rejón de muerte contemplando la siempre mansa muerte del toro. Menos mal, contrario a otras veces, nadie ocurre en aplaudir la resistencia del manso en la hora postrera.

Hermoso sin toros, aun así torea. Le basta un caballo como a Sarasate el Stradivarius.

Cintilan los luceros, diría Juan S. Garrido, y los faroles primeros de la noche de la Capital Mexicana alineados para la entronización de Joselito Adame, tan esperada.

Gracias a la corrida, claro, esto tampoco ocurre.

Traje de compromiso de Joselito, el oro vestido en la rojiza seda, casi terracota. Y todas sus virtudes se vierten en el afán de triunfar. Pero pese a las largas cambiadas o los lances sobrios rodilla en tierra, aun y sin extender puyazo o la espaciosa chicuelina donde se escurre el toro y el alivio de inicio por alto, rascar y frenar es el sino del berrendo.

La corrida no se viste para la ocasión. Ni siquiera lucen divisa, el más elementar avivador. No lo olvidemos.

Que no habría cambiado nada con la tan poca raza en la muleta, la cara arriba, la búsqueda por fugarse de la suerte del astado. Hasta llegar al toril. Adame se lo quita de encima tras doblarse. Gran estocada y gran descabello. Lidia dos mas, uno de regalo, pero la historia es la misma.

Aun con las largas de rodillas en los medios en ambos toros. Horrible es el quinto, el del lugar de horror. Cariavacado, zancudo, saca peligro en la muleta. Flojea y cabecea, Joselito le desdeña con su trazo macizo y perdiendo pasos, bien rematados los derechazos sobre el viento, los cabezazos y la protesta.

Sin suerte el torero, con cierto genio, sin mínimo pozo de bravura el toro.

Y al desastre menor, la mansedumbre, sobreviene la ceguera, ruina mayor.

Porque “El Payo”, que no puede hacer nada con el tercero, brindado sin mucho sentido a Joselito, descastado y roto en casi todo aspecto, se encuentra con que Gilberto Ruiz Torres le compra el cuento de que el sexto no ve.

Y esto es posible.

Solo que recuerdo a Enrique Ponce, ayer hace 12 años hacer ver a un “ciego” de Julio Delgado con el mismo Ruiz Torres, entonces asesor. El hartazgo es tal que el Juez saca de la bolsa una sustitución del astado titular y salta a la arena un astado que a pesar de lo chico, la gente soporta.

Hay que decir que su tamaño y expresión hacen vaticinar lidia mejor. La mirada no miente, dice un aficionado de Iztacalco y es toro responde, en las verónicas de Octavio bien trazadas y en el puyazo de Salomón Azpeitia donde el berrendo en cárdeno y facado, soporta y empuja. La cuadrilla trata de templar pero el toro arrea.

“Payo” tiene en la mano el triunfo a pesar del viento, toro clave.

Sin ser el soñado parece tener lo mínimo para triunfar. Típico toro mexicano.

Pero en La México a los toreros como mínimo se les exige siempre el máximo, cualitativamente. Llega en las dos primeras tandas porque el queretano templa y deja la muleta puesta. La gente al fin respira y desfoga olé contenido. Pase de pecho lentísimo.

Y el toro escarba. Pone a prueba las notas más finas de “El Payo”. Si es capaz de darlas, el toro rompe, si es capaz de templar, el toro se entrega. Pero no. En vez de afinarse, se acelera. Por ello el desarme tras el invertido y la notable baja de la faena que incluye el pase del tiovivo, dando vueltas torno al toro. Cierto que hay viento, pero tampoco excusa.

La faena no despega.

Al preparar la estocada, es verdad, alguien toca al burel, a plaza dividida. Pero García tan concentrado en ello pierde el tiempo protestando y pincha en la suerte contraria a un toro que, a pesar de que dobla contrario al final, había que matar… el único de triunfo.

El regalo de Joselito tratar de extender una estela que, mientras el torero quiera, siempre tendrá, la expectación de los toreros importantes. Sin mayor problema.

El cárdeno obscuro tiene muy poco. Tras la zapopina, ilumina la noche el ascua de la larga afarolada, al paso, con que remata. Pero el toro apenas dura media tanda. No podrá haber “Pelea de Gallos” esta vez para Joselito ni vuelta con orejas a la arena.

No esta noche, más que de corridos, de serenata, casi de romántica celebración.

Por algo Juan S. Garrido, si en el cuarto de un gran Hotel del Bajío escribió un gran corrido, en la Ciudad de México le inspiró su noche, su Castillo, la luna que sus calles esmalta, como nos dice en su “Serenata en la Noche” el vals de la Ciudad de México, digno de su noble rostro.

Eso es el Cinco de Febrero, taurinamente, una Fiesta para la Ciudad y sus huéspedes.

Como en serenata, seis veces se toca al balcón y dos más en caso de que nadie salga.

Termina el Aniversario en retirada con la mayoría cabizbaja.

