Las Ventas: Una novillada a la que se la caían las orejas…

Ángel Jimenez. Foto Plaza 1.

Por José Ramón Márquez.

Una novillada a la que se la caían las orejas, más la que se desprendió de la cara de Calderón, el Asesor.

Ayer era el último festejo antes de la travesía del desierto que nos espera a partir del próximo jueves, y la Empresa habrá pensado que con el atracón que nos aguarda tampoco tenía que esforzarse en montar un festejo de esos de lujo, que ya tendremos tiempo para hartarnos en las próximas semanas. Hoy, para esta novillada de preferia, le tocó a don Justo Polo sentarse en el palco a defender la pureza del espectáculo y la dignidad de la Plaza, y a su siniestra se acopló Joselito Calderón, aquél de los pares de sobaquillo, en su calidad de Asesor, que ya sabemos lo que esto significa.
La buena noticia es que hoy se incorporó a la Andanada, y ahí se tirará la Feria del Isidro entera, mi excelente amigo y enciclopédico aficionado malagueño don Juan Galacho, fuente inagotable de conocimiento, de pasión y de afición óptimamente cimentada. Siempre repite el querido Juan que oyó a sus mayores, los que habían alcanzado a ver a Joselito y a Paco Madrid, que para ser buen aficionado hay que ser “orejero”, no en el sentido de ir por la vida pidiendo orejas, sino en el de prestar las propias para ir aprendiendo de los que saben más que uno. Por eso es que uno se pone un poco escéptico sobre las nuevas generaciones de aficionados, porque muchos de ellos han visto más festejos en la pantalla televisiva que en la Plaza y cuando llegan a la localidad vienen con las orejas llenas de esas cosas absurdas que dicen los comentaristas de la televisión, siempre a favor de extraños intereses. O sea que hoy era día de orejeo, de disfrutar dejando que el viejo aficionado explicase sus razones, y oír y callar y decir amén, como en Misa. 

Para este espléndido domingo de mayo Plaza1 le compró una corrida a Rústicas El Castañar S.L, que dicho así no dice nada, pero que si decimos que es la ganadería del Excmo Sr. Conde de Mayalde, entonces ya la cosa suena algo más. El conde mandó, como en él viene siendo habitual, cinco castaños y uno negro. Corrida muy pareja en presentación, un poco falta de fuerzas, bravucona más que brava para el caballo y, en general, óptima para la cosa de la muleta. Ni malas miradas, ni gestos de incomodo se pudieron ver en los súbditos del conde, más bien embestidas francas y repetidoras y mucho dejar estar. El primero, Chorlito II, número 29, castaño, fue el garbanzo negro de la endeblez congénita, pues el pobre bicho anduvo más tiempo de hinojos o directamente tirado en el suelo, como la cabeza de una gamba en un bar, que ofreciendo sus pastueñas embestidas llenas de bondad y de amor al prójimo. El público se encrespó, con razón, de que ni don Justo ni su asesor de la siniestra, ni el veterinario de la diestra se apercibiesen de la evidencia palmaria de la endeblez del pobre Chorlito II, y se oyeron agrias censuras, proferidas de la manera habitual, reprobando la presencia en el ruedo de un animal tan débil. El clásico negrito del conde salió en tercer lugar. De todo el encierro fue el que menos plaza tenía, el más chico, escurrido y culipollo. Tampoco fue un dechado de vigor, pero se mantuvo en pie y embistió al trapo cada vez que se le puso delante, o sea que a efectos del toreo cumplió de sobra. De idéntica manera cumplieron todos los demás excepto el sexto, Estafador, número 37, más parado y con tendencia a pensarse las cosas antes de acometer. No es que el bicho quisiera coger y su pensamiento fuese en esa dirección, es que el animal era de naturaleza más filosófica que sus hermanos y se cuestionaba más el hecho de ir al cite, nada más, porque luego ni media mala mirada. Por volver al tópico diremos que a la novillada se la caían las orejas, por si alguno no se había dado cuenta. En varas medio cumplieron, tomando algunas con fuerza y apretando hacia tablas con fijeza para dar lugar a ese denigrante espectáculo del mono agarrando el bocado del caballo desde el confort del callejón ante el desinterés patente del alguacil. Por cierto, que lo de poner los animales al caballo y quedarse el torero donde Dios le da a entender es ya algo tan común, tan consuetudinario, que acaso ni merezca reseñarse: eso de irse a la izquierda del penco podemos darlo ya casi por acabado en los toros, como el desjarrete o las banderillas de fuego.

Para aliviar a los novillos del conde de esa pesada carga que, tantas veces, es la vida y ver si podían hacer con ellos algo de provecho, la Empresa contrató a Ángel Jiménez, de Écija, nuevo en esta Plaza, Aitor Darío “El Gallo”, y Juan Silva “Juanito”, de Monforte (Portugal), nuevo en esta Plaza. No creo que ninguno de los tres pudiese pensar en su hotel -ya no hay novilleros de pensión- que lo que les esperaba encerrado en los jaulones de Florito fuera a ser tan acorde a sus intereses como lo que salió al ruedo.


