Comienza la feria de Bilbao con el recuerdo al desaparecido Iván Fandiño


De SOL y SOMBRA.

El recuerdo al torero desaparecido Iván Fandiño protagonizará la Aste Nagusia de Bilbao, que comienza mañana, sábado, y se prolongará hasta el domingo 27, y consta de ocho corridas de toros, un espectáculo de rejoneo y el tradicional duelo de recortadores, el día 26.

El mundo taurino de Bizkaia celebrará numerosos actos en homenaje al torero de Orduña, corneado mortalmente el pasado 17 de junio por un toro en la plaza francesa de Aire Sur L’Adour. Los homenajes han sido organizados por la Junta Administrativa de la Plaza de Toros de Bilbao, la Casa Chopera, responsable de la temporada taurina; la Federación de Clubes y Peñas Taurinas de Bizkaia, los dos clubes taurinos de Bilbao y el de la comparsa Tintigorri. Aunque los actos se celebrarán a lo largo de la Semana Grande, los principales se concentrarán el 21 de agosto, jornada en la que estaba anunciada su actuación en las Corridas Generales de Vista Alegre.

Ese día, se le recordará en el apartado de los toros; después, durante la corrida se interpretará el Agur Jauna, con los toreros y sus cuadrillas ya en el ruedo, y el pasodoble Fandiño durante el paseíllo de los toreros Joselito Adame, Juan del Álamo y Curro Díaz, que ese día lidiarán reses de la ganadería de Alcurrucén y brindarán sus primeros toros al matador fallecido y a su familia.

Además, se inaugurará una exposición de fotografías de faenas del torero de Orduña y se exhibirá el cartel de las Corridas Generales en el que aparece el torero con un traje de luces. Por último, la Federación de Clubes y Peñas Taurinas de Bizkaia ha instituido un trofeo que lleva el nombre del malogrado matador.

Perera, sustituto de Morante

Miguel Ángel Perera será el sustituto de Morante de la Puebla, retirado de los ruedos; Cayetano se anuncia en lugar de Manzanares, en período de rehabilitación tras ser intervenido quirúrgicamente, y Curro Díaz suplirá la ausencia de Fandiño.

Junto a ellos, los toros de Victorino Martín y Miura y otras primeras figuras del toreo como Enrique Ponce, El Juli, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey estarán presentes en la feria taurina de las Corridas Generales de Bilbao.

Llama la atención que la empresa haya regresado a la apuesta por los toreros consagrados después de que el año pasado lo hiciera por los jóvenes. Destacan las repeticiones de Ponce y El Juli, como bases de la feria, las dos tardes de Roca Rey, ausente el año pasado por cogida, y de Urdiales, uno de los dos triunfadores de 2016; sin embargo, José Garrido, que abrió la Puerta Grande, hará un único paseíllo.

Sebastián Castella y López Simón componen el dúo más sobresaliente de ausentes, al que se une, un año más, el rejoneador Diego Ventura, vetado por Hermoso de Mendoza.

Las combinaciones son las siguientes: 

Sábado, 19 de agosto. Espectáculo de rejoneo. Pablo Hermoso de Mendoza, Andy Cartagena y Lea Vicens (toros de El Capea y Carmen Lorenzo).

Domingo, 20: Juan José Padilla, Antonio Ferrera y David Fandila, El Fandi (toros de Torrestrella).

Lunes, 21: Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo (toros de Alcurrucén).

Martes, 22: Miguel Ángel Perera, Julián López, El Juli y Andrés Roca Rey (toros de Jandilla).

Miércoles, 23: Diego Urdiales, Manuel Escribano y Paco Ureña (toros de Victorino Martín).

Jueves, 24: Julián López El Juli, Alejandro Talavante y José Garrido (toros de Garcigrande y Domingo Hernández).

Viernes, 25: Enrique Ponce, Cayetano y Ginés Marín (toros de Victoriano del Río).

Sábado, 26: Enrique Ponce, Diego Urdiales y Andrés Roca Rey (toros de Puerto de San Lorenzo).

Domingo, 27: Fortes, Juan Leal y Román (toros de Miura).
Publicado en El País 

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Tendido 7: De lo desastroso y nocivo, a lo atrayente

Morante ¿hasta la victoria?

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¡Qué fecha tan importante la del 15 de agosto! ¿Y por qué? ¡Vaya hombre, qué fue la celebración de la festividad religiosa de La Asunción de La Santísima Virgen María! 

