Comienza la feria de Alicante 2018: Todos los carteles y un festejo televisado

En el coso alicantino, el domingo 24 de junio, a partir de las 19:00 horas (12 p.m. de México) será televisada la última corrida de la feria con Enrique Ponce, El Juli y Cayetano, ante toros de Domingo Hernández/Garcigrande.

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Comienza la feria de Alicante con muchas figuras y pocas novedades. La alternativa de Diego Carretero destaca entre las cuatro corridas programadas.

Por Vicente Sobrino.

Dentro de las cuatro corridas de toros que conforman la Feria de Hogueras de este año, hay un nombre que los aficionados alicantinos tienen subrayado en rojo: Francisco José Palazón.

No por sus recientes éxitos en esta plaza, sino por su vuelta a los ruedos tras haber superado una grave enfermedad que lo ha tenido apartado de la profesión los dos últimos años. Palazón cuenta estos días con el homenaje popular de sus paisanos en vísperas de su reaparición. Y cuenta también, y mucho, la sensibilidad de la empresa de contar con él para el inminente ciclo de San Juan. Sobre todo y ante todo, ha contado con un valedor clave para verse de nuevo anunciado en un cartel: Nacho Lloret, gerente de la empresa que comanda el francés Simón Casas.

Sentimentalismos aparte, esta Feria de Hogueras ha sido la que menos polémica ha suscitado desde que Casas dirige el coso. Dejando a un lado la presencia de José Tomás hace un par de ciclos, este del 2018 ha caído como agua de mayo entre la afición. Si acaso, el pero -importante para cierto sector de aficionado- es la ausencia de un hierro torista como el de Adolfo Martín, un fijo en ediciones anteriores.

El ciclo comenzó el pasado domingo con un espectáculo de rejoneo y vuelve este jueves con toreros de reciente triunfo en San Isidro, como Castella y Talavante, sobre todos, y en otro tono con El Juli y Roca Rey. La sorpresa viene de la mano del albaceteño Diego Carretero, que, desconocido como novillero en estos pagos, tomará la alternativa el día 23 de manos de Morante de la Puebla, en la que parece ser será la única actuación del sevillano por tierras valencianas durante esta temporada. El testigo del “acontecimiento” es José María Manzanares, auténtico padrino en los despachos para que Carretero se haga matador de toros esa tarde.

No faltan los incombustibles Ponce y El Juli. Tampoco Cayetano, que cerrará el abono; mientras que Ureña y Román, unirán sus nombres la tarde de la vuelta de Palazón. Y otra novedad es la vuelta a Alicante, tras seis años de ausencia, de Pablo Hermoso de Mendoza.

Solo falta por saber si esta feria es, como señalan empresa y aficionados, la mejor y más completa confeccionada por la actual empresa; la respuesta del público, primero, y el resultado, después, despejarán las dudas.

Los carteles de la Feria de Hogueras de 2018 son los siguientes:

Jueves, 21 de junio. Francisco José Palazón, Paco Ureña y Román (Luis Algarra).

Viernes, 22. Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Roca Rey (Núñez del Cuvillo).

Sábado, 23. Morante de la Puebla, José María Manzanares y Diego Carretero, que tomará la alternativa (Juan Pedro Domecq).

Domingo, 24. Enrique Ponce, El Juli y Cayetano (Domingo Hernández y Garcigrande).

Publicado en El País

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“No vamos a mandar encierros en Pamplona sin la celebración de las corridas de toros”: Ganaderos

Ganaderos, criadores y asociaciones que representan ” a la totalidad de la raza de lidia” ha afirmado este miércoles que “no existe en ningún caso la posibilidad de celebrar encierros sin corridas de toros en Pamplona”.

Victoriano Del Río, Hros. de José Cebada Gago, Jandilla, Puerto de San Lorenzo, José Escolar, Núñez del Cuvillo, Fuente Ymbro, El Capea y Ganadería de Pincha, ganaderos todos ellos anunciados en Pamplona, exigen por ello al alcalde Joseba Asiron una “rectificación” de unas recientes declaraciones en las que comentó que no imaginaba unos sanfermines sin encierros pero sí sin corridas.

“No vamos a consentir encierros en Pamplona sin la celebración de las corridas de toros”, aseguran los ganaderos en un comunicado conjunto.

“Nosotros somos criadores de toros y seleccionamos, protegemos y mantenemos a este animal para ser lidiado, es nuestro esfuerzo, nuestro trabajo y nuestra ilusión. Y no se entiende una feria de sanfermines sin que los toros que han sido corridos por la mañana en el encierro no sean liados por la tarde en la plaza de toros de Pamplona”·, sostienen.