Ángel Jiménez
lleva con caballos, según informa el programa, desde primeros de 2011. Le tocó en suerte el protestado primero, y el hombre, insensible al griterío, pretendió torearlo, pues las condiciones embestidoras del infeliz novillo eran de tal envergadura que para el buen Ángel debía ser un goloso pastel el estar junto al tal Chorlito II. Ahí Ángel Jiménez desarrolló de manera evidente, quirúrgica, su estilo basado en torear extremadamente despegado, conducir al novillo con el pico de la muleta, soltarlo lejos, lejos y no echar la pata hacia adelante ni de casualidad. La verdad es que hacía daño a los ojos ver tomar esa cantidad de precauciones frente a esa embestida tan esforzada, tan franca, tan sin doblez. En su segundo, Cuartelero, número 1, más de lo mismo, sin mancharse el vestido blanco hasta que se echa el toro encima, éste lo encuna y lo tiene por el suelo zarandeándole, cosa que hace a las buenas gentes ponerse inmediatamente del lado del ecijano, el cual ni antes del percance ni después da un solo muletazo digno da tal nombre. Lo que sí tiene este diestro es que es muy ceremonioso, que va el hombre por la Plaza como un obispo preconciliar, de cuando iban bajo palio, todo solemnidad, pompa y circunstancia. Como consolación por el revolcón y recompensa a sus trapazos Joselito Calderón y don Justo Polo le regalaron al muchacho una oreja de nulo peso y aún menos valor, viniendo de quien viene.

A Aitor Darío lo de “Gallo” le vino enorme, que hay apodos que los carga el diablo. En lo bueno digamos que trajo la mejor cuadrilla. En lo otro, que no dio pie con bola. En su primero, sin ideas y ventajista, pensando que al iniciar otra serie la bolita caería en su número, y nunca cayó. En su segundo, plúmbeo. No merece la pena seguir.

Y el portugués, “Juanito“, que debutó con el escuadrón del kevlar hace tan sólo dos meses, es el que ha traído lo más interesante de la tarde. Pese a su evidente falta de oficio y de ése sentido escénico tan necesario en este espectáculo, pese a sus maneras toscas y poco pulidas, pese a su bisoñez, en su primero ha hecho tal apuesta por no tomar ventajas, por quedarse en el sitio, como para tomarle en consideración. No cabe duda de que no remataba los muletazos en la cadera, dejando más bien lejos al toro y de que no lo llevaba toreado como nos enseñaron, pero la disposición del joven “Juanito” ha sido neta y sincera en su tosquedad. 

Le falta casi todo para ser un torero, pero hoy “Juanito” en su primer novillo, Cantaor, número 49, ha explicado en Madrid sus argumentos con una claridad meridiana para quien haya querido verlo. En su segundo, que era de distinta condición que su primero, anduvo más a lo moderno y no dijo nada. Ahora lo que toca es mandarle al campo, como antes se mandaba a los muchachos a los Agustinos de El Escorial, a coger oficio y nosotros a implorar para que no vayan a malear su deliciosa, clásica, inocencia.

Fuente: http://salmonetesyanonosquedan.blogspot.com/2017/05/una-novillada-la-que-se-la-caian-las.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+SalmonetesYaNoNosQuedan+%28Salmonetes+Ya+No+Nos+Quedan%29

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Las diez frases del diálogo entre Enrique Ponce y el crítico taurino Andrés Amorós


Torero y periodista han protagonizado una nueva edición de los Diálogos de ABC

El maestro Enrique Ponce y nuestro crítico taurino, Andrés Amorós, protagonizaron una nueva entrega de los Diálogos ABC. Al evento han acudido varios lectores que se registraron a través de la web del periódico y que han disfrutado de los comentarios de Amorós y Ponce en la Casa de ABC. Estas son las diez frases que resumen la conversación entre el matador y el periodista:

Los inicios: «La primera vez que toreé una becerrita fue con ocho años. Me llevó mi abuelo a una ganadería por Alicante y esa fue la primera vez que toreé un animal (…). Era una becerrita que bufaba más embestía».

Los valores: «Del toreo he aprendido valores como el respeto por los demás, el afán de superación, el sacrificio, la humildad (…). También he aprendido a estar siempre en mi sitio. Mi abuelo me dijo que parar ser hay que parecer. Y desde entonces intento parecer lo que soy».

Sus motivaciones: «Para hacerse torero no hay que pasar hambre. Sí hay que tener hambre de toro, hambre de triunfo (…). Por dinero puedes torear un día. Pero ser torero y sufrir el toreo se hace por vocación absoluta, nunca por dinero. Os puedo decir que, sobre todo cuando empezaba, ya de matador, nunca toreé pensando en el dinero, sino en cumplir mi sueño de ser un gran torero».

Francia, ejemplo a seguir: «Tenemos que aprender de cómo gestionan las corridas en Francia. Es algo muy significativo. Hay plazas en España en las que si no echan tres toros para atrás parece que no están contentos. El público de Francia es respetuoso con el toro y con el torero. Hay un silencio increíble (…). El modelo de gestión que hay en Francia es un modelo a tener en cuenta. Y es algo que se sabe y que se comenta».
– La familia: «Paloma, mi mujer, tiene todo el mérito de mi triunfo. Ella sufre como si saliera al ruedo. Lo pasa mal y ha tenido un mérito tremendo todos estos años. Me ha ayudado a tener los pies en el suelo y me ha animado cuando me ha hecho falta. Ha estado en las buenas y en las malas».

