Manzanares regresa a Las Ventas 


Manzanares regresa tras la apoteosis del 2016.

Por Jesús Rubio.

Fue en su única tarde y era la extraordinaria de la Beneficencia. Con el cartel de «No hay billetes» y una expectación máxima, Madrid crujió como pocas veces lo había hecho antes. Ese día, José María Manzanares se coronó como el rey de Las Ventas, a los ojos del Rey emérito que presidió el festejo desde su Palco Real. Iba de grana y oro, muy torero. En su primero no pudo lucirse ante un deslucido animal. Pero la apoteosis llegó en el quinto. 

Antes, ya había abierto la Puerta Grande de Las Ventas Alberto López Simón cortando dos orejas, pero que se quedaron a años luz de las de Manzanares. Josemari se recreó en cada muletazo, en cada lance, en cada suerte. Derrochó torería sobre el ruedo madrileño meciendo el capote con suavidad a la verónica. Fue la antesala de una faena de muleta que formó un auténtico delirio en la plaza. Y «Dalia» fue su cómplice. El otro protagonista. Un excepcional toro de Victoriano del Río. Fue una máquina de embestidas, descolgó en cada una de ellas. Formaron una simbiosis única toro y torero. Fue la faena de 2016.

Y hoy se le vuelve a esperar con ganas, con la ilusión de volver a ver al Manzanares más colosal, el de aquella tarde inolvidable. Ya luce en las taquillas el “No hay billetes”. De nuevo, 24.000 personas. Hará el paseíllo para lidiar en esta ocasión un encierro de Juan Pedro Domecq. Para el alicantino este será su paseíllo vigésimo desde que confirmó la alternativa en Madrid. Sólo en una ocasión se vistió de luces como novillero y cortó una oreja. Ocho trofeos ha conseguido Manzanares como matador de toros, cuatro desorejando a dos astados, permitiéndole salir por la puerta grande (2011 y 2016), las dos únicas que ha conseguido en sus 14 años de alternativa. Con el hierro ganadero de Juan Pedro Domecq se ha anunciado en tres ocasiones (2009, 2011 y 2013) y ha conseguido cortar sólo un apéndice con sus toros, en 2011.

Manzanares alternará junto con Cayetano Rivera Ordóñez, con quien ya lo ha hecho en dos ocasiones en Madrid, en San Isidro de 2008, el día que se confirmó en Las Ventas, y en 2011. De aquella confirmación hasta hoy, Cayetano sólo ha realizado cuatro paseíllos en esta plaza y ha cortado un trofeo, en su primera comparecencia. La última tarde que se vistió de luces en el coso venteño fue en mayo de 2011 para lidiar un encierro de El Torero y Carmen Segovia. Con los toros de Juan Pedro Domecq nunca se ha acartelado en Madrid.

Por último, cierra la terna el peruano Joaquín Galdós, que esta tarde confirmará la alternativa que tomó la temporada pasada en Istres, con Manzanares como padrino. Hoy se volverá a repetir el mismo ritual, pero con Cayetano como testigo. Su presentación como novillero fue en San Isidro de 2015, donde fue cogido por su primer novillo que le produjo un traumatismo craneoencefálico con pérdida de conocimiento. 

La misma imagen que el pasado sábado nos impresionó con Francisco José Espada. Después volvió en las novilladas de junio y en la Feria de Otoño del mismo año. En la temporada pasada sólo actuó en una ocasión.

Publicado en La Razón 

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Morante conquistó el 7


Por El Guerra para De SOL y SOMBRA.

Morante de la Pueba apareció en Las Ventas de civil y se sentó en la fila tres del tendido 7, en donde por lo visto en las imágenes que se proyectaron en la televisión se la paso bomba, siempre entre risas, con un vaso en la mano y hasta aplaudiendo las faenas de sus compañeros en el ruedo.

La aparición de Morante en el 7 de Las Ventas tiene varias connotaciones para la afición madrileña, pero la principal parece ser la de mandarle una señal al sector duro de la plaza y decirle: Aqui estoy y no les tengo miedo. 

