Frío, Pachanga… y Bravura – Macías y Capea a Hombros. Cierre de Pachuca 2011.

Macías saliendo de la cara del Toro.

La exitosa Feria de San Francisco 2011, se cierra con una corrida desigual en todos sentidos. Triunfan numéricamente los toreros, da una vuelta al ganadero y, lo más importante, brinda la capital de Hidalgo una cara valiente y fresca en este su comienzo de resurrección taurina.

Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA. Pachuca.

Se esfuman preciosos los últimos oros del sol en la Monumental de Segura.

Suena por ello “La Veneciana”, intermezzo de la fabulosa y desde Julio pasado centenaria zarzuela, de único acto, llamada “El Carro del Sol”. Tan madrileñísima armonía es ayer ejecutada por una lujosa banda que acompaña la acompasada primera parte del trasteo de Arturo Macías al berrendo que hace de tercero.

La cosa para el “exiliado” comienza muy bien.

De camino a la capital hidalguense se observan anuncios espectaculares, inversión en publicidad que promueve a Macías como una figura taurina mexicana. En el pasado reciente pocos –quizá nadie- tienen el historial de este torero en la Plaza México, incluso le reciben con floreada herradura los aficionados locales.

Pero el destino le pone en la situación de arrear y hacer esto de forma expresa. Comienza de rodillas: largas cambiadas y amontonados lances de recibo en tal posición.

El astado es un agradabilísimo, casi blanco burel que luce los colores de la histórica Valparaíso. Diremos que las fotos vuelven a engañar, pues los toros aparentan más en gráfico de lo son en el ruedo. Pero este berrendo, a pesar de su flojedad, acude franco al envite de la saltillera, estática, emocionante y bien rematada después por bajo.

Valor intacto demuestra Macías. Como siempre, inacabable carisma también.

La cosa con un torero abatido como desde hace un año él, consiste en saber si el temple aparece. Buena impresión causa verle aliviar la debilidad del berrendo ligando y luciendo con la derecha así como en los remates por bajo. Compone el tranco débil de su enemigo pero llegado el momento de la descomposición musical, rompe la placidez de la escena descrita al inicio de esta crónica con el acelere de la Banda y la molesta petición de “la de aquí”.

Ahí la faena registra un contratiempo cercano al desarme, pero a Macías no le falta ni terreno ni listeza para enmendar, incluso con tres derechazos buenos y el remate mejor de la entera estocada. No importa, verdaderamente, que el toro amorcille o que caigan dos avisos a velocidad de vértigo. Descabella toreramente, la oreja es justa y el triunfo pleno. Pena es que el sexto, el más toro del encierro, impida por mansedumbre cerrar la Feria por todo lo alto.

A pesar de lo manso, con la muleta retrasada, Macías encuentra su embestida cerca de tablas. Cierto, demora años en ir al terreno del burel, pero algo trae este aire fresco que nos dice que Arturo Macías recupera pasos y terreno.

Mata mal y atravesado, previo puchero porque la banda no se sabe “la de allá” (“Pelea de Gallos”). Enfado del público e inexplicable concesión de trofeo. “Golosinas y refresco para todos” dice el Juez de Plaza. No importa, si la clave ha sido que Macías tiene otra vez algo que decir… Y, atención, lo dice cerca de la Capital.

Decía Don Efrén Rebolledo, el distinguido bardo hidalguense: “Y con mano feliz ase el trofeo de la trenza odorífera y castaña”. Así se va Fernando Ochoa a la vuelta al ruedo luego de finiquitar al colorado que abre la lidia ordinaria. Se va así, porque al igual que Macías, tiene aún que decir.

Por ello celebro que la cintura de Ochoa por momentos juegue a más y mejor en el cite. Así prende y embarca mejor al noble pero soso colorado, de veletas astas, que abre plaza. Le templa y en momentos, cuando sale adelante en cada pase, hay elegancia, extensión y cadencia en los muletazos. Pues un torero tan largo no debe torear tan corto. Intercala, torero y sentido, trincherazo de categoría, cambios de mano y muletazos al paso. Buena estocada y oreja.

Aún queda un tramo para Ochoa que implica es llevar más largo pero sin derrumbar. Por eso el manso cuarto que trae la cara arriba le dura poco, al taparle aún menos y dale demasiado aire. Destaca una tanda por la derecha y también el exceso en el adorno de los molinetes. Le sorprende el toro al matar y pincha en doble ocasión. No obstante, como premio a la entrega le sacan a saludar con fuerza.

