Opinión: El animalista inhumano


Por Ignacio Blanco.

Hace un año que falleció Victor Barrio y hace unos días fue Iván Fandiño. También nos dejó en 2017 Adrián Hinojosa, un niño de 8 años, al que el cáncer interrumpió su inocente vida y cuyo deseo era ser torero. No puedo llegar a imaginarme el sufrimiento de unos padres enfrentados a la enfermedad y muerte de su hijo, azotados durante ese trance por los indeseables animalistas inhumanos, una nueva clase social que pretendiendo amor a los animales desean la muerte a los seres humanos.

Dijo Schopenhauer que el hombre, en el fondo, es un animal terrible y cruel, en referencia a que ese fondo queda oculto por la domesticación a que nos somete la educación recibida del entorno social en el que nos desarrollamos. Un entorno social que nos trasmite como pilar básico el respeto por los demás. El respeto a su vida y su integridad, pues el ser humano como ser social, requiere de la vida en comunidad para sobrevivir y desarrollarse. Una vida social que no puede basarse en la constante agresión para lograr objetivos personales, pues estos pueden ser más altos y se obtienen con un menor coste, cuando los mismos se logran mediante la colaboración voluntaria.

Este principio liberal, básico de nuestra civilización, parece no haber sido asumido por los animalistas inhumanos. Se extiende peligrosamente el deseo a la muerte del semejante para tratar de solucionar problemas o frustraciones personales, muy propio del darwinismo social, que estos fundamentalistas del derecho animal critican cuando se da en ámbitos no relacionados con el animalismo. La competencia entre especies ha desaparecido en el caso del ser humano y esta es la razón por la que el hombre evoluciona sólo contra sí mismo, pues no hay animal en el mundo que le plantee competencia alguna. Unos compiten por dinero, otros por fama, otros por alimento, otros por la defensa de los animales y en esta lucha, en algún momento, alguien rebasa la línea roja deseando la muerte del otro, símbolo extremo de competencia.

El ansia de protección de los animales y el deseo de que estos sean tratados dignamente es encomiable, pero sólo hasta el límite de la dignidad del propio ser humano. Algo que parece comienza a cuestionarse incluso en el ámbito penal, donde ya existen casos de condenas a penas de prisión por maltrato animal, algo que el propio Karl Marx consideraría una aberración. Esta extraña evolución del derecho penal de salón de té, podría llevar en breve a que se considere genocidio la actividad de los mataderos, que exista una policía local para constatar el trato que los hamsters reciben de nuestros hijos o se decrete el derecho a una renta social para palomas cuyo sustento no está asegurado en la ciudades actuales.

Vivimos una sociedad adormecida en una ensoñación de ausencia de dolor, esfuerzo o problemas, en la que nuestros deseos se convierten en necesidades y estas en derechos. Una sociedad en la que una lata de comida para gatos es más cara de una lata de atún para consumo humano. Una extraña sociedad que enloquece con sus animales domésticos a los que en ocasiones trata mejor que a sus propios hijos. Una sociedad que cree vivir un cuento de hadas, en la que como refiere Clarasó en su Asesino de la Luna «El ser humano es incomprensible para los otros seres humanos; solo algunos animales domésticos le comprenden. Pero estos no escriben sus memorias y no se sabe lo que piensan del hombre».

Es incomprensible como el supuesto amor a los animales lleva a algunos a ser peores personas. No hay sentimiento más despreciable que desearle la muerte a otro ser humano, pero el simplismo o la debilidad mental de estos indeseables, les lleva a aliviar sus frustraciones deseándole la muerte a un niño.

No soy aficionado al toreo, no lo comprendo, no disfruto con el espectáculo de la tauromaquia, asistí en una ocasión a una corrida y no me gustó, pero no me genera el completo rechazo que me producen las manifestaciones y actitudes de aquéllos, que considerándose amantes de los animales, le desean la muerte a otra persona y me produce asco cuando lo desean a un inocente niño de 8 años, que ni siquiera llegó a cumplir su sueño de ser torero.

