Tendido 7: Un canto que se ha apagado

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Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¿Qué día es hoy? Si nos respondemos con nostalgia, afirmaremos que es el quinto día después de que se han callado los cantos de los corredores a su Santo Patrono “para que los cuide en el encierro, dándoles su bendición”, en la ciudad de Pamplona.

Y es que apenas dos semanas atrás, los pamploneses preparaban su ciudad para recibir no a miles, ya que sería más exacto afirmar que fueron varios cientos de miles, —obvio que unos estuvieron primero y otros después— de visitantes durante los 10 días que duraron sus festejos.

Seguramente y es el motivo principal, que durante este lapso de tiempo la afluencia numerosísima de paseantes que tenían literalmente abarrotadas, o será mejor utilizar la palabra “congestionadas”, las calles de la ciudad navarra, es indudable que representó para las arcas públicas y los comerciantes una muy importante derrama económica —motivo central, fundamento y fin de cualquier feria, ya sea en la más emblemática de las ciudades, o en la más austera localidad— como sucede cada año.

Pero si nos cuestionamos: ¿y en lo estrictamente taurino? Aquí sí que se titubea, seguramente que para algunos “aficionados de Pamplona” y de otras latitudes del universo taurino, les faltarán palabras, y su voz se escucha vacilante, al NO poder afirmar tajantemente y con plena seguridad, que “Los Sanfermines” de este año —y tristemente de la últimas décadas— han sido de un importante logro en materia taurina.

¡Es que el mundo ha ido cambiando! Podrán opinar algunos, y ya me imagino lo que dirán todas aquellas personas que no pueden, no saben respetar, y nunca han entendido lo que es nuestro mágico Espectáculo Taurino, pero que asisten a la Feria de San Fermín. Y aunque pareciera reiterativo, es necesario remarcar una y mil veces, que las Festividades de la ciudad navarra, son de una tradición y origen medieval —no es un producto nuevo, ni improvisado y mucho menos carnavalesco para un turismo prosaico— de cuando los pastores y mayorales hacían sus entradas a la ciudad “arriando los toros bravos” que habrían de lidiarse en la plaza mayor, que era el lugar en el cual se realizaban los festejos taurinos. Con el paso de los años el trabajo de los pastores y mayorales se convertiría en los hoy afamados universalmente “encierros”.

Sí, se dieron algunas tardes agradables, pero ninguna que llegará finalmente a ser histórica por lo realizado en el ruedo.

Sí, reses de impecable presencia, y este es un logro más de la Casa de La Misericordia, que cada año vigila la materia prima de esta fiesta; EL Toro Bravo.

¿Qué fallaron la mayoría de los ganaderos? ¡Claro, por supuesto, era obvio! ¿Quién esperaba algo diferente con el común denominador de su encaste?

Otras, ya lo comentamos, de no gratos recuerdos por los percances que se multiplicaron en éste año.

Y para estar acorde con los “fiesteros” —¡faltaba más!— que pésima, deplorable, negligente y lánguida actitud de quienes presidieron los festejos.

Sin embargo, sí continúan las actitudes positivas, y todavía vemos un importante número de aficionados, público y “auténticos corredores” que entonarán con pasión sus cánticos y plegarias el próximo año, ya que NUNCA han olvidado y siempre estará en su corazón, que la celebración de sus fiestas es una explosión de alegría, en donde el Eje Central y Único de sus “Sanfermines”, es y siempre será, su Majestad El Toro Bravo.

Informador: El Informador

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Sólo para Villamelones: Les llaman “toreros de plata” …

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Banderillas por Miguel Morales Hernandez / España.

Por Manuel Naredo.

Les llaman “toreros de plata” y son esos hombres de callada, pero fundamental, tarea, durante la lidia de un toro bravo.

Muchos de ellos tuvieron un día la ilusión de ser matadores de toros, toreros con adornos en oro sobre su indumentaria, y por razones de esa vida, dura y cruel, que se tiene que sufrir para ello, tuvieron que conformarse con ser parte de lo que también denominan “las infanterías”.

Otros han sido hombres de plata desde siempre, por convicción y deseo de serlo, incluso con el ingrediente adicional de ser parte de una tradición familiar, de una dinastía que se ha solidificado a fuerza de heredar la misma pasión de padres a hijos.

