EL TOREO ES COMO FUE, ES Y SERA por RAFAEL DE PAULA Genio del Toreo.

Rafael de Paula

Sale de la oscuridad del invierno como deslumbrado por la luz de Madrid. Las noches de soledad en la casa deshabitada de su rincón, al Sur de todas las almas, perseguían el amanecer. Rafael de Paula volvía a respirar ayer en Las Ventas el tacto de la gente. Abandona la cueva por el 50 aniversario de su alternativa (9-9-1960) que conmemoramos este incierto 2010. Cuando llegue septiembre. Paula siempre fue torero de otoños.

Viste un traje gris marengo, una corbata de nazareno y seda, un pañuelo blanco en el bolsillo del corazón de la pechera y su andar doliente que lo acompaña desde la eternidad. Rafael Soto se ha rodeado de Fernando Bergamín, hijo de La música callada del toreo, que le recuerda su doctorado en Ronda, pero yerra en las orejas cortadas. El maestro le rectifica con compás: «Corté tres, aunque yo no soy de orejas. Las orejas sirven para el esportón. O para el mercado. Ordóñez, como estaba en casa, se regaló el sobrero…». Julio Aparicio, su padrino, le ríe la ocurrencia.

Paula trae en la mirada el recuerdo vago del barrio de Santiago de Jerez, la calle Cantarería, a mamá Tomasa y los aleteos infantiles como pases con el paño de la estufa. Su piel ha perdido bronce y se ha tornado cetrina. Pisó por última vez el ruedo venteño en el festival de 2006 que llevaba su nombre. Aquel paseíllo arrastrado, lento, perezoso de torería, con el sombrero de ala ancha calado, cargando la suerte sobre la ceja. Bergamín le refresca palabras suyas que se le pierden en la desmemoria de los genios: «El toreo es un arte según el que lo concibe como tal. No podría ser torero si no fuera así. No importa lo que opinen los demás. Lo que importa es la verdad». Le ayuda en la tarea Huberto Apaolaza, devoto arcangélico, de los que siguen al Arcángel San Rafael (de Paula). Y cita a Chesterton: «Hay dos formas de mentir. No decir la verdad y hacer estadísticas». Definitivamente, el toreo no es una estadística.

Un divino perezoso

Cuando Paula abre su capote, titubea y deconstruye un discurso. Farfulla palabras y viaja por su turno a base de luminosas perlas: «Le contaron a Rafael el Gallo que Fernando Villalón quería crear un toro de ojos verdes, y Rafael contestó que más le valía hacer un toro que embistiese, porque era muy mal ganadero», (musita, como si Villalón le fuese a oír). Y como quiere corresponder a la peña que le homenajea, los de José y Juan, se pierde por la Edad de Oro de José Gómez Gallito y Juan Belmonte. Una perdida (sin acento en la e) considerable. Hasta que halla una nueva perla, la llama de su espíritu: «El temple nació con Belmonte por su temperamento, porque era un divino perezoso». En el fondo, también se habla como se torea. A golpe de genialidad. Beatriz Bergamín cierra el acto recitando al abuelo, el toreo es canto y cante. Cuando rubrica, el personal ovaciona a Rafael de Paula, la musa, la inspiración, que saluda con su filosofía tímida, honrada, intimista y difícil. Es el momento de abordarle con el debido respeto antes de que lo haga el gentío en tropel.

El salto se produce al presente. ¿Le ha heredado Morante su capote después de apoderarle? «Yo no puedo contestarle a esa pregunta porque el que lo tiene que decir es él. Aunque yo lo sé. En el corto tiempo que hemos estado juntos, he procurado meterle en la cabeza que el toreo es eso, arte. Y que no desaproveche ni se distraiga, que la vida del torero es muy corta, y que base su concepto en el clasicismo y en la pureza. Si Morante tiene condiciones, el tiempo lo dirá.

Que el toreo es como fue, es y será». Sentencia senequista, tan torera, tan gitana, tan gloriosa. Ya lo dijo Cagancho: «El toreo es así».

Los maestros del pasado

Y regresamos de nuevo al pasado, pero no tan lejano como la Edad de Oro. «Al que mejor he visto torear es al maestro Antonio Bienvenida, y… ¡Ahora! Eso no quiere decir que sea el que más me haya gustado. Ése ha sido Antonio Ordóñez». ¿Y de hoy? «¡Ufff! Voy a salir por los cerros de Úbeda y no quiero mentir. Entiéndame usted, tengo que ser diplomático. Hay toreros buenos… Pero eso que se dice, esos tópicos, de que es ahora cuando mejor se torea, eso no es verdad».

«No todo consiste en que el pase te salga bien y limpio, lo importante es la intención», remata. ¿Y José Tomás que sitio le merece? «Hombre, todos mis respetos. Me gusta su forma de ser, su comportamiento como persona y como hombre. Es un palo pero que sabe torear». ¿Cuándo dice que es un palo se refiere al valor o insinúa falta de cintura? Y se cabrea, «hombre, hombre, parece mentira, usted que escribe en un periódico importante… ¡Que se queda más quieto que un poste!». Y hace aspavientos y gesticula con los brazos en cruz.

Nos despedimos y se va con su frágil caminar y las muñecas rotas de tanto hablar. Porque Rafael de Paula, durante dos horas, ha hablado con las muñecas. Como en aquella tarde de octubre de 1974 en Vistalegre… (Terminada la faena, Rafael se desmoronó, como en el 87 en Madrid a la muerte del toro de Martínez Benavides. Ingresó por Urgencias del Hospital de la Princesa, donde permanece en observación fuera de peligro).

* Entrevista publicada en el diario el Mundo por el cronista taurino Zabala de la Serna.

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