Radar Taurino – El Garabato de San Isidro – Comienza la Temporada Grande.

Vuelve San Isidro. En imagen "Mueganito" el sexto toro de la corrida del 23 de enero pasado en La México.

La hora exacta es la hora taurina, marca el comienzo de la Temporada y determina el rigor de la jerarquía. Más allá de críticas, el beneplácito es saber que la Temporada está aquí y que si bien el cartel del domingo es más que una corrida, un evento, hay que acudir a la Plaza para juzgar, sentir, emocionarse y seguir aprendiendo. Abre La México con  combinación magnífica que, como siempre, pende del hilo de un enigmático encierro. Apasionante misterio que dispara ilusiones taurinas en la que deberá ser una “Regia Inauguración”.

Por: Luis Eduardo Maya Lora.

Se espantan algunos de los ignorantes “taurinos” más destacados que observan y se centran en la protesta más que en la vigencia del derecho que los aficionados taurinos ejercerán a las afueras de la Plaza México.

Ese derecho, atención, deberá ser garantizado, con todo lo que ello implica por la autoridad. Y no me refiero a los “efectivos” desplazados, o solo al derecho que tenemos de ser taurino y caminar por la calle sin gritos, con temple y categoría. Me refiero al derecho de quien paga a acceder a ver correr un encierro con toda la categoría.

Sé que las fotos engañan, parece tópico pero más lo sería si creyéramos ciegamente en ellas. La primera impresión del encierro no es mala, al contrario, para muchos es alentadora, cárdenos y negros finos, de buenas hechuras que hacen volar la mente de los aficionados…

Pero, calma por favor, sometamos por un momento a la divisa tricolor –azul rey, amarillo y rojo- de San Isidro a un análisis. Lo saben, adelantar las suertes nunca es recomendable.

Precisamente en 2007, junto con Don Neto, Eduardo Castillo y Rodrigo Cuevas, radiofónicamente sometimos a examen la novillada inaugural de aquel año. Al cuarto de la tarde, un ejemplar bien hecho y chico le dieron el arrastre lento. “Bombón” nombrado, “pekinés” para los puntillosos y certeros aficionados que aún asistían a las barreras de sol.

Aquella ocasión la discusión sobre Arturo Saldívar, la crítica realizada sobre la oreja protestada al segundo de la tarde, recuerdo, sentó mal en los gestores. Sería unos años después cuando cierto crítico español puntualmente refiriera a que: “en México no gusta que se hable fuerte”, será esa tendencia tan frecuente a la autocomplacencia y la coba.

Aún Mario Aguilar pincharía una oreja delante de un interesante novillo –“Pájaro Azul”– en lo que cerraría una tarde con dos notas destacadas pero en medio también de mucha sosería. Esa reserva que existe en la ganadería moderna que es esencialmente noble es la primer reserva que hacemos respecto de San Isidro, conste que anotamos lo anterior respecto de su lidia como novillos.

Año 2009. Tras el triunfo histórico de la gran faena de Arturo Macías a “Cuatro Caminos” de Xajay, la Plaza México preparó un plato igualmente fuerte para el siguiente domingo, 6 de diciembre: El regreso de Miguel Espinosa “Armillita”, la confirmación de Cayetano, alternando con “El Payo” delante de una corrida de Arroyo Zarco.

Aquel frustrado tentadero, de excesivo viento a mitad de semana, marcó la retirada de la divisa mexiquense y la sorpresa de ver anunciado a la ganadería hidrocálida en cuestión.

Recordando que la actual San Isidro tuvo su origen como Roberto Ibarra, y una refundación con cambio de nombre incluido en el año dos mil uno, esa corrida de diciembre de 2006, marcaba además de su presentación en Temporada Grande, su aparición por primera vez en una de las grandes citas.

Como debe ser, los ganaderos enviaron incluso ocho toros pero la corrida, por alguna razón, se completó con un desigual toro que hizo las veces de quinto de Los Ébanos. Los isidros dieron un juego desigual. Difícil el lote de “Armillita”, demasiado listos y sin fondo alguno.  Cabeceante el toro de Cayetano e interesantísimo el de “El Payo”, compuesto por un sexto toro soso y falto de fuerza que incluso le levantó, así como por un acertijo cárdeno, vuelto y enmorrillado, llamado “Arte Puro”, en clara y épica alusión.

