El Natural Valor – Abre La México. Paso al frente de Antonio Lomelín.

Lomelín corre la mano durante su presentación.

La novillada que abre Temporada en la Monumental cerca está de no tener al menos algo en absoluto para recordar. Por falta de casta, también de trapío, Los Cues decepcionan, llevando a Santiago Fausto cerca del naufragio. Mientras tanto, dos historias de contrastes para dos debutantes, Rosales Lomelín, que consiguen momentos de interés siendo este último quien  arranca una oreja en el último suspiro de la inaugural jornada.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Se va el primero de doce llamados. Quedan once y así iremos cuestionando las respuestas de todos y cada uno de los resultados novilleriles. Empecemos por ayer.

La tarde magnífica por clima y conformación taurina encuentra su primer obstáculo hacía el éxito cuando el viento sopla previo al paseíllo y cuando, una vez plantado el alguacil delante de las cuadrillas, la música se desgrana sin que los jefes de filas encabecen el paseo.

Tras el despeje, la poca presencia del primero aunado a poco ritmo de Santiago Fausto muestran que se rompe la paciencia de la concurrencia cuando el cárdeno y estrechísimo “Pescador” comienza a corretear buscando la perdida bravura. Ricardo Morales tiene que caminar hacia la querencia para intentar picar frente al burladero de la Contraporra pero el manso canta de lo lindo su pobre condición.

Fausto entonces trata de sujetar, de doblar la irredenta salida y la cabeceante acometida del tercio hacía los medios desde la Puerta de Arrastre pero se le nota incómodo, debajo de su mejor forma física, justo cuando el novillo parece cambiar para bien.

Sin embargo, visiblemente “oxidado”, Santiago logra correr la mano y encontrar sitio justo donde ha sido picado el burel, es decir, en su querencia accidental. Ahí se acomoda mejor por el derecho y parece elevar su muletazo. Pero un inoportuno cambio de terreno comienza a torcer la tarde del queretano: desarme, susto y sorpresa como resultado.

Y de ahí, todo un lío. Jadeante y sin rumbo fijo, Fausto enfrenta aviso en este y dos más delante del desplomado tras banderillas cuarto, precioso de hechuras pero terrible en cuanto a bravura, con el que ni por gaoneras pudo lucir. La fuerte apuesta pesa sobre Santiago tanto como este compromiso capitalino que lo único que debe generar en él es el espíritu de levantarse y cuanto antes volver al sitio.

Ese será su primer y necesario triunfo, creemos que habrá momento de demostrarlo.

Peculiar es Efrén Rosales, con todo un aparato hidrocálido detrás de él. Doble apoderado con constantes reportes vía radio con la “Central” pero a quien todo esto le tiene sin cuidado cuando de ir hacia la cara del toro se trata.

Corto de concepto pero altamente importante de expresión -desgarro hay en su proceder- Efrén sale con el corazón por delante. Abre el compás en dos verónicas que emocionan pero que corta al sentirse próximos a los medios, en momento inoportuno.

Hay una media coreada y, tras picar dos veces a otro manso, sobreviene un emocionante quite por tafalleras doblemente rematado con rebolera y recorte genuflexo- que Antonio Lomelín no replica en oportunidad no tomada.

Rosales siente La México. Primero su rigor cuando no le compra el primer muletazo de la tanda de inicio. Y siente su derroche cuando, reservada en el primer pase de la segunda tanda derechista, comienza a romperse derechazo por derechazo hasta cerrar con el rugir del tendido con cambio de mano por la espalda y el de pecho con la zurda.

Sin duda uno de los momentos buenos de la tarde. El sol pendiente ilumina el coloreado rostro del torero que sale emocionado de la suerte.

Como cita a compás abierto y embarca bien de principio, quiebra la cintura y el sentimiento aflora, parece que vendrá el triunfo grande pero en Rosales es evidente y palpable su verdor. Pese a los brazos largos, la embestida se acorta pues el embarque no es pleno, la cabeza del astado va suelta y cuando tiene que hacer que el toro vaya hasta “allá”, es decir, mandar y templar, el pase se queda apenas “aquí”

Por eso, hasta hubo de correr en su salida de la siguiente tanda y le han desarmado después. Cierra su presentación con cuatro joselillinas inamovibles. Pinchazo y espadazo defectuoso le priva de “algo más”.

Verdor también exhibe ante el castaño quinto al que, a pesar de su violencia, Efrén puedo templar y llevarle largo antes de ser volteado doblemente. Aquí, que alguien explique. Tras amenaza de grave percance, ninguno de los dos apoderados fue capaz de hacer una pausa, limpiarle el rostro, bajarle las velocidades para que así volviera a la cara del castaño. De los dos, ni uno.

Pero justo es decir que este chico, aun a pesar de su peculiar forma de ser y de estar, si entiende que el toreo es un ejercicio más de creación y alumbramiento y menos de golpe y empujón, cuando embarque a favor del progreso de la embestida, con esa muleta arrastrada y ese desgarro, el chispazo de ayer puede derivar en la flama del mañana.