Los subalternos son, sin duda, un engranaje sin el que la Fiesta de los Toros no podría concebirse como hoy se concibe; sin ellos, los toreros todos, de fama y sin ella, no podrían realizar su labor lidiadora. Los subalternos son, en fin, indispensables para el toreo.

Pero muy poco se les toma en cuenta por la gran mayoría de los asistentes a las corridas de toros, quienes los observan sin ver, como si su presencia fuera absolutamente circunstancial o secundaria. Por eso resulta plausible que algunos medios especializados españoles les den el lugar que les corresponde, reseñando también lo que ellos mostraron en el ruedo, más allá de las faenas de los lidiadores, de las estocadas, de los premios y las vueltas al ruedo.

Hay algunos de estos toreros que, incluso, tienen que padecer el escarnio de los más ignorantes cada vez que sobre un jamelgo intentan cubrir una de las suertes más importantes de la tauromaquia: la de picar.

El próximo sábado, en uno de esos momentos que casi nunca se dan, en Querétaro tendremos la oportunidad de reconocer el trabajo, en este caso por la labor que suelen hacer en el segundo tercio de la lidia, de tres de estos “toreros de plata” que en México han dignificado, con creces, su profesión.

Me refiero a Cristian Hernández, Gustavo Campos y Diego Martínez. Los tres extraordinarios subalternos, maestros en el arte de banderillear, y triunfadores de múltiples plazas; lo mejor de los “toreros de plata” mexicanos.

Los tres cubrirán el segundo tercio, enmarcados en lo que se ha llamado “desafío de banderilleros”, en la novillada del próximo sábado en Juriquilla, donde partirán plaza el niño torero Cristóbal Arenas, “El Maletilla”, y los novilleros Andrés Suárez del Real, Francisco Martínez, Patricio Ochoa y Baruch Arreola, para lidiar un encierro de la ganadería queretana de Santillán.

Una oportunidad invaluable de hacerle honor a una de las profesiones más ingratas del toreo, reivindicándola y dándole la importancia, el protagonismo, que también merece cuando se hace con la calidad de estos tres espléndidos “toreros de plata”.

Bregando: La autenticidad de Rafaelillo

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Por Jaime OAXACA. 

Uno de los héroes de la pasada feria de San Fermín en Pamplona fue Rafaelillo, un torero que se jugó la vida auténticamente, sin trampas, sin cuentos.

En una tierra donde pululan los valientes, porque todos los que corren los encierros lo son, destacan los toreros; esos hombres que se visten con ropa elegantemente bordada para lidiar toros en un ruedo, esos ser humanos diferentes al resto de los mortales porque han hecho de jugarse la vida algo cotidiano.

La Feria del Toro le llaman al serial taurino de aquella región navarra y si en las plazasespañolas de primera categoría echan el toro, en Pamplona con mayor razón. Los llevan corpulentos con cornamentas como de sombrero de charro, con un trapío que no deja lugar a dudas.

Eso de que el trapío es subjetivo es puro cuento. En Pamplona nadie, absolutamente nadie, ve a los toros chicos, sin trapío, nadie osa decir que los toros son “zapatitos” porque están chiquitos y bonitos. La autenticidad no se adjetiva ridículamente.

Esa autenticidad es lo que predomina en el asunto taurino de Pamplona, los heridos en los encierros y en las corridas lo testifican.

Claro que hay de toreros a toreros.

Dentro de esa abundancia de autenticidad destacó la de Rafaelillo, un diestro nacido en Murcia, que cumplió 38 años el pasado día de la Virgen del Carmen, con casi 21 años de alternativa. Por supuesto que no fue el único.

Todos los diestros se la juegan en cualquier plaza. Por la presencia del toro, en Pamplona se la juegan más y aún más los que torean de la ganadería de Miura.

En el cerrojazo de feria Rafaelillo fue capaz de emocionar, inclusive viéndolo en televisión, fueron 15 minutos angustiosos.

