Corbacho en la piscina

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Por Chapu Apaolaza.

Entrada la noche, las chicharras arrancaron a cantar y sobre el quicio de la ventana de la pensión anoté la portagayola de mis recuerdos: «El país de las maravillas de Alicia queda entre Sevilla y Mérida, en la sierra de Aracena. Entre la espesura verde de encinas y jaras, el Castillo de las Guardas, y más allá, una pedanía: La Alcornocosa. Pasado el pueblo, tres perros en la cuneta y una casa en obras en la que hay casi de todo: ovejas escapistas, hermosas gallinas, gansos con mala leche, un burro grande, otro chico, dos potrancas alazanas, un erizo blanco que duerme debajo de una teja, un loro que habla por teléfono y un enano torero que te adivina la muerte».

La medida de toda aquella geometría onírica la daba un hombre vestido con una chilaba, la barba blanca, larga y socrática, el pelo alborotado como una prolongación de las ideas, la piel de un ballenero y los ojos profundos, prendidos de un dolor directo, franco y constante como un tiro en una rodilla. Se llamaba Antonio Corbacho y era forjador de toreros. Leía a Confucio y se descojonaba cuando se escapaban las ovejas y cuando se le engorilaba el enano, que tenía una mala leche de ciego y que decía a la gente cuándo se iba a morir. El enano tenía allí una casita del Leroy Merlín, de esas que le compraría un rico a su hijo por la primera comunión y Corbacho no sabía lo que guardaba allí. «Si entro, el enano me mata». Corbacho lo había rescatado un día en que había llegado al pueblo en un espectáculo de toreo cómico que se llamaba ‘Fantasía Taurina’. Venía en un coche que andaba solo, vestido de militar loco. Corbacho, que pasaba sobre las vidas de las personas como la cuchilla de un barbero, cuando se le quejó le dijo que ya era hora de que fuera matando al enano que llevaba dentro. Al Niño del Sol Naciente, al que un toro le dejó en silla de ruedas y que estaba sumido en una depresión, le soltó que o dejara de lamentarse o se pegara un tiro. Y lo arregló. Se quedó allí a torear, que es una forma de vivir, aunque sea en silla de ruedas.

Corbacho se juntaba con los toreros a decir cosas. Se entrenaban en atletismo, en ballet y en yoga y leían el bushido. En ese gimnasio espiritual de matadores se formaron José Tomás o Alejandro Talavante. Le gustaba que sus toreros fueran samuráis. Hablamos una tarde entera y mientras el enano regaba las azucenas, comentaba el vacío del ruedo como el cero absoluto y a la vez el infinito retratado sobre el bucle de la circunferencia del redondel; la eternidad dibujada alrededor de una boca de riego, el eterno retorno de un rito que siempre es igual y distinto, los hombres que son ellos en un instante y después salen volando en pedazos. Las golondrinas chirriaban al cortar el aire dulce y morado de la tarde y bebían en pleno vuelo del agua de la piscina sobre la que flotábamos él y yo.

Corbacho sabía quién podía ser cada uno, que es el gran secreto. Por eso tenía la sartén agarrada por el mando del destino. En los momentos en los que uno se asoma a determinados abismos, recuerda a Corbacho flotando en esa piscina y aquella gran lección: la manera más rápida de no ser nadie es convertirse en todas las personas que los demás pretenden que sea uno.

Publicado en lavozdigital.es

 

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Opinión: Y si no, que lo quiten… Por Fernando Fernández Román

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Tengo para mí, que el indulto del toro de lidia durante la misma es cosa buena. Buena, obviamente, para el propio animal –se libra del fin de su existencia, que no es poco–, para el ganadero que lo ha criado –es un bien gratuito que se incorpora a la cadena reproductora de su industria pecuaria–, para el torero que ha disfrutado de la excelencia de su comportamiento y para el público, que ha gozado con tan afortunado y feliz encuentro. Item más: sirve de regalo argumental para mostrar a la fiel y feroz infantería antitaurina que los aficionados y los profesionales no vamos a la Plaza sedientos de sangre y de muerte, sino a presenciar la expresión de un arte fugaz y dinámico y, a la vez, a reconocer –y premiar hasta su más gratificante consecuencia– los valores biológicos del principal elemento que lo permite.

Por tanto, son muchas las razones por las que el indulto del toro bravo debe estar presente en el desarrollo de los festejos taurinos, y sin embargo creo, también, que su regulación reglamentaria es un caos en toda regla, un galimatías que induce a polémicas a veces furibundas o a controversias del más variado jaez.

