LAS VENTAS | DOMINGO DE RAMOS: En memoria del niño Adrián

Alberto Aguilar, volteado en su segundo toro de la tarde. Jaime Villanueva.

El festejo, como suele suceder, encerraba mucha expectación, pero fue toda una decepción

Por Antonio Lorca.

Será la primera vez en la historia que Las Ventas se pone de pie y guarda un minuto de respetuoso silencio en homenaje a un niño -Adrián Hinojosa, de ocho años- que quiso ser torero, pero una cornada mortal le ha impedido vestir.

Emocionantes el momento y la atronadora ovación en memoria de un crío que se convirtió por obra de una maldita enfermedad y de algunos malvados instalados en el anonimato de las redes sociales en el símbolo de una fiesta necesitada de referentes.

Adrián ha tenido poco tiempo para sonreír y ser feliz a causa de una voltereta de las que no dejan escapatoria. Su muerte -la de un niño empitonado por el cáncer- llega al alma de cualquiera con dos dedos de frente. Por esa tristísima circunstancia, él fue ayer el protagonista del festejo; por eso, y porque ni la corrida de Victorino Martín ni la terna de toreros estuvieron a la altura del homenaje que merecía ese aspirante a la torería que, al menos, tuvo la alegría de dar la vuelta al ruedo y salir a hombros en un festival el año pasado.

Respondió la afición a la llamada de los toros del afamado ganadero de Galapagar, que vive tiempos de gloria tras el indulto de Cobradiezmos en la pasada Feria de Abril. Guapa corrida la que inauguró el ciclo de festejos mayores en la plaza de Madrid. Pero el envío de Victorino Martín no respondió a la ilusión despertada. La guapeza de su trapío no encerraba más que falta de entrega, tristeza, sosería, corto recorrido, cara a media altura y algunas aviesas intenciones. Total, que solo el segundo toro, primero de Fandiño, mostró noble sinceridad por el pitón izquierdo, y el quinto, sobrero de San Martín, blando como el devuelto, permitió que Aguilar lo muleteara con serenidad en una labor que no alcanzó el nivel esperado.

En fin, que el festejo, como suele suceder, encerraba mucha expectación, pero fue toda una decepción; el toro es un misterio y nadie sabe lo que guarda hasta que se abre el portón de chiqueros.

Pero, ¿y los toreros? Cuando no hay toros, ya se sabe… Pero la corrida se celebraba en Madrid, los tres están necesitados de un triunfo para enderezar su temporada y quién sabe si sus vidas toreras, y todas las miradas de toreo estaban centradas en la arena venteña.

Pues no pasó nada, lo cual es grave; especialmente, para los tres vestidos de luces. Hubo decisión, pero muchas dudas; entrega muy medida; poca firmeza y, sobre todo, la sensación de derrota.

Bien comenzó Gómez del Pilar yéndose a la puerta de toriles para recibir a su primero; el animal se frenó y todo quedó en un susto. Buena actitud en una tanda de verónicas, y un interminable tercio de varas, empeñados todos en que el animal se comportara como bravo cuando no lo era. Digno estuvo el torero muleta en mano, por encima de un oponente que pronto lo avisó por los dos pitones. Muy descastado su segundo, muy despegado el torero, y no pasó nada, que es lo peor.

Fandiño no ha despejado ninguna incógnita. Sigue sin confianza, ni ideas, y no se le nota síntoma alguno de recuperación. Le faltó chispa a su primero, que embistió con largura por el pitón izquierdo, y al torero le faltaron reposo y firmeza. Acelerado y muy desconfiado en el cuarto, y la gente se enfadó con él.

Muy dificultoso y con mal genio fue el primer victorino de Aguilar, y el torero se colocó a la defensiva, quizá con razón. Blandengue y noble fue el sobrero, y le hizo una faena irregular, con algunos momentos muy jaleados, que estropeó con la espada.

En fin, que así es la vida del aficionado… Lo que no ha tenido sentido es la muy corta vida de Adrián.