Así es, jornada de mucho movimiento en la península Ibérica, y que en el pueblo español se vive y venera con grande devoción en todos los rincones de su geografía, y cómo no, si es el alegórico día de “La Virgen de la Paloma”.

“Quien no torea el día de la Virgen, ya no toreara el resto de la temporada”. Es esta máxima una de las sentencias más recurrentes en el mundillo taurino español, ya que prácticamente por toda España se programan festejos taurinos para tan emblemática festividad, y todos los toreros, sea figuras o los demás, buscan su acomodo en algún cartel, sin importar el alto rango o lo modesto de la plaza y los alternantes.

Pero no obstante lo significativo de la fecha, giraré únicamente unos días en retroceso al calendario, para irnos hasta la hermosa ciudad de Donostia —denominación en el lenguaje euskera— conocida mundialmente como “San Sebastián”. Esta villa —narran sus cronistas— se fundó en el año de 1180 por el rey navarro Sancho “El Sabio”, estando muy cercana a un monasterio que se había consagrado a San Sebastián, que era un joven romano nacido hacia el año 256 en la ciudad de Narbona y que pertenecía a las filas de las Legiones Romanas.

Iniciado por su familia en la religión Cristiana, se caracterizó desde temprana edad por ser un grande catequizador de su fe, situación que lo llevó al martirio por orden del emperador Maximiano, falleciendo finalmente en el año 288. ¡Qué similitud con San Fermín (igualmente romano) y patrono de los pamploneses —año 272 al 303— que contaba con 16 años de edad cuando su compañero San Sebastián, de 32 años, era martirizado en Roma! Hoy estos dos santos son protectores de ciudades españolas, Pamplona y San Sebastián, respectivamente.

Ya transcurridos 1729 años, vayamos por tanto a recordar lo sucedido en la plaza de toros de “Illumbe” durante su tradicional feria de San Sebastián 2017, en la que fuimos testigos oculares de dos acontecimientos diametralmente opuestos: el primero —sábado 12— desastroso y nocivo, y un día después —domingo 13— lo atrayente, es decir, de lo que se nutre la Fiesta de los Toros y sus aficionados.

Tenemos un aforismo en nuestra fiesta, que refiere cuando alguna corrida ha sido mala, aburrida o intrascendente y dice así: “nada bueno que llevar a casa”. Pero lo que aconteció el anterior sábado —que dicho sea, es una imagen infausta, reiterativa y constante— nos da pauta y autorización a los aficionados del planeta de los toros para decir con energía ¡“YA BASTA”! 

Vaya “encierrito” de Zalduendo, siete reses “mansurronas, descastadas e intolerables” con el que se estrellaron, Morante, Ginés Marín y Andrés Roca Rey. Con animales así, la fiesta se hunde hasta el fondo del lodazal más renegrido, y los aficionados y el público lamentablemente pierden el interés por el espectáculo.

¿Habrá sido esta adversa situación, la causa por la cual el domingo 13 el coso de Illumbe mostrara tan raquítica asistencia? —apenas si un cuarto de entrada— ¡Y qué interesante corrida! Esas que a los aficionados les gratifica ampliamente presenciar. 

Un aplauso al ganadero de El Parralejo, que ha mandado al ruedo de Donostia seis ejemplares de lo que debe ser siempre “un toro de lidia”, y que fueron debidamente aprovechados por los jóvenes aguascalentenses Joselito y Luis David Adame, quienes agradaron y convencieron ampliamente al público de San Sebastián y a quienes pudimos disfrutarlos.

En resumen: en el festejo inaugural de la Feria de Donostia, las reses del hierro de Zalduendo nos han mostrado una vez más, tanto a los aficionados donostiarras como a todos los demás en el planeta de los toros, una clara constancia de esa “nefasta pandemia cancerígena” que viene demoliendo a pasos agigantados a nuestra fiesta, la nociva enfermedad denominada “mansedumbre”.

El cansancio y la desesperación de los aficionados está de manifiesto en cada tarde, y no obstante lo atrayente y favorable del segundo festejo, el público renunció a estar en la plaza. ¡Qué problemón! Vaya mal que nos aqueja, es evidente, ya que continúan transitando en nuestra hermosa fiesta quienes por su obstinada soberbia y altareros desplantes, se niegan a aceptar que el Eje Central y Único de éste milagroso Espectáculo, es y siempre será: Su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador

Tarde de toros y toreros

Granada tiene una historia irrenunciable en el mundo de los toros, con claras aportaciones de las que hacen afición.

