Saldré a torear con el alma: “Armillita IV”

Por Francisco Vargas M.

“Muy contento e ilusionado por mi regreso a la Plaza México, al mismo tiempo con una responsabilidad grande para mí”, dijo el joven matador de toros aguascalentense Fermín Espinosa “Armillita IV”, quien este próximo domingo comparece en la presente Temporada Grande Internacional 2016-2017, en lo que es la Sexta Corrida, donde compartirá cartel con el español Miguel Ángel Perera y el también acalitano Juan Pablo Sánchez, quienes estoquearán un encierro de la ganadería queretana de Julián Hamdan.

Sobre este importante compromiso “Armillita IV”, charló vía telefónica para compartir sus emociones y sentir:

“Uno como torero siempre tiene que evolucionar, en lo particular no he aflojado el paso en mi preparación y entrenamiento, siempre con el objetivo de ir mejorando”.

Añadió: “Conforme uno va toreando de la misma manera aprende cosas y va evolucionando en su toreo, es una carrera muy larga y difícil, cada uno tiene que mejorar, en lo personal pienso desde que empecé he mostrado mis avances, ojalá y este domingo me permita Dios que un toro me ayude para que la afición pueda ver en el momento que estoy”.

Fermín, un bonito cartel en mi punto de vista.

-“Así es, creo que tanto como el cartel y ganadería es un lujo, lo único que quiero es aprovechar la oportunidad al máximo, reitero nomás que Dios me de suerte y que los toros embistan y sea una tarde buena para todos”.

-¿Cómo ha sido este 2016 para ti profesionalmente?

-“No fácil y un tanto duro, porque toreé menos que el año 2015, desgraciadamente en la pasada Temporada Grande no tuve suerte pero bueno, eso ya quedó atrás y ahora el presente es el domingo en la Plaza México”.

Fermín, sin embargo ha sido un año donde has podido expresar tu toreo como lo fue en el pasado Serial Taurino de San Marcos.

-“Efectivamente, sobre todo la segunda tarde el día 30 de abril, donde le corté una oreja a un toro de Pepe Garfias, como la faena que le cuajé al toro de regalo de San Isidro ese mismo día, un toro bastante serio que tenía muchas teclas que tocar; pienso que le saqué todo, lo malo fue que lo pinché,  para mí son los toros y faenas que me dieron moral este año; como la pasada actuación que tuve en San Miguel de Allende, donde corté tres orejas, pienso que me encontré”.

Matador, la mejor de las suertes. ¿Quieres agregar algo más?

-“Muchas gracias, quiero decir que saldré a demostrar lo que llevo adentro y torear con el alma y todo mi sentimiento; aprovecho este gran espacio para agradecer a todas las personas que me apoyan y quieren; espero seguir demostrando que puedo ser alguien en el toreo y sobre todo no defraudar a los que han creído en mí”, concluyó.

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Opinión: Cátedra Riverista

TorosPor Rafael Cué  

Fermín Rivera, torero potosino, 28 años de edad y 11 como matador de toros, sobrino de Curro Rivera, sangre torera y ganadera; su formación taurina ha sido desde sus inicios muy elemental, los fundamentos básicos de la tauromaquia le han sido inculcados por respetados taurinos, como es el caso de sus actuales apoderados: Polo Meléndez y la figura de plata Beto Preciado.

Los tentaderos, aquellas plazas aisladas en el campo bravo mexicano, han formado parte importante en el desarrollo taurino de Fermín; entender y asimilar el toreo desde las entrañas de la bravura en las vacas durante esas tardes de intimidad torera. 


La bravura como fin para el ganadero, la estricta calificación y exigencia en las cualidades mostradas por las vacas al ser lidiadas en las plazas de tientas; el torero como instrumento para descubrir dichas cualidades y trabajar con los defectos de cada embestida para la observación del ganadero y para asimilación propia del comportamiento del animal; responder a esas casi imperceptibles señales de las vacas, la mirada, la respiración, el ritmo en sus cuatro patas al embestir, la altura en la que lleva la cabeza al seguir los engaños, toda esta información debe ser procesada en fracciones de segundo por el torero para poder ejecutar el toreo con lucimiento y a la vez poderle al bravo animal.

Son pocos los toreros que tienen esa característica e intuición innata de saber, casi sin pensarlo, sólo saberlo, el sitio donde colocarse al torear, la distancia entre pase y pase, la altura en la que presentan la muleta, la velocidad del pase, el momento preciso para tocar y prender la embestida del toro en los vuelos del engaño. Fermín es de estos toreros privilegiados; estas capacidades las mostró desde novillero y han sido las empresas las que no han sabido leer y aprovechar a este gran torero; hoy cuenta ya con un prestigio ganado y se le empieza a reconocer su trayectoria y sus enormes aptitudes.

Su personalidad es seria, Fermín es coherente con el dicho del maestro Juan Belmonte: “se torea como se es”. El potosino es autentico, no busca caer bien, busca torear bien, al hacerlo ha despertado ya la admiración de numerosos aficionados sensibles y capaces, no de aquellos que buscan pretextos para descalificar, queriendo demostrar alta exigencia, pero lo único que hacen es esconderse en su profunda ignorancia taurina. Para rematar, otro dicho de un gran torero, Rafael Gómez El Gallo: “es mejor aficionado al que le caben más toreros en la cabeza”.

El domingo en la Plaza México, Fermín cuajó dos faenas muy importantes durante la cuarta corrida de la temporada, ante dos toros de El Vergel, hierro neoleonés propiedad de don Octaviano García, que mandó seis toros de encaste mexicano, con edad y disparejos en presentación y juego. Fermín logró ante sus toros —que a los ojos de los presentes no mostraban mayores cualidades para el buen toreo— dos faenas que se convirtieron en cátedras de tauromaquia.

La sobria elegancia de su toreo, la firmeza en los toques, el temple en los engaños y hasta en la voz para torear; las zapatillas bien asentadas, erguida la figura y laxas las muñecas para despedir la embestida de los dos toros en suerte que terminaron por basar sus acometidas en la bravura de su esencia. La plaza crujió, una pena que el aficionado no haya respondido a dos buenos carteles. Para que regrese la gente se necesita lo que vivimos el domingo, toros embistiendo y toreros toreando.