Por ahora.

Al finalizar la corrida entre flashes de celulares, Morante caminaba  lentamente entre la multitud como un profeta psicodélico y fue en un momento de atasco entre la multitud, cuando un periodista del diario EL ESPAÑOL le pregunto el porqué de su presencia en el tendido y Morante le contesto sin verlo a los ojos “He venido a ver la corrida al ‘7’ para ver qué dicen de los toreros”, exclamó con una mueca sarcástica y continuó hablando pausadamente “la corrida ha sido muy entretenida.”

Al final la pregunta obligada, toreará en la Corrida de la Cultura ¿Qué sensaciones hay? 

“Sensaciones…”, piensa dos segundos. “¿Sensaciones?”. Pasa otro rato y al estilo de Rafael de Paula, uno de sus espejos al que trata siempre trata de imitar contesta; “mañana te lo cuento”, y así finalizó la breve entrevista con una sonrisa, antes de perderse en la noche madrileña.

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Feria de San Isidro: Roca Rey quiere el poder, pero no tanto

Roca Rey, en un quite al primer toro de su lote. KIKE PARA.

Por Antonio Lorca

Es muy joven, tan solo veinte años, y ya quiere el poder. Como debe ser, en el toreo, al menos. Muchas figuras empezaron a afeitarse cuando ya estaban en la cima. Y ese parece que es el objetivo de Roca Rey.

Ese fue su mensaje claro ante el tercero de la tarde, un toro manso de libro, que buscó desesperadamente una salida desde que pisó el ruedo; salió suelto de cada capotazo, costó un mundo que acudiera a los caballos, un picotazo en cada uno, difícil empeño el de los banderilleros, y le costó al torero dios y ayuda hacerle un quite porque el animal solo ansiaba el abrigo de las tablas.

Brindó Roca al rey Juan Carlos y recibió por alto al toro cobardón, que volvió a poner pies en polvorosa, como quien huye del diablo. Le robó materialmente dos redondos y uno de pecho, pero ahí parecía que se acababa la pelea.

Consiguió llevarlo a los medios, con la esperanza de que el animal perdiera la querencia, que era lo que no quería perder por nada del mundo, y al segundo muletazo ya corrió hacia chiqueros con la vana esperanza de que la dehesa estuviera al otro lado de la tabla rojiza.

Allí, con el toro entregado ya a su destino, Roca Rey se plantó firme en la arena, le mostró el engaño y el animal sacó a relucir una nobleza desconocida, de tal modo que brotó una tanda de hermosos naturales, humillado el toro y fijo en el engaño, largo y hondo el muletazo, que caló en los tendidos. Otra tanda más, valeroso y decidido el torero, en el mismo lugar, y uno de los naturales desbordó grandeza. Otros naturales de frente y una demostración de valor, de técnica y poderío de un chaval que empezó ayer en esto, como quien dice. Una estocada en buen sitio le permitió pasear una oreja de peso.

Fue esa faena una expresión de valor, de toreo de verdad, de suficiencia y ansia de poder. Fue la transmisión de un espíritu joven, entregado e ilusionado con el triunfo.

Era evidente que Roca Rey quiere el poder.

Pero quedaba el sexto, en el que había que confirmar lo anterior y abrir de par en par la puerta grande. Brindó al público, y toda la plaza esperaba esa reacción de figura que sabe que esa es la tarde en la que debe jugarse la vida para atrapar el poder con las manos. Con esa intención comenzó su faena a un toro manso, que brindó al respetable, y con el que no había lucido con el capote. Firmeza en los primeros compases, pero las asperezas del toro deslucen la ilusión inicial, y el torero deslumbrante se muestra comedido, reservado y se retira de la primera línea de batalla. El animal se viene abajo y él también. Y la puerta grande se cierra y el poder se esfuma. Quizá sea el contagio de las figuras actuales: que el poder no está reñido con la comodidad, que queda mucha temporada por delante.

