Juan Mora: «Soy de letras, no me muevo por las cifras»

Por el Guerra (Sol y Sombra)

Tras su reciente consecución de la Réplicla de la Catedral de Manizales, un trofeo muy preciado, en lucha con El Cid y El Juli, Juan Mora rebosa satisfacción. Volará de nuevo a Colombia, para actuar en Medellín, pero en su mente ya flota la inminente temporada española.

–¿Esperaba el hito en Manizales?
–No ha dejado de ser sorpresa, porque normalmente se lleva el premio quien obtiene más trofeos. Creo que se ha valorado el sentimiento y la pasión que puse, especialmente en mi faena al segundo toro. Curiosamente, me enteré al bajar del avión que me llevaba a España.

–Irá a más cosos americanos.
–Por ejemplo a México, nunca toreé allí. Sí tuve una tarde importante en Quito. Colombia, es el país que he visitado más. Este año, sólo la tarde de Manizales y Medellín. Hay muchas asignaturas pendientes.

–La actuación de Madrid todavía se la siguen recordando…
–Se dieron una serie de circunstancias que llevaron a que ocurriera aquello. Yo sabía que podía llegar en cualquier momento. Era cuestión de esperar, y que me embistiera un toro. Sabía que estaba preparado para ello.

–Lo que le sigue empujando a torear, ¿es el dinero?
–No, a estas alturas, aunque lo material tiene su importancia, me empuja el sentimiento que expresa mi toreo. Yo soy hombre de letras, no de números…

–Es una segunda etapa de su toreo. ¿A qué aspira en esta nueva singladura?
–A poder disfrutar toreando, pisar plazas que hacía tiempo en donde no hacía el paseíllo, como Sevilla, El Puerto, Jerez, Málaga, Barcelona…

–La gente va a esperar siempre el milagro de Madrid.
–Sí, pero eso no puede ocurrir siempre. Es algo irrepetible, como la vuelta al ruedo que dí con mi hijo, que no se me olvidará nunca.

–Estos años, sin prácticamente torear, han sido duros, ¿no?
–Sí, pero nunca perdí la esperanza. Cada día me ponía el chándal diariamente y daba pases a ese toro imaginario, aunque fuera de salón. Y me preparaba físicamente. Tenía que estar preparado, por si llegaba el momento. La familia y mi mujer Martina respetaron mi actitud y nunca me abandonaron en sus ánimos.

–Fueron años en que los empresarios le dieron la espalda.
–No me llamaban, estuve prácticamente arrinconado. La gente, prácticamente se había olvidado de mí, o creía que estaba retirado.

–Debió influir mucho la brutal cornada que sufrió en Albacete.
–Con aquella cornada estuve a punto de palmarla. Costó mucho la recuperación. Remontar un hecho así demuestra que tienes agallas. Y que los toreros tenemos algo especial para no venirnos abajo.

–¿Cuáles son los toreros que más le estimulan a la hora de compartir cartel?
–Hay un ramillete de grandes figuras, pero uno que me llena especialmente como aficionado es Morante de la Puebla. Hace cosas realmente increíbles.

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