QUEMA DE ENCINOS, OROS DE SOL – Plaza México Séptima de Temporada de Novilladas 2010

Javier Jimenez

Los ganaderos no ocuparon su lugar en el palco que les corresponde. Mal síntoma. Uno de apoderado y otro de simple espectador contemplaron como lluvia diluye la raza y la bravura de ocho novillos. Si no es por la buena suerte del corrido en cuarto, y la de nosotros mismos al verlo, este nuevo maratón octagonal hubiese naufragado tan solo en los charcos formados en la arena del ruedo.

Por: PUNTILLERO – De SOL Y SOMBRA.

Solo la enorme, fulgurante capacidad del debutante sevillano Javier Jiménez había salvado la primera mitad de un festejo que amenazaba con naufragar en medio del tedio anunciado gracias a los ocho novillos de Los Encinos.

Quince días habían pasado desde que los aficionados habían acudido a mojarse a la Plaza México. Esta vez fueron algunos más y lo que había iniciado con sol y buenos augurios tras el paseíllo, a pesar del pesar por la muerte de Alfredo Palomo, tan solo saltando el primero al callejón pareció condicionarse.

Tras debut soñado en La México, indulto incluido, algunas tardes buenas y otros tantos toros sueltos importantes, Los Encinos atraviesan el estancamiento en que caen ciertas vacadas que arrancan como ciclón y corren el riesgo de rematar como chiflón. Un chiflón de mansedumbre y falta de raza que, lluvia incluida, se adueñó de La México tras la lidia del primero.

Ese manso que abre plaza brinca las tablas y, aun al tener cierto son en la muleta, engaña a un sector que canta su condición novillamelona aplaudiendo el arrastre. A los mansos no se les aplaude, bajo ninguna circunstancia.

A quien no podemos crucificar es a un novillero español que por alguna recomendación y traer cierto currículum -Madrid, Aguascalientes y una visita tlaxcalteca a Tenexac- cae en un cartel al que aporta credenciales pero no la distancia justa y el espacio que requiere el manso tras haber recibido temple y largueza con la muleta. Labor incompleta con varios desarmes que por su forma de afrontar la profesión ya no le ocurren en el quinto.

Otro manso aburrido al que Daniel Martín le pone el son que a él también le hace falta. Ese son que malgre tout le había aportado su primer enemigo. Sin embargo, era demasiado manso como para esperar que se encelara en el trapo con tan poco fondo. Martín se hizo un lío al matar ambos. Lógicamente con el ánimo bajo nunca lo vio claro. Menos mal los novillos se echaron.

Los mexicanos respondemos bien a las inundaciones. Eso esperamos siempre pero ayer sería muy difícil con la escasa serenidad de pies y el reducido aplomo que mostró Salvador López, que fue y jugó a la contra toda la tarde. No es un exquisito e intentó la caleserina, quite adecuado para toreros de excelsitudes. A dos novillos probones y tardos, demandantes de firmeza y toque sutil de muñeca, se empeñó en atosigar y desplazar en lo corto con brusquedad.

Y con un público a favor, se dedicó a sacarlo de quicio, subrayando su falta de afición al encarar al tendido que había intentado estar con él. Solo hubo un momento con el berrendo sexto en que aguantó un parón a cabeza pasada, aguantó al saber la pala del pitón en el muslo y las puntas fuera de su terreno. Dio la impresión que le costó más de la cuenta solventar la papeleta en su repetición.

Repetición injusta de Corona. Sin un concepto claro del toreo, empeñado en imitar hasta la colocación de las manos sobre el cuerpo de un torero europeo. Las caricaturas taurinas nos hacen llorar. Lo sufrió en el séptimo. Con lo grave que está el desempleo no robemos vacantes.

Sin embargo, en medio de este ambiente gris, en el peor momento de la tormenta, con el ruedo encharcado y la afición en las lumbreras, surgió un sol en Javier Jiménez, el rubio espartinero de clara evocación espartarquista en la sonrisa y en el planteamiento. Preciso de capote -verónicas, chicuelinas al paso y lances por quite- bien hacer con las telas que pareció hundirse al echarse el novillo en los charcos durante tres eternos minutos.

Pero lo que vino después ha sido la perfecta conjunción de temple y mando. Decir que lo bordó es poco. Pegó naturales hermosos y templados, de muñeca y lentina de oro de toreros. La muleta fue acariciador instrumento en el trazo pero firme en el mando para ejercer el cincel el rumbo por el cual guió al débil y noble cuarto a recobrar fuerzas y extraer la bravura escondida sobando el tranco del toro ante las circunstancias del ruedo.

Esa fue la clave, despejar el enigma que encerró el cuarto y con el cual confirmamos que el poder y el arte es la combinación que rige hoy en el toreo. El Güero cayó bien porque en lugar de dejar espejos entregó los kilates con esa llave que hace volcarnos, el buen gusto y sentimiento a flor de piel.

Muerto y rodado el toro, la petición se convirtió en la oreja más justa y el arrastre lento mejor pitado por el público. Aquí, La México sin insultar a nadie, puso en su sitio al nefasto Jorge Ramos, el amenazador Juez de Plaza que en los sorteos señala a los aficionados con prepotencia. Fuerza en la vuelta al ruedo e ilusión por quedarnos al octavo.

Éste ha sido un toro bien armado que brincó como cabra y que en lugar de machetearle y encajar la espada como procedía, Jiménez le obligó hasta casi hacerlo pasar por derecho pero en esto… sin bravura no hay paraíso. ¡Qué ovación le pegaron al abandonar la Plaza! Urge repetirle.

Tal como una noche lluviosa José María Manzanares hizo, Javier Jiménez rescató la quema también de ocho encinos. No se les olvide a los ganaderos que el palco no es hoguera de vanidades. Ser ganadero es tener señorío, no la coba a gritos de un tendido a otro.

Aunque ésta en una tarde de lluvia sea una tapadera, la mansedumbre como el agua siempre tienen memoria. Y regresa, como el agua, inundándolo todo en el momento menos deseado. El único dique se llama, no nobleza, sino bravura.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Séptima de Temporada de Novilladas 2010. Menos de un cuarto de entrada en tarde nublada con sol en el primero, tremenda lluvia desde el segundo y hasta la salida del quinto con ráfagas de viento. La segunda mitad de la corrida se realizó bajo cielo limpio y con frío.

6 novillos, 6 de Los Encinos (Divisa Rosa, Azul y Verde) Disparejos de presentación, abecerrado el primero. Varios anunciados con más de cuatro años. Bien armados séptimo y octavo. Cómodos de cabeza el resto. Desrazados y mansos en general. Destacó el primero, manso con recorrido que saltó al callejón de salida; y el cuarto, noble falto de fuerzas con un pitón izquierdo aceptable. Muy complicados séptimo y octavo, dos marrajos. El cuarto “Sapito” fue homenajeado con arrastre lento fuertemente protestado por el público.

Daniel Martín, nuevo en esta plaza (Rey y oro) División y Silencio. Salvador López (Grana y oro) División y Leves palmas. Alejandro Corona (Corinto y oro) Silencio y Protestas. Javier Jiménez (Rey y oro) Oreja con leve petición de la segunda y palmas.

Se realizó un minuto de aplausos en memoria del gran fotógrafo taurino Alfredo Palomo fallecido ayer a medio día.

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