CONTRAQUERENCIA | SEGUNDA DE FERIA DE SAN ISIDRO 2017 Rozar las nubes


Por Jorge F. Hernández.

Dejemos que Vladimir Ilich Lenin y sus descendientes en el centenario de su necedad se empeñen en asaltar los cielos y fijemos el ánimo en los toreros que logran rozar las nubes con las yemas de los dedos, con la delicada ligereza con la que alguno toca la cuarta cuerda de una guitarra o la mejilla intemporal de un musa. 

Hubo en la segunda corrida del ferial varios instantes de innegable grandeza: un puyazo de largo a un berrendo casi capirote, botinero, calcetero y coletero que equivocadamente reseñaron como simple salpicado y tres o cuatro pares de banderillas más que dignos a manos de los peones que se desviven con vestidos bordados en hilos negros o de plata, vedado el oro que se sólo se reserva para matadores y picadores (por ser éstos caballeros en plaza pública.

Me concentro en los breves instantes de un quite en el que Román nos recordó a todos que la eternidad es una larga cordobesa, como greguería de Ramón Gómez de la Serna y, segundos después, el dibujo isométrico de una soberbia Media Verónica en las palmas de las manos de Morenito de Aranda. Uno, parecía envolver con los vuelos del percal la algodonosa amenaza de una nube con lluvia, mientras el otro, arremolinaba en torno a su cintura la ventolera incómoda que se lleva a los nubarrones camino del atardecer en los jardines de Sabatini.

Sin suerte, Eugenio de Mora –aunque empeñoso e incluso, atrevido—no logró elevar su actuación a las nubes con las que dialogaron Morenito de Aranda y Román, primero en el ya mencionado tercio de sus quites y luego, en la sabrosa coreografía que conjugó Morenito al hermoso toro, que no simple salpicado, llamado “Cetrero” de 524 kilos, hierro de El Ventorrillo que se fue al cielo de los animales bravos sin una oreja. Se la cortó el de Aranda por la breve pero sustanciosa, pulcra pero inspirada combinación de naturales y pases en redondo… y un forzado de pecho que parecía confundirse con una nube gris que se asomó para verlo. 

El otro instante que no olvidaremos es el elevado vuelo de Román con el difícil sexto toro mal-llamado “Civilón” de 569 kilos y muy malas ideas. Fue más bien el “Incivilón” animal el que decidió en un pestañeo elevar el cuerpo de Román por los aires y caer en la arena con un costalazo que los médicos de cepa llaman “voltereta sin consecuencias” y que bien podría ser el adelanto de una metáfora para el anunciado estrépito con el que se desploman en las urnas los empecinados en asaltar los cielos por la fuerza, con verdades a medias y engaños ya no tan disfrazados… teniendo a vista de pájaro el ejemplo de lo contrario: rozar las nubes con la callada serenidad del valor a toda prueba, la bravura incluso con visos de mansedumbre y la pura verdad de un raro arte que al final se va volando con el viento.

Publicado en El PAÍS

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Feria de San Isidro: Las rebajas del patrón

Morenito pasa de muleta al toro que le cortó la oreja. Víctor Sainz.

Por Antonio Lorca.

La oreja de escasísimo peso que paseó Morenito de Aranda es la constatación de dos realidades; la primera, que Madrid —al igual que Sevilla— ya no es lo que era (“cuando el que manda es el público”, decía Pepe Luis Vázquez, “la fiesta se desmorona”); y la segunda, que hay tantas ganas de ver torear, hay tanto cansancio acumulado de tardes de desesperado aburrimiento, que cuando el tendido ve a un señor con un porte elegante, que se coloca en su sitio y traza algún buen muletazo trufado con medios pases, sueña literalmente el toreo. Es decir, que imagina lo que quisiera ver, y engrandece lo que la vista le transmite.

En dos palabras, que han llegado adelantadas las rebajas del patrón (no las de Simón Casas, que es el que manda ahora en esta plaza, sino las de San Isidro, que hace un alto en la labranza, y él, que sabe lo suyo de bueyes, se apiada de los valientes muchachos vestidos de luces), y, por un precio módico, Morenito paseó una oreja que otrora costaba un potosí.

Pero no estuvo mal el torero de Aranda, no. No estuvo para cortar un trofeo, pero sí muy por encima de su lote, el mejor, por otra parte, de una bien presentada, pero mansa, descastada y sosa corrida de El Ventorrillo.

Recibió al quinto con unas vistosas verónicas —Morenito maneja con gusto el capote—, un toro que no hizo una pelea de bravo en el caballo, aunque acudió alegre en banderillas y obedeció con prontitud el cite en la muleta. 