Martín/Fandiño, Aguilar, Del Pilar
Toros de Victorino Martín -el quinto, devuelto-, bien presentados, desiguales en varas, sosos, descastados y sin clase. El sobrero, de San Martín, blando y noble.

Iván Fandiño: bajonazo y dos descabellos (silencio); pinchazo y estocada muy trasera (pitos).

Alberto Aguilar: media (silencio); pinchazo -aviso-, estocada -segundo aviso- y dos descabellos (silencio).

Gómez del Pilar, que confirmó la alternativa: estocada caída (ovación); dos pinchazos, estocada -aviso- y dos descabellos (silencio).

Plaza de Las Ventas. Primera corrida de la temporada. 9 de abril. Tres cuartos de entrada. Se guardó un minuto de silencio en memoria del niño Adrián, fallecido el pasado sábado. Los tres espadas le brindaron uno de sus toros.

Publicado en El País

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Corrida del Domingo de Ramos en Madrid: Emoción en el homenaje a Adrián y dura pelea de los victorinos


Fandiño vapuleado por un sector del público y una templada faena de Alberto Aguilar

Por Carlos Ilían.

La plaza más importante del mundo se unió al dolor de una familia para rendirle un homenaje cargado de emoción a un niño de ocho años que murió el sábado víctima de un cáncer. Adrián, el chaval que quiso ser torero y cuyo testimonio de entereza conmovió a España se fue para siempre pero nos dejó su ejemplo y por eso ayer casi 20 mil personas guardaron un estremecedor minuto de silencio en su memoria. 

Un homenaje que ha sido también la respuesta de la gente de bien a los desalmados que hasta han celebrado, en las nefastas redes sociales, la muerte del niño ¡porque quiso ser torero!. Hasta donde hemos llegado en la brutal campaña contra el toreo…

En el ruedo, en la primera corrida de toros de la temporada en Madrid, en el clásico Domingo de Ramos, ha sido Victorino el protagonista con una muy seria y exigente corrida, que ha tenido de todo y en la que tres toros destacaron por su pelea, sin regatear embestidas humilladas a la vez que pedían el carné al matador. 
En esa pelea Iván Fandiño tuvo un sector del público en contra a pesar de que en el toreo al natural, en su primer toro, hubo mucha verdad. 
En el cuarto toro, que embistió con clase por el pitón derecho, Fandiño ligó una tanda sincera y templada, pero a continuación el toro cambió y se apagó.

Alberto Aguilar sucumbió ante la agresiva exigencia del primero de su lote y se encontró, luego con el reverso de la moneda, el sobrero de Martín, de humillada y templada embestida. Hubo cierta cadencia en los muletazos de Aguilar y poquita fuerza del toro. Con el público a favor perdió con la espada la ocasión de cortar una oreja en Madrid.

Gómez del Pilar, que confirmó la alternativa, salió como pudo del trance de su primero y se quedó a mitad de camino en su segundo que humillaba y se empleaba cuando el torero se decidió a exigir por bajo. Poquita cosa, muy poquita.

Plaza de Madrid. Tres cuartos de entrada. Toros de VICTORINO MARTÍN (6), serios de presencia y de juego exigente. IVÁN FANDIÑO (5) de aguamarina y oro. Bajonazo trasero y dos descabellos (pitos). Pinchazo y estocada trasera (pitos). ALBERTO AGUILAR (5), de azul pavo y oro. Estocada corta (palmas). Pinchazo, estocada delantera y dos descabellos. Dos avisos (saludos). GÓMEZ DEL PILAR (5), de azul y oro. Estocada delantera y desprendida (saludos). Pinchazo hondo, estocada caída y descabello. Un aviso (silencio).

¿La Fiesta en Paz? Otras lecturas de una temporada no tan grande

Ponce en la pasada temporada grande. Foto Arjona Twitter.
  • Continúa la hispanopatía

Por Leonardo Páez .

