FERIA DE ABRIL: Esbozos de mágico toreo

Morante banderilleó al cuarto; Talavante cortó una oreja y Mora dio una vuelta ante una mansa y noble corrida de Núñez del Cuvillo. Foto Pages.

Por Antonio Lorca.

La sorpresa de la tarde la protagonizó Morante cuando pidió a su cuadrilla los palos para banderillear al cuarto, el último de sus cuatro corridas. Irregulares los dos primeros pares y espectacular el tercero, al quiebro, encerrado en las tablas del tendido 3. Buscaba dejar un buen recuerdo, y a fe que lo intentó desde el principio de la lidia de ese toro, aunque todo quedó a medias por responsabilidad exclusiva en este caso, de un animal manso, distraído y suelto que no quiso aceptar la pelea.

Lo recibió Morante con unas lentas templadas verónicas que no acabó de rematar. Dibujó en el quite tres personalísimas chicuelinas, rotas cuando perdió el capote, y insistió después a la verónica que también acabó con el percal enganchado.

Después, llegaría el momento sorprendente de las banderillas, y, muleta en mano, se esperaba que el torero dejara destellos de toreo grande. Pero no pudo ser. Tras el primer muletazo por alto, el toro huyó despavorido hacia los terrenos de sol, y ya nada fue posible. Lo intentó Morante por ambos lados, pero se vio obligado a acabar pronto con la vida de su oponente ante su negativa tajante a colaborar.

Algo es algo. Mejor fue el primero, de escaso recorrido en el capote, pero noble y obediente en el último tercio. Hubo muletazos excelsos por ambas manos, en una labor cimentada sobre la mano zurda, con ráfagas de toreo mágico, pero a las que les faltó consistencia y cuajo. Algunos naturales brotaron largos y emotivos, al igual que dos tandas finales de redondos cargados de torería, pero unos y otros estristecieron su brillo con muletazos enganchados que hicieron añicos la armonía.

No fue una faena redonda ni completa, pero solo la tardanza del toro en morir le privó de una oreja, que hubiera sonado a excesivo premio.

¿Ha dejado Morante alto su pabellón en Sevilla? ¿Quién lo duda? La Maestranza necesita un artista y ese es el torero de La Puebla.

Algo parecido le sucedió a Talavante, pero este sí paseó una oreja que el presidente no debió conceder. Embistió incansable el animal, con dulce calidad, y el torero dio muchos pases acelerados y vacíos de largura y hondura. Un toreo extremadamente superficial, rematado al final con tres naturales de mejor factura.

Largo fue su trasteo al manso y menos obediente quinto, con el que tampoco alcanzó cumbre alguna. Tampoco se le vio con alegría capotera; en fin, que cortó una oreja y no dejó recuerdo alguno.

Y David Mora se llevó el mejor lote, pero no quiso ser menos. Si no pincha a su primero, corta oreja, inmerecida también, pero la cambió por una vuelta al ruedo. Acelerado en los capotazos iniciales, le cantaron su toreo de muleta, falto de reposo, despegado y escaso dominio. Dio muchos pases y algunos, como dos derechazos primeros y un natural al final, tuvieron enjundia, en un conjunto de poco calado. Al sexto lo veroniqueó con gusto; inició de rodillas la faena de muleta y volvió a ser un torero movido y despegado hasta que tomó la izquierda y el toro se rajó. A pesar de todo, dejó una mejor impresión de la que, en verdad, se puede derivar de su toreo.

La corrida de hoy

Toros de Victoriano del Río-Toros de Cortés, para Sebastián Castella, José María Manzanares y Roca Rey.



Fuente: El Pais

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Goyesca del 2 de Mayo. Duelo a garrotazos de Ureña y “Curioso”

Urdiales, goyesco. Foto Plaza 1.

Por José Ramón Márquez.