Otra oreja cortó Perera a un toro bondadoso y de humillada y muy dulce embestida, al que hizo una faena bonita, templada, pero no conmovedora. Algunos redondos fueron grandes de verdad, y uno de pecho, largo, largo y duradero. Pero fue una labor inconclusa, sin colofón ni arrebato. Y no fue buena la impresión que dejó en su primero, complicado, con el que ofreció una preocupante sensación de vacío.

El toro bravo de la tarde fue el quinto, Cojito de nombre, con el que se lució el picador Tito Sandoval, que saludó, tras aguantar con maestría las tres acometidas del animal. Acudió alegre y pronto en banderillas y llegó a la muleta con movilidad y codicia. De rodillas lo recibió entonces López Simón, y aceptables fueron las dos primeras tandas en las que brilló más la casta del toro que el temple del torero. Seguidamente, los pases se acortaron, la labor se vino a menos y el madrileño dio la impresión de estar desbordado. Insistió el torero hasta que el animal se cansó, agotado, y le volvió la cara. Tampoco encontró el camino ante el noble segundo, y todo quedó en unos cuentos redondos desmayados que supieron a poco.

DEL RÍO / PERERA, LÓPEZ SIMÓN, ROCA REY

Toros de Victoriano del Río, bien presentados, astifinos, mansos —especialmente el tercero—, blandos y nobles. Destacó el quinto por su brava pelea en el caballo, y movilidad y codicia en los otros dos tercios.

Miguel Ángel Perera: estocada desprendida —aviso— (silencio); estocada trasera (oreja).

López Simón: estocada —aviso— (ovación); dos pinchazos, media tendida, descabello —aviso— y tres descabellos (pitos).

Roca Rey: estocada —aviso— (oreja); estocada, dos descabellos —aviso— y el toro se echa (silencio).

Plaza de Las Ventas. Vigésima primera corrida de feria, 31 de mayo. Lleno de no hay billetes. Asistió Juan Carlos I.

Fermín Rivera finaliza su relación de apoderamiento con los hermanos Preciado

Fermín con sus ex apoderados.
De SOL y SOMBRA.

Lo que ya era un rumor en los mentideros taurinos hoy es una realidad, al darse ha conocer que la relación de apoderamiento entre Beto y Leopoldo Preciado con Fermín Rivera concluyó en días pasados.

Tanto el torero y los apoderados han querido dejar en claro que la culminación de la relación, se dio en los mejores términos y de común acuerdo.

Alberto Preciado ha dicho a los medios, “mi hermano y yo le deseamos la mejor de las suertes a Fermín” concluyo la figura de plata del toreo mexicano.

Mientras tanto Fermín Rivera se encuentra en España y se espera que en los próximos días de a conocer a sus nuevos apoderados.

Esperemos que este cambio sea para bien del torero potosino y pueda posiciónar a Fermín Rivera hacia mejores carteles en México y la confirmación de su alternativa en el próximo mes de agosto en Las Ventas de Madrid. 

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A Don Francisco Baruqui Michel


Por Raúl Vargas López.

“Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir, provisto de lupa para comprobar la casta y la fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances, el respeto de los cánones, el correcto estado de la cuestión. Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso e incluso puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen”.

Pocos entienden y viven la Fiesta Brava de esta forma tan rigurosa y gozosa como la expresa, con enorme tino y sentida profundidad, Joaquín Vidal; excelso cronista taurino español recordado y apreciado por la enorme honestidad y respeto con que siempre abordó el arte, la profesión, los rituales y el disfrute de las corridas de toros. Aquí, en tierras Jaliscienses dónde la fiesta de toros ha echado raíces, uno de esos pocos entendidos al estilo descrito por Vidal, que han vivido la Fiesta Brava y vivido para la Fiesta Brava con igual intensidad que integridad, fue Francisco Baruqui Michel, hombre polifacético que, lamentablemente, falleció el pasado 17 de mayo en una circunstancia que no deja de ser tremendamente anecdótica para un hombre de toros: Paco Baruqui, fue a morir a su querencia, a su feria favorita, aquella que visitó sin falta durante los últimos 40 años, la de San Isidro en Madrid, allá en España.

