José Mari Manzanares: «Me siento feliz cuando toreo en Castellón, por eso voy dos tardes»

En esta plaza inicia una temporada ambiciosa en los grandes escenarios, que es donde quiere estar. El alicantino, que reaparece tras una lesión, afirma que los parones siempre han enriquecido su arte.

Por JORGE CASALS.

Cuando uno habla de Manzanares es fácil que brote la inspiración. Un canto a la belleza del toreo. La elegancia, la naturalidad del sentimiento a flor de piel, la cadencia de un verso que encadena los muletazos con la rima templada de su muleta.

La belleza del arte mediterráneo que tanto ha enamorado al aficionado de Castellón, tierra en la que ha puesto sus ojos y todo su esfuerzo para la puesta de largo de esta temporada. Es la figura principal de la Magdalena con dos tardes en la feria. Castellón le espera con los brazos abiertos, con la expectación que suscita siempre esta gran figura del toreo, que levanta pasiones dentro y fuera de la plaza.

«Es una afición a la cual le tengo mucho aprecio. Mi padre ya le tenía cariño a Castellón y a mí también me gusta mucho Me siento muy feliz toreando en esta plaza, por eso decidí estar dos tardes», explica José Mari Manzanares.

La tarde del 9 de marzo supondrá su reaparición en España. El año pasado una lesión medular le obligó a cortar la temporada; este invierno reapareció en Cali y un toro a punto estuvo de partirle el ligamento izquierdo de la rodilla. Se sucedieron los infortunios, pero ya está recuperado tras una preparación física de élite. La semana que viene toca campo y, después, dos tardes en Castellón compitiendo con las figuras.

«No me gusta la palabra competir, pero sí es verdad que son dos combinaciones rematadas, tanto el primer día con Juli y Talavante, como el segundo con Ponce y Roca Rey. Sendos carteles que para el aficionado, y el que no lo es tanto, tienen bastante atractivo, y solo espero que los toros nos ayuden y que la gente que vaya a vernos pueda disfrutar de cada una de las tauromaquias que nos definen a cada uno de nosotros».

Lejos de cualquier incertidumbre a causa de la inactividad, asegura que «los parones me han venido siempre muy bien y son necesarios. El toreo tiene que nacer y, por eso, cuando se torea tan seguido, te vuelves vulgar. Me gusta parar, enfriar mis emociones y volver sintiendo más el toreo».

Una de sus tardes más significativas en Castellón fue en 2011, actuación que recuerda el diestro como un punto de inflexión: «Los toreros, según cumplen años, van evolucionando en su tauromaquia. Ese fue un año en el que hubo muchas alegrías y muchos cambios en el sentido artístico. Ahora mismo, desde que falleció mi padre estoy metido en un proceso de evolución de un toreo más reposado, más natural y asentado, que es lo que voy buscando; y, sobre todo, intentar sentirme cada vez más. Sé que es difícil, por eso hay que trabajar todo mucho, tanto la estética como la técnica, para que la técnica que apliques en la plaza para sacarle al toro todo su fondo sea casi inapreciable. Luego, cuando sale el toro extraordinario te olvidas de ella y dejas que brote el sentimiento. Es, por ejemplo, lo que me ocurrió aquel 2016 en Madrid con la faena al toro Dalia».

Una obra histórica de la tauromaquia.

De imborrable recuerdo y que reunió tres matices que, para el alicantino, son vitales para alcanzar tal grado de magnitud: «Una es la entrega del torero, que es indispensable pero no la más importante; la profundidad con la que uno torea, que sí es imprescindible, y por último la estética. Cuando se juntan estos tres elementos en una faena, esta pasa a la historia, permanece siempre en la memoria».

Entra de lleno a desgranar su concepto. A corazón abierto. Una tauromaquia fundada con las bases que le inculcaron su padre y su abuelo y que bebe de las fuentes de Ordóñez. «Siempre me han transmitido esa pureza, ese asentamiento de clavar los talones en la arena, ese juego de cintura, que sea de una manera natural… y algo fundamental: que cuanto más suave torea uno, más suave te responde el toro. Lo bonito es torear con esa pureza y ser capaz de reducir su acometividad, que el toro embista a la velocidad que tú quieres que lo haga», detalla.

