Causas y Mansedumbre – Triunfos de Mejía, Pizarro y Peláez en La Florecita.

Natural imposible de Pizarro al duro "Ejemplar" de Rodolfo Vázquez.

Otra vez, y van cuantas, el Toreo ayuda y se ayuda. La Florecita, por fin, vuelve a abrir sus puertas pese a la, a veces, nula disposición de su propietario. La torería se impone a la mansedumbre y la afición se impone al mal clima, casi llenando y cooperando a la lucha infantil contra el cáncer. 

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Se trata de ayudar y se consigue.

Han sido tres cuartos largos de entrada en La Florecita que bien pudo ser el lleno si el clima hubiese ayudado más y José Mauricio, que todo hay que decirlo, hubiera toreado este cartel.

Cuando se trata de un Festival taurino el clima de polémica que los asuntos taurinos necesariamente acarrean, siempre adquiere un matiz que nos hace alejar cualquier cuestionamiento que la severidad y el rigor de una corrida formal trae consigo. Eso no obsta para señalarle al Señor Narváez que no puede ni debe taurinamente dejar caer su Plaza. Que si tiene, por ejemplo, dos accesos, hay que abrirlos, que si tiene una Plaza espléndida, hay que abrirla como hoy, pero más seguido.

Si un festejo taurino se conforma con el precioso fin que hoy impulsa la lucha contra el cáncer infantil, en ello se conjuga uno de los fines del arte del toreo, la efímera emoción que es espejo de que el arte –más el toreo- es pura entrega sin recuperación posible, solo donación.

Eso consiguen los organizadores, claro está gracias a los ganaderos y toreros. Entre ellos destaca el novillero en el retiro –razón por la que abre plaza- Alejandro Peláez, que se topa con un acarnerado novillo de Caparica con el que destaca al saludarle con el capote, primero naturalmente y a pies juntos, después en chicuelina y media de remate. El novillo mansea aunque en banderillas da muestras de ir largo.

Tras emotivo brindis, comienza el diestro muleta siempre puesta. El negro astado lo pone complicado, no obstante ello, Peláez, debidamente preparado, anticipa movimientos amenazantes y tobilleros, bien remata y la muleta a la zurda prosigue la entrega y gana porque aguanta y al templar mejora la calamocheante embestida, dos tandas, la segunda ayudándose, tienen emoción y el público responde.

Pases por alto, como todo, en el tercio ante matadores, abrochan la labor que la estocada defectuosa no empaña para que con toda la seriedad Raúl Espíndola, hoy solemne autoridad, otorgue una justa oreja.

El cartel se compone por tres de cinco matadores en cuya historia mucho tiene que ver La Florecita, por supuesto, al ver a Peláez, Mejía, Ochoa y Noriega, lógicamente vuela en el aire el recuerdo de Lalo Cuevas, imprescindible memoria y necesario será el azulejo que debe colocarse pronto al empresario insignia de La Flor.

La entrega mejora, pero hay que decir que a los toros temprano hay que llegar. ¿Se daría el lujo Usted de llegar tarde a misa? Pues en los toros es igual. No se venden delante del altar las cosa que en misa se venden por fuera del atrio, pues en los toros tampoco hay que llegar tarde ni hacer la vendimia al momento de la lidia. Esto no importa a Manolo Mejía delante del Huichapan que abre lidia ordinaria.

Como atinado está Mejía al recibir lanceando a compás abierto y rematando en los medios hay ovaciones pero el novillo hidalguense comienza a desfondarse, mansea y el quite del torero a pies juntos se desluce por esa cara alta.

Siempre Manolo toma notas pendiente de un posible indicio que levante la condición del toro. Por ello camina hacía los medios intercalando lados, cambio de mano bueno, girando y por delante a la zurda, para abrochar emocionante con el de pecho.

Después plantea sobre la derecha el cite al ojo contrario que hace que burel mejore, no obstante la falta de raza amenaza la realización de la faena. Mejía elimina protestas y liga, incluso por el izquierdo, anima a la concurrencia y acaba por alto. Pese a estocada baja la oreja es paseada en una vuelta que tuvo tres escalas, botas incluidas, que parecía nunca habría de acabar.

