Antoñete, torero de culto y de Madrid

Antoñete, paladín del clasicismo: pecho fuera, pierna para adelante, pero toreo ligado en el sitio de Manolete. Los grandes toreros de la segunda mitad del siglo XX siempre han vuelto al mismo sitio: maneras belmontinas, pero técnica manoletista, única forma de torear admitida por todos, toreros y público.

Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo.

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Fallece el empresario tapatío Francisco Baruqui, autoridad de la fiesta brava 

Estaba en Madrid para asistir a la Feria de San Isidro, en donde fue reconocido por su trabajo como jurado.

El empresario y columnista  Francisco Baruqui, especialista en tauromaquia y quien publicó sus reseñas en este periódico desde 1973, falleció este miércoles en Madrid, España.

Nacido en Guadalajara en 1943, Baruqui Michel fue conocido como una autoridad de la fiesta brava y un duro crítico que se ganó a pulso el respeto en esa profesión, con constantes exigencias por proteger y regular mejor esa práctica en Guadalajara.

Fue hijo de un médico de origen libanés que instaló, en una casa de Reforma y Pino Suárez, el primer laboratorio de sangre que hubo en Guadalajara. En los altos de la finca nació y vivió junto con sus hermanos José Luis y Teresa.

Baruqui Michel escribió para EL INFORMADOR por más de cuatro décadas como columnista y reseñista. Pupilo de Fermín Espinosa Saucedo “Armillita Chico” y del escritor y crítico taurino Manuel García Santos, fue por más de tres décadas jurado calificador en la Feria de San Isidro en Las Ventas de Madrid, además de crítico taurino en Radio España.

Expositor de seminarios de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, fue también corresponsal de las revistas españolas El Ruedo, Toro, Fiesta Nacional, Tauromagia, Tauridia y Tauromaquia. Fundó y presidió la Unión de Cronistas Taurinos del Estado de Jalisco; también fue presidente de la Comisión Taurina de Guadalajara y coautor del Reglamento Taurino de Guadalajara.

Descanse en paz.

Twitter @Twittaurino

San Isidro 2017: Grosero toreo de El Fandi con un toro de triunfo


Por Carlos Ilián.

Seria actuación de José Garrido en el tercer toro y en conjunto corrida ramplona de Fuente Ymbro

Lo que cuesta que salga un toro que se emplee con codicia y recorrido en la muleta, que transmita el fundamento del toro bravo y cuando sale, como ayer el cuarto, de nombre Hortelano, va y se encuentra con El Fandi que lo ofende a base de trallazos, de torear a distancia cósmica, de groseras situaciones como citar del revés abusando del ventajismo más descarado. 

Intentó El Fandi, en una serie sobre la mano izquierda, componer mejor, templar y, al menos, situarse algo más a tono con la clase del toro. Pero aquello fue apenas un espejismo.

Las protestas de los aficionados cabales lo terminaron de descomponer y ya al final se echó de rodillas para torear por manoletinas que a nadie conmovieron. Y es que ya estaba vendido todo el pescado. 

Ni la estocada rinconera y efectiva le sirvió a pesar de que el sector más blando de la plaza pidió una orejita. La muerte fulminante del toro tiene esos efectos para el público. Por supuesto que no hubo trofeo y si una fuerte división de opiniones. 

En su primero quiso enmendar un fallo en banderillas colocando un cuarto par cuando ya se había cambiado el tercio. Insistió descaradamente pero el palco se mantuvo en su sitio. Fandi tal vez pensó que estaba en Brihuega…

Lo más serio de la tarde llegó en la muleta de Joisé Garrido en el tercero, un toro que sacó mucho genio y que el joven torero le plantó cara en la distancia corta, embarcçandolo en unos naturales, no perfectos pero con mucha verdad. Las bernardinas cambiando el viaje fueron de mérito pero la espada lo dejó sin una oreja que le hace mucha falta en Madrid

Perera insistió con cierta pesadez ante un lote de cara alta y movimientos trastabiullados., como el sexto.

Plaza de Madrid. Séptima corrida. Más de tres cuartos de entrada. Toros de FUENTE YMBRO (4), una corrida seria de presentación y ramplona de comportamiento aunque el 3º y especialmente el 4º se emplearon en la muleta. 

EL FANDI (3), de azul marino y oro. Dos pinchazos y dos descabellos (silencio). Estocada caída (saludos con protestas). 