Su palabra tiene la cadencia de su toreo, el poso de los años y la seguridad de estar paladeando un momento muy dulce. Lo transmite en esta temporada ambiciosa que le espera en esos grandes escenarios. «Es donde me gusta torear, donde más torero me siento».

No duda en confirmar que atraviesa «un momento bueno y feliz porque poco a poco me voy acercando a ese toreo que me transmitieron mi padre y mi abuelo, y que es el que siento».

Publicado en El Mediterráneo

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Emilio de Justo dibuja una faena de emoción en la plaza de Vistalegre

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Emilio de Justo da la vuelta al ruedo tras cortar una oreja al tercer toro de la tarde. Kiko Cuesta Efe.

Por ALEJANDRO MARTÍNEZ.

Durante los siete u ocho minutos que duró la faena de Emilio de Justo al tercer toro de la tarde los espectadores y aficionados que se dieron cita en el Palacio Vistalegre para homenajear al ganadero Victorino Martín Andrés vivieron en sus carnes la emoción del toreo. Los ‘bien’ y los aplausos protocolarios se tornaron en sentidos ‘olés’ y en vibrantes ovaciones. La razón es que en el ruedo se habían encontrado un toro y un torero.

El trasteo ejecutado por el diestro extremeño no fue perfecto ni completamente lucido, pero y qué. Allí había emoción y verdad. El toro de Victorino -o novillo, luego se verá por qué- tuvo la principal virtud de la transmisión. La transmisión que da la casta. Pero también las dificultades y la exigencia que conlleva esta condición. Sin terminar de humillar ni entregarse, el cárdeno ejemplar de la divisa azul y encarnada mantuvo hasta el final una actitud desafiante y, por momentos, respondió con brusquedad y violencia.

Pero De Justo no se amilanó. Siempre bien colocado, muy de verdad, le plantó cara y firmó una obra de enorme valor que remató con una estocada trasera y tendida -y un descabello posterior-, que cobró tirándose muy derecho encima del morrillo de su oponente. Esperando al animal con la muleta retrasada, aguantó los parones, y dibujó muletazos que tuvieron largura y verdad. Cada vez que llegaba el momento del embroque, nadie sabía si el torero seguiría con los pies en el suelo. Y, tras el remate, una mezcla de entusiasmo y alivio se liberaba en los tendidos. La oreja, de peso. Su labor frente al manso y deslucido sexto estuvo cargada, de nuevo, de entrega y pundonor, pero fue un tanto embarullada.

Al tercero se le debería haber recibido con el ‘cumpleaños feliz’. Melonchero, que así se llamaba el animal, cumplía los cuatro años este mes de febrero. Es decir, podría haberse lidiado igualmente como utrero. Algo así, en una corrida de Victorino, no tiene perdón. Sobre todo, teniendo en cuenta que no fue la excepción, sino la norma. Los otros cinco astados que saltaron al ruedo acababan de cumplir los cuatro, en enero o diciembre. Utreros adelantados, que se dijo siempre. Y en la apariencia se notó, vaya si se notó. El encierro tuvo cara, pero solo eso. Chicos y vareados todos, y alguno, como el quinto, era una cabra. Y todos, o casi todos, lucieron una expresión de adolescentes y no de hombres con toda su barba, como esos cinqueños que dieron gloria a este hierro.

El cuarto, el más toro de la corrida, fue, además, el que más empujó en el caballo. Aunque bien es verdad que acudió al relance, metió la cabeza bajo el peto y se llevó al picador hasta el mismo centro del ruedo. Y ahí se acabó la historia porque su matador, Curro Díaz, nos privó de un segundo puyazo (ya un tercero o cuarto es pura utopía). Díaz, que ante el noble primero solo había dejado un par de detalles de torería y se había mostrado acelerado, evidenció falta de ambición cuando, tras una notable tanda al natural en la que se sintió toreando, se limitó a ponerse bonito, a citar fuera cacho y a pasar al toro lo más rápido posible, antes de irse a por la espada entre la sorpresa general. La orejita que le dieron tras un espadazo bajo y delantero fue de sonrojo.

Daniel Luque, tan correcto y técnico como carente de pasión y alma, sobresalió en un cambio de mano, un par de redondos, y un pase de pecho ante el segundo, que solo sacó casta a la hora de morir, y se estrelló con el morucho quinto, que no pasaba.

