Joselito Adame: El torero que sí medita… confiesa cómo le cambió su vida la irrupción del Covid.

El antaño niño torero nos cuenta el camino salvador de la meditación, la contorsión y el yoga: «La primera vez no era capaz de hacer ni el 5% de las posturas que hacían las señoras; pensé en irme corriendo». Joselito Adame, diestro de Aguascalientes con casa en Madrid, es el gran pensador de los ruedos, en México y en España.

Por Martín Mucha. Fotos: Adrián Wong.

Joselito Adame camina por Madrid preparando su regreso a Europa. Es el torero más importante de México, quien torea en el Viejo Continente desde el año 2004, y este 2021 decidió no hacerlo. Quería dedicarse a resucitar la Fiesta en su país. Ha sido un parón con significado. Y su forma de afrontar no haber toreado en sus añoradas plazas españolas y francesas es… meditando. Es el torero que medita. Y que se enfrenta al recuerdo de sus peores años como torero. De lo que pocos han hablado. Del silencio de la pandemia. Del paro.

Adame fue parte de los denominados niños toreros. Con 11 años, en el 2000, ingreso en la academia de Aguascalientes. Debutó pronto, en octubre de ese mismo año. Ya quinceañero, decidió perfeccionar su técnica y se mudó a España, a la escuela taurina de Madrid. Desde allí comenzó su idilio con la capital de su país de adopción, donde posee dos casas. El precoz José Guadalupe Adame Montoya sorprendió a sus profesores. Por el niño cantante de Jaén le rebautizaron como Joselito, el ruiseñor de los ruedos. Así se quedó.

En sus inicios, el triángulo de los más reputados le echaron un capote. En septiembre de 2007, tomó la alternativa con El Juli como padrino, en la plaza de Arlés (Francia). Días más tarde, en su confirmación en Nimes, su testigo fue José Tomas. En su ratificación, ya en su país natal, en la plaza de toros con mayor capacidad del mundo, fue Enrique Ponce su valedor. Así, el Hugo Sánchez de la tauromaquia apareció en el siglo XXI. Era el inicio.

Hace 10 años, entre la presión de una carrera que destroza a quien titubea, Adame necesitaba otra forma de conectarse. Dar un paso más allá. «Al lado de casa, a 100 metros, tenía un gimnasio. Buscaba fortalecerme. Yo nunca fui un torero de salón… Había visto algunos reportajes de meditación y yoga. Poco más. Creí que me vendría bien dominar ciertas posturas… Un torero necesita equilibrio y era una buena técnica para alcanzarlo…». Lo hizo pensando que iba a ser una experiencia sencilla. Craso error.

«Me apunté. Estaba en buena forma, lo prometo. La primera clase no podía hacer un 5% de las posturas que realizaban las señoras. Pensé en irme corriendo. Realmente estuve a punto. Pero soy muy competitivo. Empecé tratando de llegar al nivel de una de esas señoras… Los primeros días eran durísimos. Las articulaciones al día siguiente me dolían…». Superó el bochorno y seguía creyendo que le ayudaría a mejorar su habilidad en la arena.

Cuando parecía que se iniciaba el mejor año de su carrera, llegó la pandemia. Su entorno más cercano comenzó a enfermar. Murieron dos tíos muy cercanos. También padres de amigos… Hasta su asistente se infectó: «Pensé que no se salvaba».

No sólo se quedó en las posturas del yoga. Se adentró en la meditación. Quizás la mejor definición de lo que significa meditar correctamente la ha hecho a EL MUNDO, Jon Kabat-Zinn, doctor en Biología Molecular por el MIT: «Funciona cuando hay una congruencia entre nuestra vida y lo que hacemos. La verdadera meditación es cómo vivimos nuestra existencia momento a momento. Se trata de observar cuántas veces perdemos la cabeza, recuperar la atención y empezar de nuevo».

«Empecé a notar la mejoría. Sobre todo, en mi tranquilidad. Me ayudó en el concepto de mi toreo. Me dio una paz increíble», apunta el diestro de Aguascalientes, quien ha posado para el lente del fotógrafo mexicano Adrián Wong, recientemente radicado en España, lo hace meditando y en posturas de yoga. Otra mirada. Conforme su nivel de meditación mejoraba, también la precisión de su espada.

En diciembre de 2019, el mejor momento de su carrera. Finalizaba el año, como lo comenzó, con la Monumental de México encendida, con decenas de miles ovacionándole. Y él saliendo por la puerta grande. Su progresión, recién cruzado el umbral de los 30, era notable. El niño promesa daba paso al adulto con un toreo maduro. Aún le faltaba dar el salto de calidad en Europa, donde no se le contaban faenas de prestancia como en su tierra. Asó lo describió el crítico Carlos Crivell, en este diario: «Joselito Adame es el mexicano con mayor cartel en España. Es una figura en su país que todavía debe cuajar su cartel en nuestras plazas, pero es de los que se espera el salto definitivo a cotas más altas». El 2020 parecía que iba a ser su año…

Y el mundo puso el botón de pausa cuando mejor estaba. La pandemia hizo que la tauromaquia sufriera el envite de un Miura. Sin picadores. Sin cuadrilla. Sin público. Sin ingresos. Joselito se encontró parapetado en su hacienda mexicana. Con decenas de miles de euros en gastos.

