SOLO VUELTA A LA CIRCUNFERENCIA PARA LAGRAVÉRE Y “ARMILLITA IV” Y SALIDA AL TERCIO PARA GINÉS

Fermin Espinosa. 📸 Foto NTR Toros.

Por Sergio Martín del Campo R.

Más bien pasada por xilocaína resultó la novena corrida de la feria sanmarqueña. El modesto cartel de este primero de mayo apenas atrajo público para que el coso Monumental registrara una entrada con el 25 por ciento de las gradas cubiertas.
Ahora le correspondió a la ganadería de Xajay desacorralar un encierro bien presentado según la destara general, pero, eso sí, manso, descastado y soso que provocó, en la mayor parte del tiempo en que transcurrió la función, la indiferencia del cónclave.

La tercia apalabrada se vio deseosa de lograr el éxito, y en cierto modo lo logró, muy a pesar de que no hubo apéndices de por medio; en contrapartida, los aficionados pagaron el esfuerzo visto batiendo sus palmas cuando fue menester.

Michel Lagravére (silencio, silencio y vuelta con el de obsequio) con el primer toro, tardo, soso y de mal estilo, no hizo las cosas mal ni con el percal ni con la sarga, empero su labor en conjunto careció de interés a pesar de que se vio insistente. Se le agradeció más que terminara el sopor de una estocada delantera y un certero golpe con la espada corta.

Un toro rematado y musculoso echó para su segundo turno. De muy mal juego fue. Apenas habiendo sido requerido en el último tercio, se rajó y procuró el patrocinio del enmaderado, concretándose el yucateco a cumplir cuando usó los engaños y sufriendo a la hora de matar, sobre todo al empuñar la espada de cruceta.

En medio de la inseguridad total, se atrevió a regalar un séptimo proveniente de la misma vacada. Al salir evidenció su desafinación con el resto del encierro; era gordo, aunque sin remate y de testa por demás modesta. El joven diestro, que un día, aún de novillero se echó encima a la prensa local y al público aguascalentense, puso entusiasmo y se fue a los medios para de hinojos dar las buenas tardes al adversario con una larga. De pie practicó el toreo variado y pasó al tercio mortal sosteniendo alegría en las diligencias. El bóvido fue el único que por recorrido y prontitud se dejó hacer más el toreo. El de seda y oro, mientras tanto, pegó muchos pases, pero del conjunto de todo lo visto, varios sí que le resultaron buenos y finalmente más o menos entusiasmó a la mayoría.

Ganada una oreja, pinchó en el primer viaje, y con arrebato y decisión arrancó a matar en un segundo turno, dejando el arma toda en el cuerpo del ungulado en zona delantera, y siendo dramáticamente cogido a la altura del pecho. A duras penas llegó por su pie a la barrera y ahí derrumbó su humanidad haciendo pensar en una cornada seria; afortunadamente antes de que las asistencias le introdujeran a la enfermería, recobró el aplomo y retornó al antagonista para despacharlo de un certero descabello.

El segundo astado igualmente derramó sosería en el ruedo; sin embargo, se desplazó menos mal que el anterior y esto fue en parte aprovechado por Fermín Espinosa “Armillita IV” (palmas y vuelta) para que entregara un trasteo pausado, de voluntad y logrando cuadros de fineza torera. De cualquier forma el número no llegó a mayores y menos cuando se observó mal con el estoque. 

Con cuajo y bastante enmorrillado fue el quinto. Poca oportunidad ofreció para el triunfo; apenas pasó entero y obedeciendo el engaño púrpura, y aunque lo hizo manteniendo siempre la testa en alto, el joven dinástico paulatinamente le fue organizando ordenadamente una labor plausible en la que no faltaron apuntes de su conocida delicadeza estética, cerrada de estocada delantera y caída.

De aspecto juvenil fue el tercero, y nada tardo comenzó a desarrollar sentido; no obstante tal indeseable condición, el jerezano Ginés Marín (al tercio y silencio) se manifestó en una actuación entregada y valiente con ambos engaños, sobre todo al tomar la sarga, dejándose ver entusiasta y entreteniendo a la clientela, pese a que el bicorne terminó soseando y desparramando la mirada hacia las alturas. El extranjero firmó su paso de pinchazo hondo, tendido y delantero más certero descabello.