Publicado en El País

¿La Fiesta en Paz? Susteando en el cinismo, prosigue el secuestro de la tradición taurina en este país

¿Por qué la empresa de la plaza México prefirió traer en varias ocasiones encierros mansos para los figurines y mandar a Mérida un encierro con edad y trapío de Mimiahuapam?. Foto archivo.

Por Leonardo Páez.

Mientras en países latinoamericanos económicamente menos fuertes que el nuestro, sus sistemas políticos son capaces de fincar responsabilidades e incluso de meter a la cárcel a funcionarios y mandatarios corruptos, por acá seguimos en ese no hagan olas forzoso a partir de una idiosincrasia no por artificial menos arraigada, luego de varias décadas de jugar a la democracia sin creer demasiado en ella.

El fingimiento como otra de nuestras tradiciones, reforzada desde que la ley fue sustituida por el dinero, el sentido común por el mercado y el conocimiento por el manoseo informativo, permea las instituciones y se extiende a todos los ámbitos, haciendo a un lado racionalidad, autenticidad y cultura, entendida ésta no sólo como tejido social sino como cultivo deliberado y consciente del espíritu humano.

La tauromafia pretende ignorarlo y sus defensores y corifeos intentan disimular o aminorar sus graves consecuencias, pero una fiesta brava sin bravura en los animales ni en los racionales, tiene sus días contados, pues además de que se pretende sustituir la ausencia de heroísmo con un esteticismo chocarrero, se siguen protegiendo los intereses de unos cuantos por sobre la salud de un espectáculo, a costa de la dignidad animal del toro de lidia y de la dignidad humana de toreros con merecimientos, pero relegados.

¿Por qué la adinerada nueva empresa de la plaza México ya no volvió a adquirir, entre otros, un encierro de la triunfadora ganadería de Piedras Negras? ¿En qué beneficia a la fiesta de los toros que la empresa más poderosa en la historia del toreo siga trayendo reses desbravadas para figurines comodinos y ventajistas e incluso haya preferido mandar a Mérida un serio encierro del propio Bailleres? ¿A qué atribuir el poco interés en meter más público a la plaza?

¿Por qué asesores y operadores del consorcio Bailleres-Sordo se negaron a repetir a toreros de la calidad y pundonor de Juan Luis Silis, Pepe Murillo o Antonio Mendoza? ¿Cuál es el propósito de querer improvisar figuras dudosas en vez de enfrentar diestros mexicanos que de verdad generen partidarismos? ¿Cuánto más esperarán los buenos toreros españoles para ser contratados por ustedes? ¿Qué sentido tiene adelantar carteles y combinaciones ociosas? Sobran preguntas, faltan respuestas con sustento.

Por ello no se sabe si reír o llorar con el rollazo que el monarca español Felipe VI le soltó al atracador Juli al concederle en días pasados la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, galardón aprobado nada menos que por el Consejo de Ministros a propuesta del ministro de Educación, Cultura y Deporte: “¡Cuánta importancia –le dijo su Majestad– tiene en estos días vuestra labor artística! Con ella, cada uno de vosotros contribuís a la formación de esa historia común, la de la cultura española, y hacéis de nuestra sociedad un hábitat de libertad, de diversidad, de belleza compartida”. Chale, mi buen. O usted ignora los abusos de su premiado aquí y allá o, sabiéndolos, decide apoyar, junto con sus ministros, esta versión apócrifa de labor artística y de cultura española.

No contentos con este megacachondeo entre tauromafiosos, crítica especializada, gremios pusilánimes, públicos indiferentes ante lo que les den o dejen de dar, todavía hay quienes invocan la responsabilidad que en materia de toros corresponde a la autoridá –autoridad es otra cosa– y esperan, sentados, a que las próximas administraciones ahora sí se responsabilicen. No pos sí.

Publicado en La Jornada

Papanatismo, secretismo, despotismo y mafia en la tauromaquia moderna

Juan del Álamo, triunfador en San Isidro de 2017, ausente de las primeras ferias.JAVIER LIZÓNEFE.

Por ANTONIO LORCA.

La fiesta de los toros está enferma de papanatismo (admiración excesiva), secretismo (ausencia de transparencia), despotismo (abuso de superioridad), mafia (defensa de intereses sin escrúpulos)… (y miedo, también, mucho miedo de los toreros fuera del ruedo).

Dicho así, a bote pronto, suena como muy fuerte, y hasta poco elegante; casi como una desfachatez en estos tiempos buenistas que corren.

