
Llegan los días de vestir en rojo y blanco. Los colores del Reino de Navarra marcan el derroche, el disfrute arquetípico de la Fiesta en su más extremosa concepción, la Feria de Pamplona. Sin embargo, el derroche puede acabar en despilfarro en peligrosa demencia taurina. Pese a todo Pamplona es aduana peligrosa principalmente por el toro que ahí se lidia.
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.
Se llega el momento en que la Temporada toma calor y los combatientes comienzan a resentir el esfuerzo veraniego, justo cuando España vislumbra el punto de encuentro entre el toro de las cinco hierbas y el torero a plena mitad del duro camino.
Cuando llega Julio el ritmo y la preparación mental sacan adelante al diestro justo cuando su enemigo comienza a estar más fuerte que nunca. Ahí se encuentran para inaugurar el tramo más largo y duro de la Temporada, el que desemboca en Bilbao.
Pamplona y sus zumbidos, su derroche de vino, de musicalías, de parradas de rondas y de escarnios tienen a varios molestos. Y hasta dan la razón a las figuras de no haber venido a la cita pamplonica. En este caso, toros de más y ruidos de menos, lo que sale por el toril de La Misericordia no es precisamente lo que quisieran las Figuras ver. Es una pena.
Sí, en Pamplona no hay reglas. La única norma es la del despilfarro que tiene una diferencia, sobre la que ya hablaremos en otro “Radar”, con el derroche. La ley del derroche rige la Fiesta e incluso el Universo. Pero en el pequeño mundo de los sanfermines impera el vino, el bombo y el platillo pero también el toro serio. Y a eso le tienen que salir los toreros a imponerse a todo, incluso al público.
Porque si no, realmente comenzaremos a sospechar que hay algo más detrás. Los hombres dan la cara aunque sea para que se las rompas. Y yo creo que hay talento, listeza y arte suficiente para que eso no pase. A menos que el todo del toreo se reduzca hoy solamente a uno de sus elementos, el de la emoción estética.
Esto viene a colación por el intercambio lavanderil de habladas –y en televisión- entre Matadores de toros en retiro, admirados por este comentador, y comparsas comunicantes que hablan de toros con el único motivo de quedar bien. Por eso es cada día más frecuente saber de aficionados que llega el lunes a las once de la noche y prefieren aplicar la cláusula “Don Susanito” por una hora y refugiarse en el internet donde la calidad del contenido es la que uno elige.
Así como las figuras eligen no comparecer en Pamplona los aficionados también pueden hacerlo, lo mismo de cara a la tele taurina que después para acudir a la Plaza.
No hay respeto en Pamplona. Sí, no calla el tendido durante la Faena. Cierto. Cantan sin dejar percibir el necesario silencio pero ¿Acaso los toreros no lo son lo suficiente para imponerse? Creo que sí y de sobra pero hoy pesan más las apariencias. Si no veamos el caso de “El Juli” y también, aunque más necesitados, de Castella y Perera. San Fermín cobra factura en una aduana dura y tremendamente fuerte.
Veamos lo ocurrido con Sergio Flores y Arturo Saldívar. Ya se ha consignado en De SOL Y SOMBRA la dureza del toro y la ignominia del tendido y aún así la categoría torera debe de ir por delante.
Lo malo es que ganaderías como Torrestrella dejan en evidencia a los grandes nombres y se nota porque la ausencia de tal hierro en las fechas postineras, son acaso demasiado bravos y Arturo Saldívar principalmente pagó derecho de piso, sobre todo con su segundo, cosas del verdor. Así es la Ley del Toro.
Quejas hay del público sanferminero y son razonables. Pero en una época en donde los toreros ya no pasan por la legua, ni por las capeas, donde todo está menos distante y un poco más a la mano no nos vengan a contar el cuento de las “condiciones del público” Sugiero revisar algo tan simple y tan complejo como “El Zopilote Mojado” para ver que si el público tiene una directriz a seguir. Por eso se es taurino o no y en caso de que el público no lo sea también hay que poderle. Sin excusas y rodeos. Aguardemos el resto de los encierros y ya veremos.
Triunfa un mexicano en Sevilla. Y el triunfo, su triunfo, altera el orden taurino sacando lo peor del ambiente en el que vivimos. Muchos se preguntan, críticos importantes ¿De dónde salió? Y el consumismo taurino que vuela por la red desespera al no tener a la mano la información, como si de un deporte se tratara. Ahora entiendo su falta de afición.
De haber buscado y analizado, no en la red, sino en el campo, en las escuelas y festivales hace unos años, nos habríamos dado cuenta que Brandon Campos –sí señores así se llama- (“¿Por qué le habéis puesto Iván?” –Cosas de Charo.) (También sabemos que no es un apellido “taurino” Mazzantini o un nombre Cástor y un apelativo como Jaureguibeitia. Quizá raro sonó algún día un nombre como Nicanor o el apellido de Villalta) es el resultado de aptitud, esfuerzo y sacrificio. Y despacio apenas es el comienzo.
Sí, cortó dos orejas, debieron ser tres en la novillada sin picadores de Guardiola y, contrario a otros, se fue de pie pudiendo irse a hombros. Porque en Sevilla si no es la del Príncipe vale más aguardar. Pero cuidado ya hay algo más que un toque de atención.
Sigamos descuidando como dijo un gran cronista hidrocálido el viernes, “la fuerza básica del Toreo”.
Caray, los mismos críticos que se derriten por saber quién es el novillero sin caballos triunfador, otra vez digo, Brandon Campos de Querétaro, hace poco decían que no hay nombres y que nadie viene detrás. Muy bien. Esos mismos no conocen ni pueden nombrar diez novilleros hoy. Y a las pruebas. Da la impresión que les falta o no son taurinos.
Además subrayo el sello Guardiola siempre cuenta, da importancia y más en Sevilla. Y el primer sorprendido fue el Ganadero que no imaginaba que alguien bajara la mano y llevara tan largo un eral de su ganadería. Así como el empresario que con esa farisea mirada esperaba el brindis del novillero sin caballos pero éste se fue primero con la Maestranza y luego con ese gran taurino que es José Carlos Rodríguez “Fisio” Loor absoluto.
Pero claro, en esta época taurina, así como se vive de la apariencia, se justifica la ausencia y la evasión del compromiso taurómaco. Se hace con un interés siempre oculto. Pero cuando, al menos en apariencia, está un toro serio, aún delante del peor público hay que dar la cara.
A menos que no se quiera dar el salto y seamos taurinos de cuete. Taurinos en apariencia, de pose, de etiquetas y principalmente de evasiones. En derecho la evasión se castiga con pena corporal. En Toreo con la artística, la del desprestigio. Y con esa, viven todos los arrepentidos de las Plazas de Toros. No nos condenemos.
Twitter: @ CaballoNegroII




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