El sexto era un bueyón y ante él se desempeño pulcramente, deshaciéndose del asunto a la mayor brevedad.

Fuente: Noticiero Taurino Mexicano

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Las Ventas: Despropósito de las cuadrillas y falta de propósito en los novilleros

Plaza 1 del mundo.

Por José Ramón Márquez.

Con un tiempo harto desapacible y con la mente ocupada en rumiar las circunstancias de la vida que nos impidieron estar ayer en Sevilla a ver toros de lidia de verdad en la Plaza de Toros del Arenal, marca de don Victorino Martín Andrés nos bajamos a Las Ventas pensando que lo mismo suspenden, si la cosa de la nubosidad se encenaga un poco, y así nos ahorramos el frío y el sinsabor. No hay tutía, y las gotillas que caen no tienen pinta de que vayan a llegar a ser la causa de fuerza mayor que nos vaya a librar de echar el rato en la andanada, que al menos tiene tejadillo.

Emprendemos el ascenso hacia las regiones celestiales de Las Ventas entre la consabida mugre, inequívoca seña de identidad de esta Plaza de Toros, hojeando estupefactos la portada del programa oficial de la tarde, en el que se halla estampada una ilustración de don Jerome Pradet que representa un plato de jamón, lo que parece el tercer vuelco de un cocido, un plato con tres langostinos y una botella de vino. No es que uno vaya a pedir, ilusamente, que Plaza1 hubiese tenido en la portada de  su programa número 6 un recuerdo para la ganadería de Miura, hoy que se conmemoraban los ciento sesenta y ocho años de su presentación en Madrid, pero que de modernos ya nos pasamos y que lo del plato de jamón y los grabieles ya es como de caricatura, digo yo.

Para el primero de los festejos de la segunda Feria de la Comunidad de Cristina Cifuentes y de su inseparable Fernández Mochu empeñado en aumentar el nivel de incuria en la policía de la Plaza de su predecesor, se programó una corrida de novillos para lo que adquirieron el material a don Juan Sánchez Herrero, ganaderos de la Asociación de Ganaderías de Lidia que desde hace unos quince años poseen una vacada hecha sobre la base del ganado que adquirieron a El Raboso. Origen juampedrero, si lo miras por ahí, pero del juampedreo del cretácico superior, porque si El Raboso compró lo de doña María Antonia Fonseca en 1979, a ver quién halla lo que puede quedar de lo que en origen venía juampedreado tras casi cuarenta años de manejo por libre. Las capas y poco más.

La cosa es que los Sánchez Herrero se trajeron desde Salamanca una corrida seria y bien presentada, acorde a lo que se pide en Madrid, con 497 kilos de promedio, dos negros y cuatro castaños, de los cuales dos chorreados. La corrida no creo que haya gustado ni a los mentores de los toreros ni a los que han estado en el ruedo viéndoselas con ella, ni a esa parte del público que ansía extasiarse con muletazos largos, lentos y estéticos de esos que tan poco se prodigan, porque los seis de los Hermanos Sánchez Herrero han traído a Las Ventas dificultades, incertidumbres, peligro, casta y mansedumbre: ese infalible cóctel que garantiza que no hay manera de aburrirse a cambio de que no hayas ido a la Plaza en busca de desmayo, escacharre de relojes, sonidos negros y demás fenómenos extrataurinos que se dan en las Plazas de Toros a condición de que lo que salga por chiqueros no tenga mucho que ver con el toro. La seria corrida que han mandado a Madrid los ganaderos charros era para novilleros curtidos, lo que se espera del que viene a la capital, para que pudiesen demostrar ante la cátedra los recursos, los conocimientos y el oficio propio de sus novillerías, dejar el sello de sus tauromaquias y sentarse a esperar la siguiente, a ver si en el otro registro, el del arte, eran también capaces.