Para empezar, hemos de tener en cuenta que en las corridas de toros el público es especial. Muy especial. Hay un sector –más o menos amplio, dependiendo del escenario—que se acomoda en el tendido con un premeditado afán fiscalizador, no como mero expectante espectador, como ocurre en el resto de los espectáculos públicos del mundo.

Y es que el todo aquél que se tiene por aficionado a los toros se procura apartar del insidioso colectivo del público en general, para alistarse en el grupo de elite que juzga a todo bicho viviente –tanto racional como irracional– que se da cita en el ágora del gran teatro del mundo que es la plaza de toros.

Vistas así las cosas, y a tenor de que es el público en general quien está facultado para solicitar el perdón de un semoviente condenado de antemano a muerte, el hecho de indultar a un toro bravo se ha convertido en cuestión altamente peliaguda, controversia permanente y rifirrafe interminable en el que se emplean esgrimas dialécticas de muy variada argumentación que, sin embargo, como ocurre con el mareo de la perdiz en el rastrojo de la vaciedad, se acaba disparando a tenazón y errando el tiro.

Convendría regularizar más y mejor la cosa del indulto. Armonizar su existencia. Dejar bien claro cuándo y por qué un toro bravo debe ser patrimonio vitalicio de su especie; pero sobre todo, tomar en cuenta las circunstancias que concurren en el desarrollo del arte del toreo y, en general en la Tauromaquia contemporánea, porque si la piedra de toque principal para optar al indulto es la suerte de varas, también esta suerte debería ser la principal de la lidia, como ocurría hace más de un siglo. Pero no lo es. Para que lo fuera, debería sufrir una remodelación drástica, un planteamiento acorde con las exigencias actuales, empleando un caballo y un peto protector radicalmente opuesto al percherón y al colchón enorme –Cañabate decía que eran sofás del Rastro– que conforman el mazacote del que emerge el picador, en muchos casos poco avezado en el manejo de la rienda y la garrocha. Entonces, el toro pelearía en condiciones de igualdad más razonables y se podrá apreciar mejor su reacción ante el primer castigo extroversor de la lidia.

A partir de este hecho, si la suerte de varas sigue siendo el parámetro sine qua non para optar al indulto, el toro lo tiene crudo, las polémicas no cesarán jamás y los censores no dejarán títere con cabeza.

Ahora bien: ¿Queremos que la polémica sea permanente bastión de la Tauromaquia? ¿La sal y pimienta de la Fiesta? Pues entonces déjese como está estipulado el indulto, es decir, que lo pida el público y entren en consenso torero y ganadero, para que el presidente no tenga más remedio que claudicar, aunque sea contra su propio criterio.

Por los motivos muy arriba expresados, aquí, al firmante, el indulto del toro de lidia le parece algo muy necesario, diría imprescindible. Tal como está la ganadería brava española –y la de otros lugares del mundo ni les cuento—dilapidar una fuente de sangre brava me parece un disparate, un despilfarro intolerable. Pero que alguien se lo piense más y mejor, y se regule con sentido común. Que se elimine la absurda prohibición –saltada a la torera constantemente, por cierto—de no permitirlo en plazas de tercera categoría. ¿Quién es quién para matizar el emplazamiento de la muerte? ¿Quién es quién para darles categoría a los públicos, según el censo de la población y el aforo de la Plaza donde tiene lugar el festejo? ¿Pero qué discriminación es esta? ¿Qué culpa tiene el toro de la designación de su último destino?

A mayores, habrá que justipreciar la labor del torero en todos los tercios de la lidia que es algo intrínsicamente subjetivo, por naturaleza. Hay toros que tienen mala suerte en el sorteo y están radicalmente condenados a la última pena desde las doce de la mañana. Toros que podrían haber sido indultados si los hubiera toreado un diestro más diestro en la materia. Y toreros que fuerzan el indulto con gestos desmesurados, lo cual invita a entrar en el busilis de la cuestión: ¿quiere el indulto por el bien de la especie de bóvidos bravos y de la Fiesta o por asegurarse un triunfo de clamor, hurtando el riesgo de la estocada, que es el supremo colofón de la lidia?