Valor económico de la Fiesta: «Los valores que tienen la tauromaquia van más allá de lo que es el toreo (…). A mí me gusta diferenciar entre la gente antitaurina y la que no le gusta los toros (…). Al antitaurino no le puedes hablar. Es muy difícil explicarle las cosas y lo que sentimos al disfrutar de esa esencia y ese arte».

Amor por el toro: «Al toro no lo veo como un enemigo. ¿Cómo le puedes explicar al antitaurino que amas al toro más que ellos? ¿Cómo le explicas que tienes que matar a aquello que amas? Es imposible. No les entra. Al igual que no le guardo rencor al toro que me ha pegado una cornada. Yo admiro al toro y me puedo pasar horas observándolos».

– Su ganadería: «Yo disfruto con mi ganadería criando a ese toro que todo me lo ha dado y que todo me lo puede quitar (…). Conseguir la bravura es muy difícil, casi un milagro. Pero uno disfruta tanto cuando está en el tentadero… Yo amo al toro, lo disfruto y lo admiro».

– El toreo es arte: «Yo cuando toreo me siento artista, por supuesto. Un artista bueno. Yo me siento artista, aunque otra cosa es que los demás lo sientan. Si tú no te crees a ti mismo, si no te crees que eres el mejor… ¿Cómo vas a convencer a los demás de que lo eres?».

Los políticos: «Algunos políticos de los partidos de la izquierda radical están en contra de los toros por norma. Me choca que estos partidos populistas, que buscan en el interior del pueblo, quieran quitar los toros cuando no hay nada más del pueblo que los toros (…). Estamos viviendo un momento político confuso y difícil».

Publicado en ABC

¿La Fiesta en Paz? Las amenazas son internas; la autocomplacencia, de la élite


Por Leonardo Páez.

No imaginan los malos taurinos cómo se parecen a los malos políticos. Orgullosos de su mediocre desempeño, satisfechos de su corta percepción de las cosas y alardeando de una excelencia que desconocen, con sombrero ajeno y complicidades importadas, saludan a una sociedad que, tras años de descalificarlos, en el fondo los detesta, aunque apenas la dejen expresarse.

Todo sistema está compuesto de subsistemas que, en mayor o menor medida, se corresponden entre sí y con el suprasistema, que impone valores y directrices al resto del sistema. Si ese sistema, que se pretende democrático, carece de métodos inteligentes para ejercer el poder en términos de las necesidades de la ciudadanía y los reduce al interés de algunos sectores, el resto de los sistemas comportan procedimientos similares, si no es que se vuelven calca del sistema que los rige.

Si no hay un liderazgo político consistente, con rumbo definido y metas comunes y comprometidas, ¿por qué habría de haberlo en materia taurina? Si el mercado internacional determina la mayor o menor productividad en el país, ¿por qué el mundo de los toros tendría intención de privilegiar la bravura, fomentar competencias y estimular a toreros con cualidades? Si los responsables de una economía con alfileres son fuerzas del exterior y el coco Trump, ¿por qué asumir la tauromafia su responsabilidad en el descenso del espectáculo?

Antes que partidos impresentables y legisladores oportunistas, antitaurinos, una posmodernidad mal entendida y peor asimilada, así como unas autoridades sometidas a lo políticamente correcto, la fiesta de los toros acusa los efectos de un sistema político-ideológico caracterizado por una democracia endeble e individualista, medios condicionados, neoliberalismo dependiente, corrupción a todos los niveles y reducción al mínimo, acorde con el modelo impuesto por el suprasistema, de exponentes genuinos de expresiones identitarias, toros y toreros incluidos.

Sevilla, entre otros rasgos, posee el de la autocomplacencia. Sus prestigiados pregoneros anuales con motivo de la feria no hacen sino amontonar alabanzas a su estatura histórico-taurina y a la grandeza, en abstracto, de la tauromaquia, al tiempo que advierten sobre las amenazas, externas, claro, que se ciernen sobre la fiesta. Ni con el pétalo de un adjetivo señalan desviaciones, mansedumbres, abusos, fraudes, imposiciones de figurines, complicidades de empresas, relevos lentísimos y alcahuetería de los medios. Como en política, los responsables son los otros.

Recién se efectuó en Sevilla una mesa de análisis con personalidades convocadas por la Fundación de Estudios Taurinos bajo el título La tauromaquia, ¿amenazada?, y entre filósofos y antropólogos franceses, tratadistas, criadores y diestros españoles –las colonias del Nuevo Mundo pagan, no opinan–, sólo dos participantes apuntaron con tino. La matadora en retiro Cristina Sánchez aseveró: “El toreo vive de espaldas a la sociedad… le ha faltado seguir el devenir de ésta; se requiere un análisis en términos empresariales que determine las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades del sector”.