Para dar fin de los aldeanuevas de don Esteban y don Juan pusieron en el cartel los nombres de Tulio Salguero, Álvaro García y Daniel Menés.

Tulio Salguero no despega. Lleva ya mucho de novillero y la cosa no parece marchar. En su segundo se inhibió de tal manera con el toro, dejando la labor a sus peones, que dio la medida de que su final en el mundo de la novillería está ya próximo. Dejaron correr al toro hacia el picador de reserva porque la jindama que le habían tomado al bicho, Valenciano, número 28,  sólo se podía remediar un poco si le metían el hierro en los espaldares, al precio que fuera. Lo agarró el padre del novillero, Tulio Salguero, y allá fueron al suelo el jinete y el penco para aumentar el perceptible horror que matador y cuadrilla habían desarrollado. Nada más que reseñar. En su primero, al ir a agarrar una banderilla del suelo se clavó él mismo el arponcillo. El rigor de las desdichas.

Álvaro García es de San Sebastián de los Reyes, como Fernández el Mochu. Para él, que no parece por lo visto atesorar los secretos del toreo en grado sumo, debió hacérsele un mundo tener que sobreponerse a la deplorable actuación de la cuadrilla que le acompañaba o que vino con él a le estorbarle. La cosa es que podemos decir que el de Sanse estuvo en el ruedo más solo que la una y que lo que urdieron sus auxiliadores más hizo para mal de los novillos que para bien. El catálogo de capotes al suelo, carreras despavoridas, marronazos y demás pasa directamente a la leyenda negra de los que lo perpetraron. A García le cuesta una barbaridad el toreo al natural, en su segundo ni agarró la muleta con la zurda. A cambio recetó una habilidosa estocada de difícil ejecución cuando el toro se había aquerenciado en tablas, como en una vieja estampa de La Lidia.

Daniel Menés trajo algo más de oficio y de disposición que los otros de la terna. Y mejor cuadrilla, que es un mérito que ya le hemos señalado al madrileño cuando se presentó en Las Ventas. Sin llegar a plantear ninguna de sus dos faenas con argumentos digamos inapelables, sí que dejó algunas pinceladas en ambos novillos de cierto interés. Con el manso tercero, Rodillero, número 20, anduvo porfiando y cuando el bicho volvió grupas y huyó hacia el 5 allá se fue Menés a ver de sujetarlo sin descomponerse y manteniendo la planta erguida. Con el sexto, Gordo, número 37, volvió a plantear parecidos argumentos siendo jaleado en ciertos momentos, dando, no obstante, la sensación de que no mandaba mucho sobre el toro. A este lo tumbó de una estocada desprendida de efecto fulminante.

Luego se dio una vuelta al ruedo por su cuenta frente a unos tendidos ya desiertos, que se ve que eso le hacía ilusión. Decíamos de la cuadrilla y debemos reseñar dentro del despropósito general de la tarde a Simao Neves, que volvió a picar con conocimiento de la puya y de la equitación, y a Jarocho, que bregó con el conocimiento a que nos tiene acostumbrados.

Fuente: Salmonetes ya no nos….

FERIA DE ABRIL: Arbitraria, honrosa y desigual despedida

Rivera Ordóñez, en el primero de su tarde, en La Maestranza. PACO PUENTE.

Por Antonio Lorca.

Quede constancia de que la despedida de Rivera Ordóñez ha sido una decisión arbitraria del empresario, que no responde en modo alguno a los méritos contraídos por el torero en su vuelta a los ruedos. 

Estar incluido en un cartel de lujo en la Feria de Sevilla es una prebenda inmerecida que parece obedecer más a su popularidad como personaje público que a su trayectoria taurina. Se despidió, además, Rivera sin que nadie se lo hubiera pedido. Es más, si lo hace por Twitter nadie se hubiera extrañado.

Dicho lo cual, es justo reconocer que ha sido la suya una despedida honrosa, pues mantuvo toda la tarde una actitud de encomiable responsabilidad torera. Recibió a su primero de rodillas en la puerta de toriles, participó en quites en los dos de su lote, banderilleó al primero con facilidad, acierto y compostura, trató de capotear y muletear con seriedad y mató al segundo volcándose en el morrillo del animal. Como es hombre de suerte, aprovechó una tarde generosa del presidente y paseó una oreja inmerecida que puede enmarcar y lucir con orgullo en el salón de su casa.