Hay nombres que siempre dicen algo más, así como “Ampolo” siempre trae reminiscencias a la excelsitud, “Arte Puro”

"Arte Puro" embiste a la muleta de "El Payo"

acarrea la dificultad, la dureza de pezuña, las miradas al callejón y a los muslos del torero. Así como el torrecilla  de setenta y ocho con “Armillita”, 21 años después ese mismo nombre puso las cosas al rojo. Un pitón izquierdo carísimo que el viento igualmente incrementó tal situación.

Lo valioso aquí, además de la formidable faena de Octavio García, que algún día analizaremos plenamente, es que éste nuevo “Arte Puro” tuvo un fondo oculto que afloró cuando “Payo” cerró la obra por el lado derecho, el toro era verdaderamente otro, siempre emocionante pero siempre en la muleta en desbordante creciente.

Quizá sea porque en el toreo el verdadero “arte puro” sea el desentrañar garabatos, dilucidar enigmas, desenredar nudos gordianos. Un san isidro elevó a un torero a ese nivel. Pocos lo han cantado.

Ocho días después, la otra cara de la moneda se la encontró “El Fandi”, diestro cuya mejor versión se ha visto en la Plaza México delante de un estrecho y ligero astado llamado “Guadalupano”. Desde las verónicas, con el burel algo reservado, tras recargar en el puyazo, éste se fue arriba en banderillas y respondió atento y con bravura a los sutiles toques de “El Fandi” en la que puede que sea una de las mejores faenas de su vida.

No me imagino que “Fandi” haya pensado poder torear así, con esa cristalina naturalidad poco o nada sospechada en él. Sobre todo ante el pitón izquierdo con el burel a mucho más en buena parte por el toque sutil y a veces invisible de muleta. Lo mató soberbio pero solo hubo un trofeo pese a la petición. San Isidro, esa tarde mano a mano con Garfías, salió airosa y con ilusión de verle de nuevo.

El toreo, como en el arte, somos nuestra madurez. En ganadería es sabido y nos lo confirma nuestro autor de cabecera, Eduardo Castillo, que hay años, los primeros en toda dehesa, donde puede parecer que los empadres han ligado poco más que perfectamente pero esto ocurre demasiado temprano. Ven ustedes la “cuesta josefina” del año pasado. La mayoría de los espejismos en la vida ocurren en la juventud.

San Isidro es una ganadería “refundada” hace diez años, que lidiará por segunda vez en el año en la Plaza México. No olvidemos que en Enero trajo seis toros para “El Pana”, Alejandro Talavante y Arturo Saldívar. Ese encierro que se desplazó aceptablemente, tuvo dos toros bravos, los que compusieron el lote de Saldívar, más dos astados menormente presentados, uno para Talavante y otro para “El Pana”.

Esta desigualdad, tan común en la Plaza México, el famoso 3 y 3 y otras azucaradas tapas, mostro que San Isidro es una ganadería que al menos no adolece de emoción, ese tercer y acucharado toro que puso en problemas por su bravura a Arturo Saldívar, contrastó con el nobilísimo “Socio”, segundo de la tarde, con el que Talavante toreó entre clamor pero con la sensación que faltó trapío y bravura.

Como vemos, hay veces también que hay que juzgar a los toros, decía el “Amo del Quinto Toro”, de acuerdo a lo que tuvieron enfrente, porque hay veces que los toros tienen mala suerte. Esta vez me parece que por muletas no quedará

Recordando enero, el sexto de San Isidro fue un ejemplar no sencillo que por pasarle de faena castigó en la voltereta a Arturo Saldívar, situación de la que abusa el torero. Todo en la vida tiene un límite y quizá sea el “límite Saldívar” -o sea, el no límite- cuya hambre le colocará y elevará a la altura que todos queremos. No olvidemos que su presentación en “su tierra” Teocaltiche, fue con la ganadería que hoy nos mantiene en ascuas.

Pero entre garabatos y garlitos de los toros, habrá una dura prueba para el joven matador quien se encontrará con “El Emperador”, el histórico de la Plaza México, Enrique Ponce en una especie de pequeño mano a mano.

Como hay que salir a arrear, en tal situación el fino gallo lo hará a partir del toreo bueno, de su clásica verticalidad y fina aunque a veces reservada expresión. Saldívares el punto de apoyo y el factor de cambio del cartel, quien conoce ya el gran escenario y al que no le pesará el entorno de la “gran pelea”. Mientras el muletazo sea largo, sin enganchar ni

Saldivar cita a "Mueganito" de San Isidro.

apresurarse, como ocurrió en esa corrida de enero con su primero, Saldívar va a marcar diferencia porque La México, sobre todo el sector juvenil, le espera.