Por TITO ORTIZ.

La tarde del 23 de junio de 1973, cuando salía de la plaza de toros de Granada, mi padre me paró bajo el arco de la puerta grande, y me dijo: «Juani, ya has visto toros para toda tu vida». Y no se equivocó, porque después de aquello que habíamos presenciado los dos en el tendido, no he logrado superar el entusiasmo, por muchos toros y toreros que he visto a lo largo de mi vida. Aquel Corpus mágico comenzó con la caída del cartel de Paco Camino, que anunciaba retirada de los ruedos, y a don Luis Miranda no se le ocurrió otra cosa que sustituirlo con su paisano y rival en los ruedos, Curro Romero. Pero es que el cartel lo encabezaba, nada más y nada menos, que Luis Miguel Dominguín, que llevaba más de una docena de años sin torear en Granada, y venía con tal fuerza, que recibió a su primero de Juan Pedro Domecq con dos largas cambiadas de rodillas en el tercio, como si de un novillero debutante se tratara. Vestía un terno, verde manzana y blanco, con los bordados diseñados por Picasso, y calzaba medias blancas. Solo verlo vestido para torear de aquella manera ya valía la pena haber pagado la entrada.

Curro Romero en su primero recibió una de sus acostumbradas broncas, y se le arrojaron algunos rollos de papel higiénico, como era costumbre, pero en el segundo puso literalmente la plaza bocabajo, con el delirio en los tendidos que yo no he vuelto a vivir nunca, lo mismo que no he vuelto a ver a los tres espadas dar la vuelta al ruedo juntos y a la vez, con la plaza puesta en pie, las palmas echando humo y las gargantas rotas del clamor. Y remató la tarde nuestro José Julio Granada, que en su primero destapó todos los tarros de las esencias, cuya fragancia viaja aún por los aires de Granada. No hay tarde como aquella tarde.

La escuela del club taurino

Granada no ha vuelto a vivir una rivalidad taurina como la que protagonizaron los novilleros Rafael Mariscal y Miguel Montenegro. ‘Mariscalistas’ y ‘Montenegristas’ llegaron incluso a las manos, por defender al torero de su afición. La escuela taurina del Club Taurino se encargó de formarlos y lanzarlos a la gloria del toreo, para regocijo de una Granada taurina, que los vio triunfar, no solo en su tierra, sino en todas las plazas importantes de España y América.

Aquellos dos niños granadinos pusieron Vista Alegre en pie la noche de su mano a mano, y Madrid se les rindió. Pronto surgieron sus peñas taurinas y la intención de contar con ellos para todo, en la ciudad que los vio nacer y crecer.

Hasta la albaicinera Virgen de La Aurora llevó los bordados de sus vestidos de torear en el palio. Granada hervía con las dos aficiones encontradas, y el club taurino era entonces un centro de actividad frenética, hasta el punto de que un toro muerto mató a un socio. Sí, he dicho bien, un toro muerto mató a un socio.

Costumbre era que los taurinos se reunieran en el salón de la chimenea a leer el periódico, y un día ocurrió lo imposible. Una de las cabezas de toro que colgaba de la pared, con su placa en la que se leía la ganadería, el nombre del bicho y los caballos que había matado en la plaza del Triunfo, se descolgó al fallarle la alcayata, con tan mala fortuna que un socio que bajo ella leía el IDEAL resultó muerto en el acto.

De los toros no puede uno fiarse, aunque estén muertos y disecados.

Años más tarde, Granada iba a recobrar su afición y su ilusión taurina, con la irrupción de un torero diferente. Ricardo Puga, ‘El Cateto’, logró hacerse un hueco en la Granada taurina con su verdad taurómaca y originalidad, porque se hacía anunciar en unos enormes carteles, vestido de pana y albarcas, con un haz de leña al hombro. Algunos decían ver en él la reencarnación de otro mítico torero granadino, Miguel Gálvez, ‘El Lechero’, que en 1737 tuvo bastante renombre. Ricardo Puga Cifuentes, ‘El Cateto’, nacido en Juviles, tomó la alternativa en Motril de manos de Curro Girón, y actuó como testigo el torerazo de nuestra tierra José Julio Granada.