Permitió, eso sí, el lucimiento de José Manuel Zamorano —extraordinario el segundo par— y Pascual Mollinas, con los palos, y que el público creyera ver lo que no existió.

Acudió de largo y con codicia a la muleta de Morenito, en embestidas cortas, con más genio que clase, mientras el torero colocaba en la balanza su buen gusto y decisión, y el público, sus ansias por ver torear. 

Entre la obediencia del toro, la entrega del torero y la mirada obnubilada de los espectadores, aquello parecía lo que no era; tanto es así, que el matador falló en la suerte suprema y, a pesar de todo, una minoría de la plaza pidió la oreja, y una mayoría, con las manos en los bolsillos, gritó y silbó desaforadamente cuando vio que las mulillas estaban a punto de trasladar el toro al limbo del desolladero. Cómo sería el griterío que el presidente, muy digno en principio, se guardó la dignidad en el bolsillo, de donde se sacó un pañuelo blanco que le pesará en su conciencia de buen aficionado.

Aseado se mostró también Morenito ante su primero, con atisbos de clase, pero sin cimientos físicos para sostenerse en el mundo. Se colocó bien, cruzado siempre, y dejó cierto aroma con sus buenas maneras.

Caso muy distinto fue el de Eugenio de Mora, un veterano que ha cumplido ya 20 años de alternativa, y más que a una corrida parece que lo habían mandado a la guerra. Muy complicado fue su lote, sin codicia y con peligro el primero, y sin calidad y adormecido el otro. Salió con muchas ínfulas De Mora y se plantó de rodillas en el inicio de la muleta ante el que abrió plaza. No se lo tomó a bromas el toro, de modo que si el toledano no se levanta con rapidez, hoy estaría acostado, pero en un hospital. Pasó el quinario para acabar con su oponente, duro de roer, experto en arreones, y el asunto terminó regular gracias a la intervención del patrón, se supone. 

La pelea con el cuarto fue contra los elementos de un toro aculado en tablas que se negó taxativamente a seguir el recorrido de la muleta.
Y de órdago fue la voltereta que sufrió Román cuando trataba de robarle algún muletazo al sexto. Lo levantó y lo lanzó al aire con esa fuerza descomunal de un toro; imposible calibrar desde la grada la altura, pero la ilusión óptica fue de salto con pértiga. Pues el chaval se levantó como si tal cosa (porque es un chaval, claro), y continuó ofreciendo el pecho y los muslos a sabiendas de que no encontraría ningún tesoro.

El tercero, otro que tal bailaba, le lanzó un tornillazo al cuello, que si no le robó la medalla de la Virgen de los Desamparados, poco le faltó. Valentísimo, se jugó el tipo sin cuento, y dijo sin abrir la boca que prefería un disgusto que ser materia de olvido. ¡Qué duro resulta, a veces, para un torero ser huésped del recuerdo!

EL VENTORRILLO / DE MORA, MORENITO, ROMÁN

Toros de El Ventorrillo, bien presentados, astifinos, muy mansos, descastados y sin clase.

Eugenio de Mora: tres pinchazos, media tendida, —aviso— tres descabellos, casi entera —2º aviso— y estocada caída (silencio); estocada desprendida (silencio).

Morenito de Aranda: dos pinchazos —aviso— y dos descabellos (ovación); pinchazo y casi entera (oreja).

Román: estocada (silencio); dos pinchazos, media atravesada —aviso— y tres descabellos (silencio).

Plaza de Las Ventas. Segunda corrida de feria. 12 de mayo. Casi tres cuartos de entrada.

Publicado en El País 

@Taurinisimos 108 – Roca Rey en Aguascalientes. Goyesca y San Isidro en Madrid. Pepe Moral y Miura en Sevilla.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 12 de Mayo de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Cierre FNSM Aguascalientes, 2017.

Enlace con Sergio Martín del Campo, crítico taurino.
Faenas de Roca Rey, Joaquín Galdós y Diego Sánchez.

Pepe Moral y “Amapolo” de Miura en Sevilla 2017.

Corrida Goyesca en Madrid. Urdiales y Ureña en Mano a Mano.
Apertura San Isidro 2017, faena de Javier Jiménez y La Quinta.

Producción: Miguel Ramos
Operación: Abraham Romero

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 19 de Mayo de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

Los Caprichos de la Agonía de Juan Ibañez


De SOL y SOMBRA.

Los versos de Pepe Alameda describen el ritmo y la precisión de la fiesta taurina la cual ha sido tema cinematográfico por excelencia: Con amplitud de palacio,/ y rigor de minutero,/ debe ajustar el torero,/ su tiempo por el espacio/ ni de prisa ni despacio.

