La Niebla Humeante – Triunfa Jerónimo con Piedras Negras en Teziutlán.

Así embistió, empujando por su casta, “Mezcalero” de Piedras Negras a la muleta de Jerónimo. Y así, largo y por abajo, roto de sentimiento, llegó el derechazo del torero. FOTO: Tadeo Alcina Rivera.

Convoca Piedras Negras y, sin traer su corrida más pareja en remate y juego, triunfa porque salvo el sexto todos los lidiados en algún momento brindan emoción, eterno distintivo de la centenaria casa tlaxcalteca. En medio de la bruma de la sierra, de menor a mayor, Jerónimo hace valer el sello, su personalidad y largueza para superar sus momentos de desigualdad y salir en hombros. De mayor a menor, José Adame se aprovecha de la taurinamente adolescente concurrencia para salir a hombros en una tarde desconcertante ante el más bravo de la corrida que le exhibe y con el que no respalda su supuesto cartel. Inicio esperanzador de una Feria que mejora.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Teziutlán.

Se apodera la niebla, brumosa y lluviosa, cubriendo la Perla de la Sierra, de las torres de la Catedral hasta su Plaza de Toros, El Pinal. Afortunadamente, techada. Por lo que el “blanco animal divino//engolado y soñoliento” que decía Gabriela Mistral, no hará de las suyas.

En la tierra de Maximino Ávila Camacho está viva la sensación taurina.

Claro. Alimentada por no pocos taurinos locales, orgullosos de su tierra y que pugnan año con año por el toro. Por una empresa que escucha y que, pese a las presiones, resiste lo más que puede y apuesta en los últimos dos años por traer lo que, malamente, se ha puesto la etiqueta de “duro” de “difícil”, a lo que muchos, incluyendo “taurinos” alzan la ceja. Como a los que sí nos gustan los toros, nos encanta que lo difícil se haga realidad, “El Pinal” abre su feria con un hierro que en un año, para alegría de la afición, se ha lidiado ya tres veces.

El resultado, artístico y de taquilla, refuerza su cartel y categoría.

Y es ya una cita obligada: Piedras Negras en Teziutlán es ineludible.

Pero la sospecha comienza desde que el taurineo aparece. Estos personajes sombríos que presionan con todas las artimañas posibles para quitarle algo, lo que sea, a los encierros: que si los sobreros de otro lado, que si sortean a puerta cerrada, que mejor fuera de la plaza, que si entre más chicos, mejor. Y muchas otras perrerías. Todo eso, menos mal, queda fuera cuando el primero de la tarde gusta por la belleza de su cárdena y berrenda capa, así como la manera de tomar el capote de Jerónimo, largo y por abajo.

El torero de la región responde con lo mejor de sí. Intenso su trazo y preciso su avance de tablas hasta más allá de las rayas para rematar con media de cartel. Pero el puyazo hace que el berrendo frene, que su casta se escape y llegue parado al último tercio sumado a la imprecisión de Jerónimo, inoportuno desarme, toreo rápido y múltiples pinchazos, dejan todo en pitos tras aviso.

El toro bueno, por presencia y esencia, aparece en segundo lugar.

Nombrado “Siete Mares” y la referencia jimenista –“entre las tempestades”- se hace buena al surcar las arenas de El Pinal con toda la dignidad de su trapío, enmorrillado alto, serio al frente pero, como prácticamente toda la corrida, perfectamente degollado. Y se va al abordaje apretando al segundo espada en el recibo. José Adame, joven de edad pero colmilludo al torear, lancea con la solvencia que de él se espera, con rapidez y levantando el pie de recibo en cada lance, aunque buena es la media.

Momento grande es el encuentro del cárdeno oscuro con el caballo. Derriba por empujar, amenaza la cuadra, basta su mirada que busca pelea y el peligro se percibe con el humeante poderío del astado y al que su lidiador, le otorga la gracia de no dar el tan necesario segundo puyazo. Torear es el arte de elegir y Adame, así se lo juega.

