Gris y Buenas Tardes. – Quinta Novillada en La México

Antonio Galindo, eltrazo al natural.

Pesadez y pena. Pegas y excepciones saltan a la vista tras un cartel que poco prometía y que ofreció aún menos. Al final solo el debutante Antonio Galindo se salva de la quema.

Por: Luis Eduardo Maya Lora.

Sí hay quinto malo. Tan malo que tenemos que soportar a Juan Vicente, veterano segundo espada, verlo lidiar. Por supuesto, sin el menor de los éxitos. Conste que sin ser excelso, el novillo podría haber tenido posibilidades de caer en otras manos.

Para acabar de bordar la situación, Vicente mata al mejor de la corrida, el segundo. Un fino astado de San Antonio de Padua que desde salida tiene prontitud y movilidad. Su tipo le predispone a embestir y es una desgracia que se encuentre con mantazos y telonazos a pies juntos, baile en las tafalleras y un sinfín de tropelías de su lidiador.

Una auténtica pena. Hay novillos que tienen pésima suerte en los sorteos. Más cuando se cita para luego echar atrás y dejar pasar en los muletazos. Salvo los doblones iniciales, no entiendo como hay quien le corea. En fin. Alguien más merece esta oportunidad.

Ayer La México requiere cantar algo o a alguien. Por eso de pronto confunden e incluso animan a un novillero como Manolo Olivares que ayer se revistió de un supuesto apoyo popular, que no taurino.

Con el primero, Olivares demuestra todo menos técnica, valor y entendederas. Se espanta en cuanto el que abre plaza canta su mansa condición y se pone difícil. Lo debió de traer por los aires mucho antes y tan solo rompe su taleguilla. Tan empeñado en citar trasero y hacía afuera a punto le cuesta un percance aún más serio. Mata fatal.

Otra vez tiene Manolo la suerte de encontrar un novillo que le deja estar, el cuarto. Luce en saltilleras donde aguanta la larga acometida del novillo a su capote y lo pasa por su espalda. Feo detalle es destocarse por todo y en todo momento. Señores toreros, la montera es forma y en ésta en el toreo es fondo. Al rato van a salir con que “no hace tanta falta”.

Como se anima tras el quite, piensa que el cárdeno “se prestará” para banderillearle y hasta dos pares toma simplemente para hacerse un lío dejándose alcanzar al no saber salir de la suerte. A merced queda del novillo colgado de la barrera sin que le ocurra nada afortunadamente por obra divina. Cierra a cómo puede un tercio de muchos errores y más penurias.

En la muleta se diluye la posibilidad de algo más al limitarse a dejar pasar. Pegar pases y de pronto acomodarse en algún derechazo o ciertos remates por alto. Pero, no obstante su altura, se empeña en torear corto y por redondeces. Desarmes son la consecuencia. Me recuerda una frase en tienta dictada por un gran ganadero tlaxcalteca, “Al desarmado, tarjeta roja” Y no distinguía entre matadores, novilleros o aficionados.

Ayer, nuestra afición con corazón de mazapán aún le espera y envía enhorabuenas al palco ganadero sin considerar  la flojedad y sosería del novillo cuarto al que Olivares vuelve a pinchar por salirse, por no volcarse a pesar, como decía un aficionado de Iztacalco, que la cornamenta del novillo tlaxcalteca es poco impresionante.

Segunda novillada y frentazo para un novillero cuyo terreno es siempre la grisura.

La esperanza es para los que hemos visto al tercer espada. Antonio Galindo, adecuadamente vestido, afronta el compromiso con seriedad de formas y sinceridad en los cites, no obstante el viento. Adelanta al principio ante un rancho seco clásico y mucho próximo al origen Zotoluca.

Cornicorto, cárdeno claro, pone las cosas a la contra al rasgar y echar atrás. Ante ello Antonio echa para adelante pero no resuelve entre el viento y el pesado y distraído ambiente que reina. Apenas algún natural de muleta adelantada y ciertos derechazos al comienzo de cada tanda antes que el burel vaya de nuevo en retirada. Dilata en matar y encontrar el sitio al grado de incomodar al público cansado y exhausto ante tan poco contenido.

