RECAPITULANDO – La Disyuntiva y el Arte. Morante Luce y Desquicia en el LXXIV Aniversario.

Morante de la Puebla en la rotundidad del arte. El pase natural completo en todo los tiempos de la suerte, torea hasta la mirada del sevillano. Lujo a plenitud en la suerte fundamental del toreo.

El infinito alcance, que lo mismo embelesa que desespera, de una expresión en tauromaquia llamada Morante de la Puebla vuelve a brotar cristalino, como hace tres años, en un Aniversario de la Plaza México, hoy tan festejada como vacilante en su gusto y poco a poco alejada de lo que la ha hecho importante a través de la historia: degustar el toreo a partir del temple. Ante ello, un decepcionante encierro de Jaral de Peñas aporta poco en trapío y mucho menos en juego, destacándose apenas dos de cuatro bureles pese a las orejas que, una, es obsequiada a Ferrera, que sustituye a Roca Rey, en nuevo despliegue de conocimiento pero también de melodrama. Mientras que el afán de “El Zapata” se estrella con una promesa que no cristaliza mientras que, con el mejor del encierro “El Payo” vuelve a poner en duda su incursión en el cartel tras no cuajar al cierra plaza.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se va Don Porfirio Sánchez Gutiérrez, monosabio, jefe de ruedo de la Plaza México. Orgullo de la Monumental y del Olivar de los Padres, hombre sincero y humilde, taurino a la médula y una de las mejores personas que en esto hemos conocido. Desde aquí nuestro reconocimiento y que lo mejor venga. Esta retirada, emocionante y sentida, nos permite dividir en todo aspecto la corrida de aniversario.

Todo dado a que Jaral de Peñas se toma la licencia de mandar mitad y mitad.

Mitad, la primera, seria, rematada. Lo demás, incluso varios anovillados.

Y como la Afición no tiene quien la defienda, la Autoridad en La México solo sirve para cambiar los tercios y pañuelear, no para hacer valer, no el Reglamento, mero pedazo de papel, sino la categoría de la Plaza y más de esta fecha. Jaral de Peñas manda de primero al cuarto, flojedad, del quinto al noveno, que hay un sobrero, una auténtica mansada.

Lo imperdonable es la falta de trapío de los últimos cuatro que saltan a la arena. El noveno es lamentablemente chico, sin relación alguna con los primeros y los lidiados en séptimo y octavo lugares, escandalosamente mansos. Es tan solo la muestra de que este año los encierros son la causa principal del retroceso. Y es por ello que lamentamos que “El Zapata” haya en el primero demorado años, entre el viento y sus reservas, en decidirse y que el quinto, a la hora de haberse decidido, pese al inicio centellante con el capote y al tres en uno en banderillas, haberse excedido en exceso con el capote y principalmente, ante un toro manso, el inicio de faena.

La necedad del cambiado en los medios.

Que deja todo en nada cuando el tlaxcalteca no corta salidas, permite que el manso acabe entablerado y el torero “todo recursos” queda seco. Aun así, logra ciertos muletazos que encandilan, capetillinas y algún cambio de mano que le permiten elevar la emoción de la masa sin terminar de convencer a que el manso pase. Recordemos a Mariano Ramos y “Miracielo” aquel manso de regalo de La Gloria al que, sin miramientos, enfrentó en plenas tablas y al hilo le bordó el toreo siempre hacia dentro. “El Zapata” se observa en una situación similar pero no cuaja la faena pese a algún derechazo de valía, pincha y se le escurre el Aniversario. Salida al tercio que sabe a demasiado poco.

Entonces, el triunfador numérico, Antonio Ferrera, queda en la posición de nuevo de triunfar, de sumar, cual costumbre.

Firma una faena de mayor y mejor interés ante su primero.