Con el apoyo de la Asociación de Ganaderías de Lidia, Agrupación Española de Reses Bravas, Asociación de Ganaderos de Reses de Lidia y Ganaderos de Lidia Unidos, los ganaderos subrayan además que son las corridas de toros las que “justifican la celebración de los encierros”, una “tradición hoy convertida en festejo popular”.

Tras afirmar que “el toro es el atractivo fundamental de los sanfermines”, destacan que la feria de Pamplona se anuncia precisamente como “Feria del Toro y esta, según sus cuentas “reporta unos 74 millones de euros anuales, lo que se traduce en un movimiento acumulado de 740 millones de euros a lo largo de los diez últimos años”.

El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, por su parte ha afirmado que, en este momento, toro y las fiestas de San Fermín son “inseparables” y ha considerado que “ahora mismo suprimir el toro supondría cambiar todo el concepto” de las fiestas.

Así lo ha señalado el alcalde al ser preguntado por el manifiesto firmado por la Unión de Criadores de Toros de Lidia y las asociaciones ganaderas en el que afirman que “en ningún caso” cabe la posibilidad de celebrar encierros sin corridas de toros en Pamplona y han exigido una rectificación a Asiron.

Además, en la rueda de prensa en la que ha presentado el programa de las fiestas de este año, Asiron ha querido “ratificarse” en lo que viene diciendo desde el principio de la legislatura y ha reiterado que “hoy en día no se conciben los Sanfermines sin la presencia del toro”.

Fuente: Diario de Navarra

CASI CINCO SIGLOS CON CORRIDAS DE TOROS EN MÉXICO

Por Jaime Oaxaca.

La tradición, la historia, son argumentos sólidos para conservar la fiesta de los toros. En esta tierra, mucho antes que se llamara Estados Unidos Mexicanos, ya se corrían toros; desde hace 492 años, el 24 de junio de 1526 cuando se realizó la primera corrida en el centro de lo que ahora es la ciudad de México.

Fue en una plazuela llamada del Marqués, ubicada atrás de lo que ahora es la Catedral de México, los toros y caballos se guardaban en un corral situado en lo que hoy es el principio de la avenida 5 de Mayo, a un costado de la Catedral, junto al edificio que actualmente ocupa el Monte de Piedad.

Normalmente, el 24 de junio es una fecha que pasa inadvertida para el medio taurino, prácticamente a ninguno de los que ganan dinero de las corridas de toros, se les ocurre festejar una fecha tan significativa.

Junio es un mes en el que no se realizan corridas en la República Mexicana debido a las lluvias, el 24, día de San Juan Bautista, casi siempre cae agua.

A pesar de que a lo largo del territorio mexicano existe una buena cantidad de poblaciones con el nombre de San Juan, muy pocas realizan alguna corrida en su feria patronal, este año sólo habrá una en Hidalgo, en la población San Juan Solís; en San Juan del Río, en Querétaro, en 2018 no habrá festejo taurino.

El asunto es que a la gente del toro no se le ocurre organizar alguna actividad cultural para celebrar uno de los días más importantes de la tauromaquia, bien valdría la pena cacarear que son casi 500 años de tradición taurina.

A los empresarios taurinos, por ejemplo, casi nunca se les ve organizando conferencias, ciclos de películas, exhibición de pinturas o esculturas, presentaciones de libros; como que no les interesa promover su negocio, deberían generar actividades para generar más clientela.

Son los aficionados, por el gusto que tienen por la fiesta brava, quienes se dedican a realizar actos culturales, generalmente ante la indiferencia de los profesionales.

Escriben los historiadores que con motivo del regreso de un viaje (1524-1526) del conquistador Hernán Cortés de Las Hibueras (Honduras) se realizó tal festejo.

“Estaba Cortés viendo correr ciertos toros cuando le avisaron de la llegada del visitador Luis Ponce de León”, narran en sus crónicas Torquemada y López de Gómara. El visitante venía con poderes de la corona española para hacerle un juicio sobre los manejos administrativos y políticos. Le cayó la contraloría del reino español.

Nada tiene que ver la forma en que se realizaban aquellas corridas con el espectáculo actual; el nombre de “corrida”, se origina porque el pueblo corría los toros para llevarlos a la plaza, de aquellos festejos se deriva la fiesta contemporánea.

El historiador mexicano NicolásRangel anota el 13 de agosto de 1529 -día de San Hipólito- como la fecha de la primera corrida; sin embargo, existen los antecedentes ya mencionados. La confusión se debe a que el Cabildo de la Ciudad ordenó que se corrieran toros en la fecha mencionada para celebrar la caída de la Gran Tenochtitlan.