Consolidación absoluta de Fermín en la tauromaquia mexicana, debe estar presente en todas las plazas y ferias; Europa es asignatura pendiente, que se aproveche la coyuntura de la sociedad de la familia Chopera con la familia Bailléres en España. La justicia taurina es de buenos profesionales.

Ese mismo día, el tlaxcalteca Sergio Flores estuvo cumbre con el mejor toro de la tarde, maduro, artista y capaz; dos orejas y la consolidación de otro estupendo torero joven mexicano. El hispano José Garrido mostró buen oficio y mejor concepto ante un lote deslucido.

Twitter: @rafaelcue

Publicado en El Financiero 

La Cadencia del Paso – Creciente Confrontación entre Flores y Rivera.

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El derechazo a plena luz de temple de Fermín Rivera al cuarto toro de El Vergel. FOTO: Humbert.

La corrida de El Vergel subraya el extremo de la mansedumbre, la sosería. Sonado fracaso ganadero en presencia y juego rescatado por el pequeño pero apasionante mano a mano sostenido entre Fermín Rivera y Sergio Flores, quien sale a hombros tras desorejar al único chispazo de casta de la corrida con el que responde al magnífico y rotundo toreo de Rivera cuya desconcertante espada le cierra la Puerta del Encierro, ojalá repita lo antes posible. Mala tarde del confirmante Garrido, rápido en casi todo su proceder, reducido queda, en todo sentido, a telonero de la corrida.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Humbert García y Edmundo Toca Olguín.

Suma preocupación sufría el General Lucio Blanco, acuartelado en la capital mexicana, sobre el paso de sus soldados, allá en el lejano 1914.

Como Jefe Militar de la Ciudad de México, Blanco se acuartela en la fastuosa y abandonada mansión de Don Joaquín Casasús en la colonia Guerrero, calle de “Héroes”, donde miraba el paso perdido de su tropa al intentar marchar en redondo, situación que resolvió “fácilmente” el General. Blanco, cruzó la calle, se plantó en el predio de enfrente, cuyo patio vislumbra una ideal rotonda, y realizó una “petición” a su dueño.

Si la tropa no debe perder cadencia al marchar en redondo, ensayar en el predio de enfrente. Ayer en La México, cien años después, la Temporada pierde paso, sin patio donde ensayarlo o retomarlo.

Con el petardo de las cuadrillas y el de El Vergel, un encierro mitad impresentable, los tres primeros, y manso en lo general, dejan a la Monumental sin resolver su mayor problema: el toro. Las quejas contra los josé-julianes del sábado son ridículas contra de esto. A los tres primeros de El Vergel solo el mal juicio de Jesús Morales, otra vez, deja pasar.

Desastre total con el anovillado primero, chincolo y, además, espantosamente manso. Ni la voluntad de José Garrido puede ayudarle. El confirmante, sin la cabeza en sitio, sin ritmo, enganchado y matando mal, no destaca con esta birria ni por chicuelinas, peor está  con el muy violento y protestón sexto, diametralmente opuesto a la falta de seriedad del de su confirmación, le desarma y hace ver que ayer, José Garrido, no aparece.

Ejemplo de ello, la omisión de pedir permiso a Usía al devolver trastos.

Inaceptable.

En fin. Lo único que puede ocurrir, para no perder el paso entre unas cuadrillas en la peor tarde en años y un encierro en mínimos históricos de bravura y presencia, es que aparezca el milagro del buen toreo. Esto tiene nombre, dos apellidos más que ilustres y una realidad incontestable: Fermín Rivera Agüero. En nazareno y oro enfundado, con mucha más soltura, menos cercano a la solemnidad pero siempre respetuoso de las formas, se topa con dos mansos como para estrellar la ilusión.

No esta vez. Por el contrario.

Desde el capote el muy pobre segundo sale a protestar y tirar cabezazos. Fermín, sin mayor preocupación, le da por su lado manteniendo la compostura, lancea y el astado trata de quitarse el engaño, cierra con media y, tras el puyazo, prosigue una

Desahogo de la embestida, pase de pecho redondo de Rivera. FOTO: Humbert.
Desahogo de la embestida, pase de pecho redondo de Rivera. FOTO: Humbert.

característica que desde el turno anterior muestra el encierro: aquerenciarse cerca de donde son picados. Las banderillas ayudan al manso que trata de poner el freno de mano y no pasar en la muleta.

Rivera entonces procede como de él se espera.

Serenidad y temple, alterna lados y tira del manso por fuera de las rayas. La faena es pausada y reposada sin atosigar venciendo a un toro que no termina por tomar la muleta por bajo sin protestar, justo en el punto donde todo puede echarse a perder: el último tiempo de su suerte. Si en una tarde Fermín Rivera está rotundo y redondo en su toreo es en esta, su suavidad raya en la seda, la yema de sus dedos tiene su sutileza, en la media altura de su engaño y el canillazo final, el enfoque de su realidad taurina que replica el tendido estruendosamente.

Y a más. Incluso a pesar del desarme, uno en cada toro.

Fermín, poco a poco y muy medido, gana imperceptiblemente el paso a este su primero cuando se queda u obliga a quedarse cuando se raja, el burel cambia tras el embarque del primer muletazo y, principalmente, por el lado derecho  hasta se emplea, al natural vuelve el mando a devenir tras el temple ligando el toreo, los firmazos y pases de pecho son completos.

Un pinchazo y espadazo entero deja todo en saludos.

E inquietante espera.

Menos mal la corrida se convierte en el nuevo capítulo de la confrontación Fermín RiveraSergio Flores, de segundo a quinto. Y la brevedad, el buen oficio del tlaxcalteca, dan cuenta del alimañero tercero, una alhaja, chica y acobardada tras el puyazo, que desarma de salida al tercer espada y se aquerencia accidentalmente para mal fuera del burladero de matadores, quedándose con solo dos palos en un segundo tercio para el olvido donde  urgían las infanterías a tomar pues no pueden banderillear al burel que arrea.

Recuerdo el último caso de dos pares, un cárdeno claro, todo un toro Xajay que se estacionó en toriles, en 2005, César Rincón, de palo de rosa y oro, le cortaría una oreja.

De este lío del solo Rafael Romero, al hacer tremendo quite de riesgo, alcanza a librarse. Flores otorga todo el castigo posible de su muleta al manso que no tiene un pase. Así se procede y el tendido agradece los muletazos rematados a pitón contrario perfectamente empleados, justo cuando salta, ahora sí, un toro para el cuarto turno de la corrida.