Y Victorino Martín, el prestigiado ganadero madrileño, al referirse a la reiterada y en apariencia incorregible crisis de la fiesta aludió a un proceso de sajonización, precisamente como el toro de entra y sal, repetidor pero sin emoción, exigido por los figurines españoles para pegar pases y ofrecer faenas agringadas, de supermercado, de consúmase y tírese, le faltó añadir.

Publicado en La Jornada

Taurocast, un nuevo canal taurino por Internet

Equipo Taurocast.

De SOL y SOMBRA.

Esta plataforma online permitirá elegir los festejos a la carta.

En una terraza en la madrileña plaza de Santa Ana se ha presentado un nuevo canal taurino, que viene a ser una nueva y revolucionaria opción para los aficionados taurinos.

Los principales responsables, Javier Tebas Llanes, Camelo López y el periodista Manuel Molés, han hecho hincapié en que la decisión de crear Taurocast surge para dar a los aficionados lo que piden.

“Es un ‘Netflix’ o un ‘HBO’ llevado al mundo de los toros” ha señalado Javier Tebas Llanes– hijo del presidente de la Liga de fútbol-, director del canal y principal impulsor de un proyecto que busca “dar una vuelta de tuerca a la manera de llevar la tauromaquia al gran público”. Tebas ha destacado que como “la manera de consumir televisión ha cambiado” el mundo del toro “tiene que adaptarse a las nuevas tecnologías” y llegar “a cualquier parte del mundo”.

Esa es una de las premisas de Taurocast. Llegar a todas partes y conseguir que la Fiesta crezca en seguidores por todo el globo. Para ello han fichado al veterano periodista Manuel Molés que salió  de Toros TV hace unos meses. Molés ha asegurado que vuelve porque ha notado que “la afición le echaba de menos” y que llega con toda la ilusión y acompañado de grandes profesionales para dar “unas transmisiones de gran calidad” y en que en cada lugar le acompañará alguien relacionado con esa feria.

La otra pata del proyecto es el productor Carmelo López, creador de la fantástica y didáctica serie documental sobre el toro bravo llamada Paisaje Herrado. López que ejercerá de director de producción y contenidos ha remarcado que darán en todo momento al aficionado lo que quiere ver y que serán ellos quienes elijan los contenidos de la plataforma, aunque no explicaron de que forma lo harán.

Ferias, documentales y festejos populares

Como han destacado sus principales impulsores, Taurocast va a dar ferias hasta ahora inaccesibles para el público. Para esta primera temporada, que empieza el 3 de junio, tienen cerradas las ferias de Vic-Fezensac, Ceret, Mont de Marsan, Saint Vincent de Tyrosse o Bayona. Una demanda de los amantes del toro que han visto cómo en el sur de Francia dan festejos con ganadería de las consideradas duras y de encastes minoritarios. Además también tienen en su agenda las ferias de Granada, Huelva, Huesca o Segovia.

Javier Tebas ha afirmado que también darán novilladas y en especial las de la Comunidad de Madrid y otros festejos que elegirán los abonados del canal para finalizar la temporada. Sobre los precios el director ha desvelado que el abono completo para los 25 festejos son 69’99 euros aunque se podrán elegir corridas sueltas y también packs por cada feria.

Molés ha asegurado que en un futuro también podrían prestar atención a los festejos populares y las ferias americanas.

Fallece Juan Andrés Garzón, inspirador de El Viti


Por Paco Cañamero.

Juan Antonio Garzón, ganadero y aficionado, que recientemente había celebrado los cien años de edad y fue una de las personas más influyentes en la carrera de Santiago Martín ‘El Viti’, del que estuvo siempre cerca, ha fallecido esta madrugada en su domicilio de Vitigudino. Garzón con el tiempo emparentaría con Santiago tras casarse con Paca, hermana del maestro.

Fue un excelente aficionado, con una idea cabal y ortodoxa del toreo, que trazó los pilares -junto a Manuel Francisco Garzón, su padre- para que Santiago Martín fuera tan colosal torero. Desde el primer día puso su ganadería de Pozos de Hinojo a disposición para formarse en ella quien fue tan grandioso maestro. Preocupado hasta el último día de lo que ocurría alrededor de la Fiesta siempre hizo gala de esa prudencia y espíritu charro, con aplomo y llamando a las cosas por su nombre. Con él se va un excepcional aficionado y un hombre de campo que conocía como nadie los misterios y secretos de la agricultura y ganadería.

Siempre estuvo pendiente de la carrera de El Viti y recordaba con prodigiosa memoria desde que toreó la primera becerra en su ganadería hasta que mató el último toro en la feria de Valladolid de 1979. A él y en agradecimiento a tanto como le enseñó le brindó Santiago Martín el último novillo que mató en su carrera. Fue en Valencia en la víspera de la alternativa –después el del doctorado lo brindaría a Manuel Francisco Garzón-.

Hace varios años la Asociación Cultural Taurina Vitigudinense le tributó un gran homenaje con la presencia de cientos de aficionados y el respaldo de los toreros de La Gudina en un acto memorable donde rememoró diferentes pasajes de su vida.

