El Guardián en el Barranco. Novena Corrida de la Temporada Grande 2010-11

Por Puntillero

Taurinamente torcidos quedamos ayer en La México. Se debió al encierro, el peor de la Temporada. Nos sumió en la desesperación donde ni siquiera la vergüenza del confirmante nos rescató. Nuevo frentazo de la afición y nueva reflexión que indica que los pocos o muchos aficionados, según se vea, reunidos en el “año nuevo” taurino, merecen una dosis fuerte de emoción, trágica y dramática, esa que solo está en el toro.

Sinceramente, yo sí fui con ilusión. No como alguien me dijo: “Es que tú vas el domingo porque tienes que platicar la corrida, si no…” Señores que piensan que uno va por obligación a los Toros. El toreo es un gusto y, lo dijimos en “Radar Taurino” cuando uno menos piensa embisten. Pero al salir cada uno de los toros de Carranco me fui dando cuenta que sería ayer sería imposible.

Porque haciendo justicia al encierro solo un toro, en hechuras, fue digno de lidiarse en la Monumental: el sexto, de nombre histórico “Gladiador” Que no obstante lo cornicorto, conjuntó mejores hechuras que el resto. Su capa cárdena brillaba, su rabo rozaba la arena, la badana se encontraba en proporción al cuerpo y la pezuña no era excesiva. Pareció de salida desplazarse mejor pero como sus hermanos, salió a estrellarse con los tableros a media altura. Malas señales.

A ninguno le sobró fuerza. Ese sexto aguantaba terriblemente en banderillas, al grado que Christian Sánchez dejó del lado el cuarto de círculo en el tercer par y dio la vuelta completa para clavar y salir perseguido por el burel hasta refugiarse en el burladero de la contraporra. Discutible puede resultar tocar los lados pero a Sánchez le sacaron a saludar. Hay mérito en el aguante. Invito a los conocedores hacer notar si técnicamente hay que aguantar o de plano pasar en falso.

En la muleta, el único toro que parecía poder embestir no lo hizo. Ya lo mencionaba, no por sus hechuras, sino por la ausencia de casta, agresividad ofensiva, de bravura, capacidad de defender la vida. Doblaba contrario y huía hacía toriles. La mansedumbre modélica  nos hace cuestionar los criterios de una casa ganadera. Sé que eso es secreto, algo privadísimo, pero cuando el que tiene que transmitir miedo y peligro está acobardado y despavorido, el despeje de la incógnita se vuelve una curiosa asignatura a resolver, si no la ecuación se rompe.

Tal como se partió el estaquillador de Pepe López, justo cuando parecía que habrían de surgir cuatro pases ligados por bajo con la mano derecha. Inoportuno desarme justo cuando menos se necesitaba. Da la impresión que el de Morelia podrá mejorar si escucha a Alfredo Gómez “El Brillante” Por momentos da visos de avanzar como en ese molinete invertido también al sexto, cerca de tablas y ligado al de pecho. Solo que estuvo algo apresurado entre tanda y tanda, sin mucha pausa entre una y otra. Quizá hubiese abonado en algo, aunque pienso que nada hubiera salvado la falta terrible de bravura. Mucho menos con el tercero. Un toro espantoso, chico y vulgar en su juego ¿Quién lo aprobó?

Jorge Ramos, por primera vez en su vida como Juez de Plaza, tuvo una decisión acertada. Negó la oreja indebida e inocentemente solicitada a Omar Villaseñor, quien fingió como segundo espada del cartel. Digo esto porque el de Morelia afincado en Salamanca, salió a todo menos a torear. Antes de llegar el momento de la negativa de oreja en el quinto, Villaseñor salió afectadamente a correr con el capote, ni en el recibo, ni en las gaoneras; mantazos en el mejor de los casos.

El segundo fue un ejemplar chico, el más chico del encierro; paliabierto, estrecho, chincolo, sin la mínima muestra de trapío y el público sí que aguantó. Cosa que no hizo el torero, pues su confusión plena de querer dar pases sin dar pasos, lo llevó a una voltereta innecesaria, a un doble desplante rodilla en tierra, en pantomima del toreo. Sin temple, sin poder correr la mano. Solo su porra le aplaudió. Lo apodera Otón Ortega, quien no se dio coba y dijo a la radio: “Se le borró el casete” Repito, lo que ya he dicho antes, la historia no conoce de excusas.

Pensaba que “la esquina” daría instrucciones al de azul rey y oro. Si acaso surgieron no abonaron en mucho a un torero que lanceó al horroroso quinto a como pudo. Un toro con la cabeza como ventilador pero que daba la impresión de moverse. Fue un espejismo, mismo que alentó Villaseñor al no sujetar, al abrirse pleno en la boca de riego y por alto, sin mandar sobre el manso hasta que éste le recetó terrible voltereta en escena preocupante para irse a la enfermería y regresar con los concebidos aplausos del público que malentendió los pases mal dados y enganchados de igual modo de la estocada en el sótano, bajonazo infame que desato una absurda petición y las ridículas miradas del espada en turno suplicando la oreja tras aviso. Por fin el Juez Ramos dio la de cal.

Fue una tristeza que Francisco Marco se estrellara con el débil y descastado primero. Peor aún con el espantoso cuarto de iguales características. Dos galafates que no merecieron el esfuerzo del pamplonica, ni mucho menos la voltereta en el primero, que se la dio por aguantar y por que el manso vio una rendija donde irse. El quinto le quitó el chaleco terriblemente, lo deshizo en dos con los cabezazos y los hachazos, también lo aguantó y salió digno. Lo único que no me gustó de la actuación de Francisco fue la vuelta por su cuenta acabada la vida del primero. Cierto que lo mató bien pero una vuelta al ruedo me pareció excesiva pues no hubo argumentos para ello.

Por último en este suplicio de recordar la mansedumbre, la autoridad se ha convertido en un guardián que cuida un paraje donde todo toro pasa, no se fijan en las hechuras solo en el “trámite administrativo” de la nacencia. Ojalá y estuviera aplaudiendo a Jorge Ramos no solo por su atinada negativa de premio en el quito sino porque protegiera el interés de los asistentes y el sagrado derecho de los taurinos a ver una corrida, no grande, no estridente, sino seria. Porque es una falta de lesa torería haber dejado pasar por lo menos a cuatro de los seis ayer en La México.

Tómenlo en serio, pocos lo dicen, como Héctor Castillo García y José González hace quince días en un “Reencuentro” de conceptos bien dijeron algo que resumo en: “¿A quién defiende la autoridad?” Pasó una corrida como Carranco solapada totalmente por la autoridad. Viene un enero importante, ilusionante lleno de sueños taurinos. Ojalá no terminemos como uno de esos bailes en que se empiezan descorchando las “viudas” y se acaba bailando con la más fea… bajo la mirada cómplice de un guardián tacaño y despreocupado sentado desde un palco.

Novena corrida de la Temporada Grande 2010-2011. 6 Toros, 6 de Carranco (Divisa Rojo, oro y plata) Chicos, impresentables algunos, salvo el sexto. Llenos de mansedumbre, un ápice de bravura no tuvieron. Francisco Marco (Rosa y oro) que confirmaba: Vuelta protestada y silencio. Omar Villaseñor (Rey y oro) División y división tras absurda petición. Pepe López (Ros y oro remates negros) Silencio y Palmas. Christian Sanchez saludo tras banerillear al Sexto. Francisco Marco confirmó con el toro “Andasolo”. La Plaza registro una mala entrada.

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