San Isidro 2019: Miguel Ángel Perera, una puerta grande de bajo coste

Gran toro de Fuente Ymbro en una corrida más seria que encastada.

Por Carlos Ilián.

Plaza de Madrid. Segunda corrida. Asistencia: 23.624 espectadores (lleno). Toros de FUENTE YMBRO (6), muy serios, de juego predominantemente áspero y un toro bravo y encastado, el tercero. FINITO DE CÓRDOBA (2), de burdeos y oro. Pinchazo y bajonazo (pitos). Pinchazo y estocada desprendida y trasera (pitos). DIEGO URDIALES (5), de azul marino y oro. Pinchazo, estocada y cuatro descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo y media estocada (silencio). MIGUEL ÁNGEL PERERA (6), de verde botella y oro. Estocada trasera. Un aviso (dos orejas protestadas). Pinchazo y media estocada (palmas).

El lleno y el cartel de “no hay billetes” en las taquillas el día de San Isidro es toda una bofetada a quienes ayer mismo predicaban alborozados que la asistencia a las plazas de toros caía de forma espectacular. Pues ayer más de 23.000 personas reventaron ese globo antitauarino. Y la gente pudo disfrutar del toro de Madrid, de impresionante lámina y pitones como puñales, además del regalo que supuso el juego encastado de Pijotero, un toro que galopaba, arrancándose como un tren para encontrarse con la muleta de Perera.

Y ese ha sido el gran mérito del torero: dejar ver al toro con generosidad. Sobre la mano derecha la faena tuvo momentos de altura en redondos de temple indiscutible y perfectamente engarzados. En el toreo al natural las cosas no salieron igual y hubo desencuentro con la embestida agria por ese pitón izquierdo. Al final echó mano del populismo intentando los dichosos circulares. Una estocada rinconera y trasera. Una oreja no se discutía pero ¡las dos!, hombre, qué pasada. Hubo puerta grande, la sexta de su carrera en Madrid, pero una puerta grande low cost.

El sexto muy blando y claudicante no fue el tercero, un toro que Perera no olvidará jamás. Diego Urdiales, al que el público obligó a saludar después del paseíllo en recuerdo a su inmensas faena del otoño pasado, se encontró un lote que se defendía a pesar de cuajar alguna tanda de redondos, producto de su temple singular y a base de una perfecta colocación y sentido de las distancias.

Finito de Córdoba intentó el toreo entre precauciones excesivas. Pero el toro de Madrid no es el de Valencia…y le pudo el compromiso.

Publicado en Marca

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