Me dicen que la Presidenta de la Comunidad de Madrid sí que ha venido hoy a la Plaza. Dudo mucho que una señora como ésa guste de rebozarse en la mugre y suciedad que ostentan Las Ventas como su más característica seña de identidad debido al celo de Fernández, hijo de Fernández, custodio de la incuria y el abandono del Bien de Interés Cultural establecido por Decreto del Consejo de Gobierno 84/1994, de 28 de julio, que a lo mejor la porquería y la falta de aseo es una seña de identidad cultural y debe ser protegida sin que nosotros lo sepamos. Si es así, lo están haciendo de maravilla, la verdad.

A los toros, sean goyescos o de los otros, hay que ir siempre sin prejuicios formados. No vale llevar la faena hecha desde casa, porque luego pasa lo que pasa, que la realidad te pinta otro dibujo y a lo peor ni te enteras de lo que estás viendo, cegado por la venda que uno mismo, a veces, se pone. ¿Quién nos iba a decir que la parte más interesante de la corrida goyesca 2017 iba a venir de la mano de los dos toros de Victoriano del Río? Con lo que habremos denostado de esa infeliz vacada, resulta que hoy han sido los Victorianos los que han ido de Victorinos y los que nos han proporcionado los mejores momentos ganaderos de la tarde. Un sorpresón lo de don Victoriano, que si sigue por este hermoso camino que hoy nos ha mostrado no tardará en alcanzar el olimpo de las ganaderías toristas y empezará a gozar del respeto máximo de la afición. Visto lo de hoy cobra un especial e inusitado interés la corrida de Beneficencia, que si el encierro que manda la razón social Medianillos Ganadera S.L pone en Las Ventas aunque sólo sean tres como los de hoy vamos a disfrutar una barbaridad viendo a El Juli, Manzanares y Talavante poner en solfa sus conocimientos y sus redaños. Hoy en Las Ventas estuvieron Diego Urdiales y Paco Ureña, ambos toreros del gusto de Madrid, donde se les ha reconocido en suficientes ocasiones sus méritos.

Para empezar la corrida echaron dos de Salvador Domecq, Edulcorado, número 44, y Pleamar, número 95. Decimos dos, pero deberíamos decir uno, pues el tal Pleamar duró en el ruedo lo que tardó en encabritarse el respetable con sus condiciones tan blandengues y su predisposición innata al desplome y el planchazo. El otro, el Edulcorado, un toro grandón en el tipo de El Torero, propició un jugoso tercio de quites en que Ureña propuso gaoneras de buena ejecución y Urdiales respondió con una fantasía de chicuelinas, una media y una larga: pura torería en ambos. En ese toro Urdiales sacó lo que viene siendo su seña de identidad como torero, un gusto exquisito en lo accesorio, con remates plenos de torería añeja y un amagar y no dar en lo esencial, sin acabar de organizar la faena de manera satisfactoria e intercalando de vez en vez algún muletazo templadísimo y de óptima colocación. Lo mejor vino con la zurda, cuando el riojano planteó los naturales de uno en uno, lo cual le beneficia en cuanto a las fotografías que le hayan hecho, que serán magníficas, pero en la Plaza deja un poco depauperado el concepto de faena como tal. Pura sujeción a sus principios, que deja en el aficionado el grato sabor de su personalidad junto a la desilusión de que la cosa no se arme de manera sólida formando una faena.

La segunda propuesta ganadera venía de la mano del 9 de Aleas, actual juampedreo de don José Vázquez Fernández, que mandó a la cosa goyesca a Inesperado, número 115, y a Ingenioso, número 117, ambos castaños. Con Inesperado estuvo Urdiales en la misma tónica que en su primero y que hemos descrito más arriba. La diferencia principal entre los dos trasteos estriba en que el bicho iba y venía, con lo que se quedaba más en evidencia la falta de decisión de Urdiales en comprometerse de manera decidida en la ejecución de las tandas: ponía el toro en movimiento, le pegaba el segundo, magnífico, y en el tercero lo echaba para afuera, como quien tumba un castillo de naipes de un manotazo. Así, a base de poner la miel en los labios de la necesitada afición fue apurando el trasteo, con algún natural de gran empaque y, de nuevo con su habitual florilegio de adornos muy toreros.

