GDL: Tarde de decepción, detallitos y nada más…Por Francisco Baruqui.

Diego Emilio. Foto por Guillermo Espinosa.

La entrada bajó todavía más cuando mucho mil 500 almas taurinas de asistencia para el festejo del que se esperaba mucho más y del que se recibió mucho menos.

Chipiteo de inicio que duró poco, afortunadamente, para ver una novillada de Arroyo Hondo que lamentablemente no dio mayor juego para una tarde de triunfo grande. Decorosa presentación, novillos, que acudieron reservando en el caballo para llegar al último tercio acusando falta de fuerza lo que derivó en embestidas cortas aunque con la gran cualidad de humillar echando los hocicos a la arena y destacando algunos por su buen son y claridad de embestida.

De los toreros vale destacar a Antonio Mendoza, quien con su buen estilo de expresión artística implementó a su primero una faena con detalles de muy buen gusto, en toreo por abajo, por los dos lados y con ambas manos, obrando entera baja que bastó para cortar una oreja del noble astado; en su segundo, más deslucimiento que brillantez, entre desarme y un trasteo larguísimo que aburrió, no obstante las buenas maneras que tiene. Escuchó un aviso, luego de estocada tres cuartos caída.

Se presentó Diego Emilio dejando constancia de su buen capote al lancear por verónicas rematadas con media y quitar por gaoneras cerrando con revolera; su toreo por alto a dos manos proyectó buen corte y estética, pero débil el ejemplar se fue quedando corto llevándose un achuchón el joven diestro que pasó de faena a la res cobrando luego de un pinchazo entera desprendida para saludos; con el cuarto, proyectó buenas formas con derechazos y naturales terminando de tres cuartos tendida y trasera, y una estocada entera en todo lo alto.

Regaló un séptimo sin presencia y feo de tipo con voluntad y empeño.

Y se presentó Javier Castro, quien de capote sólo escuchó tibias palmas por quite con tafalleras rematadas con recorte. Se llevó el mejor lote, dada la condición que sus novillos fueron claros, con cadencia y metiendo las cabezas con nobleza y fijeza, el muchacho con voluntad, pero por debajo de las condiciones de sus astados. Alargó en demasía sus faenas mirando cómo el tercero era aplaudido al arrastre con silencio para el matador, después de tres viajes pinchando.

Con el sexto, trasteo de ¡uff! dejando apreciar que más que conformar la faena con planteamiento y desarrollo la basa en pegar pases con más ton que son escuchando un aviso del palco.

Así…

Así, el resultado de un festejo del que se esperaba más, insisto y repito, y se recibió menos.

Via: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/tag/de-los-toros-con-verdad/

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