Pero como la opinión es libre, habrá que permitir que alguien saque los pies del tiesto y suelte una boutade a la que, ciertamente, la tauromaquia no está habituada.

Pongamos que hablamos de la fiesta de los toros en el siglo XXI; refirámonos, por ejemplo, a Sevilla, la Feria de Abril, uno de los dos ciclos taurinos más importantes del mundo. Pero hagámoslo por la cercanía en el tiempo, —los carteles se presentaron el pasado lunes—, pues lo que ocurre en este sur se mimetiza en todo el orbe taurino.

Las ferias las diseñan las figuras, que son las que de verdad mandan en la fiesta

Se anuncian, he ahí, 15 corridas de toros, confeccionadas con los mismos criterios de siempre, con abundancia de figuras que huelen a naftalina, y ganaderías tan ennoblecidas que suelen transmitir más ternura que respeto. Carteles remataos, se dice en el argot, como un justificable y vacío eufemismo de ternas acomodadas,cansadas de fracasar en tardes ya olvidadas y desesperantes a la búsqueda infructuosa de un colaborador artístico de capa negra y santas intenciones. Ni una sola novedad, ni un solo giro en el guion establecido, ni una gesta, ni una sola sorpresa… Carteles de siempre, que cada año, a la vista está, atraen a menos espectadores…

¿Alguien protesta? No, por Dios; son carteles de los que siempre han gustado en Sevilla. Carteles de arte, del ‘¡bien…! más que del ¡ole!’, de la sonrisa complaciente más que de la emoción desbordante. Pero ahí queda en el desierto la máxima de Ortega (y Gasset): “El día que la estética prevalezca sobre la épica, la fiesta se habrá acabado”. En fin, que Sevilla sufre en el caso taurino, como en tantos otros, un papanatismo preocupante.

Pregunte, pregunte lo que desee, y tenga la seguridad de que solo encontrará medias verdades. ¿Por qué no viene Paco Ureña? (valga el ejemplo), ‘porque se le ofreció una buena corrida y prefería otra’. Ah! Pero… No, no hay más explicación. Y vas y le preguntas al torero y prefiere no responder. Rumorea twiter que la clave es que le han ofrecido menos dinero que en 2016, pero mejor no volver a preguntar porque la incógnita se evanescerá sin respuesta. ¿Y la ausencia de Rafaelillo? Silencio. Se dice entre bastidores que pidió 30.000 euros por matar la corrida de Miura, y le han respondido con un lacónico ‘¡vamos, hombre…! El propio mentor de Cayetano, otro ausente, ha afirmado que a su torero le ofrecieron cuatro o cinco corridas, pero no la que él soñaba. ¿Cuáles? ¿Cuál? Nunca se sabrá.

El empresario -este o cualquier otro- no cuenta la verdad, los toreros guardan silencio, se esquivan cuestiones candentes… de modo que no te enteras de nada. Y de dinero, ni hablamos. Secreto de estado. Es de mal gusto. Y se supone que el cliente tiene derecho a saber por qué un tendido en la Maestranza cuesta un riñón. Secretismo total.

Es evidente, además, que las ferias -la de Sevilla, también- la diseñan las figuras, que son las que, de verdad, mandan en la fiesta. Pero figura no es solo el torero reconocido por la mayoría, sino aquel que está apoyado por una empresa influyente. Empresas y figuras hacen y deshacen carteles, acuden con sus toros de la mano, dejan fuera a los compañeros incómodos, —nadie pregunta a los clientes—, y defienden en exclusiva sus intereses. ¿No son muchas cuatro corridas en el abono sevillano para Roca Rey y Manzanares? Pudiera ser, pero es que el primero está apoderado por la empresa Pagés y el otro por el todopoderoso Matilla. ¡Ahora se entiende…!

Jesús Enrique Colombo es un novísimo matador de toros que el año pasado, aún novillero, fue el triunfador absoluto en Madrid y en todas las plazas en las que actuó. Pues no está ni en Castellón, ni en Valencia, ni en Sevilla. ¡Y lo apodera Juan Ruiz Palomares, el hombre que gestiona la carrera de Enrique Ponce! Caso parecido es el de Juan de Álamo, triunfador en San Isidro 2017 y ausente, también, de las primeras ferias. ¿Por qué? No se sabe. La justicia no es un valor consustancial a la fiesta de los toros.