Innegable que el origen de la fiesta brava es español. Para bien o para mal fuimos conquistados por los hispanos.

La afición está de plácemes, celebrando 492 años de tauromaquia. Han tratado de destruirla, surgieron los supuestos protectores de animales y los antitaurinos. En realidad quienes más daño hacen son algunos profesionales de la fiesta, están terminando con ella; los alacranes están dentro de las sábanas.

Los ganaderos eliminan bravura de sus toros. Los toreros exigen el toro chico y el billete grande, en muchos casos lidian el novillo en lugar del toro. Los empresarios ofrecen espectáculos indignos, no ofrecen lo que anuncian. Las autoridades de plaza son peleles de los empresarios. Los medios de comunicación alcahuetean anomalías. Los aficionados aceptan los engaños.

Sólo el regreso de la autenticidad puede salvar la tauromaquia. Aprovechemos que aún queda fiesta, casi medio siglo con corridas de toros en México.

Publicado en El Popular

“No veo unos Sanfermines sin toros pero sí sin corridas”: Joseba Asiron, alcalde de Pamplona

Por Jose Ma. Alonso.

A poco más de dos semanas para el chupinazo, el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron (EH Bildu), ha abierto las puertas a la desaparición de las corridas de toros durante los Sanfermines.

El regidor ‘abertzale’ defiende que las fiestas “no se entienden sin el toro”, pero limita el carácter taurino de las mismas en el futuro a la celebración de los encierros, que sí pone a salvo. Por ello, apuesta por abrir un debate social sobre la supresión de las corridas que tienen lugar por las tardes en el coso taurino.

Asiron proyecta unos Sanfermines con encierros pero sin corridas de toros. En todo caso, la fotografía de unas fiestas sin faenas en la plaza de toros está descartada para el próximo año. El alcalde de Pamplona ha asegurado que el Gobierno municipal “en modo alguno” se está planteando suprimir las corridas de cara a 2019 “ni nada por el estilo”. El primer edil se ha visto forzado a rechazar de forma tajante cualquier cambio a corto plazo en el contenido taurino de las fiestas después de que, a las puertas de que estalle la fiesta, haya sembrado las dudas al afirmar en una entrevista en el semanario valenciano ‘El Temps’: “No veo unos Sanfermines sin toros pero sí sin corridas”.

La pretensión del regidor ‘abertzale’ es promover durante la próxima legislatura este debate, que llegará desde el ayuntamiento en caso de que EH Bildu mantenga el poder tras las elecciones municipales del próximo año. De permanecer en la alcaldía, Asiron abordará la posibilidad de eliminar las corridas de toros, que atraen a numeroso público cada tarde. Según defiende, este debate “tiene que existir”, ya que se trata de una “actividad cultural que es controvertida y genera controversias”.

Asiron no se plantea actuar contra los encierros, que constituyen “una seña propia de identidad” de los Sanfermines. No opina lo mismo de las corridas de toros. Así, imagina “en términos de ciudad” unas fiestas sin que “a lo mejor” haya faenas por —según sostiene— “evolución de la propia sociedad” navarra. “Hoy en día, el formato actual de San Fermín no se entiende sin el toro, pero también entiendo que tiene que existir esa evolución y ese debate”, enfatiza, para resaltar que el ayuntamiento “tiene que ser permeable y sensible a lo que dice la ciudadanía”.

La cuestión de la prohibición de los festejos taurinos “está en la calle”, recuerda Asiron, que considera que “lo relevante de todo” es que “es bueno que haya un debate permanente” y con “un consenso absoluto” en el consistorio. “El debate social existe y en algún momento habrá que abordarlo”, remarca.

Fuente: El Confidencial

Aborrecible tarde de los Bohórquez, salvada por el vestido mercurio y azabache de Sergio Aguilar

Por José Ramón Márquez.

El tostón. Sin paliativos. El puro tedio. La nada. ¿A quién se le ocurriría lo de traer hoy los murubes de Bohórquez? ¿A Florito? ¿A Carreño? ¿Quién ve los toros para Madrid? ¿Quién programó esta corrida innecesaria? El domingo pasado al salir de la de la Prensa y ver ya pegado el cartel de los Bohórquez, la mosca se fue inmediatamente detrás de la oreja y ya de ahí no se movía el animalito, por más manotazos que se llevase, dados todos ellos con el máximo cariño en su condición de ser igual a nosotros “en inteligencia, sensibilidad, en derecho a la vida”, tal y como predica nuestro flamante Ministro de Cultura. Ya me hubiera gustado ver al Ministro en contrabarrera del 9 a ver cómo sostenía lo de la “inteligencia”, lo de la “sensibilidad” y lo del “derecho a la vida” de las seis prendas que mandó don Fermín Bohórquez Escribano desde Cádiz a hacer el ridículo en Madrid el día que se conmemoraba el LXXXVII aniversario de la de la corrida a beneficio del paro obrero, aquella inauguración ful de una Plaza rodeada de desmontes, pues, como todo el mundo sabe, la Plaza Vieja siguió funcionando con total normalidad hasta finales de la temporada 1934.