Me pregunto quién respeta más al animal, ¿el torero o el animalista inhumano?. Esta pregunta sólo puede ser respondida desde la perspectiva del riesgo que asume cada uno en su propósito.

En este sentido, resulta evidente que es el torero quien respeta más al animal, pues es éste el que se expone a morir. No me imagino mayor respeto que ofrecer la vida en un propósito. Exponer tu vida, arriesgarte a no volver a besar a tus hijos, verlos crecer o amarlos, supone otorgar un poder al animal, que ningún animalista comprende. Supone elevar al Toro a la categoría de ser humano, cuando este puede acabar con la vida que presentas frente a sus astas. He tratado de imaginar que pretende el torero, y me resulta evidente que no es el hecho de la muerte del toro, si así fuera, no sería necesario exponer la vida en ello, bastaría con entrar en una finca con un fusil para lograr tal objetivo. Sin conocer a ningún torero, creo imaginar lo que lo mueve, es el propio hecho de exponerse a la muerte sin quererla, pero sin rechazarla, de experimentar la vida en ese hilo de tierra que la separa del avismo de la muerte, un territorio que pocos recorren, pero que se me antoja de una extraordinaria fuerza. En los entornos de seguridad en los que vivimos actualmente, en los que nadie asume ningún riesgo, todos los problemas han de sernos solucionados por otros, frente a esas aburridas vidas que parecen rodar todas sobre la misma huella, la tauromaquia se me antoja como uno de esos reductos en los que puede suceder cualquier cosa, hasta la muerte.

En el caso del animalista inhumano, resulta evidente que no respeta más al animal que el torero. El animalista inhumano no arriesga nada en su defensa. Su mayor esfuerzo es sentarse en el retrete y trolear desde una cuenta anónima de twitter con su iPhone anticapitalista, deseándole la muerte a un torero o a un niño. Si no arriesgas nada por la causa que defiendes ¿tiene esa causa algún valor, cuando el torero arriesga la vida en su lance con el toro?.

Son estos animalistas inhumanos, estos débiles mentales, los que en su incoherencia vital se oponen a la pena de muerte, dictada por un tribunal estadounidense, pero al mismo tiempo la desean a sus semejantes cuando son ellos el jurado de su propia causa animal.

Por otro lado, cuesta entender como pretenden estos animalistas inhumanos salvar al toro de lidia sin el toreo, pues estoy convencido de que estos animalistas inhumados no dedicarían un minuto al mantenimiento de estos formidables animales, salvo que sea con el esfuerzo y el dinero de otros.

En fin, como dijera Bertrand Russell «los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida. Los seres humanos, piensa uno, deberían serlo, pero en el mundo moderno no lo son, al menos en la gran mayoría de los casos» y los animalistas inhumanos nunca llegarán a serlo porque la vida de un ser humano nunca estará por debajo de la vida de un animal.

Publicado en Gaceta

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Mano a mano entre Adame y Garrido sin público ni toros

Foto @MILINKO_ Twitter

 

Por Pepe Orantos.

Deslucido encierro de El Torreón del que destacaron el quinto y el sexto ante menos de un cuarto de plaza el día de San Juan en Badajoz

Cuando llegas a las inmediaciones de la plaza de toros de Badajoz tres cuartos de hora antes de que comience el festejo y no hay aparcacoches incordiándote para que les des un euro por señalarte el hueco que tú ya habías visto diez minutos antes, es de esperar que el aspecto de los tendidos deje mucho que desear. Ayer no es que no hubiera aparcacoches es que, si te arrimabas, podías dejar el coche en la puerta de la plaza sin problemas.

Sin público nada tiene sentido. El desolador aspecto que mostraba ayer el graderío del coso de Pardaleras debió ser deprimente para los dos matadores de toros que, cuando se abrió la puerta del patio de cuadrillas, debieron verlo todo del color gris de su cincuentenario hormigón. El día en el que la ‘nueva’ plaza de toros de Badajoz cumplía cincuenta años, bien hubiera merecido un cartel más rematado.

