Morante de la Puebla: Una larga y tortuosa historia de apoderamientos.

Por Álvaro Rodríguez del Moral.

La ruptura profesional entre José Antonio Morante de la Puebla y el apoderado Toño Matilla ha refrescado la memoria de la intermitente y tortuosa historia de los muchos mentores del torero sevillano desde sus inicios hasta esta etapa que afronta haciéndose cargo personalmente de sus asuntos. Se puede atribuir el papel de descubridor de Morante a Leonardo Muñoz, padre del diestro Emilio Muñoz, con quien llegó al debut con picadores en Guillena en 1994, aunque fue Miguel Flores el primer taurino de fuste que confió en él llevándole a la alternativa en Burgos el día de San Pedro de 1997.

Las desavenencias con Diodoro Canorea alejaron su doctorado de Sevilla, pero la Feria de Abril de 1998 y su única Puerta del Príncipe en 1999 -dos temporadas en las que navegó de la mano de José Luis Marca y Álvarez Canorea- animaron al viejo empresario manchego a prepararle una millonaria exclusiva que no tendría recorrido. La exclusiva ya hacía aguas a la muerte de Canorea y quedó sentenciada después de la feria de 2000, preparada por el empresario -que murió el 28 de enero de ese año- para la consagración de Morante, quien resultó gravísimamente herido después de alimentar todas las esperanzas y, con ello, se frustraron muchas cosas.

Manolo Macías, amigo del torero, se hizo cargo de sus asuntos pero 2001 lo estrenó con Manolo Camará, que tomó las riendas por poco tiempo, ya que pronto iba a llegar un acuerdo con su paisano José Luis Peralta, con el que afrontó un lustro en el que estuvo ausente de Sevilla y tras el que cortó por unos problemas psiquiátricos. Pero el torero iba a poner a prueba la capacidad de sorpresa del toreo una vez más y, al concluir la temporada 2006, Peralta era sucedido por el mismísimo Rafael de Paula, fábula que no podía durar y Morante, fiel a su propia trayectoria, volvió a sumergirse en un nuevo eclipse después de prescindir del artista gitano.

Su antigua amistad con Antonio Barrera le llevaría a la órbita de su suegro, el constructor y ganadero José Sánchez Benito, que le aseguró un caché difícil de materializar, lo que saltó en la espantada de Roquetas -se marchó de la plaza vestido de luces y sin hacer el paseíllo por desavenencias económicas- aunque el torero aún mantuvo a Benito y Barrera hasta 2009. Lo que nadie podía suponer es que el de La Puebla escogería a Curro Vázquez para que llevara sus asuntos a partir de 2010, ya que ambos habían chocado a raíz de la concesión de la medalla de oro de las Bellas Artes a Francisco Rivera, sobrino de Vázquez: no importó, afrontaron juntos 2010, 2011 y 2012. En 2012, Barrera, recién retirado de los ruedos retomó las riendas de la carrera de Morante bajo la cobertura del empresario mexicano Alberto Bailleres (Espectáculos Taurinos de México), aunque algunas decisiones también acabarían por dejarle en el camino sin abandonar la casa reconvertida en Fusión Internacional por la Tauromaquia.

Morante escogió entonces a un hombre de trastienda, José Miguel Carvajal, pero todo volvió a saltar por los aires el 13 de agosto de 2017 a raíz de un mano a mano con El Juli en El Puerto de Santa María, una tarde aciaga en la que anunció su retirada por sorpresa mientras arremetía contra presidentes y veterinarios. Pronto se supo que aquella retirada no era tal y Morante volvió a sorprender a todo el sector al poner la dirección de su carrera en manos del veteranísimo apoderado Manolo Lozano, con casi 90 años de edad, un compromiso por un año y condicionado a circunstancias como la ausencia de las cámaras de televisión de todos sus contratos.

El inicio de 2018 se retrasó hasta la feria del Caballo de Jerez, pero Morante ya había rubricado su vuelta a Sevilla con Ramón Valencia, que no dudó en acudir hasta los dominios del diestro cigarrero para estampar su firma en el escritorio que había pertenecido a Joselito El Gallo: la vuelta había quedado fijada para San Miguel. Fue el primer contrato que firmó el torero para aquella campaña de 2018 y el último que cumplió. Unos días después, al terminar el festival del 12 de octubre para la Hermandad de la Macarena, culminaba la fugaz relación con Lozano. Morante, sin solución de continuidad, volvía a sorprender poniéndose en manos de casa Matilla, relación que ha durado dos temporadas largas marcadas por la pandemia.

Publicado en El Diario de Sevilla

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