Decir Bohórquez es pensar en rejones, que ése ha sido el destino natural de los toros de esta ganadería desde hace lustros. A lo mejor los rejoneadores, que ahora necesitan el toro perfectamente manufacturado para sus ejercicios de doma, ya se han hartado de los toros de Bohórquez y el hombre ha pensado volverlos a echar a la cosa de la lidia a pie, pero si la evolución de la vacada tuviera que tomar su deriva particular a raíz de lo visto esta tarde en Madrid, a la vuelta del camino acecharía el “eliminando lo anterior”, que cuanto antes lo apliquen, mucho mejor. El hecho de considerar deplorable a la corrida que don Fermín ha enviado a Madrid es opinión que se cimenta en varios aspectos.

En primer lugar la presentación. No es necesario saberse de memoria el AREVA, ni siquiera es preciso haber oído hablar del Barbero de Utrera, basta con irse a la página 7 del programa oficial y leer donde dice: “el murube se ha caracterizado por ser un animal grande o de caja generosa…” etcétera, para conocer que hoy, de eso nada. Es decir que cualquiera que entienda el español, aunque nunca haya visto una corrida ni un toro, ya podía leer en tan docta publicación oficial de la propia Plaza que lo que había en el ruedo no tenía nada que ver con lo que debía haber.

En segundo lugar, por la cosa de la casta, que la contemplación de esas cucarachas desparramando la vista a ver si encontraban una encina con la que ir a rascarse, huyendo de los pencos o mirando bobamente la muleta mientras se preguntaban para qué podría servir eso, colocaba a los toros más cerca de la feria de ganado de Torrelavega que de lo mínimo exigible en un Plaza de Toros.

En tercer lugar la fortaleza, que es una forma de decir la debilidad, para que se vea lo antigualla que llevan la cosa estos Murube, que cuando prácticamente la mayoría de los ganaderos han conseguido eliminar el síndrome de blandura y derrumbe, con estos de Bohórquez parecía que habíamos echado hacia atrás veinte años en el tiempo. Ya sabemos que a los calés no les gustan los buenos principios, pero es que hoy ni principio, ni nudo, ni desenlace. El primero de la tarde, cuyas señas nos vamos a ahorrar, era ya de por si tan feo, tan repelente, tan indecoroso, que nos llevó a pensar en que después del trajín de los eminentes profesores veterinarios durante la Feria del Isidro, hoy habían encomendado la labor evaluadora del ganado a un becario poco espabilado o de patente enchufe.

Y si falla la ganadería, lo suyo sería pensar que ahí hay un funcionario público dispuesto a hacer su labor contra tirios y troyanos y a defender el interés de la vociferante plebe frente al poder de la Empresa. Esa misión, en el día de hoy, le correspondía haber sido desempeñada por don Justo Polo Ramos, pero el hombre, por la causa que fuese, no estimó oportuno el momento como para investirse de tan intrincada labor y, de entre toda la escala cromática en forma de pañuelos que alberga al alcance de su mano presidencial, tan solo estimó que el blanco, ese color que es imagen de inocencia, bondad y pureza, ese símbolo de la humildad y la paz sería su estandarte en esta tarde de junio, tarde de luto de aniversario por la muerte de Iván Fandiño en la que él, al modo de los antiguos griegos, exhibiría el blanco, sólo el blanco, pasase lo que pasase; y así se sucedieron, una tras otra, las veinticinco pañoladas, blancas como los acantilados de Dover, con las que don Justo se desentendió del espectáculo denigrante que se desarrollaba a sus pies en el espacio rodeado por una barrera hecha de maderos y actuó como si la tarde se desarrollara en términos de la mayor normalidad. Esto, como es natural, desató las iras de los damnificados -que siempre somos los mismos- y eso llevó a muchos a exigir al señor Polo, de manera coral y, si se quiere, con cierto desafinamiento, el inmediato abandono del Palco, cosa que como puede comprenderse no ocurrió.

