Lección de Julián y lo que el viento se llevo Por Luis Ramón Carazo.

El miércoles 11 de mayo, en Las Ventas de Madrid, en las imágenes que, a través de la pantalla pudimos ver en nuestro país, presenciamos una de las más rotundas actuaciones de Julián López, El Juli y claro, en 24 años de su carrera de matador de toros y habiéndole visto, desde su debut de novillero en Texcoco, le hemos presenciado muchas. La hermosa plaza mudéjar, rebosando de público que abarrotó los tendidos.

Los toros de La Quinta, fueron la materia prima para, el cartel integrado por Morante de la Puebla y Pablo Aguado. Bellotero de la ganadería, con encaste en Santa Coloma -muy familiar en México por su cercanía con los del Saltillo y varias ganaderías mexicanas, actualmente lo poseen- fue un toro con mimbres de emotividad y fijeza, lo bordó con el capote y la muleta.

Por cierto, así se llamó un novillo de Santo Domingo, al que Jesús Solórzano en La México le tejiera una inmortal faena, premiada con el rabo, actuando al lado de Ricardo García y Diego O´Bolger, el 18 de octubre de 1964.

Posteriormente al quinto de la tarde, Gañafote un astado que embestía, a lo que en lenguaje taurino le llamamos gañafoneando o con la cabeza suelta; Julián le bordó una faena memorable, por su contenido técnico y estético, trocó un acometer incierto en embestidas potables, arriesgando mucho y poniendo en práctica un nato conocimiento desde niño. Lamentablemente falló la suerte suprema, su actuación rotundamente, hubiera sido de Puerta Grande gloriosa, independientemente de trofeos, lo fue.

Un detalle muy significativo, cuando se fue hacia el burladero de matadores y el llanto le brotó, al saber que había perdido lo que todo ser humano en el campo que sea, debería buscar, el triunfo rotundo.

La lección nos permite recordar el anhelo de triunfar, fuente de la predisposición a vencer retos y lograr metas, viene integrado en el paquete de algunos seres humanos, como Julián, lo cual, a estas alturas de su exitosa carrera es algo encomiable y recordar que si queremos ser figura en lo que hacemos, tenemos que fijarnos en el ejemplo, como el del torero madrileño. Que conste. Además, alguien dijo que arte que no conmueve no es arte, Julián con su inolvidable actuación nos estremeció.

En La México imperó el viento el 15 de mayo, día de San Isidro y del maestro en nuestro país, el viento implacable, enemigo número uno de la tauromaquia, omnipresente en el cartel integrado por El Zapata, El Galo y Juan Pedro Llaguno, los tres matadores banderilleros que lograron muy buenos momentos, en el tercio de garapullos, en conjunto y en solitario.

En sus respectivos turnos, las complicaciones del viento se sumaron a tres astados de Golondrinas, que tuvieron escaso recorrido, embestían descompuestos y solamente la voluntad de triunfo de la tercia, se destacó.
Los tres de los segundos turnos de Arroyo Zarco, particularmente el quinto y sexto, fue una lástima que no los viéramos en plenitud, porque ante el viento imperante El Zapata, El Galo y en especial Juan Pedro Llaguno se la jugaron con Eolo en abundancia.

El público fue duro y severo con El Galo, así como entregado con Juan Pedro, el último, logró momentos brillantes con la pañosa, aunque, desafortunadamente con la suerte suprema no fue certero, maltrecho -al ser apaleado cuando la intentó en primera instancia sin la muleta -escuchó los tres avisos, que abundaron en la tarde.

El juez de plaza me parece, se equivocó al premiar con arrastre lento al quinto de la tarde y contribuyó a que fuera más acre, la actitud contra El Galo por parte de un público, que con él torero yucateco me parece, fue cruel.

El que, con todo y el baldón de un toro vivo, apunta a grandes alturas por su carisma y buen toreo, es el queretano Juan Pedro, El Zapata como siempre, hizo gala de experiencia y facultades a sus 25 años de alternativa.

Arturo Gilio, tuvo una buena actuación el día 9 de mayo, en su debut novilleril en Las Ventas y quién, en busca de lo que comentábamos líneas arriba, sufrió una cornada que, por tres meses lo mantendrá en el dique seco, deseamos se recupere y siga adelante, pues el novillero lagunense promete y mucho.

Isaac Fonseca, el 16 de mayo en Madrid, tuvo una muy buena actuación, en la que demostró arrojo y ya cierta madurez en su carrera novilleril; al quinto de la tarde, Hortelano lo toreó con gran prestancia en el capote y con la muleta, supo extraer la calidad en la embestida del de Conde de Mayalde, notable. Su premio fue la vuelta al ruedo al fallar en la suerte suprema, dejó su nombre y el de México en alto en Las Ventas.

Cierro con el recuerdo de la sonrisa de quién, en sus años mozos, fuera además de matador de toros, portero del equipo de fútbol de los toreros, del cual era el capitán mi señor padre, Eduardo Moreno, nació en Ciudad Juárez, Chihuahua y tomó alternativa el 10 de marzo de 1963, en el Toreo de Cuatro Caminos, su padrino Manuel Capetillo y el testigo Diego Puerta, toros de Valparaíso. A su familia abrazamos con el cariño de una amistad de muchos años con Morenito, decano de los matadores mexicanos y extraordinaria persona.

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