Ganado desclasado

‘Mentiroso’ se llamaba el que abrió plaza y correspondió en turno a Joselito Adame, que pronto comprobó su escasez de fuerza y blandura de manos. Se le coló en el inicio de faena de muleta por la derecha en el tercio y decidió fiarlo todo al pitón izquierdo por el que pudo arrancar algún natural sin brillantez ni transmisión. Mató de estocada caída y atravesada y fue recompensado con una ovación.

Al tercero, de nombre ‘Margatrillito‘, lo saludó y quitó por verónicas antes de que su cuadrilla cuajara un gran tercio de banderillas por el que fue conminada a desmonterarse. Inició la faena por estatuarios en el tercio y se ciñó al cuerpo una serie de derechazos que llegaron a los despoblados tendidos. Enseguida perdió el de El Torreón toda la gasolina que le restaba y comenzó a ofrecer embestidas más cortas a medida que avanzaba la faena. El tramo final de ‘Margatrillito‘ no sirvió más que para demostrar que se trataba del animal con menos raza del encierro al amenazar en un par de ocasiones con cantar la gallina de forma lamentable. Lo mató Adame de un bajonazo, que no impidió que fuera recompensado con una oreja.

El quinto, de nombre ‘Barbasucia‘ y capa jabonera fue, sin duda, el toro más bonito de la feria y el primero de los de ‘El Torreón’ en colaborar con el lucimiento de los toreros, lo que aprovechó Adame para instrumentarle un espectacular quite por navarras. En el inicio de la faena se lo llevó toreando al paso a los medios el mexicano, para meterse al público en el bolsillo, que no dejó ovacionar cada uno de los muletazos que el hidrocálido dio desde entonces por la derecha. Por la izquierda fue otra historia y pese a la voluntad de Adame, las embestidas eran más cortas y deslucidas.

Para evitar que se enfriaran los tenidos Adame acortó las distancias y acabó la faena con una tanda de bernardinas que antecedió a una estocada que le valió las dos orejas de su oponente.

Valor de Garrido

Inició su participación Garrido en este mano a mano con un soberbio saludo por verónicas al segundo de la tarde, de nombre ‘Azul‘, al que inició la faena de muleta con unos ayudados por alto en el tercio antes de que el animal comenzara a perder las manos con insistencia. Embestía a la muleta con dificultad y calamocheaba con insistencia a medida que evidenciaba su falta de clase. Se fajó Garrido con él hasta arrancarle algunos muletazos de mérito por el pitón izquierdo, hasta que se rindió por completo a su toreo. Quiso cerrar la faena por bernardinas y el de El Torreón le prendió por la taleguilla dándole un espectacular revolcón. Se levantó sin inmutarse el pacense y repitió la suerte del maestro Bernardó antes de cobrar un pinchazo y una estocada que le valieron una oreja.

El cuarto ya avisó en el capote de que iba a dar un juego escaso, perdió las manos al salir del caballo y volvió a perderlas en el quite por chicuelinas. Garrido comenzó la faena con la muleta en la izquierda para comprobar enseguida que ‘Celosino‘ no iba a ofrecer más que embestidas cortas y sin ritmo alguno, hasta el punto de llegar a desarmarle y destrozar por completo la muleta.

Insistió Garrido por la derecha y el público le agradeció su tesón antes de concederle una ovación por una estocada entera.

El sexto, de nombre ‘Margarito‘ fue el toro con más clase de la corrida y se empeñó Garrido en torearlo de rodillas, tanto en su saludo capotero como en el inicio de faena de muleta. Metió bien la cara en el caballo y tomó varias tandas por la derecha que calaron en los tendidos y auguraban un triunfo de campanillas. Sin embargo, el pitón izquierdo no dio tanto juego y obligó a Garrido a rematar al toro por bernardinas para no dejar caer la faena. Un aviso precedió a una estocada que le valió la oreja que le sacó a hombros de su plaza.

FICHA DEL FESTEJO

Toros: Seis toros de El Torreón bien presentados y escasos de clase y fuerzas. El mejor el sexto.

Toreros

Joselito Adame, ovación, oreja y dos orejas. 

José Manuel Garrido, oreja, ovación y oreja.

Plaza. Tercer festejo de la feria de San Juan de Badajoz. Menos de un cuarto de entrada en tarde de temperatura agradable.