Algunas veces, para disimular lo pequeño del toro, los diestros hincan las rodillas en la arena al iniciar con el capote. Rafaelillo así lo hizo, no para disimular, un toro de 660 kilos no le necesita, el torero emocionó con esos lances. Durante la lidia el chaleco fue roto por un pitón, faltó muy poco para que el cuerno rompiera la piel, después un arropón más, milagrosamente el diestro no fue corneado.

Toda la faena estuvo saturada de peligro, fue brutal, emocionante. La lidia sin trampas es brutalmente auténtica… peligrosa. Rafaelillo se comportó como un torero auténtico, como un héroe, con cada muletazo devolvía credibilidad a la fiesta.

Una oreja de cada toro fue el premio tangible a la heroicidad del diestro murciano, la llave para abrir la puerta grande y salir a hombros.

Antes que el alguacil entregara la segunda oreja, Rafaelillo, sin chaquetilla, sin chaleco, con los tirantes de la casaquilla rotos, se sentó en el estribo, su emoción se tradujo en lágrimas. Tan emocionante fue verlo jugarse la vida como llorar de satisfacción.

Algunos párrafos de una crónica escrita por Carlos Septién García en 1945, le viene al pelo al oriundo de Murcia:

“Echaste tu vida a un albur de triunfar y créeme que hubo momento en que tuve la duda si eras un ranchero con la frazada en la izquierda y el machete en la diestra, peleando tu vida y tu honra”. “Yo creí oír una ronca voz que cantaba el viejo canto viril: si me han de matar mañana, que me maten de una vez”. “No evoco otras lágrimas de torero tan sinceras, tan justas, tan emocionadas como las tuyas en esos minutos de ayer… ¡Qué hombre, qué torero!”.

Acostumbrado a los Adolfos, los Baltazaresiván, Los Cuadri, los Miura y esas corridas duras, a pesar de jugársela sin cuentos, Rafaelillo casi no ocupa las cabezas en los informativos que queman incienso a las figuras, quizá porque no pertenece al grupo de exquisitos, de esa tauromafia controladora de la fiesta existente en todos los lugares donde se practica la tauromaquia.

Algunas de las figuras no querrán estar junto a Rafael Rubio Luján, seguramente lo admiran en silencio, le deben tener envidia, muy pocos son capaces de presumir la autenticidad de Rafaelillo.

OPINIÓN: La Feria del Toro de Pamplona es un desprestigio para la tauromaquia

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El problema es la autoridad, que se toma a chanza las corridas con decisiones arbitrarias.

Por Antonio Lorca.

Llama poderosamente la atención que algunas voces autorizadas hayan denunciado el intento del gobierno navarro de modificar negativamente el reglamento taurino de esa comunidad y nadie se haya sentido ofendido ante el denigrante espectáculo taurino que ha sido la llamada Feria del Toro.

No hay nada que cambiar en el reglamento porque el ejecutivo autonómico y el ayuntamiento de Pamplona ya han decidido mofarse de la fiesta de los toros, humillarla y desprestigiarla a la vista de todos ante el silencio más absoluto de taurinos y aficionados.

Porque eso es lo que tiene la televisión, que divulga los valores de un acontecimiento, pero también sus miserias. Y la tele ha corroborado este año que la muy prestigiosa Feria del Toro es una verbena de pueblo en la que un concejal enfundado en un carnavalesco frac y un tímido y peripuesto asesor destrozan y echan por tierra el bien ganado prestigio de una plaza de primerísima categoría que ya no puede caer más bajo.

No es el toro el problema, el de más presencia, descarado de pitones y astifino del campo bravo; no es el público, -al sol solo le importan el jolgorio, la comida y la bebida, y la silenciosa sombra ni está ni se le espera-; ni los toreros, que hacen de tripas corazón para sortear las tarascadas de animales imponentes, muchos de ellos con aviesas intenciones.

Se concedieron 26 orejas, la mayoría inmerecidas, y la mejor faena se quedó sin premio. El problema es la autoridad, que se toma a chanza las corridas, y desprestigia la tauromaquia con decisiones arbitrarias que funden los plomos del aficionado más templado y generoso.