El cine ha tenido contacto desde sus inicios con el toreo, quizas porqué tanto el toreo como el cine son dos ritos colectivos, ¿en qué se diferencia el público que va a la sala de cine del que va a la plaza de toros? En que a los dos los dirige y les produce sensaciones la lidia del director y el matador. 

Grandes directores como Orson Welles se identificaron con los toros desde su primer contacto. Contaba la viuda de Chucho Solórzano (padre) que ellos trajeron a Welles a México a la ganadería de “La Punta” para empezar a filmar It’s all True, un proyecto que el director dejó inconcluso.

En México muchos directores de cine se sintieron seducidos por la fiesta brava también, entre ellos  Juan Ibáñez, uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo veinte en México. 

La trayectoria fílmica de Ibañez fue breve pero inolvidable. Su obra mas importante fue Los Caifanes (1966) quizás el mejor filme mexicano de la década de los sesenta.  

Fue en 1971/72 cuando Juan Ibáñez amigo de la infancia del apoderado taurino Jorge Cuesta, con quien se darían sus primeros acercamientos con la fiesta brava, dirigió un documental al que tituló “Los caprichos de la agonía”, en donde el  diestro neoleonés Manolo Martínez cuenta parte de su vida, cuyo argumento es una danza constante con las obsesiones que la muerte es capaz de producir en diversas circunstancias, por lo que un torero de semejante calibre como lo fue este “mandón”, dentro y fuera de los ruedos, era el indicado para expresar lo que representan también los múltiples tonos que el miedo (miedo al fracaso, o miedo a la muerte) produce a lo largo de una carrera intensa como la que en vida representó la figura polémica de Manuel Martínez Ancira. 

Y todo ello lo entendió a la perfección Juan Ibáñez quien pudo recoger en este importante trabajo el contraste de la vida y la muerte, el temor y la absoluta confianza de sí mismo; el fracaso y la gloria apenas experimentadas en unas horas donde un hombre cotidiano y mortal, se convierte materialmente en un dios inmortal, o en el demonio eterno.

Es el Toreo el que nos permite que una tarde tras otra, podamos celebrar el triunfo de la Humanidad sobre los elementos naturales, como lo demostraba Manolo Martínez en Los Caprichos de la Agonía de Juan Ibáñez.

***

Los Caprichos de la Agonía (1972)

Dirección y Guión: Juan Ibañez

Fotografía: Ramón Muñoz, Alberto Sánchez, Armando Betancourt, Alfredo González

Edición: Carlos Contreras

Reparto: Manolo Martínez, Cecilia Pezet, Rosa de Castilla, César del Campo, Fernando Soto Mantequilla, Fernando Osés, Amedee Chabot.

Locación: Presa Guadalupe, Monterrey; Ganadería Las Huertas, Tlaxcala y Ciudad de México. 

Twitter @Twittaurino

Juan Ibañez.

Alejandro Talavante, entre la gloria y el infierno


Por Patricia Navarro.

Está desaparecido. No acude a las entregas de premios y hace tiempo que no habla con la Prensa, pero se anuncia cinco tardes en Madrid. 

Es Alejandro Talavante. Y nos encontramos en la nueva era. O eso queremos pensar, sobre todo porque ya no nos podemos permitir más lujos. Se nos acabaron. Con diez toros, al menos, si el pañuelo verde no asoma por presidencia, se verá las caras durante esta temporada por el ruedo de la Monumental venteña. El mismo que le catapultó cuando era novillero, un auténtico desconocido y le permitió en cuestión de meses tomar la alternativa y alternar con las figuras. Posición que no abandonó jamás. Y lo hizo sin cortar ni un sólo trofeo. Toreando al natural, con aquel chispazo que puso de acuerdo a todos. 

Han pasado once años desde aquella tarde del mes de mayo. Y muchas cosas más de aquellas declaraciones del torero pacense que no dejaban indiferente a nadie, pero a punto de abrir las puertas del coso de la calle de Alcalá durante más de un mes de manera ininterrumpida Alejandro Talavante es el protagonista de la gesta. 

Hará el primero de sus paseíllos el viernes 19 de mayo para lidiar la corrida de El Puerto de San Lorenzo con el francés Sebastián Castella y Javier Jiménez, que el año pasado, en pleno mes de agosto, abrió la Puerta Grande que tanto se resiste a la mayoría, también a las figuras, incluso más. 

El próximo miércoles, ya 24, volverá a la escena madrileña con la corrida de Cuvillo, con la que ha firmado faenas para la historia como la de Zaragoza en final de temporada, con Juan Bautista y el peruano Roca Rey, otro de los grandes atractivos del serial.