Publicado en Hoy

Opinión: La veracidad de la fiesta de toros

Por Salvador Giménez.

La fiesta de toros no pasa por buen momento para la sociedad de nuestro tiempo. Tachada de cruenta y arcaica por un sector animalista hueco y vacío, que incluso trata de cercenar las libertades individuales de aquellos a los que gusta, y que antepone la defensa de los derechos de los animales, tratando por todos los medios, y a cualquier precio, colocarlos a igual nivel, o incluso superior, que a de los seres humanos.

Por otro lado, otros, que dicen defender la tauromaquia, buscan un ceremonial en el que prime la estética y la belleza sobre todos los demás valores del toreo. Solo importa lo artístico buscando dejar de lado la épica y la tragedia. Venden y buscan la imposición de una fiesta incompleta, huérfana de gran parte de sus valores y con ello, sin desearlo, también colocan a la fiesta en un lugar complejo, pues los que llegan nuevos a una plaza de toros sólo están viendo una parte de lo que debe de ser la última liturgia viva de la cultura mediterránea.

La fiesta de toros necesita una defensa veraz y auténtica de todo su valor cultural y antropológico. El fundamento del toreo no es otro que la lucha primigenia de la razón del hombre contra la fuerza bruta de un animal enigmático y milenario. Una lucha a muerte, pues la tauromaquia es una representación de la vida que concluye con la muerte, siempre presente aunque no lo parezca. Por eso, se debe de mirar hacia dentro y comprobar que quedándonos con lo estético y superficial, erradicamos la tragedia y el drama de la muerte, que no es otra cosa que el fin de la vida.

Puede parecer complejo, tal vez anacrónico. Pero el drama puede hacerse presente en cualquier momento y lugar, de modo y forma que la realidad del toreo se hace notoria. El drama forma parte de la liturgia, aunque muchos traten de ignorarlo o maquillarlo con un exceso de brillo artificioso. El drama, o la muerte, van de la mano a la gloria efímera de lo que dura un triunfo.

La muerte siempre está presente. No hace más de una semana, la parca volvió a manifestarse mostrando la verdad del toreo. Un torero honesto, fiel representante de la ortodoxia más pura, caía herido mortalmente en la arena. Un torero que estaba alejado del arquetipo actual. Un torero forjado a sí mismo, fiel a un concepto y a un ideario que ha defendido hasta el final. Un torero independiente, que no atendió jamás a los cantos de sirena del sistema que adultera la fiesta a la que amaba y por la que ha entregado su vida. Un sistema que no le perdonó jamás un fallo y que no le agradeció jamás la defensa de los valores más veraces del toreo.

La muerte de Iván Fandiño en Vic-Fezensac no ha venido nada más que a mostrar la cruda realidad del rito. No han importado sus esfuerzos, sus sacrificios, sus gestas, sus triunfos, sus cimas, y también sus simas, a las que pudo superar, en unos segundos un buido pitón acabo con su vida, repitiéndose así el drama que convierte al hombre en un héroe mitológico. También esta muerte ha traído la miseria del ser humano. Una vez más los que se dicen detractores del toreo y defensores de los animales han vuelto a mostrar su crudeza, bajeza y una amoralidad infinita. Alegrarse de la muerte de un ser humano no hace nada más que poner de manifiesto su podredumbre de ideas y la escoria de unos sentimientos nulos y obtusos.

Aquel que llamaron León de Orduña entregó su vida por una fiesta que es difícil de comprender, pero que está ahí, anclada al ADN de cada español desde hace muchos años. Una fiesta que no debe de perder ni un ápice de su verdad. Es triste, pero es así, el rito sacrificial del toreo puede tener estos tintes trágicos, pero es cuando la verdad prevalece sobre lo que nos quieren hacer ver desde cierto sector que dice defenderlo.

Fandiño estuvo fuera del sistema, fue torero más de aficionados que de público ocasional, pero aún así demostró su grandeza. 