Y así, con unos toros impropios y con un Presidente en pleno abandono de su labor, ya podía venir Juan Belmonte resucitado, que la tarde no la levantaba ni Sansón. Para la cosa del toreo los de Plaza1 montaron un cartel barato trayéndose a Fortes, a quien el hecho de que en San Isidro no le concedieran una oreja -otro pañuelo blanco- le sirvió para verse anunciado hoy en Madrid y en seguida en Pamplona; a Álvaro Lorenzo, de quien siempre se me olvida lo de que cortó tres orejas en Madrid antes de Feria y ahí tengo al aficionado J. para recordármelo; y a Galdós, que venía de proclamar su Episodio Nacional ayer mismo en Torrejón de Ardoz. De las respectivas labores de los diestros, en honor a la verdad, nada se puede decir, salvo reseñar que por allí estuvieron.

¿Y no hubo nada bueno que reseñar? Pues incluso en una tarde tan aborrecible como la de hoy, al menos podemos poner tres cosas buenas: la primera que la tarde fue placentera, con un ligero y agradable vientecillo; la segunda, la brega al segundo y el vestido de Sergio Aguilar, mercurio y azabache; la tercera, que nadie tomó el olivo.

No soy capaz de concebir la idea de la tauromaquia que se habrán llevado a sus países de origen los extranjeros que hoy, por primera y acaso única vez en su vida, hayan asistido a esta corrida de toros.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan

La estremecedora fragilidad del ser

Por Quino Petit.

Mientras contemplaba la imponente cabeza de toro del personalísimo bazar de Eduardo Arroyo que exhibía hace algunos años el madrileño Círculo de Bellas Artes, sobrevolaron mi memoria unas declaraciones de este pintor que tuve la fortuna de recoger hace ocho años cuando elaboraba un perfil sobre Morante de la Puebla para El País Semanal. “Lo que me gusta de Morante es su fragilidad. Un torero no tiene que ser un atleta. La dificultad convierte al torero en algo sublime”.

Arroyo llegó a esta conclusión tras varios minutos de charla en los que, ante su manifiesta pasión pugilística (además de por el toreo con enjundia), traté de disuadirle sobre si Morante, acaso el último exponente de la magia en los ruedos, podría representar una suerte de Cassius Clay de la lidia.

Arroyo tardó poco en responder: “Más bien se me asemejaría a un Sugar Ray Robinson, al que tuve la suerte de ver ya viejo en París cuando hacía su última tournée. Sobrecogía verlo evolucionar en el ring.

Tiene razón Arroyo cuando habla de la dificultad del torero en el camino hacia lo sublime. Acaso se trata de la misma estremecedora fragilidad del ser que convertía en turbador espectáculo presenciar a Paula, Romero, y Antoñete durante sus últimos días en el ruedo.

Vestidos de torear, luciendo barrigas prominentes y el rostro acartonado cuales Sugar Ray Robinson subiendo al ring en su última tournée, estos tres hombres dejaron la impronta del toreo añejo, sabio e inevitablemente asentado que llega en el otoño de la vida. Por qué quisieron seguir toreando en público (probablemente en privado nunca se deja de torear) a edades en las que otros no son capaces de abrocharse los zapatos es algo que solo ellos saben. ¿Pasión, narcisismo, dinero, simple locura?

Quizá fuera esa denodada atracción por la muerte de la que hablaba Norman Mailer: “Lo mismo vale para el santo, el torero y el amante. El denominador común de todos ellos es su ardiente conciencia del presente, exactamente esa conciencia incandescente que las posibilidades ínsitas de la muerte han abierto para ellos. Una profunda desesperación late en la condición que permite permanecer en la vida tan solo abrazando la muerte, pero su recompensa es el conocimiento de que lo que acontece en cada instante del electrizante presente es bueno o malo para ellos, bueno o malo para su causa, su amor, su acción, su necesidad”.

Poco importan las razones. Lo que importa es lo que dejaron escrito en el ocaso de su existencia torera. Paula fue en sus últimos días de matador un hombre sin rodillas, y por extensión sin piernas. Un torero gitano que embrujaba la música callada que José Bergamín supo escuchar en sus lances. Cerca de los cincuenta años, con tres decenios de alternativa, Paula paró los relojes de Las Ventas la tarde del 28 de septiembre de 1987, momento que recoge la fotografía de Marisa Flórez en el encabezamiento de esta entrada. Y siguió y siguió como un Keith Richards reticente a bajar del escenario. Para el recuerdo queda la tarde del 5 de junio de 1997 en Aranjuez. Ya sin piernas y casi sin cuerpo, Paula recitó con el capote su sentimiento, inspiración y locura. Él mismo intentaba explicar con su intrincado verbo su concepción del arte: “Cuando la inspiración no llega, técnicamente estoy perdío”.