Luego salió Ingenioso, que, en realidad, es como si fuese el primero de Ureña. Era el vazquezfernandez un toro corto que fue recibido con ciertos silbidos y que anduvo por el ruedo correteando como un gamo con los picadores a ver dónde lo agarraban y cómo. En banderillas el bicho fue por libre cantando su condición mansurrona, pero lo cierto es que no se comía a nadie. El trasteo de Ureña quedó a años luz de lo que habíamos ido a ver en él. Adoptó los modos más contemporáneos, renunciando al más mínimo compromiso en su manera de torear dando lugar a un trasteo mecánico, ayuno por completo de alma y poniendo de relieve lo importante que para este torero es que su toro ponga sus gramos de emoción. Lo pasó por las dos manos, acaso algo mejor por la zurda, y no se veía el momento de que aquello acabase.

Y en esto llegaron, con su divisa negra y amarilla en la espalda, Regato, número 82, y Curioso, número 4, de don Victoriano del Río Cortés. Fue salir Regato a la Plaza y entrarle el susto al peonaje. Ya algo le vieron, porque desde el principio no se fiaron de él. Bernal le atizó por ver de atemperar su condición y luego, en el segundo tercio, se sucedieron las carreras y el capoteo y los peones pasaron sus fatiguitas para ir dejando los palos donde Dios les fue dando a entender. Urdiales agarra la franela y se planta en los medios y allí se lleva al toro a principiar su obra. Esa decisión dura los preliminares y poco más hasta que el toro se le cuela feamente, momento en que dándose por enterado de su condición se trae el bicho hacia el tercio y replantea su estrategia ya decididamente orientada a resolver la papeleta y dar fin de Regato, que se puso a recorrer el ruedo en sentido horario, casi completando la vuelta, hasta que Urdiales lo cazó frente al ocho.

Y luego Curioso. Tras haber tomado una vara con fuerza, fijeza y empuje, en la que cobró bien y de acudir con presteza a la segunda en la que se le picó poco y mal, tras un tercio de banderillas en que acudió con decisión a los cites, Ureña se planta en los medios y cita con la muleta plegada, el cartucho del pescao. El toro se arranca como una exhalación desde el burladero del 6 y Ureña le aguanta con una entereza que no es de este mundo pegándole el muletazo y componiendo un inicio de faena absolutamente impresionante. A continuación le saca una tanda de naturales, puro toreo de poder a poder que pone la Plaza a revientacalderas. No se puede estar mejor. Baja de intensidad el trasteo en la tanda siguiente, al final de la cual el torero se amontona con el toro, siendo éste el momento crucial de la faena, pues el animal, desde ese momento, descubierto el truco que hay tras del trapo, cambia de una manera espectacular, como hace años que no veíamos, y comienza a buscar al torero, que a duras penas sale de las series trompicado, medio cogido, a cabezazos. Hermoso pugilato el de Ureña y Curioso, pelea del MGM de Las Vegas, en la que vence el toro, pues hay un momento en que el matador ya sólo pone su denodado valor como argumento superior y nada de lo que la ciencia taurómaca dictamina para hacerse con animales de las condiciones de Curioso. Ureña, como un poseso sólo sabe volver a la pelea, donde se ventila la tarascada y la cornada y pretende vencer al animal con su valor y su corazón. Esto llega de manera muy neta al tendido, que sobre la certeza de la derrota del hombre frente al toro toma partido por su denuedo y le empuja: no se habla ya de toreo, más bien de heroísmo. Todos empujan a Ureña cuando se tira a matar para cobrar una estocada desprendida que, tras un rato, acaba con la vida de Curioso, que se traga la muerte hasta que no puede más.

Para mí que hoy hemos visto un toro bravo de Victoriano del Río.

Fuente: Salmonetes ya no nos…

Tendido 7: Extraordinaria historia, que seguirá creciendo

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

No llegó el indulto —es privilegio de muy pocos—, pero, ¡Qué gran toro!

