Toreo de Arte Por Heriberto Murrieta

Morante por Emilio Mendez.

Arte, cadencia, profundidad, gracia, sensibilidad, ritmo interior. Los olés brotaban espontáneos, sinceros, desde el fondo del alma. Nuevamente le funcionó a Morante apostar por la ganadería de Teófilo Gómez, que permite el toreo que sueñan los diestros de calidad. Morante es quizá el mejor torero que hemos visto. Qué privilegio vivir esta época para disfrutar sus creaciones.

El sevillano es un torero de arte, qué duda cabe. Y esta condición, aunada a su personalidad, su valor, su forma de reunirse con los toros y una regularidad triunfadora poco común en matadores de corte clásico, nos lleva a reflexionar que suele hablarse de arte con ligereza, con un fallido criterio estético. No es lo mismo tener clase o buenas maneras o un cierto pulimento en las formas, que torear con arte. En realidad, los toreros de arte han sido muy pocos en la historia del toreo.

La frase de Juan Belmonte es muy cierta: se torea como se es. Indefectiblemente se torea como se es. El toreo es la proyección de las habilidades, el sentimiento y el interior de un ser humano que tiene el valor suficiente para plantarse delante de un toro.

Para torear con arte primeramente debe tenerse eso, un fondo de valor. Sólo quien domina totalmente el miedo de enfrentar al toro puede dar ese segundo gran paso de hacer las cosas con arte, despacio, con gusto, con sutileza. Qué difícil es actuar con estética cuando se está al borde de la cornada o de la muerte misma.

Hay distintas formas de interpretar el toreo, con mayor o menor pureza, con clasicismo o sin él, de manera eléctrica o reposada, con quietud o movimiento de pies, de manera fina o burda. Se puede torear muy bien sin tener arte. Los aficionados, por mucho que prefiramos el toreo de calidad, debemos saber aquilatar las muy variadas formas de interpretar el toreo, porque a final de cuentas todas tienen mérito. Merece un reconocimiento aquel torero que entienda las características de un toro y sepa aprovecharlas cabalmente, no obstante que sus procedimientos puedan no necesariamente tener finura.

Para no ir más lejos, en la corrida de marras, lo del sábado 27 de abril en la Monumental hidrocálida, vimos entregarse al máximo y emocionarnos a dos toreros de muy distinto corte como Morante y Joselito Adame. No en balde dicen que en la variedad está el gusto.

En mi libro Vertientes del Toreo Mexicano, hago reflexiones sobre 46 toreros mexicanos imprescindibles y los agrupo por vertientes o categorías: arte, valor, sentimiento, pinturería, reciedumbre, poderío y temeridad. Por supuesto que una vertiente no excluye a la otra, puesto que un torero de arte puede tener valor y sentimiento. David Silveti era torero de arte y el mismo tiempo de valor. Silverio era un artista con sentimiento. Manolo Martínez, poderoso y artista a la vez; Eloy, pinturero y poderoso a un tiempo.

Así pues, muy variadas son las formas de diseñar el toreo, según la personalidad de cada uno de sus ejecutantes.

Publicado en El Heraldo

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