El 6 de junio la atención será mayúscula por volver a ver a Alejandro con la corrida de Victorino Martín, con la que ya se anunció en esta plaza en 2013 en esa ocasión en solitario y día en el que con la plaza llena fracasó. Vuelve con el mismo hierro y mismo lugar. 

El reto está servido. Le espera más. A él y a la afición. Beneficencia, en esta ocasión y por estrategia del nuevo empresario de Madrid, Simón Casas, el 16 de junio, dentro de un fin de semana de altos vueltos con la actuación al día siguiente de la única tarde de Morante de la Puebla en la corrida de la Cultura, que el empresario francés se ha sacado de la chistera. Magia aparte. 

Por Beneficencia, Juli, Talavante y Manzanares lidiarán un encierro de Victoriano del Río. Otro gran plato fuerte será ver al diestro de Badajoz en la Feria de Otoño, donde ya nunca quieren anunciarse las figuras en el mes de octubre y con la temporada casi vencida.

Las cinco tardes de Talavante centran en esta ocasión la nueva era de la plaza. La era Simón CasasNautalia. La UTE que se hizo con Madrid tras una jugada maestra trazada en el silencio más absoluto, no hubiera sido posible de otra manera, para hacer creer a su contrincante, en este caso José Antonio Martínez Uranga y el mexicano Alberto Bailleres que acudirían en solitario al concurso de Las Ventas. 

Una oferta a la baja de estos y una muy a la alza del francés con la agencia de viajes le hizo posible el sueño dorado de toda una vida de comandar, por fin, la monumental venteña. 

Llega a Madrid Simón en una etapa clave. 

Leer más de este artículo en: http://www.larazon.es/movil/toros/alejandro-talavante-entre-la-gloria-y-el-infierno-AH15125665

Martínez Conradi, ganadero de La Quinta: “Tienes impotencia cuando no reconocen tu trabajo”


Álvaro Martínez Conradi, La Quinta, “Tienes impotencia cuando no reconocen tu trabajo y no entienden la morfología de este encaste.”

Por Jaime.

Hoy hablamos con Álvaro Martínez, ganadero de La Quinta. Con él repasamos las peculiaridades de un encaste único. La clase, la incomprensión de reconocimientos y mucho más… Una conversación de toros realmente enriquecedora en la que el ganadero no puede ocultar su pasión por el toro y por las joyas únicas de este encaste que cría.

¿Para ser ganadero lo primero es la afición?

Por supuesto, esto nace por una afición. Es vocacional, por mucha afición que tengas si no lo sientes y no lo ves como algo tuyo, con la pasión que ponemos para criar al toro de lidia, que es tan difícil por su desigualdad y comportamiento variable. Necesitas afición porque son más los disgustos que las alegrías.

¿Se puede vivir del toro?

Algunos sí. Es licito, lo veo bien y quién pueda, olé por él. Al final te juegas tu patrimonio, inviertes y si lidias en plazas buenas pues olé.

En su caso…

Han venido años buenos que hemos ganado dinero, regulares y malos. en los que hemos perdido. Si haces balance a unos años, en nuestra ganadería -lidiamos poco- nos va costando. Una ganadería brava no es solo la crianza del toro ya que hay que mejorar fincas, las cosas se deterioran. alambradas, gasoil, mejora de instalaciones…

Es un continuo no parar de invertir y lo que queremos es que el toro esté en las mejores condiciones. Ha evolucionado la crianza y la perfección de presentación, manejo… Ahora se presentan mejor que hace 40 años. Antes eran erales en comparación, en los años 50. Eso requiere una importante inversión, Los piensos son caros no se puede escatimar, las vacas muy cuidadas…

¿Por qué Santa Coloma?

Mi padre tenía mucha afición de joven a los toros. Nuestro abuelo fue agricultor y ganadero no de bravo. Mi padre siempre ha vivido en el campo relacionado con agricultura y ganadería pero nunca había tenido bravo. Le gustaba el caballo -hizo pinitos de rejoneador- no se por qué pero el encaste que más le gustaba era Santa Coloma y pudo comprar la ganadería. Cuando él quería hacerse ganadero salió a la venta la de Buendía y por amistad se hizo. La familia Buendía quería que estuviera en manos cercanas y conocidas para que hubiera relación entre las ganaderías porque el encaste se cerraba y era una forma de abrirse.

¿Para usted Santa Coloma qué supone?

Hemos nacido con la ganadería. No concebimos otra cosa. El toro nuestro cuando embiste es distinto a todos. Pone de acuerdo a todos los componentes de la fiesta: público, torero, nosotros como ganaderos y empresario que es quién monta el festejo. Cuando sale embistiendo -lo vimos en Las Ventas- tiene algo especial que nos llena mucho.

No es el toro comercial.