Recuerdo haber leído y lo tengo bien gravado, no obstante que ya han pasado muchos años y para ser más preciso más de cinco décadas, cuando en una de las revistas que se publicaba semanalmente en Madrid, y que conseguía —bueno, con la ayuda de mi padre— en una afamada librería que se localizaba en la calle de López Cotilla, la entrevista que uno de sus columnistas había realizado al extraordinario e inolvidable ganadero Don Carlos Urquijo.  

En ella, en uno de sus párrafos, y que era además el encabezado de la portada, Don Carlos afirmaba categórico: “La mayor vergüenza para un ganadero, es que le indulten un toro en la plaza”. Qué sentencia más drástica, y muy poco entendible para la mayoría de los aficionados, pero letras más delante en su conversación advertía: “Si un ganadero no supo ver en su dehesa a un toro importante para conservarlo, ese es su problema, pero en la plaza los toros deben morir”.

¡Ay Dios Mío!, a mí desde entonces me ha costado mucho trabajo el compartir estas difíciles y concluyentes, pero también sabias palabras de Don Carlos Urquijo, y admito que el indulto de un *auténtico y fidedigno Toro Bravo* —que es privilegio de muy pocos, y no nos confundamos con los mansurrones boyantitos repetidores— es algo muy emotivo y que enaltece nuestro Espectáculo Taurino.

Estamos ya iniciando el quinto mes del año, y aún nos quedan varios festejos de la Feria de Abril Sevillana, y es ya una excelente costumbre, de nuevo se programó a los Toros de Victorino. Se lidiaron el pasado sábado 29 y como lo sabemos no hubo indulto —reitero, difícil privilegio que únicamente se ganan muy pocos—, pero el encierro resultó muy interesante como siempre acontece cuando están “Los Victorinos”, y el Bravo.

Platino” —¡qué gran Toro!—, negro entrepelado marcado con el No. 13 lidiando en cuarto lugar, una vez más enalteció la divisa del ganadero de Galapagar.

¡Cómo nos gustaría volver a ver en un ruedo a otro “Cobradiezmos”! Obviamente de Victorino, extraordinario toro cárdeno marcado a fuego con el No. 37, que el público sevillano al unísono pedía con absoluta justificación su indulto, y éste se concedió en la tarde del miércoles 13 de abril de año anterior.

Inimaginable y seguramente irrepetible, fue el extraordinario y milagroso acontecimiento del lunes 19 de julio de 1982.

Sucedió en la Catedral Mundial del toreo, “Las Ventas” de Madrid, era la corrida concurso de ganaderías en la que se habían anunciado: un toro de Miura, otro de Fermín Bohórquez, de Hernández Pla, de Salvador Guardiola, de Celestino Cuadri y Victorino Martín. Victorino seleccionó para tan importante tarde a “Belador” —sí, Belador con “B”—, así fue anunciando en el cartel.

Como al festejo se le había hecho mucha propaganda, Victorino aprovechó el momento y mostrando una fotografía de su TORO, escribió la siguiente leyenda; “Me llamo BELADOR, pertenezco a la ganadería de Victorino Martín, el indiscutible triunfador de esta Feria de San Isidro y de tantas Ferias, vengo a la Corrida-Concurso a ganarle la pelea a todos los toros, y en especial a MIURA, porque quiero acabar de una vez con su leyenda de terror. ¡Y vaya que lo consiguió!

Hoy he de departir las ideologías de dos celebridades en el mudo de la crianza de Reses Bravas, el inolvidable Don Carlos Urquijo y Victorino Martín. Hombres honestos y comprometidos con sus ambiciones y obligaciones adquiridas, que son respetar con absoluta e incondicional seriedad la inamovible fórmula que rige a nuestra fiesta: “La presencia en todos los ruedos del Eje Central y Único de nuestro prodigioso Espectáculo, su Majestad El Toro Bravo”.

Publicado en El Informador

Victorino: “Cuando está la casta, cuando está el toro fiero, ahí está la emoción”


El ganadero analizó en El Albero la encastada corrida que lidió el pasado sábado en Sevilla.