Vayan estas líneas de recuerdo a un charro ligrimo que se ha ido y como recuerdo a él dejo esta curiosa anécdota rescatada del libro ‘El Viti, la leyenda’:

Con Antonio de Jesús torea una tarde en Vitigudino gracias a un grupo de aficionados que organizan una novillada haciéndose cada uno de ellos cargo de un número de acciones. Se lidian reses de Diniosio Rodríguez, de Villavieja de Yeltes y Santiago protagoniza una tarde desafortunada que mella su ánimo. Lo mella tanto que, a la mañana siguiente, decide ir a Pozo de Hinojo para recoger su muleta, junto a los trastos de torear que guardaba allí y comunicarle a la familia Garzón que dejaba los toros. Al primero que tiene intención de transmitírselo es a Juan Andrés Garzón, la persona que tanto vela por su carrera y en la que Santiago tiene depositada toda su confianza.

– Juan Andrés quiero hablar contigo y manifestarte que he decidido dejar de torear. Vengo a buscar mis cosas, no me encuentro con fuerzas para continuar.

En ese instante un sorprendido Juan Andrés Garzón deja perder su mirada durante unos segundos y, a continuación, con parsimonia le dice a Santiago Martín.

– No pasa nada, Santiago, súbete al tractor que aquí en esta casa siempre tendrás un puesto de tractorista. Pero piénsatelo bien, que tienes unas condiciones muy buenas para ser un gran torero y por una tarde poco afortunada no te puedes venir bajo y desanimarte.

Santiago debe pensarlo detenidamente en su intimidad, sobre todo después de que se enterase don Manuel Francisco Garzón de la decisión que pensaba tomar, por lo que habla con él para darle ánimos, motivándole para que fuera capaz de superar las dificultades y la dureza que se presenta en la profesión. Tras escuchar la sabias palabras da la familia Garzón, que siempre hizo una piña alrededor de Santiago, desde luego que acierta en su decisión tomada. Porque tras ese varapalo sufrido ante sus paisanos de Vitigudino decide seguir su camino torero y, felizmente, dejar en la cuneta la propuesta de convertirse en tractorista.

Fuente: http://salamancartvaldia.es/not/148598/adios-juan-andres-garzon-inspirador-viti/

El torero y el escritor, una pareja no tan extraña

Ni siquiera creo que (Belmonte) toreaba para nadie, me pareció más bien que puso el punto final a la brillante historia de la tauromaquia. Después de esto, nada. No hay más allá – Gregorio Corrochano.

Por Jaime Fernández.

El torero es Juan Belmonte, matador de toros, natural de Sevilla, y el escritor, Manuel Chaves Nogales, periodista y también sevillano. La escritura y la vida se aunaron felizmente en este milagro literario que es la biografía Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas, publicada en 1935. Biografía atípica, puesto que, después de una breve pero atinada introducción en la primera infancia, el biógrafo desaparece y quien habla para el lector es el biografiado. Entre ambos compusieron un hermoso recital a dos voces, el uno con la pluma, el otro con el habla.

En 1935, Juan Belmonte frisaba los 43 años y era una estrella en el mundo taurino, una leyenda viva, el forjador del arte moderno del toreo y, tratándose de un oficio tan arriesgado, un superviviente que soportó como pudo la muerte de su competidor y amigo, el gran Joselito, en la plaza de Talavera de la Reina, el 16 de mayo de 1920. La imagen que Chaves nos transmite del matador es la de un hombre tranquilo y curtido, que mira su turbulento pasado y la vida en general con cierta distancia y una asombrosa objetividad.

Parece como si el personaje que habla al lector fuese otro distinto de Belmonte, o que el propio Belmonte nos estuviera contando la vida de alguien que no es él. De ahí la impresión de hallarnos ante una novela y no una biografía con visos de autobiografía. Una biografía nada novelesca por cierto, y menos aún novelera, porque toda ella está surcada por un profundo afán de verdad y de rigor, como se deduce de la transparencia del lenguaje en que está escrita.

Belmonte se confiesa a Chaves Nogales (y al lector), ajeno al efecto que pueda causar su relato. Es una confesión en carne viva y sin anestesia, como tantas de las curas a las que hubo de someterse en su  profesión, sabiendo distinguir lo principal de lo secundario. No hay nada superfluo en la crónica de esa vida salpicada de anécdotas, como tampoco en la prosa de quien la escribió. El estilo austero de Chaves Nogales encajó perfectamente en la manera de ser, también tocada por la austeridad y la ironía, del torero. Tal para cual.

Hijo de un pobre quincallero, Belmonte no sólo había sobrevivido al ciego furor de los toros sino a las cornás de la vida, que pueden ser tan violentas y dañinas como las de aquellos. En primer lugar, y tratándose de un torero, las cornás del miedo a las cornadas de los toros, las de verdad. Y luego, aunque apenas lo deje entrever, las cornás de la desilusión, que son las más universales tanto en la vida como en la literatura. Sin embargo, en ese relato maravillosamente escrito no se aprecia rastro alguno de resentimiento ni de rencor, ningún lamento. Por el contrario, el matador de toros recuerda que debe su supervivencia principalmente a la suerte. De ahí que Chaves y Belmonte clausurasen la biografía con una sentencia que bien podría haber encabezado la portada del libro:

“La verdad, la verdad, es que yo he nacido esta mañana”.