Arbitraria inclusión en los carteles, honrosa actitud, y también muy desigual actuación de este Rivera Ordóñez que sorprendió al toreo el día de su alternativa, allá por la feria sevillana de 1995, triunfó en las plazas principales, pero prefirió pronto iluminar su facilona estrella como protagonista de la crónica social en detrimento de su aureola como torero.

Rivera Ordóñez ha dedicado mucho tiempo a destorear, a desaprender lo mamado y asimilado, y eso se nota en exceso. Ha perdido el misterio, y se le ha vaciado el alma torera que le infundieron sus genes; a todo su quehacer le faltó gracia, temple, reposo, hondura, torería… Quiso, pero no pudo. Luchó por ser una brillante realidad y solo pudo expresarse como una sombra de sí mismo.

Por esa razón tan simple como enjundiosa, sus capotazos surgieron acelerados y sin destellos, y su toreo de muleta careció de profundidad y hondura. No interesó ni a los suyos en su primero, porque se mostró como un torero vacío y amortizado ante un toro agotado. Y quedó en evidencia ante el cuarto, el de más movilidad de la tarde, un caramelo bombón para una retirada exitosa en la Maestranza. Se deshizo de la coleta antes del primer muletazo, toreó por ambas con encomiable voluntad de triunfo, pero todo surgió sin fundamento porque hace tiempo que él mismo no siente el toreo en lo más hondo. Y de tal modo, se puede uno despedir con un abrazo fraterno, pero como un ladrón de corazones enamorados. Adiós a Rivera Ordóñez, que se va con más regalos de los que se ganó en el ruedo y con una deuda eterna con la fiesta de los toros, porque no ha devuelto lo que de ella recibió.

Otro de actitud meritoria fue su hermano Cayetano, enrabietado ante el muy noble sexto, al que capoteó con genio por gaoneras, y consiguió conectar con los tendidos con un espectacular inicio de faena de rodillas. Había brindado a su hermano, y se lució con la mano derecha con serenidad, templanza y seguridad. Pronto se rajó el toro, a pesar de lo cual surgió algún natural estimable y tras una estocada de efectos rápidos, paseó una oreja, aunque parte del público pidió las dos. El tercero era un inválido mortecino ante el que se empeñó en dar pases insulsos entre las protestas del respetable.

El Juli estaría en su salsa entre sus toros preferidos de Daniel Ruiz; se le vio suelto, tranquilo, como en el patio de su casa, entre animales tan noblotes como tontunos. Lo intentó sin éxito ante el rajado segundo, y naufragó ante el complicado quinto. (El día que se enfrente a toros de verdad se le dedicará más espacio).

Por cierto, el público se torna más verbenero a medida que la manzanilla del ferial hace estragos. La petición de la segunda oreja para Cayetano solo puede ocurrir en plaza de tercera.

RUIZ / RIVERA, EL JULI, CAYETANO

Toros de Daniel Ruiz, justos de presentación, blandos -inválido el tercero-, nobles y descastados.

Rivera Ordóñez: estocada trasera (ovación); estocada caída (oreja).

El Juli: pinchazo hondo, un descabello y el toro se echa (ovación); pinchazo y estocada (silencio).

Cayetano: bajonazo trasero (silencio); estocada (oreja).

Plaza de La Maestranza. Octava corrida de abono. 1 de mayo. Lleno. Se guardó un minuto de silencio en memoria del banderillero Manolo Montoliu, muerto en esta plaza el 1 de mayo de 1992.

Publicado en El País 

Ocho con Ocho: Momento crucial Por Luis Ramón Carazo

La Monumental. Foto Germán Fernández Twitter @germanfdez

El domingo 30 de abril en la Feria de San Marcos en Aguascalientes se vivió una corrida especial, porqué demostró que un cartel con base en tres toreros mexicanos, es factible que impacte en la taquilla como lo hicieron Fermín Rivera, Joselito Adame y El Payo, con los toros de Fernando de la Mora al llenar a su conjuro los tendidos de la Plaza Monumental.