Una corrida que tuvo como común denominador la casta. Y es que, “cuando está la casta, cuando está el toro fiero, ahí está la emoción. Unos toros saldrán mejores y otros peores, pero todos tienen su porqué y su cómo”.

Preguntado Victorino por su preferencia respecto a los toros que saltaron al coso maestrante, el criador de bravo lo tuvo claro: “Si me tengo que quedar con uno me quedo con el cuarto. Fue muy exigente, se quería comer al torero. El quinto también fue exigente porque había que torearlo a cámara lenta. Pero el toro que llevó el peligro arriba, con el que todo el mundo estuvo al borde del ataque de nervios, fue el cuarto”.

Victorino también reconoció la labor de Antonio Ferrera ante ese ‘Platino’ lidiado en cuarto lugar. “Le costó un trabajo tremendo y ahí su mérito, superó un pico altísimo. Superar eso, dominarlo y pegarle pases está al alcance de muy pocos”.

“Los tres toreros estuvieron a una gran altura”, confesó también el ganadero, “con estas corridas tan encastadas, hay que tenerlos muy puestos para plantarles cara y cortarles las orejas”.

Lejos de tópicos, la corrida de Victorino lidiada el pasado sábado puso a todos los aficionados de acuerdo. “Sevilla ha demostrado que tiene muy buenos aficionados. En Sevilla, con todo lo que han dicho, no mira carnés de identidad. Si lo que hay en el ruedo le gusta, no le importa de donde sea”.

Sin embargo, Victorino Martín también reconoció en COPE que antes de la corrida tenían “miedo a la responsabilidad, a no defraudar. Sabíamos la ilusión que tenía la gente puesta en esta corrida. Será una de las entradas más importantes de la feria y no queríamos defraudar a esa ilusión”.

Tras Sevilla, llegará la segunda corrida Victorino Martín en la temporada de Las Ventas tras la lidiada el pasado Domingo de Ramos. Sobre el encierro preparado para San Isidro que será lidiado por Urdiales, Ureña y Talavante, el ganadero expresó que se trata de “una corrida de mucho compromiso, con tres toreros importantes y sabemos que estas corridas se miran con lupa. Nosotros vamos siempre a la plaza a lidiar con la ilusión de que se vea todo el trabajo que hacemos a lo largo del año”, finalizó Victorino.

Fuente: COPE

Morante en la intimidad 

Morante posa frente al espejo con un habano en la boca. Marcelo del Pozo.

Por Rubén Amón. Fotos Marcelo del Pozo.

El puro, el habano, no es una excentricidad de Morante de la Puebla, ni una impostura de “torero original” que busca distinguirse en el callejón. Morante se distingue en la originalidad de la tauromaquia. Y en la concepción del toreo no como un oficio, sino como un misterio de consagración integral. Se torea como se es, decía Belmonte. Se es como se torea, apostilla Morante en el esmero de los rituales y de la integridad.

Morante es torero siempre, pero las imágenes de Marcelo del Pozo, estéticas, estáticas, esenciales, retratan precisamente el trance de vestirse. La mutación de hombre a héroe. El viaje del hotel a la plaza, hombres solos en compañía de hombres solos. Penetra la cámara en la estricta intimidad. Supondría una transgresión al silencio y al recogimiento si no fuera porque Morante no parece percatarse de que lo están escrutando. Fuma un habano porque es su costumbre. Y porque la combustión del tabaco, la ceniza, identifican la antiquísima liturgia del fuego y la catarsis.

“Me ayuda a relajarme el puro”, confiesa a EL PAÍS. “Me gusta el tacto, el sabor, la estética. Me envuelve la humareda. Me distrae. Y hasta me marea. Por eso tengo que tener cuidado. Y me acompaño de una bebida azucarada. El puro me hace compañía”.