MIGUEL ÁNGEL PERERA (5), de turquesa y oro. Bajonazo (silencio). Estocada trasera y desprendida (silencio). 

JOSÉ GARRIDO (6), de grana y oro. Pinchazo hondo y dos descabellos. Un aviso (saludos). Dos pinchazos y media estocada. Un aviso (silencio).

Publicado en Marca

Feria de San Isidro: Garrido, un torero contundente


Por Antonio Lorca 

Foto Bernardo Perez (El País)

El Fandi solo pudo escuchar una ovación con el mejor toro de una decepcionante corrida de Fuente Ymbro.

Ciertamente, lo estropeó al final con dos feos pinchazos al sexto, pero José Garrido se había mostrado toda la tarde como un torero de una pieza, hecho y derecho, valeroso y artista, muy serio y contundente.

Lo demostró sobradamente ante el tercero. Brindó a Don Juan Carlos, se marchó hasta la boca de riego y allí recibió al toro con dos ceñidos estatuarios y dos ayudados, tres naturales y el obligado de pecho que supieron a gloria. Continuó con la mano derecha y las dos tandas siguientes resultaron premiosas por la escasa fortaleza del animal, pero se notaba que allí estaba pasando algo importante. Tomó la muleta con la zurda, obligó a embestir de verdad a su oponente y surgieron notables naturales, y uno ellos monumental. Ante la tenue luz de la casta del toro, se cruzó y volvió a lucirse antes de ejecutar unas ajustadas bernardinas que acabaron por convencer al respetable. Mató mal, y la oreja que tenía ganada a ley se esfumó justamente.

Volvió a intentarlo con el sexto, con menos brío que el tercero, comprometido y responsable, y a fe que se mostró como un torero a tener muy en cuenta. Exprimió la muy escasa clase del toro, y todo lo emborronó con la espada. Pero está empezando, como quien dice, y merece todo el crédito. Ahí hay figura.

Él fue el mejor torero de la tarde, y el mejor toro fue el cuarto. No coincidieron, lo que suele suceder para decepción nuestra. El buen toro, que hizo una pelea desigual en varas, galopó en banderillas y derrochó encastada nobleza en la muleta le tocó a El Fandi, quien ofreció la mejor versión de sí mismo, lo que no fue suficiente para emocionar a la parroquia. Se esmeró con cuatro pares de banderillas -en el primer toro falló en uno de ellos y el presidente no le permitió continuar con los garapullos-; inició la faena de muleta de rodillas y se lució de verdad con dos redondos, un circular completo y muy templado y, ya de pie, cerró con un meritorio pase de pecho.

A estas alturas, el toro había enseñado el carné: clase, prontitud, fijeza y transmisión. Hasta siete tandas dio El Fandi, dos de ellas con la izquierda, pero no consiguió emocionar como el toro merecía. Acabó con manoletinas de rodillas en un ardid desesperado para animar los corazones, pero no. Una estocada baja acabó por deshacerlo todo.

Dibujó dos sentidas verónicas y una media en el recibo a su primero, al que banderilleó con prisas y escaso acierto; y la muleta no dijo nada. Tampoco el toro era de muchas palabras.

Y Perera pasó desapercibido. Tuvo el peor lote, es verdad, pero no fue el torero poderoso de otro tiempo. Bien de verdad su subalterno Curro Javier, torerísimo con el capote.

¿Y la corrida? A excepción del cuarto, otra birria.

Fuente Ymbro/El Fandi, Perera, Garrido

Toros de Fuente Ymbro, bien presentados, a excepción del quinto; mansos y descastados. Destacó el cuarto por su encastada nobleza en la muleta.

El Fandi: dos pinchazos y dos descabellos (silencio); estocada baja (ovación).

Miguel Ángel Perera: bajonazo descarado (silencio); estocada trasera (silencio).

José Garrido: _aviso_ media y dos descabellos (ovación); dos pinchazos _aviso_ y media estocada (silencio).

Plaza de Las Ventas. Séptima corrida de feria. 17 de mayo. Más de tres cuartos de entrada (19.928 espectadores).

Asistió el Rey Don Juan Carlos desde la meseta de toriles.

La corrida de hoy
Toros de Parladé, para Curro Díaz, Iván Fandiño y David Mora.

Publicado El País 

Miguel Hernández, un torero fastidioso


Por Antonio Lorca.

