Toros, Palomas y Primavera.

En medio de una jornada de puente y plazas portátiles, San Juan del Río inaugura su Primavera taurina con una corrida que despierta el interés del público y en él, una potencial clientela taurina que insisten en no fomentarle su gusto e interés quienes dirigen el espectáculo, a riesgo que acudan a éste ocasionalmente.

Por: “Puntillero”

San Juan del Río de un tiempo para acá, ha conseguido una exposición mediático taurina importante, incluso con la televisión presente. Su ubicación geográfica la hace ideal para fomentar el interés del público y por supuesto del buen aficionado.

Una plaza mitad fija y mitad portátil, en medio de un recinto ferial y de fácil acceso. Por cierto en ningún lado se aprecia su nombre –José María Luévano sería una atinada elección. Quizá en un futuro habrá de revestirle física y taurinamente, porque el Toreo siempre va adelante. Su posición, a la mitad de una región taurina, vitivinícola y que rinde también culto al caballo, resulta ideal.

Mejor conjunción parece imposible y Hermoso de Mendoza atrae más de tres cuartos de aforo a pesar de las caras localidades y días feriados. Hay un momento favorable para el espectáculo pero la gente ha desarrollado sentido, no es tan fácil tapar el ojo contrario del público y pasárselo lejos.

Pero sin importar su edad los taurinos encuentran la forma de estar en el sitio. Antes del paseo, aparece una cuadrilla integrada por tres infantes que con naturalidad y prontitud se apersonan con todos los toreros y como en su casa se internan al callejón. Servirían luego, sin temor alguno las banderillas de Hermoso atentos al toro y su lidia, sin duda el toro entra en infantes pupilas y madura con el sentimiento, la mente y el corazón.

San Juan comienza tarde, pero compensa el retraso el desfile de reinas y manolas tiradas por un percherón. Deleite de fiesta bajo el sol que pega a plomo y calienta, estamos ya en primavera. 

Aún hay mayor dilación, al lidiarse un becerro como preludio de la corrida. Con él, el becerrista Humberto Quevedo y su cuadrilla de compañeros, una joven incluida, lidian no sin dificultad pues el manso pone las cosas difíciles de salida. El novel ofrece valor, disposición y a veces verticalidad, a pesar de las volteretas. El público su mejor cara y la predisposición a disfrutar el fin del invierno. Vuelta de estímulo.

Hermoso de Mendoza no abre Plaza y es criticable. Alabo su afán de hacer fiesta y colocar al becerrista pero de eso a tomar turno en la lidia, no puede ser. “Es pueblo” decían algunos en el callejón. El toro no deja de tener peligro porque no se lidie en plaza de primera. Menos mal no tardamos en ver un pedazo de toro de La Venta de Romero que si acaso funciona es por el temple que mantiene intacto Oscar San Román tanto con el capote, prenda con la que siempre está en buen nivel a pesar de la inactividad, como con la muleta.

Con el primero usa el percal preciso. Y la muleta pertinentenente ante un burel que pican atrás y al que una maroma acaba por descomponer. San Román alivia y otorga la lidia requerida pero no hay para más.

Afortunadamente ante un terciado pero montado cárdeno que hace de cuarto, vuelve a deslumbrar cuajando un personal saludo a la verónica bien rematado en los medios. Misma suavidad en chicuelinas.

Corta una oreja tras pinchazo y gran estocada al cuarto. El temple es una moneda que siempre brilla y San Román la cambia ante un burel débil no falto de clase al que  otorga lo que requiere, gusto y mucho son en tandas largas. Y los toros, si los toreros se entregan, suelen mejorar.

Pablo Hermoso mete al público, primer triunfo. No obstante su lote no tiene estridencias en sus astas, sino al contrario. Hace que Hermoso porfíe hasta encontrar el terreno. Al primero, que es injustamente homenajeado con arrastre lento, da lidia exacta, exponiendo incluso en exceso. Envuelve al toro en su ritmo destacando de costado por lo reunido y armónico de su paso. Con el que hace quinto, un toro probón y tardo, Hermoso le hace romper encelando de espaldas y luego girando en doble pirueta que afirma que no hay toro que le haga quedar mal.

Todo lo bueno de su toreo se acaba con el rejón de muerte. Pena pues el gran nivel de la faena anunciaba un final por lo alto. No fue así. Pero el descabello ante el primero queda para el recuerdo lo mismo con la empatía eterna que tiene con los asistentes.

El caso de Federico Pizarro es algo parecido al de San Román, sigue siendo torero aún sin estar toreando continuamente. Por eso sus más visibles virtudes se mantienen intactas.

Sorprende con el capote al recibir en ambos turnos con suavidad, hacía delante y a pies juntos. Deja en evidencia al serio y feo tercero, un toro astisucio y muy astifino que pone la situación a la contra principalmente por su falta de fuerza e informalidad al embestir. A pesar de quedarse por bajo, Pizarro se impone hasta hacerle pasar y arrancar una oreja de mérito.

Una pena que el zambombo, excesivamente atacado, sexto no camine y tenga que regalar un anovillado séptimo que nos deja ver la planta y buen gusto del torero en los derechazos y sus remates. Le dan una oreja y lo sacan en hombros. Aún sin regalo ni segunda oreja habríamos estado contentos al vislumbrar aquello de que “ aún queda agua en el abrevadero” Más cuando lo bien aprendido, ni las canas se lo llevan. La falta de ritmo se quita de un modo, toreando.

Digna de reseñar la presencia del gobernador Calzada pues para un político pasar la prueba de la Plaza de Toros, aun no siendo en la capital de su Estado, es un síntoma de compromiso. Tomen nota los agazapados, la curul o el despacho no es vanidad sino sitio de privilegio y compromiso.

Ni en San Juan ni en algún otro lado podemos abandonar la tradición, eso incluye a la banda y a la autoridad de Plaza. Las empresas no pueden soslayar que los toreros lo son hasta en el último minuto, a pie o a caballo. Ignorarlo sería un error tan grande como portar un abrigo en primavera y por eso luego tenemos al público solo en tres cuartos.

Y nunca es bueno vender kilos de a tres cuartos. No olvidemos que “por debajo de la arena corre el agua y no la vemos”

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO

San Juan del Río, Qro.- Tres cuartos en tarde ventosa. Siete toros, 5 de La Venta de Romero, regulares y desiguales, uno de Campo Real, el sexto, y un séptimo de El Grullo, chico y bueno. 

Óscar San Román (Esmeralda y oro) Palmas y oreja. Pablo Hermoso de Mendoza mal toda la tarde con el rejón de muerte, solo saludó en su lote. Federico Pizarro (Burdeos y Oro) Oreja, palmas y oreja en el de regalo.

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