Aficionado práctico, empresario, periodista y cronista que recreo con acento, ritmo y experiencia propia las dos mayores escuelas narrativas taurinas; la primera fundada allá en el viejo continente por José María Cossío y Gregorio Corrochano y de la cual forman parte Vicente Zabala Portolés y Joaquín Vidal; y la segunda creada y animada en nuestro país por Julio Bonilla, Rafael Solana padre, Rafael Solana hijo y Francisco Martínez de la Vega (durante buena parte del siglo pasado) la cual tuvo exponentes en Jalisco de la talla de Manuel García Santos y Enrique Aceves “Latiguillo” (éste último de quien Paco Baruqui tomó los trastos en el diario El Informador).

Para un verdadero aficionado y cronista, como siempre lo fue Paco Baruqui, el disfrute de la corrida iniciaba con la revisión del cartel, el encierro y la discusión apasionada de las posibilidades y expectativas que se abrían; se aderezaba con la valoración de las condiciones climáticas y como ayudarían o dificultarían la lucha del hombre con la naturaleza que se avecinaba; se profundizaba al constatar la presencia y el carácter de los toros durante la suerte de varas que hacía evidente su integridad; se engalanaba con la aparición del matador y su ejecución que llegaba hasta el culmen de la estética de la gracia cuando “dos pies descalzos de escarpines que apenas rozan la arena, un cuerpo raudo, que despide destellos como una estrella fugaz, unos pobres arpones, con flámulas de colorines; todo ello de burla de un rugiente y voluminoso torbellino coronado con dos astas mortíferas”. Y culminaba en el acto final de la tragedia, la suerte suprema, donde se manifestaba y se manifiesta la ética caballeresca del honor.

Plumas como la de Paco Baruqui han alimentado durante décadas la crónica taurina en nuestro país y en el mundo del toro, y han convertido este gusto por estampar en palabras lo que ocurre en el coso, en un innegable género literario. Género cuya sofisticación, gusto y aportes tienen tal categoría que convoca a personalidades variopintas, incluidos premios Nobel de Literatura, a sentirse parte de ella. Al respecto, Joaquín Vidal nos regaló hace años una anécdota sobre Camilo José Cela y su relación con la fiesta: “…fuimos juntos a los toros… en la plaza de Guadalajara… dos meses antes de que le concedieran el Nobel… y un servidor iba con la curiosidad de saber si Cela había sido alguna vez torero. Él sostenía que sí… pero yo nunca me lo creí. Se dio la corrida y pude comprobar que del toro, las suertes y el conjunto de la lidia no tenía ni idea. Y, en cambio, conocía sobradamente el rito, las formas y los tópicos y, sobre todo, dominaba el vasto y complicado vocabulario taurino más que el Cúchares. Lo cual me tuvo maravillado y me confirmó el envidiable conocimiento que tenía de la lengua castellana aquel hombre de palabra culta…”.

Con una honestidad que siempre le caracterizó y con la lírica con que vestía sus crónicas, Paco Baruqui fue fiel a la definición sabia y profunda de la fiesta. Cuando “en Madrid no echaban el toro de Madrid” o cuando torero y toro “tenían la misma desgana, la misma falta de afición a la fiesta, uno embestía y otro hacía así con la muleta, sólo por compromiso…”, Paco lo apuntaba sin dobleces o medias tintas y sin concesiones. Y cuando la tarde ameritaba vítores, arrancaba palmas y se entregaban apéndices, lo gozaba y transmitía con esa pasión y claridad que siempre procuró y que le ganó reconocimiento y autoridad entre el público conocedor.

Paco Baruqui, Nadim Alí Modad, Alfredo Sahagún y Manuel Ochoa Gómez, hicieron de ésta, nuestra ciudad, un lugar que buscó y ganó una jerarquía de seriedad en la presentación del toro, algunas veces con sus infortunios y consecuencias, como suele ocurrir, pero con resultados notables. Buscaron que hubiera el toro de Guadalajara, un toro serio y bien presentado junto con el matador que hiciera inolvidables las tardes en la Nuevo Progreso. A este esfuerzo, no pocos ganaderos de opusieron, pero aún en esos casos, Paco Baruqui se mantuvo siempre objetivo, crítico, mordaz, divertido y provocador, siempre con un aporte conceptual de lo que debía ser el toro, aquel que entre otras cosas debía “aguantar al menos 3 puyazos”.

