Triunfo Absoluto, Gloria Relativa – Quinta Novillada en la Plaza México.

Ser o no Ser“Ser o no Ser” Manolo Olivares lo intenta por detrás.

Caparica envía seis con otro hierro. El primer acierto de los ganaderos ha sido escoger bien el origen de su simiente. La familia Ochoa debe estar complacida de que la bravura siempre es la llave que cimenta una ganadería. Ahora queda para los nuevos ganaderos comenzar a subir la cuesta propia y con el listón muy en alto.

Por: PUNTILLERO – De SOL Y SOMBRA.

Si la nobleza del toro es el eje rector de nuestro criterio taurino, de ponderar en nuestro entendimiento la nobleza sobre la bravura, diremos que el encierro, justo y nada impresionante de cabeza, ha sido extraordinario.

Novillos modernos no excedidos de raza pero sí nobilísimos aunque débiles.

Sobre todo primero y quinto.

El segundo merece mejor suerte y ante el desorden en su lidia es para que se aburra años atrás. Mención aparte del tercero con un pitón izquierdo muy importante y personalmente la nota es del cuarto que, luego de un inicio de manso y bajo el alto riesgo de emplazarse en medio de un vendaval, acaba bravo y enrazado.

Si la bravura, en cambio, es la directriz de nuestro criterio taurino solo vemos dos novillos de Caparica que pueden llenar nuestra expectativa.

Claro, en el juego del tercero mucho tiene que ver la atinada brega de Fernando García Araujo y no obstante César Ibelles muestra su verdor en el capote -remata hacía afuera al dejar en el caballo y apura demasiado el quite por navarras, por ejemplo- tiene la virtud de nunca dejarse enganchar con la capa.

Con el toro gradualmente a más, un templado y largo capotazo por las afueras del mencionado subalterno descubre las muy altas posibilidades de recorrido del astado, sobre todo por el izquierdo. Entonces, tras doblones iniciales en los que el toro rebosaba el viaje, empieza lo verdaderamente bueno: deja Ibelles la muleta puesta con la derecha.

Fácil y reponiendo pronto, orienta la tanda hacia los medios sin que aún el toro rompa en el último tiempo del muletazo.

Por ello, cuando se echa la muleta al lado bueno, repone lo justo sin retirar el trapo de los ojos ganando un paso. Con ello el de Caparica se va pa´rriba necesariamente. Le corean fuerte porque, a pesar de su no muy alta estatura física, el pase es largo. Así han sido dos tandas, quizá con exceso en el adorno pero con importancia en lo fundamental.

Desde la barrera, me parece que el punto crítico del trasteo es esa vuelta entre tanda y tanda que Ibelles no se da. Una vuelta despacio habría cambiado el apuro de presentar por tercera vez seguida la muleta en la izquierda.

A mi gusto, el toro, ya en la raya, pedía regresar en ese momento al lado derecho.

Entonces duda con la muleta en la izquierda hasta tres veces y los masoquistas del tendido le chillan injustificadamente. En el debut había que tener mayor coherencia.

Ni a Aguilar en el toro vivo le chillan así.

El novillo, apunta ya a los tobillos, lo pone complicado y en Sol la división crece aún más. Cierto que pide un mando único, que un novillo bravo nunca es fácil pero también lo es que Ibelles lo entiende como un debutante cuando arriba piden la maestría.

No puede ser, menos aún con la espada. Se echa de menos el toque abajo al arrancar a herir y, por anticipado, la faja del novillero. Los toros se pasan por la faja, tal como lo pudo hacer con el insustancial sexto.

El resto es un concierto de desatinos.

Manolo Olivares en el primero, preocupado por las formas en exceso, a punto está de quedar noqueado en banderillas. Ese tercio es el denominativo de su actuación. Veterano novillero que punta sin disparar, cuando dispara pincha.

En el enrazado cuarto nos hace un favor al no banderillear pero el viento no devuelve la cortesía al estropear una posible faena en medio de casi un tornado sobre La México. Al que no estropea es al toro al que dudo mucho Olivares le habría podido. Tras dos desaguisados en el caballo el de Caparica vuelve en el último tiempo para sacar la bravura perdida. Apenas liga al cobijo de tablas cuatro pases, mitad enganchados.

David Aguilar tropieza desde saludar al segundo que le derribó en el intento de tapatías.

Al incorporarse pega una carrera terrible y una vez restablecido marca el camino del desconcierto en su intento de caleserinas que ayudan en nada al toro. Nunca acaba por entender que con la muleta tapar y llevar largo en línea es la clave. De ahí la extrañeza del novillero cuando ese segundo sale con la cara arriba. Tal como no pudo salir el torero al escuchar los tres avisos. Para la sin vergüenza ver al puntillero tirar cachetazos desde el callejón.

El quinto hace una lidia de muy a menos que remata en mucho más. Aguilar cerca de tablas parece crecer pero arrebatado y sin un concepto claro lo deja ir.

Al menos no demora en matarlo.

Y el dilema final.

¿El merito de la familia Ochoa es la gloria de Caparica? Sí, pero los nuevos ganaderos también tienen el mérito de buscar la bravura y eso hoy ya merece un respeto. De seguir así, de no escuchar el canto de las sirenas, Caparica y El Junco deberán de instalarse como columna de la Fiesta.

De ceder ante la afrenta de la nobleza esto habrá sido solo un agradable recuerdo.

Con lamento incluido para los aficionados.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Quinta de Temporada de Novilladas 2010. Menos de un cuarto de entrada en tarde nublada con sol a ratos. Lluvia y tremendo ventarrón durante la lidia del cuarto.

6 novillos, 6 de Caparica (Divisa Negro, Tabaco y Rojo) que se presentaba en esta Plaza. Todos con el hierro de la Viuda de Fernández. Justos de presencia, cómodos de cabeza y nobles en general. Destacaron tercero, bravo y noble con un buen lado izquierdo y el cuarto, novillo manso al caballo pero bravo y en razado en las telas. El sexto peleó en el caballo pero llegó soso y distraído a la muleta.

El tercero, “Don Ma” fue homenajeado con el arrastre lento.

Manolo Olivares (Blanco y azabache) Silencio y Saludos con protestas. David Aguilar (Tabaco y oro) Pitos tras tres avisos y silencio. Cesar Ibelles, nuevo en esta plaza (Blanco y oro) División tras aviso y Silencio.

Los ganaderos de Caparica dieron la vuelta al ruedo finalizado el festejo.

Se realizó un minuto de aplausos en memoria del picador de toros Alejandro Martínez de la Flor tristemente fallecido la semana anterior, todo un referente y un personaje entrañable en el callejón de la Monumental. Descanse en Paz.

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