La Feria de Sevilla es un claro ejemplo -no el único, claro- de abuso de autoridad (despotismo) de las empresas y figuras.

Todos ellos ofrecen, por cierto, una deprimente imagen; parece que actúan convencidos de que el negocio se acaba y hay que recoger las últimas migajas. Parecen hacerlo de espaldas a la modernidad, a los intereses de los clientes, con las mismas fórmulas de siempre, a pesar de las luces de alarma que indican peligro de desaparición. Desprecian al toro y a los que pasan por taquilla; por eso, escasean la bravura y la fortaleza, y cada vez luce más el cemento en las plazas. Coge el dinero y corre, parece ser el mensaje. En fin, que componen un grupo extraño -muy extraño- que tiene sentido mientras existan antitaurinos y animalistas a los que culpar de la depauperada situación de la tauromaquia.

Y unas perlas finales:

La primera:

A veces, muchas veces, hablar con una figura de toreo es tarea imposible. Pero, ¿no habíamos quedado en que hay que enseñar la tauromaquia? Y si consigues hablar, la evasiva constante es la protagonista del diálogo, lugares comunes, balones fuera… Y constatas el miedo a la sinceridad para no molestar. “Entiende, por favor, que yo no quiera entrar en esos temas”. Y te lo dice un héroe al que has visto jugarse la vida ante dos pitones como puñales, y resulta que se empequeñece cuando piensa en un empresario de medio pelo. Y te convences, claro está, de que algo no funciona.

Y la segunda:

La tradición, la maldita tradición… Esa ley no escrita, pero taladrada en las conciencias de tantos taurinos… ¡No hay nada que cambiar, porque las cosas siempre se han hecho así! Pero el mundo sigue adelante, evoluciona, cambia y exige nuevos planteamientos que no llegan.

Mientras tanto,… el papanatismo, el secretismo, el absolutismo y la mafia seguirán mandando en la tauromaquia moderna.

Publicado en El País

José Tomás asiste al funeral del ganadero salmantino Domingo Hernández

Su Majestad “El Viti” y José Tomás.

De SOL y SOMBRA.

El ganadero de Garcigrande falleció el pasado 2 de febrero. A la misa, realizada en la iglesia de San Julián, han asistido grandes figuras de la ganadería y del toreo, como Santiago Martín ‘El Viti’, Juan Ignacio Pérez Tabernero o Antonio Barrera

El torero José Tomás ha asistido en Salamanca al funeral ofrecido en memoria del ganadero charro Domingo Hernández.

El ganadero de Garcigrande falleció el pasado 2 de febrero en Madrid, donde se encontraba en el hospital tratando de recuperarse de unos problemas de salud.

La misa, que se ofreció a las 12 horas en la iglesia de San Julián, congrego a familiares y amigos de Domingo Hernández así como a grandes figuras del mundo de los toros, como Santiago Martín ‘El Viti’, así como una infiniadad de ganaderos salmantinos.

De hecho, uno de los actos más emotivos se produjo cuando ‘El Viti’ se dirigió a Justo Hernández, hijo de Domingo, a darle el pésame personalmente. José Tomás reparó en ese detallé y se dirigió al hijo, fundiéndose con él en un afectivo abrazo.

Otras de las figuras que también asistieron fuerno Juan Ignacio Pérez Tabernero, José Ignacio Cascón, David Luguillano o Juan Diego, entre otros muchos.

Publicado en Salamanca 24 Horas

Fallece en San Luis Potosí el rejoneador Jorge Hernández Andrés

De SOL y SOMBRA.

La mañana de este viernes 16 de febrero fue encontrado muerto en su domicilio de San Luis Potosí el rejoneador Jorge Hernández Andrés de 64 años de edad, al parecer, su cuerpo fue encontrado por la empleada doméstica, quien dio parte a la policía.

Cuerpos de auxilio y seguridad se dieron cita en su domicilio al llamado de auxilio, pero la Unidad de Servicios Médicos informó que nada podía hacerse, ya que el rejoneador estaba ya sin vida, acto seguido, se esperó la llegada de personal de la Fiscalía General del Estado.

Momentos después en el lugar se desplegó el aseguramiento de la escena del crimen por parte de agentes periciales e investigadores.

Algunas versiones preliminares aseguran que aparentemente su muerte se trató de un suicidio.

