Feria de San Isidro: Urdiales, por la Puerta Grande con el toro ‘amigo’ de Juan Pedro.

El torero riojano cortó una oreja en cada toro, cobró dos grandes estocadas y dibujó la verónica; Roca Rey paseó un trofeo y Bruno Aloi pasó desapercibido.

Por Antonio Lorca.

Diego Urdiales salió a hombros por la Puerta Grande, pero su actuación no fue apoteósica ni conmovedora; sí estuvo salpicada de destellos bellísimos a la verónica, algunos muletazos templadísimos por ambas manos y dos estocadas de libro. ¿Motivos suficientes para salir a hombros? Quizás, sí, pero no fue una tarde arrebatadora del torero riojano; más bien la lección intermitente de un veterano maestro con mucho sentimiento a sus espaldas, pero sin la ilusión y la necesidad de antaño.

Y un detalle importante: el toro. Los toros de Juan Pedro Domecq que se han lidiado esta tarde estaban justos de casi todo; correctos de presentación, sí, con la fortaleza muy medida; la casta, con cuentagotas; la movilidad, por momentos, y desbordantes, eso sí, de bondad y nobleza. Toros muy cómodos para que las figuras disfruten y compartan la felicidad con un público generoso. En conclusión, un triunfo del ganadero Juan Pedro, que ha conseguido el máximo galardón a la docilidad, y ha cumplido de principio a fin con lo que a sus toros se les exigía. Y quien quiera fiereza, bravura y emoción, que vuelva mañana.

Así las cosas, Urdiales cortó una oreja en cada toro, escaso premio, quizá, para la calidad intermitente de sus oponentes. Bueno, más que oponentes, amigos, criados y seleccionado para no molestar y colaborar con su lidiador.

Pero es justo reconocer que el maestro lanceó con sentimiento a la verónica clásica en su primero, ganando terreno desde el tercio hasta los medios; y volvió a dibujar un cuadro preciosista en un quite bellísimo en el que solo faltó más empuje del ‘amigo’. Repitió la escena ante el cuarto, y las dos verónicas que dibujó tras el paso efímero del toro por el caballo fueron sencillamente esplendorosas.

El trasteo con la muleta fue intermitente, irregular, desigual… con momentos bellísimos por ambas manos, pero sin que cuajara una faena redonda en ninguno de los dos toros. Cuatro naturales templados fue lo más destacado de su labor ante el primero, más bonita que emocionante, por debajo de la calidad del toro. Más entregado y comprometido ante el cuarto, se lució en dos tandas de redondos henchidos de templanza y algún estimable natural a un compañero cariñoso en exceso.

Y a los dos los pasaportó con dos excelentes estocadas, volcándose sobre el morrillo en ambos casos y hundiendo el acero hasta la empuñadura. Paseó dos orejas justas y salió a hombros después de dejar en el ruedo venteño ráfagas de toreo de calidad superior, aunque supiera a poco.

Roca Rey es un gallo de pelea al que una parte de público recibe de uñas y lo critica sin consideración alguna. Participó en quites, se esforzó al máximo, y solo cortó una oreja al quinto, protestada por algunos y muchos casi se levantan en armas cuando el torero les hizo un gesto de desaprobación al finalizar la vuelta al ruedo.

Comenzó por ceñidos estatuarios en su primero, que era una mona tan noble como sosa, con el que no consiguió interesar a casi nadie; pero salió en el quinto con la encomiable disposición para el triunfo que unos cuantos le quieren negar. E hizo lo que mejor sabe, utilizar, primero, los toques de efecto que tanto interesan a los tendidos, y torear largo y ligado aunque las tandas surgieran unas veces despegadas y otras hacia fuera, con el deslucimiento inevitable. Así, comenzó de rodillas en el tercio, donde muleteó por redondos y dos pases cambiados por la espalda que pusieron a la mayoría a su favor. El animal que tenía delante era un santo varón, dispuesto a obedecer hasta la muerte, y por allí anduvo a merced de Roca para que se luciera con ambas manos con un toreo no siempre sobresaliente. Pinchó antes de cobrar una buena estocada y la petición fue claramente mayoritaria. Después, vendría el gesto a los discrepantes, y se la guardarán para su próxima visita el 14 de junio, pero ese es el sino de algunas figuras.

Y confirmó la alternativa el mexicano Bruno Aloi, que pasó de puntillas, sin hacer ruido ni nada de mención. Sus toros fueron como los demás, más soso el sexto, pero se mostró muy frío, expuso su concepto y se marchó sin dejar rastro.

Domecq / Urdiales, Roca, Aloi

Toros de Juan Pedro Domecq, correctos de presentación, muy cuidados en varas con un manso comportamiento, justos de fuerza y casta, muy bondadosos y nobles.

Diego Urdiales: gran estocada (oreja); gran estocada aviso (oreja). Salió a hombros por la Puerta Grande.

Roca Rey: estocada (silencio); aviso pinchazo y gran estocada (oreja).

Bruno Aloi, que confirmó la alternativa: pinchazo, bajonazo, pinchazo aviso dos pinchazo y estocada (silencio); pinchazo y estocada (silencio).

Plaza de toros de Las Ventas. 28 de mayo. Decimoctavo festejo de la Feria de San Isidro. Corrida de la Prensa. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa). Asistió desde una barrera el rey Felipe VI, que fue recibido con una ovación y a quien los toreros brindaron sus primeros toros. También asistió la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, desde un burladero del callejón.

Publicado en El País


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