¿Qué tendrá el toro y su bravura que hasta los Lamborghini llevan su ADN? Paco Baruqui lo sabía de cierto, lo vivía y nos lo legó en sus palabras, acciones e ideas acerca de la fiesta. A Paco Baruqui lo conocí sin tratarlo; lo observaba cada tarde en la plaza, su nombre y sus esfuerzos por mejorar la fiesta surgían entre las charlas de los entendidos, leía comedidamente su columna y pude constatar la enorme cantidad de gente que le tenía aprecio y respeto. Sólo me resta decir: ¡Hasta siempre! En el modo como se despide a los grandes enamorados del toro y a los grandes seres humanos: con un minuto de aplausos.

@VargasLopezRaul


Publicado en Milenio

No puedo transformarme en algo que no me gusta: Joselito Adame


Joselito Adame ha sido en México objeto de multiples notas, columnas y entrevistas en los medios de comunicación tras su doceava actuación en Las Ventas, en donde se llevó una oreja de los tres toros que lidió.

En esta ocasión ha dejado en claro para aquellos antis y hasta para sus propios seguidores, que el nunca se va a transformar en algo que no quiere y que en un artista es algo muy entendible, pero nuestra pregunta es: ¿Quien es realmente Joselito Adame? ¿Como definiría el mismo su concepto del toreo? ¿A que aspira este torero en el 2017 en caso de que no llegará esa tan ansiada Puerta Grande? y ¿Porque a pesar de la máquina propagandista que lo acompaña siempre y de sus múltiples triunfos, en su propio país, todavia una gran parte de la afición aún no lo considera una figura del toreo? 

Son preguntas directas y tal vez no a modo, pero son preguntas que estamos seguros que toda la afición  mexicana quisiera conocer. 

¿Quien es realmente Joselito Adame como torero? Creemos que todavía nadie lo sabe y tal vez ni el mismo, por los constantes cambios que sufre su toreo tarde tras tarde – De SOL y SOMBRA.

Por Pablo Carrillo.

Joselito Adame tuvo un regreso a España de alarido tras conseguir su cuarta oreja en la Monumental de las Ventas de Madrid, todo esto en el marco de la Feria de San Isidro. Fue una gran actuación en la que el nacido en Aguascalientes mostró temple hacia los ejemplares de la ganadería, El Torero.

La faena por momentos tuvo pasajes importantes con muletazos por la parte izquierda, sin embargo, el torero mexicano no alcanzaba a prender al público madrileño, aunado a que los toros no embestían como se esperaba. Joselito, al final decidió tirarse a matar sin muleta, con el objetivo de dar la gran estocada emulando lo que realizó en la década de los 30’s Luis ‘El Soldado’ Castro* (sic)

Para los micrófonos de Grupo Imagen, Adame, mencionó que abrochó de manera digna su participación gracias al último toro, donde la inspiración y el arrebato jugaron un papel importante para tirar la muleta y decidirse ir contra el astado, y de esta manera quedar a mano con el público que nunca lo dejó de apoyar a pesar de que los bovinos no aportaban la ilusión.

“Los toros tuvieron dificultades en las patas delanteras y traseras, y como sabemos, al público de Madrid no le gusta eso y no lo aceptan. La corrida se volvió tensa, al final la gente se molestó y ya no le daba importancia a lo que sucedía en el ruedo. La hazaña comenzó cuando empecé con el sexto toro, le vi una calidad notable, y todo se empató cuando solté ese coraje y apasionamiento que llevaba adentro con los toros anteriores y salió de la nada frente a una de las mejores plazas del mundo”.

El mexicano triunfó de la mano de la valentía y personalidad, como ya es costumbre en él. Y eso justamente hace la diferencia en los matadores, la osadía y sentimiento hacia el toreo marcan la pauta para triunfar o fracasar.