Paradójicamente nunca abrió plaza en el albero califal, aunque sí actuó en la provincia. Tres fueron sus apariciones en cosos cordobeses. El 5 de agosto de 2011 se presentó en la plaza de Villanueva de Córdoba. Le acompañaron Juan Manuel Benítez y Cesar Jiménez, estoqueando una corrida de Las Monjas. Ya dejó patente su estilo clásico y ortodoxo. 

Más tarde, en 2014, formó parte del cartel inaugural del coso de Almedinilla, donde cortó cuatro orejas y un rabo. Le acompañaron el veterano Francisco Ruiz Miguel y Manuel Díaz El Cordobés. Su última actuación en ruedos cordobeses tuvo lugar en Pozoblanco el 27 de septiembre de 2015, alternando con Manuel Escribano y el rejoneador Leonardo Hernández.


Publicado en El Día de Cordoba

¿La Fiesta en Paz? Iván Fandiño: legado torero y denuncia post mortem


Por Leonardo Páez.

La muerte ha sido y sigue siendo el gran tabú de la humanidad, no obstante los esfuerzos de falsos demócratas, delincuencia organizada, narcos y autoridá para familiarizarnos con aquella, en forma real o en transmisión diferida. El propósito es el mismo: alimentar el miedo a la muerte, es decir, a la vida, para que deambulen, autorregulados, los vivillos y se estorbe a los valientes. 

La puntual no conoce suertes, embestidas, terrenos ni plazas. Llega y ya, cuando tiene que llegar, no cuando una lógica amedrentada supone que sea oportuno. Que los enfermos mentales –animalistas justicieros que se alegran por la muerte de un torero– sigan ladrando junto con los dueños del pandero taurino. A unos y a otros les falta conciencia de humanidad, comprensión de lo sacrificial, de volver sagrado lo ordinario y de llevar a cabo ofrendas apasionadas en afán de trascender. A taurinos y a antis les falta, sobre todo, grandeza de espíritu. 

Iván Fandiño, fallecido el sábado 17 de junio, tras perforarle el hígado un bravo bello rey de astas agudas, de nombre Provechito, del hierro de Baltasar Ibán, poseía una tauromaquia contraria al espíritu comodón de la época, empeñado en sustentar el arte de la lidia en una falacia: disminuir la casta y la tauridad del toro para que los toreros, artistas o no, toreen bonito, como si en ello pudiera sostenerse la emoción y el dramatismo del espectáculo. A Fandiño no le interesaba –y ese es su legado– torear bonito, sino enfrentar al toro sin adjetivos –como el codicioso que lo mató, como el lleno en su ejemplar encerrona en Madrid en 2015 con toros para toreros no para posturas–, por ello gustaba de fundirse con los astados y ofrecer una tauromaquia trascendente por comprometida. La estética de la ética, hoy postergada por casi todos en aras del toro bobo y repetidor. 

Por eso a Fandiño, sobrio y cabal en el trazo, lo relegó la tauromafia que detenta el dañino circuito del figurismo globalizonzo, el taurineo abusivo de los neoconquistadores del continente inventado, que se apropió del toreo para beneficio exclusivo de algunos, siendo frenado por figuras y empresas que hoy externan sentidos pensamientos. El desfile de pésames y esquelas tras la muerte del torero tiene un tufo de oportunismo, demagogia, cinismo o todo junto. Enrique Ponce, por ejemplo, escribió en Twitter: Ayer, hoy y siempre contigo, torero grande. 

Llenaste de orgullo y grandeza el toreo con tu pureza y verdad. Se oye bien, aunque en la realidad haya sido diferente. Matador de toros desde agosto de 2005, Fandiño confirmó en Madrid casi cuatro años después, en mayo de 2009. 

Triunfó en las principales ferias de España, en las plazas francesas, donde el exigente público torista lo tenía entre sus favoritos, y se presentó con éxito en cosos de Ecuador, Colombia y México. En nuestro país, donde somos hospitalarios pero malos aficionados, incluidos empresarios, ganaderos y comunicadores, a Iván Fandiño le sirvieron en Huamantla y Pachuca encierros tan terciados, que no faltó el indignado que lo tachara de Fraudiño, como si él hubiera escogido ese infamante ganado y no sus anfitriones. Pero en años recientes así semos: entreguistas con los de fuera y rigurosos con los de casa. Sin embargo, ¿sabe cuándo confirmó Iván su alternativa en la plaza México? Acertó: nunca. No era de la tauromafia. Entonces dejémonos de reproches a destiempo entre nosotros mismos, como ha sugerido un positivo.