«Normalmente, cada año tengo medio centenar de corridas… El 2020 empecé en el mes de febrero. Ya llevaba 10 y 12 ya firmadas. El 25 de febrero de 2020 se paró todo. Soy muy sincero, al principio pense que era de vacile. En tres meses, activos. A los cuatro, nada pasaba… Además, la mancha se iba a acercando. Se enferma un primo. Después, una de mis hermanas. Estaba duro y me llevaba las manos a la cabeza…».

-¿Te enfermaste?

-Fíjate que fui a un evento. Un cumpleaños. En el mes de octubre, hace un año. Cumplimos todos los protocolos. Regresé a casa. Cuando terminé aquel día, sentí un dolor de cabeza. «Es raro que me duela», pensé. Al día siguiente, desperté perfecto. Me enteré pronto que varios invitados dieron positivo. «Híjole», dije. Por precaución, a los poquitos días me hice la prueba. Me resguardé en la finca de nuevo. Sali negativo. Por descartarlo todo y no poner en riesgo a mi familia, también me hice la de anticuerpos. Y los tenía. Me había infectado y no me había dado cuenta.

-¿Murió gente cercana por coronavirus?

-Sí. Dos tíos cercanos, primos hermanos de mis padres, fallecieron, padres de amigos… A mi asistente, a él le dio durísimo, pensé que no se salvaba.

Y quedaba la devastación económica. Cada torero es una empresa…

-Tenemos muchos sueldos que pagar. Fue un golpe duro. Sin ningún ingreso tuve que echar mano de mis ahorros. Era mi deber ayudar a la cuadrilla, no podía abandonarles, somos una familia. Ni a los empleados de mi restaurante. Tuve que replantearme todo, incluido la tauromaquia. No había cuenta bancaria que aguante. No fue nada fácil…

En la intimidad de su mente: la rutina de ‘Joselito, el ruiseñor de los ruedos’ comienza a las 6:45. No importa el país. En cada ciudad que visita busca un lugar apropiado y sereno para practicar yoga y meditación, lo que confiesa ha cambiado su manera de pensar y, por ende, de torear.

-¿Qué te ayudó a superarlo?

-Hay una frase que me acompañó: La felicidad viene precedida de la naturalidad. Entre más natural seas más feliz…

Ahora está en Aguascalientes, en su hectárea de terreno, con su placita de toros y su finca. Este año se volcó en su país para que La Fiesta se recupere allí, el 2020 fue una catástrofe, con las principales ferias canceladas. «Y necesitaba todo nuestro apoyo».

EL REGRESO: SEIS MESES EN EUROPA, SEIS EN AMÉRICA

Está planeando con tiempo su regreso a Europa. Se ha vacunado hace «escasamente» cuatro meses. «Moderna, dos dosis».

La naturalidad le acompaña como la tadasana (postura de la montaña), en el inicio de cada sesión de yoga. Quiere que 2022 sea su año. «Planeo estar seis meses aquí y seis en América». La primera semana de octubre estuvo preparando su arribo a Madrid, donde vendrá con su mujer y sus hijos. Es su gran apuesta.

«Ha sido bastante bueno el reencuentro. Tengo una casa en Madrid cerca de Las Ventas y buenos amigos. Me escondo en muchos rincones. Fascinado con la ciudad, con su ritmo. Llegué el 1 de octubre y ha sido muy enriquecedor. Además pude acompañar a mi hermano Alejandro (novillero, con una presentación entusiasta en Las Ventas). Vi a Madrid con muchas ganas. Me emocionó y me ha dado más ganas de volver»

-¿Conoce algún otro matador que siga sus pasos para concentrarse?

-No conozco otro torero que medite en América. Con Talavante hablamos. Él lo ha hecho y lo practica.

Mientras, cada día, aquí y allí, mantiene su rutina de meditación. «Todos los días, en la mañana, lo hago. Normalmente temprano, sobre las 6:45. Dejo el teléfono de lado. Busco concentrarme. Despejarme. Depende de lo que pueda, lo hago 15 minutos. Una hora. Créeme que logro poner la mente en blanco. Tres minutos, cuatro minutos. A veces, cinco».

Publicado en El MUNDO.

1 comentario »

  1. CUANTA MENTIRA ¡¡ , Josetoluco o Joselillo Hambre como se le conoce en Mexico, no da ni las gracias, menos ayudaría a sus cuadrilla en tiempos de pandemia donde no generaba, si cuando todo ha estado bien a las cuadrillas no les paga porque les jinetea los sueldos a personas que viven de su trabajo y viven al día, y hasta restringe las comidas, les da de desayunar en los OXXO café y pan para no gastar, es un miserable, es de los que esta buscando en las barreras a quien brindarle el toro para que pague la cena como principiante categoría cero, por lo mismo digo que cuanta mentira en este articulo…

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