Antoñete, que estás en los cielos, también toreó siendo un viejo recio y altivo. Todo su parco verbo se convertía en literatura cuando sorteaba a las bestias con un simple trozo de tela en las manos. Antoñete desgranando naturales el 24 de junio de 1998, con 66 años y su mechón blanco reluciente, es simplemente un monumento a lo imposible, el milagro del toreo por encima incluso de la capacidad de respirar, prácticamente anulada por el fumeque como puede observarse hacia el final de este vídeo:

Si la imaginación propiciaba entonces soñar con carteles de toros, el cierre de una terna idílica lo rubricaba sin duda Curro Romero. Antoñete, Romero y Paula dibujaron juntos, de hecho, grandes páginas de la historia de la tauromaquia reciente en las postrimerías del siglo XX. Tan solo verles juntos hacer el paseíllo en Antequera en Agosto de 1999 representaba un desafío como pocos al paso del tiempo. Antoñete tenía entonces 67 años; Romero, 66; y Paula, 59.

Lo de Romero viejo, Faraón de Camas, fue simplemente Arte y Majestad, que cantaba Camarón. “¿Hasta cuándo seguirá Curro?”, se preguntaba el respetable entre la incredulidad y el cachondeo. Y Curro solo callaba, toreando como los ángeles cuando le venía en gana. Curro desastroso y celestial, merecedor de la gloria y la bronca a partes iguales, contradictorio como la vida. Nunca tuvo miedo de tener miedo. “No me gusta la mediocridad, afortunadamente para mí”, se excusaba el Faraón tras el bombardeo de almohadillas y broncas de mil pares de bemoles que seguían a cada uno de sus sonados petardos.

Curro, Paula y Antoñete, como tantos otros, llegaron a estremecer al público vestidos de torear dibujando formas imposibles, barriga hacia fuera, el paso torpe, pero el toreo profundo, viejo, imperfecto, natural, sabio, entonando una trágica melodía que recordaba a la de aquel demacrado Chet Baker dando tumbos por los escenarios de Europa y susurrando a la cámara de Bruce Weber la mejor manera de dejarse llevar. Como tantos otros mitos, Baker llegó a viejo contra todo pronóstico y sopló la trompeta hasta el final afrontando todo tipo de dificultades (como aprender de nuevo a embocar el instrumento tras perder la dentadura en una trifulca con un camello) que convertían su mera presencia en el escenario en un acto de belleza suprema. Romero, Paula y Antoñete también torearon hasta que la vergüenza torera o quién sabe si una luz racional les hizo decir basta para orfandad de los sedientos de la suerte cargada con naturalidad y empaque.

Los tres diestros se cortaron la coleta con el cambio de siglo. Pero hasta entonces, narraron en el ruedo sus propias leyendas a quien quisiera escucharlas. Dijeron lo mismo que los demás, pero de forma diferente. Más diferente aún si cabe cuando fueron viejos. ¿Veremos torear también a esas edades a los Morante, Tomás y Manzanares de hoy? De todos ellos quizá sea Morante quien, como apunta Eduardo Arroyo, con más intensidad transmite hoy esa fragilidad del ser que encauza la creación hacia lo sublime. Su compleja personalidad y su estudiada estética ya le hacen parecer hoy en la arena un torero viejo, de otro tiempo. Un día tuve la oportunidad de preguntarle qué significaba el duende para él.

Respondió con voz baja en la dehesa Lo Alvaro, propiedad del difunto ganadero Juan Pedro Domecq, durante una desapacible tarde de aguacero. “Me gusta cómo hablaba García Lorca del duende y del arte. El arte es pinturero, y el duende sale más de la tierra. No voy a decir que yo lo tenga, pero se tiene o no se tiene. A veces sale. Y a veces no”.

Publicado en El País

¿Qué culpa tiene el bull del fut? Por Bardo de la Taurina

Apenas metía los ojos en El Imparcial, que todavía está caliente, cuando como por imán fueron jalados a una imperdible columna sin desperdicio y con docencia y mucho de nostalgia para los locales aztecas que el maestro Rafael Cardona bautizó como ‘La quincena, el Mundial y la ola’, ahí entre lo interesante, que ya es mucho decir en el mundo de lo más interesante leí, ‘Hoy todos somos fútbol’ y entonces me saltó preguntarme: ¿Qué culpa tiene el bull del fut?

Y es que en un país tan triste donde la venganza y el odio que se le tiene al gobierno actual, el cual hay que decirlo, es igual que todos pa’ los disfraces y el engaño, va a ser castigado con la entronación de un mesías populachero, que confunde lo mitológico con el mito que es su casaca, por ello con todo y su hipocresía es rechazado por el 60% del pueblo, lo que lleva a la gente a mientras le llega la hecatombe a agarrarse al fut, el que por cierto pa’ los aztecas anda en lo blanco de las nubes de algodón, que por ende son un pedestal momentáneo y endeble, y vuelvo a preguntarme, ¿pero que culpa de ello tiene el bull?