Se purifica Morante en cada bocanada. Igual que el agua en cada sorbo. Igual que el botijo que Morante recoge entre sus manos. Como debía hacerlo Rafael El Gallo. Arcilla mojada. Tierra húmeda. Sosiego a la garganta que se ha quedado seca por el miedo. O por el respeto al misterio eucarístico que anuncian los agudísimos clarines. Maestro, la hora, le dice Juan Carlos, su mozo de espadas, entre la rutina y la solemnidad.

Le vemos casi desnudo. Le vemos en la intimidad. Sin gomina ni abdominales de atleta. “Abandonao”, podríamos decirle

“El miedo, la preocupación… Pesan. Y pesan más todavía en Sevilla. Porque es mi casa. Trato de distraerme antes de torear. Y me río o se me ocurren tonterías. Para despistar lo que llevo aquí dentro. Para distraer el murmullo de las entrañas. Me he echado la feria a mis espaldas. Y necesito reírme para conjurar el miedo”.

Y la capilla. El silencio. La oración al santo que corresponda. Y a la virgen de esclavina protectora. Pecadores de luces. Gentes antiguas. Y modernas por idéntica razón. El cielo de Sevilla es el mismo. Será el mismo, acuchillado por el giraldillo, bóveda de La Maestranza, eco de las plegarias que Morante balbucea sin convicciones. La capilla no es un lugar de fe. Es un refugio. Un templo del silencio.

Se anuncia por cuarta vez esta tarde en La Maestranza. Y vendrá al hotel a buscarle La Macarena. Una vieja furgoneta que perteneció a Los del Río. La Macarena, claro. Provista de pocos lujos y de un “loro” a la antigua usanza cuyos altavoces hacen resonar flamenco antiguo. “Porque el toreo y el flamenco se parecen mucho. La tierra, la danza. Me motiva, inspira. Y pongo la música a todo volumen. Como si ya estuviera interiorizando el compás de la verónica”, explica Morante con el arte a flor de piel.

No está concentrado Morante. Se concentran los futbolistas o los cirujanos. Morante está absorto, absorbido. Morante esta solo. Y se acuerda sin acordarse de Ringo Bonaventura, “cuando suena la campana te quitan hasta el banquito”, decía el púgil.

Y suenan los timbales con la impertinencia de la percusión remota. El fuego, el agua, el tambor, la cal. Morante en su eufonía. Y en su rechazo a las convenciones. Le vemos casi desnudo. Le vemos en la intimidad. Sin gomina ni abdominales de atleta. “Abandonao”, podríamos decirle. Y se abandona Morante, es verdad, pero se abandona cuando torea. Cuando se hace incorpóreo y cuando vemos en sus muñecas el temple de una estirpe a la que representa como si fuera el último torero. O el primero.

Por eso le concede dignidad a la escena de vestirse de luces la presencia de Pepe Luis Vázquez. Patriarcado del toreo sevillano. Manos de seda. Corazón de león… del mago de Oz. Y mago él mismo en el poder de la sugestión que Morante ha heredado. El hilo del toreo, escribía Pepe Alameda. “El arte de birlibirloque”, escribía Bergamín.

Y tiene Morante un ejemplar del libro, como el breviario del cura. Y como el vademecum del farmacéutico. Se lo sabe de memoria. Y de memoria se define a sí mismo Morante como un pesimista, porque no hace otra cosa que perseguir la alegría.

Entiéndase la contradicción. Compréndase el miedo al que Morante replica desde la sonrisa. “Al miedo se le puede engañar o despistar, pero no transijo con la superstición. Me he criado con ella, he crecido con ella. A ella he recurrido. Y he descubierto que la superstición es una gran mentira”. Palabra de un torero de verdad.

Feria de Abril: Torear no es salir a pegar pases

Juan José Padilla, con el primero de su tarde. Paco Puente.

La presidenta negó sendas orejas a Padilla y El Fandi pedidas con entusiasmo por el público.

JANDILLA, VEGAHERMOSA / PADILLA, EL FANDI, ESCRIBANO

Toros de Jandilla, Vegahermosa, correctos de presentación, mansos, blandos y muy nobles. Encastados primero y segundo.

Juan José Padilla: estocada trasera y un descabello (vuelta); estocada caída (petición y vuelta).