Nunca pretendió mi padre ganar dinero con el bravo. Con esto queremos satisfacer nuestra afición, poner nuestro granito de arena para dar diversidad. Si conseguimos sacarlos como nos gusta estamos satisfechos. No queremos que nos cueste pero no buscamos como principal el ganar.

A todos les encanta la embestida del Santa Coloma pero no la matan.

En el tú a tú es muy bonito pero la realidad es otra. Cada uno tiene sus preferencias y es respetable.

Muchos hablan del cariño hacia este encaste pero en los reconocimientos… ¿Qué sientes cuándo ves que esta “comprensión” en los reconocimientos no aparece…?

Tienes impotencia cuando no reconocen tu trabajo y no entienden la morfología de este encaste. Todos deben tener su sello y hoy tienden a estandarizar. Todos buscan la misma forma de embestir y torear y lo bonito es la variedad en hechuras, embestidas y formas para que haya una riqueza. Te encuentras con veterinarios y presidentes que se ciñen a un reglamento y parámetros de longitud de pitón, pesos… Esas características del toro moderno. Algunos se han adaptado, lo admiro, y otras como nosotros que lo intentamos y vimos que no era bueno, hemos tenido obsesión de mantener el toro entipado, bajo, no pesador y eso hace que no lo vean en los reconocimientos. En algunas plazas que se dicen aficionados y defensores de S.Coloma ves que no es cierto porque pitan.

¿Nota cierta incomprensión en los aficionados y prensa?

Uno siempre quiere más pero si hago balance estamos contentos. Se vuelcan con nosotros y esto te motiva para seguir recuperando este encaste y ponerle donde debe. Con la prensa puedes estar de acuerdo o no pero la fiesta es debatible. Cada uno ve el toro de una forma. Si no hubiera un debate… Se debe debatir con respeto, pero por no gustarme un torero o un toro no me meto con él. A mí me puede gustar o no un torero o su forma de interpretar el torero o la forma de embestir un toro. Todo es debatible, lo mejor es debatir.

¿Usted eliminaría la báscula?

Es un arma de doble filo. Lo que haría en vez de eliminarla es que se cumpliera según está legislado. ¿Has visto salir toros de 460 kg en plazas de primera? El reglamento dice que el peso minimo en plaza de primera es 460 pero no se cumple ya que si salen toros con ese peso, los protestan. ¿Estaría bien que se eliminara y primase la primera impresión? Estaría bien, pero dirían que si se abusa, que si saldrían chicos… Todo puede llegar a un equilibrio con toros con condiciones minimas y no rata o sardinas.

¿Qué importancia dan al tercio de varas?

Es lo primero. Cuando seleccionamos lo que vemos es a la becerra o al que buscamos para semental es valorarlos en el peto porque ahí te dice su fondo de raza, cómo se emplea y cómo se crece en el castigo. La bravura en el caballo es lo principal y luego en la muleta tiene que tener ese fondo y casta para venirse arriba y cuando estén sometiéndolo se sienta podido y entregado.

Defíname bravura.

Cuando un animal demuestra que tiene poder, casta, que tiene fiereza, para mí eso es bravo. Que coja los vuelos por abajo, que venda cara su vida. Para mí eso es un animal bravo, que no pare de acometer. No me gusta que sean tardos, esos no pelean. Bravura es que no paren de pelear.

¿Cómo compatibilizar el no parar de acometer con la clase de Santa Coloma?

Buscamos humillación, clase, ritmo en la embestida y miramos tiene más recorrido o menos. El bravo no quiere parar de acometer, no se sale de la muleta porque la quiere y le falta recorrido. Cuando se conjuga esa clase y bravura se consigue el animal perfecto.

¿El novillo de Ángel Sánchez?

Digamos que es una embestida especial, diferente que cuando lo toreen tan bien y embisten tan bien te emocionan como ese día. De eso se trata esto. Por ver un animal embestir con clase, categoría y fiero al que uno se anteponga a todo eso. Ése es mi concepto

Santa Coloma ha visto reñida la fuerza con la clase.

Son animales, pueden encontrarse mal un día. no es una tónica general. El segundo novillo salió acalambrado porque quizás no le sentó bien el corral o un porrazo en chiqueros. El animal no se cayó pero se le notaba mal

¿La clase está reñida con la fuerza?

Sí, es cierto. Hay que tener cuidado y con el equilibrio no se puede uno pasar. Me gusta a mí más el toro con poder pasado de casta que uno con excesiva clase. Cuando sale con tanta clase necesita un torero tan bueno que sepa torearlo con mucho gusto, temple y sin tirones. El toro tiene que tener suerte.

Vivimos en una época de sesenta pases y Santa Coloma no es de tantos.

