Radar Taurino – La Reserva de la Familia. Investidura de Diego Silveti. Histórica Alternativa.

El momento llega para Diego Silveti. Foto Fran Jiménez -@FJimenez92-

Horas previas de la dinastía Silveti. A las puertas del acontecimiento histórico implica alumbrar una cuarta generación de toreros, bastión de la torería no solo mexicana sino global. En plena Feria de la Begoña en Gijón, en un cartelazo y tras su tremenda afirmación en el cierre madrileño, Diego Silveti se encuentra a punto de hacer historia, no solo la efeméride de una alternativa más sino la enorme posibilidad de conjugar y hacer realidad las ilusiones de miles y porque no millones de aficionados.

Por: Luis Eduardo Maya – DE SOL Y SOMBRA. Especial

Si el alma está bien, dicen los italianos, el cuerpo baila.

Alegría y dolor son dos sentimientos muy humanos nos recuerda el doctor en derecho Rubén Spila. En Diego Silveti seguramente son dos situaciones con las que ha convivido muy seguido.

Casi un siglo de torería, se dice muy pronto, se centra en el hoy aún novillero mexicano. Responsabilidad que conjunta un siglo de linaje y blasones familiares que han brindado para la historia del toreo y de nuestra propia identidad, las más tremendas hazañas y leyendas, taurinas y “de las otras”, las que van más allá del terno torero.

La muerte de David Silveti dejó en orfandad a múltiples seguidores de un torero y de un concepto taurino con el que se ha identificado toda una generación de aficionados que pasada la época de esplendor de “El Rey”, mitad de los noventas, abandonó su sitio en la Plaza. Solo la vuelta, por acaso brevísima, de David en 2002 les hizo regresar. Y esas medallas se quedan en el pecho de los fieles a los que, con pesadumbre lo digo, pocas ilusiones taurinas les quedan. Diego Silveti es una de ellas.

Los partidarios de David Silveti poco han reparado en la naturaleza taurina del nieto de “El Tigre”. Gana la pasión y es entendible. Pero puestos a analizar, el clasicismo y la verticalidad, la depuración estética del toreo de David, sobre todo en su paso por Tijuana, Puebla y La México la última vez, hicieron de la inmovilidad una herramienta al servicio del toreo diáfano, simple que contiene lo clásico. Paralelo, le han llamado quienes resaltan el valor por encima de su calidad.

Ese origen taurino, dicho por el mismo David influenciado por Manolo Martínez-“Yo he sido muy martinista.”- necesariamente parte de un torero que rompió con la influencia familiar, que aprendió en el campo tlaxcalteca que torear era llevar al rival cornudo como esos imanes que “tiran” de un puñado de fierros. Juan Silveti Reynoso, el Torero Clásico de México, representó en su época de esplendor un deslumbrante toreo llano, sin concesiones, inteligente y de tremenda valía.

Discutido, claro. Denostado también, demeritado por muchos que viven de la historieta, “El Tigrillo” Juan Silveti, ha sido una de las muletas sencillamente más claras que se han dado en México. Casualmente, ahora que se inaugura un nuevo capítulo en la dinastía, la alternativa se la otorga Fermín Rivera en la Plaza México en el año 1950. De dinastía a dinastía.

Juan Silveti ha sido de los toreros que con mayor prontitud y mejor cabeza resolvió los problemas de los toros siempre en pos del toreo

Alternativa de Juan Silveti Reynoso en la Plaza México. 1950.

bueno. No es de gratis la frase, casi sentencia, reza: “Un torero rondeño venido de Guanajuato”.

Pero la casta, la raza, la indómita  sangre y el inagotable honor que hacían volver y volver a David Silveti al sitio para bravear en los cites a pesar de su inmovilidad, deriva de Juan Silveti Mañón. Es decir, el otro elemento. Sí, el que aporta el “hombre de la regadera” que entiende el toreo quizá primitivamente, más como lucha o enfrentamiento y –ofrezco disculpas de antemano- “al sonoro rugir del cañón”.

Silveti, no fue hombre de Pueblo, diría Don Dificultades, sino él, “muy hombre de la clase media provinciana, educado superiormente en el Seminario” que no conoció la vida sin valor porque enfrentó y dominó al miedo. “El Meco” dio la cara en el exilio, vio de frente la muerte en la calle y en la plaza, las cornadas de los toros y las de las mujeres, los doblones de oro y las arrobas de plata. Ídolo y presencia ineludible en todo círculo taurino hasta su muerte.

