Arturo Macías Confirmo en Madrid su Valor

Macias: Temerario y nada mas…

Monumental de las Ventas. Martes, 11 de mayo de 2010.> Sexta corrida. Lleno. Toros de Martelilla y uno de Navalrosal (lidiado en tercer lugar) y un sobrero de Hermanos Domínguez Camacho (5º), en general, flojos y mansos. Miguel Abellán, de caña y oro. silencio y silencio . César Jiménez, de blanco y oro silencio y silencio. Arturo Macías, de blanco y oro estocada aviso (silencio). En el sexto, estocada ovación de despedida.

ZABALA DE LA CERNA/EL MUNDO

Confirmaba alternativa Arturo Macías, que había arrastrado un cuantioso número de aficionados mexicanos. Banderas al viento de México. ¡Cuántos toreros importantes ha dado a la Historia! El fuerte viento molesta desde el saludo. Tanto como la incapacidad física del toro, que embiste rebrincado, a cabezazos, mal. Macías se la jugó a pelo en un quite por gaoneras, en el inicio pendular de la faena y durante todo el trasteo, con el toro rajado y a la defensiva. Rodó un par de veces entre los pitones. La boca partida, literalmente. Insistió con denuedo. Demasiado. Honrado al máximo y valentísimo. Quien da lo que tiene no está obligado a más. Mató de estocada.

El segundo es impresentable. Cabreo razonable en el “7”. Son muchos ya… Taurodelta está naufragando en el campo. Y que no vengan con las lluvias.  Feo como la madre que lo parió es el sexto, abierto de pitones como el abrazo de un oso. Macías hace un quite por saltilleras que pone los pelos de punta. Embiste por el derecho dos series por casualidad. Se viene abajo el monstruo por el izquierdo. Pero el mexicano no tira la toalla. Honradisima confirmación. Se despide por manoletinas.

ANDRES AMOROS/ABC ESPAÑA

Hay tardes en Las Ventas en que la corrida se hunde, los dos diestros españoles quedan prácticamente inéditos.  El protagonismo le toca al confirmante Arturo Macías, que luce su valor sereno en los dos. Se ajusta en gaoneras en el primero, que espabila en banderillas y le da dos volteretas. Su toreo es vertical, valiente, de insuficiente mando. El sexto es muy abierto de pitones y Macías muestra de nuevo su disposición. Le da distancia y lo lleva bien con la derecha, mientras aguanta. Luego, se viene un poco abajo la faena, al tropezar la muleta. Concluye con manoletinas y una estocada perdiendo la muleta, como en el primero. Se ha justificado en una tarde difícil.

En el año 1931 visita México uno de los maestros del cine, el director ruso Eisenstein, que rueda muchas escenas populares, con vistas a un documental: el baile de los muertos, el cartel que anuncia «Don Juan Tenorio»… Entre ellas, en un episodio titulado «La Fiesta», cómo se viste un torero, David Liceaga, con un curioso punto de vista (la cámara en el extremo de la faja que se va enrollando), y se despide de su mujer. No pudo Eisenstein hacer el montaje, su gran especialidad, pero después de él, se hicieron, con ese material, un par de montajes. Uno de ellos se titula, expresivamente, «¡Que viva México!»

He recordado todo esto al ver esta tarde a Arturo Macías. ¡Qué falta le hace a la Fiesta que surja una nueva figura mexicana, capaz de rivalizar con los diestros españoles, como hizo, por ejemplo, Rodolfo Gaona nada menos que con Joselito y Belmonte! A Macías lo apodera Antonio Corbacho, que llevó a José Tomás. En su primera corrida, en Valencia, fue herido. Reapareció en Sevilla, en una corrida dura, y volvió a ser cogido. Reaparece hoy, directamente en San Isidro. ¿Es ésta estrategia adecuada? ¿No sería más lógico probarse antes en algún festejo de menor responsabilidad? La ambición es buena pero también conviene medir las propias fuerzas.

no es buen Una tarde más (y van cuatro) la corrida anunciada no ha pasado completa y recibe un remiendo: síntoma, desde luego. ¿Quiénes están fallando: los ganaderos, los veedores, la empresa? No debía suceder eso en San Isidro. Y menos aún cuando está habiendo manga ancha en la presentación de muchas reses. Y una tarde más, la flojera, la mansedumbre y la sosería de los astados ha desesperado al público.

Queda sólo el recuerdo de la valentía de Arturo Macías. En Las Ventas, y en todas las Plazas españolas, estamos deseando poder gritar, como Eisenstein: «¡Que viva México!»

ANTONIO LORCA/ EL PAIS

Ayer se vivió otro espectáculo sonrojante y bochornoso. No hay toros. Pero, ¿hay toreros? A la vista de los mediocres carteles de esta feria, es evidente que no. Ayer mismo no los hubo. Confirmó la alternativa un mexicano que derramó su sangre en la pasada Feria de Abril. Vendría con ilusión, y acompañado estuvo por muchos compatriotas que le animaron y aplaudieron con todas sus fuerzas. Pues, que no se engañe Arturo Macías. Es torero muy limitado, no conoce la técnica y se coloca mal; torpe y con pocas ideas, estuvo a merced de sus dos toros y no dio un muletazo que mereciera la pena. No acabó en la enfermería de purito milagro y su nota final es muy deficiente. ¡Viva Aguascalientes!, de donde es natural, le gritaban sus compatriotas. Que viva, pero mucho tiene que mejorar Macías para ser tenido en cuenta entre la torería andante de este país.

Y le acompañaban dos españoles, jóvenes ambos, pero con cara de jubilados los dos. Abellán y Jiménez, insulsos ambos, tristes, apenados, vulgares, insulsos. No hay nada peor que provocar indiferencia. Qué lastimosa actitud la suya… Anda ya.

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