 

Y grave es que ello suceda entre la pasividad de los distintos sectores taurinos. Todos los que se rasgan las vestiduras, con razón, ante los ataques de los antitaurinos permanecen en silencio ante las barrabasadas protagonizadas por el presidente y el asesor del palco de Pamplona con el peregrino argumento de que su presencia, y, lo que es peor, sus cómicas decisiones forman parte de la tradición y, en este caso, además, con el beneplácito de un reglamento autonómico que permite arbitrariedades como las que se han visto en los pasados Sanfermines.

Se han celebrado ocho corridas, una novillada y un festejo de rejoneo, y se han paseado 26 orejas (18, los toreros de a pie; 6, los rejoneadores y 2 los novilleros). Un éxito sin precedentes si muchos trofeos no hubieran sido muy inmerecidos e incomprensibles regalos de la presidencia. Sin ánimo de molestar, más de veinte orejas nunca debieron refrendar las actuaciones bullangueras de toreros poco afortunados con los engaños, pero conscientes de que existen varias condiciones fundamentales para triunfar en esta plaza: brindar a la solanera, aguantar dos o tres tornillazos de rodillas, dar muchos pases (no es necesario torear), sufrir una voltereta y matar con rapidez, aunque sea de un infamante bajonazo. En tales casos, el señor del frac se siente enternecido y no duda en mostrar su pañuelo una o dos veces -no siempre lo tiene claro-, haya o no petición mayoritaria en los tendidos.

Así, el balance de orejas no refleja en modo alguno lo sucedido en el ruedo. No hubo salida a hombros -nada menos que cinco entre los toreros- que superara el aprobado; varios toros no recibieron la faena que su casta merecía, y muchos toreros pasearon orejas a sabiendas que no habían hecho méritos para ello.

Como suele ocurrir en tiempos de desatino, la mejor faena de la feria quedó sin premio, y esa fue la de Antonio Ferrera a un toro de Núñez del Cuvillo; torerísimo, inspirado, innovador, diferente… El torero más interesante, sin duda, del escalafón actual.

Perera toreó muy bien a un buen toro de Jandilla, pero era la hora de la merienda y no le hicieron ni caso (pero ni en el bullicioso y hambriento sol, ni en la silenciosa, y también comilona, sombra); una justa oreja paseó Pepe Moral después de dibujar los mejores naturales de la feria a un toro de Escolar; detalles toreros, también, de Talavante y Ginés Marín; entrega y valor de Roca Rey, Román, Caballero y Javier Jiménez, y heroico y dolorido Rafaelillo.

Buenas corridas, en líneas muy generales, de Jandilla, Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo, algún toro aceptable de José Escolar y Fuente Ymbro, y párese de contar.

Y no hay que olvidar la dramática y conmovedora cogida que sufrió Pablo Saugar Pirri la tarde de los deslucidos toros de Puerto de San Lorenzo, de la que tardará tiempo en curar.

Ya lo dijo el genio alemán Leibnitz: “Sobre las cosas que no se conocen siempre se tiene mejor opinión”.

Pamplona era la muy prestigiosa Feria del Toro cuando solo la conocían los navarros y los afortunados foráneos que podían permitirse lo que era todo un lujo.

Si no hubiera televisión, Pamplona seguiría gozando del respeto y la fama que siempre tuvo en los años del blanco y negro. Pero llegó el color, -la tele de pago-, y todo se fastidió. ¿Y esta es la famosa Feria del Toro? Una milonga, una afrenta, un desprestigio y una deshonra para la tauromaquia.

Y los taurinos, callados…

Publicado en El Pais

FENAPO 2017 – Corridas de Toros: ¿Más vale malo por conocido que bueno por conocer?

Fermín Rivera.

Fórmulas nuevas (Huamantla y Teziutlán) vs fórmulas agotadas como la FENAPO nos trae la cartelera del mes de Agosto, en donde un mini serial de corte “oficialista” se impone nuevamente en contra del gusto del aficionado.

Por J.C. Valadez para de SOL y SOMBRA.

El panorama actualmente no pinta bien para nuestra fiesta y si usted todavía no me cree, observe con detenimiento la cartelera de la FENAPO 2017, porque esta es una prueba fidedigna del actual estado del espectáculo taurino en nuestro país.

La Feria Nacional Potosina ha dejado este año de ser un serial que ofrecía tradicionalmente cuatro corridas de toros, para reducir el número a tan sólo tres festejos en dónde la falta de imaginación es nuevamente el sello del serial.

