José Tomás, al entrar en la enfermería: «Esto ya lo conozco»

«Esto ya lo conozco»
Veinticuatro horas después de sufrir y admirar y tratar de digerir la descarnada gloria de José Tomás en Madrid, en su habitación de la clínica de la Fraternidad se respira tranquilidad.

El doctor Máximo García Padrós, cirujano jefe de la enfermería de la Monumental de las Ventas, le intervino con expertas manos de las tres cornadas en la pierna derecha (la más grave, de 20 centímetros en el muslo). García Padrós es el vaso comunicante entre el exterior y la habitación aislada a las visitas: «Está tranquilo. Igual ha pasado la noche. Sin fiebre. Esta mañana (por ayer) le he levantado las heridas, y los drenajes están funcionando muy bien. Se los vamos a dejar de momento».

Si en los tendidos se masticó el miedo y la angustia la tarde del 15 de junio, ¿¡qué no sería en la enfermería, doctor!? «La verdad es que lo teníamos asumido desde el primer día -continúa-. Es un hombre que pisa terrenos comprometidísimos con impasibilidad. No lo vamos a cambiar, y que no nos lo cambien. Es un revulsivo importante para la Fiesta». José Tomás alcanzó la enfermería por su propio pie. Ya dentro, don Máximo lo vio «tranquilo. Entró mareado y sudoroso. Y ha permanecido deshidratado doce horas . Le vamos a realizar una ecografía para descartar cualquier daño en el riñón, pues la primera orina ha sido muy oscura. Sigue una pauta de heparina para evitar trombos o coágulos». García Padrós, que se formó en la enfermería venteña de la mano de su padre, el inolvidable sabio don Máximo García de la Torre, absorbiendo conocimientos y tauromaquias, reconoce seguir sintiéndose sobrepasado por la fortaleza síquica de los toreros: «Tú te das con la pata de la cama y estás en un ¡ay! Sólo con las volteretas que le dio… Es una cosa increíble». Para diez o doce días prevé la convalecencia de José Tomás, que se perderá los compromisos de Alicante y Badajoz (20 y 23 de junio). Forzando la máquina, podría reaparecer el 28 de junio en Algeciras.

Máximo García Padrós ya firmó en su día el primer parte facultativo de José Tomás en Madrid, el 26 de septiembre de 1995, («traumatismo craneoencefálico, con conmoción cerebral, que le impide continuar la lidia»), novillero aún, días después de abrir la Puerta Grande. La historia es cíclica. O casi.Vicente Zabala, quien ganó el premio Luca de Tena por un editorial en el que exigía respeto para la sangre de los toreros, escribió aquella tarde: «Esperemos que todo haya quedado en el susto, pues el joven torero serrano es uno de los novilleros con más posibilidades de llegar a ser figura del toreo».
El 2 de junio de 1997, José Tomás volvió a «visitar» a García Padrós con «una cornada en el muslo derecho (un poco más abajo que la de ahora, matiza el galeno), con trayectoria ascendente y hacia dentro que produce destrozos en los múculos abductores, alcanzando el fémur». Así, cuando once años después regresó, un domingo cualquiera, 15 de junio, por el frío pasillo de ecos de formol y torniquetes contra el destino, JT dijo: «Esto ya lo conozco». El dolor, el quirófano, el sueño inducido de los héroes.
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