La esencia de Curro en Campo Pequeño

Por Gonzalo I. Bienvenida.

Despacio, erguido, sonriente apareció Curro Romero una hora antes de la corrida en la que se le homenajeaba. Entró por la puerta grande que le vio salir a hombros hace 60 años. El hito se dio en su presentación como novillero en Portugal. Campo Pequeño vibró con un entonces novel Romero que durante 40 años marcaría una época en el toreo.

Tras el paseíllo de Morante y Manzanares formados con sus cuadrillas a la portuguesa, se hizo el silencio en el precioso coso lisboeta. La historia de la plaza está marcada por aquella faena del maestro, como explicaron los organizadores a través de la megafonía.

Curro Romero aguardaba en uno de los palcos. Morante y Manzanares le saludaban montera en mano. Desde lo alto agradecía la atronadora ovación. Sonriente, abriendo los brazos. Los aplausos de las más de 8.000 almas rebotaban en la cubierta. Los toreros descubrían la placa de mármol que conmemorará para siempre aquella actuación premiada con cinco vueltas al ruedo. La pasión desbordada de la afición portuguesa le llevó por las calles de Lisboa a hombros cerca de cuatro kilómetros.

Los matadores portugueses de su época arroparon al maestro: Mario Coelho, Armando Soares, José Julio y Ricardo Chibanga. Además de Rui Bento, torero y empresario de la plaza y de su ahijada de alternativa, Cristina Sánchez.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Campo Pequeño.

Jueves, 5 de julio de 2018. Lleno. Toros de Paulo Caetano, de desigual presentación y escaso juego.

Joao Telles Jr, Vuelta al ruedo en sus dos turnos.

Morante de la Puebla, de nazareno y oro. Saludos, palmas y saludos en el sobrero de regalo.

José María Manzanares, de azul marino y oro. Saludos y silencio

Publicado en El Mundo.

Anuncios

Luis Mazzantini y seis toros de Miura

Por

José Antonio Sotomayor

Aunque es muy aventurado precisar cuándo ocurrió, por primera vez, un suceso en el mundo de los toros, anoto que el primer espada que se encerró, una encerrona lo llaman en México, con seis ‘miuras’ fue Luis Mazzantini. Lo conté en el libro que publiqué, hace muchos años, con esa ganadería y sus sucesivos propietarios como protagonistas. Entonces me apoyé en un comentario del cronista ‘Pánico’ en la revista Sol y Sombra. En la crónica de la novillada celebrada el 4 de agosto de 1907, en Sevilla, escribió: “Desde que Mazzantini en sus buenos tiempos estoqueó solito seis terribles ‘miureños’, el caso no se había repetido”. No precisaba la fecha del suceso. Buscando crónicas, en el Boletín de Loterías y de Toros, para la redacción de un libro en el que cuento la historia de la ganadería de Nazario Carriquiri, precisamente en el año del fallecimiento de este, por casualidad, encontré una croniquilla de la corrida mencionada al comienzo. Lo de los buenos tiempos de Mazzantini que decía ‘Pánico’, invita a pensar que fue en la época de más esplendor del matador de toros. Realmente fue unos meses después de tomar la alternativa de manos de ‘Frascuelo’, doctorado que le confirmo ‘Lagartijo’. De su valía, de la de Mazzantini, dice mucho el haber permanecido en primera fila junto a los anteriores, seis y nueve años, respectivamente, y haber competido, o al menos estar entre los primeros, durante toda la trayectoria profesional de ‘Guerrita’.

Volviendo a la corrida de los seis ‘miuras’, se celebró el 12 de octubre de 1884 en Sevilla. La reseña del corresponsal de la revista Boletín de Loterías y de Toros es muy escueta. Sí cuenta que “el matador demostró condiciones muy especiales para llegar a ser un buen torero”. Esto ratifica mi comentario de más arriba. Y aún abunda más en esto cuando afirma: “Mazzantini considerado como aficionado, es superior. Como matador de toros, deja mucho vacio para la afición; no es tampoco acreedor a la protesta que ciertos aficionados, ‘de cañas y aceitunas’, le tenían preparada”. Hoy, como ayer. Esto lo añado yo. El torero de Elgoibar estuvo incansable durante toda la corrida. Realizó quites, banderilleó, y muy bien, y a la hora de matar, lo que siempre fue su fuerte, llegó varias veces con la mano al morrillo. Las faenas fueron buenas, malas y también regulares, pero, dada la poca experiencia del espada en aquellos días, el conjunto fue muy aceptable. El público comprensivo le aplaudió, no por la calidad que, como he dicho, no siempre la hubo, sino por la entrega, el pundonor y el deseo de complacer a los asistentes. En aquella época se hacían muchas estadísticas de las actuaciones, y en esta ocasión el revistero de la publicación citada contabilizó 147 pases de muleta, más de 24 de media por cada toro; 10 pinchazos, ocho estocadas y dos descabellos; en banderillas clavó tres buenos pares; los toros de Miura tomaron 50 varas, dieron 19 caídas y mataron 15 caballos. Y como es justo hacerlo, anotó los subalternos destacados. Dos picadores: Pinto y ‘Badila’; y tres banderilleros: Galea, ‘Pulguita’ y ‘El Primo’.