Podrá el empresario Joaquín Guerra justificar que está programando un cartel de corte torista con un encierro de José Julian Llaguno el 11 de agosto y tres diestros veteranos, pero los otros dos carteles son de verdad para sacar gente de la plaza, empezando por el ganado.

Para esta afirmación me remito a las pruebas y es que en ediciones anteriores hemos visto como la mansedumbre de los de Bernaldo de Quiros nos auguran cada año tres horas de aburrimiento. Por su parte lo que lidia la prestigiosa ganadería de Xajay en esta plaza, en ocasiones parece desecho de corrales.

Pero si los carteles de este año le parecen una calca de otras ediciones, es porque para el empresario y sus aliados no hay más toreros que los dinásticos y sus excesivas comodidades (leer: las vacaciones permanentes del toreo en México).

Año tras año la afición potosina tiene que conformarse con ver en los carteles a toreros como Juan Pablo Sánchez, Diego Silveti y Fermín Espinosa “Armillita IV” -este último con menos tiempo de alternativado- pero que con el paso del tiempo han dejado de entusiasmar a la afición.

Entonces ¿Porque los programan se preguntará usted?

Esto abría que preguntarselo al Señor Guerra o al señor Mario Zulaica, porque fuera del gran momento que vive Sergio Flores o la ilusión que despierta siempre el buen toreo de Fermín Rivera, el resto de los toreros anunciados los días 18 y 25 de Agosto pueden resultar un banquete demasiado condimentado y repetitivo.

Una buena noticia es que Fabian Barba regresa a tierras potosinas tras su buen paso por La Plaza México en la pasada feria de cuaresma.

Dentro de las ausencias importantes están la de los dos hermanos Adame y la del Payo, tres toreros que sin duda hubieran vestido mucho mejor al serial, por lo menos en el papel.

Estos son los carteles del “El Paseo -Fermín Rivera”

Viernes 11 de agosto. Toros de José Julián Llaguno para el rejoneador Sebastián Torre, acompañado por los Forcados Potosinos, Ignacio Garibay, Arturo Macías y Fabián Barba.

Viernes 18 de agosto. Toros de Bernaldo de Quirós para Fermín Rivera, Juan Pablo Sánchez y Fermín Espinosa “Armillita IV”.

Viernes 25 de agosto. Día de San Luis Rey. Toros de Xajay para Arturo Saldívar, Diego Silveti y Sergio Flores.

Todas las corridas serán a las 20:00 horas.

Twitter @Twittaurino 

Alfonso Cadaval: “Tenemos que ir a las plazas importantes sin rodaje” 


El novillero sevillano ha visto caer en el olvido la oreja que cortó y que le aupó como triunfador del ciclo de novilladas de promoción de la Maestranza. Cadaval habla de la difícil situación que atraviesa la cantera: “Tenemos que ir a las plazas importantes sin rodaje”.

Por Maria Vallejo.

Veintitrés abriles y un año y quince minutos como novillero con picadores han sido suficientes para que Alfonso Cadaval haya visto salir las dos caras de la moneda que, cada tarde, los toreros lanzan al aire. La faz almidonada del metal de la fortuna le sacó a hombros hace poco menos de un año de la plaza de toros de Ronda. Y le vio pasear el anillo maestrante, oreja en mano, el pasado 22 de junio. La cara áspera, en cambio, (que antes ya de que debutara con los de a caballo dio jaque a la femoral del joven torero con una cornada de 20 centímetros que le diseccionó la arteria) le mantiene ahora fuera de muchas de las plazas que deberían abrirse con la llave maestra de un trofeo hispalense.

“En Sevilla viví una tarde importante, tanto para mí como para el público, porque creo que mucha gente se dio cuenta del torero que quiero ser. Pero lo cierto es que no ha tenido la repercusión que antes tenía una oreja en la Maestranza”, dice Cadaval, antes de repasar una temporada que apuntaba un ritmo prometedor para el cuentarrevoluciones de cualquier novillero: “El inicio de este año fue bastante bueno. En Valencia, me sentí muy bien y, si el toro no hubiera tardado en doblar, le hubiera cortado una oreja. Después di dos tardes en Sevilla muy serias y completas. Pero parece que a algunos les cuesta creer que realmente quiero ser torero”.