El Payo, Valverde, Lázaro, Cid, Sánchez… han salido triunfadores con novillos nuestros y no eran faenas de 60. Fueron más de intensidad que de cantidad. Abogo por la intensidad frente a la cantidad. Estamos convirtiendo esto en un espectáculo que se hace eterno. No podemos estar 3 horas en un tendido.

El Payo corto una oreja a un novillo de La Quinta en Las Ventas.

Me habla de novilladas, ¿problemas en los reconocimientos?

Claro que ves ése problema. Lidiamos erales, novilladas picadas . Esta ganadería es así, ves ese problema pero no hay otra. Si el toro tiene trapio de plaza de 3 y en plazas de 3 no lo quieren los toreros pues tenemos que lidiar de erales.

Este año vuelve a Villaseca tras la concurso.

Fue un novillo facilón, no es el que nos gusta. Íbamos a ganar. Debería haber unas pocas ferias más como Villaseca, es importantisimo lo que hacen con los novilleros y ganaderías. La repercusión, la forma de hacer las cosas, cuidar todo tipo de detalles y cuando llevan novilladas serias, la gente responde y el triunfador importa. Nos apetece mucho y ojalá que los animales nos dejen en buen lugar.

Este año…



Sevilla 8 Junio, Mont de Marsan, Chateauranard, Nimes. Madrid San Isidro y Albacete. Nos queda otra novillada picada que no está cerrada y otra corrida más pequeña para plaza de 2da.

Publicado en Patrimonio Taurino

Román: “El toreo debe ser justo, lo que no me gusta del sistema es eso”

Román, matador de toros, actuará dos tardes en San Isidro.Román, matador de toros, actuará dos tardes en San Isidro. Foto Moeh Atitar.

Tiene 24 años, es matador de toros, habla francés, le gustaría “crear una protectora de animales” y torea dos tardes en San Isidro, empezando este viernes.

Román: “¿Mujeriegos los toreros? Algunos no se comen ni un rosco”

Por Juan Diego Madueño.

En la puerta del Retiro una gitana se fija en Román. Una pareja lo ha reconocido y se hacen una foto los tres. Los coches suenan apagados. La mujer sostiene una rama de romero y aprieta una riñonera llena de dinero, del sujetador rebosan los billetes. La puerta de Alcalá se deja caer en el gris del nublado, tan mate la mañana. “¿Es famoso?”, pregunta. “Un matador de toros”, le responden. Morena, con una sonrisa de huida y esquina, se lanza hacia él. Román, con esa actitud de despeinado, se deja llevar. Le escudriña las manos mientras larga de memoria.

-Son 20 euros por cada mano.

-No jodas. Tengo 10, responde el joven abriendo la cartera.

-Y yo cambio de eso, señala ella los brotes verdes.

-No, no. Le doy los 10.

-No lo hagas, que te da mala suerte -alarga la segunda e, canta la frase, voz grave-. Me gusta mucho tu trabajo, pero te va a dar mala suerte, repite.

A dos días de torear en Madrid. Román ríe.

La maldición cruje cariñosa. La rubia ya señala al siguiente. Él mira a su alrededor divertidísimo. Todo sigue igual. “¿Cómo que mala suerte? Que le den”, se burla.

Román tiene 24 años, habla francés, es de Valencia y torea este viernes en San Isidro la primera de sus dos tardes. Pertenece a la nueva generación de matadores, justo en el punto entre la solemnidad y lo informal, la tradición y las Nike.

-¿Por qué dejaste el ballet? 

-¿Cómo sabes lo del ballet?

Me lo han contado.

-Bueno, me di cuenta de que no era lo mío. Fui de pequeño. Me sentí demasiado afeminado. No sé por qué me apunté. Tendría siete años. Tenía una vena un poco así chica… me gustaba juntarme con chicas. Había ballet al lado de mi colegio y me apunté. “Voy a hacer ballet”, dije. Duré dos clases.

También skate y surf. ¿Es hiperactividad? 

“Me gusta hacer de todo. Lo he practicado todo pero en realidad no soy bueno en nada”. “Soy muy activo”, dice. Se le ve en los ojos. 

Algo hierve, la búsqueda no cesa. Cuando hablan se le amontonan las palabras como en un dique a punto de explotar. “Una vez en la radio me preguntaron que qué había hecho para que no me dieran una oreja. Y yo, de broma, dije que como no me hubiese tirado a la mujer del presidente no sabía. Se lió”. Con el yoga trató de trabajar la concentración, focalizar esa dispersión. “Me gusta mucho. Iba por la mañana y por las tardes. Una modalidad a 40 grados, se coge flexibilidad. Para estar hora y media praticándolo hay que estar muy concentrado. Tiene cierta semejanza con el toreo”.

