Ventiscas y Mareas. – Sexta Novillada en La México.

Moreno por Chicuelinas en La México.

Lluviosa y taurina imposibilidad parece cargarse la historia de un nuevo gris y nublado escenario novilleril. Pero en La México hasta en el último momento, pese al público desorientado y ocasional, pese a la incapacidad toreril y los pocos augurios, puede brillar el sol de la bravura como con el que cierra la función y que nos pone delante, contra todo y contra todos, del milagro del toro bravo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Sinceramente todo se podía esperar menos que a la hoy antigua Malpaso le embista un novillo en La México.

Lo digo sin tapujo alguno.

Los últimos 15 años la vacada zacatecana, con ese extraño nombre, había buscado una tarde grande en la Capital sin el mínimo éxito.

Ayer solo nos brinda alegrías el sexto.

Dicen, es cierto, había conseguido con una novillada en Aguascalientes un extraordinario triunfo. Hoy ha cambiado, para bien, el nombre de su dehesa, raro y proclive a la guasa, al histórico y zacatecanísimo Pozo Hondo. Solo hasta el final la cosa rompe a bien gracias a ese espléndido cierraplaza.

Antes, realizado el despeje con simbólico y sentido minuto de silencio tras el vil ataque de Monterrey, la arena de la Monumental luce como una laguna. Torear sería imposible. En tanto, la Banda del Maestro Vázquez se da gusto bordando el chotis “Madrid” que liga a una “Virgen Macarena” inconclusa pues salta el primero a la arena.

La afición se distrae, observa poco al toro y platica a raudales tanto en las lumbreras como grita la molesta e irregular vendimia en medio de la lidia.

Por eso cuando Fernando Labastida intenta llevar largo con la mejor de las intenciones pero con la penumbra de un traje de sombras que nada realza su empaque, el publico apenas y logra valorar el esfuerzo del potosino quien hace desplazar por el lado izquierdo al burel al que templa en momentos no obstante se descubre y pierde la tela roja. En un momento le empitona angustiantemente sin mayor consecuencia.

Lluvia terrible que padece Fernando al matar al grado del aviso. Poco que decir entre tantos enganchones.

En el cuarto el agua apenas cesa su caída.

Labastida encuentra un novillo áspero con nulas posibilidades pero que representaba, por lo incierto y lo cabeceante, la posibilidad de ver avances técnicos en el toreo. Hay un momento en que parece templarse con la derecha pero el macheteo inicial y los enganchones acaban provocando que el novillo le sorprenda varias veces.

Cuando Fernando reacciona le han tocado, pese a la displicencia del usía, dos avisos. Tarde difícil en monocromática resolución.

Aporta Cesar Ibelles decisión inicial pero padece un mal muy propagado, la muleta retrasada en todo momento. Cierto que encuentra un novillo castaño manso y serio al que quita por faroles pero con el que ni se impone ni sujeta en la muleta.

Empeña Ibelles y menos mal no saca genio el novillo que lo tiene a merced al final de la faena. Flojedad, falta de casta y pésima condición del piso agravan la situación.

El quinto me recuerda aquellos toros zacatecanos que tanto gustaba a las figuras en los años setentas, uno de esos ejemplares en los que los toreros de “ayer” aguantaban hasta lo infinito, insistían y sobaban aún sobre el enganchón en el último tiempo de los muletazos para desahogarles y desengañarles para que luego rompieran a bueno.

Insiste Ibelles tanto que de pronto al novillo le da por embestir pero para el novillero es ya muy tarde. Muchos nervios, muchos pasos y pocos alcances.

Debuta un novillero poblano avecindado en Aguascalientes.

Juan Pedro Moreno apunta sello, no obstante deja pasar, que no torear, en el recibo chicuelinero donde no se torea porque no se sujeta. Tiene cierto sabor, incluso sentimiento con la muleta pero el brazo tan pegado al cuerpo al final del pase, el poco mando y principalmente los desarmes impiden que la cosa llegue a más.

Sin embargo, en el sexto la cosa cambia. El ventarrón muere pero la estela del viento al sentir cerca la noche cambia súbitamente cuando se anuncia a “Asturiano” herrado con el número de la perfección, el siete. Desprende del toril con salida de frente, tiene cara de señor y al llegar a la plaza pesa un kilo debajo del peso mínimo para una corrida de toros. Con lo que recupera de agua seguro está por encima de referido límite.

Un terrible sonido, como el crujir de un árbol, sale del cuerpo del novillo antes de ser picado. Es la pata trasera derecha que se lastima y que acusa terriblemente su tranco, viene la protesta pero la autoridad aguanta.

Se lastima sin llegar a inutilizarse y por eso le dejan continuar.

