LAS DISTANCIAS DEL PAYO

POR FRANCISCO LAZO

AMIGOS, andarle cerca al toro es sinónimo de valor no de ahora sino de siempre y hay ocasiones en que la temeridad ha llevado a los toreros a terrenos increíbles conmocionando a los públicos. Y la razón es simple, mientras más cerca le andes al toro más cerca estará la cornada aunque también existe la versión que en corto pierde de vista al hombre quien así elude la tragedia. La realidad es que para arrimarse más y más hay que tener el corazón muy templado y eso se proyecta llegando al grado de que el público siente tanta aprensión como el torero mismo y las plazas se llenan de emoción. Y si el coleta se aleja del toro decrece el condimento mayor de la lidia, la temeridad y decrecen también los sucesos en la arena. Son buen número los que han cruzado la línea de la razón y “al montarse en el toro” para torearle crean un clima de temores que al ser superados por el lidiador se producen acciones de gran impacto. Y cuando el torero burla por milímetros el peligro se generan momentos de intensa agitación y al conjugarse el arrojo con el arte no hay espectáculo más emotivo en lo que viene a ser un juego para eludir la muerte. Hubo tiempos en que se toreaba retirado para no ser presa del toro, pero para estimular nuevamente a la lidia se fue acortando la distancia entre toro y torero cada vez más por lo que aumentaba enormemente la admiración e interés en los ruedos. Y comenzamos a ver matadores con el traje manchado con sangre de toro de tan cerca que le caminaban y más tarde una combinación de atrevimiento y belleza en la interpretación de lances y pases. Siguió corriendo el tiempo y se siguieron buscando nuevos motivos para incrementar la atención y emoción en el toreo, dándole así mayor oportunidad de acrecentar su popularidad. Y para eso hubo necesidad desde luego de atemperar la agresividad del toro y crecía la fiesta pero al mismo tiempo fueron decreciendo los gestos de temeridad que son sin duda la sal de la función, aunque no desapareciendo del todo el peligro. Y se abusó hasta hacer pensar a muchos que ellos podrían torear lo mismo que los espadas, quitándoles esa exclusividad del valor a los que visten de luces. Se aflojó el toro y se aflojó la fiesta y como no se puso remedio de inmediato a la fórmula equivocada comenzó a desmoronarse el interés. Ahora como no hay mal que dure cien años empieza a recuperarse la raza del toro e intensificar su ataque, lo que combinándose con el surgimiento de jóvenes toreros se va rescatando la fisonomía intrépida que debe acompañar siempre a la función taurina. El que quiera ser torero en la actualidad tiene que mostrar primeramente su valor y luego sus posibilidades artísticas y si es capaz de hacerlo serán los que reconquisten los mejores atributos del toreo y crezca otra vez su popularidad. Precisamente ESTO acaba de dar una noticia muy alentadora, que el joven coleta queretano Octavio García “El Payo” tiene un programa recargado de novilladas hasta llegar a participar en dos en un solo día allá en plazas españolas y francesas. Octavio dejó ver desde su aparición que tenía el requisito indispensable para convertirse en un torero de atractivo de los que convocan públicos masivos a los tendidos, pues anda tan cerca de los pitones que produce escalofríos, emociones sin cuento y va ganando la admiración de las grandes concurrencias. Tiene por cumplir un número elevado de novilladas además de las que ya ha toreado en ambos países con vistas a tomar su alternativa este mismo año. A su valor natural agrega un toreo inquietante y con otra virtud que enaltece su profesión, tiene calidad y va al toro dispuesto siempre a sacarle provecho cualquiera que sea su lidia. Dejó ver todas esas actitudes desde que apareció en los ruedos y ya sabe lo que son las cornadas pero ni aun así desiste, pues va siempre hacía adelante ganando terreno al toro y haciendo lucir sus aptitudes corriéndole la mano. Muy derecho se va tras la espada y de llegar a dominar aún más esta suerte ya podremos ratificar que estamos ante el torero tan esperado. Y allá en España donde precisamente está el madrileño José Tomás a quien vimos nacer en plazas mexicanas hace unos años y que luego de un paréntesis en la jerarquía mayor del toreo le está dando lustre a la lidia, pues pisa terrenos comprometidos sin pestañear y les corre la mano que es un contento. Ha de venir nuevamente a México donde tiene un elevado número de seguidores y bueno sería que la suerte nos depare un cartel en el que viéramos a José Tomás y a Octavio García disputando palmas con un toreo sin distancias.

2 Comentarios »

  1. Supuestamente el arte del toreo es burlar la muerte, afrentar el piton y sentir el roce en la tela.
    Seria como en la tauromaquia, el quiebre en el ultimo momento, cuando el toro tiene todas las de ganar.
    SIN TORO NO HAY TOREO

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