No falta quien menciona, y con razón, que “El Capea” está demasiado amexicanado. Sí, sabe hacerles el tiovivo a los toros. No entiendo la moda de tomarse de los cuartos traseros ni comprendo como el salmantino se empeña en no dejar que el brazo derecho fluya y vuele, aunando a su acartonamiento y poco mando sobre las embestidas.

El destragado segundo le mete en problemas, menos mal se lo quita pronto porque incluso la gente –que no es tonta- ha pitado la presencia, destragada, del burel. Había que ver sus gruesas cepas.

Pero el destino le premia con un toro de alta nota. Se llama “Bohemio” y es un dije. Su lomo recto, redondeado el morrillo, el rabo al piso, reunido simétricamente de pitón, denotan la posibilidad de que surja la bravura. Dos reparos terribles ante el capote de Pedro no alientan la esperanza. Pero Capea, atinado y torero, corrige la protesta de las manos por delante con dos suaves capotazos de brega que corrigen el rumbo del toro… y del torero.

A la verónica luce Gutiérrez hasta bajar las manos y el toro le responde. Fuerte ataca al piquero, el quite por chicuelinas de Pedro alumbra, ahora sí, gusto y belleza por ver como el valparaíso descuelga descubriendo las armas de su frente al seguir abajo el engaño. Crece en banderillas y llega al último tercio fijo y pronto a los cites.

Capea tiene el buen tino de llevarlo a los medios donde él cárdeno se eleva y busca encelado, pero con nobleza, el final del muletazo. Se echa de menos un brazo más mandón y una muñeca que rompa mayormente la última parte del pase. La profundidad de la aurora de la embestida del burel adquiere aún mayor dimensión porque a Capea, hay que decirlo, no le enganchan.

Pero entre su falta de soltura y su apuro en los remates la cosa no acaba por arribar donde debiera. Eso no obsta para que “Bohemio” cale hondo y vaya a mejor conforme acude suave y en sereno caminar, me parece se queda con algo más por embestir.

La gente se divide por el lapsus de la “indultitis”. Menos mal, el Juez se muestra firme e indica a Capea que hay que entrar a herir. Doble consulta, doble firmeza. Bien por la autoridad. El torero salmantino, en la suerte natural, cobra una gran estocada. La euforia le da la segunda oreja.

Arrastre lento, justo homenaje. Saca a dar la vuelta a Don Ignacio Pliego, pero la deja en medio recorrido y no acompaña de vuelta al ganadero a su sitio. Modismos. No vivamos en abonos por favor.

La tarde ha sido agradable, a pesar del frío. Además ha comenzado con una actuación animosa del caballero potosino Hernández Gárate con un interesante toro de Arroyo Zarco anunciado como de Valparaíso. Ante el berrendo en cárdeno hubo una extraordinaria pega de Luis Samperio forcado que se despidió emotivamente a hombros de la profesión.

También hay un sentido y más que merecido homenaje a Don Jesús Arroyo con intervención de Alberto Ángel que cantó el pasodoble del homenajeado y cuyo tono contrastó con el gritón animador que alebestró el acto. Lo más torero, la vuelta del también constructore de la plaza junto a las figuras hidalguenses, Rangel, Gutiérrez, además de varios otros toreros en distinguida escena.

Todo cabe en una plaza de toros. Hasta la nueva intervención de “El Cuervo” que tomándose «la libertad» que desgarra la “Pelea de Gallos” a capella tras el puchero de Macías. Todo cabe, decimos, aún amontonado.

Ojalá que siempre quepa, principalmente, como ayer, la bravura. Y cada quien, así, acabará en su sitio. Ya verán…

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros Monumental Vicente Segura. Feria de San Francisco 2011. Cuarta y última de Feria. Dos tercios de plaza en tarde fría y ventosa con cielo claro.

7 toros, 1 de rejones de Arroyo Zarco, bien presentado y bravo; y 6 de Valparaíso (Divisa verde, rosa y blanco) Desiguales de presencia, destacando principalmente el quinto homenajeado con justicia con el arrastre lento. Faltos de fuerza en general, mansos segundo y sexto.

El Rejoneador Jorge Hernández Gárate (Oreja, vuelta aclamada con Luis Samperio cabo que se despidió) A pie, Fernando Ochoa (Rey y oro) Oreja y saludos. Pedro Gutiérrez “El Capea” (Rioja y oro) Silencio y dos orejas. Arturo Macías (Bandera y oro) Oreja tras dos avisos y oreja con protestas. Macías y Gutiérrez salieron a hombros.

Detalle: Corrida en homenaje al constructor de la Plaza, Jesús Arroyo pleno de entrega y sentimiento.

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