Cárdeno claro y nevado, bien armado, serio, por delante.

Aquí, de nueva cuenta, el tranco y la bravura completamente rotos del toro afloran cuando el potosino lancea mostrando, de nueva cuenta, que el juego será deficiente por los cabezazos. De ahí que, tras breve puyazo, la reacción aquerenciada vuelva aparecer y Fermín le avive en la chicuelina que brinda aire y la larga, borbotón de torería. Alejandro Prado se esfuerza, consigue algún capotazo bueno pero Felipe Kingston con esa extrema preocupación de tan solo aventar los palos hace la gracia de tener que volver a pasar pues no clava.

Y cuando un manso ve que al pasar los toreros, de oro o de plata, no pasa nada, puede crecer y hacerse dueño de la situación, por ello, inmediatamente quiere poner el freno de mano y quedarse en la querencia, como si fuese él, el ofendido.

Solo que ayer Fermín Rivera está en estado de gracia.

Plenamente.

Por eso tira a los medios, al menos por fuera de la segunda raya, dónde más. Y se da a torear, a obligar y someter sin derrumbar o tropezar, los derechazos llegan con redondez, saliendo al frente, en cadencia, paso muy decidido y venciendo el tornillazo final, tan intermitente que a cualquier otro quitaría concentración. La de Rivera rebasa cualquier parangón y por ello, tras soberbia tanda con la derecha abierta con molinete, cosa rara, el de pecho y tres derechazos más el de la firma, viene el amplio y cantado cambio de mano, desencadenado hacia abajo y con tanto temple que la gente queda hipnotizada.

Y el toro imantado.

El camino a la zurda alumbrado, con la muñeca que vence y el desdén que prende el tendido pero que muestra agotadas las poca casta en el cárdeno para tristeza nuestra y toque de atención en Rivera que cambia la espada no sin antes pegar postreros derechazos, uno soberbio verticalísimo casi a pies juntos y, tras huida a tablas, nuevo cambio de mano pese al cabezazo.

Es hora de oficiar, también de decir que la estocada, prácticamente sobre las rayas, es algo defectuosa y tendida, lo mismo que trasera y algo contraria.

No opone mucho el toro hasta que el puntillero le levanta. Larga agonía de un manso que la muleta que tiene enfrente le rescata. Suena “La Veneciana”, intermezzo de “El Carro Del Sol” triunfal y sonoro lauro para Rivera que se agarra a la oreja, orgulloso, sonriente, y vencedor.

Solo Dios sabrá por qué tiene solo una tarde.

Con la corrida a más, otro manso, para variar, hace de las suyas en el lugar de honor.

Nadie duda que si hay un torero peligrosísimo en todo terreno, ante casi todos los toros es Sergio Flores. ¡Y qué peligro para él es tener esa cuadrilla! En fin. Lo cierto es que el astado no vale nada en los primeros tercios, anda suelto, como el valor de los banderilleros que pierden turno y dejan las cosas en plena nubosidad.

Pero el de Apizaco no entiende de imposibles y hay un momento al cerrar el segundo tercio cuando el cárdeno se arranca tras el brindis y el cual aprovecha tirando la muleta abajo, doblándose y castigando por derecho para sacar Sergio del manso lo último que podría esperarse, un poco de casta, protesta por el otro lado pero, poderoso, ya de pie, pega un cambio de mano a la zurda por bajo que resiente al toro, muletazo alumbrador.

Tres cambios de mano, tres, este fin de semana, Rivera y Saldívar y Flores.

De cartel…

Y los naturales llegan largos con vibración en doble tanda en los medios, aguanta el arreón quizá con mucho látigo, arrastrada la muleta y ansioso por reventar el asunto, afarolado y el de pecho. Sergio Flores podrá no ser el exquisito pero su manera de torear

evidencia la utilización tremendamente rotunda de los fundamentos. Entonces, con menos revolución, dosifica con la derecha la exigencia y cuando el toro pierde raza, la arrucina invertida mantiene el interés, pero no la raza del astado.

Por ello en la faena falta el remate, no por cosa del torero sino que el toro que escapa en los nuevos derechazos y naturales, abre con circurret que parece prender la mecha pero que solo hace que el cárdeno termine de escapar y refugie en el tercio bajo la Contraporra.

Entonces Flores no pierde tiempo.

Las joselillinas cierran faena y el estoconazo sobre las rayas rubrica perfecto con el toque abajo, es ejemplo del volapié donde el plateado estoque rompe las carnes y hasta los gavilanes deja el pomo de la espada y el derrumbe del toro, el siempre presente jolgorio y el inefable Jesús Morales dan las orejas en donde para nosotros una basta. Puerta grande.

Es lo de menos.

No es un dos por uno, paquete de corridas, tanta innovación y futuristas intentos. El toreo es arte y sus fundamentos permanecen, ahí está una posible y contrastada rivalidad que solo la ceguera y el interés pueden frenar.

Las empresas deben buscar hoy, esta tarde es muestra, lo que Don Antonio Rivas Mercado pronunció en 1910 al inaugurar su Columna a los Héroes de la Independencia Nacional: “Que el carácter del monumento es glorioso y triunfante, perpetuo de la lucha más brillante en nuestra historia y en las que en aquella contienda sucumbió”.

Lugar de honor.

No por nada Lucio Blanco hubo de detener la revolución a la reja de la casa Rivas Mercado en la Colonia dedicada al ilustre Guerrero y pedir, no ordenar, que sus soldados ensayaran marchando en redondo por la rotonda de la casa del hombre que no gustaba de “renegar de la imagen pública”, en plena Revolución.

Y así debe marchar la fiesta cuando el paso y la cadencia tropiezan.

Pena grande que alrededor de La México ni existan casas con rotondas como la de Héroes 45, que está ya restaurada. Ni tenga vecinos de la majestad de Rivas Mercado.

Al menos nos quedan Sergio Flores y Fermín Rivera para caminar.

Al paso y en redondo.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Domingo, Noviembre 26 de 2016. Cuarta de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde agradable con cielo despejado, luz artificial desde la lidia del segundo deficiente y debe corregirse.

