Idas y Venidas – Octava Novillada en La México.

Muletazo de Moreno a "Padrecito" de San Felipe Torres Mochas. Foto Edmundo Toca Olguín.

Entre ventisca y llovizna, entre alfanje y tela rota, se va otra novillada con dos ejemplares que se van sin torear. Tres avisos, nueva frustración y una serie de sin sentidos taurinos que hacen del domingo en La México una dura prueba, no ya para los novilleros, sino para los aficionados.

Por: Luis Eduardo Maya Lora.

Supe alguna vez que dos días antes de partir plaza en La México en enero de cincuenta y cuatro con “Armillita” y Jesús Córdoba, aún no tenía “Calesero” vestido de torear.

Aquella, la tarde en que el Maestro de Saltillo volvía a la Plaza México con la corrida de Jesús Cabrera, Alfonso Ramírez se jugaba la que a la postre sería la tarde más importante de su carrera, cuando bordó a “Campanillero” para luego pincharle. Esa tarde rentó un vestido bordado en pasamanería blanca, sin que esto le restara categoría torera.

Ayer en La México dos de los tres novilleros salen discretamente vestidos. Es una tendencia respetable el azabache, pero entre lo gris de la tarde, la incomodidad de la brizna y el terrible viento, el traje de sombras poco o en nada abona.

El que viste de oro es Jaime Ruiz. Pero ayer su empaque y sabor, dos de sus principales virtudes, quedan cortas ante el espantoso primero que desde sus hechuras pocas ilusiones alentaba. Entre tanto viento, Jaime no sujeta, ni procura poner la muleta delante. El novillo, sin clase y con la cabeza suelta, termina imponiéndose. Mal con la espada.

Poco le vemos con el capote delante del que hace de cuarto, un novillo de El Nuevo Colmenar alto y estrecho, vuelto de pitones y que sale con la cara arriba. Tras sainete y chunga en banderillas, en el tercio ante toriles hay un momento en que Ruiz le hace acabar el muletazo pero la idea bien aplicada no encuentra continuidad ante la sosería y la voluntad estrellada del Tlaxcalteca que no asegunda. Pero aún con el estoque.

Son muy pocos los novilleros que han repetido este año. Juan Pedro Moreno es uno de ellos. Brinda su primero a Luis Fernando Sánchez quien recibe una cariñosa ovación.

Moreno, es un joven, lo dijimos la última vez, no exento de expresión a quien la falta de claridad en el concepto, eso que no se gana solo con torear sino a partir de la visión particular que se tenga del toreo, le hace intercalar lo mismo chicuelinas al recibir que pases cambiados que poco engranan en temple y mejora de la embestida de un novillo corto de todo, ya no digamos de bravura.

Anda por todos lados del ruedo pero cerca de toriles, protegido un poco del viento emociona al mazapán de la multitud que valora las ganas y los destellos, aún con mínimo temple. El estoque, arma que maneja terriblemente cerca está de jugarle una mala pasada. Voluntad, esfuerzo, afición pero poco alcance artístico.

La última vez Juan Pedro Moreno encuentra un novillo, candidato a ser el de la Temporada, de la antigua Malpaso, el célebre ya “Asturiano” herrado con el número “7”. Hoy en el quinto turno se las ve con uno llamado “Padrecito”, nombrado así en honor a Mario Moreno “Cantinflas” y herrado, para hacer más cantinflesca la alusión con el número “77”.

Esto, que no es más que una anécdota, tiene simbolismo dentro de una novillada cuyos cuatro primeros ejemplares adolecen de estar bien rematados, de tener buenas hechuras y de brindar emoción. Por algo el “7” es el número, dicen, de la perfección.

Por eso cuando el cárdeno claro, cómodo de cabeza –única mácula, quizá- salta a la arena, rompe el letargo de las terribles hechuras. Tiene otro tipo, a lo largo de su caja suma lo bien cortado del lomo y el redondeado morrillo, sin excesiva pezuña y con ligereza en el andar, ilusiona y compromete a todos a observarle con atención y valorarle con justeza.