“Somos artistas y hacemos lo que sentimos. Debes y tienes que marcar tu personalidad. No puedo evitarlo o transformarme en algo que no me gusta o quiero”.

El próximo compromiso de Joselito Adame será el 8 de junio con toros de Alcurrucén.

* Todo sucedió un julio de 1934, en la antigua plaza madrileña de Las Ventas del Espíritu Santo, el hecho fue consumado por Lorenzo Garza, que aquella tarde respondió así a la hazaña de El Soldado de entrar a matar con un pañuelo como engaño, en un festejo en el que los dos mexicanos, entonces aún novilleros, acabaron por protagonizar un emocionante mano a mano, tras salir herido Cecilio Barral. Luis Castro logró una media lagartijera a la que siguió la obtención, entre una apoteósico ambiente, de las dos orejas y el rabo; el “ave de las tempestades”, por su parte, pinchó, pero se recompuso con algunos pases y un volapié perfecto, éste ya ejecutado con muleta en la mano siniestra, que le alcanzó para cortar las dos orejas – De SOL y SOMBRA.


Publicado: Imagen

El Público de los toros en Madrid


Por Ignacio Ruiz Quintano – ABC

El cosmopolitismo no tolera estorbos y en los medios taurinos (fiel reflejo de los medios políticos) hay campaña contra “el público de Madrid”.

Primero estorbaba el toro de lidia, y lo quitaron. Lo sustituyeron por un animal doméstico ante el cual mozos vestidos de rosa adoptan posturas de billar, mientras los medios (el más dañino, la TV) salmodian que lo blanco es negro y que así (de abajo arriba, pico de la muleta y hacia afuera y pierna hacia atrás) debe ser el toreo. El patetismo de semejante espectáculo no lo aguantan ni los chinos, y como en Madrid todavía hay gente que vio torear a Chenel y a Rincón (de arriba abajo, bamba de la muleta y hacia adentro y pierna hacia adelante), alguno (y no el tendido “7”, que fue un movimiento ochentero) protesta. Estorba el público, que es el que paga, y “los profesionales”, que son los que cobran, lo quieren quitar.

La corriente mental que hace que en la tauromaquia estorbe el público que protesta (talibanes) es la misma que hace que en la democracia estorbe el electorado a contracorriente (populistas).

 
La propaganda oficial llama tauromaquia a sentarse al sol con un “jandilla”. También llama “populismo” a la democracia, y “democracia”, al sistema proporcional con listas de partido. 

El populismo consiste, dicen, en “ofrecer soluciones sencillas para problemas complejos”. Así que el populismo no vendría del general francés Georges Boulanger, sino del franciscano inglés Guillermo de Occam con su famosa navaja (“no hay que multiplicar los entes sin necesidad”) y del arquitecto alemán Mies van der Rohe con su famoso “negro sobre blanco” (“less is more”, menos es más).
 

Lo contrario del populismo sería el marianismo, con sus soluciones complejas (llevar a los sediciosos a hablar al Parlamento) para problemas sencillos (cumplir la ley).

En los toros y la política, el cosmopolitismo exige un público de chinos comiendo pipas en la soñarra del “Nessum dorma”. Un público de mañana de domingo en el Bernabéu.

Fuente: Salmonetes

Así vio la prensa la actuación de Leo Valadez en Las Ventas


De SOL y SOMBRA.

Antonio Lorca para El País: Al mexicano Leo Valadez, por ejemplo, se le nota placeado, y es una enciclopedia con el capote: recibió a su primero con unas cordobinas, participó en dos quites, uno por templadas chicuelinas y otro por crinolinas; en otro quite al tercero se lució por caleserinas y gaoneras; saludó al cuarto por verónicas y chicuelinas, y terminó por zapopinas. No se le puede pedir más. Bueno, algo más, sí: que muletee más ceñido, con más sentimiento, con más alma. En una palabra, que toree en lugar de dar pases. Y que no sea pesado. La cantidad no tiene nada que ver con la calidad. Y Valadez no encontraba el momento para acabar.