Eso sí. La única pieza que no ha fallado, la invitó el ganadero y sus amigos, pensábamos que sería la “Carta Jugada” también de Don Juan S. Garrido. Quedaba.

Ha sido una canción ranchera de esas medio azotadas, La Mansedumbre, se llama.

Con esa si sale la Afición.

Y no solo al balcón, sino de la Plaza.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Jueves, Febrero 5 de 2014. Nocturna. Corrida del LXVIII Aniversario de la Plaza. Décima Octava de Derecho de Apartado. Más de Dos tercios Plaza en noche fría con terrible viento en distintos pasajes de la lidia, principalmente a partir del tercero. Mucho ambiente y gente guapa en los tendidos. Reventa descarada.

8 Toros, 8 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) primero y cuarto para rejones, el séptimo lidiado como sobrero tras devolver oscuramente al titular sexto, presuntamente por ciego. El octavo sobrero de regalo. Salvo este último, cárdeno oscuro, todos berrendos, solo quinto berrendo en negro, el resto en cárdeno. Mal presentada por chica y pobre de cara y cabeza. Alto y basto, cabezón y mal hecho el quinto que sacó peligro. Mansos y descastados los dos de rejones, el cuarto solo caminó cobijado a las tablas. Los de lidia ordinaria sin raza alguna y con sosería expresa. El sobrero séptimo ha tenido nobleza y recorrido, cierta bravura que se apagó gradualmente.

Ninguno de los lidiados saltó al ruedo con la divisa en los lomos en contravención a la tradición taurina y a lo que aconseja el arte de lidiar.

El Rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (Casaca Burdeos y Plata) Ovación y División. A pie, Joselito Adame (Teja y Oro) Palmas, Silencio y Ovación en el de Regalo. Octavio García “El Payo” (Blanco y Plata) Silencio y Saludos en el Tercio.

Destaca a caballo Mauro Prado, así como el banderillero Héctor Rojas que saluda.

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En el Pozo María Luisa – Oreja para Federico Pizarro ante débil encierro.

Gaonera de Federico Pizarro a “Rielero” de Santa Bárbara.

Flojea el encierro y con él la tarde. La falta de fuerza relega a los toros de Santa Bárbara que en su reaparición da visos del tópico de la calidad, de “dejar hacer” y el penoso dejar estar. Aun así, con un lote con francas opciones de triunfo, Federico Pizarro deja en solitaria oreja una actuación dispareja con momentos de buen toreo, mientras Jerónimo queda a merced del toro y de su propio momento taurino y El Capea mantiene su status de invitado incomodísimo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Santa Bárbara, la martir nicodemia, patrona de mineros y fundidores bautiza el hierro lidiado ayer en La México, en el día de La Candelaria.

Tres lotes con carácter de desigual. Y variopinto.

Destaca en presencia el berrendo en cárdeno tercero, muy serio por delante, que contrasta con el acapachado cuarto y el estrechísimo, en todo aspecto, castaño que cierra plaza. Un muestrario, a modo de resumen, de flojedad. Hay momentos, son varios durante todo el festejo, en que los ganaderos habrían podido, literalmente, tirar la toalla y todo el mundo lo habría entendido.

Cuando se cae el toro… van varias veces que lo referimos en la Temporada.

A cambio, es justo decir que el primero de la tarde tiene opciones de triunfo.

A pesar de su inicio, descompuesto, muestra dispuesto a Federico Pizarro, tanto de rodillas en el recibo como por chicuelinas después. Hay ocasiones que la omisión del toreo a la verónica emociona, ayer la Plaza México lo acepta pero queda a la espera de emocionarse con un toreo de mayor sustancia, no obstante el empaque del torero.

Por ello, las gaoneras aunque aplaudidas no terminan de ser redondas, Federico no puede parar por entero. Y esto tiene que ver porque el toro protesta, tal como acude al puyazo, bueno por cierto, echándo la cara arriba. Cerca del tercio ante toriles, Pizarro remata por bajo y sale andando en el remate al lance natural con el capote por detrás.

Justo a partir de entonces, el astado comienza lentamente a cambiar.

El de Santa Bárbara se resiste en banderillas, tardea a los cites. Por ello, es clave pisar el terreno, cosa que cuesta un mundo a la cuadrilla. Todo el tercio se reserva. Pero  Pizarro es inteligente, hay oficio. Lfo saca del burladero de matadores, al paso y dando los adentros, para rematarlo con perfecto cambio de mano hacia abajo.

La elección del terreno es clave. De hacer un juicio incorrecto, el astado terminaría montándose sobre el proceder del toreo, esto da la impresión de ocurrir porque Federico no encuentra distancia pese a que el toro acude de largo, perdiendo un paso, el ajuste llega y gana el derechazo en largueza.

Pero no hay continuidad al enganchar la muleta en la tanda siguiente.

En la unidad está la virtud.