Para evitar esto último habría que suprimir la concesión de máximos trofeos. No hay trofeos tangibles que conceder, porque me parece un contrasentido y una humillación para los congéneres que yacen sin vida en el destazadero que mutilen su anatomía desollada. Y como ya he repetido en más de una ocasión: ¿Qué orejas o rabos van a cortar si el indulto se produce en el primer toro de la corrida? ¿Irán a la casquería más cercana? ¿Estará abierta a esas horas? ¿Será festivo el día?…

Ya verán cómo si el torero indultador sabe que no habrá premio tangible, ni Puerta Grande, ni apoteosis posterior, monta la espada con la intención de apiolar al bravo ejemplar que tiene delante; pero es entonces cuando el público deberá amotinarse para que tal hecho no ocurra y el Presidente –autoridad suprema en todo momento— deberá mandarle a la Prevención, si necesario fuere.

Me meto en estas reflexiones cuando ya se ha puesto tibia la polémica del indulto de un toro de Garcigrande en Valencia. Un toro bravo, muy bravo. Y noble, muy noble. Que humilló poco, pero embistió mucho y bien. El público –¿no es soberano?—lo pidió clamorosamente. Y después, el Presidente, previo consenso entre torero y ganadero, no hizo otra cosa que aplicar el Reglamento.

El indulto es la gracia suprema para el toro de lidia. Soy fervoroso partidario de instituirlo, pero su aplicación necesita una urgente y profunda revisión. Y, si no, que lo quiten.

Publicado en  Republica.com

Andrés Roca Rey organizará festival taurino para ayudar a damnificados

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El festival taurino se realizará “a beneficio de los miles de peruanos que que se encuentran actualmente en estado de desastre nacional”, se lee en el comunicado.

De SOL y SOMBRA.

El torero peruano Andrés Roca Rey organizará festival taurino para ayudar a damnificados por los huaicos en su país Perú. A través de las redes se pudo conocer que grandes exponentes de la tauromaquia mundial participarán del evento.

Se indicó también que aún está por definir la fecha, hora y lugar en donde se realizará el evento benéfico que organiza Andrés Roca Rey, en colaboración con Casa Toreros.

“Los fondos recabados en este festival benéfico irían destinados íntegramente a ayudar a los más necesitados y desfavorecidos por la catástrofe”, se lee en el comunicado

De esta forma, la familia taurina se une para realizar el evento a favor de los damnificados por los huaicos.

Tendido 7: Con un sello desfavorable y aterrador

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Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Como agua entre los dedos, se han ido ya los festejos de “Fallas” en Valencia, que infaustamente fueron como una cascada, torrente o alud de abrumadoras fallas vividas, que además de ponernos a meditar, nos han dejar ver una alarmante señal de focos rojos que ponen en altísimo riesgo la continuidad del auténtico y fidedigno Espectáculo Taurino. Razón por la cual, obligadamente y una vez más tendremos que señalar —al igual que lo hiciera la semana anterior— que el yerro absoluto e irrefutable de la feria, ha caído en la ¡angustiante y aterradora mansedumbre y total descastamiento!, de los animales que torpemente presentaron.

Insistamos y acordémonos que EL TORO BRAVO, aunque para muchas personas les resulte extraño y lo desconozcan, ostenta unas características propias y muy particulares que lo separan diametralmente de los demás bovinos existentes. Por ello, los científicos y estudiosos de la zoología, lo han clasificado como un descendiente directo de Bos Taurus Primigenius, que era un animal corpulento, provisto de largas y puntiagudas astas, y cuya característica etológica era su comportamiento agresivo, que pobló durante miles de años un extenso territorio de la Europa Central.

A través de los siglos fue paulatinamente desapareciendo —al igual que otros animales— de los montes europeos hasta ver reducida su área, a las franjas boscosas de Navarra y Aragón, en donde fueron encontrados por los habitantes de esa zona de España, que se percataron de que estos toros manifestaban características de agresividad que se traducían en violencia y acometividad.

Gracias a él, que se le encontró afortunadamente en España, es el origen, la razón y el motivo del nacimiento de este emblemático, caballeresco y mágico espectáculo. Sin la presencia de él, su Majestad El Toro Bravo  —nunca me cansaré de decirlo— no podría haber existido y obviamente jamás se hubiera dado. Es exclusivamente por él, por su casta, su bravura y su raza, que al Espectáculo Taurino se le nombra Fiesta Brava, Fiesta del Toro, y a los recintos donde ésta se lleva a cabo se les denomina Plazas de Toros.