Si nadie descubre otra corrida de estas características, celebrada con anterioridad, fue la primera en la que un matador de toros se encerró con seis bichos de Miura. Después lo hicieron otros, no demasiados. Sobran dedos de las manos para contarlos.

Publicado en Grada

José Tomás cautiva en Algeciras

José Tomás por Arjona.

Por José Alberto Vásquez B.

Tan ponto se supo la noticia o tan pronto el presidente de la corrida sacó el pañuelo naranja del indulto al toro de Jandilla número 95 y de nombre “Libelula” se desató la crítica, nunca faltante de que si el toro era de indulto o no; o sí este perdón a su vida fue exagerado.

Lo cierto es que el toro indultado por Miguel Ángel Perera, que iba vestido de tabaco y oro en punto de cruz; es un toro de gran presencia, trapío y muy buenas hechuras, es decir, nada más de verlo ya hace pensar en que nació para algo grande.

De hecho y como dato curioso el mismo “Perera” según recuerda indultó hace años al padre de este toro. Una oreja. Indulto, orejas y rabo simbólicos. Ovación y vuelta, fueron los trofeos y reconocimientos que Perera echó a su espuerta.

Esa misma tarde, misma feria y plaza, el gran maestro José Tomás, vistió de luces, cosa que no hacía en España desde el 9 de septiembre del 2016, lo hizo aquí en México el pasado 12 de diciembre, muy probablemente esta sea su única corrida este año, pero mantiene esa deslumbrante personalidad.

José Tomás cautiva sólo con verlo, su presencia hace que todo lo demás quede en segundo plano. El vistió de verde botella y oro con remates y cabos albos. Es, pese a que muchos se resbalan en ello, el capitoste. El que no se deja manipular por todos los componentes del sector.

A su primero le cortó las 2 orejas 2 y en su segundo y tercero, no encontró enemigos, soso uno y parado el otro, pues se trató de corrida mano- ovación. Todo quedo, además de en la grandeza de J. Tomás en las dos orejas y ovación y ovación.

La prensa sentenció de los dos toreros: “Han estado como siempre, como nunca”

También misma plaza, misma feria en Algeciras que por la presencia del Príncipe de Galapagar se ha vuelto de gran importancia, en la novillada de feria un chaval mexicano muy prometedor Arturo Gilio hijo, ha salido triunfador con 2 peludas 2 en las manos.

Publicado en Intolerancia

Feria de San Fermín: Pamplona es una verbena

Orejas de regalo para los tres novilleros en el inicio del ciclo sanferminero.

Por ANTONIO LORCA.

Cadaval y Toñete cortaron una oreja cada uno, y dos Francisco de Manuel, que salió a hombros. Pues ninguno de los tres novilleros mereció trofeo alguno.

Pero Pamplona, su público y su presidente, es una verbena, impropia del prestigio que goza, y sonrojante para cualquier aficionado generoso y exigente con la categoría y la historia de la plaza.

Los triunfadores fueron los novillos de Pincha, una desconocida ganadería de Tolosa, de procedencia Marqués de Domecq, Los Guateles y Luis Algarra; seis escogidos ejemplares muy cómodos de presentación y pitones, que hicieron un aceptable pelea en varas y, en líneas generales, desarrollaron movilidad y nobleza en el tercio final.

Pero los jóvenes toreros no estuvieron a la altura de la calidad de sus oponentes. Incansables los tres a la hora de dar capotazos y muletazos, pero ninguno dejó nada para el recuerdo.

Los tres hicieron quites y se esmeraron con los capotes, y solo De Manuel dibujó dos medias verónicas en novillos de sus compañeros. Toñete lo intentó por delantales, verónicas y chicuelinas y nada le salió a derechas; y vanos intentos, también, de Cadaval y del propio De Manuel. El que sí se lució con el capote en las manos fue el subalterno Sergio Aguilar en la lidia del sexto.

Sin explicación alguna, el más joven de los tres paseó las dos orejas del sexto novillo. Tiene buenas maneras y corte torero, demostró valor y firmeza ante un animal que embestía con escaso recorrido y la cara a media altura, pero su decisión, un arrimón final y una estocada no pueden justificar tan abultado premio.

No tuvo suerte con su primer novillo que huía a la salida de cada muletazo, y el torero no pudo más que mostrar su entrega. A sus dos oponentes los banderilleó con facilidad y con más oficio que acierto.