Desde luego que el eje parece ser Joselito en su tierra, pues dos días antes, en el mano a mano con Sebastián Castella y con los toros de Los Encinos, tuvieron el mismo resultado en la asistencia, una figura mexicana y una europea, contendiendo.

Hay crónicas que se detienen en los detalles del festejo, así como el del 29 de abril, dónde brillaron Miguel Ángel Perera y Luis David Adame con los toros de San Miguel de Mimiahuapám, junto con Juan Pablo Sánchez quienes también sin llegar al lleno, convocaron a dos tercios de plaza.

Esto demuestra que por mucho el centro neurálgico del toreo en México lo es Aguascalientes y desde luego también pudiera probar que el toreo como evento, sigue siendo un gran acontecimiento.

Pero regreso a Joselito, quién de domingo a domingo, tanto triunfó el 23 de abril en Sevilla, con los toros de Fuente Ymbro, como regresó a su tierra para triunfar en los dos festejos que participó en viernes y domingo, sus paisanos le exigen, pero lo tienen como adalid del toreo en México.

¿Qué le pudiera faltar para ser más claro el momento en los carteles que vive en su ya plena madurez como torero y que en España toree con las figuras qué en México lo piden como su alternante?

Me parece que llega a la encrucijada de dos festejos en la Feria de San Isidro, en dónde lo que tiene que lograr para encaramarse a los primeros planos internacionales sería salir por la Puerta Grande, vedada para los toreros mexicanos desde 1972 cuando Eloy Cavazos salió por ella con todo merecimiento, pero hace ya la friolera de 45 años.

Desde luego que en La Ventas ha tenido grandes actuaciones y recuerdo aquella en la que al lado de Juan Pablo Sánchez, en hecho singular junto con El Cid,  lidiaron toros de Alcurrucén y rememoraron una tarde de 1953 en la que en un mismo cartel actuaron los mexicanos Rafael Rodríguez y Jesús Córdoba y de la cual salió triunfador Joselito, con un trofeo en la espuerta.

La salida en hombros, sigue siendo una asignatura pendiente para muchos toreros, Joselito quién tiene la capacidad de hacerlo y así daría argumentos rotundos a su administración para que su caché europeo, siguiera los pasos del gran torero colombiano César Rincón, quién en dos tardes en Madrid le dio un vuelco a su carrera para ungirse figura universal del toreo y contendiente de los toreros más importantes en los carteles en los que actuaba, dejando en cinco el récord de salir a hombros en una misma temporada madrileña, para la historia.

Desde luego no será fácil una, pero para quién escribe es muy claro deducirlo y dependerá de los tantos factores a favor y en contra de lo que representa una corrida de toros, sin embargo apelaría al dicho mexicano de “ahora es cuando chile verde le has de dar sabor al caldo”

Capacidad y claridad las tiene Adame, ojala y las circunstancias principalmente los toros que le correspondan le posibiliten dar el brinco a la cima internacional, para representar a la torería de México a los niveles más altos, como ya lo hace en estos momentos el torero peruano, Roca Rey.

Supongo que con los buenos toreros que hoy en día tenemos en México el deseado logro de José, también pudiera dar el impulso que hemos deseado para nuestra torería quién desde hace más de 20 años, no es el elemento principal de los carteles en nuestro país. Por muchas razones y sin patriotería, ya es tiempo de un cambio, es justo y necesario.