Llegó a su fin la multibautizada, según la índole de los carteles y el supuesto imán de taquilla de los ases importados –Pasión hecha a mano, Feria de la Cuaresma y, arrepentida la empresa TauroPlaza por la mezcolanza de ritos, Sed de triunfo–, la primera temporada grande organizada por el relevo empresarial de la intocable empresa que durante 23 años fue sacando a la gente del coso, al reducir la rica tradición taurina de la plaza México a autorregulado escenario de ensayos y errores.

Si bien la nueva empresa recuperó en general la edad y el trapío de las reses, tras dos décadas de becerros y novillones, la realidad es que a esa presencia obligada del toro con cuatro años cumplidos no correspondió, ni remotamente, la bravura, lo que redujo a su mínima expresión la suerte de varas, prevaleciendo en los festejos la mansedumbre y el pujal o puyazo fugaz en forma de ojal, tanto por las dimensiones de la puya como por la falta de fuerza en los astados.

A lo anterior hay que añadir que la mayoría de las faenas consideradas de apoteosis fueron realizadas con toros de la ilusión, es decir, noblotes, de una embestida rayana en la docilidad y repetidores, aunque su estilo les impidiera humillar, llegándose a excesos, como que Morante, en dos tardes, sólo toreara reses de Teófilo Gómez. En condiciones de extrema comodidad regresaron toreros importados ya muy vistos, y los nuevos poco o nada pudieron decir. La asistencia ocasionalmente rebasó la media entrada.

De los 12 matadores que comparecieron en las cuatro corridas pasadas destacaron Juan Luis Silis, Antonio Mendoza, Antonio Romero –quien resultó herido de gravedad–, Fabián Barba, Gerardo Adame –corneado en ambos muslos– y Pepe Murillo, de calidad verdaderamente excepcional. Falta que el monopolio taurino y la pálida competencia quieran incluirlos con un poco más de frecuencia que hasta ahora; son toreros sobrados de cualidades para rivalizar en serio.

Luego de leer en La Jornada del pasado jueves los rebuznos emitidos por el presidente de Radio y Televisión Española (Rtve), José Antonio Sánchez, en reveladora conferencia, más por lo que refleja –muerto Franco, continuó el franquismo; es decir, esa visión enana de la vida y del ser humano– que por las estupideces que pretendió sustentar –“España nunca fue colonizadora, fue evangelizadora y civilizadora(…) Lamentar la desaparición del imperio azteca es como mostrar pesar por la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. La cultura azteca era un totalitarismo sangriento fundado en los sacrificios humanos”

Me entero de las premiaciones del grupo Bibliófilos Taurinos de México a lo que consideró más destacado de la temporada 2016-2017 en la plaza México.

Como es costumbre, desplegó su devoción por los ases importados y poco o nulo interés por los nuestros. El mejor toro, No que no, de Barralva, deficientemente lidiado por Paco Ureña en la decimoquinta corrida. Declararon desierto el premio al mejor encierro –impensable reconocer a Piedras Negras– y se fueron en grande con los de afuera. Mejores lances a José María Manzanares, por las verónicas y chicuelinas a Romancillo, de Teófilo Gómez. Mejor puyazo, al picador español Pedro José Morales Chocolate, de la ganadería de Teófilo Gómez

Mejor peón de brega, el español José Antonio Carretero, por su actuación con Peregrino, de Teófilo Gómez. Mejor quite, Julián López El Juli, por las cordobinas a Don Marcos, también de Teófilo Gómez.

Mejor subalterno, el mexicano –oh– Ángel González. Mejor faena, Enrique Ponce, por la lidia a Venadito, de Fernando de la Mora. Mejor estocada, Enrique Ponce, a ese mismo toro. Más un reconocimiento especial a Enrique Ponce “por el gran valor artístico y técnico en la faena de muleta a Tumba Muros, de Fernando de la Mora”. Y triunfador de la temporada, Morante de la Puebla, por dos faenas a reses de Teófilo Gómez. ¿Entonces por qué no premiaron a Teófilo?