Cadaval y Toñete sumaron muchos pases entre ambos, pero ya se sabe que torear es otra cosa. El toreo hay que sentirlo, y cuando tal milagro sucede se transmite a la velocidad de la luz a los tendidos, que vibran y saltan de contento.

Pues allí no saltó nadie y no porque estuviera más pendiente de la merienda que de los toreros, que en esta plaza no se perdona el bocadillo ni la tarde de la novillada, sino porque la labor de ambos toreros fue muy discreta, insulsa, desordenada y destemplada, en un torrente de muletazos despegados, iniciados siempre al hilo del pitón y fuera cacho. Y así no hay quien se emocione.

Cadaval lo hizo bien, sobre todo ante su noble primero, pero no levantó ánimo alguno; es decir, que no toreó. Se libró de la voltereta ante el cuarto, cuando lo citó de rodillas en el centro del ruedo al inicio de la faena de muleta. El animal se le vino cruzado y lo esquivó de milagro. Menos clase demostró ese novillo y no pasó nada.

Y Toñete tuvo el mérito de rehacerse con más prontitud de la debida de una seria lesión el campo. Tiene oficio y ganas, pero sus formas toreras son insípidas, carentes de hondura y empaque. El segundo novillo de la tarde fue excelente para la muleta, pero Toñete no destacó porque lo que le sobra de entrega le falta de inspiración. No mejoró ante el cuarto, pero si no falla con el descabello, también hubiera enfilado la puerta grande.

No es aceptable esta Pamplona tan simplista y generosa. Como no es serio ocultar la realidad de estos chavales, cargados de afición, sin duda, pero a los que han engañado entre un público de verbena y un presidente que flaco favor hizo al prestigio de la plaza.

PINCHA/CADAVAL,TOÑETE, DE MANUEL

Novillos de Pincha, justos de presentación, muy cómodos de cabeza, cumplidores en los caballos, nobles y con recorrido en el tercio final.

Alfonso Cadaval: estocada atravesada (vuelta al ruedo); estocada tendida (oreja).

Toñete: pinchazo y estocada (oreja); estocada contraria, un descabello _aviso_ y cuatro descabellos (silencio).

Francisco de Manuel: pinchazo y casi entera contraria y tendida (ovación); estocada (dos orejas). Salió a hombros.

Plaza de Pamplona. Primer festejo de la feria de San Fermín. 5 de julio. Más de tres cuartos de entrada.

Publicado en El País

Twitter @Twittaurino

Feria de Málaga 2018: Corridas de Toros

Javier Conde no toreará en la feria al no aceptar la imposición de un cambio de ganadería

La empresa ha incorporado una corrida de Fuente Ymbro en lugar de la de La Palmosilla que estaba pactada y presentada a la Diputación. La propiedad ha aceptado esta modificación que afecta al torero malagueño, que podría ser sustituido por Ferrera.

Por Daniel Herrera.

Horas antes de la presentación oficial de los carteles de la Feria Taurina de Málaga 2018, que tendrá lugar esta misma tarde, el abono que ofrecerá la empresa Toros del Mediterráneo ha sufrido una seria alteración al quedar fuera de la corrida del martes 14 de agosto el diestro malagueño Javier Conde.

Aunque la pasada semana se llegaba a un acuerdo total para su participación en este festejo con reses de la ganadería de La Palmosilla y en compañía de Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera, en la jornada del pasado martes se realizaron presiones por parte de alguno de los otros espadas para que se lidiaran astados de la ganadería de Fuente Ymbro.

Javier Conde no ha aceptado esta imposición, exigiendo que se respetase el acuerdo alcanzado previamente y que se recogía en la programación presentada el pasado viernes a la Diputación Provincial de Málaga, que sin embargo ha dado el visto bueno a la empresa para realizar esta alteración que perjudica claramente al torero malagueño.

Tras proponerse alternativas de hasta cinco ganaderías de primer nivel, la empresa no ha accedido a alterar su decisión de imponer los toros de Fuente Ymbro, por lo que se daban por rotas las negociaciones y se procedía a su sustitución por otro torero que abriera cartel, que podría ser Antonio Ferrera.

Inicialmente, Enrique Ponce solicitó la repetición de la corrida Crisol del pasado año con un mano a mano con Conde, que posteriormente fue evolucionando con la inclusión de Cayetano en la terna. Al modificar el planteamiento inicial y entrar Manzanares y Roca Rey en esa corrida de Juan Pedro Domecq el sábado 18, el menor de los Rivera Ordóñez decidía no estar en la feria, mientras que Conde aceptó esta segunda opción con la de La Palmosilla alcanzándose un acuerdo rápido que ahora se ha roto.