David Fandila El Fandi: estocada (palmas); estocada (petición y vuelta).

Manuel Escribano: estocada (silencio); casi entera (ovación).

Plaza de La Maestranza. Décima corrida de abono. 3 de mayo. Casi tres cuartos de entrada.

Por Antonio Lorca.

El toreo es un sentimiento y para expresarlo hay que poseerlo. El toreo brota del alma y hay que sentirlo muy dentro. El toreo es una expresión íntima; es trazar sueños desde la entrega total y la profundidad; es gusto, dominio, sapiencia, gracia, inspiración, creatividad, magia, poderío, pundonor, arrojo… El toreo es un arte, una de las bellas artes.

Por eso, torear no es salir a pegar pases; torear no es ponerse delante de un toro con pretensiones pintureras e intenciones tremendistas. Eso es otra cosa.

Salió un primer toro de Jandilla, suelto y manso en el caballo, que huyó del torero al primer muletazo. Lo recogió Padilla por bajo y cambió su comportamiento. Con casta y con genio, y no exento de nobleza, embistió y repitió el animal con constancia y calidad. Y al toreo de Padilla le faltó templanza y hondura. Y no dijo nada. Optó, entonces, por un circular y el toreo tosco y bullanguero cuando la embestida pedía a gritos una muleta clásica. Otro circular, una vuelta completa sobre sí mismo, y más circulares, esta vez invertidos. Una labor de baja estopa, puro pegapasismo desordenado y descompuesto. Padilla se dejó ir un toro de oreja.

La misma película se reprodujo en el segundo de la tarde, a manos de El Fandi. Muletazos sin armonía a un toro que embistió con genio y fijeza. Circulares, otra vez, toreo incompetente, muy por debajo de las condiciones de su oponente.

De rodillas, frente a chiqueros, recibió Padilla al cuarto, y hasta cuatro largas cambiadas dio en distintos terrenos. Se lució El Fandi en un quite por zapopinas, y el de Jerez le respondió por faroles. Noble y bondadoso fue este animal, al que Padilla muleteó con más serenidad y gusto, sin encontrar la hondura que el toro exigía. Le pidieron con fuerza la oreja y la presidenta no la concedió porque ni la faena, que careció de clímax, ni la estocada, que resultó caída, fueron merecedoras de premio. La abroncaron, pero hizo bien.

También mejoró El Fandi ante el quinto, otro toro de enorme nobleza que no se cansó de embestir con constancia y escasa movilidad. Bajó la muleta, siguió la estela de la embestida y brotaron pases de categoría por ambas manos. Faltó, quizá, el conjunto, el poso, pero fue un torero radicalmente distinto al del toro anterior. Tampoco la presidenta accedió a conceder la oreja. ¿Hubo mayoría? No quedó claro. Tampoco fue una faena de premio. Y, otra vez, una bronca de aúpa. En el haber del torero apúntese su incansable deseo de agradar con el capote, lucido a veces y siempre acelerado.

Escribano tuvo peor suerte. Recibió a sus dos toros de rodillas en los medios, prueba de su buena intención, pero el primero se mostró parado, soso, muy corto e inservible en la muleta. El sexto humilló en la muleta y acudió al cite con franquía; se sintió torero Escribano por momentos y dibujo largos y sentidos derechazos. Remiso el toro por el lado izquierdo, se apagó pronto y no alcanzó la faena los vuelos que se aventuraban.

No trabajaron las cuadrillas con las banderillas, pues todos los pares los colocaron los jefes de filas. Dieciocho en total y cuesta trabajo encontrar uno que se clavara levantando los brazos en la cara del toro. Vamos, que ninguno de los tres se asomó al balcón, lo que demuestra que la voluntad superó al acierto.

Y que no se olvide: torear no es salir a pegar pases.

La corrida de hoy

Toros de Núñez del Cuvillo, para Morante de la Puebla, Alejandro Talavante y David Mora.

Publicado en El País

Sin espectáculo, no hay espectáculo Por Bardó de la Taurina

El Glison en la Plaza México.