Y lo cierto es que es tremendamente difícil pensar que aún queden jóvenes que, como Alfonso, estén dispuestos a consagrar la etapa dorada de su vida a algo tan complejo y poco agradecido como son los inicios de la carrera de un torero. “Abrirse hueco en el escalafón novilleril es súper complicado. No sólo para mí, para todos mis compañeros. Las oportunidades son muy escasas y tenemos que ir a las plazas importantes sin a penas tener rodaje. Creo que esas no las condiciones ideales, pero no nos queda más que adaptarnos a la situación que atraviesa la Fiesta con respecto a los novilleros”, afirma el joven sevillano.

Una situación que bien se puede resumir en la complicada ecuación que el sistema actual exige a los que empiezan: hacer cestos cada vez más fuertes con un número decreciente de mimbres. “Hay dos plazas que marcan la diferencia: Madrid y Sevilla. Tenemos el ejemplo de mi compañero Colombo. Tuvo una actuación muy importante en San Isidro y ha entrado en todos los sitios. Yo, en cambio, he sido triunfador en Sevilla y no ha habido repercusión alguna”, dice el novillero que, aunque confiesa que “es duro” ver cómo los grandes puertos de montaña pierden alcance, no se arredra ante las dificultades: “Hay que afrontarlo y seguir trabajando. No pasa absolutamente nada”.

Ese trabajo es el que Cadaval tendrá que poner a prueba en la recta final de la temporada: “El 25 de agosto toreo en Collado Mediano. Después estoy anunciado en Soria, en varios pueblos de los alrededores de Madrid y, si Dios quiere, en las novilladas de Arnedo. Parece que el mes de septiembre va a traer más oportunidades, por eso mi objetivo es hacer un buen final de temporada y, de cara al próximo año, plantearme la idea de debutar en Madrid”, dice Alfonso. Que no sólo busca “el clasicismo y la pureza” en los ruedos, sino también en su andadura hasta llegar a ellos. Por eso no ha pisado aún arena venteña. Por que, dice, “no se puede ir a Madrid para pasar por pasar. Hay que llegar rodado [como antaño permitía el panorama] y capacitado para destacar y triunfar”.

Fuente: El Mundo 

Bogotá y su referendo taurino 

TIRANOTAURO

Por Aurea Lucia Mera.

Acabo de leer que en Bogotá se tiene previsto para agosto un referendo sobre la autorización o prohibición de las corridas de toros en la plaza de Santamaría. Votar Sí o No.

Jamás me imaginé que el alcalde Enrique Peñalosa se prestara para tal exabrupto. Siempre he tenido de él una magnífica percepción. Un hombre honesto, apasionado por su ciudad, conocedor de ella, siempre con planes ambiciosos y de largo alcance a los que muchísima gente de mirada miope y cortoplacista se opone.

Voté por él en su primera alcaldía —yo vivía en Bogotá—, y esa sucia y desgreñada capital, que no tenía salidero posible, cambió de cara y se transformó. Esa realidad nadie la puede negar. Posteriormente nos hemos encontrado en algunas ocasiones puntuales. Siempre me ha parecido un caballero y un gran señor. Estructurado, de ideas claras y con pasión por hacer las cosas bien.

Por eso no me lo imagino siquiera aceptando o proponiendo un referendo sobre la tauromaquia en Bogotá. Jamás se me pasó por la cabeza que se le ocurriera siquiera esa idea. Una cosa es no ser aficionado taurino y otra muy diferente convertirse en un tiranotauro.

El referendo en sí me parece, aunque no sé nada de leyes, totalmente ilegal, porque no se puede, en una ciudad de ocho millones de habitantes, decidir el futuro de un espectáculo de minorías. Esa es la crónica de la muerte anunciada y el estacazo final y matrero para un espectáculo que muchos consideramos un ritual sagrado. Un arte. Un patrimonio cultural. Una tradición enraizada desde la Colonia. No solamente en Bogotá, sino en toda Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela, sin contar España, Francia y México.