Y cayó en los toros. “De niño decía que quería ser torero o bombero. Me gustaba el riesgo”. En su familia, madre francesa y padre español, propietario de un restaurante, “alguna vez he ayudado a fregar allí”, no había mecha suficiente. Fue un tío quien lo llevó a la plaza. “Con 12 años me apunté a la escuela taurina y me resultó distinto a todo lo anterior. Nos juntábamos con gente mayor, había libertad y disciplina. Esa época fue la más bonita”.

JUGARSE LA VIDA

“¿Cuándo viene el fotógrafo?”, pregunta en medio de runners y turistas. La camisa vaquera le queda ancha. Los Levis también un poco. Las gafas de sol redondas se las ha quitado hace un rato. No hay clichés. El lugar común está despoblado. En la época del bienestar, de las carreras universitarias, del trabajo en Londres o las cenas, de la inmediatez, la start up de Instagram, la felicidad ahora, hay jóvenes que todavía quieren ser toreros. ‘Sé torero’. Jugarse la vida con un plato de comida en casa y una familia esperando. Ahora esperan los padres, no los hijos. ‘Más cornás dan los apuntes’ es el nuevo “más cornás da el hambre”. Las historias de El Cordobés o Palomo Linares, que llenaban el estómago de pitones y miedo, van sonando ya a leyenda.

“Hombre”, concede Román, “no es una profesión muy común. Tengo muchos amigos que no tienen nada que ver con el mundo del toro o lo desconocen. Trato de llevar una vida normal aunque hay que hacer ciertos sacrificios”. O renuncias. “Estudié en el liceo francés hasta bachillerato, que lo hice en un instituto, el científico, y en segundo me hicieron repetir. Estaba a punto de debutar en Valencia, viajaba mucho a Cádiz, me fue bien. Para no estar ni en una cosa ni en otra, me decanté por los toros. Espero no tener que arrepentirme nunca”.

Otros lo han podido compaginar.

-Ya lo sé. Son cosas distintas. Tiene mérito hacerlo. Les admiro. Yo tomé la alternativa con 21 años. Cada uno tiene su forma de verlo.

A los veinteañeros que se juegan la vida este sintagma es un estribillo, lo que les ha sonado siempre. “No era consciente de ello. ‘El torero se juega la vida’, sí, te lo dicen. Hasta la tragedia de Víctor Barrio. Eso cambió la percepción: desde entonces salgo a la plaza pensando en que puedo no volver, no volver a ver a mis padres o mi novia”. “Precisamente me acuerdo casi todos los días”, insiste. “Me chocó muchísimo. Me cuesta asimilarlo”.

¿Entonces?

“Me hace feliz jugarme la vida. Disfruto con esa incertidumbre”. La imagen del miedo revuelve, asoma. “Existe el miedo a no controlar nada, verte incapaz, y a la responsabilidad. En Madrid pesa más lo segundo. Pensando en ello me sudan las manos. Es miedo a que quieres que salgan las cosas”.

“Me gustaría crear una protectora de animales”

Román tiene dos perros. Se ha llegado a un punto en el que esto es noticia: un torero con perros, paren algo, La Edición aunque sea. “Mi vida no tendría sentido sin los animales”, dice. “Una de las cosas que me encantaría crear es una protectora. Adopté a mi perra, me da pena que los abandonen. Tendría una granja escuela en casa”. Incluso desde los propios aficionados se ha demonizado el hecho de tener mascota. “Es de locos. Dudo que haya gente que trate mejor a los perros que yo”.

En la vorágine de prejuicios y compartimentos estancos hay ciertas cosas olvidadas, como la pena. Los toreros tienen pena de qué. “Tengo que decir que sí. Cuando descabellas varias veces sientes un poquillo… Pobrecillo”, lanza rápidamente. “O cuando se parten las pezuñas o se les cae un pitón. Al ocurrir algún tipo de accidente dices ‘sí, está sufriendo’. Lo ves sufrir. Pero eso no tiene nada que ver con ir al caballo o la lidia en general. El toro va y vuelve. Quiere otra vez pelea. Es bravo y en ese momento, por ejemplo, no sufre”. 

Otro mito. Tampoco se liga tanto. “Bueno, el torero tiene más facilidad igual que el actor. Pero no hay tantos mujeriegos. Hay de todo. Algunos no se comen ni un rosco”, aclara.

