El festival por Lorca hace historia

Lleno en los tendidos y 'borrachera' de toreo en el ruedo en una tarde mágica por solidaridad

Fiel a sus principios, Pepín Liria volvió por donde solía, con sus señas de identidad la lección de ayer de El Juli fue impresionante. ¡Qué poderío!, ¡qué raza!, ¡qué torerazo! Llenazo en un festival en la que ganó Lorca, el público y los toreros dieron una tarde excepcional de toros

FRANCISCO OJADO –  MURCIA

El primer astado de Garcigrande fue devuelto a los corrales al golpearse con la tronera de un burladero al quedar inútil. Antes lo había toreado Ponce, muy compuesto a la verónica. El palco tuvo sensibilidad y salió el sobrero, también de Garcigrande, negro. Bueno, con calidad y justito de fuerzas, al que el maestro de Chiva le diseñó una faena a la medida. Variedad del valenciano, que se expresó con galanura en molinetes de frente al pies juntos, muletazos profundos flexionando la rodilla en poncinas, giraldillas y cambios de mano. Mató de entera, un pelín desprendida y paseó las dos primeras orejas de una mágica tarde de toros.

El que vino a ver a Pepín Liria lo encontró en toda su dimensión. Fiel a sus principios, el de Cehegín volvió por donde solía, con las señas de identidad que le dieron su sitio en el toreo. Brindó su astado a sus compañeros de cartel, después de irse a portagayola a recibir con la larga cambiada a su oponente y firmar un lío con el capote, ante la algarabía del que siempre será su público de Murcia. La faena de muleta tuvo su sello.  Los gritos de ‘¡torero, torero!’ emocionaron a Pepín, que preparó la estacada a conciencia. Pinchó una vez, por lo que perdió los máximos trofeos, antes de un espadazo entero que tiró sin puntilla al de El Ventorrillo. Clamor en los tendidos y dos orejas con petición de rabo. La vuelta al ruedo resultó apoteósica.

Muletazos imaginativos

Acto seguido La Condomina se impregnó de arte. Torea Morante, el de la Puebla. Comenzó su obra con pinceladas, dos verónicas y una media plenas de torería. Así empezó su faena de muleta, que por cierto no brindó, con detalles, hasta asentarse con la diestra y torear con la suavidad de una caricia. Se dejó el de Juan Pedro, y fueron fluyendo muletazos imaginativos como un farol a modo de recurso y dos ayudados por alto y otro por bajo, para cuadrar al astado. Fueron arte puro. Sin pausas recetó una estocada sensacional. Dos orejas.

Pero aquí hay uno que manda y le llaman El Juli. La lección de ayer de don Julián fue impresionante. ¡Qué poderío!, ¡qué raza!, ¡qué torerazo! El toro de Daniel Ruiz tuvo transmisión, raza y un pitón izquierdo de peligro evidente, por el que reponía y buscaba al madrileño con saña, hasta incluso cogerlo por la chaquetilla en el primer intento de toreo con la zurda, pasando el pitón a milímetros de la cara y del cuello. Susto del que se repuso El Juli para demostrar su dimensión de figurón del toreo.  Pudo por bajo al de Daniel Ruiz, al que sometió en series en redondo de seis muletazos y en el pecho profundos como un pozo sin fondo. Y no cejó en el empeño hasta conseguir dominar al toro manchego con la zurda, en una tanda en la que el toro tuvo que tragar. Para acabar recetó un volapié de libro. El público siguió la rotunda faena de Julián en pie, y los profesionales vibraron con el compañero, y al palco no le quedó otra que conceder los máximos trofeos. En el intermedio pasó a la enfermería.

En tarde de distintas tauromaquias, el quinto en asomar con la suya fue El Fandi. El granadino destacó sobremanera en los dos primeros tercios. Saludó a su astado con una larga cambiada en el tercio y, tras el puyazo, quitó con solvencia por chicuelinas combinadas con tafalleras. Calentó los graderíos con los rehiletes. Hasta cuatro pares de banderillas clavó David jugueteando con el burel de El Torero entre el regocijo del respetable.  Luego el toro se le paró, la faena se quedó en alardes de valor, y empeño por agradar, cerrando su labor con pases rodilla en tierra, juntando incluso la frente propia contra el testuz de la res. Para no ser menos que los compañeros mató de una buena estocada.

Embestidas

El jabonero de Núñez del Cuvillo que lidió Manzanares tenía preciosas hechuras. Se quedó debajo del capote del alicantino, que resolvió con chicuelinas y una revolera el saludo. La res se fue a por el picador que hacía puerta y allí tomó un buen puyazo. El organizador de este festival brindo al público, que respondió con grandeza a esta llamada por Lorca. En el inicio de faena quiso el torero enseñar el camino al Cuvillo para que rompiera hacia delante. Pero el animal no quiso, escarbó y reservó las embestidas. Pese a todo, Manzanares tomó pronto la zurda para torear por el pitón más potable de una res, que se quedó corta en cada embestida, sin terminar de pasar. Sin poder hacer el toreo bueno José María derrochó buen pulso en dos tandas diestras en las que el bovino no se empleó. Labor profesional la de Manzanares que acabó, como nos tiene acostumbrados, de un volapié que tiró sin puntilla al soso. Al final desde un palco, un aficionado le cantó una coplilla.

La imaginación en el torero actual es cosa de Talavante. El extremeño toreó al séptimo de Victoriano del Río. Novillo bajito y manejable. Alejandro brindó al público una faena que comenzó a pies juntos con ocho muletazos por alto sin enmendarse. Anduvo fresco, claro de ideas. Hubo naturales sensacionales, ligados en un palmo de terreno, improvisación para sacarse al toro por cualquier sitio en muletazos inverosímiles. Las manoletinas no pudieron ser más ajustadas. Pero a Talavante le cuesta matar, y lo peor fueron los tres pinchazos y el bajonazo final.

Con los siete monstruos que actuaron por delante le tocó el turno al novillero de Lorca Miguel Ángel Moreno. Oportunidad y compromiso en una misma tarde. Lo mejor que superó los nervios. Toreó con buenas maneras a la verónica, galleó con apostura para llevar el astado al caballo, mostró buen gusto cuando bajó la mano en la faena de muletas. Verde aún y con cosas que mejorar, no desentonó en tarde que se vivió con emoción desmedida.

Parecía todo acabado cuando se anunció que se regalaba el sobrero. Se desbordó el festejo. ¡Qué borrachera de toreo! Magnífico espectáculo que acabó con el indulto de un toro de Espartaco, el décimo que saltó al ruedo, que aguantó todo. Seis quites en el que intervinieron todos. Dos puyazos de un Talavante que se descubrió como picador de arte, y exhibición de Juan Antonio Ruiz Espartaco, al que invitaron a torear los compañeros. Fin apoteósico a un festival histórico.

EL FESTEJO

Ganadería. Toros de Garcigrande, noble; El Ventorrillo, con movilidad : Juan Pedro Domecq, noblote: Daniel Ruiz, con peligro y emoción; El Torero, manejable, Núñez del Cuvillo, soso; Victoriano del Río, potable; Ventorrillo, bueno; y Espartaco (sobrero), extraordinario.

Enrique Ponce. Dos orejas.

Pepín Liria. Dos orejas con petición de rabo.

Morante. Dos orejas.

El Juli. Dos orejas y rabo

El Fandi. Dos orejas.

Manzanares. Dos orejas.

Talavante. Dos orejas.

Moreno. Dos orejas.

Sobrero de regalo con Espartaco.

Via laverdad.es

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