Un espectáculo que tiene un aforo de máximo 12.000 espectadores; que se realiza una vez al año en cuatro fines de semana; que mueve la economía en ventas y comercio pintoresco; que le deja a la ciudad dinero contante y sonante porque todo o prácticamente todo se va en impuestos; que da trabajo a muchísima gente que vive del Toro, así, con mayúscula; que mueve turismo y no perjudica a nadie, porque nadie —absolutamente nadie— está obligado a asistir, no puede ser mutilado de un hachazo. Se convirtió de un momento a otro en un asunto con fines y propósitos políticos. Populismo barato. Irrespetuoso de los derechos de las minorías, que además abre una brecha oscura para seguir prohibiendo espectáculos y otras manifestaciones en que se sabe de antemano que ganará la mayoría en contra de la inmensa minoría que defiende sus derechos.

Creo que Bogotá tiene asuntos muchísimo más importantes que definir y planificar como para despilfarrar un dinero en algo tan absurdo como un referendo prohibicionista a un espectáculo que se convirtió, desde Petrus Imperator, en el florero de Llorente del populismo barato, la violencia reprimida y las manifestaciones agresivas. Eso sí es malgastar el patrimonio público.

Espero que prevalezcan la cordura y el respeto. Y pregunto: ¿en ese referendo también van a caer los gallos de pelea, el coleo, las corralejas, el boxeo y el circo, o solamente el chivo expiatorio de la arbitrariedad son los toros? ¿Petro salva sus gallos y los taurinos perdemos los toros? ¿Así de ese tamaño es la farsa?

¿Nadie va a defender el derecho de las minorías taurinas… los del derecho de la adopción en parejas homosexuales? ¿Las iglesias cristianas son antitaurinas?

Alcalde Enrique Peñalosa: no le queda bien su tiranotaurismo. Es inexplicable que se deje manosear del populismo. Nunca fue su estilo. Piénselo. Le envío un abrazo envuelto en una muleta y una montera, con un abanico y un clavel.

Publicado en El Espectador 

Las puertas grandes de un Cesar del toreo por Joaquín Vidal 

Seis veces ha salido Rincón por la puerta grande de Las Ventas. Las cinco primeras fueron narradas así en EL PAÍS por Joaquín Vidal.

– 21 de mayo de 1991. Toros de Baltasar Ibán. “La apoteosis se le venía encima a Rincón, y seguramente no se lo podía creer. El toro caía fulminado por efecto de una estocada mala, pero el éxito estaba conseguido, y ya flotaba Rincón entre las blancas nubes de la gloria. Le abrazaban las cuadrillas y el apoderado levitaba entre barreras con cara de querubín, mientras trepidaba el coso”.

– 22 de mayo de 1991. Toros de Murteira Grave. “El rinconismo ha surgido y se ha propagado con tanta rapidez, que en Madrid ya tiene mayoría absoluta y los militantes, por defender al titular de la causa, serían capaces de pegarse con su padre. A lo mejor, alguno se ha pegado ya”.

– 6 de junio de 1991. Corrida de Beneficencia. Mano a mano con Ortega Cano. “Tanto Ortega como Rincón mantuvieron una competencia a la antigua. (…) Rincón sorprendió con unas inusuales tijerillas de sobresalto, y al abrocharlas con una barroca revolera, se iba de la cara del toro igual de jacarandoso que si hubiera mamado el toreo en el corazón de Triana”.

– 1 de octubre de 1991. Un toro de João Moura. “¡Torero, torero!’, gritaba el público hasta enronquecer, como si estuviera fuera de sí… Quizá estaba fuera de sí. La casta torera de un diestro colombiano que ya fue el asombro de este mismo coso unos meses atrás, había provocado aquel delirio, aquella especie de locura colectiva, la gran conmoción, que abrirá uno de los más importantes capítulos en la historia de la tauromaquia”.

– 29 de mayo de 1995. Un toro de Astolfi. “Rincón se recreció; desafió al encastado toro de Astolfi; prolongó la faena; no llegaba el aviso, que ya correspondía; se llevó el toro al tercio mediante ayudados por bajo muy toreros. Y, al cobrar una excelente estocada, el mundo se iba a venir abajo”.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de mayo de 2005

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CRONICAS Y PERIODISMO TAURINO INDEPENDIENTE

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