​40 años México y España Por Bardo de la Taurina


La política ese galimatías que desde siempre ha estada ligado a la fiesta de toros, la que le ha dado cabida a veces y otra a fuerza y ha tenido que lidiarla a como se pueda, más lo que no se puede negar que ambas prácticas de alguna manera en este país ya van para quinientos años, en los cuales han estado más que ligadas y en el estricto apego a las tradiciones hay que constatar que España le legó a México la más añeja de sus fiestas populares, que lo son las corridas de toros las que han atravesado por tramos buenos, regulares, malos y patéticos, como los actuales donde la fiesta misma como que no  se quiere dar cuenta que está padeciendo una metástasis, la que salvo un milagro que no creo que se dé, se podría salvar en sus simientes y es que la tauromaquia tricolor está siendo vapuleada por muchos frentes provenientes los más de adentro pa’ fuera y viceversa.
Y esta degradación se origina en gran parte porque hoy en día, en México, sigue sumiso a la españolería y aquí cabe señalar que estas relaciones no obstante los  vínculos tan estrechos entre la Madre Patria y la Nueva España, no siempre han existido en todos los órdenes.

En lo taurino los toreros mexicanos en años pasados sufrieron lo que se llamó ‘El Boicot del miedo’  que consistió en que no se dejara torear a los lidiadores aztecas en tierras Ibéricas, épocas aquellas de Marcial Lalanda el cual fue la voz que hizo eco a la molestia que les causaba a los toreadores peninsulares que su contraparte los tricolores torearan en todas las plazas, en ocasiones sin ser acompañados de los locales y además triunfaran convirtiéndose por ello en imán de atracción, lo cual tenía varias repercusiones entre otras que les hirieran el orgullo y que los españoles al perder posiciones en los carteles, también perdían pesetas en demasía, aunque hay que decir que ese dinero que con la buena vida  que gustaban  darse los mexicanos, seguramente el parné lo usaban ahí mismo en la compra de avíos,  ropaje de calle y de plaza, automóviles,  en buena jama, vinos finos, mujeres elegantes, joyas, hoteles de lujo, tabaco rubio, le metían fuerte a la apuesta de la pelota, total que al final casi todo se quedaba en España.

Eran tiempos del generalísimo Franco y por ende las cosas no eran igual que ahora, al grado que ni relaciones diplomáticas existían entre ambas naciones, eso  sí, eso no obstó pa’ que México les abriera la puerta de par en par  a quienes se llamó inmigrantes al son de aquella letra que popularizo Juanito Valderrama:

Adiós mi España querida, 

dentro de mi alma 

te llevo metida. 

Y aunque soy un emigrante 

jamás en la vida 

yo podré olvidarte. 


Cuando salí de mi tierra 

volví la cara llorando 

porque lo que más quería 

atrás me lo iba dejando.

Las relaciones se vuelven a reinstalar por el año de 1977 tras unos 38 años de que habían estado congeladas en lo político, no en lo afectivo y eso está siendo motivo de conmemoración pues ya son cuarenta años de fructífera fraternidad y pa’ ello entre otros actos se imprimió un espléndido libro ‘40 Mex. Esp.’ El cual la embajadora de mayor elegancia y guapura que milita en la cuadrilla diplomática doña Roberta Lajous recientemente entregó al Monarca emérito don Juan Carlos de Borbón. La fiesta brava española ya participó de alguna manera en la celebración de este acontecimiento al recibir en el Museo de la Plaza de las Ventas para su acervo la gallardía del traje de charro, los que se suman a la obra pictórica que ya había llegado en otra fecha  de la inspiración del artista Francisco Álvarez y que representa en uno de sus momentos cumbres a otro monarca don Silverio Pérez, que fue paisano del rey Netzahualcóyotl.

Lo que no ha llegado a saberse es si ésta conmemoración está siendo considerada por la empresa de la Plaza México y si así lo es ¿cuál será el cartel de la celebración?, España bien podría aportar a sus emblemáticos Enrique Ponce, José Tomás, Morante de la Puebla, Julián López ‘El Juli’ y México aportaría para no desmerecer y estar al mismo nivel de los figurones mandones a…

No sé lector en que toreros pensó usted, más yo pienso que sea como sea las relaciones México–España en el rubro de los cuernos no son ni medianamente equitativas, aceptando de entrada que en lo torerístico la desigualdad no se le puede achacar únicamente a la grandeza de los ibéricos, mas en lo administrativo es donde se da la inclinación de la balanza de una forma humillante y que se debe a que los empresarios mexicanos en un altísimo porcentaje agachan la cabeza sumisa ante la degradación e imposición que les meten los apoderados españoles, auxiliados  por sus empleados veedores mexicanos, lo cual seguirá ocurriendo hasta que en esta tierra los empresarios exijan y paguen el toro de cinco años, no el que  les conviene por raquítico y entonces sí les digan  a los apoderados españoles; estas son las corridas que tenemos  ¿con cual quiere venir su torero?, la respuesta ya la sabemos -mi torero viene con las corridas de peluche que ya tenemos arregladas y si no, no  viene-. 