Solo que torear es dominar, tener las armas y usarlas en la medida exacta.

La del cárdeno es sobrepasar límites. A Víctor Mora lo hace padecer, ni la trampa de Juan Ramón Saldaña tocando para que banderillear a la media vuelta impide que Mora deje de pasar en falso y a su lidiador, pese a extender lo más posible la muleta, le pone las cosas en modo exigente y los doblones se quedan en intento. Lo mismo que el toreo con la derecha ante un toro al que hay que someter por bajo, quedarse quieto. Adame lo hace a retazos pendiente de salir más que de hacer entrar a su dominio al burel al que no le desengaña, ni por error, con la mano izquierda.

Zapatillazos por montones, torea para la galería cuando enfrente tiene un toro que aprieta y no traga pantomimas, mucha velocidad, por fuera, con la coreografía preconcebida termina por aburrir al toro y hacerle derrotar para arriba, un torero que cuando se lo propone es el heredero de las más corrientes formas recientes en el toreo mexicano.

Espadazo caído, dobla el astado que de su sangre humea vapores que se vuelven neblina.

Parece que la de Piedras Negras es una sangre que al vaporizar humea casta.

Palmas al toro. Y protestas al hidrocálido que resumiría su tarde en dos tandas al afligido cuarto, muy serio y hermoso cárdeno claro, bajo y bien cortado al que, de nuevo, ni por asomo consigue poner lo que le ha faltado sobre la mano izquierda, incluso es desarmado, de pena el final con intento de luquecinas. Pinchazos y piadoso silencio. Luego el tongo con el sexto, que tanto se empeña su gente a que, anovillado y de horrible cabeza, juegue. Para mal. Adame, si no luce con el toro serio, menos con el medio toro.

Salida a hombros para cubrir el expediente.

Entonces, cuando priva la vulgaridad, el maneo del taurineo, la nebulosa que quiere cargar lo más esencial del toreo, entre niebla, el humo de la casta encuentra su cauce en el sello y la personalidad, el nombre propio de Jerónimo. Siempre de menos a más. Sólido con el capote, vuelve a recibir con lances precisos al tercero, de cara y cabeza discretas pero con hechura exacta para embestir. El entrepelado duda al salir, solo un instante, entonces cambia el terreno el diestro serrano para lancear, largo y a la vez poderoso y hacer notar que ayer los Piedras Negras no es que se dejen o no, sino que el domino surge del toreo bien hecho.

Como las verónicas de Jerónimo a este cuarto que enciende la flama ante un coro que no comprende pero que siente y claro hay un reflejo en sus venas de que eso, lo que haya sido, ha sido valioso, desde que le pisa el terreno y se pone en el sitio, Jerónimo hace andar al astado y le remata lucidor con media.

Correcto el planteamiento, medido en varas, prontitud en banderillas.

Y el conocimiento rinde frutos. Cada muletazo de inicio encauza la embestida, somete por ambos pitones. Más allá del sabor y la personalidad es la plenitud de lo fundamental, que el astado pide quedarse quieto por ambos pitones. Jerónimo, cuando lo logra, derrocha su caudal de emoción prolongado en los naturales, en uno, su propio trazo hace que su toreo, a pesar de tomar la muleta más allá del centro, dicta la circunferencia del toro que camina con emoción pero que exige el temple so pena de enganchar y deslucir. Se adorna torero.

Jerónimo, luego de los pinchazos al primero y el primer pinchazo a este en la suerte contraria, cobra estoconazo, toda la mano se va empapada de esa sangre que con la que tanto se identifica. Y aunque hay una oreja, la emoción y el mérito se juntan en aclamada vuelta que rompe las nieblas y las dudas.

Jerónimo puede, como dice un gran aficionado, la cosa es que se decida.