Precisamente Ferrera, el que se presume sustituto de Conde, ya fue con anterioridad damnificado a última hora en la confección de los carteles, al caerse en beneficio de El Fandi del cartel del miércoles 15 de agosto. En este caso, la modificación sí que se realizó con tiempo suficiente para que quedara reflejada en el documento remitido a la institución propietaria de la plaza.

El serial está compuesto por cinco corrida de toros, una de ellas mixta, una corrida de rejones y una novillada. También fueron dados a conocer los carteles del XIII Certamen Internacional de Escuelas Taurinas ‘La Malagueta’. Son los siguientes:

Martes 7 de agosto: Julio Alguiar, Escuela Taurina Diputación de Málaga; Miguel Aguilar, David Martínez,Escuela Taurina de Guadalajara; Jorge Rivera, Escuela Taurina de Castellón; Guillermo García, Escuela Taurina de Madrid y Francisco Fernández Andrades, Algeciras.(Gabriel Rojas).

Miércoles 8: Leandro Gutiérrez, Espectáculos Taurinos Aguascalientes; Álvaro Passalacqua, Escuela Taurina Diputación de Málaga; Jaime Gonzalez-Ecija, Escuela Taurina de Écija; Jorge Martínez, Escuela Taurina de Almería; Carlos Domínguez, Escuela Taurina de Badajoz;Angelín, Escuela Taurina de Murcia (Virgen María).

Jueves 9: Álvaro Seseña, Escuela Taurina de Madrid; Miguelito, Escuela Taurina de Valencia; Jorge Pérez, Escuela Taurina de Valencia; Joao D’Alva, Escuela Taurina Vilafranca de Xira; Rafael León, Escuela Taurina Diputación de Málaga; Fran de Vane, Escuela Taurina de Albacete (Santiago Domecq).

Viernes 10: Gran final con los tres novilleros mejor clasificados (Juan Pedro Domecq).

Las combinaciones son las siguientes:

Domingo 12: El Cid, Paco Ureña y José Garrido (Lagunajanda).

Lunes 13 (Novillada) : Curro Márquez, José Antonio Lavado y Corruco Chico (Toros de la Plata).

Martes 14 (Corrida Picassiana): Antonio Ferrera, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera (Fuente Ymbro) .

Miércoles 15: El Fandi, López Simón y Ginés Marín (Santiago Domecq).

Jueves 16: Diego Ventura, Enrique Ponce y El Juli (Guiomar Cortés de Moura, para rejones, y Vellosino).

Viernes 17: Juan José Padilla, Alejandro Talavante yFortes (Núñez del Cuvillo).

Sábado 18: Enrique Ponce, José María Manzanares y Roca Rey (Juan Pedro Domecq).

Domingo 19: Pablo Hermoso de Mendoza, Lea Vicens yGuillermo Hermoso de Mendoza (Fermín Bohórquez).

Fuente: La Opinión de Málaga.

Muerte en la Tarde – Cincuenta y siete años sin Ernest Hemingway.

Cincuenta años se han cumplido de la decisión de Ernesto el de los toros de partir sin más, de dejar la vida cortándose enrabietado su coleta.

Parte Hemingway diferencia en su obra al bos taurus del resto de los elementos su misma especie, cosa que los hoy “defensores” del toro de lidia no hacen. Describe su concepto de toro bravo, la importancia de su selección y los motivos por las cuales el ejercicio del puyazo es razón fundamental en la lidia y los casos que sustentan su dicho.

A medio siglo de haber seguido el camino que luego emprendería Juan Belmonte en “De Sol y Sombra” consideramos fundamental la lectura del siguiente fragmento de “Muerte en la Tarde”. Extenso e importantísimo. Esperamos lo disfruten.
Muerte en la Tarde (Death in the Afternoon) Capitulo IX.

Por Ernest Hemingway.

El toro de lidia es, con relación al toro doméstico, lo que es el lobo en relación al perro; un toro doméstico puede tener mal carácter y ser maligno, como un perro puede ser maligno y peligroso. Pero no tendrá jamás la rapidez, el vigor, la musculatura y nervios ni la particular estampa del toro de lucha, como el perro no puede tener los nervios del lobo, su astucia ni su avidez.

Los toros destinados al ruedo son animales salvajes; proceden de una raza que desciende en línea recta de los toros salvajes que en otro tiempo pastaban por la Península, y se crían en dehesas con miles de acres de pastos, en donde viven como animales en completa libertad. Sus contactos con los hombres se reducen al mínimo, hasta que aparecen en el ruedo (…)

Un año que estábamos en España, la cosa sucedió ante la última casa de un pueblecito de la región de Valencia. Un toro tropezó y cayó, y los otros le habían rebasado ya cuando se puso en pie. Lo primero que vio fue una puerta abierta, en donde estaba un hombre; cargó sobre él, le echó a lo alto, lo lanzó hacia atrás por encima de su cabeza. En la casa no vio a nadie y el toro entró por las buenas. En un dormitorio había una mujer sentada en un sillón. Era muy vieja y no había oído nada. El toro hizo trizas el sillón y mató a la vieja en un santiamén. El hombre que había lanzado al aire cuando estaba en la puerta apareció con una carabina para proteger a su mujer, que yacía en un rincón, a donde el toro la había arrojado.