‘El Cateto’, en su corta trayectoria, revolucionó a la afición, y hoy su estirpe sigue siendo famosa, porque su sobrino es el Mago Migue, tan querido por todos nosotros, y su hermano y padre del mago internacional, Francisco Puga, nos arrancó durante mucho tiempo una sonrisa al ver sus chistes en la prensa local firmados como ‘Frapuci’.

Fuente: Ideal

Opinión: Así está el toreo…

Por Sixto Naranjo.

Anda el mundo del toro un tanto convulso en los últimos días. La lesión de José María Manzanares dejaba cojos muchos carteles de este verano. El difuso futuro de Las Ventas, en el aire y sin comunicación por parte de Comunidad de Madrid y la empresa Plaza 1 (hasta el día de ayer) durante casi dos meses. Pero sobre todo, el adiós de Morante de la Puebla ha hecho remover muchos lodos que llevaban tiempo acumulándose.

El adiós del torero de La Puebla del Río y sus motivos han hecho que se abra el debate, que se juzguen sus razones. Morante, un grandioso torero, ha dicho que todo se debe al volumen del toro, al hartazgo con el sistema y a las decisiones de presidentes y veterinarios.

Pero como suele ocurrir en esto del toro, nada de hacer autocrítica. Nada de mirarse al espejo y admitir la realidad. La realidad le haría ver a Morante que en los últimos tiempos su gran tauromaquia se ha espolvoreado con cuentagotas. Que sus grandiosas condiciones no han salido a flote. Morante tiene el toreo en la cabeza, en las muñecas, en su cintura, en la yema de los dedos. Precisamente por eso, y más allá de sus palmeros, hay que exigirle lo máximo.

Morante ha sido la figura de los últimos tiempos que peor ha administrado su carrera. Sin rumbo, en manos de mediocres, de arribistas o de estrambóticos personajes. Morante y sus múltiples entornos no han sabido encauzar y estructurar su presencia en las temporadas, en las plazas donde merecía anunciarse o eligiendo el ganado más adecuado.

Su actual temporada, y hasta su retirada, ha sido un reflejo de ello. Triunfos en cosos menores y un paso de puntillas en los sitios importantes. Huelva, San Sebastián y El Puerto, sus tres últimos paseíllos, demostraron que Morante estaba ya fuera de esto. Un torero de su calibre no puede salvarse por una verónica, una media suelta o un pase aislado. Morante es mucho más que un torero de arte. Morante va mucho más allá de los tópicos que le adornan.

Sólo él sabe si volverá y, si es así, cuándo, cómo y con quién será esa vuelta. Lo único cierto, es que los dos toreros de podrían marcar esta época que vivimos, José Tomás y Morante de la Puebla, a día de hoy, ni están ni se les espera. Así de duro, pero así de cierto. Su hartazgo con el ‘sistema’ les une.

Tras este adiós, la olla a presión que es el toreo ha estallado. La vuelta de Ortega Cano para sustituir a Morante en San Sebastián de los Reyes no ha sido si no una muesca más que demuestra la actual deriva empresarial de la Fiesta. El llamado ‘sistema’ vuelve a mostrar su conservadurismo y su cortoplacismo.

Que un torero de 63 años, cuyo momento en la Fiesta acabó ya hace décadas, se vista de luces para torear junto a dos de las actuales figuras del escalafón en detrimento de los más jóvenes, demuestra la podredumbre del toreo y sus gestores. Que uno de los triunfadores del año pasado en Sanse, Javier Jiménez, no vuelva a La Tercera en los carteles iniciales o coja la sustitución de Morante, deja a las claras que los intereses particulares priman muy por encima de los triunfos en el ruedo.

No se tiene nada en cuenta. La llamada revolución de los jóvenes que siempre se vende en invierno sólo vale si el joven viene respaldado por una gran casa empresarial. Y si no, que se lo pregunten a Juan del Álamo, por ejemplo. O ya veremos si a Román le vale la puerta grande en Las Ventas en el día de La Paloma. No sirve ni los méritos contraídos en la cara del toro ni lo que opine el aficionado. El aficionado… sí, el que pasa por taquilla. Ese ente al que el taurineo oficial ha tomado como su enemigo íntimo. No hay otro sector que busque en el ‘paganini’ a su más fiero contrincante. Ver para creer.

Quizá esta situación también esté provocada por este lado de la trinchera. Por culpa de la prensa. Muchas veces se escribe o se comenta más pensando en lo que vaya a decir el empresario, apoderado o torero de turno, que pensando en la realidad y en lo que ve el aficionado en la plaza o lo que éste desea. Cuestión de convivir más con el taurino en un burladero de callejón que en un tendido rodeado del sentir del aficionado.

