Apasionada y amplia salida a hombros del maestro sobre una impresentable corrida de Matilla de buen y distinto fondo; el cuerpo del toro falló en el resucitado Corpus de Garzón.
Por Zabala de la Serna.
Pasadas las 22.00 horas, paseaban a Morante de la Puebla en hombros por el corazón de Sevilla con una pasión desbocada y sin diques: la Puerta del Príncipe a su inalcanzable superioridad, a años luz del mundo, maquillaba el petardo de una corrida impresentable, una indecente escalera sin seriedad, de Matilla. Un petardo anunciado. Faltó el cuerpo del toro en el Corpus de José María Garzón y, también, el rigor y la seriedad.
El ambientazo de la resucitada corrida del Corpus -el boato de ringo rango, el atrezo de la plaza de la Maestranza, la calle Adriano alfombrada de romero, los niños toreando de salón, la misa católica apostólica y romana, el “No hay billetes”- se había enturbiado en las horas previas por lo único que no puede fallar: el toro. Un error que salpicaba a todas las partes implicadas desde José María Garzón, el flamante nuevo empresario de Sevilla, a Morante de la Puebla, la máxima figura, pasando por el ganadero de García Jiménez (Matilla) y, en última instancia la Autoridad. El origen del desacierto venía de lejos, cuando alguien pensó que era buena idea anunciar dos corridas de Matilla en mes y medio. O pensar que las tenía. Si la apalabrada no estaba a la hora de embarcar, no se embarca la morralla. Porque si luego la morralla se aprueba en el recibimiento ya no hay marcha atrás. Es tarde para pretender un cambio (ilegal), aunque fuera para mejorar, salvo que alguien prometiese lo que no podía cumplir… Y es muy feo presionar a la Autoridad. Lo más triste de todo es que, entre unos y otros, se han encargado de retransmitir en tiempo real el sainete, incluso la propia empresa Lances de Futuro colgó en sus redes sociales la arenga denunciadora del presidente José Luque Teruel: “Por respeto a Sevilla…” Hombre, por respeto a Sevilla tampoco reseñen, embarquen, exhiban -ese muestrario de bisutería en La Venta de Antequera- y aprueben semejante morralla de corrida, una escalera impresentable. Un petardo coral empezando por Garzón y siguiendo por Morante…
A las 19.43 -13 minutos después de sonar el cerrojazo de apertura del portón de cuadrillas-, el muy digno presidente Teruel asomaba el pañuelo verde para el basto e inexpresivoprimer toro de Matilla: el animal hacía trémulos equilibrios, Fernando del Toro daba capa a mansalva y Morante miraba la escena como diciendo al palco “¡ahí lo llevas!”. Estaba cantado que los sobreros de Garcigrande -los toros que el maestro quería- iban a salir.
A las 19.48, unas verónicas magníficas y una media de otro planeta quitaban las penas con el garcigrande, fino dije de curioso comportamiento, ese bravura hecha con mimbres mansos. Morante consintió y entendió perfectamente aquella embestida que parecía desentenderse de la muleta, abriéndose por fuera, como con desinterés, para al final siempre volver con buen embroque en su parte central. Desde los sabrosos ayudados genuflexos, la faena fue un primor de suavidad y empaque con la mano derecha más segura -el viento molestaba al natural y, aun así, los hubo muy caros- y un interminable pase de pecho que todavía no ha acabado. Una estocada desprendida desencadenó la pañolada y la oreja.

A las 20.23, saltó un bichejo matillense que debe de ser lo que Luque entiende por “respeto a Sevilla”. Ahí estaba, aprobado por él. Sin la mínima seriedad y sin poder, sacó una clase frágil, delicatessen, que Juan Ortega gozó en su izquierda, la mano del torete. Un cambio de mano esférico arrancó el ole más redondo del puñado que cayó arropando un ramillete de finísimos naturales, dibujados a puro pulso. Ni de salón. Saludó una ovación tras pinchazo y estocada.
Pablo Aguado se fue a la puerta de toriles con la hierba en la boca, reflotada la moral como en Aranjuez. Libró un farol apuradísimo sobre las 20.38, y se arrebató con el capote a la verónica bajo una catarata de oles adelantados. Que desembocaron en una media como si se llevara el pañuelo al bolsillo. El toro, alto, bizco, manilargo, una cosita, desarrolló buen estilo con el fondo preciso. Hubo un intento surreal de ponerlo en largo en el caballo… Iván García puso un par soberbio y su jefe de filas construyó una faena de hermoso y sevillanísimo prólogo, buen acompañamiento y frustrante desenlace: un pinchazo, una estocada y una ovación.
Siguió sin aparecer el cuerpo del toro en el Corpus de Garzón. El nimio cuarto sirvió para que Morante de la Puebla continuase maquillando la tarde con su saber portentoso. Y su arte, claro. Y su estado de gracia: ese toro, manso de en los tercios previos, sólo le vale a él para abrir una galaxia frente al vulgar mundo y sus supuestos competidores. Desde el terremoto desatado en la apertura -¡qué trincherazos, Dios mío!-, con una belleza esferoidal, hasta los naturales imposibles en los que tiraba de la embestida para darle un paso más. Los pases de pecho volvieron a ser estratosféricos. Superior al toro y a todos Morante. Un volapié perfecto y la pasión volcada como un caldero para concederle, sin frenos, dos orejas y, por tanto, la Puerta del Príncipe. Eran las 21.20 de la casi noche.
Cuando faltaban 15 minutos para las 22.00 arrastraban entre pitos de incomprensión un buen toro cinqueño de Garcigrande -el más serio y con categoría de todo el saldo- que Juan Ortega no enganchó, embarcó o embrocó, ni una sola vez. Es su losa. Se le amontona el toreo. No le entra, además, que es lo más grave.
Con un espadazo cerró Pablo Aguado el Corpus de Garzón sin el cuerpo del toro, ante un sexto espeso y vulgarón con el que quiso mucho tras brindar a Morante. La superioridad fue abrasadora sobre la morralla y sus compañeros, y así lo izaron a hombros por esta amplia Puerta del Príncipe.
PLAZA DE TOROS DE LA MAESTRANZA. Jueves, 4 de junio de 2026. Corrida del Corpus. “No hay billetes”. Toros de García Jiménez y Olga Jiménez (Matilla), una escalera impresentable, y dos de Garcigrande, el cinqueño y buen 5º y el sobrero (1º bis), peculiar en su obediencia; de buen fondo en distintos grados de duración en conjunto; de frágil clase el 2º; manejable el 3º; se paró el 6º; noble sin más el 4º
MORANTE DE LA PUEBLA, DE MAQUILLAJE E HILO BLANCO. Estocada desprendida (oreja); gran estocada (dos orejas). Puerta del Príncipe.
JUAN ORTEGA, DE NAZARENO Y ORO. Pinchazo y estocada (saludos); pinchazo y estocada (silencio).
PABLO AGUADO, DE TABACO Y ORO. Pinchazo y estocada (saludos); estocada (saludos).
Publicado en El Mundo




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