Jorge Hernández Andrés fue tambien en vida un reconocido empresario, y hace algún tiempo fue dueño de la ganadería de Coronado.

Con información de Código.

Carrera como rejoneador

Jorge Hernández Andrés nació en San Luis Potosí, México, un 9 de enero de 1954.

Hizo su debut como rejoneador en 1967 toreando festivales junto a su padre Jorge Hernández Espinosa y tomó la alternativa el 16 de junio de 1974 en Ciudad Juárez, llevando como padrino a Gastón Santos, tarde en la que corto una oreja de un toro de Casablanca, pero en la que sufrió la muerte de un caballo por una cornada.

Confirmó su alternativa en la Monumental Plaza México de manos de su padre, el 16 de junio de 1979, siendo testigo en aquella ocasión Carlos Arruza hijo.

Tras 25 años de carrera su ultima actuación fue un 21 de octubre de 1999, fecha en la que le dio la alternativa a su colega Antonio Ortega en la plaza “Los Azulejos” en Atizapán de Zaragoza.

Tiempo después reapareció por única vez, para alternar con su hijo y su hermano José Antonio en la plaza Frascuelo de Cedral el 14 de agosto del 2009.

Jorge Hernández Andrés, era hijo del también rejoneador Jorge Hernández Espinosa y hermano del rejoneador José Antonio Hernández Andrés, así como padre del rejoneador en activo Jorge Hernández Gárate.

Descanse en Paz y desde aquí enviamos nuestras condolencias a toda su familia y amigos.

Twitter @Twittaurino

Tendido 7: ¡Vaya!… ¿Cuánta contrariedad? ¿Qué disgusto?

Foto Joselito Adame Twitter.

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

En el festejo que se dio en nuestra ciudad el domingo anterior, creo que tendré que nombrarlo como “festejo taurino” —porque no diré qué fue una corrida de toros— vivimos por enésima ocasión la tragedia que viene ensombreciendo y sepultando a nuestra mágica y emblemática Fiesta Brava, ya que una vez más, su “Majestad El Toro Bravo”, NO estuvo presente.

¡El Toro Bravo, El Toro Bravo! qué fantástico es pensar en él. Es por ello, que cuando en alguna plática entre “amigos”, me preguntan cuál es el animal que más me agrada e interesa, siempre he confesado sin titubear “El Toro Bravo” —bueno, además de los caballos— pero sin lugar a dudas, su majestad el toro bravo, sobre todos los demás animales de la creación, que cada uno de ellos, son ya de por sí, una obra extraordinaria de la omnipotencia de Dios.

El Toro Bravo, aunque para muchas personas les resulte desconocido —quizás por ello ataquen sin fundamentos a nuestra fiesta— es dueño de unas características propias y muy particulares que lo separan diametralmente de los demás bovinos existentes. Los eruditos de la zoología, clasificaron a su predecesor como Bos Taurus Primigenius, que era un animal corpulento, provisto de largas y puntiagudas astas, —factor determinante de su fenotipo— cuya característica etológica era su comportamiento agresivo, y que en una época remota, pobló un extenso territorio de Europa Central.

A través de los tiempos fue paulatinamente desapareciendo —al igual que otras muchas especies— de los montes y planicies europeas, hasta ver reducida su área a la franja boscosa de Navarra y Aragón, en donde fueron de nuevo localizados por los habitantes de estas zonas de España. Gracias a éste fortuito y feliz encuentro, debemos el origen, la razón y el motivo del nacimiento de nuestro mágico y sublime espectáculo.

Sin él, su Majestad El Toro Bravo —nunca me cansaré de decirlo— no podría haber existido y jamás se hubiera dado. Es por él, por su casta, su bravura y su raza, que se le denomina Fiesta Brava, Fiesta del Toro y los recintos donde ésta se lleva a cabo, se les bautizó como “Plaza de TOROS”.

Es él, el eje central del espectáculo, y los toreros lo saben, aunque ellos se convertirían en los héroes de los públicos, sí, pero ¿sin la presencia del toro, existirían?

Durante siglos, en todos los carteles y pancartas, siempre se anunciaba primero y antes que nadie el nombre de la ganadería de la cual procedían las reses que habrían de lidiarse. Inclusive en la “época de oro” con auténticas figuras como Belmonte, Joselito, Rafael “El Gallo”, Gaona, Armillita, Manolete, Garza, Silverio, etc. Siempre primero las dehesas que proveerían a su majestad el toro.