6 Toros, 6 de El Vergel (Divisa Verde, Morado y Amarillo) mal presentada por desigual, los tres primeros por ningún motivo debieron lidiarse en esta Plaza, chicos, chincolos primero y sexto. Bien presentada los últimos tres. Mansa en general y protestona, sin casta salvo el lidiado en quinto lugar que, tras mansear en los primeros tercios, dura cuatro tandas antes de rajarse. El tercero pasa solo con dos pares al acobardarse en banderillas. La mayoría de los toros desarrollan querencia accidental en el sitio en el que son picados. Pitados en el arrastre por su pésimo juego. Segundo y cuarto apenas alcanzaron a tomar la muleta gracias a la lidia que se les da.

Fatal la Autoridad al premiar inadecuadamente y permitir la lidia de los primeros tres y permitir a las cuadrillas “hacer y deshacer” en diversos pasajes del festejo sin una sola amonestación.

Fermín Rivera (Nazareno y Oro) Saludos tras aviso y Oreja. Sergio Flores (Grana y Oro) Palmas y Dos Orejas con protestas. Salió a hombros. José Garrido (Noche y Oro) que confirma la alternativa, Silencio y Pitos.

El tercer espada confirma la alternativa con el impresentable negro, girón, nevado y facado, chincolo, de la ganadería titular nombrado “Mielero” número 90 de 490 kilogramos.

Una de las peores tardes en mucho tiempo para los banderilleros, mencionar las faltas sería interminable, solo decir que Jonathan Prado, Edmundo Navarro, Tonatiuh Silva, Felipe Kingston, entre otros, han sido incapaces de completar el tercio de banderillas sin pasar en falso, atinar o dejar de violentar el Reglamento y la adecuada lidia tratando de banderillear por detrás del toro. Bien Rafael Romero al hacer gran quite de riesgo durante el segundo tercio de la lida del tercero. Muy mal el puntillero al levantar al cuarto.

El único momento de casta en la corrida, fue un instante y gracias a la mano izquierda de Sergio Flores. FOTO: Edmundo Toca O.
El único momento de casta en la corrida fue un instante y gracias a la mano izquierda de Sergio Flores. FOTO: Edmundo Toca.

Toreras actuaciones de Fermín Rivera y Sergio Flores; merecen alternar con figuras

 

  • Alarmante sucesión de fiascos ganaderos en la Plaza México.
  • Muy serios pero mansos, los de Llaguno. Disparejos y deslucidos, los de El Vergel.

Por Leonardo Páez.

Quien asesora a la nueva empresa de la Plaza México lo está haciendo mal o, si se prefiere, emulando al Cecetla, pues el público ha rechazado precios, combinación de carteles y frecuencia de festejos.

“Ai tienes tus soberbios josejulianes”, ironizó el sábado un aficionado al salir de la plaza. A lo que respondí: “Un toro puede ser bravo o manso, alegre o soso, parado o codicioso, pero primero tiene que ser un toro con cuatro años cumplidos y sus astas íntegras. Lo demás es cuento de figurines y ganaduros”.

¿Para qué refrescar San Mateo con el encaste español de Jandilla, si ambas son sangre Saltillo? El resultado fue que las reses de José Julián Llaguno, famosas por su bravura seca y acometividad sostenida, tras 20 años de veto volvieron a la Plaza México convertidas en impresionantes mesas con cuernos, indefinidas, paradas las más y defendiéndose, pues aquello del toro artista de Juan Pedro Domecq no ha sido, sino otra forma de amabilizar la tauromaquia.

Así, los sofistas de la fiesta sostienen que el toro con edad y trapío carece de movilidad, mientras que su remedo el novillón engordado da espectácu­lo, reducido éste a una embestida repetidora en la que la bravura es sustituida por la mera continuidad. Pero el problema sigue siendo de pundonor, de casta, de crianza y edad, no de peso.

En el extravagante cartel de la tercera corrida, ni Arturo Saldívar (27 años, seis de alternativa y 28 festejos este año), ni Juan Pablo Llaguno (20 de edad, dos de matador y cinco corridas en 2016), ni el gaditano Ginés Marín (19 años, sólo seis meses de alternativa y con 43 tardes antes de confirmar aquí), poco o nada pudieron hacer con sus respectivos lotes, que trajeron a mal traer a las cuadrillas, desacostumbradas a toros de esta catadura.

Con una entrada más pobre que la del cierre de novilladas –aquí no interesa el toro, a lo sumo dos o tres apellidos importados– y una terna diseñada casi por antitaurinos, los tres alternantes merecían otra combinación, pero donde mandan empresas adineradas no gobierna la afición.

No obstante que el sábado la empresa ofreció a los asistentes entrada gratis para el domingo, proporcional al número de boletos comprados, ayer la combinación fue igual de infame, con dos mexicanos que rehúyen las figuras y un buen prospecto español aquí desconocido, ante un encierro de El Vergel, disparejo de presentación, falto de bravura y deslucido, salvo uno.

Pero, insisto, había, entre otros, dos toreros mexicanos de muy altos vuelos que el empresariado mexicano se niega a poner junto con los consagrados de importación, lo que se tradujo en otra entrada que no llegó al cuarto de plaza.

Hicieron el paseíllo el potosino Fermín Rivera (28 años, 11 de matador y 17 corridas este año), el tlaxcalteca Sergio Flores (26 de edad, cuatro de alternativa y 18 tardes) y el español José Garrido (23, año y medio y 32 festejos en 2016), todos con disposición y pundonor.

Afortunadamente, Sergio Flores se topó con su segundo, Cumplido (496 kilos), que recargó en un puyazo y dio problemas en banderillas, pero al que llevó a los medios por suaves y efectivos doblones en los que descubrió el buen son del astado, al que toreó primero por largos y cadenciosos naturales, echando la muleta a los belfos y trayéndolo prendido en cada pase. Repitió color con la diestra y reanudó con la zurda, en alarde de colocación. Tras ceñidas bernadinas dejó un estoconazo en lo alto y el público pidió las dos orejas.

Por su torera y pundonorosa parte, Fermín Rivera literalmente logró sacar agua de las piedras, primero con un soso y débil al que obligó a pasar por ambos lados, evidenciando el poderío de su muleta y el afinamiento de su expresión, y luego, en derroche de maestría, haciendo lucir a otro manso pasador en un trasteo que parecía imposible. Dejó una entera y recibió merecida oreja.