Ahora desafortunadamente, con las empobrecidas y nefastas vivencias que nos ha mostrado Valencia en su plaza, con su “¿afición?”, y la bonhomía de sus pávidas autoridades, hemos sido testigos de un escenario inexplicable, y que seguramente es el origen de la fragilidad e inestabilidad por la que atraviesa nuestra fiesta en la actualidad.

¡La bravura se ha extinguido! —¡Vaya tragedia!— La complicidad de los toreros está más que manifiesta, ya que son ellos los que solicitan —o más bien exigen— la “fabricación” de bovinos mansos, descastados y bobalicones, que son supuestamente necesarios para la realización de sus “faenas llenas de aparente plasticidad”, y paradójicamente el público —que nunca los aficionados— de igual forma están hoy sometidos a este aciago e indolente escenario. ¡Qué contexto más pernicioso y aterrador!

De continuar así, nuestro Espectáculo Taurino estará en un altísimo riesgo de perder su credibilidad, y con ello probablemente un daño que costaría muchas y largas décadas de lentísima recuperación. El cambio que precisa es urgente, es importante, no puede esperar, es de hoy. La verdad en nuestra fiesta deberá presentarse sin cortapisas y prontamente en todas las plazas, y ésta se obtendrá exclusivamente cuando de nuevo aparezca en los ruedos del mundo Su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

Se lleno la plaza y eso, es noticia Por Bardo de la Taurina

Quienes aseguraban que en México era prácticamente imposible que una plaza pusiera el letrerillo de ‘No hay boletos’ se equivocaron y es que ese milagro se dio el domingo pasado cuando en Villa de Allende en el Edo. de México, al Presidente Municipal le latió y le dio resultado, que el festejo con el que alabarían al patrono San José, en una plaza maciza a la que a ojo de buen cubero le metieron más gente que la que fue a la Plaza México, tendría que estar rematado con la presencia de un rejoneador insignia de la mexicanidad, esa que además en ese estado es emblemática desde tiempos del legendario Ponciano Díaz, y claro pa’ cumplir con la continuidad de esa tradición, no hay otro rejoneador, que el charro Joaquín Gallo, ese que sale echando percha al son de soy puro mexicano, montando potros y yeguas sobre sillas charras, que son una obras de artesanía y cuando llega el momento ‘pos’ a dar el pecho rejoneando a pelo y con ello le puso los pelos de punta al conclave que abarroto el graderío, el que se prendió y desprendió la peluda pa’ este Gallo, que es más gallo, que muchos giros y colorados, y aquí viene la pregunta de la incomprensión: ¿Cómo a la empresa Pasión Ganadera a la que le concesionó el gobierno y el patronato de la Feria Internacional del Caballo Texcoco 2017, la parte taurina, le paso de noche en el elenco el mexicanísimo Joaquín Gallo? Privando con ello al pueblo y a sus visitantes de una de sus máximas atracciones, la del rejoneo a la usanza charra, con suertes como la del ‘Sarape torero’ y que además significa la promoción y conservación de las tradiciones ¡Qué lástima!

¡Ah! Pero no todo es desconcertante por allá, ¡qué va! este próximo fin de semana en las pestañas de Texcoco en Cinco Villas la plaza de toros más hermosa del continente, los habitantes de la tierra de Silverio Pérez y desde luego los de la capital y los estados adyacentes, podrán disfrutar del espectáculo que significará ver a Pablo Hermoso de Mendoza, así de cerquitita como un suspiro sintiendo el respirar de caballero, toros y caballos, eso será algo único que en ninguna otra plaza usted lo podrá vivir, además de ver ahí formadita, lustrosa, impactante y fotografiarse con la cuadra de rejoneo más valiosa e imponente del mundo, y si a eso le sumamos ver cómo se va a jugar la vida Sergio Flores, el torero que en su destino trae este año convertirse en el matador insignia de la torería mexicana y que permítame decirle, tiene con qué, como lo viene demostrando tarde a tarde, Flores sabe bien que lo que haga en Cinco Villas por los tintes de hispano mexicanidad de la propia plaza, repercutirá en España a donde ya debe de irse catapultado por un triunfo como el que tendrá que obtener el próximo sábado, además se espera que el coleta Marcos asegunde las buenas maneras, que apenitas demostró en Las Fallas de Valencia, el festejo arrancará a partir de las once de la mañana, los boletos los puede obtener en los sitios oficiales de Cinco Villas o en la Asociación Nacional de Matadores, al 2 x 1 en localidades de sombra.