De pronto, tras la fallida lidia al cuarto. Otra vez Jerónimo luce a la verónica y hace ver que de nuevo, el cárdeno, “Mezcalero”, quinto de la tarde, toma espléndido el capote por el lado izquierdo y el torero, despliega el lance, bellamente, llega a las rayas y luce en la media. Luego del puyazo, breve, pero en lo alto, el toro se alegra en el cite a la distancia para que vengan las chicuelinas, una muy asilverada, para rematar y de ahí, la brega no dilata y tras brindis a particular, Jerónimo, confiado y dispuesto, se brinda en pleno a la faena.

Alterna lados por arriba, alivia y se gusta en el de la firma y la fase de exploración del pitón derecho, incluye los derechazos largos y, luego de inoportuno enganchón, el remate enciende la cosa. Para la siguiente tanda, que remata con buen trincherazo, ya se anuncia el milagro posterior, suena “Silverio”, y tres son los derechazos de absoluta rotundidad, captura y despliegue de la emoción de la sangre brava que valen el boleto y la promesa, hoy cumplida, que torear es emocionar.

Aun al natural, vuelve una tanda breve, pero el bien ya se había hecho.

Luego una estocada caída, cierto, la emoción contagiada llevó a las dos orejas a la vuelta al ruedo del ganadero aun sin ser esta su más completa corrida, pero si la ilusión recompensada de ver un nuevo capitulo piedranegrino.

Que pronto sea.

Solo el humo de la casta, los vapores de la emoción son los que pueden deshacer la brumosa nebulosa, esa que ayer enciende y encuentra el aire de esencia en Jerónimo que bien podía, estando así, haber levantado toda la niebla con calor taurino.

Que con ese calor taurino bien podría haberse levantado toda la niebla de la gran Sierra de Puebla.

Texto:@CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros “El Pinal”. Teziutlán, Puebla. Feria del Toro 2018. Domingo, Agosto 5 de 2019. Primera de Feria. Más de Tres Cuartos de Plaza en tarde fría con bruma que rodea sin ingresar al coso, apenas un rayo de sol aparece a la muerte del quinto. Palco flojo y manejado por los toreros que equivoca la concesión de trofeos y autoriza llevar a cabo el sorteo fuera del horario reglamentario y las instalaciones de la Plaza. Pésima actuación de la Banda de Música con casi nulo repertorio taurino.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Negro, y Rojo) Desigual en hechuras de sospechosísimas encornaduras; el sexto impresentable en todo aspecto. Débil el primero. Serio aunque muy atacado el berrendo en cárdeno primero, que llegó sin fuerzas al último tercio. Bravo y creciente el lidiado en segundo lugar, número 540 “Siete Mares” nombrado de 520 kgs., hermoso entrepelado, alto, vuelto de pitones que tumba al caballo y muestra poder en los tres tercios, mereció mejor suerte. Espléndidos por su recorrido por ambos pitones en el último tercio los lidiados en tercero y, especialmente, el corrido en quinto lugar, número 518 de nombre “Mezcalero” de 490 kilogramos, cárdeno claro, ojalado y bocinero con espléndida fijeza y tremenda emoción por el lado derecho, homenajeado con merecido Arrastre Lento. El muy serio cuarto, pese a rajarse al final, tiene un momento de recorrido y cierta casta hasta desarmar a su lidiador y orientarse. El cierra plaza, anovillado, cariavacado con los pitones presumiblemente dañados, no debió lidiarse nunca.

A la muerte del quinto, el ganadero Marco Antonio González y su hijo dieron la vuelta el ruedo acompañados del primer espada.

Jerónimo (Grosella y Oro) Pitos tras Aviso, Oreja y Dos Orejas con Protestas. Joselito Adame (Grana y Oro) Dos Orejas con Protestas, Silencio y Leves Palmas. Ambos espadas salieron a hombros.