La nula colaboración de sus toros fue diametralmente opuesta a los esfuerzos de José Garrido.

Publicado en La Jornada

Sergio Flores a hombros

Sergio Flores, postmodernidad taurina

Por José Cueli.

La plaza vacía se extinguía en medio del aroma que dejaron las faenas excelsas sobre el ruedo; fue a la hora propicia de la magia en que el misterio del coso añoraba las faenas que quedaron para el recuerdo y calentaban aún más la piel en el refrigerador de la México. La hora en que las divinidades inferiores semejantes a las mujeres de la mitología gitana de cabellos azabache y ojos almendrados se desnudaban en los olivares y llamaban por la noche a los aficionados que no vuelven. 

Seguro estas ninfas llamarán por lo pronto a Sergio Flores a repetir la historia del joven torero envuelto por la vida muerte como castigo al delito invencible del toreo. En la noche fría y aburrida con los toros de El Vergel descastados, sorpresivamente, Sergio Flores con ganas de ser, se dejó venir al de El Vergel al centro del ruedo ¡Vengan redondos y naturales! Los cabales nos despertamos, ¿este toro tenía su son? Sabrá Dios, pero se enredó con él Sergio Flores y enloqueció a los cabales y no cabales. 

Al traérselo toreado desde lejos para apretarse en los pases en redondo, cargando la suerte sin pérdida de terreno.

Sergio Flores contagiaba a los aficionados la alegría del toreo. La raza amante del sol y la sangre (lástima que haya desaparecido el sol de las corridas), ni aún en la eterna sombra se resigna a renunciar al toreo. Flores calentó al ruedo que parecía bañarse en el frío maléfico de la agonía. Fantasías alucinatorias perdidas en los túneles del coso basados en una antigua cultura torera. En la plaza silenciosa se abrió una tregua con las faenas del joven tlaxcalteca; aparecieron los gritos, los olés de los cabales, los aficionados conversaban en pequeñas tertulias de los toreros preferidos, las polémicas generadas por las actuaciones.

En el centro, el hechizo que en el culebreo ponen las bailadoras en el tablao penando por el torero al que tratan de satisfacer su sed de amor ¡Venga torero!, por lo pronto Sergio Flores, incontenible, cortando orejas y saliendo a hombros.

Fermín Rivera toreó muy bien, muy bien, pero no transmite lo bien que torea. 

Sergio Flores está para pelear las palmas a Andrés Roca Rey a Luis David Adame a José Garrido (que pasó desapercibido en su alternativa) y a López Simón, el líder del escalafón taurino español que no llegó a la Plaza México, ¿por qué? No lo sé. 

Lo que sí sé es que les peleó las palmas y los contratos a los arriba mencionados, vivificando con aire juvenil el toreo en la temporada española.

Publicado en La Jornada

​Ocho con Ocho: Falta afición Por Luis Ramón Carazo

Desde hace unos años,  existe un foco rojo en el espectáculo taurino; el alejamiento del público.
Y no esquiva autocrítica, que trae como consecuencia la decidida apuesta por un concepto serio y respetuoso en cada festejo taurino, es por ello que decepciona que los festejos celebrados el pasado fin de semana en La México hayan sido desairados en su asistencia a pesar de presentar la empresa carteles novedosos y toros con evidente trapío en especial los de José Julián Llaguno.

Parece imposible regresar al protagonismo que tuvo el toreo hasta hace veinte o treinta años, pues involucraría un cambio en las nuevas costumbres que pasan por crearse la necesidad de ser testigos de un evento especial. 

Pocos asisten consuetudinariamente a un número alto de festejos taurinos, como si sucedía antaño  y eso nos pone claramente en perspectiva el futuro que pudiera tener el toreo, como espectáculo masivo.

El gusto por ir a los toros, por platicar de toros, por entender, está en la génesis de los grandes aficionados, claro que sí, pero hoy, cuando nos preguntamos “¿por qué la gente no va a las plazas?”, pasa seguramente, porque su tiempo no da para más y solo le surge la necesidad de hacerlo en fechas señaladas y me refiero a la Feria de San Marcos, a la de San Isidro o bien el 5 de febrero en La México, incluso la fecha en la que va a cada lugar José Tomás en cualquier plaza del mundo y en México en distintas poblaciones, Pablo Hermoso de Mendoza. 

Esas fechas los aficionados se programan para asistir y después otras prioridades de ocio ocupan ese tiempo. El concepto quasi-religioso de los aficionados al toreo, está en proceso de extinción.

El  objetivo prioritario a futuro, es atraer al público y en particular a las nuevas generaciones, me parece que tiene que sustentarse en la hipótesis de lo que viene y no de lo que ya fue, tratando de regresar a tiempos idos que ya no volverán, o de veras ¿Cree alguno la asistencia será de la magnitud de lo que provocaban en México, Gutiérrez y Silveti por dar dos nombres, domingo a domingo? Ocho con ocho.

El toreo nos guste o no parece ya no dar para muchas corridas, por eso se aprecia la entereza y entusiasmo de la empresa de la México que apuesta por lo contrario, está haciendo un esfuerzo económico y organizativo monumental, no justamente aquilatado por la afición, con su ausencia demuestra no entender que de nosotros depende o no la continuidad del toreo y no solamente de los que pretenden borrarlo.

Eso no nos quita la alegría de haber disfrutado del esbozo de figura que tiene Ginés Marín y por encima de todo; la torería de Fermín Rivera y la madurez de Sergio Flores con los toros de El Vergel: su nobleza permitió la cadencia en el toreo de dos toreros que combaten con lo que comentaba líneas atrás de la abulia por asistir a la plaza frecuentemente.

Por eso antes de seguir criticando acremente a toda la torería actual de falta del sello como  la de antaño, también cabría entender que las épocas cambian y el aficionado ya no se comporta como lo hacían los de aquellas épocas. 

Los triunfos en La México de toreros como Fermín y Sergio,  eran para encumbrarse,  así era la lógica, hoy tristemente no es así y por eso pido claramente que apoyemos el esfuerzo que está haciendo la empresa de La México asistiendo y dándoles el estímulo de que entendemos lo que significa poner tiempo y dinero para mantener viva una tradición de siglos.