Y de una vez le adelanto que dentro de ocho días en la ya referida Asociación Nacional de Matadores, el espíritu de Rodolfo Rodríguez ‘El Pana’ se va a dejar sentir cuando las tertulias al estilo Tupinampa…¡Va! 2017. Se vistan de luces para recibir el debut en la capital de las obras de arte ‘El Pana… por brujerías’ de la inspiración del fotógrafo trinchón Emilio Méndez, las que irán al alimón con personajes chipén que nos chanelaran anécdotas y recuerdos inéditos que vivieron al lado del ‘Brujo’, todo ello el jueves 30 a partir de las 7 p.m. Entrada libre, mesas por todos lados pa’ que usted y sus cuates escojan la suya, cafecito gratis, trago$ a la carta y un ambientazo que ¡ya! se empieza a sentir. (Atlanta # 133, Col. Nápoles).

José Ma. Garzón: “Organizar una novillada es muy caro y yo no soy una ONG”

De S y S.

Una vez presentados los carteles taurinos para la próxima feria de Algeciras, el empresario, José María Garzón, ha pasado por los estudios de la Cadena SER donde ha defendido la oferta preparada para los días 23, 24 y 25 de junio, curiosamente domingo y día después de la celebración de la feria que concluye el sábado 24.

Garzón ha defendido los carteles y considera “que la gente está contenta. Lógicamente cada uno tiene un cartel en la cabeza, pero creo que han caído bien entre los medios de comunicación y los aficionados. Siempre habrá a quien le guste más o menos, pero eso también pasa en Sevilla y en Madrid”. 

Garzón se muestra satifecho por el trabajo realizado, “no solo en la feria y en la confección de los carteles, sino en lo desarrollado durante todo el año en Algeciras donde se han hecho muchísimas actividades, y se seguirán haciendo”.

La feria comenzará el viernes 23 de junio con una corrida de La Palmosilla para Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera y José Garrido

El sábado 24 se lidiará un encierro de Albarreal para Morante de la Puebla, Cayetano y David Galván, torero triunfador en la pasada feria.

El ciclo se cierra el domingo 25 de junio con un festejo de rejones en el estarán Sergio Galán, Leonardo Hernández, y Andrés Romero con una corrida de Benítez Cubero.

Preguntado sobre a quien echa de menos en los carteles el empresario algecireño contestaba con cierta sorna “a Manolete, Joselito, José Tomás, Roca Rey… faltan muchos, en Madrid faltan también y hay 32 festejos”.

Garzón reconoce que le gustaría dar más festejos en Algeciras, pero la situación no es la más idónea “esto debe ser un negocio sotenible. Si la gente quiere más o menos toros es al final cosa del público”.

La ausencia de una novillada picada también ha sido una de las cuestiones planteadas, el empresario era tajante al respecto “organizar una novillada con picadores resulta muy caro y el público no acude. Esto es un negocio yo no soy una ONG y yo una novillada ahora mismo la veo inviable, solo de seguridad social estamos pagando entre siete y ocho mil euros. Es muy complicado”.

La empresa Lances de Futuro iniciará el próximo jueves un ciclo de proyecciones, a las siete y media de la tarde en el Centro Documenta José Luís Cano que se inaugura con el documental de Borja Manso “Y se llama Cayetano”

El jueves 30 el documental “Morante. Historia de un encuentro” del realizador Ander Duque. 

Y por último el viernes 31 se proyectará el episodio tercero de la serie “Juncal”.

Fuente: Cadena Ser

El Brexit, Trump y ‘Pasmoso’: la tauromaquia ya tiene posverdad

 

Por Juan Diego Madueño.

Justo después de que el pañuelo naranja encendiera la mecha en Valencia, Chapu Apaolaza, el nuevo comentarista del canal de televisión temático ‘Toros’, pronunció la frase con la que se inaugura una nueva era: “Va a entrar a no matar”.

López Simón apuntaba al morillo con la mano desnuda, ejecutando la suerte suprema, entrando a tocar el lomo con la naturalidad que da no sostener el acero. ‘Pasmoso’, qué va a entender, no entendía nada. El público, del revés, celebraba feliz lo conseguido. La alegría caliente de los tendidos no se puede fiscalizar, la piedra predispone y lo vivo manda, pero sí las reacciones de quienes sabían exactamente lo que allí ocurría.