Publicado en La Jornada 

Matar un ruiseñor por Fernando Fernández Román


A primeras horas de la atardecida de ayer, cuando media España (o casi toda ella) futboleaba con euforia y alborozo, no por el triunfo de su equipo, sino por la derrota o no victoria del equipo rival, me hiela el corazón la noticia de la derrota más cruel, injusta, dramática y dolorosa que, en el momento actual, podía encajar este pequeño, fantástico y generoso mundo de los toros: Ha muerto Adrián.

Ha muerto Adrián, con ocho añitos, porque en el día después del Viernes de Dolores el negro toro de una horrible enfermedad lo tenía acorralado contra las tablas, unas tablas de salvación ensambladas por la ilusión, el cariño y la esperanza que se han hecho demasiado altas para su menguada estatura y demasiado febles para el certero hachazo del infame cáncer.

La muerte es terca. Inapelablemente terca. No pide partida de nacimiento ni carné de identidad. Pero no por ello habíamos dejado de soñar, de cargar las pilas de la fe, de resetear la computadora que pudiera abrir el pantallazo del milagro; pero parece ser que el abstruso mundo de la milagrería es cosa de Dios, juez supremo de nuestra existencia, árbitro del ser o no ser. A riesgo de ser irreverente –que me perdonan los acendrados creyentes–, creo que, en el caso de Adrián, Dios ha tenido un despiste. Los árbitros también se equivocan.

Hubiera sido magnífico que este niño guapo e inocente, que jugaba al toro porque le fascinaba el mundo del toreo o sencillamente porque le daba la gana, se hubiera curado; no solo porque la muerte de cualquier niño ya es de por sí una tragedia, sino porque hubiera supuesto la mejor respuesta a esa horripilante horda de malnacidos/as que no tuvo el menor reparo en hacer público su ferviente deseo que se lo llevara la Parca cuanto antes.

No tengo palabras, ni tiempo, ni el ánimo templado para expresar el asco, la rabia y la ira que se me revuelven por las entrañas cuando la memoria me devuelve la imagen y el mensaje de aquellas bestias que insultaban y asesinaban de pensamiento a un pobre niño. El hondo pesar y la profunda tristeza pueden con todo, hasta con el quizá disculpable deseo de aplicarles la misma cicuta para ellas/os y su ascendencia y descendencia, porque algo de ignominia se habrá heredado en ambos casos. Pero no lo haré. No lo haré porque el propio Adrián, allá donde estuviere ahora, y sus familiares más directos me lo podrían reprochar, y con razón.

No hace tanto tiempo que la imagen de una criatura de apenas tres añitos apareció muerta en una playa, bien lejana de su lugar de origen. Era la víctima inútil de una sociedad enferma. Una sociedad que se retrata en ese campo de minas antipersonas en que se han convertido las Redes Sociales, en muchos casos nido de rufianes y refugio de cobardes. Este es el mundo que tenemos: el mundo del odio, el que ha resuelto sentenciar a muerte a un ser humano en la más tierna infancia para salvar la vida de cualquier otro ser de “su” mundo animal, cualesquiera que sea la especie a que pertenezca, alimañas y depredadores incluidos, mientras soporta con resignada hipocresía cómo llora un niño sirio después de haber contemplado el asesinato de sus hermanos y amiguitos, tras un bombardeo con armas químicas; el mundo que nos envía la fotografía de un cuerpecito inerte aparcado en el litoral húmedo de un país extraño, una foto de escalofrío que merece –algo es algo– un Pulitzer.

Un Premio Pulitzer también mereció la fantástica novela Matar un ruiseñor, de la escritora norteamericana –creo—Harper Lee. No leí el libro, pero recuerdo vagamente su adaptación a la película de principios de los 60, en blanco y negro y protagonizada por Gregory Peck, una cinta que narraba la injusticia social, el racismo galopante y la insensibilidad de los seres humanos de aquellos Estados Unidos de América durante la Gran Depresión que comenzó en el año 29 e hizo entrar en crisis económica y espiritual al mundo –más o menos—civilizado (?)

La narradora de aquella película era una niña de ocho años, que hacía el papel de hija del protagonista y contaba cómo veía las cosas de la vida desde su inocente perspectiva. 