Entonces el empresario se debe de montar en el macho de la dignidad y demostrarse a sí mismo que puede ir por la vida con la cara en alto, ¿Qué dejaran de venir algunos toreros españoles?, probablemente un ratito, ¿y qué pasa?, no pasa nada y pronto reflexionaran, si de todas maneras pa’ lo que se zumban los españoles en su tierra lo de aquí no los va a asustar, mas hay que decir que el problema real no está  en los toreros, radica en los apoderados los que no quieren que sus matadores corran ni los riesgos naturales  que eventualmente dejaría paradas a sus máquinas de hacer dinero, y permítaseme decir que sinceramente creo que los toreos también son víctimas de los apoderados poderosos.

¿Verdad que las relaciones bilaterales en materia taurina son un camelo? Y también hay que decirlo a los toreros mexicanos les encanta torear junto a las figuras extranjeras, aquí porque ahí está el toro chico y de él se benefician como esos peces que navegan prendidos al vientre de los tiburones y si no que lo diga José Guadalupe Adame ¿en que se parecieron los toros que enfrentó en Sevilla esta misma semana, a los que un apoderado español le permitió se arrimara al lado de su torero en Aguascalientes unas horas después? 

Un Primero de Mayo que enlutó el toreo

Documento espeluznante que muestra cómo ‘Cubatisto’ le atraviesa el pecho a Manolo Montoliú para partirle el corazón. / ANTONIO ESQUIVIAS.

SE CUMPLE HOY EL CUARTO DE SIGLO DE LA COGIDA Y MUERTE DE MANOLO MONTOLIÚ EN LA PLAZA DE SEVILLA.

Por Luis Carlos Peris.

Veinticinco años de una tragedia que enlutó el mundo del toreo y que fue utilizada para arremeter contra el nuevo reglamento taurino. 1º de mayo de 1992, decimotercera corrida del abono sevillano y se anuncian toros de Atanasio Fernández para José María Manzanares, Pedro Moya Niño de la Capea y José Ortega Cano. Abre plaza Cubatisto, negro y zancudo, marcado con el número 27, que dio 596 kilos en la báscula y que acabó con la vida de Manolo Montoliú, un enorme banderillero.

Fue entre el 7 y el 9, Montoliú se gustó en el cite, prendió en todo lo alto y el toro lo desequilibró con un palotazo en la pantorrilla para ensartarlo con el pitón izquierdo por el hemitórax derecho. Me encontraba en el tendido 4 y cuando era llevado camino de la enfermería ya vi que iba muerto. Desmadejado y sin color, la tragedia se confirmaba cuando poco después nos hacía Manolo Vázquez señas muy elocuentes de que el valenciano había fallecido.

ESE DÍA SE ESTRENABA UN REGLAMENTO QUE AMINORABA EL PESO DEL CABALLO DE PICAR

Y a partir de ahí, una avalancha de sensaciones. Manzanares había estado muy valiente con Cubatisto y cuando Capea se quita de encima al segundo ya no cabe continuar. Los toreros suben a la presidencia y el presidente, José Luis León, tras consultar con su asesor el matador retirado Manolo Carmona, decide suspender. La Condesa de Barcelona abandona el palco, un toque de clarín hace que se arríe la bandera y una pizarra notificando la tragedia se muestra por el callejón mientras la afición estalla en una ovación de respeto.