Publicado en La Jornada.

@Taurinisimos 116 – Madrid, Mejores Faenas. Fandiño en Mont de Marsan. Adiós Gregorio Sánchez.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 23 de Junio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Resumen, Mejores Faenas, Madrid 2017.

Gines Marín, Enrique Ponce, Alejandro Talavante, Juan del Álamo y Sebastián Castella. Ganaderías Alcurrucén, Victoriano Del Río, Conde de Mayalde y Jandilla.

Recuerdo de Gregorio Sánchez, fallecido esta semana.

Iván Fandiño en Mont de Marsan en 2014, corrida de La Quinta.

Recuerdo infancia de Iván Fandiño (EITB).

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 30 de Junio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

Opinión: Tan tiernos, tan miserables

El cantante Nacho Vegas, miembro honorario del club de los miserables.


Los que pasan la noche en vela junto a su gatito enfermo y al amanecer celebran la muerte de un hombre.

Por Antonio Soler.

El agua y el aceite, un culé visceral y un fanático del Real Madrid o un gin tonic al baño maría combinan mejor que un aficionado a los toros y un antitaurino. Son dos visiones irreconciliables. Y cuando los de un lado u otro dicen que respetan al que tiene una opinión contraria lo hacen con la boca pequeña. Lo que quieren decir es que no van a ser agresivos, que no van a sacar la artillería pesada y dejarán correr el asunto. Porque el taurino, en su fuero interno, es consciente de que su interlocutor es un tipo ingenuo, un vegetariano de la vida con un concepto naif de la existencia que lo limita para apreciar la hondura del drama y la belleza sobrecogedora que representa el toreo, mientras que los antitaurinos ven a los toreristas como unos seres insensibles, guiados por la brutalidad y que anteponen su gozo al suplicio de un animal, eso que normalmente se conoce como sadismo.

Difícilmente puede haber un punto medio en esta cuestión. Los argumentos de unos y otros, por su propia naturaleza, no pueden llegar a algo que se parezca al entendimiento. El presunto arte, la tauromaquia como única posibilidad de que el toro de lidia perviva, la pancarta con los manidos nombres de Picasso o Lorca como adalides de la fiesta nacional y la crueldad, recrearse en la tortura de un animal y otra larga lista de insignes escritores o artistas antitaurinos no podrán reconciliarse jamás. Uno pertenece al segundo sector, al de quienes repudian esa manifestación atávica y desfasada, propia de sociedades primarias y donde lo más reprobable, siéndolo mucho, no es el sufrimiento de un animal, sino convertir en espectáculo una sucesión de castigos, puyas, alanceamientos y hemorragias hasta llegar a la agonía y la muerte. Ni siquiera la posibilidad de que el arte asome realmente en esos pasitos de ballet o en la grotesca indumentaria de esos personajes que valientemente se juegan la vida en busca de un sueño, de una pasión, puede justificar moralmente algo tan bajo como hacer una fiesta de algo tan sórdido como el tormento y la muerte de un ser vivo.

Precisamente por eso no pueden entenderse y mucho menos justificarse desde ningún punto de vista esas manifestaciones de alegría que surgen, normalmente amparadas en el anonimato, a la muerte de un torero. Ahora ha sido con Iván Fandiño, antes fue con Víctor Barrio. Ese doble sesgo, defensor de los animales y eufórico celebrante de la muerte de un ser humano, casa mal con cualquier atisbo de ética. Y sin embargo no es infrecuente la aparición de ese cortocircuito moral. Esos ángeles exterminadores. Esa gente que tiempo atrás adoraba la libertad, la paz y la democracia y que desde Málaga o Badajoz votaba a Herri Batasuna en las elecciones europeas. Los que pasan la noche en vela junto a su gatito enfermo y al amanecer celebran la muerte de un hombre y la desgracia de una familia. Tan tiernos, tan miserables.