Los mismos años que nuestro querido Adrián. La misma inocencia. Ocurre sin embargo que, en la ficción, aquella niña se supone que llegaría a la ancianidad y conocería un mundo mejor, pero Adrián no ha tenido tanta suerte.

Dentro de unas pocas horas iré a la plaza de Las Ventas para ver la corrida toros de este Domingo de Ramos, un domingo tradicional de toros y palmas, en el que estrenamos tristeza. Todos los presentes guardaremos un minuto de silencio en recuerdo de Adrián Hinojosa, el pequeño que soñó que algún día haría el paseíllo en esa Monumental. No me cabe duda de que todos tendremos presentes las barbaridades que desencadenó su horrible enfermedad y, por el contrario, la solidaridad y la emoción que despertó en la inmensa familia taurina hasta hace tan solo unos días, cuando en Valencia los toreros firmaban el reverso gualda de un capote de brega, para infundirle ánimo ante su preocupante empeoramiento.

No creo que haya ni una sola persona con un mínimo gramo de sensibilidad que no lamente profunda y sinceramente la muerte de un niño, sean cuales fueran las circunstancias que hayan propiciado tan lamentable desenlace. Matar un ruiseñor que habla, siente y padece, aunque solo sea un deseo irrefrenable, voluntariamente expresado, no deja de ser una catástrofe –una más– que envilece a la especie humana. No puede haber indulgencia para quien se haga portador/a de tan vomitivo mensaje. No tiene perdón de Dios.

Publicado en Republica

Prestigio en los ruedos de México


La dehesea nuevoleonesa acumula casi 150 años de enaltecer, con su bravura, a la fiesta de los toros a lo largo y ancho de la república mexicana.

Llevar la crianza de los toros de lidia, es de por sí, una labor harta difícil para quien se hecha esta aventura a cuestas, pero hacerlo con el prestigio cimentado por sus antepasados que forjaron con pasión y gran devoción su propia historia de grandeza, enalteciendo con su casta y su bravura a la fiesta de los toros en nuestro país, sólo pocas casas ganaderas lo han logrado.

Antaño, la historia cuenta como Atenco, la primera y más antigua de estas, Piedras Negras, San Mateo, San Diego de los Padres, La Punta, La Laguna, Pastejé y muchas otras más, tienen su lugar en los anales del toreo mexicano por el prestigio de sus criadores, ganado a pulso de la bravura latente que a cada embestida de sus bureles, quedó de manifiesto en las plazas de toros y marcado en el corazón de la gente para la historia y grandeza del toreo.

Algunas de ellas, hoy ya no existen y las que sí, no son lo que antes fueron, grandes y prestigiosas casas ganaderas que eran exigidas por las figuras para dar sustento a sus estaturas profesionales y sus camadas enteras, disputadas por los empresarios para llevar el prestigio, la raza y la bravura mexicana de los toros de lidia, a sus ferias, sus fiestas y sus plazas de toros.

Al paso de los acontecimientos históricos que dieron forma a nuestro país, en algunos casos muchas dehesas desaparecieron o fueron disminuidas o mermadas, haciendo mella en la producción de ganado bravo, pues muchos ejemplares fueron sacrificados para dar alimento a las tropas en los campos de batalla.

En 1870, don Pascual Lecea, un hombre procedente del país vasco, con gran afición fundó en ‘La Ermita’ de Lampazos del Naranjo, Nuevo León, el rancho y ganadería de ‘Golondrinas’ con ganado criollo.

A la muerte de don Pascual, la hacienda queda en manos de su hija doña Blasa Lecea, quien con la misma devoción que su padre, vio por la dehesa desde el año de 1900 a 1925, empezando a lidiar por aquellos años con el nombre de ‘Golondrinas’; en Bustamante, NL, existe un cartel de que data de 1906 que da cuenta de una corrida donde se lidiaron toros de su ganadería.

Además de batallar con las dificultades propias de la crianza de ganado, doña Blasa tuvo que enfrentar con carácter y superar con mucha determinación y harta inteligencia, la complicada época de la Revolución Mexicana.