Y es por eso que la Fiesta del Toro y los Toreros que por esencia es brava, debe siempre de estar en pie de guerra, no agazapada sino activa y altiva, sacando todo por su propia lucha porque el toro es una llama que sigue viva en el México dividido, en el que muy pronto los asesinos y delincuentes van a tener una placa de impunidad de una nueva división con gozo de intocabilidad que se llamara Amnistía, y peor aún si es que dentro de las garras de lo maligno es menos catastrófico toparse con unos profesionales del mal, que con la caterva de irresponsables zánganos buenos pa’ nada con los que mediante una paga Andrés Manuel López Obrador va armar su fuerza de choque llamada ‘Ninis’, la que lo mismo va a usar pa’ arrebatarles el aplauso ‘espontaneo’ cuando todas las mañanas se asome a mentir y arengar desde el balcón del Palacio Nacional, tratando de imitar a la Evita Perón ante los ‘descamisados’, cuando todavía eso no se volvía un show que llegó tiempo después a las marquesinas.

Aquí ya se estará usted preguntando ¿pero qué tiene que ver esto con la Fiesta Brava en México?, allá voy y ya estoy llegando a lo espeluznante donde las dos fuerzas a las que me he referido renglones antes van a entrar en acción y dije las dos, porque los de la Amnistía no hay que descartarlos como los francotiradores de élite.

Meto reversa y ya estoy otra vez en hace unos días que debieron ser los de hace diez noches, cuando en la llamada Tierra del Mayab en el sur del país aparecieron el que seguramente será el consorte de la primera dama del territorio, pareja que ya hasta tienen la silla presidencial pa’ que sea lo primero que la mudanza meta al recinto histórico, bueno pues en ese convivio que mal llamaron debate cuando no debatieron nada y si aventaron chupinazos a diestra y siniestra, para la gente que lo escucho en gran medida tal vez les pasó desapercibido un hecho que a los taurinos y a los que no son afectos a la fiesta, pero que la respetan les debió da haber intrigado, y el cual se dio cuando en determinado momento salió a relucir la venta de plazas laborales, que una de las fracciones del magisterio con todo cinismo venía realizando a cielo abierto, bueno la cosa es tan patética que hasta los puestos de los maestros son hereditarios.

En una de esas López Obrador cacho la bola y dijo más o menos entre su somnoliento mal hablar, -Que el único que aquí vendió plazas cuando era Gobernador es el actual Ministro de Educación Otto Granados Roldan– y con inusitada claridez, velocidad y precisión, pa’ un hombre mediano, aseguró en palabras semejantes –Otto Granados siendo gobernador de Aguascalientes vendió las plazas de toros-, ¡Ah caray!

¿Por qué tiene en la punta de su viperina lengua ese dado tan acertado y fresco?

Y es aquí donde la Fiesta de Toros está avisada de que va a entrar en riesgo, ¿por qué? pues por el hecho de que el dato preciso de las ventas de toros trae una cola más larga que el rabo de un toro bravo… ¡ta, ta, ta, tan! la respuesta es que el comprador y hoy propietario de esas plazas de toros y de muchas otras a las que se suman ganaderías y corredurías del manejo de toreros, forman parte del emporio personal, familiar y corporativo del empresario Lic. Alberto Bailleres González, el que por si usted no lo sabía amable lector, también se extiende a territorio español.

Huelga decir que la mayoría de las plazas de toros de este país en propiedad o administración pertenecen al Grupo Bal cuyo dueño no nada más forma parte de quien por su nombre y apellido con rencor y saña ha sido mencionado subrayadamente como uno de los más distinguidos miembros de la Mafia del Poder, y traficante de influencias, así que ya imaginaremos hacia quien estarán enfocadas las primeras tarascadas letales y devastadoras que va a lanzar López Obrador, ¿cómo lo va hacer?, expropiando o fastidiando hasta aniquilar las plazas de toros de este ilustre personaje, ¿la logística? a través de su ejército de zánganos a sueldo mentados ‘Ninis’ a los que me refería en un principio quienes siguiendo órdenes oficiales, en cada corrida en las plazas del consorcio fastidiaran el ambiente hasta que los aficionados dejen de asistir por incomodidad y temor a plazas tan importantes como La México, la de Guadalajara, las de Aguascalientes etc., etc. y solo agregar si a eso le sumamos una posible mayoría en las cámaras legislativas desde donde vía votación también pueden aniquilar la fiesta.