Disparó casi a quemarropa pero no hizo más que rozarle los lomos. El toro se lanzó sobre el hombre, le mató, vio un espejo, se abalanzó sobre el espejo, embistió e hizo trizas un gran armario antiguo y luego salió a la calle. Avanzó un poco, encontró un caballo y una carreta, embistió y mató al caballo, derribando la carreta. El conductor se había quedado dentro. Los mayorales de la manada, mientras tanto, se habían dado cuenta de lo sucedido y volvían por el camino al galope de sus caballos, levantando una nube de polvo. Hicieron adelantarse a dos bueyes, que atraparon al toro, y tan pronto como se puso un buey a cada uno de sus flancos, la giba de su espalda se bajó, agachó la cabeza y, trotando entre los dos cabestros, se reintegró tranquilamente a la manada.

Se han visto en España toros que embestían a un automóvil e incluso detenían un tren, poniéndose en la vía férrea y negándose a retroceder o a dejar libres los raíles mientras el tren estaba detenido, y cuando, al fin, con gran estridencia de silbato, el tren se ponía en marcha, el toro cargaba a ciegas contra la locomotora.

Un toro de lidia verdaderamente bravo no tiene miedo a nada, y en algunas ciudades de España montan espectáculos especiales y bárbaros, tales como un toro acometiendo incansablemente a un elefante; otros toros han matado a leones y a tigres, contra los que se lanzaban tan alegremente como si fueran picadores. Un verdadero toro de lidia no tiene miedo a nada ni a nadie y, en mi opinión, es el animal más hermoso que pueda verse, ya sea en movimiento o en reposo.

Partiendo al mismo tiempo que un caballo, un toro de lidia le vence en una carrera de veinticinco yardas, aunque un caballo le vence en una carrera de cincuenta. El toro puede girar sobre sus pies tan rápidamente como un gato y puede dar la vuelta más rápidamente que un «poney», y a los cuatro años tiene fuerza suficiente en los músculos del cuello y de los lomos como para levantar en vilo a un caballo y su jinete y arrojarlos por encima de sus costillas.

Muchas veces he visto yo a los toros embestir las tablas de una pulgada de espesor de la barrera con sus cuernos, o, mejor, con su cuerno, ya que emplean siempre uno u otro, y hacerlas trizas; y en el museo del ruedo, de Valencia, hay un estribo de hierro que un toro de la ganadería de don Esteban Hernández perforó de una cornada hasta una profundidad de cuatro pulgadas. Y este estribo se conserva, no porque sea un caso único, sino porque en esta ocasión, el picador, milagrosamente, no resultó herido por la cornada.

Hay un libro, hoy agotado en España, titulado Toros célebres, que contiene las crónicas, por orden alfabético, según los nombres que les dan los ganaderos, la manera de morir y las hazañas de unos cuantos toros célebres, en unas ciento veintidós páginas, en total.

Hojeándolo al azar, encontraréis a Hechicero, de la ganadería de Concha y Sierra, un toro gris, que en 1844 envió en Cádiz al hospital a todos los picadores y a todos los toreros que tomaban parte en la corrida, un mínimo de siete hombres, después de haber matado a siete caballos.

Víbora, de la ganadería de don Jesús Bueno, fue un toro negro que, en Vista Alegre, el día 9 de agosto de 1908, nada más entrar en el ruedo, saltó la barrera y embistió al carpintero de la plaza, Luis González, abriéndole una enorme herida en el muslo derecho. El torero encargado de matar a Víbora fue incapaz de hacerlo y el toro fue devuelto a los corrales. La cosa no sería digna de recordarse al cabo de tanto tiempo, excepto, acaso, por lo que se refiere al carpintero, y si Víbora figura en el libro, es, probablemente, porque su acción tenía algo de intempestiva y a causa, sin duda, de la impresión reciente que había hecho sobre los compradores del libro, más que por ningún motivo de verdadero interés permanente.

No se hace mención de lo que el matador, llamado «Jaqueta», que no aparece en la historia más que en esta ocasión, hizo antes de ser declarado incapaz de matar a Víbora, y el toro pudo haber sido memorable por una razón más importante, que por el hecho, poco excepcional, de haber corneado al carpintero. Yo he visto con mis propios ojos a dos carpinteros corneados en una corrida y no he escrito jamás una línea sobre el particular.