Como a tantos matadores, a Román le ha caído una palabra, una descripción tipo, comodín. Su forma de ser y de estar en el ruedo lo han puesto fácil a los fabricantes de lo plano. La suya es desparpajo. “Desparpajo, frescura. Estoy un poco harto. Quiero que se hable de mí como buen torero. Estoy evolucionando, trabajando para que así sea”, asegura. Torear en Madrid no le asusta. “Me gusta Madrid, casi más que Valencia. En Valencia no he podido ser yo todavía. Madrid determina la temporada, es exigente y se vuelcan. Pero hay días en los que no sabes qué estás haciendo mal y te descolocan. Te empiezan a pitar y no sabes qué hacer”, habla mirando hacia arriba.

Tiene la inocencia del optimismo, la inercia, como si fuese verdad que con actitud todo es posible, la fórmula mágica. “Todo sale. Aunque pienses que no, el toro pasa. Se puede intentar todo”. 

¿Te arrepientes de algo en la plaza? 

“No había banderilleado nunca hasta el festival de Adrián. Pegué un petardo monumental. Me sentí… hubo un momento en el que iba a saludar pero me estaban pitando. No sabía si pedir perdón o qué. En ese momento sí sentí vergüenza”.

Sentado en el suelo habla de los intereses, de que “el toreo debe ser justo, lo que no me gusta del sistema es eso”. Sobre la hierba juguetea con un palo, intentando tapar el agujero de sus pantalones. “El futuro de la tauromaquia lo veo a veces muy negro. Como que no quiero verlo pero dices… No le veo más de 40 o 50 años. Nos hemos dado cuenta un poco tarde de eso. Nos hemos acomodado”, se pone serio. “Es que no se puede permitir que una ciudad como Barcelona no tenga toros”, salta. 

¿Crees en Dios? 

“No, aunque rezo. Rezo porque sí”. 

Ni se le ocurre abandonar. “Debe haber un problema muy gordo para hacerlo pero no porque me lo diga la mujer de mis sueños”.

Publicado en El Español

Morenito afronta su primer paseíllo en la feria de San Isidro

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De S y S.


Morenito de Aranda afronta hoy su primer paseíllo en Las Ventas de la presente temporada. Primera cita entre el burgalés y el coso de la calle de Alcalá, gran baluarte y timón de la carrera del ribereño que lleva triunfando en esta plaza durante las dos últimos años con más fuerza y más contundencia que nunca. Madrid ha sido la plaza que ha sostenido la carrera de Morenito durante los dos últimos ejercicios. Y hoy vuelve.

Para la primera cita de Morenito con Las Ventas, una corrida de El Ventorrillo, ganadería muy del gusto del burgalés y con la que ha cuajado tardes importantes en esta misma plaza.

Morenito torea en Las Ventas en la segunda de abono tras haberse aperturado ayer el abono con una corrida de La Quinta que estoquearon Alberto Aguilar, David Galvan y Javier Jiménez.

Para esta tarde, junto al arandino, Eugenio de Mora y Román. Tres toreros de distinta condición y concepto.

Eugenio de Mora es la madurez, la experiencia, el poso, la solera y el clasicismo. Morenito es la personalidad, la expresión y la exquisitez del destello, la sorpresa. Y Román es la frescura, la ambición, las ganas, la juventud. Tres toreros con carta de naturaleza en Las Ventas.

Morenito torea en Madrid con el objetivo de poner en valor su carrera. De dar un golpe de timón a su trayectoria tras haber abierto la Puerta Grande hace dos temporadas y haber cortado un trofeo hace un año. Ahora, regresa a un escenario, donde su último paseíllo lo realizó en la pasada feria de Otoño frente a toros de Adolfo Martín, en una tarde en la que sin cortar orejas, dejó muy buenas sensaciones.

«No me preocupa otra cosa que no sea torear y expresar lo mejor de mí», señaló ayer Morenito. «Los años me han dado un aprendizaje y una tranquilidad que me aporta pausa y sensaciones muy bonitas para transmitir al público», subraya el arandino que se siente reconocido, querido y respetado por el público de Madrid: «Me gusta torear en Las Ventas porque es una plaza que sabe captar lo bueno y donde he sentido cosas tan sumamente especiales que como torero me motivan y me alimentan por dentro».

Junto a Morenito hará el paseíllo en su cuadrilla el subalterno burgalés Roberto Martín ‘Jarocho’. Dos burgaleses cruzando el albero de Las Ventas a las siete de la tarde de hoy en Madrid y presencia en los tendidos de aficionados arandinos y burgaleses que han programado viaje hasta la calle de Alcalá de Madrid.

El ribereño llega a Las Ventas en un gran momento profesional. Con dos corridas en su haber este curso, el arandino demostró en la plaza francesa de Arles el pasado Lunes de Pascua que su toreo ha ganado muchos enteros y lo dejó patente frente a un exigente corrida de Pedraza de Yeltes.

Publicado en Correo de Burgos