¿Verdad que hay razón pa’ ocuparnos y preocuparnos de la política? Y si a eso le sumamos los anti taurinos: ¿Cómo ve usted el panorama?…

Dos hazañas taurinas de Rafael de Paula

Las cosechó en la plaza de Jerez, en 1964 y en 1979 cuando cortó las dos orejas y el rabo al toro ‘Sedoso’ del Marqués de Domecq y cuando mató seis toros en solitario, cortando siete orejas y fue llevado a hombros de sus partidarios hasta los pies de la Patrona, la Virgen de la Merced.

EL pasado 17 de mayo, se cumplieron treinta y nueve años de la gran faena que el diestro Rafael de Paula, hiciera al toro ‘Sedoso‘, de la ganadería del Marqués de Domecq, en la plaza de toros de Jerez, en el año 1979, cortándole las dos orejas y el rabo. Esa tarde, Rafael torearía con los ases sevillanos Curro Romero y Emilio Muñoz. Como recuerdo de su sensacional actuación, se colocó en la plaza una placa de bronce conmemorativa de dicha colosal faena.

Pero mayor hazaña aún, sería la que Paula realizó trece años antes, el 28 de junio de 1964 – se cumplen ahora 46 años – toreando Rafael como único espada, una gran corrida de seis toros de la ganadería de Salvador Guardiola, en la que cortó siete orejas en total. Dos orejas, en el segundo, y una en cada uno de los toros restantes.

Esta no sería la única encerrona de Paula con seis toros, ya que, a lo largo de su carrera taurina, mataría siete corridas, en solitario, haciéndolo dos veces en Jerez y otras dos en Sevilla, lidiando las restantes en plazas como las de Madrid y El Puerto.

Es curioso lo que ha sucedido con este torero de leyenda. Que se recuerdan sus muchos fracasos, pero no sus mayores triunfos, como aquel quite que hizo a un toro, en la plaza de Madrid, del que tanto tiempo se estuvo hablando, como algo grandioso. Cuando Rafael de Paula era joven, sus seguidores se contaban por legiones. Pero muchos de esos seguidores los fue perdiendo en sus últimos tiempos, incluso mucho antes de que el 15 de febrero de 2002 el Rey le concediera la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, cosa que algunos aficionados todavía ignoran, porque se acuerdan más del gesto de impotencia que le llevó a arrancarse la coleta y tirarla en la plaza de Jerez.

Pero volvamos al inolvidable triunfo que obtuvo al matar seis toros en solitario. El día de las siete orejas en la encerrona de 1964, Rafael de Paula que contaba entonces 24 años- nació el 11 de febrero de 1940 -, fue sacado a hombros de sus partidarios, siendo llevado así hasta el santuario de la Virgen de la Merced, donde se cantó una salve popular a la Patrona. Para los que no estuvieron allí, les recordaremos algunos otros datos de este histórico acontecimiento taurino en la carrera profesional de Rafael de Paula. “Un bravo gesto de un torero genial”, como decían los carteles. Era la reaparición de Paula, tras haber culminado su servicio militar.

El sobresaliente de espadas fue el jerezano ‘Rafaeli‘. El primer toro y el último los brindó al público; el segundo al veterinario Aurelio Agüera y el tercer toro de la suelta a un grupo de 50 invidentes de la ONCE que quisieron ir a ‘verlo’, demostrando así que a Rafael de Paula hasta los ciegos podían ‘verle’ ejecutar aquel toreo de maravilla que el gitano de Santiago tenía. Caso único éste, en la historia del toreo, que un grupo de cincuenta ciegos hayan acudido juntos a una plaza de toros a ver a un determinado diestro. Y como último dato de esta corrida que causó el delirio de los aficionados, digamos que aquel día, el Paula lució un precioso y poco visto terno de color naranja y oro.

No obstante, y pese a ese grandísimo triunfo, esa temporada Rafael sólo llegó a torear en diez corridas. La cara y la cruz, el sol y la sombra, la mala sombra, diríamos mejor, del gran torero de Jerez; al que pese a sus grandes triunfos seguían sin lloverle los contratos, para torear en otras plazas. Pero, con el tiempo, los contratos también le llegarían, pues supo ganárselos a pulso y luchando, siempre, siempre, contra la artrosis de sus rodillas, enfermedad que pese a diez operaciones, acabó por vencerle y retirarlo forzosamente del toreo; pasando a entrar, desde entonces, en la historia de los grandes toreros de leyenda

Publicado en El Diario de Jerez

CRONICAS Y PERIODISMO TAURINO INDEPENDIENTE

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