El toro Zaragoza, criado en el cortijo de Lesireas, se escapó cuando le llevaban a la plaza en Boetia, Portugal el día 2 de octubre de 1898, e hirió a numerosas personas. Un muchacho, a quien perseguía, entró corriendo en el Ayuntamiento y el toro corrió tras él y subió por la escalera, hasta el primer piso, en donde, según el libro, causó grandes daños. Es muy probable que lo hiciera, en efecto.

Comisario, de la ganadería de don Victoriano Ripamilán, un toro rojo con ojos de perdiz, y largos cuernos, fue el tercer toro que había que lidiar el día 14 de abril de 1895, en Barcelona. Comisario saltó la barrera, se lanzó sobre las primeras filas del tendido y, saltando entre los espectadores, según dice el libro, produjo el desorden y los daños que cabe suponer. El guardia civil Isidro Silva le dio un sablazo y el cabo de la Guardia Civil Ubaldo Vigueras disparó con su carabina, atravesando la bala los músculos del cuello del toro y yendo a alojarse en el lado izquierdo del pecho de un monosabio, Juan Recaséns, que murió inmediatamente. Se acabó atrapando a Comisario con una cuerda y murió a puñaladas.

Ninguno de estos episodios pertenece a los dominios de la tauromaquia pura, salvo el primero, ni tampoco puede incluirse en esta historia el caso de Hurón, un toro de la ganadería de don Antonio López Plata, que se batió contra un tigre de Bengala el 24 de julio de 1904, en la plaza de San Sebastián. Combatieron en una jaula de acero, y el toro acometía al tigre; pero en una de las cargas, rompió la jaula y los dos animales salieron al ruedo donde se hallaban los espectadores.

La policía, tratando de acabar con el tigre moribundo y con el toro, que estaba muy vivo todavía, disparó varias salvas, «que originaron varias heridas a varios espectadores». Leyendo la historia de estos variados encuentros entre toros y otros animales, tengo que deducir que eran espectáculos que se debieran evitar, o, al menos, que convenía contemplar desde los palcos más altos de la plaza.

El toro Oficial, de la ganadería de los hermanos Arribas, que fue lidiado en Cádiz el día 5 de octubre de 1884, cogió y corneó a un banderillero, saltó la barrera, cogió al picador «Chato» en tres ocasiones, cogió a un guardia civil, rompió una pierna por tres partes distintas a un guardia municipal y rompió el brazo a un sereno. Hubiera sido un animal ejemplar para cuando la policía aporrea a los manifestantes ante el Ayuntamiento.

De no haber muerto hubiera podido producir una estirpe de toros que odiaran a la policía y que hubiera devuelto a la multitud las ventajas que ha perdido hoy en día en las luchas callejeras desde la desaparición de los adoquines. Un adoquín, a corta distancia, es más eficaz que una porra o un sable. La desaparición de los adoquines ha hecho más por evitar el derrocamiento de los Gobiernos que las ametralladoras, las bombas lacrimógenas y las pistolas automáticas. Porque, cuando un Gobierno no quiere matar a los ciudadanos, sino simplemente, golpearlos, desbandarlos y obligarlos a someterse, con golpes planos de sable, no hay razón para que tal Gobierno sea derribado.

Todo Gobierno que emplea las ametralladoras, aunque no sea más que una vez, contra sus ciudadanos, caerá automáticamente. Se mantienen los regímenes con las porras y los golpes planos de los sables, no con las ametralladoras y las bayonetas, y, mientras hubo adoquines, no fue posible nunca aporrear a un populacho desarmado.

El tipo de toro que recordarían los aficionados a la fiesta brava, más bien que los aficionados a los combates con la policía, es Hechicero, que llevó a cabo sus hazañas en la plaza, contra toreros entrenados y desafiando el castigo. Hay en esto la misma diferencia que entre los combates de la calle, de ordinario más apasionantes, prodigiosos y útiles, pero de los cuales no hablamos, y un campeonato de boxeo. Cualquier toro puede matar al escaparse a un gran número de gentes y originar daños considerables, sin necesidad de tomar castigo; pero cuando, en su confusión y excitación, el toro salta al tendido, las gentes que están a su alcance corren menos peligro que un torero en el acto de entrar a matar; porque el toro, entonces, carga ciegamente contra la multitud y no trata de asestar contra ella sus cuernos.