Negro y serio el toro mansea de salida, prueba y aprieta a Ferrera que se hace un lío de inicio pero saca el colmillo, da los adentros, brega y, cuando el toro finta con irse, el remate le comienza a meter en el canasto. Entonces el inicio de faena le muestra al trasluz ante un toro que le mira y cabecea, que en un tornillazo le desarma. Y cómo estará la suerte con este torero que la muleta le cae en las manos. Cuando el toro da, se brinda a manos llena.

Su faena se da del tercio hacia las tablas, procurando anticipar la embestida del toro que pasa desrazado, Ferrera levanta las plantas procura taparle y echarle siempre afuera, para pescarle al regreso, cosa que consigue intermitente pero con la intensidad de la multitud que en él confía. Obliga al toro, aguanta cuando la sosería llega y logra que siga la muleta a pesar de la mirada en lo corto, la vista desparramada y la vuelta contraria. Liga el natural al afarolado y el de pecho. Cite a recibir en la suerte contraria aguantando la duda del toro.

Espadazo casi entero pero contrario, efectivo.

Primera oreja de la tarde.

Remata su tarde dando mantazos y muletazos, como se acomoda mejor, al paso, por fuera y en la exagerada actuación fuera de las suertes. Al natural hay un momento donde Ferrera parece templar mejor pero el toro se raja. Pese a una estocada defectuosa y un descabello efectivo se le obsequia una oreja protestada.

Salida a hombros, también, de obsequio.

El contrapunto a todo esto está en Morante de la Puebla que simboliza en sí mismo, una disyuntiva, un aire de azar en aroma de azahares dispuesto a cruzar un baldío. Este toro de Jaral de Peñas bien hecho, algo zancudo, sale suelto de salida y con la cara alta, como no enterándose. Entonces el que se borda en azabache echa el capote abajo y flexiona la rodilla para sujetar con tal efecto en el toque que se da a pegar tres lances de perfecto trazo y plomada, algo poco apreciado hoy, tristemente. Pero el toro tiene otra idea, frena y distrae, se reserva.

De ahí que Morante observe todas sus reacciones en los lances siguientes de la cuadrilla, el puyazo en lo alto y el tranco que parece recuperarse en banderillas. Aparece el viento y la disyuntiva de que con el sevillano es todo o nada. Y, caso interesante, Morante, tras brindis general, apunta el inicio a la querencia. La debilidad del toro es expresa. Los toreros grandes tienen el temple suficiente para hacerlos andar pues el temple es una de las llaves de todo milagro taurino.

Y por milagrería, después de un ligero susto, sobreviene el inicio por alto de la faena.

Alternada, pausada, serenamente, Morante de la Puebla sale al frente de la doble vuelta contraria, ya muy cerca del toril. Entonces, un pase de pecho perfecto, alto el muletazo deja el aire listo de ser impregnado con el azahar de un molinete todo delicia y verticalidad, de tal modo dado, que antecede un firmazo cumbre, de despaciosidad forjado, la muleta que cae en el sitio y, justo, llega el cambio de mano por delante para, al fin, desahogar la embestida y la voz de La México que muestra lo que nunca debe abandonar, la hondura.

Y ahora, en el tercio ante el toril, en un terreno inusual, nuevo molinete que trae ahora la caricia que deja en suerte la tanda con la derecha que brinda fuerza al ayuno y que solo el viento interrumpe pero que no obsta para rematar con el de pecho con la zurda. Morante busca un sitio en la plaza y frente a la Puerta de Arrastre se da a encontrar una tanda breve pero muy intensa, de mano baja y planta serena, al natural. A falta de fuerza, temple.

Así, consigue que el trasteo crezca, no derrumbe.

A fuerza de sutileza.

Dos tandas de derechazos, la primera de mayor ligazón, la segunda con la muleta arriba para preparar el pase del desdén más inesperado el que acaricia y deslumbra. La estocada desprendida al primer viaje le ponen la oreja mejor lograda del Aniversario donde no hay disyuntiva y donde vence el arte a cualquier artificio, donde el naranjo en flor no se mezcla con cualquier rama. Pero la elección del arte implica que queda el otro extremo y ante el mitin por el cárdeno, chico y manso, que hace las veces de séptimo, que es devuelto indebidamente, Morante se las ve con el más feo del encierro igual de manso pero peligroso.