Son los mismos actores que intentan educar a ‘los aficionados’ cuando sucede lo contrario y caen las almohadillas, se grita o se silba. En esos casos nunca “manda el público”, como dijo, exultante, Simón Casas en el callejón.

Gracias a ‘Pasmoso’, un toro bueno con las orejas colgando, con un ritmo y un galope cumbres, sin la exigencia de la humillación y con ese tranco un pelo blando, agradecido, que le dio por moverse en el peor momento, la tauromaquia tiene, al fin, su posverdad.

Tenía que llegar. Los tiempos que corren son propicios. Ya estamos en el carro de la media verdad. La realidad estrujada hasta la mentira. “De lo mejor que he visto en mi vida”, aclaraba el empresario, productor de los míticos seis toros de José Tomás en Nimes y autor de ‘La tarde perfecta de José Tomás’, que describe aquella mañana.

Es verdad que era un buen toro pero no que mereciera salvar la vida. “Estos animales, según está el panorama fuera, hay que llevarlos al campo”, señaló el torero. Es verdad que no es el mejor momento para el toreo pero no por eso hay que desvirtuar la figura del indulto.

La posverdad.

El discurso construido desde el callejón aquel día era producto del efecto, leve y ventajista, lo que la gente quería oír, que educa a miles de televidentes y con un toque sentimental y un punto de partida objetivo. Y es peligroso, no ya por lo anterior, si no porque se parece mucho a la corriente intelectual (?) que se intenta imponer globalmente. La corrección política, lo bueno, lo bonito, el indulto. No ofender, avergonzarse de la singularidad, homogeneizar la lidia según los corsés que se van imponiendo para apaciguar a los que no la entienden.

Savater lo explica mejor. “Ciertas sectas ideológicas o religiosas son especialistas en sentirse maltratadas por opiniones e imágenes que su dogma desaprueba. Es una forma de exhibir su poder y de ejercer una tiranía social que los halaga: lo políticamente correcto, que es en ocasiones muestra de conformismo timorato o de oportunismo electoral, refleja su triunfo en demasiados campos”. La tauromaquia es uno de ellos. “Conformismo timorato”.

Hasta ahora, el toreo era –es- el único espectáculo que hacía de la muerte una fiesta en una sociedad atiborrada de cosmética. Una cultura única, un patrimonio exclusivo que empieza a adaptar en su núcleo las exigencias de sus contrarios. Indultar toros como ‘Pasmoso’ y aderezarlos con ese tipo de palabras supone reconocer en cierta medida que lo que se hace, matar, está mal, que la razón tampoco está aquí. Son concesiones hechas un poco sin pensar, soltando lastre. Cuanto más grave sea el acoso, más fuertes deben ser los argumentos propios. La muerte está dejando de ser el objeto de lo que ocurre en el ruedo, apartada al rincón de las cosas incorrectas por los propios taurinos.

¿Cuántos toros mejores que ‘Pasmoso’ habrán muerto en la última década? ¿El año pasado? A bote pronto recuerdo a ‘Zurcidor’ y ‘Malagueño’. ¿Le servirá al ganadero? Con ‘Arrojado’, aquel indulto propiciado por la increíble lentitud de trazo de Manzanares, que prefirió el perdón antes del rabo, empezó todo.

En medio del alboroto estaba Emilio Muñoz. Que me perdone el maestro, por si le molesta la comparación, y sus amigos, pero yo lo veo como Gandalf ante el Balrog. “Hay que tener cuidado con los triunfalismos” y “el indulto es algo excepcional”, que es donde está fraguado el concepto del perdón del toro, en la exigencia máxima, fue su particular “no pasarás”. El contraste fue increíble. Dos mundos enfrentados. La luz del aficionado de siempre y el brillo artificial que todo lo iguala. Una suerte contar con él, que no se aburra nunca.

Ojalá pudiera adaptarme a las celebraciones, al vaso medio lleno, a la corriente positiva. Ocurre que esta forma de entender el toreo es diferente a la que me convirtió en aficionado. Pensaba que esta sensación llegaría más tarde, con la edad, atrincherado en algún diario de los de siempre con una línea editorial confusa en cuanto a las corridas. Esta es la tragedia de los ‘millenials’, estar a medio camino entre lo clásico y el descubrimiento de lo nuevo.