Carlos Ilián para Marca: Leo Valadez abusó del toreo a distancia en su primero y trató de taparse ante la moruchez del cuarto novillo. 

Patricia Navarro para La Razón: El de Montealto llegó a la muleta con alegres arrancadas, movilidad y nobleza, se abría mucho al salir del encuentro y se quedaba descolocado Leo Valadez que era a quien le tocó el novillo. No hubo comunión, a pesar de que quiso y comenzó de rodillas en el centro de ruedo y ahí pegó un natural extraordinario. Después, no acabó de fluir el toreo en una plaza como Madrid en la que no valen las medias tintas; al novillero se le fue el trasteo en buscar la distancia y el sitio sin llegar a ninguna parte. Toreo de capa hubo con el cuarto. Y bonito. El remate de desprecio que abrochaba el saludo y el quite por lopecinas entre vara y vara. Salió Carretero a hacer lo propio y apuntaba la cosa, pero ocurrió después con la muleta algo similar a lo anterior. Tuvo movilidad el novillo, se abría también al salir del envite y la faena no fue. No hubo conexión con el tendido y el trasteo se hizo largo.

Andrés Amorós para ABC: El mexicano Leo Valadez es un diestro bullidor, «todoterreno». En el primero, que embiste con templanza, comienza de rodillas, en el centro; encadena suaves muletazos por los dos lados; muestra facilidad pero no llega a emocionar como la nobleza del toro permite. La espada es su punto flaco. Muestra su soltura con las zapopinas, en el cuarto, que se viene arriba; el trasteo gana interés pero la faena no se redondea y vuelve a matar mal. Ha demostrado más oficio que inspiración.

Zabala de la Serna para El Mundo: Cuando hoy vuelvan los peregrinos arancetanos, de Leo Valadez contaremos poquito. A su novillo de Montealto, de amable expresión, un punto montado y una bondad simplona, le faltó humillar algo más en los finales de muletazo. Como se abría y se desplazaba tanto, Valadez y todo su resuelto oficio se quedaban descolocados. Aunque cuando más se descoloca el mexicano es con la espada, como ya le sucedió en la extraordinaria novillada de Fuente Ymbro que levantó el telón en Madrid.

Leo Valadez amplió con el altón cuarto su repertorio con el capote: si ya había participado en otros turnos por chicuelinas, crinolinas y caleserinas, ahora se aplicó por zapopinas. Recitan los alumnos de las escuelas taurinas las suertes como se cantaba en el colegio la tabla periódica de los elementos. Como en tiempos de Manu Llorente la lista de los reyes godos.Como casi siempre, se ponía desde los tendidos el acento en las carencias del ganado, que si no había ritmo, que si no descolgaba lo suficiente, que si el fondo… Lo cierto es que Valadez le pegó 80 pases.

Dario Juarez para Por el Piton Derecho: Segundo paseíllo de la temporada venteña para el mexicano Leo Valadez. Una tarde en la que el hidrocálido dejó patente que tener repertorio no disimula la falta de conocimientos para coger el aire y el sitio a los novillos. Dos faenas distintas a un lote muy desigual, pero con un denominador común que fue la falta de entendimiento. A Valadez se le vio muy fresco con el de brega y su manejo, sin embargo, en la ejecución de las faenas, dejó mucho que desear en lo que a sitios y desarrollo de las actuaciones se refiere. 

El que abrió el festejo fue el animal mejor hecho de todo el sexteto. Un muy noble novillo que derrochaba humillación, que se dejó por todos lados y del que no supo sacar ninguna tanda con transmisión. Con disposición recibió de rodillas a este Venturoso, que se venía de largo y con inteligencia lo supo dejar en la muleta. 