Si bien la singular relación de Belmonte con la literatura se materializa en esta biografía, gracias a los buenos oficios de Manuel Chaves, estuvo precedida por un largo y fecundo historial de lecturas. Belmonte era un lector atento, que viajaba con una biblioteca a cuestas durante sus giras nacionales e internacionales.

Por las noches leía a autores como Gabriele D`Annunzio, de quien cuenta cómo le soliviantó una frase que encontró en una de sus novelas: “El peligro es el eje de la vida sublime”. No resulta difícil comprender su desazón ante semejante aserto. Nadie mejor que Belmonte sabía de peligros. En esa frase tan dannunziana tuvo que descubrir el sentido de su existencia, pero con una literalidad muy distinta de la que habría de adoptar bajo el régimen fascista de Mussolini, su divulgador.

Para un individualista como Belmonte el peligro atañía solamente a su vida. Él sí conocía el significado de esa palabra, aunque lo de “vida sublime” quizá se le antojara un tanto complicado para un temperamento pragmático como el suyo, contrario al barroquismo del escritor italiano y al ritual ceremonioso que se estilaba en aquella sociedad anterior a la Primera Guerra Mundial. Es el peligro inequívoco al que se expone el matador de toros cada vez que desciende al ruedo –su particular séptimo círculo dantesco- para enfrentarse a la bestia. Al comienzo de la lucha, sólo el matador sabe que uno de los dos tiene que morir; el toro se percata de ello y se defiende atacando con bravura.

En su obsesión por el toreo, Juan Belmonte se revela como un pariente próximo del capitán Ahab persiguiendo por los mares, a bordo del Pequod, a la temible ballena blanca Moby Dick. A ambos los corroe un empeño análogo: la lucha a muerte y cuerpo a cuerpo contra un adversario peligroso.

Aun así, los separa una diferencia importante. Mientras el personaje de la novela de Melville, armado con su arpón, persigue a la ballena blanca sin propósito artístico alguno -aparte de que las dimensiones colosales de Moby Dick no se lo permitían-, cegado por el deseo de venganza, Belmonte se encara al toro con una deliberada voluntad artística, forjando una estética ad hoc. Para Ahab la ballena Moby Dick era única, en correspondencia con la unicidad de su venganza. Para el matador cada toro al que se enfrenta es distinto, aunque les reserve a todos un mismo destino. Precisamente esta diferencia atrajo las simpatías hacia Belmonte y otros grandes toreros de escritores, poetas, artistas e intelectuales, como Valle-Inclán, Zuloaga, Pérez de Ayala, Cossío, García Lorca, Ortega y Gasset o Bergamín.



Sin embargo, Belmonte desconfía de la destreza tanto como de la experiencia. Cuando, después de décadas de oficio, se lanza al ruedo para torear ante una afición entregada, teme caer en la rutina propia del oficinista al que le salen bien las cuentas por pura inercia. Quiere seguir sintiendo la incertidumbre del aprendiz, con sus errores y aciertos, el desasosiego de la primera vez y el placer momentáneo del hallazgo, como un poeta ante el soneto que se dispone a escribir, sin saber muy bien adónde le llevarán las palabras. Todo menos dormirse en los laureles de lo aprendido y vegetar como un parásito en el nido de lo previsible. Entiende el toreo como “un ejercicio de orden espiritual”, ligado a la emoción y al entusiasmo, en absoluto comparable con una actividad deportiva o meramente física.

La corrección no es para los héroes. Un torero con sensación de dominio elimina el riesgo, pero a cambio pierde la incertidumbre y sucumbe a la rutina. Entonces puede ocurrir que sienta el hastío de su oficio que, como confiesa Belmonte, percibirá como algo estúpido, sin sentido alguno, una impresión que tampoco escapará al olfato del público, defraudado por un espectáculo inane. Los escritores y los poetas se exponen a una tesitura similar a la que describe el torero.

Belmonte y Manuel Chaves descienden de Cervantes no sólo por la parte quijotesca que les corresponde sino por la herencia literaria. Cervantes como narrador admirable, que seduce al lector con su arte, y también como creador de un universo imaginario en el que la aventura y la hazaña, con sus dosis de valentía y temeridad, se entreveran con la ironía, la inteligencia serena y la intuición. Como los personajes cervantinos, Juan Belmonte es múltiple, al igual que su vida, aunque esté dominada por una sola pasión. No hay un Belmonte único sino varios. Está el Belmonte audaz e imprevisible, al que todos dan por muerto mientras se debate con el toro; el que se revuelve contra el miedo en las noches que preceden a las corridas, como Jacob contra el Ángel, y que habla con él, avivando un duelo dialéctico del que saldrá victorioso más por obstinación que por superioridad argumental. También está el Belmonte que, abatido por el sueño, la fatiga o los golpes y las heridas de la corrida anterior, se planta ante el toro y despierta súbitamente, hasta que logra vencer al astado, con capote y muleta.