Quizá se ha perdido el sentido crítico que debe tener la prensa taurina. El ‘ayudar’ a favor de obra con la que está cayendo ha hecho que nos olvidemos de ser un contrapoder al sistema, de hacerlos reflexionar. De remover conciencias y cambiar hábitos. Porque también es verdad que si actúas así, para ellos te conviertes en blanco de sus reproches y en un enemigo de la Fiesta.

Y todo ello, en un entorno social y político cada vez más hostil con la Tauromaquia. Baleares ha sido el último ejemplo de ello. Y aquí, más allá de un hastag o un estado de opinión puntual, no se hace nada de nada. Se deja ganar la pelea y pronto a mirar para otro lado hasta que llegue otra batalla que perder. Y así seguimos.

La Fundación del Toro de Lidia no puede llegar a todo si no hay un apoyo real de todos los estamentos de la Fiesta. Y cuando digo todos, es todos. Aquí no hay intereses particulares o sectoriales. Aquí hablamos de la defensa global a todos los niveles. Quizá algo difícil de ver si no hay la suficiente formación y altura de miras que requiere la situación actual. Otro gran lastre de los actuales taurinos.

¿Alguien recuerda que el Constitucional falló a favor de la celebración de festejos taurinos en Cataluña? Con todo el alboroto desatado tras la decisión, ¿alguien recuerda que haya habido un mínimo movimiento real para que los toros vuelvan a la Monumental de Barcelona? 

Así está el toreo…

Publicado en COPE

Perera, para sustituir a Morante en Bilbao

Perera, remiendo de emergencia para sustituir a Morante en Bilbao.

Por Carlos Ilián.

En nota de prensa la Junta Administrativa de la plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao ha dado a conocer el nombre del matador de toros Miguel Ángel Perera para sustituir a Morante de la Puebla en la tarde del 22 de agosto.

Por lo tanto el cartel queda compuesto por los toros de Jandilla para El Juli, Miguel Ángel Perera y Roca Rey. Se trata sin duda de un remiendo a la fuerza, un remiendo de emergencia porque Perera difícilmentge puede sustituir a un torero de las características de Morante.

En una entrevista, Juan Manuel Delgado, miembro de la Junta, calificó a Morante de insustituible. 

El cartel queda muy rebajado pero en pleno mes de agosto es muy difícil encontrar sustituciones en las grandes ferias por la aglomeración de corridas y cuando se trata de sustituir a un torero como Morante se hace casi imposible. El daño de la retirada de Morante ya está hecho.

Publicado en Marca

​Ocho con Ocho: ¿El toreo es arte? Por Luis Ramón Carazo


Y si lo creemos ¿Entonces por qué algunos están concentrándose en la declaración de Morante de la Puebla sobre el toro y los jueces? , ¿Por qué no pensamos en las obras inmortales que dejo para el toreo, como la de Peregrino en la Plaza México o aquella actuación en Ronda sentado en una silla por algún momento?, ¿Por qué en lugar de desearle suerte y que regrese, algunos se preparan para fustigarle si lo decidiera a futuro?
Los instantes que crean los toreros son imborrables de las retinas que tienen el gusto de paladear la conjunción con el toro, la manera en la que se le que torea escudriñando en el comportamiento de un animal, quién hasta ese instante, se mueve por el instinto, los genes y el aprendizaje directo de la madre en su proceso de crianza, todo gracias a la paciencia, conocimiento y afición (esta última por encima de las otras) de los criadores de toros de lidia. 

Y para muestra un botón la actuación imborrable de Enrique Ponce en su faena de indulto número 47 en su haber, al toro de Juan Pedro Domecq en la plaza de la Malagueta en Málaga en España, habrá quienes como inquisidores que son, que criticarán con fuerza, tanto la puesta en escena y la música, como el que toreara de capote en la faena de muleta y que le diera a Javier Conde la oportunidad de darle las tres.

Pero regreso al principio, gran parte de la magia del arte en todas sus expresiones, en conjunto es la inspiración, la creatividad y la innovación y por tanto me parece recurrir a lo imprevisto, para generar sentimientos que nos llenan de gozo.