Moreno sale dispuesto. El novillo comienza frío, otra vez chicuelinas, emocionan a la galería pero es solo en el remate donde  torea y luce en verdad. Aviva en el quite –la suma de chicuelina y tafalleras se llama villaltina- y tras el tercio de banderillas, Juan Pedro va a los medios para buscar las vueltas del novillo en redondo y por abajo. Hay expectativa porque el viento se ha ido.

A regañadientes, por momentos lo consigue. Hay momentos en que le enganchan otros en que se templa pues el novillo busca atemperadamente la muleta. Son tres y el de pecho con la derecha viéndose sorprendido al tercer muletazo. Y pensar que Don Manuel Capetillo decía que la tanda es buena del sexto pa´rriba.

Esto no ocurre por dos factores. El trazo no es largo, en vez de salirle adelante en cada pase hay un paso que no gana y, por ende, poco extiende el viaje del burel. Y el terreno no es el mejor. Sin embargo, en un pasaje, en el tercio frente a la puerta de arrastre “Padrecito” toma un aire que le viene perfecto para entregarse e ir a más.

Aquí Moreno se acompasa. Es el terreno indicado, el lugar justo y sin viento ya, pero… Se va por la espada. Horas pasan y empieza un espectáculo a tres pistas, ir y venir de un terreno a otro, para “elegir el más adecuado” para igualar aún con faena aún dentro. Un año ya hace y los toreros no terminan por aprender la lección a espada enseñada dictada por Juan Mora en Madrid.

Un novillo bravo como éste, que lo ha sido progresivamente durante toda su lidia jamás se iba a entregar, ni con la media tras muchos pinchazos. El tiempo pasa y a pesar de la displicencia de Jorge Ramos, el gris  y amenazador Juez de Plaza, los avisos caen entre el vértigo y la inseguridad que la cara de Moreno refleja.

Incapaz con el descabello, despavorido ante la presión miraba al callejón y no a la cérvix del novillo. Tres avisos y una ovación tan de dulce como el juego del novillo que salva de la quema al ganadero Murillo. Novillo de triunfo, cierre de infamia.

Uno de esos guasones en el tendido, lanzó un bocinazo que define perfectamente la actuación de Oscar Amador, “Amador, ¿Estás ahí?” La respuesta es no. Así que enganchones, palillos quebrados y espadas rotas, sin mínimo temple y entendedera pasó el Tlaxcalteca una tarde no aciaga sino lo que le sigue.

No fue ni con el engañoso tercero, que se movió y acababa tal como defendió en el caballo, con la cara alta, ni con el cárdeno sexto que en escala menor respecto del quinto, tuvo posibilidades.  Jamás se pierde la cara al toro. Todo el primer par de banderillas al sexto, Amador anduvo de espaldas a los medios. Es decir no estuvo. Pena.

La tapadera de un encierro remendado como ayer no la salva un novillo. San Felipe Torres Mochas tiene como diría Don Mario Moreno, “del bueno y del otro”. Se trajo del otro. Los aficionados, los buenos y “de los otros”, andamos entre ir o no venir, por eso festejamos malabares como en el segundo tercio durante la lidia del cuarto.

Y los novillos vienen, a veces se van largo, pero al final también quedan esperando. Tanto los buenos, como los otros.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Domingo 11 de Septiembre. Octava de Temporada de Novilladas 2011. Menos de un cuarto de entrada en tarde nublada con intermitente brizna de lluvia, molesto viento desde el primero al cuarto.

6 novillos, 5 de San Felipe Torres Mochas (Divisa verde, oro y negro) Mal presentados y mansos en general sin remate, estrechos y de feas hechuras. Excepto el cárdeno quinto que destacó altamente por presencia y comportamiento. 1 de El Nuevo Colmenar (Divisa Bugambilia, rojo y amarillo) cuarto alto y estrechos que pasó con la cara alta.

Jaime Ruiz (Cajeta y oro) Silencio y silencio. Juan Pedro Moreno (Blanco y azabache) Palmas y División tras tres avisos. Oscar Amador (Marino y azabache) Pitos tras aviso y bronca tras dos avisos. El tercer espada se presentó en esta Plaza.

Cuadrillas. Destacó Carlos Domínguez Márquez al picar al sexto.

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