Un toro que salta la barrera, salvo si da el salto en persecución de un hombre, no es un toro bravo. Es un toro cobarde, que trata sencillamente de escapar del ruedo. El toro realmente bravo acepta el combate y cualquier invitación a la pelea; el toro combate, no porque se ve obligado y arrinconado, sino porque quiere, y ese valor suyo se mide y puede ser medido sólo por el número de veces que, libre y voluntariamente, sin pataleos, baladronadas ni amenazas. El toro bravo acude al combate con el picador y por la insistencia que muestra bajo la pica, cuando la punta de acero de la puya ha entrado en los músculos de su cuello o de sus lomos y continúa su embestida, y después de haber comenzado a recibir realmente el castigo, con el hierro en el cuerpo, insiste hasta que el hombre y el caballo son derribados.

Un toro bravo es aquel que, sin ninguna vacilación y aproximadamente en el mismo sitio de la plaza, carga cuatro veces contra los picadores, sin prestar atención al castigo que recibe y embiste una y otra vez con el acero dentro de su cuerpo, hasta que ha derribado al jinete y a su montura.

Solamente por su comportamiento bajo la pica se puede juzgar y apreciar la bravura de un toro, y la bravura del toro es la raíz primaria de la fiesta brava. La bravura de un toro verdaderamente bravo es algo extraterrestre e increíble. Esa bravura no es simplemente malignidad, mal carácter o impulso de un animal acometido por el pánico y provisto de cuernos. El toro es un animal de combate y, cuando la raza ha permanecido pura gracias a una crianza cuidadosa, ese mismo toro se convierte, cuando no lucha, en el más tranquilo y apacible de todos los animales.

No son los toros más difíciles de manejar los que proporcionan los mejores espectáculos; los mejores toros de lidia poseen una cualidad, llamada nobleza por los españoles, que es la cosa más extraordinaria que puede verse. El toro es un animal salvaje, cuyo mayor placer consiste en la pelea y aceptará la que le ofrecen bajo cualquier forma, replicando a todo lo que tome por desafío.

Sin embargo, los mejores toros de combate reconocen y saben quién es el mayoral o guardián que los tiene a su cargo y, durante su viaje hasta la plaza, le permiten a veces hasta que los golpee y que los acaricie. He visto un toro que en los corrales dejaba al mayoral que le diera golpecitos en la nariz y le rascase, como si fuera un caballo, y le dejaba incluso montar sobre sus costillas, y que, cuando entró en la plaza, sin que le hubieran irritado previamente, cargó contra los picadores, mató cinco caballos y se mostró en el ruedo maligno como una cobra y bravo como una leona.

Por supuesto, todos los toros no son nobles; por uno que quiera hacer amistad con el mayoral, hay cincuenta que serían capaces de embestirle incluso cuando les lleva de comer, si vieran cualquier movimiento que les hiciera pensar que estaba desafiándolos. Todos los toros no son además bravos. Cuando tienen dos años, el ganadero pone a prueba su bravura enfrentándolos con un picador a caballo, ya sea en un corral cerrado o en campo abierto. El año anterior se les ha marcado con hierro candente, y, para hacerlo, los hombres a caballo los han derribado por medio de largas picas emboladas, y cuando, a los dos años, se les enfrenta con la prueba de las picas con punta de acero de los picadores, ya tienen su número y su nombre, y el ganadero anota las manifestaciones de bravura hechas por cada uno.

Los que no son bravos, si el ganadero es escrupuloso, son destinados al sacrificio; los otros son consignados en el libro según la bravura de que han dado muestras, de manera que, cuando el ganadero hace un envío de seis toros a la plaza para una corrida, puede dosificar las cualidades de su envío, según le apetezca.

Twitter @Twittaurino

LOS VOTOS, ¿VOTARAN LOS TOROS? Por Bardo de la Taurina

En estos días como que todavía uno no puede sustraerse a la monotonía que en los últimos meses hemos tenido que tragarnos, por no haber de otra sopa que lo han sido las refriegas políticas con su desenlace que fue el de meter los votos en las espuertas de la dicotomía donde unos como en el subibaja del parquecito agarraron ya su papalote a seguir taloneando, mas esto no exime de que entre los aficionados persista la intranquilidad por el sentir las amenazas de los políticos y de los seudo, que usaron durante su proselitismo una de las cantaletas que más reflectores les da pa’ llamar la atención y es la de la cruzada de los anti taurinos en pro de aniquilar la fiesta.

Y lo escrito arribita me lleva a hacer una analogía entre lo que sucedió con ‘El Tri’ en Rusia donde pa’ que seguirán viviendo unos días dependían de terceros y es aquí donde viene la reflexión qué pasaría si la fiesta, entiéndase toros, toreros, empresarios fuesen tan fuertes, solidos, generadores de atracción masiva, de empleos y de impuestos, ¿se les tomaría en cuenta y en serio como se hace con las industrias pujantes?, la respuesta es obvia y nos lleva a otra ¿porque no sucede así?