Los garabatos, los acertijos y su revelación son la especialidad de Enrique Ponce. Cinco años van a ser desde que cortó su primer rabo en La México, aquel día que deshizo las trampas que le tendió el astifino cárdeno tercero y alumbró bajo las candilejas el fondo oculto de “Protagonista” de Fernando de la Mora.

Desde aquel día, pocas corridas hemos visto a Enrique Ponce. Recordemos que tres temporadas se ausento de su Plaza. Su vuelta no pudo ser mayormente espléndida en 2009, en aquella “Tarde de la Década”, cuando se encontró a “Notario” de San José y le cortó el rabo.

Pero desde esa ocasión el paso de Ponce se ha visto entre dudas referentes al trapío, justificadas, e incluso, injustificadamente, en cuestionamientos de los “cronistas” de medio tiempo, interesados en las odas tomasistas pero nulos observadores que el toreo tiene una distancia.

Ya verán, serán los primeros en arrepentirse cuando “el valenciano” se haya ido. No está muy lejos tal hecho y, ya lo sabemos, de arrepentidos taurinos están llenos los infiernos. La muleta va donde dicta el toro, la distancia no es del toro sino de cada muletazo que se le va a dar. Y cuando a un torero le embisten tantos toros, a la muleta no al cuerpo, como ocurre históricamente con las grandes faenas, no es precisamente por falta de valor.

Aún sobre las nubes de la poncina, Ponce torea a más porque, ahí domina y expone. Ya lo comentaremos. Solo diré que negar la poncina hoy es negar el natural rodilla en tierra garcista ayer. Hablaremos de ello sed de hoc alias.

Lo importante será si la elección de los veedores, si la gestión taurina acierta y nos permite observar a Enrique Ponce donde luce más, en La México y con algo que le exija. Y si no, ahí queda la historia que espero que se revise previo a juzgar. Mucho del garabato de San Isidro, habrá de explicarse en la muleta de Enrique Ponce. Que así sea.

La iluminación taurina se llama Diego Silveti quien para propia fortuna vivirá el lujo del rito, la excelsitud de la liturgia en la confirmación que cumpla la solemnidad del acto que incluye la cabeza destocada y el sacramental abrazo. Tal carga de emoción -aún siendo jueves por la noche se percibe- es la que inundará el histórico momento en que la cuarta generación de los Silveti pise decididamente la Monumental. Casualmente de Enrique Ponce, su testigo de confirmación respondió al nombre de David Silveti.

Desde 1950, la historia de los Silveti dentro del ruedo de La México ha sido de gloria y redención. Desde el abrazo que Fermín Rivera diera a Juan Silveti el clasicismo mexicano prosiguió su proceso histórico, dos dinastías fundidas. Una vez pasada la siguiente generación de la dinastía y ocho años después del histórico brindis de David Silveti de la faena de “Mar de Nubes”, Diego volverá a pisar el ruedo de La México ante las miradas y esperanzas del gentío.

Silveti hace desplazar, de Acapulco a Guanajuato, a miles de seguidores y su toreo, clásico y valiente, con la irrenunciable raza de Tigre que funde cien años o más de torería reverdecerán blasones. La verticalidad y el valor será el camino que recorra el toricantano en su histórica confirmación.

La primera y última razón para no faltar el domingo es la histórica ceremonia y ha sido un acierto de Diego, presentarse en México y en su Plaza mayor. Ya lo decíamos previo a su alternativa asturiana “la reserva de la familia”, las notas más selectas de una estirpe torera, están en las muñecas de Diego Silveti. La única preocupación, la espada.

Hay garabatos indescifrables, hay enigmas sin respuesta y misterios inescrutables. En la Fiesta, los toros tienen la misión precisamente de hacerlo así, de tender, atacando, una trampa a la vida plantear un problema de difícil resolución. Los toreros tienen el deber de descifrarlo y alumbrar su solución por el eterno sendero del arte taurómaco.

No nos queda más que acudir a la cita, disfrutarla, juzgarla… Y contar sus incidencias, como Dios y el toro mandan. Mucha Suerte.

Twitter: @CaballoNegroII.

1 comentario »

  1. Definitivamente de acuerdo con Luis Eduardo Maya en que “por muletas no quedará” y es cierto que todo el rito y la ceremonia de ver ungido en su confirmación de alternativa a Diego Silveti 4to en dinastía, la más longeva en el mundo del toro lo hacen un momento único e irrepetible para los presente…que disfruten y tengan una gran tarde de Toros!

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