Luego del primer cuarto de siglo, sus hijos, don Jacobo y don José María Domínguez Lecea, toman el mando de la dehesa y le dan un nuevo impulso a esta casa ganadera, agregando en 1931, ocho sementales de la ganadería de Malpaso, teniendo su primer tienta el año siguiente.

Al fallecimiento de don Jacobo, el 9 de febrero de 1972 su hijo, el ingeniero Óscar Domínguez Escobar, adquiere la parte de su tío para convertirse en el único dueño de la ganadería.

Durante todo este proceso desde la primer cuarto del siglo pasado hasta que toma las riendas don Óscar, por el tentadero de la ya famosa y prestigiada ganadería, desfilaron toreros de la talla de Heriberto García, Alfonso Ramírez ‘El Calesero’, Carlos Arruza, Gregorio García, Luis y Felix Briones, Raúl García, Héctor Saucedo, Joel Téllez ‘El Silverio’, Fernando de la Peña, Roberto Ortíz ‘El Fotógrafo’, Eloy Cavazos, Manolo Martínez, Enrique Garza, Mario Escobedo ‘El Regio’, Alberto Galindo ‘El Geno’, Hernán Ondarza, entre muchos otros además de toda la ‘flota’ de aspirantes, maletillas y novilleros de diferentes épocas de la historia del toreo neoleonés.

“Me siento muy contento y agradecido por lo que he vivido a lo largo de mi vida en la ganadería y aunque falta mucho por delante, desde hace tiempo y poco a poco, hemos ido manejando en conjunto la ganadería mi hijo Óscar y yo”, relata el ganadero que cuenta con casi 90 años de edad y 45 de haberse hecho cargo de la dehesa. 

(Con información de @cabritomayor)


Grandes figuras

Éstos son los diestros que han podido conquistar éxitos importantes en sus carreras con toros de la ganadería de Golondrinas:

Carlos Arruza
Alfonso Ramírez ‘El Calesero’
Antonio Velázquez
Fermín Rivera
Lorenzo Garza
Jesús Solórzano
Manolo Martínez
Eloy Cavazos
Curro Rivera
Manolo Arruza
Jorge Gutiérrez
Manuel Capetillo
Guillermo Capetillo
Miguel Espinosa ‘Armillita’
David Silveti
Fermín Espinosa ‘Armillita’
Pablo Hermoso de Mendoza
Eulalio López ‘Zotoluco’
Juan Bautista
Joselito Adame

Permitirá corridas de toros el candidato de MORENA Armando Guadiana


De S y S.

El aspirante a la gubernatura por el partido de MORENA Armando Guadiana, aseguró que aceptará las corridas de toros en caso de obtener el triunfo en las próximas elecciones y levantará su prohibición.

En su visita a Monclova, señalo que personalmente tiene una afición por las corridas de toros, sin embargo, dejando de lado sus intereses personales tiene que responder a la solicitud que le han hecho muchos ciudadanos de todas las regiones del Estado en este tema.

Aseguró que a muchas personas puede gustarles y a otras tantas desagradarles este tipo de eventos, pero siempre tener en cuenta que el respeto al derecho ajeno es la paz, es por ello que tiene que respetarle la decisión de las minorías, para que también tengan la libertad de disfrutar de estos espectáculos.

El empresario taurino señaló que en estos eventos se tienen que hacer algunos ajustes, especialmente para desarrollar este tipo de actividades en orden, seguridad, pero sobre todo, apegados a la legalidad, pero prohibirlos no es la solución.

“Está como lo sucedido con los animales en los circos, muchos animales nacieron en cautiverio y eran cuidados por las personas del circo, pero con la propuesta quedaron en el abandono y lamentablemente murieron”, aseguró el aspirante.

De igual forma, Guadiana Tijerina, aseguró que esta es una de sus principales propuestas, es por ello que en caso de obtener el triunfo en las elecciones del cuatro de junio próximo, trabajará para presentar la propuesta que levante su prohibición.

Twitter @Twittaurino