¿Cuál realmente es, el futuro de la Fiesta Brava? donde no todo se concreta al toro y a los toreros, aunque si en este apartado quedan incluidos los empresarios, los políticos, las autoridades, la mercadotecnia, la publicidad y desde luego el público, si esto lo traducimos a corazón, arterias y venas en cada una de ellas se detectaran infartos, coágulos y achaques, por eso el que la fiesta este aun pataleando, es un verdadero milagro, ahora vendría aquí una pregunta ¿realmente a quienes les interesa que la fiesta se desmorone?, desde luego a los partidos políticos y/o anti taurinos y en el caso particular de la capital que alberga la mole de cemento conocida como Plaza México también a ella se le podría adjudicar ese interés, pues la idea es hacerla productiva pa’ los dueños, por eso están buscando la ‘aprobación moral’ de la afición pa’ la remodelación (que formaría parte de un macro desarrollo turístico – comercial) que debe de consistir en volarle la parte de los generales que es un desierto de cemento dándole otro uso redituable y hacer de los numerados y lumbreras un súper aforo de usos múltiples pleno de comodidad, ¿Cómo están buscando ese ‘consentimiento moral’? pues en la carencia de atractivo de las corridas nacionales actuales como un espectáculo. 

En virtud de que no se cuenta con un staff de toreros que por ellos mismos tengan el atractivo suficiente pa’ meter gente, hay que voltear a la banca en donde están los olvidados efectivos, que son un puñito tan pequeño como de sal pero que podrían funcionar, empezando por señalar la esperanza y posibilidad de Antonio Mendoza que podría prender con ese su toreo estatuario soportado por la temeridad que puede hacer estallar la emoción convirtiéndola en atracción de aficionados, los que aparte podrán encontrar vertientes artísticas por demás interesantes, a él como cuña se deberá de sumar el torero pueblo, el mártir del tremendismo, sin cordura, Luis Conrado piel morena y corazón en brasa, que en sí puede ser la antorcha del morbo ese que es miel sobre hojuelas pa’ las taquillas, ¿y por qué no pensar en reactivar a Lorenzo Garza Gaona? Torero por derecho propio, que tiene percha y por los apellidos divide hasta la polémica, siendo capaz de avivar esas grandes broncas en beneficio del espectáculo, lo que le puede valer pa’ otorgarle la doble 00, hay que apostarle a la mexicanidad del torero todo terreno Paulo Campero, que está en capilla pa’ alternativarse y que es el único que en las entrañas trae la esencia, la solera, la hondura, el sabor de ese toreo tan de aquí con el que puede rugir cañón, ahora que lo retro o vintage esta tan de moda, subrayando que se piensa en estos toreros porque al no conocer la hamaca ni las palancas, son capaces de saltarse las trancas, toreros espectáculo, fuera de lo común, que ofrecen ‘eso’ que marca la diferencia y le pica las costillas a las masas para ir a las plazas, por eso es que hay que echar mano de ese tipo de toreros como lo fueron; Carmelo Pérez, Félix Guzmán, ‘Joselillo’, ‘Paquito’ Ortiz, ‘El loco’ Amado Ramírez, Efrén Adame ‘El Cordomex’, Valente Arellano, Rodolfo Rodríguez ‘El Pana’, los toreros actuales que hemos mencionado seguramente algunos terminaran volando por los aires, otros con las tripas afuera, a otro le rezaran el rosario, algunos armaran un mitin de nota roja pero esos hechos es lo que los hace diferentes ¡Que es lo que se necesita!

Desde luego pa’ que estos toreros guerreros funcionen, requieren de un toro bravo que suba el miedo al tendido, el de cuatro años, los pitones bélicos y el instinto de muerte en cada embestida, anunciar menos que esto en las plazas será más de lo mismo o lo que es lo mismo es nada, bueno no seamos drásticos digamos que es un cachondeo.

Saquemos a la fiesta del letargo antes de que se quede dormida y un día no despierte, porque también el aburrimiento mata.