Y a algunos desquicia lo correcto, aliñar y matar.

Incluso el puntillero, falla. Pero aunque desquicie es lo mejor que pudo hacer.

La desigualdad de “El Payo” es evidente toda la corrida, con el más claro de la primera parte del encierro, el burraco cuarto, cuando el viento sopla menos, se le va sin poderle mandar ni extraer algo más que dudas. División es el resultado. Y con el octavo, un torillo pobre de presencia, impresentable para la ocasión, Octavio García opone ligazón con la derecha pero entre la rapidez, tomarse de los cuartos traseros y rematar de latigazo, la faena alborota pero no crece.

El bajonazo vil acaba con toda esperanza en una Temporada de frenón para el queretano.

Entre tantas orejas de cuento y ese pretendido giro a la apreciación taurina, entre la disyuntiva de elegir entre el camino de la inquietud y el del clasicismo, preferiremos este último, aunque ello implique todos los riesgos.

Por algo, Robert Frost dejó, con la poesía por delante, el camino más claro para una disyuntiva, cuando en un bosque amarillo un camino divergió y, al tomar el poeta el camino menos recorrido, su elección hizo la mayor diferencia. Aquí entre dos aguas distantes, el camino, el del arte, no tomado implica enfrentar ciertos riesgos.

Bien vale, por el mejor arte del toreo, asumirlos todos.

Twitter: @CaballoNegroII.

Plaza México. Temporada Grande 2019-2020. Miércoles 5 de Febrero de 2020. Décima Sexta de Derecho de Apartado. Corrida del LXXIV Aniversario de la Monumental. Menos de Media Plaza en tarde fresca y de clima agradable. Mucho viento los primeros cuatro turnos. Llovizna leve e intermitente durante la lidia del sexto. La mejor iluminación de la Temporada, al parecer, dado las luces que coloca la televisión. Sin mayor categoría, se hizo un “homenaje” por el centenario del natalicio de Carlos Arruza entregando Porra Libre, A.C., el trofeo con el nombre del “Ciclón Mexicano” al final del festejo al segundo espada.

Fatal la Autoridad al premiar al segundo espada tras la lidia del sexto y devolver antirreglamentariamente al séptimo, luego de ser picado.

9 Toros, 9 de Jaral de Peñas (Divisa Obispo, Blanco y Amarillo) el séptimo lidiado equivocadamente como sobrero, ya picado, no procedía su devolución pese a lo manso. Seria la primera mitad de la corrida aunque floja y falta de casta, el manso tercero tiene un momento de asta en la muleta, en menor tono el segundo, no obstante su tendencia a tablas. Claridad en la muleta aunque rebrincando, el cuarto. Decepcionante en presencia el resto pese a destacar el quinto pese a que tras el inicio de faena se apaga y, mayormente, el anovillado octavo, manso de inicio y con un gran pitón derecho, ovacionado en el arrastre.

Uriel Moreno “El Zapata” (Marfil y Azabache) Silencio y Saludos. Antonio Ferrera (Azul Pavo y Oro) que sustituye a Roca Rey, Oreja y Oreja Protestada. Salió a Hombros. Morante de la Puebla (Amaranto y Azabache) Oreja y Pitos tras Aviso. Octavio García “El Payo” (Negro y Plata) División y Saludos tras Aviso.

Destacan durante toda la lidia Gustavo Campos, mal Jorge Luna tras pasar en falso varias veces ante el séptimo. Lili con muchas complicaciones a la brega. 

A la muerte del cuarto se despidió del servicio de ruedo el Jefe de la Unión Mexicana de Monosabios, el entrañable Don Porfirio Sánchez Gutiérrez, luego de más de cincuenta años de servicio en la Plaza de Toros México, Federico Dominguez “Gamuza” fue el encargado de retirar la faja amarilla al monosabio que se despidió.

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