Mala suerte al matar arriba pero accidentalmente dejar todo en metisaca al atorarse el palillo con la espada y ésta salir en el acto. Ha caído bien Efrén Rosales, un chico todo corazón y con algo de inocencia taurina, esa que a veces suele descubrir con su tránsito el camino de la madurez, elemento esencial en el arte.

Y queda Lomelín.

Cuando lidia a su primero el viento se desata vendaval inclusive con algunas gotas que se fueron conforme el viento, el (no) invitado incómodo, se llevó a la lluvia, la (no) invitada incomodísima de la tarde.

Incomodado ante ello, Lomelín permitió que al feo y serio cárdeno salpicado, astisucio novillo, le pegasen demás y se quedara parado. A pleno viento, Antonio solo puede protegerse de Eolo con la muleta abajo y dejar un espantoso bajonazo. Con la tarde a pique salta un nuevo y feo cárdeno.

Cariavacado, estrecho escurrido, zancudo y badanudo que, para variar ha hecho cosas de manso. Sin alumbrar alguna posibilidad de fondo por parte del novillo. Lomelín se va a los medios y para no dilatar más, ha pegado el innegable y perfecto péndulo, como en una vuelta al pasado, evocadora y torera escena.

Este sí ha sido péndulo, tal como nació la suerte, el muletazo cambiado por la espalda sumado a los pases naturales justo donde se observa que el cierra plaza es una alimaña.

Aquí Antonio Lomelín se enteró muy pronto del hecho. El novillo busca las corvas, acorta su embestida para prender al torero que dos veces, a pesar del viento, desdeña con el pase de la firma al paso que rubrica su sello personal a la vez que castiga la embestida.

Y a arrimarse. Corto el fondo del toro le obliga a pasar de las rayas hacia matadores tras iniciar con emocionante pase cambiado. Le desplaza por derechazos y que ante la cortedad de la salida del astado, Lomelín se cambia de mano mandón y desdeña artísticamente con el pase del desprecio, a veces caminando y a veces en el sitio.

Así, el desplante, dejando la muleta caer a la arena, tiene oportunidad, torería y para el toro, asombro. Y quizá también para el desconcertado público.       

Porque principalmente, Antonio se impone haciendo uso del valor, mediatizando el activo principal de su padre -la valentía- para imponerse al manso apuntando su proceder hacía el arte. Perfectos son los cambios de mano finales y la decidida estocada apenas caída desata la petición. Sobra discutir si hay o no justicia en el premio.

En este caso, Lomelín gana la repetición no por la oreja sino por su manera de extender pasaporte a un astado que durante su lidia no le hace ver como un indocumentado precisamente cuando ha venido a pedir los papeles a su novel lidiador.

Ese peligro no ha sido palpable, incluso en las barreras de sombra delante las cuales ocurre la escena. Porque aunque no lo suprime, el buen toreo siempre el peligro tapa, asignatura que el cárdeno conoció perfectamente. Menos mal, Lomelín siempre sale al frente, gana la partida porque gana la intención y será el domingo cuando el toro nuevamente le cuestione las cualidades que hoy ha mostrado.

Ya no de valiente, pero sí de entendido y, por qué no, de artista.

Que es precisamente la fiera bicornuda la única que enjuiciará el sitio de cada quien. Ayer ha comenzado la Temporada, perder el tiempo no es una opción. Ni para novillos ni para novilleros, mucho menos para el aficionado.

A menos que renunciemos a ser testigos de la historia, la que no parece tal cuando pasa delante de nuestros ojos.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2012. Domingo, Julio 8 de 2012. Novillada Inaugural de la Temporada anual. Menos de un cuarto de plaza en tarde soleada al principio, con leve amenaza de lluvia y con intermitente, fuerte y molesto viento.

6 Novillos, 6 de Los Cues (Divisa Naranja y blanco) Desiguales de presentación. Muy chicos primero, segundo y cuarto. Al resto los tapa la pinta o la cornamenta. Mansos en lo general con cierto fondo el segundo. Al tercero siempre a la defensiva le pegaron fuerte. El cuarto se desplomó  tras banderillas. El castaño quinto dio opciones en la muleta pese a su mal estilo y violencia. El sexto una alimaña.

Santiago Fausto (Celeste y oro) Leves palmas tras aviso y Pitos tras dos avisos. Efrén Rosales (Esmeralda, teñida, y oro) Ovación cerrada tras aviso y Palmas. Antonio Lomelín (Rey y oro) Silencio tras aviso y Oreja con leve división. 

Destacaron a la brega Sergio González Fernando García Araujo. Saludó al banderillear al segundo de la tarde, Gabriel Luna.

2 Comentarios »

  1. ojala que sea el novillero quetodosestamos esperando tiene de donde el padre le daba pelea atodos triunfo en mexico en espana venezuela corto orejas en madrid ahora nos conformamos con saliditas al tercio en fin que dios lo ayude y el que se heche la mano bien por lomelin y agradezco su columna

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  2. Un inicio no del todo deseable en materia de astados, esperemos esta temporada novilleril en la México sea mejor que el año pasado. Lomelín tiene conque forjarse un lugar en la fiesta brava, así lo deseamos. Buena columna.

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