La grandeza del toreo se consigue en el ruedo, pero la leyenda la genera el público. Si sólo acude de vez en cuando y se informa en 140 palabras o en 5 minutos de resumen taurino y ya no charla sobre lo que vivió en la plaza es muy difícil,  que podamos soñar que algún día serán distintas las cosas.

No quiero sonar pesimista,  lo que duele es ver como los aficionados estamos dejando morir, lo que tanto decimos amar y espero estar muy equivocado, finalmente soy del PUP, si,  el Partido Único de Pen…. y luego me pierdo, lo digo sin querer regañar a quienes no asisten, solo quiero dejar constancia de lo que pienso.

​Por acá entre fantasmas y toreros de carne y hueso Por Bardo de la Taurina

Hoy recuerdo que en casa de los abuelos, cuando apenas medio pajareaba mi menda, pensaba que lo más importante de lo que ahí había lo era el comedor, ¿la razón de esa creencia? Lo era porque ahí había una mesa  grandísima que apantallaba por su tamaño y pa’ este escuincle, ese era motivo como pa’ pensar, que eso hacía al lugar  muy especial,   luego me empezaron a surgir dudas como ¿por qué la mayoría de los días estaba vacía? ¿No que era muy importante?,  entonces  ¿por qué casi nunca se llenaba? la respuesta era; solo se llena cuando vienen figuras.
Ese recuerdo familiar tan solo lo comparto  como una luz pa’ que no pensemos que lo que ha venido sucediendo a últimas fechas en la Plaza México, referente a los fantasmas que están espantando las taquillas sea algo raro ¿Por qué ha de ir la gente si no están los invitados grandes? Aparte de los  ‘baches’ (días, horarios y precios) que en cuanto lo remienden todo se facilitara además de que los bureles ya no se anden portando tan rejegos, mucha percha o poca y nada de apriete, ¡aguas que  eso también desanima a la gente!, mas también hay que decir que muchos aficionados han estado pugnando por que vengan ganaderías que fueron presente en otro presente, más ahora ya no rifan como sucedió con la de José Julián Llaguno, así que ese muertito no se le pude cargar a la promotora, más lo que está sucediendo es que ni empresa, ni público, no solo no están bailando al mismo son, sino que ninguno de los dos trae muy bien definidos los compases.
De eso de lo no muy compaginado, este fin de semana en la Plaza México se vivió el más claro de los ejemplos, cuando se presentaron dos encierros a los que había que acomodarles toreros que fueran con sus características, así que lo natural era que el sábado que salió una corrida cuajada y alta de alzada lo lógico es que hubiesen incrustado pa’ lidiarla al torero tal vez más alto de los contratados que lo es Fermín Rivera, por beneficio del espectáculo y sobre todo del propio torero, pues nada, todo lo contrario, pusieron en el cartel al más bajito de los toreros del elenco Juan Pablo Llaguno, con el riesgo de que uno de esos torotes lo fuera hasta pisar, aparte de que obviamente un torero que casi ni torea, pues a esos animalotes cinqueños y llenos de leña ‘pos’ no les iba hacer ni la reverencia, al día siguiente que fue el domingo éste de apenitas, echaron una corrida de El Vergel que pasará tal vez como la más chaparrona, cuatro añera que no asustaba a nadie, salvo uno, con trapío pa’ México y ¿qué cree usted que paso? pues que pusieron pa’ lidiarla al espigadísimo Fermín Rivera y aquí si no cabe la excusa de que tal o cual torero exigieron tal ganadería, pues ninguno de los seis esta ni siquiera pa’ insinuar que quiere torear.
Ahora bien del sexteto de toreadores cuatro fueron hechos en México y dos con pasaporte ibérico, que voy a escribir su nombre porque a menos de 24 horas ya se les ha de haber olvidado a todos los que los vieron, unos fue Ginés Marín y el otro José Garrido, de los que obligaron a ver con interés, lo que manufacturaban, fueron Fermín Rivera quien anduvo solvente, pulcro, técnico y sobrio toda la tarde, lo cual le permitió comprobar el fenómeno que en él se da y es el que sin tener una conexión con el tendido, este le valora  su quehacer al cual nos unimos sin más alharaca, que decir que en el potosino hay un torero.
Sergio Flores torero apizaqueño, con aroma a curado de miel y frescura que huele a maguey, no conoce de envolturas más allá que las del sabrosísimo mixiote tlaxcalteca y es que así es este torero, no trae camisa almidonada ni come en manteles blancos y no lo hace porque él es como su toreo, de campo bravo, donde se sabe que pa’ sobresalir no hay que esperar el amanecer del día siguiente, este Sergio es pueblo y por ende fiesta, pero también es un guerrero y nunca un conformista por eso el domingo en la plaza grande pito como la maquinita de Apizaco fuerte y armonioso, más  por esta vez no se subió en ella porque se fue en volandas.
Y si persiste la duda si pa’ el próximo sábado estará O.K. Luis David Adame, como pa’ que le confirmen su alternativa, más si no está, lo lógico es que ese sitio lo ocupe por derecho propio Sergio Flores y le den unos días más al mediano de los Adames y si se trata de jugar las cartas a favor de la familia ¿por qué no pensar en ajustar la encerrona de Joselito? que por lo que dejo de hacer en su presentación al inicio de la temporada, donde no dejo el horno para bollos  y refuerzan el día guadalupano con un mano a mano en donde Luis David sea confirmado por parte de su hermano, maestro y guía, que además esa era la idea original y así todos contentos, no pierde interés el cartel del sábado 3 de diciembre, se repite a un triunfador como siempre debería de ser y a Joselito el 12 de diciembre, por un lado le dan un aliviane y paradójicamente le ponen una cuña con el beneficio en favor del público.

La Dignidad Cinqueña – Vuelve José Julián con Desigual Encierro.

Natural de Arturo Saldívar con la embestida entregada de
Natural de Arturo Saldívar con la embestida entregada de “Recuerdo” de José Julián Llaguno.

Cuando el toro real, cinqueño, está en la Plaza casi todo vuelve a su sitio, pues implica en el ruedo, en el callejón, tendidos y barreras una exigencia para todos. Incluso la muchedumbre, con esta presencia acalla la generalmente dispersión del tendido. En una corrida cuyo resultado queda debajo de la expectación, José Julián Llaguno cumple al brindar la presencia y sensación de romper, al fin, con lo que se ofrece cotidianamente. Falla el encaste Jandilla mientras que la línea mexicana brinda dos episodios y medio de tremendo interés combinado con la aparición del buen hacer del confirmante Ginés Marín y los muy marcados síntomas de recuperación de Arturo Saldívar. Tarde terrible de Juan Pablo Llaguno que no da la talla en todo el festejo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Seriedad en la presencia. Serenidad en el juicio. Sensación de constante peligro.