Hay un Belmonte que se deja mimar por la siempre voluble afición, pero que en su fuero interno se siente incómodo ante ella, sobre todo cuando se transforma en muchedumbre; y aquel otro que en México compartió juergas con los muchos mexicanos enloquecidos que conoció y que debieron ser tantos que, de vuelta a España, pensó que en aquel país embarcado en la Revolución estaban todos locos. El Belmonte solitario, que se encierra con un libro cuando el miedo y el ajetreo se lo permiten, convive discretamente con el Belmonte sociable, que asiste silencioso y con el oído despierto a las tertulias de Valle-Inclán en Madrid y que, en sus giras, comparte horas de inquietud y alegría con su cuadrilla.

Pero el Belmonte más belmontino es el que, después del tráfago de los triunfos y de las derrotas en los ruedos, vuelve en sí y reflexiona con el distanciamiento del poeta que se sienta ante la mesa de su gabinete, con la conciencia clara, para recordar lo vivido. Es en este interludio entre dos luces en el que irrumpe la letra impresa, el libro de su vida que un día habría de escribir con Manuel Chaves. Sospecho que el literato secreto que Belmonte llevaba dentro se forjó bastantes años atrás, al mismo tiempo que la pasión por el toreo, en la pubertad sevillana en que, junto a sus amigos de Triana, se aficionó a las novelas de aventuras.

Aquella pasión lectora le llevó a identificarse con los héroes novelescos, “hasta el punto de que la vida que vivíamos era más la suya que la nuestra”. Sin saberlo, estaba siguiendo los pasos del hidalgo Alonso Quijano, lector apasionado de libros de caballerías. Tanto era así que, como el caballero andante cuando se echó al campo en busca de aventuras caballerescas, un día el adolescente Juan Belmonte decidió viajar con un amigo a África para cazar los leones que no encontraron en los alrededores de Triana y que habían visto con los ojos de la imaginación en las novelas de Salgari. Naturalmente, aquella aventura fracasó, aunque el instinto cazador del matador de toros ya arraigase en ese episodio tempranero.

Después de numerosos percances y penalidades, se convencieron de que así no iban a ninguna parte. No fue necesario que un piadoso vecino los devolviese a su hogar, como le sucedió a Alonso Quijano tras su primera salida, por lo que nada más pisar Cádiz se volvieron hacia Sevilla. Resulta que el mundo no era como lo habían imaginado porque, en definitiva, “lo que fracasan son siempre las fantasías”. Como ya les ocurriera a Don Quijote y a Sancho Panza durante su estancia en Barcelona, lo mejor de su frustrada travesía fue que, antes de entrar en Cádiz, a última hora de la tarde, se encontraron de frente con el mar que no habían visto nunca.

En una época en la que unos cuantos se preparaban para elegir el destino de millones de europeos, Juan Belmonte se anticipó a planes tan siniestros, tomando las riendas del suyo. Y así habría de ser hasta el instante final de su vida, hace más de cincuenta años, cuando el 8 de abril de 1962 decidió suicidarse en su cortijo de Utrera, una elección fatal que, según se desprende de su relato biográfico, acarició en más de un momento muchos años antes.

FERIA TAURINA DE CÓRDOBA 2017


De SOL y SOMBRA.

El mundo del toro con su hermetismo y su poca claridad en cuestiones administrativas, sigue dandonos sorpresas y en esta ocasión el tema para algunos en México es ¿Porque la FIT no incluyo en sus carteles de Córdoba a su poderdante Joselito Adame recientemente triunfador en Sevilla?

Es cierto que solo son dos corridas de toros y seis puestos para matadores, pero al incluir a Roca Rey y a Cayetano la FIT demuestra dos cosas: 

1. Cómo todas las empresas del mundo ve primero por sus intereses y estos son ajenos a los del diestro mexicano.

2. Joselito Adame ya no es prioridad para sus apoderados, como en años anteriores.

Con estas acciones parece que el destinó de Joselito al menos de que en San Isidro reviente Madrid, es cada vez mas incierto en Europa.

La Feria de Córdoba

Los carteles de la Feria taurina de Córdoba ya son oficiales. 
La Feria se desarrollará los días 25, 26, 27 y 28 de mayo y contará con dos corridas de toros, un festejo de rejones y una novillada sin picadores. 
Las combinaciones son las siguientes: 

Jueves 25 de mayo. Erales de Zalduendo para Jose Antonio Alcalde “El Rubio”, Carlos Jordán, Rocío Romero, Alejandro Adame, Diego San Román y Carlos Domínguez.

Viernes 26 de mayo. Toros de Zalduendo para Morante de la Puebla, Jose María Manzanares y Roca Rey.

Sábado 27 de mayo. Toros de Juan Pedro Domecq para Enrique Ponce, Finito de Córdoba y Cayetano.

Domingo 28 de mayo. Toros de Luis Terrón para Pablo Hermoso de MendozaJoao Moura y Lea Vicens.

El próximo martes 9 de mayo, la Fusión Internacional por la Tauromaquia inaugurará la exposición “MANOLETE 1917-2017”, que tendrá lugar en la Sala Orive del Palacio de Orive a las 20 horas. Será el acto central y el particular homenaje de la empresa gestora del Coso de los Califas al maestro Manolete en el centenario de su nacimiento. Una exposición sin precedentes.