Mi yo de 2011 me diría que soy un exagerado dedicándome unos cuantos tuits y algún artículo fatal escrito en un blog penoso pero, de verdad, no es sensacionalismo, es honestidad. Con el indulto de ‘Pasmoso’ se recogió y adaptó el mensaje de los que pretenden acabar con la tauromaquia como argumento para intentar salvarla.

Qué paradoja.

Fuente: El Español 

Clamoroso triunfo de la ganadería de Piedras Negras en la Plaza México

  • En Teziutlán, bellas faenas de Jerónimo y Federico Pizarro.

Por Leonardo Páez.

Ayer, en la decimonovena corrida de la temporada y segunda de Cuaresma, rebautizada ahora como “Sed de Triunfo” en la Plaza México, ocurrió algo verdaderamente insólito: antes de comenzar la función un monosabio levantó una pizarra con el nombre de la legendaria y relegada por la empresa anterior, ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras, y de pie el público asistente desgranó una sonora ovación, en un gesto que intentaba reparar tantas negligencias y omisiones para en seguida dar inicio a una sucesión de bellos reyes de astas agudas que serían aplaudidos, primero al aparecer en la arena y luego al ser arrastrados por el tiro de caballos. Todos recargaron en el puyazo y mostraron las exigencias de la bravura en serio. 

Posteriormente, se solicitó un minuto de aplausos en memoria de los matadores Jesús Solórzano hijo, y Mauro Liceaga, fallecido la mañana de ayer.

En otro cartel desalmado, hicieron el paseíllo Antonio García El Chihuahua 31 años de edad, ocho de alternativa y 19 corridas en 2016–, el regiomontano Juan Fernando –30 años, ocho de matador y dos tardes el pasado año–, el hidrocálido Mario Aguilar –25, siete y cuatro– y el zacatecano Antonio Romero –29, seis y ocho–, destacando por su compromiso responsable, actitud y nivel técnico Aguilar, que perdió la oreja de Ranchero por pinchar, y Romero, que sufrió una grave cornada en el ano cuando bordaba a Caporal.

Inexplicablemente el jurado determinó que el quinto fuese toreado por El Chihuahua y no Juan Fernando, que con Artillero había realizado una digna faena por ambos lados malograda con el estoque.

El Chihuahua, luego de banderillear, le espantó las moscas al abreplaza Legendario que, como sus hermanos, exigió aguante, colocación y mando, y en el quinto escuchó sonora rechifla y gritos de ¡toro! Mario Aguilar consiguió con Ranchero una tanda de templados derechazos y otra de naturales superiores. A su segundo lo recibió con bellos lances y realizó una faena entre altibajos que acabó aburriendo al toro y al público. Y una pena que Antonio Romero, quien se perfilaba como el más destacado con el mejor toro, Caporal, luego de tres cambiados por la espalda y templadas tandas por ambos lados, fuese prendido y corneado.

A la postre el triunfador de la tarde resultó el ganadero de Piedras Negras, Marco Antonio González Villa, que fue ovacionado en el tercio al doblar el quinto y obligado a dar apoteósica vuelta al concluir el festejo. No se merecía tan prestigiado hierro un cartel como este.

El día anterior, en Teziutlán, Puebla, la ganadería de Gonzalo Iturbe, sangre pura de Piedras Negras, sirvió para comprobar la diferencia abismal entre pasar con docilidad y embestir con bravura, al grado de que el rejoneador Rodrigo Santos resultó seriamente lastimado, con fractura de costillas, al intentar matar a pie a su primero, y uno de sus peones sufrió la luxación de un hombro al ser alcanzado, en tanto que el público, que hizo tres cuartos de entrada, experimentó la emoción incomparable de atestiguar la bravura.

Federico Pizarro le tumbó una oreja a su primero, y otra más a su segundo por un trasteo derechista. Por su parte, Jerónimo, con la intensa expresión torera que posee, recibió a su primero con lucidos mandiles y estructuró en los medios una inspirada faena por ambos lados, resolviendo e improvisando con una naturalidad y una estética inigualables. Dejó una casi entera y el público, enfebrecido, exigió las dos orejas para el torero, quien recibió a su segundo con verónicas de la casa y realizó una faena no sólo solvente, sino gozosa, para llevarse otra oreja, lo que hace augurar nuevos éxito con su apoderado el MVZ Sergio Ramírez. 

¡Ah!, si la tauromafia se decidiera por la bravura y no por la comodidad.

Publicado en La Jornada.

CRONICAS Y PERIODISMO TAURINO INDEPENDIENTE

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