Los toros son un arte y verlos, al menos ayer, ha sido otro.

La corrida que marca el esperado, esperemos permanente, regreso de José Julián Llaguno a la Plaza México se parte en dos desde la ganadería, tres encaste “torrecilla”, más un toro hermoso, mexicano, el 30 de nombre “Amiguero” que se queda, sabrá Dios por qué oscuras razones, como sobrero y tres jandillas a los que pesa la falta de armonía es sus hechuras.

Estos tres toros van a condicionar el juicio del oficialismo y la cargada reinante.

En derecho penal americano, José Julián, debería declararse culpable para que sus vanidosos “jueces” taurino socarronamente se erijan en una condena reducida y digan “se los dije”, caigan en el más tramposo de los tópicos y apliquen el famoso “esto es solo fachada” y el novedoso “no puede torearse esto”. Nunca más, otra vez, equivocados.

Una ganadería brava siempre primero muerta que confesa, no puede irse sin luchar. Dignidad de cinco hierbas.

Y si la parte española falla es por fuera primero, no hay armonía sino desproporción de hechura, ahí queda el colorado tercero, zapatón, demasiado zancudo y aparentemente afectado de los cuartos traseros, protestón y a la vez soso, violento el cuarto que sale a defenderse todo el tiempo, mientras que el quinto, un pájaro vestido de negro con mucha percha y pitones, tiene demasiado calamocheo y falto de bravura.

Claro está, todo esto se acentúa y duplica gracias a la poca muleta que tiene enfrente.

La incapacidad, impotencia, miedo y displicencia de Juan Pablo Llaguno son escandalosas. Recuerdo a Pepín Liria confirmar con un lote durísimo de los primeros atanasios de Barralva de 2002, el encierro de los dos toros devueltos, que se quitó el de Murcia no sin sudar, siempre diligencia y torero. Palabras mayores. Salir de La México así rebasado es un pecado mortal, reseñar los desarmes del queretano con capote, triple con la muleta, su ineficacia con la espada, las dudas y la manera de descabellar es perder tiempo.

Tan solo decir que a la sosería del tercero, incluso a la violencia del quinto, hay que oponer la dignidad del oficio torero, los recursos atinados, el castigo de pitón a pitón, el discurso preciso del sitio, domeñar, sacar el latiguillo y castigar con trastos, utilizar bien las armas. Y claro, valor en las cuadrillas que dan dos tercios de banderillas fatales, sorprendentemente Luis Alcantar fallando en el quinto al pasar dos veces en falso.

El toro aun con juego deficiente siempre impone, obliga a poner atención.

Con los tres jandillas seguidos en horas bajas y Llaguno ahogado, la corrida luce aun peor, más el segundo de Saldívar, el cuarto, que da vuelta de campa sobre pitón derecho tras accidentadamente romper el estribo de la puerta contigua al burladero de la primera suerte más su falta de bravura defendiéndose siempre y tirando derrotes, Saldívar procede perfecto, después del desarme inicial, quitándose de encima al mulo que no merece mayor intento sino brevedad.

Que agradece la Afición.

Que también es capaz de sentir, a pesar de la pobre entrada incluso de la poca luz natural que la Empresa obsequia al empezar la corrida en lorquiana hora, los mejores valores del espectáculo taurino con los tres toros mexicanos. Principalmente, los primeros dos, dos cromos más allá de lo cinqueño, rematadísimos, negros como la noche, hondos de vientre, badanudos y anchos de pecho, reunidos de pitones, cara seria, arrugas de edad, musculosos.

El primero, atacado en kilos demás, “Caballero” nombrado, con la “J” de la simiente.

Esto no obsta para que ataque con fuerza, por bajo, de largo y se vuelva natural al capote de Ginés Marín en su confirmación de alternativa. Esa sensación de no querer escapar que ya no se ve en esta y otras plazas, trae consigo emoción, incluso exceso de confianza en el confirmante, que baja las manos y torea en el lance a la verónica llegando a las rayas donde se confía y un feo manguerazo a punto está de entablerarlo, no le puede colocar en suerte porque el cinqueño nunca sale a dejarse.

Luego tras el puyazo trasero, malamente, y fintar hacia la querencia llegan las chicuelinas emocionantes que cierran el tercio con ovación pero que provocan una serie de errores de las cuadrillas. El tercio de banderillas, breve por definición, fundamental por necesidad, pierde entre otras cosas la colocación con Manuel Punta que no sujetar la orientación del astado hacia la querencia, la cuadrilla sufre para completar el tercio y, finalizado este, pasan horas para que el confirmante llegue a la cara.

La confirmación, la absurda costumbre de pedir permiso dos veces, tiempo muerto.

Que no le viene bien al de negro que rasca pegado a tablas y toma por alto y con tardanza el inicio estatuario de Ginés demasiado inmóvil cuando quizá conviene alternar avanzando por arriba, sí, para plantear todo por fuera de la segunda raya, brindando aire a un toro que le falta fuerza. Ayudado por bajo y desdén sobre las rayas cierra el inicio.

El confirmante está fenomenalmente pulcro como su hermosísimo blanco y oro, con un solo enganchón quizá en toda la faena. Se abre a los medios y encuentra que el toro tarda en tomar el engaño pero cuando lo hace va largo, deja pasar la media altura, tan necesaria en el cite, pero liga dos y el de pecho muy coreados en lentitud. La embestida es clara y por bajo, noble, por el derecho, así prosigue.

Lo percibe el tendido pese a la brevedad de la tanda.

La mano izquierda llega pero en vez de conceder las rayas, prosigue a campo abierto, aun así el Llaguno responde el pase de pecho es completo. Solo que aquí Ginés rompe su faena con la necedad de tocar por la espalda de no volver a la derecha y solo insistir por pitón izquierdo comenzar por optar en las cercanías, un terreno que domina, donde su muestra valiente, esforzado pero que no le viene bien al toro.

Con agobio por tantos kilos.