Publicado en Diario Sur

Oscar Chopera: “El trabajo de grupo Bal con nosotros es de promoción y apoyo”


Por Jorge Ponce.

Cuando agoniza el mes de agosto, en todos los pueblos y ciudades de España los aficionados miran al sur para saber lo que ocurre en laFeria de Almería, una feria importante y con nombre propio. El primer paso, cada año, es la presentación de los carteles de la mano del empresario Óscar Chopera.

Un cambio importante: es Chopera pero ya no es Martínez Flamarique…

Chopera y Martínez Flamarique es lo mismo. Ahora aparece el grupo BAL, que nos acompaña, nos ayuda, y estamos orgullosos de estar con ellos pero no afecta a nuestra gestión. Su trabajo es de promoción y apoyo.

¿Pero en que influye para la afición la incorporación de BAL (Bailleres)?

No va a haber diferencia. Es una fusión de dos empresas para potenciar la fiesta de los toros. Buscamos un objetivo común y trabajamos juntos. Siento un gran respeto por el grupo BAL, que vienen a trabajar en la sombra, a fomentar y apoyar la fiesta.

¿Como define la empresa la feria que se presenta hoy (Restaurante Catamarán a las 13 horas)?

Hemos apostado. Vamos a presentar una feria con muchas novedades respecto a otros años, ha cambiado el formato y estoy seguro que a la gente de Almería le va a gustar. Como cada año seguiremos luchando por Almería.

Cuando una empresa se sienta a confeccionar una feria como Almería, ¿cual es el planteamiento? ¿Se piensa en público, afición, toreros?

Está todo inventado. A la hora de confeccionar una feria hay una serie de toreros que interesan en todas las plazas de España, y luego hay que tener en cuenta las particularidades de cada plaza. Lo fundamental, y puede parecer reiterativo, es que lo que en el fondo pretendemos es que venga a la plaza el mayor número de espectadores posible, porque significa que hemos ofrecido un producto que agrada al mayor número de gente. Un cartel debe satisfacer al mayor número de gente posible.

¿Y la Feria de Almería 2017?

Es una feria muy interesante, con toreros importantísimos y será del gusto de la afición. Como veréis cambia la estructura de la feria para agradar al mayor número de personas y dar las mayores facilidades. Además para facilitar tenemos venta por internet, telefónica… No habrá excusa para no venir a los toros.

Hablando de Almería y nuestra feria, la empresa ha hecho esfuerzos que ha veces no han tenido la repercusión que esperaba. ¿Se ha sentido alguna vez defraudado con Almería?

Defraudado es una palabra muy seria. Defraudado no, yo respeto demasiado al público de Almería para decir que me siento defraudado. En ocasiones me he sentido ‘utilizado’, y recalco que lo digo entrecomillado. A veces he recibido recomendaciones y no me han respondido. Me han exigido toreros que he puesto en los carteles y luego a quienes me los han recomendado no los he visto en la plaza. Pero no me he sentido nunca defraudado con Almería, jamás. 

¿Siente que alguna plaza de la provincia le presenta una competencia desleal?

No, no se puede hablar de competencia desleal. Es algo complejo; sí puede ocurrir que los apoyos institucionales en otras plazas han tenido más entusiasmo que en Almería.

Cuando parece que todo se recupera muy lentamente de las consecuencias de la crisis económica, que se ha dejado notar especialmente en las actividades de ocio, ¿cuál es la clave para volver a atraer gente a la plaza?

Nosotros llevamos en Almería muchos años haciendo una apuesta para atraer gente a la plaza y especialmente gente joven. Te digo: este año un abono de un menor de 25 años para ver toda la feria cuesta 36 euros, y puede ver a todas las figuras. Hacemos todo lo posible para que la gente venga. Pero no solo los jovenes, hay que respetar al aficionado que también lleva toda la vida, gente que le gusta y que lo vive todo el año, y no nos olvidamos de ellos. Además estamos en los medios digitales, redes sociales, hemos estado muchos años con la Universidad de Almería… intentamos hacer todo lo posible para llegar a todo el mundo. Hay que tener en cuenta que antes había fútbol y toros y afortunadamente ahora hay fútbol, toros y dos mil cosas más. La gente se divide más pero siempre hemos peleado y seguimos peleando para que la feria de Almería llegue a todo el mundo.

