Bregando: ☑️ Palomita para Teziutlán

El Payo fue uno de los triunfadores de la pasada feria.

Por Jaime OAXACA.

¿Le ha tocado ver o saben de algún toro indultado que abra plaza, o lidiado en segundo lugar?

Será que los toros bravos, los de indulto, siempre salen del cuarto lugar en adelante; o tal vez, además de las condiciones taurinas tiene que haber otros ingredientes para que les perdonen la vida.

El pasado domingo 18 de este mes se concedió un indulto, absurdo a todas luces, durante la tercera corrida de feria en Teziutlán. Fue al octavo toro de la función.
Teziutlán, una importante población ubicada en el noreste de Puebla, acaba de tener su feria anual. Toda feria que se respete tiene un serial de corridas de toros.

Por segundo año consecutivo los hermanos Llarena, encabezados por Javier, organizaron los festejos. Ambas bautizadas como la feria del toro.

Presentar toros con edad y trapío en la fiesta mexicana no es frecuente; la afición debe agradecerle a la empresa Alma Taurina el esfuerzo que realiza. Están creando un precedente.

Cabe mencionar que a los músicos se les pasó la mano con los quechulaespuebla; a los subalternos, las rejoneadas a pie. A cambio, ovación a los monosabios por la pulcritud para vestir; dos integrantes del grupo son chicas; asimismo, a la empresa, la puntualidad de inicio de las corridas.

En el serial se lidiaron 23 reses en 3 corridas. En el primer festejo, domingo 4 de agosto, la presentación de ocho de Rosas Viejas fue campechana de presencia, 3 chicos, el hato sin bravura. Hubo uno de regalo de El Vergel. Los de Begoña del día 11 cumplieron en presencia, pero fueron descastados, carecieron de bravura; uno con calidad que mató El Payo, el animalito fue bobo y dócil para la muleta, un borrego de carretilla, de esos que quieren los enemigos de la bravura.

Para el domingo 18, los empresarios poblanos cerraron con la dehesa de Santo Tomás; éstos cumplieron de trapío, con excepción del 5to, el número 186 que tenía el hierro de Rancho Seco. Cuatro fueron buenos. Brujo, el segundo, fue bravo, realmente el único del serial que peleó en varas, Alfredo Ruiz El Miura lo picó bien; había ilusión de ver al enrachado José Mauricio, pero el burel se descepó mientras el diestro tomaba los trastos toricidas.

El cuarto fue al caballo, picó Jorge Morales, a una mano bregó Juan Ramón Saldaña, que tuvo una magnífica tarde; Patrón acudió a la muleta, fue ovacionado en el arrastre. Séptimo y octavo se dejaron, me pareció mejor Prisionero, el séptimo, aunque acudió al caballo sin esforzarse. El octavo de plano no se empleó, se dejó pegar, que es muy diferente. Los toros que no pelean en varas no deberían de premiarse.

Ascolano, número 875, hizo una salida de bravo, cruzó todo el ruedo y remató cerca del burladero de matadores; no abajo, pero remató. Saldaña salió al tercio por las banderillas. Para la sarga, el cierraplaza tuvo mucha duración. El matador Luis Ignacio Escobedo no permitió que viéramos qué tan largo podría desplazarse el cornúpeta en los pases, porque citaba con la muleta retrasada; el toro repetía, el diestro reponía terreno entre cada pase. Para su buena fortuna, al diestro zacatecano lo apodera el matador Ernesto Belmont, que le aconsejará para aprovechar los toros buenos. Después se pidió el indulto y se concedió.

El indulto está mal interpretado.

Actualmente lo hacen ver como un logro del torero, se han encargado los portales que viven de la publicidad de los toreros. El indulto es un premio extraordinario que el juez de plaza le concede al toro por bravo, por pelear con el caballo, por emotivo y embestir con calidad. Es el equivalente a una calificación de 10, sobresaliente con honores.

Al público que lo solicita, ya enfiestado, poco le importa el comportamiento del cornúpeta; se impone el deseo de festejar y solicita el indulto sin saber a ciencia cierta la trascendencia de lo que hace.

En Teziutlán se originó cuando alguien que estaba en el callejón, algo les dijo a unos aficionados ubicados en barrera de primera fila, quienes inmediatamente empezaron a agitar los pañuelos repartidos en la entrada, se fue generalizando lo de los pañuelos, parte de los asistentes se hicieron cómplices, la gente quería un fin de fiesta feliz, les pareció que solicitar el perdón de Ascolano era una buena forma y lo lograron.

Imperdonable es la falta de categoría de los toreros. Lucir orejas de los despojos que están en el destazadero, les resta heroicidad. Si no mataron al toro, no pueden presumir premios de otros bureles.

El Pinal es un coso techado, cómodo, para más de 4 mil aficionados. Fue mancillado en años anteriores por empresas vivales. Desde el año pasado está recuperando la categoría; según se aprecia, los hermanos Llarena trabajan en ello. Evidentemente hay mucho por hacer, pero la realidad ahí está.

Varias palomas anduvieron en el ruedo durante los festejos, fue una buena señal. Palomita para Teziutlán.

Publicado en El Popular

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