Así las cosas, queda para el recuerdo y la historia lo realizado por Morante de la Puebla plasmado en imágenes que nunca se podrán comparar con lo vivido en los ruedos, como aquel salir caminando y toreando del hilo de las tablas a los medios con el toro Peregrino de Teófilo Gómez, pero que sin embargo darán una idea de lo que afirmo.

Como diría la inolvidable Sor Juana Inés de la Cruz nuestra gran poetisa “hombres necios que acusáis…..” Por aquellos que viven las reglas,  como si fueran la única base para sentir lo que vibra en el ser humano, cuando se es testigo de instantes de arte efímero.

Muchos toreros, aquí hable de dos, pero en especial el que se retira, nos ha regalado momentos imborrables y por ello le deseamos que recobre la ilusión para en algún momento regresar a desplegar el concepto único que atesora. Si por el contrario,  deja para siempre su profesión, continuara siendo uno de los nombres con mayor sello dentro de la historia del toreo. 

Les guste a muchos o no.

Unos de los que sigue en activo Enrique Ponce,  a su modo y manera teje para el recuerdo también instantes imborrables engarzando una carrera longeva y exitosa con todo y que muchos también le fustigan. Allá ellos.

Así lo creo y por ello lo escribo, habrá desde luego quienes no están de acuerdo y esa es la grandeza del arte efímero del toreo,  en la que cada uno con su prisma lo interpreta; en mi caso me gana el sentir que la grandeza del arte radica en sus genios y se va uno, lo extrañaremos.

Quedarán otros que van a ir engarzando cuentas para mantener viva la ilusión, así lo creo, así lo espero para el futuro.

Málaga: Ponce hace realidad su sueño con el indulto de Jaráiz en ‘Crisol’


Por Daniel Herrera.

«El toreo es el arte entre las artes». Esta afirmación de Enrique Ponce sirve de inspiración para la creación del espectáculo Crisol, una creación del torero valenciano que ayer tenía su estreno mundial en el transcurso de la Corrida Picassiana. 

El pintor francés Loren puso una colorida puesta en escena a través de toreografías en diferentes tonalidades y pinturas en tinta china que homenajeaban al genial artista malagueño. La banda de Miraflores se transformó en orquesta sinfónica, y artistas como la soprano Alba Chantal o los cantantes Estrella Morente y Pitingo, junto a un coro, prestaron su voz. Todo al servicio del toreo.

El sueño de Ponce se hacía realidad en una tarde de verano junto al Mediterráneo desde el momento que a los sones de O fortuna se hacía el paseíllo, solamente interrumpido por un minuto de silencio por las víctimas del atentado de Barcelona. Por momentos, música y tauromaquia se fundían en el albero, compenetrándose hasta el punto de parecer composiciones creadas específicamente para esta representación.

Disfrutó el creador de Crisol de su primero, un toro de Juan Pedro Domecq con poca fuerza pero una nobleza exquisita. Ideal para su tauromaquia, en una faena acompañada por Estrella Morente. Inspirado desde el inicio, lo cuidó en los primeros compases terminando los muletazos con la cara arriba. La labor fue creciendo en intensidad al citar con el revés de la muleta para instrumentar naturales y rematar con un enorme pase de pecho. Cambios de mano by Ponce mientras sonaba la banda sonora de La Misión, precedieron a otra de sus creaciones, las porcinas. Una estocada contraria le sirvió para pasear una oreja acompañado por el bel canto de Chantar.

El segundo, del hierro de Daniel Ruiz, no le gustó de salida a Javier Conde. Se le pegó en el caballo, pero ya en el quite realizado por Ponce se descubrió su fondo de nobleza. Lo probó el malagueño en su reencuentro con la Feria de Málaga tras dos años de ausencia, y se evidenció la calidad por el pitón derecho. Tras un primer cambio de manos con gusto, La Malagueta mostraba su cariño por el que durante muchos años ha sido su toreo. Poco a poco, se sucedieron naturales de uno a uno, todos muy despaciosos y algunos con regusto. Para los que creían que nunca volvería a suceder, volvió a enloquecer a La Malagueta con la mano izquierda. Habría tocado pelo de no haber errado con los aceros, pese a lo que dio una cadenciosa vuelta al ruedo.

