Paco Ureña: “No he venido a vender nada ni a dar lástima.”

Por Antonio Lorca.

El diestro Paco Ureña (Lorca, Murcia, 1982) no ha vuelto a pisar el ruedo de la plaza de Las Ventas vestido de torero desde el 10 de junio del año pasado. Desde entonces, ha cambiado radicalmente. El 14 de septiembre de 2018, un toro le arrancó el ojo izquierdo en la feria de Albacete y su vida ha sido un camino tortuoso entre quirófanos, oftalmólogos y oscuras incertidumbres.

Este viernes, con una prótesis, en pleno proceso de recuperación, con dudas físicas todavía, pero con una fortaleza sobrehumana, Ureña hará de nuevo el paseíllo cargado de ilusión. Ese es su estado de ánimo, a pesar de que su aspecto refleja la dureza del camino recorrido y un íntimo enfado por las extremas dificultades que debe superar. “Sí, creo que soy afortunado”, afirma el torero. “Estoy vivo, que no es poco, y la vida me ha ofrecido la oportunidad de seguir toreando. Soy afortunado, sin duda”.

Dentro de unas horas, volverá a su plaza. Y en ella, asegura, recuperará la visión que ha perdido. “Hacer de nuevo el paseíllo en Las Ventas es un sueño. Volver es recuperar la visión que me falta. Porque yo he nacido aquí como torero, y en este ruedo he resucitado cuando estaba perdido. Esta afición ha sacado siempre lo mejor de mí; por eso, volver a Madrid es como nacer de nuevo”.

No olvida Paco Ureña que su reaparición fue en la feria de Fallas de Valencia, otra plaza fetiche para él. “Aquel fue un día muy emotivo. Vestirme de torero después de todo lo que había sucedido fue algo inenarrable. Veinte días antes me quitaron el ojo y existían serias dudas sobre mi reaparición. Fue un cúmulo de adversidades que tuve que superar, y, ciertamente, no fue fácil. Poder hacerlo me hizo crecer; me sentí feliz entonces y procuro sentirme feliz cada día”.

Ureña también prefiere obviar el sufrimiento vivido, pero reconoce que lo ha pasado mal. “Mucho, muy mal, para qué voy a mentir, y sigo en proceso de superación. Soy consciente de que tengo una carencia y debo aprender a convivir con ella. No es fácil, pero estoy decidido a seguir adelante y cumplir mi sueño como torero”.

Pregunta. ¿Pensó en algún momento que no volvería a torear?

Respuesta. Yo no fui consciente, pero hubo un momento en el hospital en el que las cosas se pusieron muy feas, y el problema no era torear o no, sino no saber qué iba a pasar con mi vida. Pero yo siempre tuve claro que volvería a vestirme de torero.

Pregunta. ¿El hombre está recuperado?

Respuesta. Totalmente no. Aún necesito tiempo. Me ha cambiado la vida y cada día noto las secuelas. No estoy recuperado al cien por cien, pero sigo adelante.

Pregunta. ¿Y el torero?

Respuesta. El torero es el que está salvando al hombre.

Asegura Paco Ureña que durante estos meses ha tenido mucho tiempo para reflexionar, pero jamás pensó en la posibilidad de dejar la profesión. “Eso, jamás; al contrario. He analizado mis defectos y lo que debo hacer para corregirlos, pero el toro sigue siendo el eje central de mi existencia. Si tuviera que dar la vida para que el toro siguiera aquí, la daría sin contemplaciones. No tengo ninguna duda. ¿Rencor hacia el toro? Ninguno. Lo que me ha sucedido no es más que una lección.

Pregunta. Es duro ser torero…

Respuesta. Sí, para unos más que para otros. Es una profesión muy exigente. Yo soy muy inconformista y me obsesiona ser mejor torero y hacer aportaciones al toreo. Sé, no obstante, que me queda mucho por conseguir.

Paco Ureña aún debe acudir periódicamente a la consulta de oftalmología para continuar el proceso de adaptación de la prótesis que ha sustituido a su ojo izquierdo. Trabaja cada día para que su cerebro se acomode cuanto antes a la nueva situación, y que los médicos cifran en un plazo entre seis meses y un año. Ha perdido la profundidad de los objetos, y afirma: “A veces parece que lo tengo todo controlado y otras no, y me siento inseguro”.

Pegunta. ¿Y en la cara del toro?

Respuesta. En la cara del toro, todavía hay cosas… Pero lo más importante es darle normalidad, aunque reconozco que es difícil. No es una excusa; es mi destino y como tal debo aceptarlo.

Ureña cuenta desde hace años con la ayuda de una psicóloga y explica así por qué acudió a la consulta: “Quería ser mejor torero y una persona más equilibrada; y ahora, con más motivo. Es una parte más de mi entrenamiento y me va muy bien”. A pesar del tiempo transcurrido y los malos ratos padecidos, el torero no tiene inconveniente en recordar los momentos que siguieron al pitonazo del toro en la feria de Albacete. “Yo supe desde el primer instante que me había reventado el ojo. Casi me desmayo del dolor. Noté como cuando se funden los plomos de una vivienda. De pronto, me quedé a oscuras. Fue una sensación horrible”.

El torero saltó al callejón, se sometió a una superficial y urgente inspección médica y decidió por su cuenta volver a la cara del toro. “Volví al ruedo porque no puedo decir que estoy dispuesto a dar la vida por el toro y no hacer el esfuerzo de matarlo con dignidad. Si no, no sería yo. No se puede decir te quiero y no demostrarlo cuando sea necesario”. “Yo no he elegido mi profesión”, continúa; “es la profesión la que me ha elegido a mí. Y este es mi destino y así lo acepto”.

“Pero no he venido a vender nada ni a dar lástima” termina. “Quiero que me pongan en los carteles por mi toreo, no por mi deficiencia. Quiero ser mejor torero, y, sobre todo, mejor persona, porque eso es lo que quedará de mi trayectoria y no las estadísticas”.

Publicado en El País

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