3 Toreros Dignos con 6 Mansos Perdidos (de izquierdas)

Ivan Garcia

Andres Amoros/ABC

El público sigue con la resaca del fallido acontecimiento. Después del «glamour» y el papel «couché», llega la dura prosa cotidiana. La tarde de la Prensa, la Plaza podría haber dicho, como el Eliseo Madrileño, en su chotis de «La Gran Vía»: «A mis salones suele siempre concurrir / lo más “seleto” del “igilí” (es decir, de la «high life», la alta sociedad». Pero con eso no basta para una gran tarde de toros. Hoy, torean tres honrados profesionales, que se enfrentan a toda una señora corrida de toros de Samuel Flores (la ganadería predilecta de Luis Miguel y de Ponce): salvo el sexto, todos cinqueños; muy serios, bien armados de pitones, badanudos… Lo malo es que sólo cuarto y sexto permiten cierto lucimiento: los demás, mansos, flojos, rajados. Curiosamente, todos embisten mejor por el lado izquierdo. A mi lado, un vecino hace el chiste fácil: «Todos malos y de izquierdas. ¿Les suena?»

Juan José Padilla no volvía por Las Ventas desde que se peleó con el Siete, hace cuatro años. Es diestro valiente, con oficio, acostumbrado a muchas corridas duras, pero sus formas no encajan bien en Madrid. El primero flojea y levanta la bronca: es soso, mansón, sin gracia. El diestro sólo puede mostrar su oficio.

Ésta es la única corrida de San Isidro en que alternan tres matadores banderilleros; por eso, se ofrecen los palos en los tres primeros pero no logran gran brillo. El cuarto toro es manejable por el izquierdo y Padilla puede disfrutar con algún natural lento, aceptable, dentro de sus formas, pero el acero queda desprendido. Se marcha contento porque ha conseguido la ansiada reconciliación.En éste, logra un gran puyazo Antonio Montoliu: hijo de banderillero y matador, nieto de picador; él mismo, veterinario y profesor universitario.

El primero de Encabo es huido, vuelve al revés. Sólo puede lidiarlo correctamente y pasa fatigas para matar. El quinto parece todavía peor: distraído, mansea, se va a toriles, embiste cruzado (quizá no ve bien). Encabo sólo puede mostrarse profesional y vuelve a pasarlo mal en la suerte suprema.

En una tarde tan deslucida, es de justicia destacar la actitud de Iván García. Una grave cornada truncó su carrera. Recuerdo haberle visto torear, en la Maestranza, en unas condiciones médicas increíbles: las cosas, lógicamente, no fueron bien y pareció vencido por los problemas físicos. Últimamente, lo ha cogido como apoderado José Antonio Campuzano —que tan gran labor hizo con Castella— y ha iniciado una nueva etapa en América. Ésta es la primera corrida que torea en España esta temporada y no parece fácil que se sobreponga.

En el tercero, que algo se deja pero transmite muy poco, está aseado, en muletazos a media altura. El último parece que no va a permitir nada: se va, se cae, anda sin ningún celo. Poco a poco, lo va metiendo en el canasto, lo conduce suavemente por la izquierda y, al final, logra algunos naturales de mano baja francamente buenos.

¿Me acusan ustedes de sentimental? Es posible. Pero creo de justicia resaltar el esfuerzo de un torero que lo lógico es que ya se hubiera retirado, por sus condiciones físicas. Puede estar orgulloso de su tarde madrileña. Es, en alguna medida, un torero recuperable. Tiene cierta calidad y, sobre todo, tiene ilusión para vencer las dificultades, algo esencial en el toreo y que no todos tienen. Iván García y Antonio Montoliu: dos ejemplos.

Ficha:

Monumental de las Ventas. Miércoles, 26 de mayo de 2010. Vigésima corrida de San Isidro. Lleno. Toros de Samuel Flores y uno con el hierro de María Agustina López Flores (1), cinqueños todos, el 4 por el izquierdo, rajadito y noble, se dejó; el mejor fue el 6 por el izquierdo.

Juan José Padilla, de verde botella y oro. Media estocada rinconera (saludos). En el cuarto, bajonazo (petición y saludos).

Luis Miguel Encabo, de blanco y oro. Dos pinchazos, metisaca y pinchazo hondo tendido (silencio). En el quinto, cuatro pinchazos y descabello (silencio).

Iván García, de malva y oro. Bajon