Aprovechando esa prontitud tan característica, Leo quiso dejársela puesta y ligar los muletazos con muñecazos para fuera, que hicieron salir al novillo de la suerte. Por ese desglose de tan poca naturalidad y sometimiento, Madrid no se caló ni de faena ni de torero. Al novillo le faltó ese fondo que no tuvo y no encontró. El segundo de su lote fue un eral comparable a uno de los que se lidian en el certamen Camino hacia Las Ventas. Seco y escurrido, pero con un fondo que escondía matices de temperamento, los cuáles el novillero no logró templar. Muchos enganchones en cuatro tandas que no hablaron de buen toreo sino de una retahíla de pases muy feos y sin consonancia.

Juan Diego Madueño para El Español: Leo Valadez casi que tuvo el lote. La novillada de Montealto tampoco es que fuese especialmente buena, al contrario. Ni estos dos ejemplares cumbres. Saludó Valadez a su primero con unas tijerillas toreadas hasta que lo tropezaron. Las chicuelinas fueron respondidas por unas gaoneras de Carretero y a la vez por el mexicano con una crinolina y fregolina: aires de Fuentelencina. El novillo embestía con temple, las puntas hacia delante. Leo Valadez lo toreó con facilidad, desde el inicio de rodillas. Cambió la muleta y como si lo hubiera hecho de pie, sin eco. Increíble. El toro tenía un tranco excesivo, Leo tenía que rectificar cada vez y no le consintieron tocar en la pala. No hubo apenas alegría y la faena no alcanzó nunca los tendidos. El petardo de las mulillas fue menuo. 

Más montaraz resultó el cuarto, alto y fino. El utrero se movió. Valadez fue capaz de sortear el cabezazo. Emocionante primer tramo. Más sucia la siguiente tanda. El nublado se cernía sobre el ruedo con algunas gotas. Complicada esa marcha de más. Aguantó un parón el mexicano y vació con el de pecho. Iba y venía el bicho en su condición. Alargó Valadez un trasteo que no llegó a aterrizar nunca.

Juanma Castaño para COPE: Hubo pique de quites con el cuajado primero. Por templadas gaoneras Diego Carretero y por crinolinas Leo Valadez. El novillo de Montealto cantó su buena condición. Embestida templada y enclasada. Siguió así en el comienzo de faena de Valadez. Todo muy correcto en la faena del novillero mexicano. Irreprochable técnica, temple por ambos pitones y solvente resolución. Pero faltó alma al trasteo para llegar al tendido. Demasiado sobrado para un novillo tan fácil.

El cuarto fue el animal más fino de lámina y vareado del sexteto. Y de nuevo duelo entre Valadez y Carretero. El mexicano por lopecinas y el albaceteño por chicuelinas. Éste de Montealto fue un ejemplar que fue de más a menos en el tercio de muleta. Comenzó con chispa en un par de tandas por el pitón derecho. Mandón Leo, aguantando incluso un parón del novillo. Pero a partir de ahí, todo fue a menos. Al natural el toro se lo pensaba más y cuando embestía lo hacía con escaso celo. Ya en corto, el utrero del hierro madrileño acabó muy parado.

José A. Del Moral para de Toros en Libertad: En mis notas sobre el festejo novilleril hay buenas impresiones sobre Valadez con el capote en sus dos novillos – bordó un quite por zapopinas en el cuarto – y paren ustedes de contar porque con la muleta es una vulgar calamidad y con la espada otro tanto. Valadez es de los que no da el paso adelante casi nunca y de templar no hablemos.

Barquerito para Sur.es: El más hecho de los tres espadas, Leo Valadez, hizo valer su experiencia, su seguro oficio, su firmeza y, sobre todas las cosas, su soltura y sus recursos de torero capaz. Solo que, sin contar sus habilidades en el toreo de capa, el de repertorio, se embarcó en faenas monotemáticas, las llamadas de «los dos pases», pero sembrándolas de pausas y paseos. Un arranque de rodillas y en distancia para abrir con el primero fue solo un espejismo. Una tanda de manoletinas antes de cuadrar, un despropósito. Con el buen cuarto se ajustó y templó más y mejor, pero sin apearse de la idea de abundar en un mismo y solo tema. Un aviso en cada toro. No solo por no verlo claro con la espada. También por pasarse de hora.

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