Todo mundo se cerciora de lo anterior menos Moreno que empeña en citar y quitar por detrás para estorbar a un toro que no le cuesta desplazarse. Quizá, en toda la plaza, el único que no lo nota es el de blanco y azabache. Pero hay que observar el tranco del toro y su reacciones para darse cuenta que es adecuado, en donde y como hay que construir, reconstruir o reparar su tranco.

Ojalá y las cuadrillas también lo entendieran.

Buenos para cobrar pero como buenos agremiados, tardan horas para atender y completar el segundo tercio donde Gabriel Luna claro no lo ve nunca, solo falta que Sergio González remate por serpentinas. Desastre en banderillas, incluso se solicita cambiar al astado. Moreno alivia y soba en sus muletazos iniciales, después liga, a veces con sabor, pero manda muy poco. Aún así “Asturiano” supera la adversidad de la pata trasera, del piso, el severo castigo, la terrible lidia y el poco mando de su lidiador.

Es decir, a cada prueba, el novillo libra obstáculos.

Tres pases naturales de calidad y de buen remate y Moreno queda desarmado. De mazapán el corazón de la multitud que se va fijando en el torero menos que en el toro. Juan Pedro, es preocupante, carece de un concepto claro del toreo. Este novillo era para, en su condición de lidia, fantasear, poderle sin molestar, templar sin frustrarle, que el toreo natural nada tiene que ver con cambiar indiscriminadamente por la espalda.

A ratos parecen llegar los muletazos buenos y rotundos pero el desarme es el agua fría que acaba la pasión taurina. En los naturales, al tercero de la tanda, está ya sorprendido y embarullado. Empecinado con los pases cambiados, termina por cambiar el toreo valioso por el accesorio de la manoletina y algunas otras telerañas también enganchadas.

El novillo crece, a ratos rebosa, mantiene alegre el rabo y con ese cansino por dificultoso paso que a muchos descubre el temple, deja a Moreno al descubierto por falta de mando. Le salva su voluntad, sello y cierto empaque. Son novilleros, cierto. Torean muy poco, hay que moderar. Pero señores, la actitud taurina no es esta, Moreno aún por debajo de “Asturiano”, tiene sello y, a diferencia, no se acabará en una tarde.

Esperemos a ver si hay vuelta.

La que sí se acaba para pena de todos y quizá del ganadero, es la vida del novillo. Pero como los “grandes” aficionados de La México están más pendientes del tiempo de los avisos que de ver al toro que vende cara su caída poco se ha de analizar la categoría de este «Asturiano» en una época de crónicas maquiladas a velocidad luz, sin temple.

Hubo que descabellarle.

La bravura logra todo, elevar mareas, luchas contra ventiscas, caminar entre las aguas y vender cara, por supuesto, la vida.

Ayer, con un novillo como estos, con esa cara y hechuras, que bien puede levantar una ganadería históricamente muy complicada, ha de construirse un nuevo nombre. Solo esperemos que la sangre derramada en La México no haya sido la sangre de que debió quedarse en el campo.

Tengamos cautela, aguardemos porque ya lo decía Victorino Martín: “El novillo engaña, es corretón y juguetón como los niños. Prometedle un caramelo a un niño e irá a por él hasta el fin del mundo”.

La afición en La México, aunque a veces no lo parezcamos, somos así.

Vamos y damos por todo aún sea “hasta el fin del mundo.”

Twitter: @CaballoNegroII

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Domingo 28 de Agosto. Sexta de Temporada de Novilladas 2011. Menos de un cuarto de entrada en tarde terriblemente lluviosa. Agua y cielo gris durante todo el festejo, ruedo inundado tras la muerte del primero.

6 novillos, 6 de Pozo Hondo, antes Malpaso (Divisa verde y azul) Correctamente presentados aunque desiguales en presencia. Destacó por mucho el bravo y noble sexto “Asturiano” nombrado, de 449 kilogramos y herrado con el número “7” negro y zaíno, que a pesar de lastimarse una extremidad dio buen juego para ser justamente premiado con el arrastre lento.

Fernando Labastida (Negro y azabache) Silencio tras aviso y silencio tras dos avisos. César Ibelles (Botella y oro) Silencio y división. Juan Pedro Moreno (Blanco y azabache) Al tercio por su cuenta y Gran Ovación. El tercer espada se presentó en esta Plaza.

Cuadrillas. Terribles los de a pie en especial Gabriel Luna y Sergio González. Destacó Fernando García Araujo con los palos delante del quinto.

Se guardo un sentido minuto de silencio por las víctimas del terrible atentado acaecido en Monterrey la semana pasada.

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