Cada que brinda aire y cambia perfil el josé-julián responde, como en los ayudados por bajo.

Aire, fresco, bueno, a lo José Mercé es lo requerido.

Ya no es tiempo, más cercanías, dosantinas, pases por alto y desplante exagerado. Ah, joselillinas como si faltara algo, a por la espada, más tiempo. Mariano Ramos, especialista en estos toros, vale recordar, siempre cargaba la espada. En todo momento. Ginés no. Falla al dejar la estocada punto más que desprendida. Aun así se roba la vuelta, bien protestada por la gente que, aun existe, no se da coba, cual debe ser.

Entonces, restaurada la presencia del toro, la atención del público en el ruedo, la tensión en las cuadrillas, la importancia en cada muletazo, sale el segundo que es una réplica del anterior, nombrado “Recuerdo” pero mejor hecho. Mucho mejor repartidos los kilos, que teóricamente son más y mayormente emocionante porque tiene más poder en la embestida.

Se encuentra aun rejuvenecido y en mejor forma, mentalizado y dispuesto siempre.

Como en la emocionante larga cambiada al hilo de las tablas.

Tan bien hecha que el propio cinqueño se encuentra las tablas tras cambiar su viaje, sale suelto pero vuelve con fuerza centellante sobre pitón izquierdo donde exige de Saldívar torear y este responde perfecto con el capote, tal como ha estado toda la tarde, sujetando y bajando luego las manos, se gusta en lances hasta rematar donde él impone, la raya.

Y brega bien, ordena mesurar la vara y pega la tafallera de espaldas rematada, en plenos medios, con la rebolera invertida. Momento bueno de la tarde. Luego, nuevamente la cuadrilla batallaría, menos, claro está, con un toro que por cuya edad da la impresión de pensar demás y requerir mejores procedimientos pero que se arranca de largo y que tiene que esperar para la devolución de trastos.

Horas literalmente.

Aun así, Saldívar es paciente, inicia arriba con la arrancada pronta, pega molinete y tras tropiezo del toro pone espacio suficiente para colocarse y ligar dos tandas diestras, la segunda, rematada con muletazo clave que define su actuación, un casi imposible cambio de mano antes de medio derechazo por bajo, coreadísimo, que descubre el pitón izquierdo.

Del mismo sale lanzado el torero que se encuentra con la embestida de un toro que le prueba tras el primer muletazo al natural, que le pregunta en el frenón tan propio del cinqueño qué tanto está de vuelta ese torero de 2011 que arrebataba al que fuera.

La respuesta es, de vuelta.

Liga el pase, muy valorado, a la mitad de la mirada, se impone y dispone mantenerse en el sitio, incluso invadir el del toro que mete la cara en el pase exacto, el estaquillador cuadrado maravillosamente hasta llevar larguísimo, completar el de pecho rotundo previo nuevo frenón. Y prosigue Saldívar con nuevos derechazos, obligando en frenón, ligando y para el de pecho, librando el freno con aguante, pleno valor y el olé de fuego como resultado.

A pesar de la probadura, la dignidad corporal del torero exalta la del toro.

Luego los naturales en tres tiempos la tanda, impone su sitio sobre el astado y obtiene la faena que el público aguarda incluye la arrucina invertida y con ella una emoción distinta al permanente establecimiento de la puerta falsa de la aburrición.

Pero nada es perfecto, se pasa Saldívar de faena.

Nada que hacer con esas dosantinas, los derechazos sobraban y lo peor deja pasar el momento del pinchazo, que enfría mucho la posterior estocada entera, en el sitio y que saca del toro la raza, negándose a morir aun con la muerte entre las carnes, atravesar de burladero a burladero y doblar en el tercio frente a la Puerta de Arrastre.

Pero despertar la ovación al levantarse del cachetero y negarse a morir en un momento digno de Beinllure, una lucha que solo el bronce podría perpetrar. Dignísimo final de un astado de tremendo “Recuerdo” un josé-julián que no se olvidará jamás.

Como si olvidaremos los jandillas e incluso el sexto, mexicano, de seis años, que decepciona luego de sus dos primeros y emocionantes tercios que incluyen gran recibo a la verónica de Ginés Marín, buen puyazo de Luis Miguel González y dos grandes pares de Manuel Punta. Pena que solo haya sido eso.

Que haya venido la decepción.

Pero mil veces la decepción del toro de lidia, la dignidad incluso de su derrota y no de la falsedad de cuando el trapío se fuga. Ojalá que pronto, lo más digno de esta corrida se replique y se quede para siempre.

Pase lo que pase.

La plenitud de seriedad.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Sábado, Noviembre 26 de 2016. Tercera de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde fría con cielo despejado pero molesto viento a partir de la lidia del tercero de la tarde.

6 Toros, 6 de José Julián Llaguno (Divisa Verde, Rosa y Amarilla) cinqueña y toda ovacionada de salida, de origen Jandilla tercero, cuarto y quinto; con seis años cumplidos, según el cartelón, el lidiado en sexto lugar. Parejos, bien presentados los lidiados en primero, segundo y sexto lugares, negros y bien armados, impresionante el precioso primero, no obstante falto de fuerza en la muleta acabando muy a menos; bravo el segundo, con las complicaciones propias de la edad pero peleando en todo momento, con bravura en el caballo y recorrido en la muleta por ambos pitones; desfondado tras dos grandes primeros dos tercios el sexto. Descastado y soso, protestón el débil colorado tercero, destartalados y ofensivos por delante los débiles y mansos cuarto y quinto.

Arturo Saldívar (Azul Turquesa y Oro) Saludos y Palmas. Juan Pablo Llaguno (Espuma de Mar y Plata) Bronca tras Dos Avisos y Pitos. Ginés Marín (Blanco y Oro) que confirma la alternativa, Vuelta por su cuenta y Palmas.

El tercer espada confirma la alternativa con el precioso e imponente negro, cinqueño, nombrado “Caballero” número 16 de 530 kilogramos.

Muy mal Luis Alcantar al pasar en falso con el sexto y correr turno, lo mismo con el capote al igual que varios de sus compañeros toda la tarde. El banderillero español Manuel Punta, primero de la cuadrilla del confirmante, no obstante estar mal con el capote con el primero, saluda por fenomenal tercio de banderillas en el sexto. Destaca a caballo el picador capitalino Luis Miguel González tras picar al cierra plaza.