Precisamente, ¿es activa la casa Chopera en redes sociales?

Sí, mucho.

Cuando plantea la feria de Almería también habrá aspectos emocionales…

Muchos, somos empresarios norteños y Almería es nuestra niña bonita del sur. Después de sesenta años la vinculación emocional de mi familia con Almería es enorme. Te cuento una anécdota: mi bisabuelo don Severino murió trayendo una corrida de toros a Almería. Nos sentimos casi almerienses y muy queridos aqui. Emocionalmente es muy importante para nuestra familia.

Las empresas se han tenido que adaptar a la situación económica, pero ¿los toreros han entendido la misma situación?
Sí, pero es muy complejo. Hay que verlo desde el punto de vista del empresario, del aficionado y del propio torero. El aficionado reclama a las figuras, el empresario intenta rentabilizar la feria, pero los toreros también tratan de potenciar su carrera. Todo es comprensible, tiene su lógica. Y dime ¿cómo montas una feria sin las figuras que todo el mundo quiere ver? Se han tenido que adaptar, como todos, pero depende de la imprescindibilidad y la ley de la oferta y la demanda. Pero todo es lógico y comprensible.

¿Faltan figuras?

Falta gente nueva que empuje a los demás. Por eso hay toreros que llevan tantos años de alternativa.

¿Para la afición?

Ilusión. Por Almería van a pasar las figuras más importantes del escalafón, y solo espero que la gente se divierta. 
Publicado en  La Voz de Almeria

Opinión: Los toros sin tiempo

¿Especies que desaparecen?
Por Luis Martínez.

Cualquier extranjero que visita España y acumula alguna lectura de Hemingway siente la necesidad de poner un pie en una plaza de toros. Lo recomienda la Lonely. Los más atrevidos, después de manifestar la pena que sienten por el animal, dan un paso más allá y allí que se plantan. Al sol. Mi experiencia como anfitrión siempre es la misma: más allá del tercer toro, no hay manera. Ni con pipas, que también les llaman mucho la atención. Y no por piedad, o no siempre, sino por puro y simple aburrimiento. 

Digamos que la experiencia turístico-antropológica soporta un límite de repeticiones y un número finito de comentarios sobre la mística del albero. Los estándares de entretenimiento desde que se inventó la MTV casan mal con el rito solemne y algo ridículo de una actividad que, por definición, es alérgica al paso del tiempo. Es más, ésa es su única razón de ser: vivir fuera del tiempo.

El problema es que el tiempo es un misterio -además de ministerio- implacable. De hecho, como bien intuyó el insustituible Joaquín Vidal, gran parte de la pérdida de popularidad de los toros es consecuencia directa del empeño de algunos de modernizar, de explicar, de introducir en el tiempo lo que, sencillamente, es antiguo, inexplicable y anacrónico. Cada vez que una figura habla de toreo moderno, malo. En otras ocasiones, la moda, como el fenómeno que define precisamente el tiempo de la modernidad (Georg Simmel dixit), hace presa en la Fiesta. 

Y siempre acaba mal. Tiempo atrás, en los años 80, San Isidro se llenaba de señores con un clavel en la solapa y un gin-tonic en la mano. O al revés. Hasta la izquierda conspicua veía algo atávico y placentero al hecho de declararse taurina. Cosas del melodrama almodovariano que vivíamos. Ahora, el furor antitaurino en red ha hecho que el lado contrario abrace una fe inédita en Cúchares por el placer carpetovetónico de hacer equipo. Cosas de este tiempo.

Hoy se anuncia y desanuncia, según un viento ideológico entre Comunidad y Ayuntamiento, que la plaza de temporada que es Madrid dejará de serlo. Los turoperadores japoneses, desconcertados. 

Líos así restan un tiempo que quizá se acaba.

Fuente: El MUNDO

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CRONICAS Y PERIODISMO TAURINO INDEPENDIENTE

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