Seamos sinceros y realistas hace años que el espectáculo de las corridas y/o novilladas en atracción vienen en tobogán, ¿Quién lo puede levantar? Pues solo los básicos, los medulares los que brindan el espectáculo que repito son los toros, los toreros y los empresarios y es a ello los de casimir a quienes antes de sus contrataciones ineludiblemente tienen que hacerse de un filtro muy cerrado, escrupuloso que garantice que con los contratados se estaría brindando un espectáculo premier, que esto conllevaría a cerrarle la puerta a más de la mitad de los que vimos en las últimas temporadas y créanme que ni duele escribirlo porque viene respaldado por miles de gradas que se quedan vacías tarde a tarde en respuesta a que los que están ruedo y de lo que son capaces de realizar no es atrayente.

En particular la empresa capitalina tiene que pensar muy bien cómo va a armar carteles atrayentes sobre todo ahora que tendrá de compañera a una de las obras de construcción que tal vez sea la más grande de la ciudad, lo que por su naturaleza traeré muchas molestias a su entorno, me estoy refiriendo a la demolición del Estadio Azul y la edificación del macro proyecto comercial que ahí se edificara, por lo que a pensar con quienes encarar el nubarrón, pero sobretodo con quienes no.

Hemingway y las Fiestas de San Fermín: : “Describí una vez Pamplona y para siempre”

Por Corina Canale.

El 6 de julio de 1923 el escritor Ernest Hemingway se dejaba llevar, imposible no hacerlo, hacia la plaza del Ayuntamiento de Pamplona, ciudad que se cree que fundó el general romano Pompeyo.

Lo empujaba una multitud vestida de rojo y blanco que esperaba el “chupinazo”, el cohete avisador que se dispara desde los balcones del consistorio, para que comience la Fiesta de San Fermín.

Pamplona lo había intrigado con el encierro de los toros, el desenfrenado descorche de vinos y champán y la alegría pagana de una fiesta religiosa.

Y allí estaba, a minutos del mediodía de ese 6 de julio, esperando a los músicos y a los gaiteros de sus primeros sanfermines.

Era la víspera del 7 de julio, Día de San Fermín, el misionero cristiano patrono de la ciudad y también de viñateros, boteros y panaderos.

El espectáculo de los pamploneses corriendo adelante de los temerarios cuernos de los toros, recién liberados del encierro, lo marcó para siempre.

Raudas carreras de 825 metros y apenas tres minutos, que atraviesan el casco antiguo hasta el coso taurino donde los animales serán lidiados en las corridas de esa tarde.

Ese juego bestial entre el hombre, el toro y la muerte inspiró su novela “Fiesta” –en inglés “The Sun also Rises”.

Una obra que hizo que esta celebración doméstica, poco conocida fuera de España, se convirtiera, luego de su publicación, en 1926, en una de las fiestas más famosas del mundo.

Tal vez fue entonces, con el advenimiento de aquel relato, que Pamplona dejó de ser el pueblucho amurallado que cobijó a Hemingway y a sus amigos en 1923, para comenzar a ser la ciudad actual.

Sin vanidad alguna, en 1959 el escrito dijo: “Describí una vez Pamplona y para siempre”.

Y, realmente, leyendo “Fiesta”, uno se da cuenta que no había nada más que agregar a un texto que, a través de los años, se muestra fresco como una lechuga recién arrancada.

El lector siente que los ojos del escritor, que no sabía con qué se iba a encontrar en esa fiesta, contaron lo que vieron con rigor visceral.

Y eso fue posible porque su experiencia no se limitó a la mera observación de la fiesta.

Es que, precisamente, él corrió delante de los toros, bebió vino hasta el hartazgo, ganó amigos y sintió la alegría y la euforia que desatan los sanfermines.

Y asistió, como contracara festiva, al dolor por la muerte de un joven corredor, en 1924, la primera feria en la que fue un activo protagonista.

Hemingway continuo asisiendo hasta 1927, con una falta al año siguiente, pero reanudando hasta 1931.

Después llegó la oscuridad de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial.

Pero regresaría a los sanfermines de 1953 a 1959. Este sería el último año en el que el norteamericano visitó la ciudad.

Y cuando el 6 de julio de 1961 los jóvenes de Pamplona desempolvaban el pañuelo rojo y ataban con cintas blancas sus tobillos, en Ketchum, un pequeño pueblo del estado de Idaho, en Estados Unidos, un grupo mínimo de amigos acompañaban a la viuda de Hemingway a despedir al escritor.

Habían pasado exactamente 38 años desde aquel 6 de julio de 1923, en que el joven escritor, en ese tiempo habitante de la colonia americana en París, aguardó el comienzo de una fiesta que le inspiraría el libro con el que inició su exitosa obra literaria.

Días antes, el 2 de julio, el hombre premiado con el Pullitzer en 1953 y con el Nobel, un año después, se había quitado la vida…

Via: La Nueva