El segundo de Ponce, también de Ruiz y con la misma falta de fuerza que el anterior, no siguió la senda marcada de inicio. No podemos olvidar, que se trata de una corrida de toros, y sin el protagonista máximo nada tiene sentido. Sin fuerza ninguna tras darse dos costaladas durante las chicuelinas de inicio, llegó moribundo a la muleta. Si alguien podía mantenerlo en pie era él, y así lo hizo. No fue una faena pulcra, abundaron más enganchones de los que acostumbra este torero al obligarle a embestir, pero lo sorprendente es que hubiera faena. En medio de la emoción lírica, hubo quien quiso ver una obra de arte. Tras una estocada caída llegábamos al ecuador del espectáculo taurino-musical con otra oreja, de menos peso que la anterior, en el esportón del valenciano.

Los restantes toros que saltaron al albero eran de Juan Pedro Domecq; manteniendo la discreta presentación de los lidiados anteriormente. Inédito en los primeros tercios, parecía que se iba sin pasar nada ante el inválido, se vivió un momento de fusión entre Pitingo cantando Gwendoline y Conde al natural. No fue una faena rotunda, ni mucho menos, pero nuevamente vivimos retazos de la personalidad indiscutible de este torero, con sus luces y sus sombras. La más oscura fue el uso de la espada.

Ponce no quería despertar de su sueño, y recibió al quinto por delantales en los que perdió las manos. Le gustó su condición e hizo por que no volviera a hacerlo. Conde quiso sumar a la obra de su compadre con un quite en el que destacó la media de remate. La faena fue brindada al respetable, colaborador necesario para la consolidación de su proyecto, y acompañada musicalmente por Estrella Morente; interrumpida por los olés de admiración a una labor de temple exquisito y elegancia sublime. Rotundo, cada muletazo fue sentido en una digna de la maestría de un torero de época con dominio absoluto ante un toro de bondad infinita, aunque no tuvo comportamiento de bravo. Como innovación absoluta, recuperó el capote para realizar porcinas antes de poner rodillas en tierra entre el delirio de todos. Nos volvimos locos, hasta el punto de indultar a Jaráiz número 53; el segundo en los 143 años de historia de esta plaza. El primero, Guisante de Buenavista, también perdonó su vida a manos de este genio.

Quedaba uno, y Javier Conde quería rematar el Crisol de artes. Decidido, le instrumentó cuatro buenas verónica de inicio y continuó pinturero en un quite rematado con una media salerosa. 

También se envalentonó Estrella Morente al cantarle por bulerías a su marido recordando la Noche Mágica. En el ruedo, renació el condismo y volvieron las musas en una faena tan heterodoxa como personal. La espada volvió a jugar una mala pasada. Sin querer despertar del sueño, la vuelta al ruedo clamorosa de todo el elenco de Crisol tenía su éxtasis con la salida a hombros de Enrique Ponce y el ganadero Juan Pedro Domecq.
Publicado en La Opinión de Málaga 

¡¡Manolo, Manolo y ya!!

De SOL y SOMBRA.

Manolo Martínez hace 21 años dejó de existir, el 16 de agosto de 1996 a las 13:10 horas en el Green Hospital Scripps de La Jolla, California, a la edad de 50 años a causa de un cáncer de hígado.

Manolo
vino a este mundo en Anahuac, Nuevo León, en México un 10 de enero del año de 1946.

Un ocho de octubre de 1961 Manolo Martínez se vistió por primera vez de luces en Monterrey, Nuevo León, y siendo la última vez que lo hizo un 4 de marzo de 1990, en la Plaza México alternando con Jorge Gutiérrez, lidiando al toro Limonero de la ganadería de La Gloria.

Como novillero actuó en 34 novilladas, lidió 73 novillos, se le concedieron 15 orejas, 3 rabos y 1 pata.

Como matador de alternativa actuó en 1.344 corridas, lidió 2.943 toros, se le concedieron 1.500 orejas, 189 rabos y 3 patas.

Manolo Martínez
, ha sido, sin lugar a dudas, uno de los toreros mexicanos más importantes que ha habido en la segunda mitad del siglo XX.

Torero de gran personalidad y arte único, fue, puede decirse, el último auténtico MANDON DEL TOREO en México.

Aún esta latente el grito de ¡¡Manolo, Manolo y ya!! como en aquellas tardes de gloria de Manolo Martínez.

A 21 años de su llorada pero no olvidada ausencia, hacemos este breve recuerdo a uno de los toreros mexicanos de mayor impacto del siglo XX: El Milagro de Monterrey, Manolo Martínez.

Twitter @Twittaurino 

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CRONICAS Y PERIODISMO TAURINO INDEPENDIENTE

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