César Morales fue derrumbado por el segundo. Juan Ramón Saldaña hace un enorme quite de riesgo a Diego Martínez al salir de un par al cuarto, no obstante toca a la distancia al segundo de la tarde a fin de obtener la ventajosa media vuelta a favor de Víctor Mora, fatal con banderillas mejor con el capote pese a ser enganchado en varias ocasiones.

Al finalizar el paseíllo se realizó un homenaje, con develación de placa en honor del Profesor Bruno Pérez Vázquez, cronista por años de la Plaza de Toros “El Pinal”, célebre locutor de la radio local, recientemente fallecido. A partir de esta corrida el burladero de la radio en el callejón de la plaza llevará su nombre. DEP.

La cruz en el sitio. Estocada entera, mojándose los dedos de Jerónimo, ante el tercero. Foto: @MyRyCar.
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“El Cossío” cumple 75 años

Por Gerardo González Calvo.

Hace setenta y cinco años se editó el primer volumen de “Los toros”, más conocido como “El Cossío”, en honor a su autor, el grandioso José María de Cossío.

Le encargó esta magna obra Espasa-Calpe en 1934, y en ella colaboró el poeta Miguel Hernández. Manejo una edición de 20 tomos, editada en el año 2007, en la que se incluye el nombre del novillero pajarés Miguel Temprano Calvo, “Miguel de los Reyes”, al que dedica en el último tomo -la reseña de toreros y novilleros está hecha por orden alfabético- unas pocas líneas con una fotografía.

Al contrario que el villalpandino Andrés Vázquez, del que era quinto (los dos nacieron en 1932, aunque “El Cossío” hace nacer a Miguel en 1936-, no cuajó como torero. Lo vi torear en pueblos zamoranos como Pajares de la Lampreana y Cerecinos del Carrizal y francamente tenía demasiado miedo a los cuernos de los toros. Andrés Vázquez triunfó y por eso su figura aparece en una monumental escultura-homenaje a su gran amigo Antonio Bienvenida, erigida ante la plaza de las Ventas de Madrid.

En el primer tomo de “Los toros” aparece un vocabulario taurino de 317 páginas, que es un florilegio de la jerga taurina; algunas palabras (entre otras muchas: lidiar, dar un puyazo, ponerse el mundo por montera, entrar al trapo, atarse los machos, echar un capote) han entrado en el habla común. Echo en falta algunas suertes, como manoletina, gaonera, arrucina, zapopina y caleserina; sí recoge chicuelina. En cualquier caso, este vocabulario, seleccionado por el propio Cossío, nos demuestra que el toreo es mucho más que torturar y matar a un toro, como denuncian los animalistas y antitaurinos, seguidores quizá sin saberlo del escritor Eugenio Noel, que relacionaba a los toros con los crímenes de raza.

El singular léxico taurino lo encumbraron a exquisita literatura algunos críticos del arte de Cúchares, como el inconmensurable Antonio Díaz Cañabate, continuador de la obra de Cossío. A sus crónicas taurinas en “ABC” solo se asemejan en calidad periodística las entrevistas a personalidades que visitaban Barcelona hechas por Manuel del Arco para “La Vanguardia”, caricatura incluida. Dos maestros del periodismo.

Vi por primera vez una edición de “Los Toros” en la misma casona de Cossío en Tudanca. La construyó un perulero -indiano que hizo fortuna en Perú- en 1750. Es la Tablanca de “Peñas arriba”, la obra más notoria del realismo costumbrista del famoso escritor cántabro José María de Pereda. Había también en la voluminosa biblioteca de la Casona retratos dedicados, Cossío de Zuloaga y Vázquez Díaz y una escultura de Sebastián Miranda.

Entre sus joyas bibliográficas se encontraba el cuaderno con pastas azules en el que escribió Camilo José Cela su novela La familia de Pascual Duarte y varios manuscritos de integrantes de la Generación del 27. Aquí estuvieron, entre otros grandes escritores, Miguel de Unamuno (pasó veinte días en agosto de 1923), Gerardo Diego, Rafael Alberti (allí completó el poemario “Sobre los ángeles”), Federico García Lorca, Giner de los Ríos y Gregorio Marañón.