Sin embargo, cierra plaza un burel chico que comienza a moverse. Galindo se anima, tira de dos faroles de rodillas y de lances aún sin romper hacía delante. Nervios y velocidad en las chicuelinas al paso y por las afueras dejan en suerte al caballo. Adecuadamente se tapa al quite. Saluda Diego Martínez en bandeillas. Tras brindis paternal, comienza el de Tlaxcala con firmeza y decisión además de seriedad, situación que puede no producir tan facilmente la emoción en el tendido.

Hace pasar al novillo a pesar de que al tercer pase el astado evidencia su tendencia mansa y el viento se interpone. A mi juicio, desde la comodidad del tendido, falta perder un paso entre pase y pase para tratar de encelar al novillo corto de raza. Él lo tiene más cerca que nadie e incluso en los medios. Empeña Antonio sobre un buen concepto torero y una interesante forma. Procura hacer el toreo de verdad y eso cuenta, no obstante se diluye la tarde lo mismo que el juego de la mayor parte de lamentablemente mansa novillada incluido el que abrocha la función.

Solo queda entonces el último y vital suspiro. En los medios, Galindo se entrega pleno en la suerte suprema. Por fin La México ruge tras perfecto espadazo en lo alto, apenas tendido. Muerte larga y espectacular del toro cambia la frustración por la ilusión del pañuelo blanco. Quizá taparlo habría sido lo mejor, pero Antonio Galindo se lleva una oreja que tiene en el reverso la palabra “repetición”. Ojalá antes le pongan a torear.

Vuelta al ruedo de la ganadera Doña Mónica Hernández y los jóvenes integrantes de la familia. Bonita anécdota que nada tiene que ver con la bravura. Les damos las buenas tardes y la enhorabuena, que taurinamente nunca a nadie se le niega pero lo cierto es que la vuelta ha de ser en una mejor ocasión.

Que será cuando regrese el trapío, primeramente, y la bravura después. Pues tomarse esta pequeña concesión es bajar el listón y diluir el color de la divisa. Estoy seguro que únicamente quedará en anécdota.

Lo preocupante es que aún hay quien sí aplaude… Espero solo sea un lapsus involuntario.

Twitter: @CaballoNegroII

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Domingo 21 de Agosto. Quinta de Temporada de Novilladas 2011. Menos de un cuarto de entrada en tarde con sol al principio y con mucho viento durante todo el festejo.

6 novillos, 6 de San Antonio de Padua (Divisa caña y nazareno) Disparejos de presencia y chicos con excepción del primero, cárdeno y ofensivo que se orientó pronto. Destacó el segundo noble y de armoniosas hechuras, igualmente en ese tono aunque menor el cuarto.

Manolo Olivares (Rey y oro) Saludos con división y silencio. Juan Vicente (Grana y oro) Silencio y silencio. Antonio Galindo (Turquesa y oro) Silencio y Oreja protestada. El tercer espada se presentó en esta Plaza.

Cuadrillas. A pie Diego Martínez tras banderillear al sexto.

Se ha guardado un sentido minuto de aplausos por la muerte de la Señora Doña Sofía Olea fallecida lamentablemente el pasado viernes. El acto, verificado tras saludar los toreros al usía, nos recuerda  que la muy querida “Doña Popa” ha sido una de las más evocadoras aficionadas taurinas y madre del actual empresario de la Plaza México. Descanse en Paz.

3 respuestas a “Gris y Buenas Tardes. – Quinta Novillada en La México”

  1. “La vuelta ha de ser en una mejor ocasión”. La frase resume todo. Bajar la expectativa tanto de lo que los toreros deben hacer y lo que los ganaderos deben criar en el campo bravo para luego embarcar a la Plaza México (increible el desdén con el que a veces se trata a este ícono de la fiesta brava), es un pecado mortal en esta fiesta. Los aficionados queremos que Dios reparta suerte, pero cuando la suerte está echada una semana antes de la corrida, algo debe de hacerse urgentemente.
    Luis Eduardo, excelente crónica, sin cobas. Y un remate que solamente “el que entendió, entendió”.
    Nos vemos el próximo domingo.
    un abrazo
    Aureliano