Nuevo y atinado cambio de terreno, justo donde fueron las gaoneras, perdiendo el paso y trazando largo, Pizarro se entiende y el pase es rotundo, dos tandas son así. Lo extraó es que por el lado izquierdo la firmeza no llega, incluso pierde el engaño y la faena igualmente pierde en intensidad.

Lo importante es que Pizarro remonta, con el toreo doblón, bien rematado e, increíblemente, tras pinchazo y buena estocada, llega la oreja. Quizá por mayoritaria petición… y flojo criterio.

Un milagro ocurre en la lidia del segundo. Dos puyazos.

Y dos quites.

Jerónimo recibe a la verónica sin las excelsitudes de antaño cuando bajaba las manos hoy solo ha sido el molde. Hay paso atrás y sobreafectación, sin embargo el toro se emplea. Y derriba a Fermín Salinas Ortega que con tremenda gallardía vuelve para señalar un gran puyazo. Con el toro servido el tercio se viste de quites.

Pena que los toreros duden tanto. Bueno es acudir a retirar al toro del caballo pero esto es anacronismo. Pena. Jerónimo luce en la chicuelina aun siendo ésta movida en sus pinreles. Capea responde con quite combinado, lo mejor de su actuación a pesar de su remate tan deslucido y a la trágala.

La faena del diestro vuelve a tener empaque, sello, buen trazo en momentos ante un toro, con clase pero que requiere aguante. Tales virtudes contrastan con la muleta, a brazo estirado, retrasada y el ahogo de Jerónimo a partir del segundo pase de cada serie. La personalidad, hay momentos en que salva al torero, pero la grisura de su sitio, algo que aun no encuentra no termina por emocionar.

Emoción y arte, combinación maravillosa.

Solo que Jerónimo no se encuentra con la muleta como sí con la espada, muestra de ello el intento de circurret. Nueva gran estocada e increíble que la petición no creciera, Jorge Ramos tiene entonces la excusa para no dar la oreja que si en el caso de Pizarro otorga pese al pinchazo, bien habría podido otorgar aquí. Con el criterio ya aflojado.

La suerte de El Capea se corta ante el muy serio, cárdeno girón que tras inicio bueno, cambia en la muleta. Hacia lo manso el toro, en indeciso el torero.

Entonces el cuarto hunde poco a poco a la ganadería en un marasmo.

Menos mal, Federico Pizarro a oficio ganado hace andar roto por dentro al capacho. Es un lamento cada embestida, como no queriendo ir. Cada paso del toro tiene riesgo de caerse e importa del torero la capacidad de templar de tocar la cuerda correcta con la firmeza suficiente para no vacilar pero con la sutileza adecuada para no derrumbarle. Ello, lo entiende desde el inicio alternado lados, con dos firmazos de cartel.

Como el toro cae, el cite es suave y Federico liga, en lo corto y pisando el terreno, dejando el engaño puesto. Por fuera del tercio, vertical siempre emociona. Y como el toro acorta por el lado natural omite el toreo por ese perfil.

Su faena merece premio pero mata mal.

Sin embargo, su tarde, sin redondear, le hace ver dispuesto y como una apuesta renovada… veinte años después.

Cosa contraria de Jerónimo con su segundo, tan gris como el juego, espantoso del toro que sumado a la presencia tan justa del sexto, con tantas caidas, resulta difícil no considerar que Santa Bárbara queda atrapada en un pozo del cual ni la cierta movilidad del castaño rescata.

Cierto es que Capea hace un esfuerzo, mecánico y acartonado. Sin soltura o gracia, simplemente haciendo pasar el tremendo ahogo del toro que poco abona a la historia.

El peligro, la certeza de que el riesgo puede concretizar una amenaza es imperativo de la Plaza de Toros, salir como esos mineros asturianos del Pozo Maria Luisa, aunque heridos con la frente en alto cantaban a la martir patrona de su oficio.

La ganadería de Santa Bárbara, recuerdo su presentación en La México, implicaba hace tiempo una apuesta diferente dentro del ya conocido encaste.

Fuego anteriormente. Quizá estén a tiempo de que encienda otra vez.

Con la bendición de su santísimo nombre.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Febrero 2 de 2014. Décima Séptima de Derecho de Apartado. Media Plaza en tarde fría con terrible viento a partir del quinto.

6 Toros, 6 de Santa Bárbara (Divisa Azul, Rosa y Blanco) Desiguales de presencia, muy chico el sexto, pobre de cabeza el cuarto, muy serio el tercero. Interesante y noble, aunque tardo, el primero, el segundo dura poco y el resto se sumen en su debilidad y falta de casta.

Federico Pizarro (Azul Marino y Oro) Oreja y Vuelta. Jerónimo (Azul Noche y Oro) Vuelta tras Petición y Silencio. Pedro Gutierrez “El Capea” (Nazareno y Oro) Silencio y Silencio.

Destaca a caballo Fermín Salinas Ortega al picar al priemo, así como los banderilleros Christian Sánchez y Gustavo Campos que saludan a tercero y sexto, respectivamente.

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