Desde los balcones de esta Casona vi pastar algunas vacas lecheras de la raza tudanca, pero dentro del grandioso edificio se respiraba un ambiente taurino. Cossío me comentó que los toros están muy presentes en el arte español, tanto literario como pictórico. Es indiscutible que desde de Quevedo hasta García Lorca y Miguel Hernández y desde Goya hasta Picasso, el toro tiene una gran carga simbólica.

Hay infinidad de autores que abordan el tema de la tauromaquia. A mí me ha sorprendido el libro del sociólogo y antropólogo norteamericano Jack Randolph Conrad, escrito en 1957 con el título de “El cuerno y la espada”, traducido en 1978 al francés como “El culto del toro. De la prehistoria a las corridas españolas” y al castellano en 2009, respetando el título original. Conozco la edición francesa, en la que reproduce el poema de García Lorca “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.

Conrad vierte algunos tópicos sobre las corridas de toros en España, debido a la época en que escribió el libro, pero es un buen estudio sobre la importancia mítica y simbólica del toro desde hace al menos 50.000 años. “Los toros” o “El Cossío” no es un tratado sociológico ni reivindicativo, pero sí un libro imprescindible para conocer tanto la importancia de los toros bravos como a los toreros españoles que han tenido el coraje de lidiarlos con más o menos arte.

Publicado en La Opinión de Zamora

¿Cómo surgió el periodismo taurino?

El Vito y Alfonso Navalón, parte fundamental del periodismo Taurino de la segunda mitad del siglo XX.

En el documento más importante que se ha publicado sobre la relación entre el periodismo y la Tauromaquia, El periodismo taurino de Luis Carmena y Millán, se afirma que así como la prensa periódica española en general tuvo su origen en las relaciones de sucesos públicos y particulares o en los relatos de acontecimientos religiosos y militares; los orígenes de la prensa taurina se encuentran en las numerosas relaciones de fiestas de toros celebradas con profusión en todos los ámbitos de España.

Carmena y Millán informa de que los primeros escritos sobre Tauromaquia se caracterizaban por el relato exclusivo de una fiesta taurina y porque se hacían en verso. Esto conlleva a que el autor no quisiera primordialmente informar al público, sino que en la mayoría de las veces pretendía lucirse y que los lectores le alabasen.

En el año 1556 surgió la primera relación en la que se hace referencia al espectáculo de los toros; en ella se describen los festejos taurinos que se celebraron en Alcalá de Henares con motivo de la proclamación del rey Felipe II. No fue hasta el 1793 cuando se hizo una crónica taurina parecida a las que se hacen actualmente, concretamente data del 20 de junio. Dicho escrito se publicó en el afamado Diario Madrid y su autor se escondía bajo el sobrenombre de “Un curioso”. Aunque es a mediados del siglo XIX cuando se habla con propiedad de una presa especializada regular.

En el desarrollo y la historia del periodismo taurino no debe pasar desapercibido el papel desempeñado por la radio, ya que desde su nacimiento emite información taurina y retransmite festejos en directo. Una de las primeras retrasmisiones radiofónicas fue una corrida de toros en la que participó Juan Belmonte en la Plaza Vieja de Madrid, el 8 de octubre de 1925.

En la actualidad, las publicaciones taurinas especializadas son un referente obligado para comprender la evolución de la Tauromaquia porque ofrecen una información contextualizada, en oposición a la fragmentaria atención que la prensa diaria dedica a la Fiesta.

Sin duda, como la mayoría de gentes y cosas, la Tauromaquia necesita de los medios de comunicación para poder llegar a un mayor número de personas, y para que los toros se hagan eco y no se conviertan en un arte del que tan solo pueden disfrutar los que acuden a las plazas de toros.

Artículo: Mercedes Gentil.