Un pasaje tremendo del Festival es la lidia del tercero, “Ejemplar” de Rodolfo Vázquez, ejemplar su seriedad, no obstante lo estrecho y zancudo espanta por bien armada frente. Federico Pizarro recibe con largas. Viene Federico a reafirmar el triunfo doble la última vez en La Flor, el toro lo pone complicado, derriba y toma dos puyazos. Relajo en banderillas.

Al querer brindar a la generalidad, Pizarro se encuentra con que el de la divisa bugambilia y oro se le arranca y entonces vienen poderosos pases para comenzar en plenos medios. Hay emoción e interés tras un pase de pecho maravilloso con rotunda fuerza de expresión, sensacional.

El toro es duro de pezuña, de cuello y, por supuesto, de juego. Saca de Pizarro lo que siempre hemos reclamado, corazón y entereza. Eso lo pone delante de brindar lo mejor de sí. Claro es, el derechazo es largo pese a que el toro se defiende y cabecea. Federico lo tiene difícil pero para eso se es torero. Devuelve golpe por golpe, obliga y manda, incluso por el izquierdo, han sido dos tremendamente logrados antes de un desarme.

Consigue el torero arrancar aun derechazos al final pese a casi ser entablerado. Duro el novillo, demasiado para ser Festival. Pero todo esto el toro no lo sabe, por ello, vuelve a la cara Pizarro hasta imponerse. Mata mal pero la oreja es suya, la entrega también porque desdeñar la posibilidad de una cornada, cuando la muerte brinda y reafirma la vida, esa que la organización del festejo tiene por principio y fundamento.

Taurinamente el Festival culmina aquí. La niebla de la tarde contagia a los tres ejemplares siguientes de mansedumbre. Fernando Ochoa, autor de una faena histórica en esta Plaza como novillero, ni siquiera tuvo la mínima opción para lucir. Tan solo cuatro doblones de inicio a un manso de Caparica es el resumen de una lidia desafortunada para la afición, pues nada hay que hacer. Un aviso.

Peor ha sido para Jerónimo, una de las esperanzas, mala suerte con el novillo número 13 de Rodolfo Vázquez, otro manso imposible. Esforzado, hay solo un lance de recibo, valioso y bien logrado. Lo ha intentado con la muleta al grado del puntazo sobre el muslo derecho, arrojo de Jerónimo e incluso llega un natural ayudado pero ha sido todo. Pena porque el deseo era verle torear, buen indicio ver que Jerónimo está más vivo que nunca.

Sin sitio, Lino Noriega nunca puede hacerse de un manso (otro) de Huichapan que huye por todos lados. Todo lo esforzado de Noriega queda corto y con él taurinamente acaba el Festival. Sin embargo, aunque taurinamente la segunda mitad del festejo acaba pronto siendo el toreo arte nace y muere en un instante que se perpetua en el ruedo del recuerdo y en el lienzo del corazón.

Impagable es y lo será aun más cuando el toreo además de arte es alivio y reparo. Luz de vida, tal cual se nombran los beneficiados. Enhorabuena.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros La Florecita, Ciudad Satélite. Festival Benéfico pro Fundación Luz de Vida. Más de tres cuartos de entrada en tarde fría, con cielo taurinamente encapotado. La gente llega tarde en mala costumbre.

6 novillos, 2 de Caparica, 2 de Rodolfo Vázquez y 2 de Huichapan, mansos en general. Peligrosísimos los dos vazqueños, de fea cabeza los de Caparica.

El novillero Alejandro Peláez, Oreja. Manolo Mejía, Oreja. Federico Pizarro, Oreja. Fernando Ochoa, Ovación tras aviso. Jerónimo, Cerrada Ovación. Lino Noriega, Silencio. Destacó en la brega Sergio González y en banderillas, sobresaliente, el carismático y torero Fernando García hijo que debutaba.

1 comentario »

  1. Luis Eduardo.
    Estoy gratamente impresionado por la manera en que esrcribes la reseña de un festival que tuve la oportunidad de presenciar. Se nos olvida en ocasiones que cualquier cosa en esta vida hay que hacerla con gusto y calidad, como las líneas que hoy he leído.
    Felicidades.
    Rogelio Araujo

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