Una muestra que podrá visitarse desde el 10 de mayo hasta el 15 de junio, y en la que entre otros muchos objetos personales de gran valor del torero, cuenta como pieza central con un coche Mercedes W143 que fue propiedad de Manuel Rodríguez “Manolete”.

Además, la FIT estrenará también el documental MANOLETE 1917- 2017 el próximo 16 de mayo en el Centro de Recepción del Visitante de Córdoba, con testimonios de familiares de Manolete y de personas que compartieron momentos de la vida del IV Califa del Toreo.

Las taquillas de la Plaza de Toros de Córdoba abrirán, para el plazo de renovación de abonos y abonos nuevos, desde el 15 de mayo hasta el 18 de mayo, ambos días inclusive. Y a partir del 19 de mayo, venta de entradas sueltas.

Información y venta online de entradas en www.fitauromaquia.com, en el 689774825 y en todos los centros El Corte Inglés e Hipercor de España y Portugal.

El hijo del ‘Niño de la Capea’ destapa la olla del escándalo y la indignación

El Capea en su pasada actuación en Durango.

Por Bardo de la Taurina.

Hablando de acontecimientos que no deberían de darse, apenas el hijo de esa gran figura que lo fue Pedro Gutiérrez Moya ‘El Niño de la Capea’ se brincó las trancas de la cordura, el buen orden, la ética, los principios y sobre todo el respeto al gremio de la torería, lo cual ocurrió cuando a una personita se le ocurrió poseer un título de matador (a) de toros para lo cual lo primero que requería era que los gremios toreros le avalaran los antecedentes que soportarían una ceremonia tan importante, la solicitud hueca, vacía, sin contenido a sabiendas de que en cualquier parte del mundo sería rechazada por no tener ningún sustento, fue presentada a la Asociación y a la Unión las cuales y por separado en automático la batearon para no degradar, humillar, abaratar lo que debe de implicar tomar una alternativa.

Ante eso, la viveza de la gente del toro salió a relucir ¿cómo? pues buscándose una plaza de toros que a lo mejor fue alquilada solo por esa tarde pa’ que en ella se realizara un acto ilícito y desde luego se requería de un padrino que aunque pareciese imposible se prestara a lo inverosímil, mas como aquí nada es imposible, alguien alzo la mano o los interesados dieron con quien se prestara y fuera cómplice no solo de esa simulación sino a ofender a la Fiesta Brava y a todos los matadores que con sacrificios, entrega, enjundia, dolor, pasión, ética, voluntad, merecimientos, años, experiencia, cornadas, fracturas, triunfos, méritos, acumulación de festejos y novillos han logrado ser merecedores de una alternativa, así fue que se montó la farsa.

El hecho ‘consummatum est’, ahora por salud e higiene a la brevedad se espera se dé a conocer las sanciones ejemplares que deben de caer sobre la empresa que montó ese acto la Plaza Alejandra de Durango, el nombre de quien pisoteo a la profesión cediéndole una espada y una muleta es Pedro Gutiérrez Lorenzo ‘El Capea Jr.’ a él se le debería de aplicar el 33 constitucional o inhabilitarlo por un largo período que siempre será corto comparado con el daño que ejerció coadyuvando con su desacato a la Fiesta Brava mexicana. 

México es un país que hoy más que nunca está siendo vulnerado por la debilidad de sus instituciones y por ello los gremios taurinos de ninguna manera deben de caer en ese catálogo, se sabe que la persona que se adjudicó ese título ya fue boletinada pa’ que no pueda salir al ruedo ostentándose como matadora, es decir ninguna empresa podrá anunciarla en corrida de toros, la señorita incauta con su actitud está en un verdadero brete, pues lo moral, lo ético y lo conducente sería que renunciara al título que ‘El Capea Jr.’ le simulo pero si este escalafón otorgado no tiene ninguna validez ¿a qué va a renunciar? La sanción que supuestamente se le viene encima especulando ¿podría ser la expulsión del gremio al que pertenecía? Pero eso también es como humo pues es de suponerse que al no acatar la negación de las instituciones gremiales en automático se auto desafilio.

Y solo precisar que hemos omitido el nombre de la señorita que derramó la leche porque en este país el oportunismo torea de la mano del morbo y no vamos a dar carrete o publicidad que coadyuve a que por ahí se monte una encerrona o un mano a mano entre ‘El Capea Jr.’ y la protagonista y menos suponiendo que su incipiente carrera pudiese estar terminada.

Y al juez que aprobó al igual que al inspector de callejón que permitió anomalías en la ´ceremonia´, ¿ya el municipio los inhabilitó en sus funciones?

¿Habrá valido la pena desafiar a las leyes del hombre y de la naturaleza? porque después de apenitas haber matado seis novillitos en su vida de ‘focos’, un toro con cinco años, a la que podría matar, es a la insipiente torera. Y entonces a las que les van a cargar la muerta serán; a la Asociación de Matadores y a La Unión de Toreros. Por cierto, ¿Cuál habrá sido el móvil de hacerse matadora, de ésta jovencita? No lo sé, lo que sí sé, es que ella no ha visto y aprendido de esa escena que todos tenemos grabada, cuando Juncal dice: Las prisas son para los delincuentes y los malos toreros.