“Que la realidad no te fastidie un buen titular”, reza el viejo adagio periodístico. Tal que así es lo ocurrido en el Ayuntamiento de Alicante, en el que los grupos de izquierda Guanyar Alacant y Compromís, que gobiernan en un tripartito con el PSOE, se negaron a aceptar los carteles taurinos de la feria de Hogueras porque el cartel incluía la imagen del poeta Miguel Hernández, junto a uno de sus poemas en defensa del toro.

El asunto está solucionado, como corresponde a un estado democrático, aun cargado de deficiencias, pero evidencia la contradicción en la que se mueven algunos grupos políticos en relación con la fiesta de los toros.

Debe reconocerse, en primer lugar, que la idea de utilizar —en el mejor sentido del término— la imagen del poeta de Orihuela para ilustrar el cartel anunciador de la feria ha sido sencillamente brillante. Parece que la iniciativa partió de Ignacio Lloret, gerente de la empresa taurina de Alicante, y la plasmó José Ramón Lozano, director de comunicación y diseñador en su tiempo libre. Enhorabuena a los dos, pues no han hecho más que servirse de la realidad para escribir el mejor titular posible con motivo del 75 aniversario de la muerte del artista.

Miguel Hernández fue un poeta genial, un hombre de izquierdas y aficionado a los toros. Criado entre cabras y caballos de picar, conoció pronto la tauromaquia, se sintió fascinado por el toro y sus circunstancias y a ellos dedicó algunos de sus mejores poemas; como el que ilustra el cartel: … Despierta…toro: esgrime, desencadena, víbrate. Levanta, toro: truena, toro, abalánzate. Atorbellínate, toro: revuélvete. Sálvate, denso toro de emoción y de España…

Trabajó junto a José María de Cossío en la magna enciclopedia Los Toros, y pasó muchas horas en la Biblioteca Nacional recopilando datos biográficos de muchos toreros, cuyas historias fueron escritas por el poeta. Según diversos autores, suyas son las biografías de José Ulloa Tragabuches, Antonio Reverte Jiménez, Manuel García El Espartero y Rafael Molina Sánchez Lagartijo, todas ellas publicadas en el tomo III de la enciclopedia Los Toros (Madrid, 1945).

Antes y después de su encuentro con Cossío, el toro es una de las grandes metáforas en la obra de Miguel Hernández; el toro expresaría no solo la tragedia y la gloria de la existencia humana, sino el espíritu telúrico e inmortal de España, según Mariate Cobaleda, doctora en Filosofía, y autora de un estudio sobre el simbolismo del toro en la obra del poeta. Resalta, asimismo, el semblante heroico del torero de Miguel Hernández, “un torero que se inicia en la nobleza y el valor por la capacidad de tragedia que implica la lidia”. El poeta convierte al diestro en protagonista, siempre desde el trágico instante de la cogida, un nefasto suceso que glorifica y honra al torero, “al que entiende como un espejo de la humanidad”.

Ese es el pensamiento de Miguel Hernández, y así perdurará para siempre.

 La izquierda alicantina se opone al cartel para sobrevolar sus propios escrúpulos y acaba aceptándola para no ser tachada de autoritaria

Él, como García Lorca, Alberti o el filósofo Ortega y Gasset, entre otros, fueron hijos de su época, intelectuales insignes y espíritus sensibles que apreciaron en la fiesta de los toros algo más que el color de la sangre.

Ahí queda su memoria, la memoria de España, la cultura y la historia, para bien o para mal, guste o no guste, pero a la que no se puede renunciar.

Ese es el error principal de la izquierda alicantina, mezclado con una estratagema propia de quien posee una ideología ligera de equipaje: se oponen a la imagen taurina del poeta para sobrevolar sus propios escrúpulos, y acaban aceptándola, por imperativo legal, para no ser tachados de autoritarios.

Lo único que está claro es que Miguel Hernández representa el toro y es torero, y, como tal, una molestia para quienes consideran que la tauromaquia es una afición propia de bárbaros.

La realidad del poeta les ha fastidiado el buen titular que sostiene su estrategia política.

Que sigan siendo, pues, antitaurinos, y aprendan, también, del poeta al que dicen admirar: “No soy de un pueblo de bueyes/ que soy de un pueblo que embargan/ yacimientos de leones,/ desfiladeros de águilas/ y cordilleras de toros/ con el orgullo en el asta”.

Publicado en El País