Pero si en tauromaquia poco deja “El Tigre”, en raza y bravura es el ejemplo más vivo de lo que debe tener un torero, un espíritu inquebrantable, pues como bien nos dice el propio Don José Jiménez Latapí, justo el 11 de septiembre de 1956, a la muerte del hombre del bronco mechón en este párrafo que, mucha atención, tiene plena vigencia:

“Ahora toca a sus hijos, al matador de toros, al novillero, continuar la senda trazada por el gran ídolo que se fue. Y más al novillero al que lo estaba moldeando el viejo Tigre a su manera, a su estilo de ídolo y de hombre. El nombre de Juan no debe apagarse y aunque estará siempre en las páginas marchitonas de la historia, más vale que éste por tiempo en los carteles vivos de las esquinas.”

Porque, esto lo he dicho siempre, las dinastías son piedra, arco y columna de la torería, por eso sostienen en las esquinas el edificio taurómaco. Y como dice “Don Difi” bien vale que el nombre Silveti perdure por siempre en los carteles. Pues, como es ahora, el pueblo y la afición estarán tan pendiente como nunca de dicho apellido mayúsculo.

Ahora toca el turno de Diego que no podrá renunciar, como no pudo en su momento Juan hijo, David o Alejandro. Y no al tópico de “los genes” o “el llamado”, sino a los pasos del linaje, a la categoría de la heráldica que taurinamente le brinda valor y arte además de afrontar el compromiso histórico y épico de inaugurar el nuevo Siglo taurino con la centenaria insignia por todo lo alto.

El nuevo matador Silveti no es un torero valiente a lo desesperado, tiene valor de sobra hasta ahora probado, pero que sabe cuando éste es necesario y que está subordinado al temple. Esperamos Diego no caiga en la trampa del tancredismo. Clase tiene, tipo irrenunciable por descontado y una cosa que pocos le han cantado, el orgullo pleno de ser per se. En este caso familiar, si ustedes juntan la casta de un Tigre, la ligereza y listeza de un Tigrillo más las maneras de un caballero inglés, el resulado puede ser impresionante. Porque además el origen es irrenunciable.

Sin embargo, bien dicen que el hombre, nociones de Freud, no se hace tal sino hasta el momento en que muere el padre, sin importar la edad que se tenga. El joven Silveti conoce bien esa historia.

Ese abandono noxal al que referían los romanos forja e impulsa pues, insistimos, el hambre, que de algún modo también ha padecido aunque muchos lo duden, a veces no es tan poderosa como el orgullo. Que para vivir de la paz a la guerra, del dolor a la alegría  -para que el tiempo logre que el cuerpo baile- se requiere salir con la frente en alto en la faena de la vida.

Y mañana es el primer día en que Diego Silveti, de blanco y oro inmaculado vestido, se encontrará con la historia, noventa y cinco años después, con los máximos alternantes, con el pesado fardo de la responsabilidad y, claro, con el toro, el que finalmente dictará donde estará su sitio. Seda hay, muñeca también y solo queda pendiente y con preocupación abordamos la curva de su espada que, insisto, tiene la solución teórica en casa.

Solo Dios sabrá en este momento la resolución del promisorio futuro que parece vislumbrarse. Ojalá y el próximo invierno sea una muestra de la importancia que implicará arropar en invierno al nuevo matador mexicano. Sé que los radares están puestos y los doblones de oro aguardan, como aguardaron al Viejo Tigre, a la llegada del benjamín torero queda. Mucho se define en Gijón mañana.

Por eso es una pena que, por la razón que sea, el festejo no tenga la cobertura necesaria. El capricho de unos nos deja sin con la miel en los labios a otros. Cuatro generaciones del mismo tronco común son un caso único en el toreo y no verlas por disposición sabrá Dios de quien… Solo espero, además de temple, buena colocación, atinada altura, trazo limpio y mando que José Tomás otorgue el doctorado respetando la liturgia, destocado y sellando el rito con el abrazo, que de sacramento es. Pues otorgar el doctorado reviste solemnidad mientras que  mercantilismo el simple “apretón de manos”.

“De Sol y Sombra” lo anticipó hace tres meses a través de “El Bardo de la Taurina” y por supuesto de la labor de nuestro director “El Guerra” en la red social inteligente de “Twitter”, Talavante mañana puede ser el factor de cambio, el famoso “efecto” que apriete pues al extremeño podrá hacerla de testigo, pero no precisamente de telonero. Como el mismo toricantano que desde mañana, como está en los escritos, ha de sacar la “famosa regadera” pero sin prisas, a compás y siempre con el toreo bueno por delante.

El vino más preciado de la casa está reservado para esta grandiosa ocasión, hoy día de gala y disfrutar con derroche pero sin despilfarro. Que bien dice también el Doctor Spila, “La vida no se agota en un solo acto”.

Y para Diego el gran suceso apenas comienza hoy.

Twitter: @RadarTaurino; @CaballoNegroII.

Veinticuatro horas antes Diego Silveti observa el festejo en El Bibio. Foto Nohemí Miranda -@HagamosAficion-

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