Arrojado, el Milagro de una Primavera Magica en Sevilla

Sol y Sombra

Sevilla en primavera es un territorio de sueños capaz de cosas fantásticas como disparar miles de colores en el cielo del atardecer sobre el río y de hacer que un toro vuelva a nacer. Sucedió el pasado sábado, a media tarde, cuando el presidente de la Real Maestranza de Caballería, epicentro de esas cosas fantásticas, sacó por encima del paño de su palco un pañuelo naranja. En ese preciso momento, «Arrojado» había ganado el cielo y una vida en ese paraíso en la tierra al que llegan solamente una treintena de privilegiados cada año.

«Arrojado» era, en un principio, como todos los demás: un ejemplar que llevaba grabados a fuego en el costado el número 217 y el hierro de Núñez del Cuvillo. Negro, fino de líneas, pertenecía a una reata calificada como excelente: hijo del semental «Metelíos», numero 68, de 1999 y de la vaca «Arrojada», una ensabanada de la casa. De sus cromosomas le vinieron la bondad, la nobleza y el motor suficientes para embestir eternamente en la muleta mágica, dulce y a la vez poderosa de José María Manzanares, hasta ser indultado.

Curas

Así los curan: «Lo primero que hay que hacer darle de beber para luchar contra le pérdida de sangre». Beben agua. Mucha. Hasta 80 litros de trago. Y se echan a dormir, agotados. En ese momento, el mayoral le aplica desinfectantes y sueros antibióticos para frenar las infecciones en la medida de lo posible.

Y de ahí, al camión y a casa. Después de un viaje de varias horas que les somete a cierto estrés, volverá a su campo, a su cerrado, con sus colores y sus olores y se someterá a un par de curas a manos del veterinario. En un chiquero no se curaría. «Se trata de potenciar su inmunidad y nos hemos dado cuenta de que la única manera de hacerlo es dejarlo en su entorno». Tienen que estar en casa.

El rey del campo

En un mes, «Arrojado» estará con una punta de vacas con las que hará lo que más le gusta: pastar, procrear… Ser el rey del campo. Un semental. Ese es el regalo que le hizo Sevilla en la tarde de primavera en la que «Arrojado» volvió a nacer.

Por F. Apaolaza / Abc Madrid