Ahora, desafortunadamente en nuestro país la situación es diferente, ya que aquí se anuncian primero a los actuantes, y hasta el final con letras más pequeñas la procedencia del ganado —ojo, que no escribí la palabra toros bravos— y esto, con la anuencia sumisa de un gran sector de productores de reses para los festejos.

Este escenario es inexplicable, pero muy probablemente es el origen de la fragilidad e inestabilidad por la que atraviesa la fiesta en nuestro país, ya que muchos ganaderos tristemente y sin medir las consecuencias de su proceder, se han sometido a los caprichos y voluntades de los actuantes —principalmente a la figuras de ultramar— quienes exigen una reses que ya en nada se asemejan al verdadero toro bravo, es decir, sin presencia —¿edad?— y mucho menos bravura, por lo cual la sosería y el descastamiento se mueve insolentemente en todas las plazas de nuestro México.

Pero todo nos hace indicar que a ésta nefasta situación el público actual le da poca importancia y que asisten a los festejos con una visión poco precisa o disminuida de lo que realmente deberían exigir en un espectáculo que se caracteriza —cuando es verídico y está presente EL TORO— por su dignidad y grandeza. El triunfalismo efímero e intrascendente nunca ha dejado huella. “Ah, salida a hombros de Joselito, en contraparte, marcha apresurada del ‘Juli’ mostrando contrariedad y disgusto”. ¡Va!

¡La bravura se está extinguiendo! La “novedosa” fiesta, tediosa e insoportable, ha llevado a la ruina a un espectáculo ancestral que fue por siglos el orgullo de muchas generaciones que veían en ella reflejada la grandeza de sus pueblos. Hoy precisa forzosamente de un cambio radical hacia lo que es la verdad dentro de las plazas, y ésta se obtendrá exclusivamente, cuando aparezca de nuevo en los ruedos, el eje central y único de ésta fiesta: su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

“Hubo una figura que se lo estuvo pensando y se estará arrepintiendo ahora de no haber aceptado la propuesta”

De SOL y SOMBRA.

A escasos días de que se celebre la Feria de Invierno en el Palacio Vistalegre, el promotor del ciclo madrileño pasó por El Albero de COPE. Alberto García mostró su optimismo al explicar que “a estas alturas ya hemos superado el número de entradas vendidas respecto a estos dos años anteriores”.

El gestor aragonés vaticinaba que “va a tener un gran ambiente en la corrida de toros y sorprendentemente está habiendo mucho respaldo a la novillada. La gente está sensibilizada con el futuro de la Fiesta”.

Tras una novillada en la Feria de Invierno de 2016, el pasado año el abono quedó reducido a la corrida de toros. Sin embargo, Tauroemoción ha apostado por recuperar el festejo menor para cerrar la feria el domingo. “Es fundamental, hay que apostar por las novilladas”, continuó relatando Alberto García en El Albero.

En este festejo hará su debut con picadores la novillera cordobesa Rocío Romero, cuya carrera ha comenzado a gestionar Alberto García. El empresario reconoció que está “muy ilusionados con Rocío porque pensamos que está en nuestras manos una perla que puede marcar una página brillante en la tauromaquia”.

“Nos quejamos que en muchas ferias se quitan las novilladas y nosotros hemos apostado por recuperarla”
Una confianza que viene dada después de que “grandes taurinos me hayan dicho que tiene un corte que nunca se lo habían visto a una mujer en el ruedo. Además, es positivo que para la Fiesta haya una mujer que sea capaz de competir con otros toreros en las ferias”.

Por último, Alberto García habló de la confección del cartel de la corrida de Victorino Martín y su ofrecimiento a varias figuras. “El cartel ha quedado perfecto tal y como pretendíamos tanto Victorino como nosotros. Queriamos premiar a los toreros que habían estado bien con estos toros el año pasado. Aunque también pensamos que una figura le hubiese dado una importancia aun mayor a este acontecimiento. Hubo una figura que se lo estuvo pensando hasta última hora. Con el acontecimiento que se ha creado, alguna figura se estará arrepintiendo ahora de no haber aceptado la propuesta”, finalizó el empresario.

Publicado en COPE

CRONICAS Y PERIODISMO TAURINO INDEPENDIENTE

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