Hay un torero con el corazón partido en dos, Ramón Vila firma este parte facultativo: “Herida incisa contusa en la base y cara interna del tórax derecho. Rompe las arterias suprahepáticas, rompiendo también la base del pulmón derecho y el pericardio atravesando el ventrículo derecho del corazón y la aurícula izquierda, rompiendo el lóbulo superior del pulmón izquierdo llegando hasta la base izquierda del cuello. Ingresó en la enfermería prácticamente cadáver, sin reflejos, sin respiración. Se procedió a abrir el tórax para realizar maniobras de resucitación sin que se pudiera lograr en ningún momento la resucitación”.

Ese 1º de mayo entraba en vigor el nuevo reglamento taurino. En él se incidía en la presentación de los caballos de picar, mucho más ligeros de peso. Por ahí la batalla planteada por picadores, de ahí que se produjeran muchos incidentes a la puerta de la enfermería tras conocerse la muerte de Montoliú. Con Curro Reyes a la cabeza, la escandalera fue monumental. Ese escándalo también fue el aperitivo para que el doble festejo del día siguiente, sábado 2 de mayo, se suspendiese. Por la mañana se anunciaba a Manolo Cortés, Curro Durán y Pepín Jiménez; la vespertina la iban a matar Fernando Cepeda, Martín Pareja Obregón y Finito de Córdoba.

Volvamos al drama. Llegan a la enfermería los servicios funerarios y el féretro es trasladado a la recién inaugurada sala de prensa. Allí se descubre el cadáver, que es cubierto con su capote de paseo, pero sin tapar la cara. Es velado por toreros como Finito de Triana, Fernando el Almendro, Silverio Sierra, El Pío… Muy emocionado José María Manzanares, consternado el Capea, que se iba a Salamanca despotricando. “Ese toro no debe lidiarse en Sevilla, ni en ninguna parte”.

El canónigo de la Catedral y capellán de la plaza, Federico María Pérez Estudillo, ofició una misa y sobre las doce de la noche llegaba desde Valencia el padre del fallecido, el viejo picador de toros Manuel Montoliú. Sin derramar una lágrima se abrazó al cadáver de su hijo. Una lección de entereza que culminaba en sus palabras a Manzanares: “Esto es el toro, maestro, y hoy le ha tocado a mi hijo”. A las dos de la mañana y tras una postrera vuelta al ruedo de la Maestranza, el furgón fúnebre salía hacia Valencia, donde reposarían sus restos.

Manolo Montoliú había nacido en Valencia el 5 de enero de 1954, por lo que contaba con 38 años de edad. Fue novillero y empezó de banderillero en la cuadrilla del Soro, y luego pasó a las de Paco Ojeda y Antoñete. En 1986 toma la espada y la muleta. La alternativa es en Castellón el 2 de marzo con Julio Robles de padrino con Espartaco de testigo. Confirma en San Isidro con Emilio Muñoz de padrino, pero sólo torea nueve corridas y vuelve a coger los palos en 1987, y torea a las órdenes de Víctor Mendes, Esplá y Manzanares.

En enero del 92 coincidí con él en una tertulia en el hotel Rey Don Jaime de Valencia, y estaba exultante. “Voy a torear con el torero que más me gusta, con el que estaba deseando colocarme desde que soy banderillero”. Ese torero no era otro que José María Manzanares, con el que empezó en Fallas. Y hay una anécdota premonitoria. Manzanares le tenía una fobia enfermiza al amarillo y derivados, por eso cuando Montoliú le dijo que se había hecho un terno oro viejo y azabache para estrenarlo en Fallas, Manzanares le hizo desistir. Pero el traje no iba a tirarlo. Lo dejó para Sevilla y cuando el 1 de mayo de 1992, matador y banderillero se encontraron en el coche de cuadrillas, el alicantino se dio por vencido: “Al final te lo has puesto. Allá tú”. Y con el oro viejo y azabache citó a Cubatisto gustándose, como bebió de la fuente de Paco Honrubia, cuadró en la cara y clavó en todo lo alto, pero el toro lo desequilibró primero y lo atravesó después para romperle el corazón en dos. Fue un torero que quiso hacerle las cosas bien a un toro que no estaba en el tipo que pide Sevilla. Hoy hace veinticinco años.

Veinticinco años de un viernes negro.

Publicado en Diario de Sevilla