Feria de San Isidro en Vistalegre: Román y Adolfo cierran con autenticidad.

Plaza de Vistalegre. Undécima y última corrida. Muy pobre entrada. Toros de Adolfo Martín (5) de gran presencia, juego muy exigente de 1º,2º y 5º, y de gran pelea en varas el 3º , mansote el resto. Juan del Álamo (6), de blanco y plata. Estocada corta (vuelta). Tres pinchazos y estocada corta ( silencio). Román (7) de blanco y plata. Tres pinchazos y descabello, Un aviso (saludos). Cuatro pinchazos y descabello. Un aviso (saludos). José Garrido (5), de azul noche y oro. Pinchazo y media estocada tendida (silencio). Dos pinchazos y bajonazo (palmas).

Por Carlos Ilián

La pobrísima entrada que registró esta última corrida de la feria de Carabanchel deja en claro que la gente, la afición de Madrid, para ser claros, no se identifica con estas plazas polivalentes de barriada por muy cómodas y modernas que sean sus instalaciones. Ayer mismo con los toros de Adolfo Martín, que en la plaza de Madrid ponen el “no hay billetes”, no trasladaron a Vistalegre más que a un puñado de espectadores que acertaron porque los adolfos dieron espectáculo y sirvieron para que dos toreros, Juan del Álamo y en especial Román recuperen autoestima y vuelvan a hacer sonar sus nombres.

Y es que Román, que hace dos años sufrió una gravísima cogida en Madrid por parte de un toro de esta misma divisa, salió por todas. Se encontró con un lote exigente, de los que piden el carnet. Su primer toro rebañaba y demandaba una muleta y un ánimo muy firmes. Román lo entendió para poderle ligar muletazos más que estimables por el pitón derecho que impactaron en los tendidos.

La espada fue la cruz de Román lo mismo que en el quinto. En este toro ha dado una dimensión importante, entendiendo que al unipase y presentando la muleta por delante podía vencer la embestida agria del toro. Lo mejor llegaría en el toreo al natural de tanto mérito como de mucho valor técnico. Otra vez, en efecto, la espada fue un calvario y por el acero se le fueron las orejas

Juan del Álamo que hacía mucho tiempo, más de un año, que no veía un pitón, al menos en en un festejo público, nos ha recordado aquel torero salmantino que hace unos años triunfó en grande un mes de agosto en Madrid y que a sus paisanos les hizo concebir enormes ilusiones.

Ha venido a esta cita de Vistalegre a jugársela pero dentro de la ortodoxia, sin aspavientos. Midió muy bien la corta embestida del toro con la muleta por delante y el animo para extender la suerte. Faena muy seria, muy rotunda. Un espadazo no fue suficiente para que el palco, quien ha regalado orejas a los del relumbrón, accediera a la petición general. La vuelta fue un pobre consuelo para tanto que puso en juego

El cuarto, al que lució en varas dejándole de largo para el espectáculo del toro bravo en el caballo, luego llegaría a la muleta quedándose debajo entre gañafones.

José Garrido, con un lote deslucido, manso, sin emplearse más allá de embestidas de cara arriba, ha estado dignamente cubriendo con solvencia el trámite, pero claro, sin el lucimiento que el extremeño esperaba en esta feria escaparate.

Publicado en Marca

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